Esta es una traducción autorizada de Touch de turbulenthandholding
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Pansy despertó con la sensación de la mano de Harry bajo su camisa, subiendo y bajando por su espalda. Los movimientos eran suaves y cuidadosos, como si no quisiera despertarla. Giró la cabeza para mirar a Harry.
— Hey.
— Hey. – le respondió él. Ella sintió como él iba a retirar su mano, así que rápidamente dijo
— No, está bien. Se siente bien.
— Okay. – dijo Harry, y comenzó a mover la mano nuevamente en su espalda. Se mantuvieron en silencio por unos minutos mientras Pansy trataba de memorizar como se sentían los dedos de él en su piel, que nunca se movieron de su espalda.
— Voy a ir al Callejón Diagon hoy. Tengo que pasar por la boticaria de Draco para recoger unas lociones y aceites que ha estado trabajando para mí. – dijo Pansy.
— ¿Cómo las que utilizas durante el tratamiento? – preguntó Harry.
— Sí. Draco ha estado trabajando en una fórmula que le dará una ayuda adicional a las afectadas articulaciones de mi paciente mayor y otra loción que quiero utilizar durante tus tratamientos.
— Oh, ¿sí? – preguntó Harry curioso.
— Si funciona, va a ser infundido con una poción para la memoria. Algo que esperemos reprima las memorias desagradables por un corto periodo de tiempo, para permitir que otros tipos de trabajos terapéuticos tengan impacto.
— Interesante. ¿Es la primera versión que Draco prepara para ti?
— No, ¿creo que es la novena? ¿La décima? Hemos estado colaborando uno con el otro por un tiempo. Da igual, te quería preguntar si quieres ir conmigo.
— ¿Al Callejon Diagon? No, me parece que no. – dijo Harry rápidamente.
— ¿Por qué? ¿Por la atención? ¿La presión de estar en público?
— Sí…Básicamente. – dijo Harry con un suspiro.
— Realmente creo que sería bueno para ti que salieras más, comenzar poco a poco a regresar a tu vida normal.
— ¿Y tu crees que ir contigo al Callejón Diagon es el primer paso para regresar a eso? – preguntó Harry escépticamente.
— Creo que sabes que tienes que empezar a enfrentarte al público en algún momento, Harry. Es normal hacer diligencias, encontrarse con amigos, ir a citas. No hay nada de malo en pasar en tiempo en el Londres Muggle. Simplemente no quiero que dejes de ir a lugares donde solías pasarla bien.
— Quizá disfruto ir y estar con personas diferentes ahora. – dijo él, apretando levemente el pulgar que tenía en la espalda de ella.
— Y eso está bien. – dijo Pansy, sin querer mirar a Pansy y analizar el significado de sus palabras. – Pero es lunes, es temprano, todavía hay clases en Hogwarts. Probablemente esté más vacío que de costumbre. Y voy a llevar a Axel a parque.
— Bueno, si Axel va… - dijo Harry.
— ¿Vendrás? – dijo ella con una sonrisa. Harry suspiró dramáticamente. Dio una última caricia a la espalda de ella antes de sacar su mano y sacar el oscuro cabello de ella de su cara.
— Bien. – dijo. – Solo porque me lo preguntaste tan amablemente. Pero no prometo que no me molestará.
— Ni siquiera soñaría con eso. – dijo ella y rodó los ojos.
Harry se mantuvo frente a la Boticaria Smithe, respirando el aroma a vegetación que salía desde la ventana. Pansy había dudado de la habilidad de Axel para no golpear las botellas y jarras, asi que Harry se había ofrecido de voluntario para quedarse afuera con él mientras Pansy buscaba el paquete adentro. Sostuvo la correa de Axel y observó como el perro le ladraba alegremente a todo el que pasaba por allí.
— Que grosero, Axel. – dijo Harry después que el crup soltara un gruñido a una bruja que vestía una extravagante túnica plateada con líneas azules. – Primero a las pinturas, ahora a personas reales. Es como si no tuvieras modales. – dijo a la vez que escuchaba la campana de la puerta de la boticaria abrirse. Pansy se paró a su lado.
— Hmmm, justo como alguien a quien conozco. – dijo ella. – Draco dice hola y pregunta si te puede enviar una lechuza para salir a volar otra vez. Dice que quiere hacerte llorar cuando te derrote la próxima vez. – le contó ella mientras comenzaban a caminar por el callejón, caminando al mismo ritmo.
— Como si eso fuera a pasar. – dijo Harry con un bufido. – Él dijo que sus ojos estaban llorando por el frío la última vez, pero no le creo. Creo que simplemente estaba triste porque atrapé más snitches que él.
— Suena como algo que Draco haría. Puedo tomar la correa de Axel, si quieres. – ofreció Pansy.
— No, no me importa llevarlo. – le dijo Harry mientras pasaban frente a Flourish & Blotts. Axel comenzó a halarlos hacia donde había un puesto donde vendían pan de jengibre y nueces azucaradas. – Vamos, cachorro. Sabes que no puedes comer eso. – Axel gimió un poco y dirigió su expresiva mirada a Pansy.
— Ni siquiera un poco. – dijo ella. – Iremos a la tienda a buscarte chucherías. – caminaron un poco más antes de que Pansy hablara. - ¿No ha sido tan malo verdad? – miró a Harry, y sus ojos chocaron con los verdes de Harry, que se reflejaban en los escarpates de las tiendas por las que pasaban. Él se encogió de hombros, paso una mano por su cabello, y giró la correa del perro en su mano.
