soy culpable de mucho e inocente de poco... solo espero disfruten del capitulo...


- En la actualidad, en La Push -

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-Gracias…. – extendí mi mano para coger la manta que Jake me ofrecía en ese momento, colocándomela sobre los hombros. Ya habían pasado unos minutos desde mi pequeño colapso en el baño. Estaba algo avergonzada, no quería mostrarme débil. Con nadie.

-No hay de que – se sentó en una de las esquinas de la cama tamaño matrimonial, lo suficientemente cerca como para sentir su calor pero no tanto como para que nuestros cuerpos se rozaran accidentalmente.

Evite verle a la cara. Jacob no me había cuestionado nada a cerca de mi momento de debilidad y estaba agradecida por eso, pero al mismo tiempo algo nerviosa. No sabía si pensaba hacerlo en cualquier momento. Sentía su mirada fija en mi rostro y casi podía jurar que le picaba la lengua por hacerlo. Pero seguía sin decir nada, por lo que intente distraerme inspeccionando su habitación.

Era bastante impersonal. Cosa que jamás me había imaginado. Una cama, dos mesitas de noche, una lámpara en una de ellas, un viejo armario de madera y un baúl enterrado en una esquina eran mayormente los artículos que llenaban el lugar. Jum… ni siquiera las paredes, pintadas de un rojo desvaído expresaban la personalidad de Jacob. Tal vez no era realmente su cuarto, o tal vez sí. Quién sabe. Se había limitado a llevarme ahí sin decir nada.

-Te dejare para que duermas un rato - se levantó de la cama y camino hacia la puerta antes de girarse – si necesitas algo no dudes en pedirlo.

Asentí casi de manera imperceptible. Me pesaban los ojos, apenas y podía mantenerlos abiertos. No del sueño. Del ardor en ellos por llorar tanto. Los sentía secos. El hueco sonido de la puerta al cerrarse me informo que estaba sola.

Comencé a pensar en todo lo que me había pasado desde aquella noche cuando todo esto comenzó para mí. Me pregunte ¿si no hubiese olvidado la carpeta, llegaría a conocer alguna vez a Edward?

"olvida eso, olvida eso" sacudí mi cabeza. Demasiadas cosas en que pensar tenía ya, como para agregarle una más. Además, me agradecía enormemente a mí misma por el despiste de ese día. Para que empañar la buena imagen del asunto.

La suave luz del sol que se colaba por la ventana comenzó a descender. El tiempo iba pasando y yo, a veces enojada y en otras inmensamente triste, repasaba mentalmente lo ocurrido. Extrañaba a Edward, demasiado. Pero necesitaba darme un tiempo para mí. En ocasiones, hay cosas que simplemente tienen que.

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Di un brinco sobre la cama. ¿Me había quedado dormida? Vaya…

Me restregué los ojos como lo hacía cada mañana antes de levantarme. Pero no era de mañana. Afuera, todo estaba cubierto de negro. Tome el cobertor en cuanto plante mis pies en el piso. Hacia frio. Temblé.

Pero ¿Qué hora era? Y ¿Cuánto había dormido?

Todavía con los pies descalzos abrí la puerta con el mayor de los cuidados para evitar hacer ruido. Si era de noche o de madrugada no quería despertar a nadie. Si es que Billy, quien había conocido en cuanto llegamos, o Jake estaban dormidos.

Un reloj en forma de búho estaba colgado al final del pasillo. Las tres y cuarenta y cinco de la mañana. Dormí… más de diez horas, aproximadamente.

-Tenemos que hacer algo – una voz a un nivel ligeramente más alto que un susurro llego desde el final del pasillo en dirección a la cocina. Por instinto me pegue a la pared. No quería ser encontrada oyendo conversaciones ajenas. Comencé a girar lentamente el cuerpo para regresar a la habitación cuando la voz de Jacob me detuvo. Era más fuerte que la anterior.

-¡No! Esta no es nuestra guerra… vampiros contra vampiros nada tiene que ver con nosotros.

-Pero Jake… - comenzó a rebatir la otra persona.

