Viuda Negra.

Capitulo 14

.

Por: Mazii-chan.

Los personajes no me pertenecen son propiedad de:Rumiko Takahashi. Esto lo hago sin fines de lucro sólo con la intención de hacer llorar, reír o mostrar algún sentimiento. A mí me pertenece solamente Raito, que es un personaje creado por mi imaginación y que ocupare en todos mis fic con las mismas características físicas, quizás las sicológicas, dependerá del fic.

.

.

Basado en una historia real. Gracias

.

.

Un gran incendio que se podía ver de los distintos puntos del pueblo, todos sabían que casa se quemaba, la más apartada de toda, el hogar de la viuda negra.

Cuando Raito le contó el espectáculo que ocurrió en la iglesia sintió una alegría inmensa por dentro al saber que Akane no se había casado, por una parte quería gritar, bailar sacar esa euforia de regocijo pero por otro lado el pequeño había mencionado que había salido realmente mal de la iglesia. ¿Tendría que él ir apoyarla?

Los gritos de la madre de ambos hermanos, le hicieron prestarle atención. Al lado de esta venia Keyko con una cara de seriedad.

— ¡La casa de Akane se quema! — gritó con espantó, los Saotomes salieron corriendo en la dirección de la nombrada.

.

.

.

.

.

.

.

Las llamas ya habían consumido la mayor parte de la casa y era un caso perdido apagarlo. Los empleados que habían sido los primeros en divisar el incendio se dirigieron hacia el lugar pero no encontraron a la dueña.

Los curiosos llegaban poco a poco, tanto Ranma como Raito tenían las manos atadas ya que no podían ser de mucha ayuda, al igual que los Tendo. Los minutos pasaron y el fuego se calmaba cada vez más, hasta extinguirse.

Uno de los empleados comenzó a revisar el lugar, pero lo que encontró lo dejó impactado había un esqueleto humano con la quijada completamente abierta, él con un chiflido llamó a sus compañeros. Todos se encontraron con la horrible escena.

—Es ella—dijo uno con tristeza.

—Que terrible, se notaba la locura en sus ojos y más cuando la escuche hablar de que merecía la muerte— rompió en llanto una de las sirvientas.

A los empleados que ahora estaban reunidos alrededor del cadáver, Akane antes de quemar la casa les había dejado instrucciones de que se fueran a la otra casa de campo con todos los animales o los que quisieran se fueran con sus familiares ya que le había dejado una buena sumada de dinero por los años de servicios.

Cada uno de ellos había tomada una decisión, pero ahora estaba la más complicada: comunicar la muerte de Akane Tendo.

.

.

.

.

.

.

.

Ryoga por otro lado quiso acompañar a su amiga pero Ukyo le detuvo diciendo que ella tenía que aclarar su mente, sin protestar el obedeció.

Cuando las llamas se apagaron contempló que todos los empleados de Akane se juntaban alrededor de algo, su vista no era muy privilegiada ya que todos intentaban ponerse adelante para ver qué pasaba.

Llegó al lado de la familia Tendo que en sus miradas mostraban intranquilidad y tristeza, un empleado se acercó y con voz baja le susurró: "Encontramos el cuerpo de la señorita" todos lloraron por la pérdida de un miembro de su familia.

Ryoga alcanzó escuchar todo y sólo atinó a tomar la mano de Ukyo e irse del lugar.

— ¿Dónde vamos?— preguntó la mujer que tomaban el camino hacia el bosque.

—A buscar Akane— tal respuesta la sorprendió, pero sabía que debía estar para él en todo momento. Porque en el fondo de su ser sabia que ella no podía estar muerta, no era lo suficientemente cobarde para matarse pero si para escapar a otras tierras.

Ukyo notaba cierto enojo por parte de él y lo entendía, su mente divago en aquel día que tuvieron una discusión, cuando se re-encontraron.

"Ella había escuchado rumores, que luego comprobaría que eran falsos, sobre Ryoga. Desde que entró a su tienda para pedir ayuda sobre algunas direcciones supo que el amor a primera vista si existía.

