Capitulo 13
Mathias seguía mirando para la puerta, donde estaba su hija sin decir nada, se veía hermosa la ropa humana le sentaba como un guante al igual que a madre, ambas eran como una gota de agua, como si las hubiera cogido y las hubieran unidos, añadiendo ADN del danés, porque una vida no la creaba una sola persona si no dos, Dinamarca estaba seguro de una cosa, que de todas las cosas que había hecho a lo largo de su vida, esta era la cosa que más le gustaba, a ver tenido una hija con la persona que le robo su corazón desde el primer momento que la vio, no la cambiaría por nada del mundo.
Almeta por otro lado se encontraba nerviosa, su padre no había dicho nada desde que entró por la puerta y eso no la ayudaba en nada, y eso que antes de entrar estaba nerviosa pero ahora más con el silencio que de había formado tras que Astrid la presentará.
- Papá, ¿podroas decir algo?-pregunto nerviosa
- Perdón-se disculpo-Estas hermosas, me había quedado sin palabras, Astrid ha hecho un gran trabajo-
- Yo siempre lo hago, ¿acaso dudabas?-preguntó elevando ambas cejas
- No...no...eso-se puso nervioso- Es...que..argg-
Ambas mujeres a ver la actitud del danés se pusieron a reír, Mathias lo notó e hincho las mejillas al estilo infantil, él reconocía que a veces era como un niño para que si vida fueran más divertida y no tan aburrida como cierto nórdicos, al ver la actitud de Mathias se rieron más, Almeta se acercó a su padre y con los dedos le tocó las mejillas
- Vamos papi no seas así, esa no es la actitud del rey del Norte-le dijo con una gran sonrisa.
Mathias la miró por unos segundos pensando en lo que su hija acaba de decir: "Esa no es la actitud del rey de Norte", Mathias sonrió y se le pudo ver en sus ojos azules brillos, abrazo a su hija y la levantó, Almeta lo notó y le abrazo.
- ¿Como sabes ese apodo?-pregunto curioso
- Me lo dijiste tu cuando me contaste lo que simboliza esta corona-le explicó tocándose el colgante
Mathias río, era verdad él mismo le había dicho ese apodo, la dejó en el suelo con cuidado y la observó detenidamente, ahora si estaba seguro de una cosa como estuvo desde hace tres siglos, no una a dejar que su hija sufriera el mismo destino que su madre, por que tenía una misión y esa era protegerla, como padre que es era y como promesa que le hizo a su madre, que no dejaría que le pasara nada.
Ambos se despidieron de Astrid y pusieron rumbo a la feria, Dinamarca quería verla cara que ponían los nórdicos cuando le vieran llegar, por otra parte la joven sirena estaba nerviosa, iba a conocer a sus "tíos", eso alegría a cualquiera que supiera de la familia que había encontrado, pero para ella no lo era, ¿por qué? Muy sencilla la razón, ella lo conocía por lo que su padre le había contado y no le gustaba nada, y temía por lo que pensara de ella o de su madre.
Al cabo de una media hora llegaron al recinto ferial, Almeta se quedo impresionada por todas las cosas que habían, el danes lo noto y sonrio, eso le trajo a la mente a Ellen, ella tambien ponia la misma cara que su hija cuando veía algo que le era del todo desconocido, sonrío melancólico, ambos caminaron lentos, Almeta veía con emoción los puesto, todo le parecía raro pero aun así le encantaba, siguieron andando mientras el danés le contaba todas las cosas y le explicaba el por que, la joven sonreía, estaba interesada en lo que su padre le contaba.
Los demás nórdicos esperaban al danés, Lukas miraba su reloj por enésima vez, Mathias llegaba tarde, era lo que mas odiaba de pareja, su impuntualidad.
- ¿Por que Anko tarda tanto?-preguntó irritado Noruega
- No se-dijo su hermano-Se abra despistado con algo-
- O mejor dicho con alguien-dijo el sueco cuando lo vio aparecer junto a su hija
Todos se giraron para ver por donde estaba miraba Berwald, todos vieron al danés hablando tranquilamente con la joven, Lukas apretó los puños al verlo con otra persona que no fuera él y la pregunta del millón quien era la joven, por otro lado Islandia estaba descompuesto al ver a la joven, no podía creerlo, le mintió cuando le dijo que no sentía nada por el danés.
- Hey-saludo el danés cuando llego a su lado
- Mathias, ¿Quién es la joven que te acompaña?-pregunto un curioso finlandés
- Oh claro-asintió el danés, pero no sin antes mirar al noruego, no quería perderse la cara que iba a poner al oírlo- Ella es Almeta Kohler. es mi hija-
Todos abrieron la boca al oír eso, era la hija de Dinamarca, no podía ser, las naciones tenían prohibido tener hijos, ni tampoco enamorarse de humanos y el danés se lo había pasado, como hacía con todo.