-Sam… no

Ah ah ah… me pico la curiosidad. De puntillas, mientras enrollaba el cobertor en mi mano izquierda, me fui acercando más al lugar de donde provenían las voces.

-Mhjm… - me tape la boca con la mano acallando un grito. Mire hacia el suelo. Más específicamente a mi pie derecho. Tenía ensartada una tachuela. Ay, au… dolía. La arranque, pero perdí el equilibrio en el proceso. No llegue a detenerme ya que la mano izquierda estaba enrollada con el cobertor. Caí sobre mi hombro con un sonido sordo. ¿A quién se le ocurre dejar una tachuela en el piso? ¿Una tachuela? ¡Por favor! Que oportuno…

Se hizo el silencio. Antes de que los pasos se acercaran a donde me encontraba me fui corriendo de regreso a la habitación. Como si acabara de salir volví a aparecer en el pasillo cuando Jacob se disponía a tomar el pomo de la puerta. Bostece. No era buena actriz pero años de práctica en casa hacia que ciertas cosas me salieran de forma casi natural. Como el esconder una llantina, cuando horribles manchas rojas marcaban casi toda mi cara, simplemente me limitaba a decir, sorbiéndome la nariz: "Mama, tengo alergia ¿hay algún antihistamínico en el botiquín?" y ¡Guala! Asunto arreglado.

-¡Bella! – Dio un paso hacia atrás – estas despierta… lo siento… ¿te he despertado?

Sobreactuando dije – Eh… ¿Qué? No, no… demasiado tiempo en cama.

- Bueno… entonces – miro hacia atrás. Parecía sopesar la situación, mientras, yo me puse a analizar sus gestos. ¿Duda? ¿Preocupación? Volteo a verme - ¿Quieres algo de comer? ¿Un te? ¿Leche? Puedo hacer café si gustas.

-Me vendría de lujo una taza de café – le respondí – bien cargado.

-¿Con alcohol? – pregunto horrorizado.

-No… no tonto, claro que no – le pegue en el hombro, no tan fuerte, su comentario me había dejado medio azorada ¿Cómo se le ocurría?

-Es broma Bella – se rio – ya sé que te gusta el café al estilo expresso.

-Ja ja... pues mira como me rio – trate de impregnarle todo el sarcasmo posible. Él se limitó a voltear los ojos y lidero el camino hacia la cocina, un tramo realmente corto. Comencé a buscar con la mirada. No había nadie. ¿A qué hora…? Ni siquiera oí una puerta cerrarse.

-¿Qué hacías? – le pregunte en cuanto me acomode en el sillón que daba vista a la cocina. Jacob estaba sacando la cafetera.

-Oh nada… viendo Televisión – estaba de espalda por lo que no vio mi mirada incrédula. ¡Pero que mentiroso!

-¿Y había algo interesante? – seguí.

-Ah, si… una película – agrego el café. Se giró, dándome la cara – pero ya termino.

-Mmm… ya

El siguió afanado en la cocina. Saco unas cuantas rodajas de pan molde la alacena y las coloco en la tostadora. Yo en cambio estaba pensando que otra pregunta hacerle. Jacob hablo.

-Es una suerte que estés despierta… no quería tener que despertarte.

-¿Por qué?

Dio una media sonrisa – la celebración de bienvenida comienza a las 5:35 am – no dije nada pero vio mi curiosidad en los ojos - Estamos creando nuevas tradiciones. Ya sabes… las primeras luces y las nuevas oportunidades… cosas por el estilo.

-Ah… aja – me limite a contestar. Vaya Jake, pero que buenas explicaciones. Lo entendí todo.

Tomamos un desayuno temprano compuesto de tostadas con crema para mí y con miel para Jacob. Dos tazas de café por mi parte y leche a morro para él.

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El evento fue hermoso. Llegamos a las cuatro y cuarenta y cinco de la madrugada. Todos ya estaban ahí, a la orilla de la playa en forma de medialuna. Una gran fogata iluminaba el lugar. Cuando Jacob me llevo hacia la fogata mis nervios comenzaban a hacer estragos. Iba a conocer gente nueva, para mí, ellos ya sabían de mi existencia.

