Feliz domingo para todooooooos!
Quiero empezar pidiendo disculpas por no haber actualizado en estos dias, he tenido algun que otro problemita de salud, mas el colegio y un vacío creativo, y fue por eso que hasta hoy no pude terminar este cap.
Pero bueno, por fin aquí les traigo la siguiente parte de esta historia, que se viene acercando a su fin, les agradezco a todos por leer y no olviden dejar sus comentarios!
Yukari intentó de mil y un formas huir de la residencia de Kurosawa, pero las salidas estaban muy bien vigiladas dado que Saitou había advertido al hombre que ella sin duda intentaría regresar a Aizu.
El tiempo se le acababa, ya habían pasado dos semanas y todavía no encontraba la forma de salir de allí. La batalla de seguro se daría a comienzos de noviembre, y estando a mediados de octubre, tenía que hallar la forma de volver a Aizu lo más pronto posible. Además, y aunque no se lo había contado a nadie, sufría de mareos y nauseas continuos, y cada día se sentía más débil y agotada. Pero eso no la detendría.
-Kurosawa-san, por favor, se lo ruego, déjeme regresar a Aizu-era su última carta, tratar de salir por las buenas. Le rogaría e imploraría todo lo que fuese necesario, de ninguna forma pondría su orgullo por sobre la vida de su amado.
-Sabes que Saitou me pidió que te cuidara para alejarte de la guerra, no estas siendo egoísta al pensar solo en tus deseos de pelear y no en cómo se preocuparía si estuvieses en Aizu al momento de la batalla?
-Y usted sabe lo doloroso que es saber que yo estoy aquí a salvo de todo mientras la persona que amo está a días de la muerte?!-sus ojos comenzaron a picar, necesitaba volver a verlo, no quería seguir viviendo lejos de él, de su otra mitad-Él lo es todo para mí, me enseñó que hay algo más por lo que vivir, que la venganza y el rencor no sirven de nada, me enseñó a amar a otros y a mí misma-lloró despacio, con cada gota cargada de dolor e impotencia-Si él no regresa, yo voy a morir, no tengo nada más que a él, ya lo perdí todo excepto a la persona que amo, no quiero ver de nuevo como me quitan todo mientras yo no puedo hacer nada para evitarlo!
Kurosawa se conmovió. Sabía que ella no mentía, que se suicidaría si Saitou moría mientras ella se resguardaba, podía verlo en sus ojos. Comprendió su impotencia, él se sintió así al ver morir a su hija hacia tantos años, y también hubiese deseado poder hacer algo.
-Estás segura de que quieres hacer eso? Saitou no estará contento con ello.
-Si... No importa si me odia, yo sé que lo amaré hasta el momento de mi muerte, con eso me basta para no dejarlo ir de esta forma.
-Está bien, prepárate, esta noche uno de mis subordinados te llevará a Aizu-suspiró resignado, aunque sabía que estaba haciendo lo correcto-Pero solo si prometes regresar aquí con Saitou a tu lado, ambos sanos y salvos.
-Claro que lo haré, confié en mí.
-Hayashi-san, hemos llegado-anunció el conductor del carro que había trasladado a la chica hasta Aizu a toda velocidad.
-Lo sé, muchas gracias, envíele mis disculpas y agradecimientos a Kurosawa-san-respondió la chica.
La noche todavía no había desaparecido del todo del cielo que se alzaba sobre el futuro campo de batalla. Aun así, Yukari no había dormido en todo el viaje. La preocupación y el nerviosismo no le habían permitido conciliar el sueño.
-Lo haré, cuídese, Hayashi-san-se despidió el hombre, emprendiendo el camino de regreso a la mansión Kurosawa.
Yukari vio como el carro desaparecía en el horizonte, dejando salir un leve suspiro.
Pasó sus dedos por su cabello atado en una coleta alta, luego lo sostuvo y, desenvainando su espada, lo cortó, dejándolo apenas a la altura de sus hombros.
-Si este es el precio de volver a verte y estar a tu lado hasta que la muerte decida separarnos, entonces que así sea-pensó en voz alta, mientras dejaba que el viento se llevara las castañas hebras cortadas.
