Capítulo XIV

Ese arrebato de pasión no tenía comparación con nada de lo que en el pasado pudiese haber ocurrido. Sin duda, fue increíble, para ambos, y lo podían notar debido a las respiraciones agitadas que, a pesar de haber transcurrido ya varios minutos, aún seguían en el mismo estado. Tendidos boca arriba, sin tocarse ni un solo milímetro, no se atrevían a poner en palabras lo que había significado todo lo sucedido, ni expresar los miedos que sentían porque esa fuera la primera y la última vez que estuvieran juntos.

La desesperación de Draco y el desamparo de Hermione luego de recuperar su razonamiento llegaron a niveles incontrolados, tanto que tenían ganas de romper algo. Pero ambos sabían controlar sus emociones, mas el rubio enamorado no aguantó tanto tiempo, así que volteó hacia ella, y la miró significativamente.

Se puso de lado, y con su mano izquierda, que estaba libre, le acarició el rostro, logrando que ella lo mirara serena.

-¿Me odias? – le preguntó él, temeroso porque le afirmara.

¿Odiarlo? ¿En serio le preguntaba eso? Si ella misma le había pedido que le hiciera el amor. Lo que menos podía hacer en ese momento era odiarlo.

-No – contestó, y Draco sintió que una ola de alivio lo atravesaba. Trató de disimular la sonrisa que cruzó su rostro, pero puesto que le era difícil, volvió a mirar el techo. Hermione se volteó hacia el otro lado, metiéndose bajo la cobija, cosa que hizo pensar muchas cosas al chico. Tal vez no lo odiaba, pero podía estar molesta, enojada. – Abrázame – le pidió provocando que la sonrisa de Malfoy se ensanchara.

Se metió bajo la cobija y la abrazó por la espalda, no sin antes darle un beso al inicio del cuello. Se pegó a ella, sintiendo como el deseo por volver a hacerla suya corría nuevamente por sus venas.

Pero tenía más que claro que se debían una conversación, aunque no tenía claro cómo empezar. No podía ser con un "Hermione, te amo", no, debía ser más discreto, abordar un tema antes de decirlo, no quería asustarla tampoco. Sentía su pequeño cuerpo temblar bajo sus manos, que recorrían su estómago en un tacto casi invisible, pero que hacía que todos los poros se le erizaran.

Una idea se le vino a la cabeza.

-¿Por qué terminaron, Weasley y tú?

Hermione al instante se tensó, tanto por la pregunta como por el hecho de que su aliento chocó contra su piel desnuda. Tardó unos segundos en responder.

-Se complicaron las cosas, ya no todo era de color de rosa como en el comienzo – le contó, tratando de controlar el cosquilleo que le provocaban sus caricias -. Ron y yo siempre peleábamos, incluso antes de comenzar a salir oficialmente, pero luego las peleas se volvieron más fuertes.

Cuando tuvo consciencia de que estaba completamente enamorado de Hermione, se había tenido que frenar muchas veces las ganas de romperle la cara al pobretón por hacerla llorar. Él la seguía cuando eso pasaba, como una serpiente se escabullía para no ser visto, y así asegurarse de que estuviera bien. Y con mucho pesar, muchas veces se veía en problemas de mal humor frente a sus amigos por el solo hecho de no poder hacer nada por hacerla sentir mejor. Porque sabía que él no iba a ser el consuelo para ella.

-¿Por qué peleaban? – preguntó curioso, aunque sabía que, tratándose de Weasley, sería una tontería.

-¿Recuerdas a Viktor Krum?

Krum. Claro que lo recordaba. Con él fue la primera vez que sintió envidia, una cruel y fuerte envidia. Él la había tenido por primera vez, y no refiriéndose al sentido sexual, sino que al cariño. El búlgaro la había besado por primera vez, de eso estaba seguro, él mismo los había visto, y había sentido que su mundo se quebraba cuando eso pasó.

-Jugador Búlgaro de Quidditch y tu ex novio – contestó por inercia, tratando de sonar lo más impasible que pudo.

-No era mi novio – declaró ella -, sólo éramos amigos… con algunos derechos – bastantes derechos a decir verdad, si es que se ponía a pensar en lo que ocurrió aquel verano luego del torneo de los tres magos. Pero eso no lo iba a contar. – Pero bueno, eso no importa. Viktor y yo nos encontramos en la primera fiesta del 2 de Mayo y desde ese día comenzamos a escribirnos. Sólo como amigos, obviamente – Draco sabía que debía controlarse, pero los celos lo estaban invadiendo -. Él sabía que yo estaba con Ron y lo respetaba, además tenía novia. La cosa es que nos invitó varias veces a partidos de Quidditch y luego a las fiestas que hacían. Y yo pasaba gran parte del tiempo con él.