Para mi gran sorpresa cada miembro de la tribu me recibió como si fuera la hija perdida que ha sido encontrada. Me abrazaron con fuerza y mucho cariño, me preguntaron cosas de mi vida y compartieron obsequios. Yo estaba apenada, no tenía nada que darles.

Las primeras luces comenzaron a aparecer desplazando a la oscuridad. La combinación de colores: rojos, amarillos, naranjas en diferentes tonos se abrían camino. Sentí un escalofrió trepar mi espalda. Los pocos rayos de sol que entraban con suficiente fuerza comenzaron a entibiar mi rostro. Se sentía delicioso. Pero no era eso lo que aflojaba mi cuerpo y ablandaba mi corazón. No. Le estaba dando la espalda a los azules y negros de la noche, a lo que opacaba mi vida.

-Gracias – le dije a Jake cuando se colocó junto a mí. No lo vi, tenía los ojos cerrados disfrutando, pero lo sentí.

-¿Por qué?

-Mmm… por ser mi amigo… por dejarme ser yo misma – podía decirle mucho más, pero me callé. Me sentía de un excelente humor y no quería ponerme sentimental.

-¿Es hora de irnos? – pregunte después de ver ir y venir las olas por un rato. El sol ya estaba en lo alto.

-Sí, es hora.

-Bueno – me acomode la chaqueta antes de comenzar el recorrido de vuelta al auto.

-¿Bella?

-Mmm… ¿sí?

Estábamos a unos cuantos pasos cuando se detuvo. Estaba tan abstraída que cuando me extendió un libro forrado en cuero apenas caí en cuenta que lo tenía desde que me había ido a buscar a la orilla de la playa.

-Alice me pidió que te diera esto en cuanto fuera adecuado – era bastante grande y algo pesado. Al detallarlo por fuera observe que en la esquina inferior izquierda estaba marcado el escudo de los Cullen.

-¿Qué es? – le mire a los ojos.

-Es un álbum de fotos – contesto – ahora vamos, puedes verlo en cuanto lleguemos a casa. Y no te preocupes, Billy va a pasar el día en casa de Sue.

-Oh, gracias - ni siquiera había pensado en Billy, pero tener más privacidad me caía como anillo al dedo.

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-Voy a… - mire hacia la puerta de la habitación en la que me estaba quedando en cuanto entramos.

-Claro, tomate el tiempo que necesites – se deshizo de la chaqueta y se tiro al sillón. Un minuto después estaba dormido. Lo comprobé.

Clic. El seguro hizo un pequeño ruido a pesar de haber intentado ser silenciosa. Me sudaban las manos. Un álbum de fotos y enviado por Alice no era poca cosa. Me quite los zapatos. Corrí la cortina de la ventana dejando solo la mitad abierta. Había bastante sol para ser La Push.

-Bueno, aquí vamos – tome aire y levante la tapa de cuero.

Isabella Marie Swan.Estaba escrito sobre la primera hoja de papel asedado, sin más detalle. Pase la hoja. Yo. Ahí. De bebe. Mama y papa. Suspire.

Fotos, fotos y más fotos que jamás había visto y en lugares que en mi vida actual no había estado. Sentí las lágrimas rodar por mis mejillas. A veces con la letra de Alice, en otras con la de Edward y podría decir que hasta de Esme, cada fotografía tenia escrito algo abajo, explicando donde estaba, con quien y haciendo que. Era maravilloso y triste, hermoso y raro.

"Bella con sus padres en el Gran Cañón" "Bella a los 15 años en la casa de su padre, después de la muerte de Renné"comencé a llorar con más fuerza al leerlo, pero luego me tranquilice, y recordé, mi madre estaba viva.

Con cada fotografía que veía me sentía más parte de algo inmenso. Algo que iba más allá de lo que hasta este momento sabía. Como un presentimiento.