A los días ambos se frecuentaban y dentro de ambos sabían que un amor comenzaba aflorar.

Ella atendía amablemente a una señora de ya avanzada edad, logró escuchar a dos mujeres que conversaban con sobre alguien.

Están diciendo que ese hombre tiene mujeres por todos los lugares del mundo comentó con indignación.

Sí, además, que dicen que tiene un hijo por cada puerto que pisa. ¡Será un descarado!agregó la otra mujer.

Qué tristeza por la mujer que con ese tal Ryoga….

No quiso seguir escuchando, muy en el fondo de su corazón no quería creer nada de lo que escucho pero él le había comentado una vez que viajaba mucho y si ¿era verdad?

¿Ella sería la siguiente mujer de la incontable lista del hombre?

Sólo tenía una forma de averiguar si todos esos rumores eran ciertos. Viajar"

Y hasta al momento se arrepentía de haber creído en unos falsos rumores que lo crearon gente sin tiempo.

Porque si no hubiera hecho caso a esos cuchicheos, ella ahora estaría con él, con la persona que más quería y quiere.

Detuvo su caminar –aun seguía de la mano con Ryoga— este se le quedó mirando sin entender lo que pasaba.

—Tenemos que hablar— con esas simples palabras la respiración de él se detuvo junto con su corazón.

—Dime— agachó su cabeza al recordar las penas que tuvo que pasar por ella, aunque se habían rencontrado semanas antes aun estaba ese vívido recuerdo de cuando se marcho.

—Escuche que tu tenia mujeres por todo el mundo— se soltaron de las manos como si se quemaron al simple tacto. —Y la única forma de saberlo era viajar al igual que tú.

—Un día me preguntaste si yo tenía familia en algún lugar, y te respondí con la mayor sinceridad que sólo tenía a mis padres ¿Por qué no me creíste, por qué preferiste escuchar rumores a que mis palabras?

Los ojos de Ukyo se cristalizaron y Ryoga aun tenía la cabeza agacha.

—Fui una tonta, hasta el día de hoy me arrepiento de haberme ido –rompió en llanto —Sólo discúlpame. Te entenderé si no me quiere hablar más.

Un silencio que ambos sintieron eterno, ella se marchaba porque entendía que debía estar enojado y no quisiera volverla a ver, quizás él sería un recuerdo de un lindo amor no realizado.

A unos cuantos pasados recorridos sintió que un peso extra era acumulado en su cuerpo, unos brazos la abrazaron y la hicieron darse la vuelta.

Ryoga escondió su cabeza en el espacio del cuello y el hombro de ella, aspirando su aroma le murmuro:

—Te amo. Sólo prométeme que nunca creerás en rumores solamente en mí.

Ambos se miraban a los ojos y ella lo único que hizo fue saltarse a sus brazos y besarlo como nunca había hecho.

Ella había aprendido que hacer caso omiso a los chisme y buscar la respuesta en la persona. Pero nunca más cometería ese error, ya nunca más.

Ahora el destino había juntado a una pareja que nunca más se separaría.

—Ahora vamos a buscar Akane.

Ukyo asintió. Ambos tomados de la mano continuaron su camino.

.

.

.

.

Junto con sus maletas esperaba a que el barco zarpara hacia algún lugar lejano donde empezar una nueva vida.

Entendía el daño que provocaría en su familia y en el pequeño de Raito pero era algo que tendría que sacrificar aunque siempre estaba la opción de enviar una carta para mantenerlos al tanto de su estado.

Llevaba un abrigo largo para taparse el vestido de novia, sus manos apretaban la carta que había encontrado escondido tras el cuadro de su primer esposo.

Para Akane.

Cuando leas esto, ya sabes por qué tus maridos mueren, cuando termines de leer esta carta espero que me perdones y me entiendas por qué lo hice.

Antes de ti, ya estuve casado, nadie sabía nada por eso me fue fácil ocultarlo. Desde aquí comienza mi infierno.