- Mathias, ¿nos puedes decir como es que tienes una hija?-pregunto Lukas intentando no gritar
- Veras, yo conocía a su madre-comenzó el danés, la sirena comenzó asustarse pensando que iba a decirle toda la verdad-Hace dieciséis años, ella y su marido trabajaban para mi-
- Eso no tiene nada que ver con que sea tu hija, así que déjate las mentiras-le reprocho Lukas
- Si dejas que me explique-dijo el danes furioso
- Papá, déjalo-dijo la joven, eso hizo que a Lukas le hirviera la sangre al oírlo- Y vamos a divertirnos-
Mathias asintió, la cogió de la mano y se dirigieron a las atracciones, Noruega a ver esa acción, tuvo que ser agarrado por su hermano por que veía la intención, siguieron a los dos desde lejos, Emil seguía dándole vueltas en su cabeza sobre la joven, había algo que no le cuadraba, ¿Quién era?¿Acaso la joven que conoció hace tres siglos, no era humana? Muchas preguntas rondaba la cabeza. De pronto se pararon en una noria.
- ¿Podemos montar aquí?-pidió Alemta
- Claro-asentió Mathias mirando a su hija con una sonrisa-Somos seis, y solo podemos montar en pareja, Berwald y Tino, Lukas y Emil, y nosotros juntos-
- Mejor tu y yo juntos-dijo Lukas- Y mi hermano con tu hija-
Mathias miro serio al noruego, sabía lo que estaba tramando, miro a la joven que le dedico una sonrisa como su madre, el danés asintió, le susurro algo en el oído a su hija y esta automáticamente se llevo las manos a su cuello con una sonrisa, se dirigieron a la atracción.
Cada uno se monto en una cabina diferente, Lukas se sentó frente al danés, se le veía muy serió, nunca le había visto así ni siquiera en la unión de Kalmar.
- Te escuchó, Norge-le dijo
- No puedo pasar un rato con mi novio-le dijo con una sonrisa, que apenas se le notaba
- Vamos Norge, tu no quieres ni permanecer dos minutos conmigo en la misma habitación-le soltó el danés- Así que, ¿De que quieres hablar, por que no creo que me hayas separado de mi hija, para interesarte por nuestra relación?-
- De acuerdo-dijo serio- No puedo creer que te hayas pasado todas las normas, es que acaso tu nunca cumples nada, siempre tienes que estar haciendo el idiota, no sabes que nosotros, las naciones no podemos tener hijos ni enamorarnos de humanos, ya sabes por que se hicieron estas normas-
- No sabes tu nada de ella ni de su historia-dijo furioso, no iba a permitir que se metiera con las personas que más había amado en su existencia-Y no quiero que te metas con ella o con su madre, por que si lo haces tu y yo hemos acabado y me voy de la casa, porque por primera vez en siglo seré yo quien os abandone sin motivos, aunque tu si lo sabrás-
Lukas lo miro, era la segunda vez desde que se conocían que lo amenazaba, tenía que hacer algo para separar a esos dos como fuera, mientras tanto en otra cabina, la sirena observaba el paisaje con fascinación, el mundo humano y el mundo de las sirenas eras distintos, pero ambos hermosos, Emil observaba en silencio, quería saber quien era ella.
- Esto...Almeta, ¿cierto?-la llamo dudosa
- Si-dijo con una sonrisa mientras se daba la vuelta-¿Querías algo?-
- Verás, no se como decirlo-dijo mientras se ponía la mano por la nunca-Te parecerá una tontería pero me recuerdas alguien que conocía hace tiempo-
Almeta le miro, pero no dijo nada, solo le dedico una sonrisa, volvió a mirar el paisaje le gustaba, la noche era hermosa en la capital danesa, le gustaba, un pensamiento le vino a su cabeza. "Mi madre vio estas hermosuras junto a mi padre, ojala mi madre estuviera viviera y poder estar los tres juntos ". Sin darse cuenta una lágrima resbalo por su mejilla, Emil se dio cuenta y se acerco a quitársela con mucho cuidado, la joven se dio cuenta cuando noto la mano del islandés sobre su mejilla, se giro, se quedo mirando, se dio cuenta de una cosa, Islandia tenía unos hermosos ojos violetas, noto que sus mejillas se teñían de rojo, pero daba gracia a la oscuridad que Emil no la podía ver, de pronto el cielo se ilumino por los fuegos artificiales, dejando ver las caras sonrojadas de ambos adolescente y la cercanía que tenían entre ellos.
Tachan! Aquí esta el siguiente capitulo, perdón por la tardanza , pero acabo de empezar el instituto y estoy ocupada, y tenia la inspiración estaba por los suelos pero por fin lo escribir, si tengo nuevo lectores, quiero disculparme por la repetición de un capitulo, pero intentando arreglar una cosa me paso esto, así que tengo que reescribirlo, seguro que cambiare por que no me acuerdo de todo.
Nos vemos en el próximo capitulo, no se cuando podre subirlo pero espero que no muy tarde.