-Edward –jadee en cuanto las fotos de nosotros juntos aparecieron. Como un reflejo, me lleve la mano al corazón. Sentía una presión casi asfixiante. En una de las fotos era como si me estuviese viendo directamente a mí. Con sus dorados ojos llenos de amor y dulzura. Sus labios curvos en una media sonrisa. ¿Qué rayos estoy haciendo aquí? - Me pregunte - Yo no pertenezco aquí. Yo… yo…

Me ahogue con mi propio llanto. Por costumbre me gire quedando boca abajo para ahogar los sollozos con la almohada. Un suave golpe sonó en el piso. El álbum de fotografías.

Trague aire como pez fuera del agua para intentar recomponerme. Sin mucha fuerza me levante de la cama para recoger el álbum. Un papel cayó del suelo en cuanto lo levante…. Mmm… que extraño.

Ojee rápidamente las partes del álbum que no había visto. Me detuve. Una de las fotos, exactamente en donde aparecía la casa de los Cullen en Forks estaba despegada de las esquinas inferiores. Deje el álbum a un lado, abierto.

Tome el papel. Comencé a temblar. Veía el papel agitarse levemente. Trague saliva. Esto era importante, lo sentía.

Le di vuelta. Era… era… Oh por todos… comencé a hiperventilar.

-Un… un ultrasonido – dije quedo como si estuviera viendo algo imposible de creer.

"Isabella Cullen. Dos semanas"estaba escrito en la parte superior de la fotografía. No se miraba un bebe. Solo una pequeña bola obscura.

¡No me lo puedo creer! Pensé. ¿Hasta qué parte los libros de Stephenie Meyer eran solo su imaginación? ¿Había sido madre? ¿Yo?

No me lo podía creer. La cabeza me empezó a doler. ¿Aquello de verdad estaba pasando? Porque hasta el momento no me imagine que este asunto podía agrandarse más de lo que ya estaba. Inhale y exhale con fuerza unas cuantas veces mientras trataba de calmar el tumulto de sentimientos que se arremolinaban en mi interior. Lo quede viendo por lo que me pareció un largo tiempo antes de aceptar lo que aquella pequeña imagen me decía: fui madre. No, lo rectifico, soy madre.

Mi corazón comenzó a palpitar con tanta fuerza que creí que se saldría de mi pecho.

Soy madre – me dije en un susurro casi imperceptible e increíblemente sonreí.

Sentirme extraña era quedarse corto para mí. Un vacío en mí que hasta el momento no sabía que existiera se estaba llenando tan rápidamente que el vértigo circulaba campante en todo mi cuerpo. Me pare. Tome el ultrasonido con aun más fuerza y salí de la habitación.

-Jaaaaaaaaake! – grite con fuerza. Innecesario, ya que la casa era de lo más pequeña.

-Bells ¿Qué es? ¿Qué pasa? – contesto con voz ronca.

-Tengo que volver. Ahora – le dije en tono imperioso.

-¿Qué? ¿Por qué? – arrugo su frente. Esa necesidad que estaba naciendo en mi interior no era algo fácil de explicar así que simplemente agarre mi chaqueta y pase a un lado de él. Si tenía que llegar, llegaría hasta a pie. En algún momento.

-Esperaaaa! – Me tomo de la mano antes de que pudiese salir – yo te llevo.

Le sonreí y espere a que él se colocara sus zapatos y recogiera las llaves del auto. Una vez listo nos montamos al auto.

Habíamos recorrido más de diez kilómetros cuando recordé que el álbum de fotos quedo sobre la cama. Ni modo. Además, lo que más me interesaba iba guardado en la bolsa trasera de mi pantalón.

Mire el camino y deje que aquel sentimiento posesivo avanzara por todo mi cuerpo. Solo era cuestión de horas para aclarar y destapar de una buena vez el hecho de que yo era madre y el porqué de que nadie me lo hubiese dicho hasta el momento. Cerré los ojos. Tenía que dormir algo ya que esto prometía una buena discusión y me necesitaba en completo estado de alerta. La respiración de Jacob y la lluvia golpeando el parabrisas era los únicos sonidos. Me gustaba Jake. No me estaba atosigando constantemente con preguntas que obviamente yo no iba a responder. Mi maternidad era algo que no podía compartir, todavía, saborear el hecho era algo que quería hacer yo y solo yo – a pesar de que estaba segura que todos, y digo todos los Cullen ya lo sabían – la furia hervía lentamente en mi interior. Me sentía decepcionada y engañada, especialmente por Edward. Llegar a ese punto me dolió. ¿Por qué no podía ser sincero de una buena vez? ¿Por qué tanto secreto? A mí.

