Disclaimer: Todos los personajes de este libro pertenecen a Stephenie Meyer, solo la historia es mía.
CAPÍTULO CATORCE
El médico diagnosticó un caso grave de intoxicación por dióxido de carbono y unos cuantos cortes en las muñecas y tobillos provocados por la fricción con algún tejido rugoso. Dos días estuvo inconsciente, murmurando cosas sin sentido y dos días estuvo Edward velando su inconsciencia y dándole sus medicinas. Nadie fue capaz de convencerlo para que descansara, él quería estar allí cuando ella despertara y saber si lo último que había dicho había sido de forma consciente porque si era así, significaba muchas cosas: significaba que ella conocía su identidad oculta y eso solo podía ser porque ella era el ángel, desde luego así todo tendría explicación, las veces que le había parecido oler la fragancia de Isabella cuando estaba con él ángel, porqué cuando ella lo había besado, sentía que besaba a Isabella… pero eso también significaba que ella lo quería. Que su pretendido amor por el conde, era una forma de descubrirlo y que en realidad a quien quería era a él.
—¿Qué es lo que te tiene tan pensativo que ni siquiera has notado que he despertado?
Dijo ella mirándolo.
—Gracias a dios. Isabella, estas bien.
Dijo abrazándola.
—Bella.
—¿Qué…?
Dijo él sin comprender muy bien.
—Que soy Bella, no Isabella. O bueno, si lo prefieres puedes llamarme ángel. –Le dijo en voz baja cómo contándole un secreto.
La cara de Edward pasó de la estupefacción a la felicidad en solo unos segundos.
—¿Así que es verdad?
Dijo con una gran sonrisa.
—¿Qué? ¿Qué te quiero? ¿O qué soy el ángel?
—Las dos cosas.
—¿Y?
Dijo Bella esperando oír que él también la quería.
—No puedo creer que Emmet lo supiera y no me dijera nada. Voy a matarlo.
—Ah.
Dijo Bella un poco decepcionada. Y para disimular agregó:
—¿Me vas a contar todo lo que ha pasado desde que me sacaste de la casa?
—Antes deberíamos llamar al médico para que te viera.
—No, por favor. Odio a los médicos, cuéntame antes que ha pasado.
El accedió porque no podía negarle nada.
—No sé si lo sabes, pero una de tus criadas fue diciendo que tenías una enfermedad contagiosa y que por eso estabas aislada en casa del conde.
—Sí el mismo me lo dijo cuando me pilló fisgoneando en su casa y se dio cuenta de que sabía muchas cosas.
—Bueno ya hablaremos de eso, el caso es que no sabemos cómo, pero James se enteró de que no podría tocar nada de tu dinero hasta que no llevarais un año casados y eso lo volvió loco porque como oímos aquella noche en la bodega, ¿por cierto como descubriste mi identidad?
—Luego te lo cuento, sigue.
—Bueno como necesitaba urgentemente el dinero y tú ya no se lo podías dar. Tuvo una brillante idea según él. Fingir un accidente en su casa, así mataba dos pájaros de un tiro, a ti te hacía desaparecer –su voz destilando odio puro- y para sus acreedores quedaría como que había muerto. Huiría del país y empezaría una nueva vida. Y cuando las cosas se hubieran calmado volvería a recuperar una valiosa fortuna que había en su casa.
—No lo entiendo, si su casa se había quemado.
—Verás, la dichosa habitación secreta era en realidad un bunker a prueba de fuego, bombas, etc., que el anterior conde había mandado construir, James lo conocía pues se había criado en esa casa. Cuando volvió lo reformó añadiendo una caja fuerte secreta de la que solo él conocía su existencia, donde para cubrir parte de su deuda con los acreedores, guardaba joyas robadas hasta que pasaba una temporada y dejaban de buscarlas. Entonces las devolvía y los demás se encargaban de venderlas.
—Vaya, si que tenía una buena montada. Y nosotros pensando que lo del azufre era importante.
—Eso es otra cosa, no lo podemos demostrar, pero estamos seguros de que cuando el almacén hizo el pedido de los sacos, él y sus secuaces, de alguna forma, dieron el cambiazo por sacos con azufre adulterado, pensando que si era el único que este año producía vino, sus ingresos aumentaría.
—Hay otra cosa que no entiendo. –Dijo Bella-. Si tantos problemas de dinero tenía, ¿por qué no vendió una de las muchas obras de arte que había en su casa? Seguro que valían mucho.