— No, ha estado bien. – Pansy súbitamente golpeó su cuerpo contra el de él.
— Dímelo si no es así. – y en ese momento Axel los arrastró hasta la puerta del local.
— Ya vamos, Ax. – dijo Pansy severamente, inclinándose para hablarle al semi crup. – Compórtate. Si no lo haces, no volverás. – Axel se movió en su lugar, pero se restregó contra la mano de ella dejándole saber que entendía, y luego entraron al local junto a Harry.
La tienda de animales mágicos estaba tan llena como atestada como la primera vez que Harry entró, cuando era un niño. Llena de criaturas inusuales y montones de suministros. Axel los arrastró hasta la sección de gatos y kneazels de diferentes colores, y comenzó una conversación a ladridos con los que estaban allí.
— Lo siento, Axel. – le dijo Pansy, empujándolo lejos. – Parece como que los felinos de la tienda no se llevan contigo. – ella llevó a Harry y el semi crup en la sección de chucherías para el perro, y dejó que Axel oliera todas las cajas y empaques que estaban en las filas bajas. Axel usó sus patas para sacar algunos artículos del estante y luego miró a Pansy con nostalgia.
— Bien. – dijo ella con un suspiro. Tomó las cosas que Axel había seleccionado y las llevó a la caja para pagar.
— Srta. Parkinson, Axel. – el dueño de la tienda los recibió. Axel le ladró alegremente. – Es bueno verte otra vez.
— Hola, Sr. Tweddle. – le dijo Pansy.
— Sr. Potter. – dijo Tweddle. – Tiene compañía diferente ahora, por lo que puedo ver. – dijo mientras usaba su varita para mágicamente completar la venta. La espalda de Pansy se puso rígida cuando vio como Harry se encogía en su lugar.
— ¿Qué se supone que significa eso, Sr. Tweddle? – preguntó Pansy con las manos en puños.
— Nada, por supuesto. – replicó el Sr. Tweddle. – Simplemente es interesante que el Sr. Potter haya sido visto pocas veces en los últimos meses y que de repente aparezca con usted y su crup, y no con ninguno de sus devotos amigos que han estado a su lado durante años, como ese Weasley, o esa…hija de muggles. – añadió mientras ponía las cajas y bolsas para Axel en un saco más grande con el logo de la tienda.
— ¿Y qué es lo que lo hace interesante? – dijo Pansy arrastrando las palabras.
— Nada, nada. – replicó el hombre obtusamente. – Serían tres galeones y cinco sickles. – Pansy le entregó las monedas.
— Y le agradecería que se guardara sus opiniones. – dijo ella con un resoplido, tomando las bolsas.
— Que tengan buen día, Srta. Parkinson, Sr. Potter. – dijo el Sr. Tweddle, con una curiosa mirada mientras Pansy llevaba a Harry y Axel fuera de la tienda.
— Que absoluto imbécil. – dijo ella, a la vez que la puerta se cerraba tras ellos. – No sé qué demonios estaba insinuando… - la voz de Pansy se apagó cuando vio a Harry voltearse a mirarla. – Hey. – le dijo ella, acercándose para encararlo. – Harry, ¿estas bien? – Pansy le quitó la correa de Axel y la envolvió en su propia muñeca. – Por las barbas de Merlín, siéntate Axel. – le ordenó al perro que se sentó inmediatamente.
Ella extendió la mano y la pasó tras el cuello de él, acariciándolo gentilmente y observando su rostro que miraba el suelo.
— Siempre un jodido comentario sobre mí, una maldita insinuación. – murmuró Harry. – Como si le debiera todo a alguien. No soporto esto. – dijo él, posando sus ojos en los de ella. – Y que lo jodan por lo que sea que trató de decir sobre ti. Es lo bastante feliz porque puede hacerse con su dinero, pero eso no le impide hacer comentarios fuera de lugar sobre tu persona. Debería haber…
— Déjame a mí. Puedo manejarlo por mí misma. – le dijo Pansy, todavía masajeando el cuello de él, sus antebrazos contra su pecho. – Parece que tuvimos suficiente del Callejón Diagon por hoy. ¿Podemos ir a dejar a Axel e ir a almorzar? ¿Curry?
— Nah. – dijo Harry sacudiendo la cabeza y presionándose contra el toque de ella. – Vayamos a casa. Haré sopa. – Pansy lo miró sorprendida.
— ¿Cocinas? – preguntó sin soltar su cuello.
— Síp. Mis tíos me hacían cocinarles. – le contó él, a la vez que recargaba su frente en la de ella. – No me molesta cocinar.
— Suena como una historia. – dijo Pansy. – Quizá podrías contármela mientras preparas la sopa. – ella sacó las manos del cuello de él y unió sus manos, dejando que la correa de Axel se encajara entre las manos unidas. Harry apretó sus dedos.
— Me gustaría. – le dijo él. — ¿Tomamos la red flú desde el Caldero Chorreante?
— Sí. Tom se queja de Axel todo el tiempo, pero le da comida de todos modos. – le contó a Harry y él sonrió. Caminaron con las manos entrelazadas hasta el Caldero Chorreante.
Ni Harry ni Pansy se dieron cuenta de los ojos, o el lente de la cámara mágica que seguía sus movimientos en el Callejón Diagon, o el remolino de una figura que apareció justo después que ellos habían pasado.
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Beso, Nat.