Apreté mis ojos con fuerza. Ni una lagrima. Ni un tan solo quejido tenía que salir de mi cuerpo. Yo puedo, yo puedo.

Saque mi mano derecha de la bolsa de la chaqueta y con cuidado de no ser vista por Jake la coloque sobre mi vientre. Una certeza nacida de mi inconsciente y mi corazón me gritaba al oído: Si, Si… tuviste un bebe…

-Mi bebe – susurre y sin saber cómo o porque me quede dormida.

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Un frenazo me despertó.

Quede viendo a Jake con molestia. Él no me miraba. Tenía la mirada fija hacia el frente, por lo que voltee a ver qué era lo que había hecho que de manera tan brusca dejáramos de movernos. Alice estaba ahí, y Carlisle también.

Abrí los ojos sorprendida. Todavía faltaba bastante para llegar al castillo –como yo le había bautizado. Ninguno se movió. Parecía como si nos sondeáramos entre nosotros. Bueno, ¿Pero qué pasaba aquí? Al parecer yo tenía que romper el hielo. Menuda ironía.

Baje del auto con cuidado. Tenía medio cuerpo entumecido por la forma en que me había dormido. Los ojillos astutos de Alice me observaron mientras me acercaba. No había expresión alguna en su rostro. Si no fuese por el movimiento de sus ojos al seguirme simplemente parecería una preciosa estatua. Y Carlisle también. Aunque un brillo melancólico se dejaba ver en sus ojos.

-Alice, Carlisle ¿Paso algo? ¿Porque están aquí? – les pregunte cuando estaba ya muy cerca. Alice inclino la cabeza y Carlisle suspiro.

-No es su culpa – contesto Alice.

-¿Qué?

La quede viendo confundida. Eso no respondía a mi pregunta. Mire hacia atrás. Jacob venia caminando hacia nosotros tranquilamente. El auto ahora se encontraba estacionado a un lado de la carretera. Lo agradecí internamente. No quería ser en parte culpable del accidente de alguien más.

-Es mía – ambos, Carlisle y Alice dijeron a tono. Casi me rio por lo extraño que se oyó. Me limite a arrugar mi frente. En ese momento Jake me abrazo por el hombro.

-Yo… ¿de qué hablan? – los mire a los ojos. Mi corazón empezaba a latir erráticamente. ¿Acaso hablaban de lo que yo creía que hablaban?

-Querida – Carlisle se acercó y Jake retrocedió un paso. Sus frías manos envolvieron las mías – hija. No culpes a mi hijo, ni te enojes con él por lo que según me ha dicho Alice, acabas de descubrir. Él no lo sabe, nunca lo ha sabido. Solo Alice y yo… y unos cuantos más.

-¿Él no lo sabe? – Jadee sintiéndome mal por juzgarlo - ¿Por qué no lo sabe?

-Tu así lo pediste – contesto Alice – fue tu última petición antes de que retrocedieran el tiempo por primera vez.

-Seré estúpida – me susurre. Como se me había ocurrido hacer algo tan vil con Edward y con mí bebe.

-Era necesario Bella – Carlisle intento consolarme dándome un ligero apretón de manos – por la seguridad de ambos.

-¿Por qué?

- Veras, yo puedo jugar con mis recuerdos – comenzó Alice – así que Aro solo ve lo que yo quiero que vea y Carlisle tiene la promesa de Aro de no ver sus recuerdos, cosa que no pasa con Edward. ¿Te imaginas si el mira en sus recuerdos y ve a… a tu bebe?

-No! – Grite – Eso nunca.

-Calma Bella – Carlisle sobaba mi espalda mientras me abrazaba - ella está bien, todo está bien.

Inhale con fuerza. Carlisle olía a seguridad, sabiduría y confianza. No se cómo, pero así era. Asentí y el me separo un poco.