-Y dejabas botado a tu noviecito – finalizó él, dándose cuenta de cómo habían ido las cosas.

-Bueno, no todo era mi culpa – se defendió – Ron o se la pasaba comiendo o hablando con el equipo de Bulgaria, sin prestarme ni una pisca de atención – comentó con algo de tristeza, cosa que no pasó desapercibida por el rubio. Realmente no entendía cómo era que ella le estaba contando cosas tan íntimas, si apenas se conocían -. Al final cuando se aburría de ellos, me buscaba, con cara de enojo, y apenas salíamos del local, me armaba una escena de celos terrible. No parábamos de discutir hasta que se oían los portazos al llegar a casa.

Volvió a sentir ese deseo interminable de golpear a Weasley, era un verdadero idiota.

-Qué imbécil – opinó con desprecio -, él era quien te dejaba sola.

Hermione sonrió ante la comprensión de Draco. Y ella que había pensado, alguna vez, que era un insensible. Ahora demostraba totalmente lo contrario. Borró su sonrisa y volteó hacia él, para poder mirarlo a los ojos.

-Bueno, y los celos no eran sólo con Viktor – continuó, recordando como Ron hasta había celado al rubio, cuando ella sutilmente se preocupó por él en su juicio, pero eso no lo contaría tampoco -, a veces por hablar con alguien en el ministerio se enojaba… ¡Una vez hasta celó a Harry!

La estupidez de Ronald Weasley aumentaba a niveles estratosféricos.

-¿A Potter? Pero si ustedes son como hermanos.

-¿Ves? Hasta tú, que no estabas con nosotros nunca, puedes notarlo. Como sea, luego de un tiempo, él propuso la idea de terminar. Esto fue hace unos dos meses y aunque lloré esa noche, cuando desperté a la mañana siguiente me sentía, no sé… aliviada.

-Libre – concluyó, a los que Hermione asintió. Los hermosos ojos grises del chico la miraban con atención y tranquilidad, no había atisbo de burla.

-Volvía a ser yo, ya no tenía que estar preocupándome por complacerlo o por cuidar con decir algo que lo molestase.

-Te estaba sofocando.

-Aunque hay veces que lo extraño – se sinceró, pero ella sabía que ese anhelo que sentía por Ron no era más que de cariño amistoso, no amor de pareja.

-¿Quisieras… volver con él? – preguntó temeroso por la respuesta, a pesar de que entendería completamente que ella así lo quisiera, puesto que lo que había ocurrido recién, seguramente para Hermione no fue más que un momento de pasión descontrolada.

-No – admitió, y Draco creyó que estaba en el cielo. Pero al mismo tiempo cayó en la realidad de su vida. Él no era el indicado para estar con la castaña, lo tenía más que claro, había hecho cosas terribles, la había insultado de la manera más cruel. Él no sería luz en su vida, sino que oscuridad, un abismo que no la llevaría a ninguna parte.

Sin embargo ya estaba harto de tener que fingir, de simular odiarla, siendo que sentía todo lo contrario. Pero confesarle sus sentimientos, como lo planeaba hacer, no le era fácil si ella lo miraba así, tan comprensiva y perfecta. Era un cobarde, por eso no entró a Gryffindor, no podía mirarla. Así que se deshizo del abrazo, y se sentó en la cama, dándole la espalda.

-Hay… algo que debo decirte – comentó luego de unos segundos, en los que trató de darse valor. Sintió la mirada expectante de ella en su nuca, mientras se sentaba también y se cubría con las sabanas los pechos -, la razón por la que fui un doble espía.

-N… no lo hagas si te sientes presionado – le dijo con un poco de culpa, tal vez él pensaba que porque ella le había contado esas cosas sobre su relación con Ron, también debía sincerarse -, en serio, cuando quieras realmente decirme, si es que alguna vez…

-Estaba enamorado de ti – la interrumpió, soltando las palabras antes de arrepentirse. Hermione ahogó su exclamación -. Estoy… enamorado de ti.

¡¿Qué?!

-Tú… tú no puedes estar enamorado de mí – dijo, no creyendo las palabras de Draco, una cosa era que le gustara, una cuestión meramente física, y otra era…amor -, me aborrecías, lo haces, me insultaste y odiaste por seis años, soy… todo lo que tú odias.

Draco suspiró, era obvio que no le creería. Él mismo se había encargado de que fuera así. Pero sabía que era lo mejor para ella. Así que se levantó, buscó su bóxer y se lo puso, iba a marcharse de ahí o eso quería.