Acarició su cabello, sintiendo las mechas de largos irregulares enredarse entre sus dedos. Tomó entonces el largo pañuelo color marrón oscuro que tenía entre sus escasas pertenencias y con él se cubrió la cabeza y parte del rostro, dejando caer los extremos de la tela por su hombro. Revisó luego sus ropajes, traídos de China o Mongolia, o algo así había dicho su tutor. Una camisa azul suelta con ornamentos dorados, y un pantalón abombado y airoso del mismo tono, y en su cintura, su katana amarrada por una blanca tela atada a modo de cinturón.
Emprendió así su camino al campamento del ejercito de Aizu, ya no como Yukari, la oni, protegida de Kurosawa Kentaro, amante de Saitou Hajime; ahora no era más que Yue, un joven originario de Aizu, quien después de vivir por años en el extranjero, había regresado para pelear por su tierra natal.
-Saitou-san!-El zurdo se encontraba junto con los altos mandos de Aizu, planeando su ataque, cuando un soldado llegó acompañado de una persona de apariencia extraña-Esta persona dice querer unirse al ejército, tiene una recomendación del Señor Kurosawa.
Saitou miró con curiosidad al recién llegado. Parecía un extranjero, y le extrañó que fuese Kurosawa quien lo hubiese enviado allí.
Su subordinado le entregó un papel, en el cual Saitou pudo leer que esa persona se llamaba Yue, que había vivido casi toda su vida en China, pero que Aizu era su tierra natal. Expresaba también que lo había conocido en las calles de Edo, cuando el joven vagaba preguntando como llegar a Aizu con un japonés muy precario y mal hablado, y que deseaba pelear por su tierra de nacimiento en la guerra. Pedía que lo incluyeran en las líneas, asegurando haber sido testigo de sus habilidades como espadachín, y además, le informaba que aunque Yukari estaba extremadamente triste y enojada, se encontraba bien de salud.
-Está bien, confió en Kurosawa-san, así que puede permanecer aquí, Yue-san-Sentenció el capitán. Al principio creyó que esa persona no era nada más ni nada menos que Yukari, pero después de la carta escrita por puño y letra del tutor de la joven, en la que contaba el origen de ese hombre, y que la chica se encontraba a salvo en su residencia, abandonó toda posibilidad de que su amada hubiese regresado.
Fue así que Yukari logró infiltrarse de nuevo en las filas del Shogunato.
Los días pasaron, y Yukari logro permanecer sin ser descubierta, pero aun así, su estado de salud empeoraba cada día.
Una punzada atacó su cabeza y masajeó sus sienes, tratando de apaciguar el dolor. Sintió náuseas y todo daba vueltas a su alrededor, por lo que se acercó como pudo a un pozo cercano y se sostuvo del brocal. Cuando estuvo un poco mejor, miró su reflejo en el agua y se notó pálida, con los ojos apagados y con unas terribles ojeras.
Una fuerte discusión entre dos soldados la sacó de su trance, y se condujo a la fuente del alboroto.
Un oficial de alto rango estaba tomando por el cuello a otro que parecía un novicio.
-Oigan, qué es lo que está pasando aquí?-Yukari no pudo con el impulso de defender al desprotegido soldado.
-Esta rata se ha atrevido a desafiarme y negarse a cumplir mis órdenes-respondió el abusivo hombre-debo de castigarlo apropiadamente.
-Eso no es tu decisión, Saitou-san es nuestro líder, él debe ser quien decida si castigarlo o no.
-Y tú que te metes, maldito extranjero, acaso también piensas faltarme el respeto?!-el agresivo hombre arrojó al suelo a su subordinado, y desenvainando su espada, se enfrentó a Yukari-Resolvamos esto como hombres entonces.
-Por mi está bien-respondió ella, confiada, aunque aún se sentía totalmente mal.
El oficial arremetió contra ella, y aunque logro esquivarlo, una sensación de mareo la dominó. Logró recomponerse antes de que su oponente la atacara de nuevo, pero perdía el equilibrio fácilmente y su visión se estaba volviendo borrosa. Así solo se limitó a esquivar las agresiones, tratando de mantenerse de pie.
-Ustedes dos! Qué están haciendo?!-un molesto Saitou apareció, probablemente advertido por alguien sobre la pelea.
Yukari se distrajo al oír su voz, y fue en ese instante que su contrincante le asesto un golpe en el brazo, enganchando también el pañuelo con el que ocultaba su rostro y aflojándolo un poco.