-Quieres verla – eso no fue una pregunta. Volví a asentir pero con más fuerza. Ambos se vieron.

-Nosotros la llevaremos desde aquí – le dijo Alice a Jake – te llamare.

Él se limitó a verla por lo que me pareció un larguísimo tiempo y luego se giró en dirección al auto. Antes de montarse a este se despidió de mí con la mano. Yo hice lo mismo. En cuestión de segundos mi nuevo mejor amigo había desaparecido y ahora me encontraba sola con dos vampiros esconde-información-vital y sin vehículo de transportación. No que fuera necesario. Pero aun así.

-Vamos – Alice me tomo de las manos y me subió a la espalda de Carlisle antes de que pudiera abrir la boca. Enrojecí de los pies a cabeza. Me sentía tan rara e incómoda… y pesada – aunque lo último no tenía importancia, eran vampiros – por lo que trate sin suerte de separarme como fuera del cuerpo de él.

-No te preocupes por nada Bella, tu solo agárrate fuerte – el bueno de Carlisle me sonrió y yo me morí de la vergüenza.

-¿lista? –me pregunto Alice.

-Ehm… Si.

Viajamos en dirección contraria al castillo por una hora más o menos hasta que llegamos a lo que parecía una bodega. ¿Acaso mi bebe estaba encerrada en un bunker? ¿Tanto así era todo de peligroso?

Mis temores se debieron reflejar en mi rostro porque Alice sonrió con sorna y Carlisle disimulo una sonrisa divertida. Me sentí estúpida.

-Es solo una fachada – me contesto Carlisle mientras ingresaba un código en la puerta y esta se abría – entra.

Me sudaban las manos. Estaba tan nerviosa que mi estómago comenzó a revolverse. En realidad si era una bodega, por lo menos diez autos se encontraban estacionados en aquel lugar. Me enfurruñe con ellos. El pasillo parecía interminable. Cuando llegamos al final, dos puertas de metal bloqueaban el paso. Carlisle ingreso otro código y estas se abrieron hacia los lados.

Abrí la boca sorprendida. Estábamos dentro de un domo de cristal enorme y a todo mi alrededor habían naranjales, perales, y de toda clase de árboles frutales que ni se me ocurrieron en el momento. Era tan diferente a las tantas paredes de puro concreto que habíamos pasado en un principio.

-Esto es….

Me quede sin palabras. ¿Qué podía decir? ¿Hermoso, increíble, sorprendente, alucinante?

-Lo sé – Alice sonrió y me tomo de la mano – ven vamos.

El sendero de grava que habíamos tomado al principio dio paso a uno de ladrillo, donde un espléndido jardín enmarcaba una bellísima casa que hasta el momento no había visto. Era tan de cuento de hadas. Todo.

-Amelia – saludo Alice desde las escaleras a una señora de unos sesenta años que salía de la puerta.

-Los vimos llegar- le contesto y giro a verme. Tenía una hermosa sonrisa. Y claramente era una vampira. Su cabello era blanco y de ojos dorados como los Cullen. Sentí alivio por eso.

-Ella es…

-Lo sé – la corto – Carlisle. Que gusto verte de nuevo.

-Amelia – le saludo este dándole un beso en la mano - ¿Cómo han estado?

-El ambiente está algo ansioso – sonrió – sabes como es.

La vampira con cara de abuelita bonachona se dirigió a mí – Bienvenida.

-Bella – Carlisle hizo la presentación – Amelia Chase.

-Un gusto – le sonreí, pero en mi interior solo pensaba: ¿Qué carajo hacemos aquí afuera? Deberían llevarme hasta donde mi bebe. Quiero a mi bebe. Denme a mi bebe… yaaaa!

Una puerta cerrada con fuerza me asusto. Vi la expresión de temor de Alice y Carlisle cuando un cuerpo choco y abrazo al mío.

-Mama, mama… mama – abrazos y tibios besitos llenaban mi rostro. Por un instante me quede congelada y me sentí más una espectadora a la distancia que una participante.

