Advertencia: Este fic ha sido elaborado de un fan para fans sin fines de lucro, todos los personajes de Yuri On Ice le pertenecen a su respectivo creador. Yo únicamente los utilizo con fines de entretenimiento.

¡Gracias por leer!


¡Fácil como Pirozhki! La gran final de lágrimas.
Escena XII: Sweet Dreams.

-Ahí viene el flip cuádruple -Phichit señaló la pantalla y Yuuri, acomodándose mejor junto a su mejor amigo, no perdió detalle alguno.

Tal como el tailandés pronosticara, en el vídeo que estaban viendo juntos en la habitación de Yuuri, Victor giró sobre si mismo repetidas veces antes de adoptar la posición adecuada para ejecutar tan complejo salto, cuyo valor técnico le brindaría mayor puntuación. Ambos patinadores, emocionados, discutieron acerca de la buena colocación que este tenía al momento de tomar altura en el aire, o al aterrizar sin mayor problema enloqueciendo a las tribunas sin mayor esfuerzo, quienes gritaron y aplaudieron al unísono alabando al príncipe del hielo que, tal como siempre, hacia un excelente trabajo.

En esa ocasión, pese a las constantes quejas de Celestino respecto a que Phichit necesitaba seguir entrenando aunque se encontraran fuera de temporada pues no podían confiarse, los dos decidieron tomar aquel día totalmente libre de cualquier posible responsabilidad, porque con la graduación de Yuuri acercándose a gran velocidad, les quedaba poco tiempo para compartir juntos y querían aprovecharlo al máximo. Debido a ello, Phichit creyó buena idea atrincherarse en casa; por tanto, pidió comida a domicilio y buscó en YouTube todas las presentaciones del "emperador" por orden cronológico. De ese modo Yuuri sería capaz de seguir casi toda la trayectoria del ruso, y relacionar momentos específicos en su propia carrera profesional dentro del circuito.

A Yuuri, en realidad, le traían muchísimos recuerdos ver eso una vez más. Lo hizo evocar todas esas ocasiones en que solía estar al pendiente junto a Yuuko, acerca de cualquier nueva hazaña por parte de Nikiforov. Los dos por esos entonces eran muy jóvenes, con demasiados sueños para el futuro y ella fue responsable en gran medida de que terminara convirtiéndose en fan del proclamado "héroe de Rusia". Empero, no todo se reducía a tal detalle, ni tampoco al hecho que Victor fuese una influencia de peso que le animara a intentar ir más allá, si no porque hubo demasiadas cosas que logró y perdió, tanto que pudo aprender y experimentar en aquella difícil de aventura lejos de la tierra que lo había visto nacer; de sus padres, Mari, Minako, Vicchan, sus amigos.

Ahora que aquella etapa en su vida estaba próxima a concluir, ese futuro con el cual soñaba desde pequeño se desvanecía en el aire poco a poco y ya comenzaba a sentir el peso de sus propias decisiones. Cinco años bien podrían decirse fácil, pero fueron largos y llenos de incontables sacrificios, buenos momentos y enseñanzas. Ahora volvería a casa tal vez no con la cara en alto, pero si dispuesto a descubrir y recuperar su amor por el patinaje costara lo que costara.

¿Cuánto le tomaría? ¿Sería posible que lograra hacerlo a corto o largo plazo? De ninguna manera podría tener alguna seguridad al respecto.
Aún así Yuuri necesitaba un refugio, alguna especie de zona segura y Hasetsu podría llegar a serlo tal como le sucedió en tantas otras ocasiones en el pasado. Además echaba de menos a sus padres y el ambiente familiar tan ameno que siempre reinaba en Yutopia. También añoraba las larguísimas charlas con Mari sobre todo o nada, los platillos típicos elaborados por su madre, o las anécdotas ya conocidas que su padre solía contar cuanto existía oportunidad. La playa; caminar entre la arena blanca con las olas lamiéndole los pies, el Ice Castle o esas prácticas espartanas en el estudio de ballet de Minako.

La vida útil de un atleta en aquel deporte resultaba ser terriblemente efímera, demasiado fugaz. Y Yuuri quería competir en esa última ocasión no porque tuviera que darles en el gusto a los miembros de la Federación, si no porque realmente quisiera hacerlo y su pasión por ello fuese genuina. Con el tiempo Yuuri había descubierto que el patinaje artístico reflejaba mucho de lo que ellos mismos eran como personas en gran medida, y cierto era que cualquiera se sentiría frenético por ostentar un puesto del podio, pero también debía aceptar que su patinaje distaba mucho del nivel requerido para competir. Igualmente su preparación psicológica, física y mental dejaba demasiado que desear.