A mi primera esposa, la ame con todo el corazón, cuando me case me sentí el hombre más feliz de la tierra, aun puedo recordar ese bello momento cuando entro a la iglesia con su velo cubriendo el rostro me podía imaginar mi cara de embobado.

Me hizo tan feliz al darme el sí, quería gritar en ese momento, estaba llenó de felicidad. Esa felicidad me tapó lo mal que estaba ella. Fui un torpe, cada día ella perdía el brillo en sus ojos, su piel se ponía pálida y su sonrisa se perdía cada día.

Hasta que ella ya no se podía levantar de la cama, su muerte fue misteriosa, no tenia marca de muertes, nada.

Tenía miedo, hice algo terrible, la enterré en la casa, por eso siempre en el patio hay unas flores hermosas y siempre me gustaba estar ahí. ¿Recuerdas que pasaba horas mirando ese lugar? Bueno ahí está la tumba de ella.

Cuando averigüé porque murió, comencé averiguar y encontré historias reales de personas que les ocurrían lo mismos. Esos parásitos se encuentras en las plumas de los animales y los matan lentamente y sin dejar rastro porque le van chupando la sangre.

¿Sabes por qué aquella puerta la pinte de negro? Porque encontraba que cada vez que entraba sentía que esas eran las puertas del infierno.

Mi infierno eran esos malditos bichos.

Muchas veces me intente matar, para estar junto a ella, pero era muy cobarde para hacerlo así que pensé que si moría de igual manera iba hacer menos doloroso. Cada día iba para allá y no sentía nada.

Esta carta te le escribo antes de que nos casemos y me despido de ti, eres una persona muy linda e inteligente. Créeme que cuando te digo que sólo uno te merece y será ahí cuando descubras esta carta o descubras esos malditos parásitos porque harás hasta lo imposible para saber de que murieron.

Me puedes llamar adivino pero sé que después de mi, habrán más esposos para ti, pero como ya te dije sólo uno sobrevivirá y será el que merezca tu amor.

Querida Akane, espero que tomes una sabia decisión. Yo se que lo harás por eso fue que te elegí para que fueras mi esposa porque en tu mirada no vi ni una pisca de avaricia por eso te dejo todos mis bienes y lo sabrás ocupar con sumo cuidado.

Discúlpame por todas las penas que tuviste que pasar.

Me despido de ti con todo cariño.

La verdad siempre estuvo delante de ella, atrás de aquel cuadro que admiraba con tanta devoción.

Desde su posición podía ver que aun salía de su antiguo hogar, tal vez y encontraron el cuerpo de la mujer, era una buena oportunidad para empezar de cero pero dejando atrás a las personas que más quería.

Aunque también estaba presente la carta de Ryoga, ella no se podía marchar aun sabiendo que poseía unos papeles muy importantes para el futuro de Ranma y su matrimonio.

¿Qué tenía que hacer?

— ¡Akane!— gritó un hombre, que a lo lejos la había visto — ¡Akane, no te vayas! Baja de ahí o te voy a buscar— amenazó.

Quizás era algo del destino o simple coincidencia, pero ya había tomado una decisión.

Tomó sus cosas y bajo del barco que momentos más tarde zarparía hacia el otro continente.

— ¡Maldita sea! ¡¿En qué pensabas al quemar tu casa?— Gritó su amigo de la infancia —Toda tu familia está llorando, piensan que moriste.

—Lo sé— le pasó la carta que contenía la explicación del cadáver. Ukyo como Ryoga la leyeron y se sorprendieron pero no dijeron nada —En las almohadas había unos parásitos que chupaban la sangre a mis esposos, eran grandes, por su muerte era rápida.

— ¿Cómo nunca te diste cuenta?— preguntó Ukyo, aun sorprendida.

—Antes de que consumáramos el matrimonio yo me encerraba en el baño para prepararme, pero se mi iba la noción del tiempo y cuando salía tenían un pulso muy bajo o ya estaban muerto.

Ninguno podía creer la historia que contaba Akane, era salida de un cuento de terror.