La joven instintivamente se cubrió la herida, y ya totalmente desenfocada, cayó desmayada al suelo.
Solo podía recordar el calor de unos fuertes brazos sosteniéndola, y la caricia de una suave tela que caía, rozando su rostro.
Yukari abrió sus ojos con lentitud y pesadez, tratando de recordar que había ocurrido, e intentando ignorar el fuerte dolor en su sienes. Se llevó una mano a la frente, y fue ahí cuando notó que su manto ya no estaba.
-Tienes 10 segundos para explicarme qué demonios haces aquí, Yukari-Saitou se encontraba sentado en una esquina del cuarto, y ella, al verlo, se sentó de un tirón, nerviosa al verse descubierta.
-Hajime-kun...-suspiro con miedo. El tono que él había usado para hablar sonó totalmente frio y temerario-Yo... Quería verte-dijo ella, sin mentir, pero tampoco diciendo toda la verdad.
-Y eso te parece suficiente razón para ponerte en un peligro semejante?! Qué acaso no sabes que hice lo que hice para protegerte?! En qué rayos estás pensando?!-Yukari abrió los ojos sorprendida, jamás lo había visto perder los estribos así, mucho menos con ella.
-Para mí si es suficiente, haría lo que sea para estar al lado de la persona que amo!-contestó ella, tomando coraje-tú solo decidiste alejarme, quitarme del medio, pero yo no pienso vivir sabiendo que perdiste la vida mientras yo estaba lejos de ti y a salvo de todo, no puedo hacerlo, no puedo quedarme de brazos cruzados y dejarte morir solo!
-Por qué? Si sabes que esta será mi tumba, por qué tienes tantos deseos de compartir ese destino?!
-Porque te amo, estúpido!-Yukari gritó mientras lloraba.
Ella cubrió su rostro con sus manos, mientras él se quedó en silencio, observándola. Se acercó lentamente, se arrodillo junto a ella y la abrazo contra su pecho.
-Eres una tonta, no tendrías que haber regresado, te alejé y llevé con Kurosawa-san porque era lo mejor para ambos.
-Te odio por haber tomado tú solo la decisión de sacarme de aquí y llevarme con Kurosawa-san, pero estoy realmente feliz de estar contigo de nuevo-gimió ella entre sollozos.
De repente, Saitou comenzo a toser fuertemente, y su cabello perdió el color, mientras sus orbes se tornaron color punzó. Se apartó de la joven de golpe, tratando de alejarla de él, de su sed.
-No seas idiota, sé que quieres sangre-dijo ella con serenidad, ya acostumbrada a estos ataques.
Tomó la espada que descansaba a un lado de su futón y con ella intentó hacerse un corte en el antebrazo, pero Saitou la detuvo, quitándole el arma de las manos.
-Qué haces? Hajime-kun, dejame ayu...-ella intentó reclamarle.
-Vete-ordenó él con dificultad, tratando de reprimir sus impulsos. Ella quiso acercarse, pero él la empujó-Aléjate, no deberías estar aquí...Yukari, ve...vete.
-Pero...-Yukari se quedó paralizada, mirándolo retorcerse por el sufrimiento que le producía su propia sed de sangre.
Ella cerró fuertemente los ojos al oírlo jadear y gemir de puro dolor, y solo volvió a abrirlos cuando escuchó que los quejidos eran más débiles. Entonces lo vio, aun tratando de recuperar el aliento, pero recobrando su humanidad.
-Yukari, tendrías que estar en otro lugar, lejos de aquí-Saitou habló con dificultad, sin mirarla-donde puedas estar a salvo de la guerra y de mí mismo.
-Hajime-kun, tu jamás me has hecho daño-replicó ella.
-Si lo he hecho! Incluso ahora lo hago.
-Qué? Por qué estás diciendo eso?
-Ya no te amo- confesó Saitou. Ella sintió su mundo romperse en mil pedazos. No podía creer lo que acababa de decir. No podía ser verdad.
-Es una broma, cierto? Por favor dime que estás jugando...- rogó con sus ojos cargados de lágrimas.
-No estoy mintiendo, lo siento- su expresión era seria pero no se atrevía a mirarla a los ojos aun- sé que debí haberlo dicho antes pero no sabía cómo hacerlo sin lastimarte, lo lamento-un momento después el sintió la mano de la chica chocar con fuerza contra su propia mejilla.
