Capítulo 14

Zelda recorrió los pasillos del castillo siguiendo al príncipe. Acababa de entrar en su estudio. Cuando llegó frente a la puerta, paró y respiró: "¿Será la mejor idea hacer esto? No debería meterme en sus asuntos, pero… siento que es necesario. Bueno, como sea…" Tocó la puerta y recibió un "adelante" como respuesta. Entró, el príncipe estaba parado junto a la gran ventana. La luz traspasaba iluminando toda la habitación. El estudio no tenía balcón, pero el tamaño del ventanal dejaba ver una gran parte del paisaje.

-Oh Zelda, eres tú. ¿Ocurre algo?

-Disculpe alteza, no vaya a pensar que soy una insolente pero justamente eso me pregunto yo.

Link la miró guardando silencio, sabía a qué se refería. Se sintió apenado, pero también se extrañó de que su mucama hubiera venido a hablarle sobre eso.

-Ah. Sobre lo que acaba de pasar en la cocina.

-Sí su majestad. Es que he notado que a veces se molesta sin razón aparente, no sé si es algo que hice o quizás ni si quiera tiene que ver conmigo y yo estoy malinterpretando todo. No es mi intención inmiscuirme en sus asuntos.

Ella hablaba firmemente, demostrando su genuina preocupación al respecto y la voluntad de conversarlo en los mejores términos si acaso ella tenía parte en algo. En lo absoluto sonaba como un reclamo.

-Zelda… mira, en primer lugar… discúlpame por comportarme así. Son tonterías mías, no hay nada de ti que me moleste, tú lo haces todo tan bien. Son otras cosas que no me agradan, pero no de ti.

-No es eso mi señor, sólo no quería que por no aclarar algo ahora luego fuera a ocurrir un malentendido.

-No, no pasará nada. Son cosas de mi carácter, no ocurrirán más.

-Si ocurrieran o no alteza, yo no debo decir nada. Solamente quería saber si era por mi causa o si podía ayudar en algo.

-Sí, sí puedes.

-¿Sí? ¿Cómo?

-Ven, acércate.

Ella se paró a su lado derecho, frente a la ventana.

-Mira esos árboles lejos, si te fijas, hay una parte que es un poco más alta que el resto, por ahí hay un lago. Es mágico, se enciende cuando el invierno está cerca, he ido varias veces. Mis padres me llevaban para esa época, es uno de mis lugares favoritos en el mundo y pensar en él me hace tan feliz como no tienes idea.

-Hay lugares que a uno le hacen sentir muchas cosas.

-Así es. Y, pues ese lago hace que se me vaya el disgusto.

-Entonces, ¿ya se siente mejor?

-Estoy en mi estudio pensando en mi lugar favorito y contigo como compañía, ¿cómo estar mal así?

-Me dijo que yo podía ayudarle, aun no entiendo cómo.

Él rio suavemente, caminó rodeándola hasta colocarse al otro lado de ella, la miró a los ojos.

-Te gusta siempre irte por la orilla, ¿cierto?

- ¿Por la orilla?

-Con que estés aquí ayudas mucho, acabo de decírtelo.

-Sí, no pensé que eso fuera.

-Siempre tomas las cosas de la manera que quieres y es por eso que te gusta irte por la orilla.

-Bueno, me quedo entonces.

-Por favor.

Se miraron fijamente. Un mechón de cabello se salió de la media cola, ella iba a reubicarlo cuando la mano del príncipe se adelantó. Sintió su mano acercarse y su cuerpo se tensó. Apenas sintió el tacto su corazón latió a mil. Delicadamente, él colocó el cabello tras su oreja, acariciando se manera leve su mejilla mientras la retiraba.

-Tienes… una piel muy linda.

-Gracias…

Bajó la mirada en una señal de nervios. Miró hacia todas partes excepto a su compañía quién no pasó por alto su estado.

-Hm, tranquila. Ya está todo bien y aclarado.

-…Así parece.

-Puedes retirarte si quieres, cuando necesite algo te llamaré, ¿está bien?

-Como guste alteza. Con su permiso.

-Espera.

-Sí, dígame.

-No, nada… es algo… te digo luego.

-Bueno, me retiro.

Link la vio marcharse tras la puerta quedando solo de nuevo, pensando sobre lo ocurrido.


El día anterior al viaje llegó. Zelda estaba muy nerviosa. Naturalmente, se sentía insegura sobre lo que ocurriría en el baile, estaba alistando sus maletas en la habitación, con ayuda de Hena.

-No sé qué haré, no tengo idea de cómo son esos eventos.

-Oh, me imagino y creo que te entiendo. Pero no tengas miedo, he visto cómo eres y sé que lo harás bien.

-Es que… nunca he ido a un baile, ni si quiera como servidora, mucho menos como invitada.

- ¿A ninguno?

- No de ese tipo. Solamente en el pueblo, a los de la plaza donde saltamos y cantamos por todos lados. Al menos sé hacer baile de salón, lo que desconozco es qué hacen antes, cuándo comen, entrada y todas esas cosas.