—Esos bichos se encuentras en las plumas de los animales, por eso llegaron ahí— su mente como su cuerpo ya no tenían la fuerza para resistir algo más, se le notaba más cansada, que fue visto por los otros dos.

—Iremos a mi casa, luego pensaremos que haremos—

.

.

.

.

.

.

Todo el pueblo supo del accidente y la muerte de Akane, pero nadie sabía el motivo por el que se había quemado viva y comenzaban hacer especulaciones y con eso se crearon rumores que se volvieron incontrolables.

Los Tendo que lamentaban la partida de ella, tampoco entendía ese acto de locura. Por primera vez hicieron caso omiso a los rumores que se formaban alrededor de ellos.

Mientras los Saotomes no se le veian tan afectados pero al que más se le veía era a Raito que lloraba desconsoladamente en los brazos de su madre. En tanto Ranma, no lloró pero sus ojos se opacaron y una profunda tristeza inundo su alma que no fue pasada por alto sino que Keyko se dio cuenta de ello.

Ya se estaba haciendo tarde y todos decidieron irse a sus casas. Ya en ellas en la hora de la cena pasó tan callada y lúgubre porque nadie tenía que contar o decir algo.

Todos se fueron a dormir excepto la prometida de Ranma y la madre, comenzaron una charla trivial para romper ese silencio que se había formado hace unos minutos atrás.

Pero una duda asalta la menta de la jovencita y sin más la soltó para que esta fuera respondida.

— ¿Por qué odia Akane?— una pregunta que tomó inesperada a Nodoka y que pensaba muy bien, no era que ella la odiara sino al contrario, la estimaba pero los rumores que se formaban alrededor de la Tendo le hacían desconfiar.

—No, no la odio. Como sabes a ella le decían Viuda Negra, ya que sus esposos morían casi inmediatamente. Nunca le tome mucha importancia, pero cuando mi Ranma, en aquella fiesta, puso sus ojos en Akane me preocupe, él es mi primer hijo y tenía miedo de que le matara— ahora que lo pensaba detalladamente, era absurdo tenerle odio a ese jovencita —No me alegra su muerte, ya que fue mi yerna, y la estime un tiempo, pero creo que ella en el fondo es una buena jovencita.

Termino de hablar la mujer mayor, quizás si la hubiera conocido en otras circunstancias y no en esos cuchicheos de calle, la había podido aceptar como yerna. Después de todo no era tan mala como esposa.

.

.

.

.

.

.

Había cerrado los ojos para intentar descansar, ya que sus parpados le pesaban demasiado, y sintió un mundo de relajación que nunca había sentido. Por primera vez en mucho tiempo pudo dormir plácidamente sin esas horribles pesadillas de la muerte de su esposo. Ahora que conocía la verdad y su mente se había aclarado, todo era muy sencillo.

Unas cuantas horas descansada en esa mullida cama, le habían hecho de maravilla y ahora con la mente más despejada podía ver claramente las cosas que tendría que realizar.

En la sala de estar se encontraba Ukyo y Ryoga de lo más cariñosos, ya que ahora eran pareja, ella al entrar ahí pudo sentir que el ambiente era de puro romanticismo y le dio un poco de nerviosismo interrumpirlos pero no fue necesario ya que la otro mujer la había visto.

—Hola Akane— dijo efusivamente la chica — ¿Dormiste bien?

No se conocían y ella la trataba como si fueran amigas intimas, pero por alguna razón no le molestaba.

—Ryoga me la presentas— le ordenó Akane que lo miró con enojo y que terminara de poner esa cara de bobo enamorado.

—Sí. Ella es Ukyo mi novia, la chica de que te hable— y le tomó fuertemente la mano.

Si bien era cierto que entre la Tendo y el Hibiki tenían un lazo de amistad demasiado fuerte, que se fue creando con los años, le era importante para él si ella le daba la aprobación a su novia, más que la de su madre.

Akane la miró de pies a cabeza, sonrojando un poco a Ukyo –que no entendía el comportamiento– lo medito bien y llegó a una conclusión.