—Pues no. No valían nada. No eran nada más que simples imitaciones, muy buenas sí, pero imitaciones. Aunque de eso no tenía la culpa él. Fue a su padre al que engañaron, el viejo creía que estaba invirtiendo su dinero en algo que aumentaría de valor y la verdad es que lo estafaron, aunque nunca lo llegó a descubrir. Imagínate la sorpresa de James, cuando al intentar venderlas para pagar su deuda, descubrió que eran falsas. Y esa es toda la historia.
Terminó Edward.
—No, toda no. –Dijo ella-. Todavía no sé cómo me salvaste.
—Bueno, iba de camino hacia otro lugar y vi las llamas, suponía que estabas dentro por lo de tu "enfermedad contagiosa" y te busqué por todos sitios hasta que te encontré. Ahora sí voy a llamar al médico y no hay más peros.
Bella se quedó muy decepcionada, él la había salvado sí, eso significaba que le importaba, pero en ningún momento había dicho que la quería, aún cuando ella sí se lo había dicho a él.
—El señor Cullen dice que acaba de despertar. Señaló despacio el doctor Gerundy.
—¿Cómo se encuentra?
—Me duelen un poco las heridas de las muñecas y los tobillos, pero por lo demás estoy bien.
—Si se sigue aplicando la pomada, no quedarán cicatrices y en unos días estarán curadas. ¿Es capaz de recordarlo todo?
—Bueno sí, sé que Edward, que el señor Cullen –se corrigió- me sacó de allí, pero a partir de ahí todo lo demás está borroso.
—No me extraña ha pasado los últimos dos días inconsciente debido sobre todo a la cantidad de humo que tragó y también creo que al shock de todo lo que vivió, su cuerpo necesitaba recuperarse, pero su mente también. Veo que su mente se encuentra perfectamente, vamos a ver su cuerpo.
Tras reconocerla, el médico aseguró que se encontraba en perfectas condiciones, pero que le recomendaba no salir de la cama hasta la mañana siguiente, lo que para Bella fue un fastidio.
Esa tarde recibió la visita de Rosalie y Emmet, muy contentos porque pronto se casarían y se mudarían a Forks, lejos de habladurías y de todo lo que conllevaba pertenecer a la "alta sociedad". Cuando Emmet salió un momento, Bella le confió a Rosalie sus dudas sobre la respuesta que había tenido Edward cuando ella le había dicho que le quería. Rosalie le contó que él se había tirado todo el tiempo que había estado inconsciente con ella y que no había permitido que nadie lo relevara. Además también le contó, que el día que le salvó la vida, iba a irse de la ciudad por una temporada muy larga, pero que al final se había quedado.
Jasper también la visitó junto con Alice, que estaba muy emocionada de que Bella estuviera bien. Jasper le contó que habían detenido a James mientras huía después de incendiar la casa y él mismo lo había confesado todo. Más tarde se lo habían encontrado muerto en su celda de un disparo, nadie sabía cómo había sido posible, pero supusieron que había sido alguien a quién debía dinero.
También le dijo, que Alice y él se iban a mudar a Forks, junto con Rosalie y Emmet, que al igual que ellos, estaban hartos de las habladurías de la gente y querían empezar de cero en otro lugar.
Bella se alegró enormemente por ellos y les deseo mucha suerte, prometiéndoles que iría a visitarlos largas temporadas, pero no pudo evitar sentir una sensación de desamparo al saber que sus dos amigas estarían lejos.
Sus padres fueron a verla en un par de ocasiones para comprobar su estado de salud, pero ni ellos, ni Bella dijeron nada, ni hicieron referencia a lo que había pasado.
Esa noche tuvo un sueño intranquilo, plagado de pesadillas, por lo que justo al amanecer se levantó. Se puso su traje de amazona y salió a galopar hacia la cascada.
—Sabía que te encontraría aquí. –Le dijo Edward que descansaba tranquilamente apoyado contra un árbol-. Quiero hablar contigo. Siéntate, por favor, supongo que a Bella no le importa mancharse el traje.
Dijo mientras tocaba el espacio de hierba que había a su lado.
Bella le regaló una pequeña sonrisa y obedeció.
—Primero de todo, quería pedirte disculpas por el modo en el que todo este tiempo me he comportado contigo, por decirte que eras fría, por insinuar que sólo te podían querer por tu dinero y por intentar darte una lección cuando te besé en el jardín de Rosalie.