Él no se imaginó que ella sería capaz de golpearlo, pero entendía sus razones para hacerlo. Aun sorprendido por la bofetada, finalmente volteó a verla mientras llevaba sus dedos a su pómulo, y pudo ver una imagen que logró destruirle el corazón y hacer sangrar su alma.
La chica lo miraba con odio y ríos de lágrimas recorriendo sus sonrosadas mejillas, la decepción, la traición y el dolor estaban dibujados en el azul de sus orbes.
-Y aun así... Fuiste capaz de acostarte conmigo, de jurarme que me amabas...-su voz quebrada y acusadora se sentía como mil y un balas perforándolo-dónde quedo tu honor? Dónde está el Saitou Hajime que conocí y que amaba?
Sin decir nada mas, ella se levantó, tomó sus pertenencias y se fue. Él solo permaneció allí, sentado en el suelo, sosteniéndose la mejilla en la que lo habían golpeado.
Saitou's POV
Quería morir. Deseaba que algún soldado demente o rebelde entrara y me apuñalara una y otra vez. Eso sería mucho menos doloroso que esa última mirada que ella me dio. Pero no tenía opción, debía hacer algo para que ella desistiera de quedarse aquí. Ya nos había engañado como a niños a todos, pretendiendo ser un extranjero con la ayuda de Kurosawa-san. Ahora estaba seguro que no volvería a verla nunca, pero al menos estaría a salvo.
El escozor en mi mejilla aún no se iba, aunque no sentía dolor en el cuerpo, sino en mi corazón. Sentí algo húmedo rozando mis dedos. No recuerdo la última vez que lloré, probablemente era un simple niño en ese entonces. Pero aun siendo un adulto, descubrí que había cosas que dolían más que la herida de una espada, que perder una batalla. Era mucho más doloroso mentirle a la persona que amaba y destruirla, y que me mirara de la forma en la que ella lo había hecho.
No sé bien cuanto tiempo pasé allí, solo, muriendo lentamente. Ya no brotaban lágrimas de mis ojos, pero mi corazón seguía llorando, y lo haría hasta el día que dejara de latir.
-Con permiso-Reconocí la voz del médico en jefe del ejército, seguramente venía a comprobar el estado de Yukari... Pero claro, ella ya no estaba-Saitou-san, Qué hace aquí? Ocurrió algo?... Dónde está el paciente?
-Ella...se fue-dije con mi voz ronca y lúgubre.
-Qué?! Cómo es que se fue?! Ella no puede irse-pareció muy preocupado, pero yo seguía quieto, inmutable.
-Descuide, ella sabe cuidarse, estará bien.
-Una mujer tan joven y embarazada no puede andar sola por el bosque!-levantó una voz, esperando alguna reacción de mi parte.
Sentí mi sangre helarse. Un escalofrió recorrió mi espalda.
-Embarazada?
-Sí, de poco menos de un mes, creo, por eso se descompensó, puede pasarle cualquier cosa estando sola en el medio de la nada-al escucharlo, me levante de golpe y corrí a buscarla desesperadamente.
-Yukari! YUKARI!-la llamé a los gritos con toda la fuerza que mis pulmones me permitían. Comenzó a llover, pero eso no me detuvo. Estuve buscándola por horas, pero no logré encontrarla. Aunque ya estaba totalmente empapado, en medio de una tormenta torrencial, supe que estaba llorando de nuevo. La había perdido para siempre, a ella y a mi hijo.
Volví caminando pesadamente y con lentitud al campamento. Ya no era más que un alma en pena, un vagabundo sin rumbo ni razón para vivir.
Me dirigí directo a mi habitación, me quite con parsimonia mis ropas totalmente mojadas y me hundí en los papeles que aun tenia por terminar, quizás el trabajo pudiera quitarme su recuerdo de la mente. Abrí el frasco de tinta, hundí el fino pincel en él y comencé a escribir.
Una imagen de ella regañándome por trabajar de más sin descansar, cruzó por mi cabeza.
Yukari's POV
No pude evitar golpearlo. Era lo mínimo que podía hacer...cómo podía haberme usado de esa forma? Y como podía haber sido tan tonta como para enamorarme de él, para entregarme de la forma en que lo hice?
Después de huir del campamento, comencé a correr, sin saber a dónde, mis piernas se movían por si solas, escapando del dolor que tenía en mi corazón.