—Espero que a este torpe le hagas feliz, ya que fuiste la única mujer que logro que se quedara en un solo lugar, ni yo lo logré— dijo algo defrauda, pero su carácter cambio a uno alegre.

—Gracias Akane, lo cuidare muy bien— ambos sonrieron y él no pudo más que sonrojarse y llorar en un rincón porque le creían que no se podía cuidar solo. Algo de eso era cierto.

.

.

.

.

.

.

.

En la casa de los Tendo, todos estaban reunidos en la sala de estar, pero ninguno hablaba, no tenían ganas. Cada uno se reprochaba por los errores, que hasta ahora habían notado, que cometieron con Akane.

La madre de las tres hijas, lloraba en silencio, tenía los ojos hinchados y daba hipadas de vez en cuando.

Se lamentaba tanto haberla obligado a casarse tantas veces que no vio lo que le produjo mal, sólo quería ganar con su rival-amiga Colagne. Por fin podía ver todo con claridad, ese era un capricho de ella misma, tenía que haber dejado tranquila a su hija menor y que ella hubiera decidido cuando quería casarse y con quien.

Su mente fue a un recuerdo de ella.

"—Me casare cuando me enamoredijo con fortaleza en su voz."

Si la hubiera escuchado en ese momento y hubiera dejado que ella misma decidiera quien fuera su primer esposo. Su llanto empeoro, pero nadie de la familia le tomó atención, ya que cada uno estaba sumido en sus pensamientos propios.

A los minutos más tarde llamaron a la puerta, una mujer de ya entrada edad se hizo presente en la sala donde todos se encontraban reunidos.

Ninguno dijo nada, sino que esperaban que la recién llegada hablara.

—Lo siento— fue lo único que pudo decir, ella también conocía Akane desde pequeña y le era muy desagradable la perdida.

Una madre ya con cargo de conciencia hizo que su enojo aumentara con facilidad.

— ¿¡Lo sientes! ¡Sabes que por nuestra absurda pelea llevamos al precipicio de la muerte a mi niña!— se levantó de su asiento de un salto y la encaro — ¡No vengas a disculparte! ¡Mejor lárgate!— apuntando hacia la puerta de salida.

—Lo sé, ¿pero no crees que me siento mal?— no pudo aguantar las lagrimas —La conocía de pequeña y para mi es una tristeza aun más sabiendo que fue nuestra culpa.

Colagne nunca había mostrado sus sentimientos más profundos en público pero esta vez, la tristeza que le inundo el corazón era muy fuerte y necesitaba desahogarse de una vez. De las veces que quería llorar y no pudo.

Ambos se miraron y la madre de las Tendo, pudo ver en los ojos de su amiga que no había mentira alguna, así que calmándose la abrazó dándole un hombro donde llorar.

Por fin esa amistad-rivalidad se podía dar por acaba y dar paso solamente a una gran amistad por ambas.

.

.

.

.

.

.

Había tomado la decisión de quedarse, pero aún le quedaban asuntos que resolver como el de su familia, la carta de Ryoga y que haría después.

Ya era más de media noche, y Akane caminaba sigilosamente por las calles para no ser descubierta, llevaba una gran capucha que tapaba su cabeza. No le fue difícil llegar a la casa de sus padres, entró al igual que un ladrón, sin hacer ruido.

Para ser bastante tarde todos aun seguían levantados, ya que ninguno podía dormir. Para Akane le fue más fácil que todos estuvieran reunidos en la sala de estar, aunque no contaba que se encontrara Colagne, aun así entró.

A todos los presente se le salió el alma por la boca al verla ahí, se miraron entre sí para ver si era juego de sus mentes tan cansadas.

—Hola familia y Colagne— dio una sonrisa ya que no sabía que más hacer y porque todos le miraban sorprendido, aunque eso era comprensible.

— ¿T-Tú estabas muerta?— titubeo Nabiki. Ella estaba sorprendida porque al ser una mujer extremadamente calculador y una persona de difícil demostrar sentimientos.