Una adolecente de unos 16 o 18 años me abrazaba con bastante fuerza. Era más alta que yo. Su cabello cobrizo y de bucles hermosos, de piel pálida y un cuerpo de una mujer no podían ser mi bebe ¿O podían?

La abrace con fuerza. Claro que lo era. Yo tenía 25 años ya y ella había nacido cuando cumplí los 18. Así que siete años habían pasado desde entonces. Siete años de su vida que perdí. Comencé a llorar. Todo era tan injusto. Mi bebe, el pequeño pedacito de Edward y yo se había convertido en toda una mujercita sin mí. Unos arañazos horribles cercenaban mi pecho. ¿Porque? ¿Porque no pude estar con ella?

-No, mama – ella me limpiaba las lágrimas. Yo no podía parar. Tanto Alice como Carlisle parecían sufrir. No tanto como yo, nunca como yo.

Me aferre más a ella. Cerré mis ojos y desee imaginarla de bebe. Ver sus ojitos abrirse por primera vez y verme a mí, solo a mí. Sus sonrisas de ángel. Sus gorgojeos, sus primeros pasos. Me había perdido todo, todo.

-Lo si… siento tanto – logre decirle – per… perdóname. Te de…deje sola.

-Mama – ella empezó a llorar conmigo – no fue tu culpa. No lo fue. Tía Alice me explico todo. No estoy enojada contigo ni con papa.

Estúpida, imbécil, idiota. ¿Cómo se te ocurre? Dejarla sola. No volver por ella. Luchar más por ella. No te la mereces… - en mi interior me gritaba con fuerza. Ella tenía que haber sido mi centro del universo. Ni siquiera Edward podía ocupar ese lugar, solo ella.

-Te amo – le susurre al oído. Ella sonrió resplandeciente y sus ojillos húmedos brillaron felices.

-No más que yo mami – me senté con ella en las gradas y ella se recostó a mi lado.

-Eso no es cierto – le conteste y limpie sus lágrimas. Gotitas de cristal que me dolían en el alma.

-Perdón por hacerte llorar – toque su hermosa cabellera. Mi hija era más hermosa que una princesa y tan parecida a su padre.

-Son más lágrimas de felicidad mama – me beso en la mejilla – y ya no llores. ¿Si?

Asentí por inercia. Eso estaba un poco complicado para mí. Pero no quería empezar con ella haciendo promesas vacías. Me trague mi dolor y le sonreí.

Ella se levantó de un salto y me jalo para que la acompañara. Ya había olvidado que teníamos público, pero no importo. En ese momento eran inexistentes para mí.

-Ven mami, ven – dijo dando saltitos, seguía siendo una niña. Y eso alivio un poco mi espíritu dolido. Camine con ella hacia la casa.

Dos días despues yo ya sabía todo lo que a mi hija le gustaba, lo que no y los sueños que tenía. Ella me lo había enseñado todo y lo que no, me lo decía en palabras, porque si, su don era el que Meyer había descrito en los libros. Habíamos tomado una siesta juntas en su habitación. Comimos en el piso y le leí un poco. Era como si viviera un sueño. Miraba a mi hija, sabía que su apariencia no era la de una niña, pero en mi ser yo estaba con una personita de no más de siete años. Era hermosa su inocencia. Tan dulce, tan mía.

-¿Mami?

-Mmm... – ella estaba en el piano tocando la sonata número 14 de Beethoven. Podría oírla por horas. La música dejo de sonar. Voltee a verla.

Llego hasta donde yo estaba sentada y se sentó en el piso. No me miraba a los ojos. Su comportamiento empezó a preocuparme.

-Mi cielo ¿Qué pasa? – levante su rostro. Había duda en su mirada – puedes decirme lo que quieres.

-Es… mami. Yo… - resoplo. Parecía disgustada con ella misma.

-Dime – le sonreí.

-Yo… yo me preguntaba… ¿Cuándo vendrá papa? Yo quiero conocerlo – se mordió el labio inferior. Suspire cansada. Esto era innecesario. Hacerla sufrir de esta manera era injusto.