Mi visión era borrosa, aunque no solo por las lágrimas que se acumulaban en mis ojos, sino que me estaba comenzando a desvanecer de nuevo. Me recosté sobre un árbol, y me deslicé a lo largo del tronco hasta quedar sentada en el suelo. Lo último que pude oír antes de desmayarme fue la voz de una mujer de avanzada edad.
-Señorita, se encuentra bien?-vi su sombra acercarse, y luego de eso todo se tornó oscuro-querido! Ven rápido!
Desperté en una habitación cálida y agradable, recostada en un cómodo futón. No reconocí ese lugar, y me pregunté donde estaba y como había llegado hasta allí.
Me levanté y vi que también mis ropas no eran las que llevaba puestas cuando me fui. Caminé con lentitud y sigilo a través de la habitación y los pasillos, buscando algún signo de movimiento.
Creí ver unas sombras moverse dentro de un cuarto, y estaba por entrar, pero alguien me habló, y al voltearme, me encontré con una mujer mayor, cuya aura emanaba aires de calidez.
-Señorita, que bueno que has despertado! Pero deberías seguir en reposo hasta que te recuperes del todo-me dijo, sonriéndome.
-Yo...dónde estoy?-fue lo único que atiné a decir.
-Ah, cierto que aún no me he presentado, disculpa... Mi nombre es Yoshida Kanae, mi esposo y yo te encontramos desmayada en el bosque, no muy lejos de aquí y pensamos que lo mejor sería traerte a nuestra casa para que te recuperes-fue ahí cuando recordé las voces que había oído antes de desmayarme, seguro que eran las de Yoshida-san y su marido.
-Muchas gracias por ayudarme, Yoshida-san-me incliné ante ella y le devolví la sonrisa-mi nombre es Hayashi Yukari, un gusto el conocerla.
-El gusto es mío, Yukari-chan, y puedes llamarme por mi nombre, hace ya tiempo que nadie me identifica por mi apellido-ella rio sutilmente-por cierto, eres de por aquí? Tus ropas eran bastante inusuales para estos lugares.
-En realidad, nací en Edo, pero vine a Aizu hace poco, esas ropas fueron un regalo de mi tutor antes de venir.
-Y que te ha traído a los agitados campos de Aizu?-fue una pregunta inocente, pero removió en mi más de un sentimiento. Recordé a Hajime-kun diciéndome que me había mentido y no me amaba y que no me quería allí con él. Sentí deseos de llorar de nuevo, pero logre reprimirlos, debía ser fuerte.
-Yo... Era parte del ejército en el frente... Pero mi capitán decidió que lo mejor era que me apartara de la fuerza...
-Claro, ahora entiendo, con tu condición, fue una decisión muy razonable-acotó Kanae-san, pero fruncí el ceño un poco, en respuesta.
-En realidad, aunque soy una mujer, soy bastante buena con la espada, no fue por falta de capacidad o comportamiento que me apartaron del ejército-comenté, no quería que me tomaran por débil por ser una chica.
-No lo dudo, pero cualquier persona en su sano juicio dejaría fuera de las líneas a una mujer embarazada.
-Ah? De qué está hablando?-pregunté desconcertada, no podía ser que estuviera gestando a un niño dentro de mí, era simplemente una locura...cierto?
-He tenido 5 hijos y muchos nietos, Yukari-chan, se reconocer un embarazo perfectamente-afirmó, sonando orgullosa y segura de lo que decía, lo que me preocupó aún más.
-Tiene que estar...bromeando...-me quedé de piedra... Realmente iba a ser madre? En verdad, y ahora que lo pensaba, había algo que me angustiaba mucho más...
Saitou iba a ser el padre de mi hijo. El mismo hombre que hacia unas cuantas horas había declarado que no la amaba, y que tampoco la quería a su lado. Ese pequeño niño iba a ser el vestigio de su desengaño, de las mentiras y su ingenuidad.
Se acarició el vientre con una de sus manos, dudando que en verdad hubiese un nuevo ser creciendo dentro de ella. Pero de una cosa estaba segura. Aunque ese pequeño fuese el fruto de su amor frustrado, ella lo cuidaría y amaría con todo su ser, porque ya desde ese momento, estaba comenzando a quererlo y deseando conocerlo.