Bella hizo el amago de hablar, pero él la calló con un gesto.
—Escúchame primero, por favor. No sé si sabrás que Emmet era el capitán de un barco de piratas buenos.
Bella sonrió al recordar como su amiga Rosalie le había confiado una vez que él parecía un pirata.
—Y digo buenos, porque se dedicaban a asaltar los barcos de gente con dinero para luego dárselo a los pobres, como Robin Hood. De hecho su barco se llama Lady Marian en honor a eso. Yo fui uno de los prisioneros que hicieron a lo largo de los años y al ver que no habían herido a nadie y que incluso nos daban alimentos pedí saber los motivos y al conocerlos les rogué que me permitieran unirme a ellos. Ahí fue como conocí a Emmet, para todo el mundo en Port Angeles es mi criado, pero para mí, es un hermano. De hecho fue él quien pidió ser presentado como mi criado, pero eso es otra historia. Lo que te quiero decir con todo esto –dijo Edward cada vez más nervioso-, es que yo, por circunstancias de la vida, siempre he podido ser yo mismo, comportarme como creía que era lo correcto sin que nadie me castigara por ello, así que no sé los que has debido de pasar, pero imagino que ha debido ser muy duro, por eso y por mucho más te admiro.
Y ahí estaba otra vez, pensó Bella, "te admiro", pero no "te quiero".
—Desde el primer momento en que te vi. –Siguió él ajeno a los pensamientos de la chica-. Me fascinaste, me encantaste por decirlo de algún modo. Poco a poco te iba conociendo y tus reacciones se me hacían incomprensibles, unas veces parecías fría y distante, otras había en tus ojos un brillo ardiente de rebeldía, algunas veces parecía que te preocupabas únicamente por ti misma, pero había algo que no encajaba. Como es que si eras tan fría y vanidosa, Rosalie una buena persona te quería tanto, o si tratabas tan mal a los criados, porqué cuando Alice te vio llegar en mis brazos el día que te caíste del caballo, mostró tal preocupación. Y eso es otra cosa, el día que te caíste, a pesar del dolor que sentías, créeme que lo sé porque a mí me ha pasado, no te quejaste ni una sola vez, ni intentaste aprovecharte de la situación, de hecho cuando había sido mi culpa, la versión que contaste a los demás me eximía totalmente. No sabes los quebraderos de cabeza que me has ocasionado. Y luego te besé. Reconozco que quería darte una lección, demostrarte que sabía perfectamente que tus motivos para casarte con James no eran pasión ni amor, sino conseguir un título. ¡Qué equivocado y que ciego he estado!
Bella desde que te besé no he podido dejar de pensar en otra cosa, nada más que en tu sabor, en la respuesta que tuviste a pesar de ti misma, jamás había sentido eso, nunca.
Y luego, conocí al ángel y en lugar de enfadarme porque una mujer me había dado una paliza te admiré aún más, pero había algo que no encajaba, a pesar de ser todo lo que yo creía que quería en una mujer: valentía, lealtad, fuerza, coraje… Cuando me besaste en la bodega sólo podía pensar en Isabella Swan. Y cada vez que él conde te besaba o de alguna forma demostraba que eras de él, me entraba una furia asesina hacia él que no podía controlar. Iba a luchar por ti, a intentar que no te casaras con él, pero como siempre, malinterpreté las cosas. Cuando bailamos la noche que se celebraba tu compromiso y me dijiste que no te dijera más que solo te querían por tu dinero pensé que era porque estabas enamorada de él. Además el beso que le diste antes de que nos fuéramos a la pista me lo confirmó. Y luego al día siguiente, cuando te afectó tanto que pudiera salir herido por un simple combate de esgrima volví a confirmarlo. Yo sabía que él te quería solo por el dinero, pero sabía que si te lo decía no me creerías o pensarías que te estaba insultando y entonces decidí aceptar el puesto de capitán del Lady Marian ahora que Emmet iba a casarse, decidí huir porque te amo y no podía soportar verte sufrir.
El corazón de Bella se hinchó y lo demostró con una gran sonrisa que se plantó en su rostro, aunque él no se dio cuenta, seguía concentrado en su historia y en todo lo que creía que ella necesitaba saber.