-Tú sólo haz lo que hagan los demás. O puedes preguntarle al señor Link, durante el camino tendrán tiempo.

-Esa es una muy buena idea.

-Y ahora deberías dejar de preocuparte e ir a descansar porque parten muy temprano, ¿no?

-Sí, alrededor de las cuatro para estar allá a las diez.

- ¡Pues a dormir!

-Sí Hena, muchas gracias por ayudarme a empacar, especialmente con el vestido que fue algo complicado de arreglar.

-No te preocupes, es un placer. Hasta mañana.

-Adiós amiga.

Antes de que Hena abriera la puerta para salir alguien tocó la puerta.

-¿Esperas a alguien?

-No… Adelante.

La puerta se abrió y el príncipe Link entró en la habitación.

-Oh, buenas noches Hena. Disculpa Zelda no sabía que estabas ocupada- dijo el visitante con un poco de sorpresa.

-No señor, yo ya estaba por irme, con permiso. Buenas noches.

La chica salió haciéndole una mueca a su amiga y dejándolos solos.

-Lo siento, pensé que estabas sola.

-No hay problema su majestad, Hena sólo vino a ayudarme con mi equipaje, ya habíamos terminado. ¿Necesita algo señor?

-Quería nada más asegurarme de que todo estuviera en orden, recuerda que salimos de madrugada y no tendremos mucho tiempo.

-Sí mi señor, lo tengo muy presente, ya tengo todo el equipaje pesado listo.

Link dirigió la mirada a las maletas bien arregladas y notó sobre la mesa el anillo de zafiro que le regaló en el desierto. Se acercó a él y lo tomó.

- ¿No lo llevas?

-No alteza.

- ¿Por qué? Creí que combinaba con el vestido.

-Sí, pero… no lo sé.

-Úsalo.

- ¿Qué lo use?

-Sí, llévalo puesto desde que salgamos. No te lo pongas sólo en la fiesta, úsalo todo el tiempo- decía a la vez que colocaba el anillo en la palma de la joven y la cerraba – Por favor.

-Está bien alteza, lo llevaré.

-Muchas gracias -Link la miró contento. Aún tenía sus manos entre las suyas- Oh, disculpa. Te devuelvo tu mano.

Ella rio. Ni si quiera se había dado cuenta de que él tenía su mano, no sintió nada extraño. Por primera vez se sintió… cómoda con él.

-Ríes muy lindo.

-Señor…

-Perdona, es tarde y mañana hay que despertar de madrugada. Nos vemos en la entrada. Los muchachos vendrán por tu equipaje.

-Oh muy bien. Hasta mañana alteza. Duerma bien y descanse.

-Lo haré Zelda, buenas noches.

Él salió alegre del cuarto de su mucama. La sensación de tener sus manos con las de él le hacía sonreír como tonto. Entró en su habitación listo para descansar placenteramente.

Por otro lado, Zelda se quedó mirando el anillo en su mano, lo tomó entre los dedos y se preguntó por qué quería el príncipe que lo usara.

-Igual se mira muy lindo… Y me lo regaló él…-sonrió inconscientemente al decir eso. Se llenó de un sentimiento de emoción y de inmediato lo imaginó el día del baile, vestido con su traje real.

-Se verá muy bien… Bueno es tarde, debo ir a dormir o mañana no despertaré.


Las estrellas aún se divisaban en el cielo, iluminando tenuemente las vastas tierras de Hyrule y acunando a su pueblo en las últimas horas de sueño, aunque su príncipe llevaba ya rato despierto. Eran alrededor de las cuatro y una buena parte del palacio estaba en pie ayudando a preparar el carruaje. Zelda bajó tras dos de los muchachos que le llevaron su equipaje abajo. Ahí se encontró con Link, quién la saludó como era costumbre.

-Buenos días Zelda, ¿dormiste bien?

-Buenos días su majestad, sí dormí muy bien, ¿y usted?

-También, aunque ya sabes, me hubiera gustado dormir un poco más.

-Jeje, seguro que sí. ¿Ya desayunó?

-Sí, Lucy me llevó comida a mi habitación. Oye, ¿no deberías usar una capa o algo? El sereno te puede hacer daño.

-Sí, aún es muy de madrugada. Pero no se preocupe, no es necesario, ya pronto subiremos al carruaje.

Hena y otras dos chicas salieron a despedir a Zelda.

-Esperamos que tengan un buen viaje, les tendremos muy presente.

-Tranquila amiga, este viaje es mucho más corto que el anterior.

-Lo sé, pero este es muy diferente- contestó dándole una mirada que acentuó las últimas dos palabras.

Zelda rio y Link notó que quisieron decirse algo. ¿Había algo que no sabía? Pues lo averiguaría.

- ¿Por qué será diferente chicas?

- ¡Ah!- contestó Hena- es que está muy nerviosa por bailar con el príncipe M…

-¡Hena!- interrumpió Zelda.

-¡Ay diosas! ¡Lo siento!

Link rio francamente. Zelda tenía su cara roja como la sangre y Hena muy apenada por hablar de más.