—No estoy muerta y le explicare por qué….

Así comenzó con la explicación, les costó de entender pero Nabiki le apoyó que había leído una vez sobre esos parásitos pero eran muy raros. También comento sobre el cadáver y de quien era.

— ¿Qué vas hacer ahora?— como siempre su hermana mayor era tan suspicaz como siempre y no dejaba pasar nada por alto.

—Pensaba irme lejos. Es mejor que nadie sepa que estoy viva….

— ¿Y Raito? Ese pequeño cuando supo murió en vida. Tienes que hablar con él— le ordenó su hermana.

—Ya lo tengo todo planeado, Ryoga le envié una carta a Raito y a Ranma.

Todos sabían que cuando Akane se le metía una idea entre ceja y ceja no había poder divino que le hicieran cambiar de opinión, así que aunque les dolieran tendrían que dejarla ir. Confiaban que esa decisión fuera la correcta.

Ella ya había hecho todo lo que tenía pensado y miró por última vez a su familia y la visitante con la mirada se despidió de todos pero la café mirada de Nabiki de reproche le dio entender que no debería unir.

.

.

.

.

.

.

.

Ya había entregado las cartas correspondientes. Al de ojos azules se la entregó sin disimulo pero al niño de ojos negros se la pasó con sumo cuidado de que el mayor no se diera cuenta de la acción.

Ryoga le comentaba a Ranma que la carta entregada fue escrita por Akane antes de su muerte, pero le hiso unos gestos al pequeño para que entendiera que ese dato iba dirigidos para él también.

Raito que hace momentos atrás había parado de llorar, pensando que Akane aun seguiría viva en los corazones mientras se le recordara; eso le dijo su madre. Había visto al joven que le entregó la carta y le odiaba porque por la culpa de él, su hermano y su amiga se había separado en cierta forma.

Apretó la carta que la había guardado inmediatamente en el bolsillo de su pantalón, entendió que nadie tenía que leer su contenido y con un bufido de aburrimiento al seguir escuchando la absurda pelea que tenías ambos hombre entró a su casa para dirigirse a su cuarto y encerrarse.

.

.

Una vez allí, se encerró con seguro para que nadie le molestara o le diera tiempo de esconder tan preciado papel.

Con inseguridad rompió unas de las orillas, sus manos temblaban y con cuidado sacó el papel que estaba prolijamente doblado en tres partes, se aclaró la garganta y procedió a leerla.

"Para Raito.

Estimado pequeño, se que tienes que estar destrozado por dentro pero créeme que yo lo estoy aun más. Puedo recordar nuestros momentos vividos juntos desde que nos conocimos hasta el momento que me miraban con tus ojos color negro al entrar a la iglesia.

Te confieso, que en ese momento, un miedo se inundaba mi corazón y mi alma pero al verte ahí sonriendo como cada día lo haces me dio la fuerza suficiente para seguir adelante.

El incendio fue para matar a mi maldito pasado, cuando me dejaron en el altar supe como mis maridos morían y tuve que borrar todo recuerdo de ellos para seguir con mi futuro tranquila.

Lo que te diré no es fácil, pero estoy viva, el cuerpo que encontraron no era mío sino de una mujer. No te puedo relatar mucho la historia pero tendrás que ahorrarte las preguntas para cuando nos veamos.

Raito, mi pequeño inventor, me voy del continente, es mi oportunidad para ser feliz realmente aunque no tengas a las personas más importante a mi lado se que estarán en mi corazón.

Este no es un adiós, sino un hasta luego.

Espero que no me olvides porque yo nunca lo hare. Con cariño Akane"

Sabía que la carta no era una broma porque reconoció la caligrafía de ella, de su amiga. Por una parte le alegraba de que no estuviera muerta y por otra le entristecía saber que no la vería por un buen tiempo.

Recordó que había enviado dos cartas, una para él y otra para Ranma ¿Qué diría la segunda?

.

.

.

.

.

.

.

.