-Oye – lo llamó Hermione, luego de ver, incrédula, como él se apartaba de su lado -, no puedes hacer como si te importo y luego alejarte sin más… – Pero él no volteó ni habló, solo buscó su camisa – Malfoy.

-No me llames Malfoy, - le pidió, volteando a verla, con una seria expresión en el rostro – ese nombre me ha mantenido alejado de ti todo este tiempo por el mero estatus de nuestras sangres.

Hermione se levantó y caminó hacia él, sin importarle que estuviera completamente desnuda. Y cuando estuvo frente, subió ambas manos al rostro masculino, acariciándolo levemente con sus pulgares.

-Entonces no te llamaré así, te diré Draco – le dijo mirándolo intensamente -, pero no te vayas, no luego de todo esto que ha pasado.

-¿Es que no entiendes? – Preguntó con sufrimiento – Tú mereces a alguien mejor que yo. Alguien bueno. Yo no soy héroe, no ayudo a las personas, soy un cobarde y egoísta. Tú tienes que estar con alguien como Potter o hasta Weasley, ellos pueden darte algo que valga la pena.

-Tú no estás entendiendo lo que vales, Draco – le comentó ella -, no eres ningún cobarde. Te arriesgaste por mí, frente al mago más tenebroso que ha existido, y lo estás haciendo ahora, porque acompañarme, siendo yo el blanco principal de esos mortífagos, es bastante peligroso.

-¿Me estás diciendo que…?

-Que quiero tomar este riesgo, es obvio que hay una atracción nata entre nosotros.

Draco sonrió y acercando lentamente su rostro al de ella, la besó con amor, ternura, como nunca había besado a nadie en su vida.

-Dios, quiero hacerte mía de nuevo – comentó contra sus labios, mientras la pegaba a su cuerpo.

-Eres insaciable – contestó divertida.

-¿Y qué esperabas? Si te paseas desnuda frente a mí. Soy un hombre.

Hermione soltó una carcajada, pero se pegó a él para sentirlo, dándose cuenta de inmediato de su erección escondida bajo el bóxer. Bajó sus manos por su pecho, mirando el trayecto que éstas seguían, maravillándose nuevamente por el escultural cuerpo del rubio. Y fue ahí cuando vio realmente el tatuaje de la marca tenebrosa, que ahora parecía un recordatorio de los sentimientos de él, y no un mal recuerdo. Draco miraba atento lo que ella hacía, pero cuando posó su mano sobre su antebrazo izquierdo, dio un respingo y se alejó dos pasos de ella.

-No… - lo último que deseaba ahora era que con esa caricia, ella le recordara las cosas que había hecho siendo un mortífago.

-No te alejes – pidió ella, tomándolo de la mano. Vio en sus ojos una tristeza infinita, que de pronto ella también sintió -. No te avergüences.

-Hice cosas terribles de las que no me siento orgulloso.

-Pero estabas obligado a hacerlas, Él te podría haber matado – Hermione le acarició el rostro con el dorso de su mano, y luego lo aproximó para besarlo -. Me alegro que salieras a salvo de todo, Draco – comentó aún rosando sus labios.

-Quiero hacerte el amor – declaró él, tratando de desviar el tema. La castaña rió bajo.

-¿Y qué estas esperando?

Se fundieron en uno, una y otra vez, hasta que cayeron rendidos a los brazos de Morfeo, sin separar sus cuerpos.


La gran mesa que adornaba el comedor de la mansión estaba repleta de personas impacientes porque los pequeños y miserables elfos domésticos llegaran con la comida. La furia producida por el hambre influía en la conversación, produciendo que los líderes de la mesa, tuviesen que regañar a los de menor rango.

-¡Cállense ya, malditos inútiles! – Gritó Rodolphus Lestrange ya cansado de la discusión - ¡Se hará lo que Rabastan y yo decidamos!

-¿Señor, está realmente considerando perdonarle la vida al chico Malfoy? – preguntó Walden Macnair, representando a todos sus compañeros, quienes se habían quedado mudos ante el grito del hombre.

-No hemos comprobado la traición de mi sobrino, Macnair – comentó furioso por la atrevida pregunta -, es un chico inteligente, debe tener un plan.

Una risa histérica se escuchó desde la puerta, erizando los pelos de todos los presentes. Porque oír esa voz femenina, idéntica a la de Bellatrix Lestrange, era bastante escalofriante.