-Zelda tranquila- dijo colocando una mano sobre su hombro haciendo que ella levantara la cabeza- Hena no ha dicho nada malo, no te pongas así. ¿Es tu primer baile no? Es normal, yo me sentí igual la primera vez también.

- ¿Sí?

- ¡Señor, está todo listo! - gritó uno de los soldados que escoltaría los carruajes.

-Oh, es hora de ir. Nos vemos Hena, cuídate y está pendiente de Lucy.

-Como siempre su majestad. Adiós Zelda- concluyó abrazando a su amiga quién respondió de la misma forma y entonces los viajeros se dirigieron al transporte que les llevaría al reino Zora.

Se despidieron de Lucy, Sera y los demás y subieron al carruaje acomodándose como la vez que fueron al desierto. Momentos después se escuchó al conductor ponerse en marcha. El camino estaba todavía muy oscuro, a lo mucho serían las cuatro y media y la mañana no llegaría hasta en aproximadamente una hora. Link miró a Zelda y un destello en su mano llamó su atención. "Es el anillo que le di. Sí lo usó…" sonrió para sus adentros y la voz de su compañera lo llamó:

-Alteza.

- ¿Sí, Zelda?

-Pues… no terminó de decirme lo de su primer baile.

-Oh, ¿quieres saber sobre eso? Pues… en realidad he asistido a bailes desde muy pequeño, acompañé a mis padres desde que cumplí ocho, pero en aquellos entonces sólo estaba con Lucy y otros niños, no hacía entrada ni mucho menos iba de mesa en mesa saludando a todos. Cuando cumples doce años, comienzas a entrar con tus padres, eso tampoco da mucho nervio, ¿sabes? Sólo caminas con ellos y dices "hola" pero no hablas más que para eso. Sin embargo, cuando cumples quince, te toca a ti entrar sólo, que digan tu propio nombre, que todos te vean y además saludar y platicar con todos. ¡Me dieron muchísimos nervios! ¿De qué puede hablar un chico de quince años con otros reyes? Aunque… hubo alguien que me salvó. Como ya te conté, no entro con mis padres así que debí buscar una pareja. En realidad, ya la tenían elegida para mí, ¿fue muy fácil no? Ella era muy educada y elocuente. Sabía hablar, muy simpática. Prácticamente habló por mí. Su nombre era Malon, hija de una de las familias mejor puestas de Hyrule.

El príncipe se sonrió ante el recuerdo. Habían pasado unos años desde entonces. ¡Cuánto habían cambiado las cosas! Zelda miró la expresión de Link, lo que la hizo intuir que tenía lindos recuerdos de ella. Algo dentro se oprimió.

-Y… ¿Salió todo bien?

-Oh sí, todos quedaron encantados. Incluso felicitaron a mis padres por haberme encontrado una joven tan elegante y educada en Hyrule.

-Muchas mujeres en Hyrule son educadas y elegantes.

-Sí, pero como ella no es parte de la realeza, era prácticamente alguien ajeno a esas personas y ya sabes lo prejuiciosas que pueden ser.

-Seguro que sí.

-Mjm, mira, el sol está por salir.

Zelda, no muy contenta, vio al horizonte a través de la ventana. No volvió a decir nada durante largo rato. Pasadas alrededor de seis horas, el tiempo en que tardarían en llegar al reino Zora, Link dijo:

-Has estado algo callada.

-Pues, no hemos tenido nada que conversar.

-Hm. Cierto. Igual, mira, estamos por llegar. Ya se puede ver el río.

Ella miró a su derecha y encontró un estrecho río que se ensanchaba a medida avanzaban. El agua era más cristalina que cualquier otra, se podían ver peces nadar con detalle. "Debe ser muy lindo este lugar" pensó, y no estaba equivocada. Apenas entraron tras los portales del reino, el panorama cambió. Zelda estaba maravillada, jamás había visto un lugar así. La ciudad era impecable, sus calles de adoquines de un color crema casi blanco, estaban perfectamente ordenadas. A los lados, la grama de un verde muy vivo adornaba las fachadas de las casas y las coloridas flores daban el toque final. En dirección al centro pasando la calle principal, se divisaba la tradicional fuente con una estatua enorme, de una figura con facciones humanas, pero a la vez, con características de un animal marino, casi como una sirena. Captó la atención de Zelda.

-Señor, ¿qué es esa estatua?

-Oh, ¿la de la fuente? Es de una deidad Zora, no recuerdo el nombre ahora la verdad, pero dicen que fue quien defendió a las criaturas del agua en la Gran Batalla, hace mucho, saliendo victoriosa y estableciendo aquí, la primera ciudad Zora. Por supuesto, era bastante más pequeño que ahora. Esa estatua está hecha de cristales de agua, que son muy preciados. Es difícil encontrar uno.

-Oh ya veo. Es como una sirena, es hermosa.

-Sí. Ve, ya estamos por llegar al palacio.

Otro par de portones con el mismo diseño que las de la entrada de la ciudad estaban fuera del palacio. Rápido las alcanzaron y se adentraron en los predios del castillo guiados por dos guardias montados Zora. El carruaje se detuvo frente a las puertas de su nueva morada provisional

-Zelda, ya estamos aquí, baja tú primero.