Sus miradas chocaban y echaban chispas, a lo lejos se encontraba Ukyo que no se hacía nada por detener una posible pelea, con una gota en la sien recorriéndole.

"Se comportan como niños pequeños" pensó la castaña.

— ¡Nos vemos!— gritó Ryoga, aun recordaba al sujeto que lo había encontrado en una posición muy inadecuada a Akane y a él, aun se reía cuando Ranma se había puesto celoso. En parte se sentía culpable por romper la relación entre ellos. —Espero que te cases pronto— lo dijo con cierta sorna, ya que sabía el contenido de aquel sobre.

Ranma suspiró pesadamente, últimamente la gente se estaba volviendo muy loca. Fue su pensamiento antes de entras a la casa y disponerse de leer la carta.

Se sentó en unas de las sillas del comedor, para su suerte tanto su padre como su madre se habían ido a dormir, supuso que su hermano estaba en su habitación y Keyko, ella no la había visto desde que había terminando de cenar.

Otro suspiro escapo de su garganta, últimamente suspiraba demasiado más de lo que a él le gustaría.

Del sobre sacó unos cuantos papeles, que no lo entendió a la primera y entre medio de eso había una pequeña carta escrita por Akane, así que inmediatamente se puso a leerla.

"Para Ranma.

Sé que no te querías casar, por dar tu palabra, también sé que te querías casar con amor. Encontré la forma de que tú matrimonio sea disuelto.

En los papales que te adjunte explica claramente que Keyko está casada con otro hombre, esa persona aun está viva y por lo que supe la está buscando. Si aun decide casarte con ella te informo que tu matrimonio no será válido hasta que tu prometida se separe de su primer esposo.

Espero que hagas lo correcto.

Con cariño Akane."

Con enojó apretó la carta que estaba en su poder, se sentía utilizado. Por primera vez en su vida tenía ganas de golpear a alguien para liberar su enojo. Pero primero tenía que aclarar ciertas cosas con su prometida.

Como si el cielo lo estuviera escuchando, ella entró por la puerta muy despacio. Pero se congeló al tener la fría mirada de Ranma penetrándole como dagas en sus ojos.

— ¿Por qué me mentiste?— su cara era de serenidad, comparada a la de momentos antes — ¡Estas casada y aun así no me dijiste!— gritó, en eso sus padre bajaron corriendo al escuchar el grito pero no quisieron intervenir.

—Ranma… yo…— ella temblaba bajo el gran cuerpo del hombre, no podía decir nada coherente, el terror la embargaba todo su ser.

— ¡Contesta maldita sea!— le agarró de sus hombros y la zamarreó de forma violenta. — ¡Por tú culpa, ahora no estoy con Akane! ¡Por tú culpa está muerta!— sus palabras salieron sin ser pensadas pero era lo que sentía en ese momento.

— ¿Cómo crees que llegue aquí?— se quitó las manos de él de encima y se acomodó su vestido. Al no escuchar respuesta siguió —Ella me trajo hasta aquí. ¿O acaso creías que yo vine porque quise? No sé como supo de tu promesa y menos quien le contó— en ese momento miró a la madre de los Saotomes imaginando que había sido ella.

—Si hubieras dicho antes que estabas casada con otro, Akane no estaría muerta….

— ¿¡Por qué no las vas a buscar! ¡Si esa está viva!— le gritó, porque siempre supo que su amor no estaba con ella sino con la Tendo, y por eso la odiaba.

— ¿Q-qué….?

—Si no me crees anda verlo tú mismo, pero te advierto una sola cosa si sales de por esa puerta te puedes ir olvidando de mi— sentencio Keyko.

Ranma miró a su madre y le dio una clara señal de apoyo al igual que los otros integrantes de la familia.

Sin esperar mucho salió corriendo imaginando en donde estaría ahora Akane, pero a su espalda escucho a su ex-prometida gritando su nombre. Ya no le importaba, ahora sólo le interesaba encontrarla y por fin estar juntos.

.

.

.

.

.

.

.

.

Akane ya se había despido de su familia, su amigo Ryoga y la novia de este y de Raito a través de la carta.