-Y tú realmente eres estúpido – comentó entrando a la sala, dejando a más de alguno con la boca abierta y los ojos desorbitados -, claro que tiene un plan, y he enviado un espía para saber cuál es. - El sonido de sus tacones resonaba en el lugar, dándole un toque más tétrico a la situación – Draco Malfoy fue quien nos estuvo espiando hace días, aunque me encargué de que no escuchara más de lo que debía.

-¿Cómo sabes eso, Cassandra? – preguntó Rabastan.

-Yo sé todo lo que ocurre en esta casa, es mía, y por lo tanto soy yo quien decidirá qué se hace con él.

-¡Draco, despierta! – le decía Hermione mientras lo removía para que saliera de su sueño.

Draco gritaba en sueños, se movía y respiraba agitadamente. Su temperatura había subido, parecía tener fiebre, y tras un breve escrutinio, pudo ver que el tatuaje en su antebrazo meneaba.

-¡No! – gritó el rubio al momento en que se despertaba y tomaba su varita rápidamente, para apuntarla a ella.

-Draco, soy yo.

Ver a Draco Malfoy con una mirada vulnerable no era cosa de todos los días. Siempre parecía seguro de sí mismo y de lo que ocurre a su alrededor, verlo de esa forma era realmente desconcertante.

Cuando él la reconoció, bajó de inmediato su varita, pero miró a todos lados, para asegurarse de que realmente estaban en el hotel de París y no en la mansión Riddle. Ella lo miró con desconcierto, no logrando ver cuáles eran sus pensamientos en esos momentos, pero fueran cuales fueran, estaban a salvo.

-¿Estás bien? – preguntó preocupada, mientras le acariciaba el rostro con sus manos, logrando de inmediato, que él se tranquilizara un poco. Botó el aire contenido, ya más relajado, y tratando de que ella no se diera cuenta del tormento que había sido aquel sueño. Había sido tan real…

La miró enternecido por su reacción, siempre queriendo el bien, tanto físico como mental, del resto. Posó su mano sobre la de ella, y luego la tomó para besarla con cariño.

-Sí, estoy bien – aunque sabía que medio era mentira, pues aquella mujer que aparecía en su sueño… Pero no quería preocuparla, era ella quien debía estar a salvo, no debía pensar otra cosa que no fuera su seguridad.

-Estabas hirviendo en fiebre – comentó, colocando su mano derecha sobre la frente del chico para comprobar su temperatura -, y tu marca se movía…

-Hermione, solamente fue un mal sueño – trató de tranquilizarla -, estoy bien, más si tú estás aquí, conmigo.

De inmediato la hizo sonreír, pues no era común que él le dijera cosas tan cursis, pero tiernas a ella, es más, a cualquiera.

-¿Por qué no eres así de tierno todo el tiempo? – le preguntó, rosando sus labios con los del rubio, sin llegar a besarlo realmente.

Draco soltó una carcajada, por las ocurrencias de la chica, y terminó por unir sus labios.

-No te acostumbres, no es mi estilo ser un blandito, arruinaría mi reputación - Hermione hizo un puchero, divirtiéndolo aún más.

-Me gusta que seas así.

Y a él le gustaba que se lo dijese, pero realmente no era su naturaleza ser tan cursi, o eso pensaba ahora. Le sonrió con ternura, y la estrechó entre sus brazos para poder volver a dormir. Aún era de madrugada.

-Volvamos a dormir, pequeña – le indicó, mientras le besaba el cuello.


HOLA HOLA HOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA AAAAAAAAAAA AQUI ESTOY DE VUELTA MUY PERO MUY FELIZ! Hace unos días vi los resultados de los Dramione Awards 2012 y me enteré, felizmente, que mi fic salió ganador en la catergoría de mejor fic rate M, además 2º lugar en categoría Romance, y 4º en mejor fic 2012... En serio estoy muy contenta y todo se lo debo a ustedes, mis fieles y queridisimas lectoras, esto no habría sido posible sin sus bellos comentarios y votos.

Ahora, hablando del capítulo, por fin lo que todas ustedes esperaban: LA CONFESIÓN. Sí, les tengo que admitir que la tenía escrita hace bastante tiempo, pero no había podido revisarla y terminar bien el capitulo. Pero aquí estoy. Sé que es un poco corto, pero de verdad, no podía alargarlo más, o no me llegaba la inspiración. Espero les haya gustado, a mi personalmente, me da mucha ternura el modo en que ve las cosas Draco y su miedo a ser rechazado por ella. ¿Qué piensan ustedes?

Les agradezco sus comentarios, sus alertas, favoritos y de nuevo, a quienes votaron por mi.

Nos vemos pronto! (espero)

BYEBYE XOXO