-Alteza, es usted el invitado principal, debe usted bajar primero.

-Ah… sé que pedirte lo contrario será infructífero. Está bien, bajaré yo.

Link salió del carruaje para ser recibido por la comitiva destinada a ello. Zelda le siguió y fueron saludados. Segundos después, su anfitrión, el príncipe Mikau, llegó junto con dos mucamas más. Se adelantó para saludar a su amigo.

-¡Link! ¡Qué gusto verte! – dijo abrazándolo y dándole un par de palmadas en la espalda.

- ¡Hola Mikau! ¿Cómo has estado?

-Bien, emocionado por mi fiesta, tú sabes… ¡Zelda, querida! ¿Cómo estás? - dijo tomando su mano.

-Bien alteza, buenos días- contestó con una reverencia.

-Qué placentero verte, estaba esperando con ansias que vinieras.

- ¡Ejem! Y… ¿estuviste muy ocupado estos días? -preguntó Link interrumpiendo la conversación entre los otros dos.

-Sí muchísimo, no tienes idea. Ayer estaba muy agotado, como imagino deben estarlo ustedes ahora. Sus habitaciones están listas. ¿Muchachas? Por favor. -dijo dirigiéndose a los de la comitiva para que llevaran el equipaje

- ¡Oh no espera, yo lo llevo! -dijo Zelda a una chica que llevaba su maleta -yo puedo con él.

-Zelda -interrumpió Mikau- está bien. Ellos te ayudarán. Recuerda que eres mi invitada, no has venido a trabajar. ¿O es que Link acaso, te trajo para eso?

- ¿Qué? ¡Por supuesto que no!- contestó Link en su defensa.

-¿Lo ves?

- Sí, tiene razón. Lo… lo siento.

-No te preocupes linda.

"Linda…" pensó Link con recelo.

-¿Nos acompaña señorita?- preguntó una de las ayudantes- la conduciré a su habitación.

-Por supuesto, muchas gracias. Con permiso sus altezas -hizo la reverencia y se fue.

-Bueno, y ahora yo iré a ver cómo va lo del almuerzo, ¿te parece?

-Claro Mikau, más te vale tener mi comida favorita o me regreso a Hyrule de inmediato.

-Ja, ¿acaso he roto alguna vez la tradición?

-Así me gusta- contestó bromeando- Bueno, me voy. Te veo en el almuerzo.

-Muy bien amigo.

Los dos muchachos entraron en el palacio y se separaron.


Zelda recorría los pasillos de aquel enorme edificio. Más grande que cualquier otro lugar en el que hubiera estado. El castillo era tan pulcro como la ciudad a sus pies. Tenía un estilo impecable, abundaban los blancos y azules, todo a su alrededor daba una sensación de pureza y tranquilidad. No se sentía tan acogedor como el castillo al que estaba acostumbrada, pero no llegaba a sentirse fuera de lugar tampoco. Se abrió una puerta a su derecha y entró en la que sería su habitación. La cama estaba en el centro, majestuosamente decorada con cortinas blancas de seda que caían desde la parte de arriba del soporte, muebles que combinaban, flores azules sobre la mesa y las paredes claras como el resto del palacio. Hacia la izquierda, un enorme ventanal llevaba a un balcón con vista al jardín. Esto era mucho más de lo que podría pedir, estaba extasiada con todo aquello. La mucama la sacó de su trance.

-Señorita.

- ¡Oh! Sí, dígame.

- ¿Coloco todo esto en su armario?

-Amm… no lo sé. ¿Debería?

-Pues es lo acostumbrado, pero no debo hacerlo sin su autorización.

-Eh, bueno supongo que sí entonces. Aunque creo que necesitarás ayuda con el vestido, es muy grande. Ven.

Se acercó a la maleta donde lo empacó la noche anterior con Hena y lo desenvolvió con destreza.

-No es necesario que me ayude señorita.

-No te preocupes, ves que no se me hace difícil esto. Oye, el castillo es muy hermoso.

-Sí, lo es.

- ¿Cuesta mucho mantenerlo limpio? Está todo muy reluciente.

-Bastante señorita, no por nada tienen casi el doble de personal que en otros palacios. Es una costumbre Zora, ser tan pulcro en todo aspecto.

-Eso es muy bueno.

Terminaron de sacar todo y colocarlo en el armario y en las mesas.

-Bueno señorita, me retiro. Si se le ofrece algo sólo llámeme y vendré tan pronto como pueda. Mi nombre es Vera, me disculpo por no haberme presentado antes.

-No te preocupes Vera. Muchísimas gracias por tu ayuda.

-Es un placer. Con permiso.

La chica hizo su reverencia y se fue. Zelda se quedó a admirar la habitación y esperar que fuera hora de almuerzo, tenía algo de hambre.

A las doce en punto, Vera regresó para llevar a Zelda al comedor.

-Sígame, almorzarán en el salón del señor Mikau. Me informó que lo hizo así porque quería que fuera más acogedor.

-Entiendo. Vamos.