Compró un boletó alguna lugar, no estaba segura del paradero del barco pero para ella era mejor no saberlo. Esperó alrededor de quince minutos, avisaron a los pasajeros que el barco zarparía pronto.

Tomó sus maletas y se encaminó, pero unos brazos le detuvieron el andar. El hombre que estaba detrás de ella acomodó su cabeza en el espacio que hay entre el cuello y el hombro y con tranquilidad respiro el aroma que desprendía la mujer.

— ¿Por qué lo hiciste?— aun con su abrazo firme, le acaricio, con la punto de la nariz la oreja. Ella se estremeció con el contacto de sus pieles.

—Déjame ir— le suplicó, deseaba no llorar, mostrarse fuerte en ese momento —el barco zarpara en cualquier momento.

—No te irás, hasta que me respondas una pregunta— la a sujetó más fuerte dándole a entender que no se iría tan fácil, ella dificultosamente se giró para mirarlo a la cara y así poder responder a todas sus preguntas.

— ¿Prométeme que cuando tu pregunta me dejaras ir?— Ranma con dificultad asintió y dio un leve sí.

Ella aun en los brazos de él, mientras que el joven formulaba la pregunta en su mente.

El Saotome miró a los ojos de Akane y con su voz ronca y aterciopelada le susurró —Aquella noche donde nos juntamos en cuerpo y alma…— ella se sonrojó y a él le encantó esa acción le hacía verse más tierna —…te dije que te amaba, se que el sentimiento en mutuo entonces ¿te casas conmigo?

Abrió los ojos como nunca antes lo había hecho, sus mejillas se tornaron aun más rojas y comenzó a jugar con la vestimenta de Ranma, no se hubiera imaginado nunca que él le estuviera pidiendo matrimonio, pero tenía que ser realista ella haría ese viaje para despejar su mente completamente.

—No, no puedo— se garró a las prendas de él —Hago este viaje para aclarar mi mente, necesito alejarme de todos….

—Si es el medio a que yo muera, asumo el riesgo— agrego valientemente, pero no se dejaría dar por vencido si tenía la mínima posibilidad de retenerla a su lado

Ella soltó una risa —eso ya lo solucione, no habrán más muertes. Pero necesito hacer esto sola.

Avisaron que quedaban dos minutos para salir del puerto. Akane se separó de los brazos del hombre y comenzó a caminar hacia el barco.

— ¡Prométeme que volverás!— le gritó — ¡Prométeme que no te enamoraras de nadie!— sus ojos brotaban lagrimas de dolor —Prométeme que me amaras por siempre como yo lo hare— lo ultimo lo dijo en susurro.

Sabía que aquel viaje que haría ella era lo mejor, lo vio en sus ojos, había un torbellino de sentimientos que tendría que resolver sola, aunque le doliera lo acepta con mucho dolor.

Vio al barco alejarse lentamente, guardaba la esperanza de que la viera un día y se quedaría con él para siempre.

.

.

Así, la viuda negra, se marchó dejando su pueblo natal para conocer otras tierras. Dejando atrás lo que más quería pero sabiendo que algún día no muy lejano ella regresaría; porque no era un adiós sino que era un hasta luego.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

FIN

.

.

.

.

Luego de tanto tiempo, casi seis meses, termino el fic. Recuerdo como si fuera ayer que escribí el primer capítulo.

Disculparme a todos los lectores que me dejaron comentarios pasados y le dije que el día lunes lo iba a publicar pero no se pudo, ya que toda la semana tuve con pruebas. Perdón.

No sé si habrá epilogo, no creo. Tengo otros proyectos que realizar entre eso está "Vuelta al Infierno" que le re-editare para ponerle más sangre y todo eso y el otro, bueno eso es una sorpresa que estoy trabajando.

Jesi Saotome: No te preocupes, gracias por todos los comentarios. Aquí el tan esperado final.

Espero que le haya gustado, gracias por seguir el fic en la oscuridad de sus hogares, cuídense, nos veremos pronto. Bye