—Rosalie me había pedido por favor que fuera a averiguar si era verdad lo de tu enfermedad contagiosa porque ella no se lo creía. Fui, pero James me dijo que no se te podía ver, además esa misma mañana mi padre había hablado con el médico personal del conde, que confirmó toda la historia. Me convencí de que lo mejor era dejar las cosas como estaban, pero cuando iba de camino a embarcar vi las llamas y entonces me di cuenta de que no podría vivir en un mundo en el que tu no estuvieras, que debía salvarte, porque, aunque tú no me quisieras, yo te amaba ya con todo mi ser. Y cuando justo antes de desmayarte dijiste que me querías no sabía si era alguna alucinación o una mala pasada que me había jugado mi mente, pero cuando al despertar me lo confirmaste, me hiciste el hombre más feliz de este mundo y espero que ahora también lo hagas, aceptando casarte conmigo.
Dijo mostrándole un sencillo anillo, que no se parecía en nada al que James le había dado. Cuando ella se quedó mirándolo, él dijo nervioso, mientras se pasaba la mano por el cabello:
—Pensé que éste te gustaría más, pero si prefieres otro más llamativo.
Bella solo lo besó dulcemente, acariciándole suavemente los cabellos.
—Es todo simplemente perfecto.
Dijo mientras acariciaba el delicado anillo.
Se quedaron un rato en un silencio cómodo abrazados, cada uno pensando en sus cosas.
—Al final no me has dicho como averiguaste que yo era el pirata.
—Um, es verdad. Pues empecé a sospecharlo la noche que te besé, porque en lugar de besar al pirata, parecía que besaba a Edward Cullen, pero me pasó como a ti. Pensé que era solo mi estúpida obsesión que no me permitía pensar en otra cosa nada más que en ti. Y luego, al día siguiente en la lucha de esgrima, tus movimientos me parecían muy familiares, de algún modo sabía que no estabas luchando con todo tu potencial y que si quisieras podrías tumbar a James, pero lo que me lo confirmó fue tu espada.
Y al ver que él se quedó extrañado siguió:
—Si cariño, tu espada. Déjame decirte que cometiste un error garrafal al esconder tu identidad. El primer día que nos encontramos te desarmé y te quité la espada, para luego dejártela aquí. Pues bien, cuál fue mi sorpresa al descubrir que era la misma espada. Por eso ese día estaba tan pálida, porque acababa de descubrir que eras tú. No porque pudieras haber herido James, eso no me importaba mucho.
—Vaya, he fracasado totalmente…
—Edward, ¿puedo pedirte una cosa?
—Lo que quieras mi amor.
—Avisa a Alice, Rose, Jasper y Emmet, consigue una licencia especial y casémonos esta misma noche solo con ellos de testigo.
—¿Estás segura? ¿No quieres una boda por todo lo alto?
—Estoy segura, cariño. Odio todo esto, por eso me convertí en el ángel, para evitar que mis padres me mandaran a un internado por querer tratar a los criados igual que a los miembros de la alta sociedad.
—Entonces como tú quieras. Ahora vuelve a casa. Esta noche Rosalie y Jasper irán a por ti con la excusa de que cenes con ellos, yo te estaré esperando en la iglesia.
Bella se pasó toda la tarde de los nervios, hasta que mucho antes de lo que imaginaba, Rosalie y Jasper fueron a por ella.
Al ver que en lugar de tomar el camino de la iglesia, tomaban el camino de la casa de los Hale, Bella se quejó.
—Es una sorpresa.
Le dijo su amiga.
—Sabes que no me gustan las sorpresas Rose.
—Esta sí.
Dijo ella muy convencida.
Cuando llegaron a la casa, Jasper se despidió diciendo que iba a acompañar a Edward y que más tarde se verían. Nada más traspasar el umbral de la puerta, Bella fue atacada por una Alice frenética.
—Vamos, Bella no tenemos tiempo.
—¿Tiempo para qué?
—¿De verdad crees que íbamos a dejar que te casaras así con esa ropa? Eso es que no nos conoces bien.
Aseguró Alice.
Casi corriendo, la llevaron hasta la habitación de Rosalie, donde un hermoso vestido de novia yacía sobre la cama.
—Antes de que digas nada, no es el vestido de novia que compraste en Forks, ya sabemos que ni siquiera sabes cómo era. Este te lo hemos regalado Alice y yo como regalo de bodas.
—Esperamos que te guste y no se admiten peros.
Dijo Alice.