Zelda siguió a Vera por los ordenados pasillos hasta llegar a una puerta en el segundo piso. Se abrió y entró en una habitación mediana, pintada en un color melón, muy distinto al resto del palacio. Las decoraciones eran todas cálidas en tonos naranjas y amarillos. El príncipe Mikau estaba ahí, parado a la par de una mesa pequeña.

- ¡Zelda! Qué gusto que ya estés aquí.

-Buenas tardes señor Mikau, es un honor encontrarme en su palacio.

-¿Te gustó tu habitación?

-Más que eso alteza.

-Me alegra mucho eso. Ah, por cierto, quería disculpar a mis padres que no podrán almorzar con nosotros, pero en la cena te los presentaré.

-Alteza no se preocupe. Sé que deben estar muy ocupados.

-Algo. Con todo lo de mi fiesta y lo demás del reino… quieren que todo salga perfecto.

Zelda asintió comprensivamente a la vez que se le cruzaba por la mente dónde estaría el señor Link, y como respuesta a su pensamiento, apareció el príncipe por la puerta por la que recién ella había entrado acompañado de la princesa Ruto que iba prensada de su brazo. "Oh no recordaba a la señorita Ruto… Y espero que ella no me recuerde a mí tampoco".

-Querido hermanito… Disculpa la tardanza, es que Link y yo la pasamos tan bien juntos que el tiempo se nos va volando. Espero no tengas mucha hambre.

-No en realidad Ruto. Mira, te presento a Zelda, la chica que será mi pareja mañana, mi invitada especial.

- ¡Oh mucho gusto! Espera, te me haces conocida…

Ella la vio detenidamente, y rápidamente Zelda hizo una reverencia para acortar la presentación.

-Es un honor y un gusto conocerle su majestad.

-No, no, espera. ¡Ya se! ¿No eras tú la mucama de Link en su palacio? Hermano… ¿seguro es ella?

-Ruto por favor – dijo Mikau con autoridad- no permitiré que hagas esos comentarios sobre nadie. Ya se ha hablado sobre tu actitud.

-Ay tranquilo… nada más pregunté. No he dicho nada malo, ¿o sí? Es tu compañera no mía, tus asuntos no me incumben hermano. Disculpa Zelda, si algo que dije te ofendió. ¿Nos sentamos mi querido Link?- dijo sin darle importancia y arrastrando a su acompañante a la mesa.

-Mil disculpas Zelda.

-Su majestad, no tiene que disculparse. Sé que a la señorita Ruto no le no le agrada rodearse de gente que no pertenece a la nobleza.

-Sí, ella es algo diferente de mis padres y de mí. Pero no te vayas a ofender por algo ¿sí? Ella es así.

-Descuide, yo lo sé.

Él le sonrió con dulzura.

-¿Me acompañas a la mesa? - preguntó ofreciéndole su brazo.

-Por supuesto alteza.

Al voltear para ir al comedor, notó que Link los estaba mirando y enseguida él retiró su vista. "¿Por qué estaba mirándonos?" pensaba sin lograr satisfacerse con una respuesta. Se puso nerviosa por unos momentos hasta que se sentó en la mesa y todo trascurrió para bien. Ruto ni si quiera se ocupó de ella en especial. Conversaron entre los cuatro y en alrededor de una hora, el almuerzo había concluido. Todos se pararon al mismo tiempo y se alejaron de la mesa. La primera en hablar fue la princesa:

-Bueno Link querido, deberé dejarte unas horas. Mis mucamas me esperan para ultimar algunos detalles sobre mi vestimenta de mañana, la cual estoy segura, te impresionará. Así que me retiro. Con permiso, querido Link, hermano… Zelda- dijo mirando a esta última con un poco de orgullo- adiós.

La princesa salió con un ligero paso seguida de dos sirvientes. Los demás quedaron en la pequeña sala. Link miró a Zelda y pensó en sugerirle ir a caminar por el jardín, pero prefirió ver qué propondría su amigo para los tres.

-Bueno… Link, si no te molesta, me gustaría llevar a la señorita Zelda a un paseo por el jardín, si ella acepta claro- dijo mirándola interrogante.

-Oh, por supuesto, le acompaño.

-Perfecto. Con tu permiso Link, nos vemos en la cena.

-Así será, disfruten- contestó con una sonrisa, aunque contrariado en sus adentros.

-Con permiso, alteza- dijo ella haciendo una reverencia hacia Link y finalmente, salió de la sala.

Link por su parte, se fue a su habitación a descansar de Ruto, seguro en la cena tendría que soportarla de nuevo.

Zelda y Mikau salieron al hermoso jardín frontal. Ella ya había tenido la oportunidad de verlo cuando llegó, pero ahora podía apreciarlo de cerca. El ambiente estaba perfumado, era un aroma dulce, mezcla de todas las flores del lugar. El príncipe que aún no había articulado palabra alguna, miró a su acompañante inhalar profundamente. No era algo que viera habitualmente.

-¿Te gusta el olor?

-Es sumamente agradable, sí. ¿A usted no?

-Sí, solo que estoy tan acostumbrado a sentirlo que quizás perdí la delicadeza de apreciarlo.