-Sé que tía Alice y el abuelo han dicho que todavía no es tiempo – seguía hablando – que cuando él pueda vendrá por mí. Pero ha pasado tanto tiempo que a veces… no, olvídalo.

Intento levantarse, pero no la deje – ¿A veces qué?

-Es solo que no es igual ser consentida por tu abuelo cuando sabes que en algún lugar está tu papa.

-Tienes mucha razón – me levante – quédate aquí. Hazme caso.

-Si mami – asintió varias veces y se sentó donde antes estaba yo.

-Esa es mi niña – ella sonrió complacida.

Salí de la habitación buscando a Alice. Ella no se me había acercado desde que conocí a mi hija. Había cierta incomodidad rondando, pero no la culpaba, del todo. La mente maestra-estúpida aquí era yo, o mi anterior yo, pero al fin y al cabo éramos la misma. Ella sabía que la buscaba. Apareció en el umbral de la puerta que lleva a la biblioteca.

-Edward tiene que venir. Pronto.

-Bella, no creo que…

-No era una pregunta – la mire y me dirigí de nuevo a la sala de música. Antes de entrar a la habitación le dije – dile a Carlisle.

Ella asintió. Sabía que no le había agradado mi decisión, pero al fin y al cabo era mi hija y ella tenía todo el derecho de estar con su padre y viceversa. Solo esperaba hablar antes con él.

-Ya regreso – le sonreí a mi hermosa pianista, como su papa – me he olvidado de algo.

-Y Alice – le dije al acercarme a la biblioteca – déjame hablar con él en cuanto llegue. Es mejor que yo se lo diga. No quiero que se enoje con las personas equivocadas.

-Pero Bella, nosotros también…

-Shhhh!

Me fui antes de que siguiera. Entre al baño de visitas y me mire en el espejo. Solo esperaba que Edward me perdonara y rogué estar haciendo lo correcto. No quería tomar decisiones irreparables, pero tenía que tomar el control de mi vida, una vida que ya no solo era mía. Pensé en Rennesme y sonreí.


He tenido una vida bastante complicada en ciertas cosas últimamente, pero no voy a echarle la culpa de todo a ello.

Las chicas (os) que me leen y también escriben saben que a veces no hay nada para dar, por mucho que se quiera. y no voy a escribir cualquier tontera solo por cumplir un plazo auto-impuesto. Soy una amateur, lo se, pero quiero hacer algo bien, algo bueno.

Me siento mal por dejarlas esperar tanto, espero sinceramente me disculpen... gracias por su constancia...

MichiAGP gracias por agregarme a tus alertas!

ash benson me alegra saber que te complació el capitulo anterior. Es tan agradable saber tu opinión. Gracias por tu visita...

Debii Hale jajaja la verdad no recuerdo que había pasado ese día - cuando escribí el cap - aunque como son 3 en uno fueron varios días jajaja... sentí por tu rw que te gusto mucho, que bien... linda, Bella NO fallecía, CASI fallecía, que es distinto. Dentro de poco explicare porque! gracias por tu opinión a cerca de mi fic, es muy valiosa...

Maru-Li-Tsukiyomi que bueno que te ha gustado, de nuevo =D espero seguir cumpliendo con sus expectativas en cuanto a este fic - y claro, las mias tambien jajaja - gracias por seguir conmigo!

annabeth 27 Hola linda, gracias por tu rw... me cuesta un poco, lo se... pero actualizare hasta terminarla, no importa cuanto me lleve... gracias por tus lindas palabritas...

Priyellow Pri, que casi te olvido, pero no... con eso de que no puedes dejar tu huella jajaja... si, tu jacob apareció =D si, al principio es un recuerdo, no se donde andaba mi cabecita que no aclare eso, pobre de mi... me alegra saber que tengo una lectora por si me da por salirme de FF y publicar en algún blog o lo que sea una de mis historias No-Crepúsculo jajaja Pues mis neuronas están medio haraganas (como siempre) pero ahí van... espero te guste este cap... cuídate cielo.

Gracias a todas las ciber-lectoras por pasarse por aquí (las que me dejan sus huellitas y las que no =D)

besicos!