Edward esperaba impaciente en la pequeña iglesia de Forks a que Bella llegara. Había pensado que si querían mantener el secreto, no podían casarse en Port Angeles y él sabía que a ella le había gustado mucho ese pequeño pueblo. Estaba acompañado por sus dos mejores amigos, Emmet y más recientemente Jasper que infructuosamente trataban de calmarlo. Cuando una figura tapó la escasa luz que se filtraba por la puerta de la capilla, Edward respiró y compuso su mejor sonrisa, pero solo era Rosalie, portando una cesta con los anillos. Justo entonces, la marcha nupcial empezó a sonar y ya solo pudo ver a su Bella. Radiante no era la palabra para describir su aspecto, ni espectacular tampoco. No había ninguna palabra que pudiera definir lo increíblemente hermosa y feliz que se veía.
La ceremonia transcurrió rápidamente prometiendo amarse para toda la vida y por fin el sacerdote los declaró marido y mujer.
Cuando salieron de la iglesia, recibieron su correspondiente baño de arroz, como símbolo de buena suerte, por parte de sus amigos.
—Tengo una sorpresa para todos.
Dijo Edward tras las felicitaciones.
—Bueno, especialmente para Bella, pero afecta a todos.
Paseando por el pueblo, vestidos de novios, mientras la gente los felicitaba a su paso, Edward los llevó hasta una calle un poco apartada del pueblo, donde había algunas casas recién construidas y estaban empezando a construir otras nuevas.
—Edward, pero si esta es la calle adónde nos vamos a mudar Rosalie, Alice, Jasper y yo.
Dijo un sorprendido Emmet.
—Sí y también sé que esas, -dijo señalando a dos casas vecinas- son vuestras casas. ¿A que no adivináis a quién pertenece la de al lado?
Por un momento, reinó el silencio, hasta que fue roto por una emocionada Bella.
—¿Esto significa lo que creo que significa?
Dijo mirando emocionada a Edward.
—Pensé que te sentirías muy sola lejos de tus amigas y como sé cuanto odias los bailes de sociedad y no poder ser tu misma he pensado que te gustaría. De todos modos necesitábamos un lugar donde vivir.
Dijo él encogiéndose de hombros
—Muchas gracias, Edward. Es el mejor regalo que me podías hacer.
Dijo agradeciéndoselo con un beso.
—Eh, -los interrumpió Emmet con cara de asco- dejad eso para la noche de bodas.
—Pero si es nuestra noche de bodas, Emmet.
Corrigió Bella.
—En eso te equivocas, antes tenemos que cenar todos juntos para celebrar vuestro matrimonio, hemos reservado mesa en el restaurante del hotel donde nos quedamos cuando vinimos la otra vez y también tenéis reservada una habitación para esta noche. Nosotros nos ocuparemos de dar la noticia de que os habéis casado en Port Angeles. Me muero por ver la cara de la gente.
Les dijo Jasper.
Mientras cenaba todavía vestida de novia, con su esposo y sus mejores amigos, por no decir su familia junto a ella, Bella pensó que tanto sacrificio al final había valido la pena, era feliz, estaba casada con un hombre al que amaba locamente y que correspondía sus sentimientos y por fin podría ser ella misma, sin preocuparse de convencionalismos sociales, además iba a tener cerca a sus amigas.
—¿Qué piensas amor?
Le dijo Edward.
—Estaba pensando, -contestó ella en voz alta para que la oyeran todos los de la mesa- que ahora que Edward y yo nos vamos una temporada de luna de miel y vamos a estar muy ocupados intentando ampliar la familia, el papel de héroe y heroína están libres. ¿Alguno lo queréis?
—Me temo que Jasper y yo vamos a estar muy ocupados, cuidando del pequeño Paul.
Dijo Alice acariciándose la barriga.
—¡Enhorabuena! Fue la respuesta de todos.
—No me lo puedo creer, voy a ser tito.
Gritó Emmet sorprendiendo a todo el restaurante.
Y después agregó:
—Pues a mí no me importaría aceptar el papel de héroe si mi Rose se pusiera un uniforme de cuero.
Por todo el restaurante se escuchó el sonido de una colleja.
—Auch, era broma cariño.
Y todos rieron felices, inmersos cada uno en su propia nube de felicidad.
N/A: Muchas gracias a los que se han tomado la molestia de leer. Bueno, tal y como concebí la historia este es el final, así era como iba a acabar desde un principio, pero al final me dio pena dejar a los tortolitos sin su noche de bodas, así que solo queda eso. Espero de verdad que hayan disfrutado de la historia tanto como yo escribiéndola. Muchas gracias por llegar hasta el final.