-Las costumbres… no deben quitarles la belleza a las cosas, o bueno, eso pienso yo.

-Mm, si- dijo pensativo- tienes razón. Cuántas cosas bellas tenemos a nuestro alcance y… ¡las pasamos por alto!

-Creo es algo natural en los seres humanos, a todos nos pasa tarde o temprano, ¿no?

-Efectivamente. Aunque… si uno olvida la hermosura de las flores, siempre podemos recostarnos en el pasto y sentirlas más de cerca- comentó juguetón aludiendo a la vez que la encontró acostada en el jardín del príncipe Link. Ella inmediatamente recordó el suceso y enrojeció.

-Alteza, no me recuerde eso, me hace sentir muy apenada. - Él rio.

-No tienes por qué. Ya sabes, tranquila... -vio que se sentía un poco incómoda y decidió cambiar el tema- ¿Cuál es tu flor favorita? ¿Te gustan las que estaban en tu habitación? Mandé a colocar las favoritas de mi madre porque no sabía tu preferencia, pero si gustas, para mañana las mando a cambiar.

-No, no, no. Tomarse esa molestia es innecesario. Quedan bien así, en realidad me gustan todas las flores. En casa con mi nana, cultivábamos rosas blancas y rojas. Un pequeñito rosal, no tenemos mucho espacio ahí y pues… aunque en cuanto a preferencia yo quiero a todas por igual, creo que tengo una leven inclinación por las rosas, me recuerda a Impa, a casa…

- ¿Impa, tu nana?

-Sí, es ella la que me ha cuidado.

-La quieres mucho entonces.

-Como a una madre.

El joven tenía una genuina curiosidad por sus padres, ¿dónde estarían? Pero le pareció que sería entrometerse de más, así que no mencionó el tema.

-Y… ¿Cómo te has sentido aquí?

-Más que excelente. Las chicas que me ayudan son muy lindas.

-Me complace escuchar eso.

-Sí, son tan amables como en el castillo del príncipe Link.

Mikau agradeció las palabras y enseguida conversaron de varios temas. Poco a poco, Zelda hablaba con más soltura. Se sentía muy bien, el príncipe Mikau era una buena compañía. No había nervios ni nada de eso. Pasaron un buen rato entre el jardín frontal y el extenso jardín de atrás. Cuando estaba por venir el atardecer, el príncipe sugirió algo más.

-Oye, el sol casi se pone y hay algo que me encantaría mostrarte. Ven.

Ella le siguió a través de un sendero hasta llegar a una rotonda de arbustos que rodeaban una estatua igual a la que había visto en la plaza del pueblo por la mañana.

-Mira, ella es una deidad Zora.

-Sí, el señor Link me habló de ella cuando vi una igual de camino a acá. Es hermosa.

-Oh sí, y esta Zelda, no vayas a pensar que somos pretenciosos, pero está hecha en su totalidad de diamante. Si ves, es distinta a la del pueblo, aunque aquella es más especial, esta tiene un propósito diferente. Sólo espera.

La chica no dijo nada, sólo observó la escultura por unos segundos y luego miró a su acompañante esperando por algún comentario de su parte, pero él sólo miraba entusiasmado al monumento frente a sus ojos. Ella miró la obra de arte tratando de descifrar qué sería aquello que el príncipe quería que viera y de repente, su rostro se iluminó con puntos de muchos colores. Los arbustos a su alrededor tomaron diferentes tonalidades y, a medida se oscurecía el cielo, los colores se apreciaban más. Era como un prisma irradiando un arcoíris justo en ese jardín. Zelda estaba atónita ante la elegancia y belleza de aquel espectáculo luminoso, especialmente al ver que, a pesar de haber casi desaparecido el sol, las luces seguían igual de intensas.

-Esta estatua atrapa la luz del crepúsculo y la transforma en hermosos colores como los que ves, el efecto dura toda la noche hasta la mañana cuando el primer rayo de la aurora se lleva la luz de nuevo.

-Es decir que… ¿se queda así toda la noche?

-Así es.

-Señor… es impresionante. No tenía idea de que una estatua, aunque fuera de diamante, fuera capaz de tal cosa. Con el sol ahí… el contraste… definitivamente es hermoso. Es como estar entre las estrellas.

-Tú lo has dicho. Esta, es una de esas cosas que a pesar de haberlas visto muchas veces, nunca me canso de presenciarlas.

-Y comprendo muy bien por qué.

-Es un gusto para mí que lo hayas disfrutado. Y oye, ya es de noche así que deberíamos ir a prepararnos para la cena. Mis padres estarán ahí, por lo que no querremos llegar tarde.

- ¿Su-sus padres? ¿Los reyes… cenarán con nosotros? O más bien… ¿yo cenaré con los reyes?

-Sí, ya te lo había dicho. ¿Hay algún problema? Mira, si te sientes nerviosa, no te preocupes, ellos son muy amigables y ya les he hablado de ti.

-¿De mí?

-Claro, sólo cosas buenas por supuesto jeje. De todos modos, no podría decir nada malo sobre ti, aunque quisiera. Además, ya tienes experiencia en esto, has comido con Link y conmigo e incluso mi hermana. No será muy diferente.

-Daré lo mejor de mí, alteza.

-La tú de siempre es lo mejor de ti. Ven, vamos al castillo.

Ella asintió y pronto entró al palacio. Se despidió del príncipe y se dirigió a su habitación a prepararse y esperar ser llamada a la cena.

-Diosas, debo peinarme de nuevo. No puedo presentarme ante los reyes Zora de esta forma. A ver…

Veinte minutos después estaba impecable. Se sentó al borde de la cama pensando en qué diría al llegar, mientras venían a llamarla. De repente, hubo un golpe en la puerta. Ella se puso de pie y dijo "pase". Contrario a sus expectativas, no era ninguna mucama que venía por ella. Era Link. ¿Qué hacía ahí?

-Disculpa. ¿Puedo pasar?

-Sí señor. ¿Ha ocurrido algo?

-No, no- dijo cerrando la puerta tras entrar- sólo que, ya es hora de la cena y hay que ir.

-Sí, de hecho, estaba esperando a alguna de las muchachas que viniera a avisarme.

-Ah sí, encontré a una que venía a eso y le dije que no se preocupara, que yo te avisaría.

-Muy bien. Entonces ya es hora.

-¿Vienes conmigo?

-Sí alteza. Le confieso que me tranquiliza mucho llegar con usted. Me pone un poco insegura conocer a los reyes.

-Lo comprendo. Pero no tienes por qué. De verdad, los reyes son muy amables. Bueno, tú misma lo descubrirás.

-Lo mismo me dijo el señor Mikau. A ver cómo me va.

-Tranquila, ven.

Alzó su brazo hasta el pecho para que Zelda lo tomara, como era la costumbre. Salieron de la habitación y él no tardó en hablar de nuevo.

-Estuviste un poco perdida hoy- dijo sin detener su marcha.

-¿Perdida?

-No volví a verte después del almuerzo.

-Ah… pues recuerde que el señor príncipe me invitó a dar un paseo y estuve en eso toda la tarde.

-¿Ah sí? ¿Y te divertiste?

-La pasé muy bien. Él es muy conversador y amigable.

-Es agradable.

-Sí.

-Yo… no hice nada en realidad. Estuve en mi habitación solamente.

-¿Se aburrió?

-No, me dejaron unos libros en mi mesa y los hojeé. Seguro Mikau los mandó a poner, me conoce tan bien.

-Lo imagino alteza.

-Y bien, hemos llegado. Hay que entrar. Pero antes quisiera agradecerte por brindarme estos cinco minutos de charla.

-Eso no es de agradecerse señor.

-Quizá para ti no sea mucho, pero valen para mí. ¿Seguimos?

Ella suspiró profundamente tratando de sacar los nervios de sí misma.

-Sí alteza, vamos.

Link dio un suave golpe a la gran puerta y casi de inmediato se abrieron, dejando ver a dos alegres mucamas que los recibieron con entusiasmo.

-Tengan muy buenas noches, pasen adelante. Bienvenidos a la cena. El rey, la reina y sus hijos esperan por ustedes en la mesa- dijo amablemente la que parecía ser la anfitriona de la cena.

Ambos invitados asintieron con la cabeza y dirigieron su mirada hacia la majestuosa mesa frente a ellos. Justo al lado de ella, cerca de la cabecera del rey, estaba la familia real de los Zora, que les dirigieron una leve sonrisa. Zelda caminó al lado de Link tal cual venía hace unos segundos, hasta que llegó a los reyes.

-Buenas noches- dijo la reina primero- es un placer tenerlos aquí y un gusto conocer esta linda carita nueva que tenemos por acá- seguido de un abrazo a Link al cual siguió el rey y luego hicieron lo mismo con Zelda.

-Es un placer conocerte linda- dijo la monarca.

-Ella, madre, es Zelda, la chica que será mi pareja mañana, y… Zelda, ellos son mis padres Rutela y Makel, los reyes de esta hermosa tierra.

-Es un placer y más que un honor, conocerlos y haber sido considerada por ustedes para esta cena- contestó luego de hacer la acostumbrada reverencia.

-El placer es nuestro, eres muy linda- dijo con sinceridad la reina.

-Madre, la pondrás nerviosa.

- Oh pero no tendría por qué- intervino el rey- quizás le ha parecido un poco casual este encuentro querido, pero así somos aquí cuando estamos en confianza. No hay necesidad de fingir nada, siéntete tranquila como en casa.

-Lo tendré en cuenta su majestad. Son muy amables.

-De nada Zelda. ¿Y tú hijo, acaso no piensa saludar a tu padrino como siempre?- dijo a Link.

Y conversaron un rato sobre cosas que Zelda no entendía. Se sentía tan extraño estar ahí para ella, pero no porque se sintiera fuera de lugar, todo lo contrario, era todo tan casual que era difícil decir hasta qué punto era correcto que alguien como ella entrara en confianza con los reyes y hasta qué otro no se ofenderían porque ella actuara con la actual reserva. "Apégate al protocolo" pensaba, "haz lo que normalmente harías y, si acaso es muy formal, ellos te dirán que te relajes. Prefiero eso a que piensen que soy una confianzuda".

-Y bueno -continuaba el rey en la otra conversación que Zelda se perdió por unos momentos- es hora de comer. ¿Acaso no tienen hambre?

Todos fueron a comer. La cena fue muy amena. Los reyes hicieron algunas preguntas a Zelda y ella les contó un poco de su vida. Mikau estaba muy contento, parecía que sus padres estaban complacidos con la joven. Todo marchaba bien. A eso de las nueve, decidieron ir a descansar.

-Bueno- dijo la reina- creo que es hora de dormir. Mañana a esta hora estaremos celebrando y necesitamos estar bien descansados.

-¡Así es querida!- contestó el rey.

Se despidieron de todos, dándole especialmente un fraternal abrazo a la nueva invitada para hacerla sentir más en casa y salieron antes que todos. Posteriormente, el príncipe Link fue arrastrado por Ruto para que la fuera a dejar hasta la puerta de su habitación. Quedaron solamente Zelda y Mikau, ofreciéndose este último a acompañarla hasta sus aposentos. Conversaron mientras:

-Y ya casi ha llegado el día. Es cansado esto de ser el cumpleañero jeje, mañana debo despertar muy temprano para ultimar detalles.

-Lo imagino alteza, debe ser algo pesado.

-Sí. Escucha- dijo tras una corta pausa- quiero agradecerte por haber venido nuevamente. A mis padres les has caído muy bien. Eso es una buena señal.

"¿Una buena señal?", se preguntó Zelda.

-Seguro mañana los impresionarás a todos igual.

-Oh su majestad, está siendo demasiado amable conmigo.

-No, es que eres una chica increíble y muy bien educada. ¿Estás segura de que no eres una princesa?

-Estoy segura que no lo soy señor- dijo riendo un poco- es que el linaje de mi nana, se dedicó durante siglos a educar a la familia real de Hyrule, por supuesto que mi nana ya no llegó a hacer tal actividad, pero mucho antes, se encargaron de la formación de muchas generaciones de reyes. Cambió con el tiempo y la migración de su gente hacia otras aldeas hasta que ya no había muchos interesados en el cargo; sin embargo, algunos conservaron las buenas costumbres y bueno, una parte de ellas fueron inculcadas en mí. No iguales a las actuales, tampoco replicadas de las antiguas, pero suficientes para lo que una joven como yo pudiera haber necesitado y veo que ha servido.

-Mira nada más, no lo sabía. Es bastante interesante, tu nana debe ser una mujer de mucha tradición y sabiduría. Me encantaría conocerla.

-Y estoy cien por ciento segura de que ella estaría más que honrada de conocerle a usted.

-Y yo muy feliz, de conocer a la persona que formó a una chica tan correcta. Eres más educada que mi hermana.

-Su hermana es muy educada, es sólo que…

-Es caprichosa sí jeje, pero, en fin. Ya hemos llegado a tu habitación así que, te deseo buenas noches, descansa mucho y ansío desde ya, verte mañana. Hasta luego querida.

Dicho esto, se inclinó en una reverencia, tomó delicadamente la mano de ella y la besó con ternura. Ella no contestó nada y él con una sonrisa dulce se retiró por el pasillo.

Inmediatamente ella entró al cuarto agitada. Apoyó su espalda a la puerta y presionó contra su pecho sus manos. ¿Qué acababa de pasar? "¿Por qué tomó y besó mi mano de esa manera?" De repente recordó la vez que Link había hecho lo mismo y sintió culpa. Culpa como si hubiera hecho algo malo, como si traicionara la confianza de alguien. ¿De quién? ¿De Link? ¿De ella misma y sus sentimientos? Lo cierto es que técnicamente no era más que un beso de cortesía, pero sabía que era más que eso. Las palabras de Mikau, la invitación, la presentación con sus padres, ¡incluso les había estado hablando de ella! Y ahora un beso en la mano que decía "te quiero". ¿Acaso el príncipe gustaba de Zelda? Era algo que sí había considerado, ya fuera por su propia vanidad o por sugerencia de Hena, pero no se sentía compatible con la idea. "¿A qué chica no le gustaría se cortejada por el príncipe Mikau? Me dijo Hena… pues a mí no, no me gustaría. ¿Qué tal si el señor Link nos hubiera visto? Podría pensar que estoy tratando de seducir a su amigo y eso no es así. Hoy nos estuvo mirando… ¿será que tiene sospecha? ¡No! No puede pensar eso… Y cómo va a pensar en eso si se la pasa con la señorita Ruto todo el día… Te estas ocupando demasiado de él. Más de lo que deberías. Sólo espero que no piense mal porque seré la pareja del señor Mikau mañana… Diosas…" pensaba mientras acariciaba la mano donde hace unos momentos descansaban los labios de Mikau y hace unos días lo hicieron los de Link. Ya más tranquila, se puso su ropa de dormir y se fue a descansar, aún un poco nerviosa por lo que pasaría al día siguiente.