En su actual posición, por desgracia no le quedaba otro remedio que darle tiempo al tiempo e intentar hacerlo bien en esa ocasión.

-Siempre me ha gustado mucho la manera en que integra las emociones al ejercicio -Phichit asintió concediéndole razón.

-Mejor dicho, creo que admiras a Victor Nikiforov más allá de lo decentemente permisible -le molestó de buena gana, mientras movía sus pobladas cejas en un gesto muy gracioso. Yuuri, contagiado del ánimo tan jovial de su mejor amigo, revoleó los ojos-. Pero si, y si a esto agregamos que ha sabido llevar su vida privada con la personal perfectamente bien, merece todo nuestro respeto.

-Algo sumamente difícil cuando se es tan famoso -el de tez morena examinó al joven de gafas, e hizo un gesto pícaro sin poderlo evitar.

-¿Crees que sea bueno en la cama? -Phichit soltó de pronto con tono sugerente, mientras el vídeo del programa corto que Victor presentó ese año seguía reproduciéndose.

Sweet dreams sonaba al fondo, conforme el ruso se desplazaba de forma muy sensual sobre toda la extensión del rink, arrancándoles gritos eufóricos al pabellón entero.

Y Yuuri en verdad pensó que terminaría ahogándose con su propia saliva pues, aunque no lo aceptará en voz alta, varias ocasiones se preguntó exactamente lo mismo.

-¿Cómo voy a saberlo? -se quejo, sin embargo terminó delatándose a si mismo porque los colores se le subieron al rostro-. Jamás pude cruzar más de dos palabras con él cuando competimos en Sochi.

-Bueno, es que es muy atractivo y cada traje que se pone le queda como guante -agregó. En esa ocasión Victor iba vestido con un conjunto azul, cuyos adornos en bisutería dejaban atrás dos pequeñas hileras de piedras pequeñas que brillaban bajo la luz del estadio-. Seguro debe tener varias amantes. ¿O crees que sean chicos? Las revistas no hablan demasiado acerca de ello.

Yuuri se pasó una mano por el cuello. Poco le gustaba hacia dónde iba encaminada la conversación.

-Es su vida personal -Yuuri le hizo ver-. Por supuesto que ventilar intimidades nadie cuerdo lo haría a voluntad.

-Hay sus excepciones -respondió sin dar su brazo a torcer.

-Mejor vamos a cambiar de tema, Phichit-kun-apeló a su total ingenuidad, porque conocía demasiado bien a su amigo y sabía que no soltaría el asunto tan fácil.

Y emitió un suspiro repleto de resignación tras verle abrir la boca dispuesto a lanzarle cual metralla varias preguntas.

-Si recuerdo bien, él te ofreció un autógrafo -dijo emocionado ante tamaña oportunidad-. ¿Por qué no aceptaste?

-No tengo idea -respondió con sinceridad sin despegar un segundo su mirada de la pantalla. Victor, en algún punto logró animar a tal grado las tribunas con la secuencia de pasos, que todos aplaudían y vitoreaban al unísono-. Creo que mi anhelo era mostrarme ante él como un igual -Phichit asintió comprensivo-. Ya sé: suena ridículo.

-Oh, vamos -lo alentó. Yuuri siempre tuvo graves problemas de autoestima y por lo general no se daba cuenta que solía dejar huella entre quienes lo conocían -. ¿En verdad crees que Victor no te vió patinar? Quedaste como uno de los seis mejores del mundo, eso debe contar.

-Mas vale que no -el aludido agitó las manos tratando así de restarle importancia al comentario-. Cometí demasiados errores allá. Me hubiera sentido muy avergonzado -Phichit lamentó en silencio cuan poca estima Yuuri se tenía a si mismo.

Evitando decir alguna otra cosa al respecto, los dos amigos terminaron el vídeo ya sin ganas de seguir haciendo aquello, motivo por el cual Phichit decidió sacar a sus hámsters de sus jaulas permitiéndoles descansar unas horas del encierro. Una vez libres, los adorables animalitos corrieron por la cama hasta literalmente subir a hombros y cabeza del tailandés.

-Los tienes muy consentidos -hizo la observación y una dolorosa punzada de anhelo le aguijoneó el pecho. Acordarse de Vicchan seguía siendo un asunto muy espinoso para Yuuri.

-Sabes que me encantan -comenzó a reír.

-No tienes remedio.

-¿Ya sabes qué harás al llegar a Hasetsu? -lanzó la pregunta al aire sin poder contener más su latente curiosidad.

-Aún no -reconoció con gesto compugnido-. Volver a las raíces, supongo. Eso siempre ayuda.

-Yuuri -le dijo de pronto, una gran sonrisa le adornaba los labios cuando comenzó a hablar-, quisiera patinar al son de "Shall We Skate?" -el aludido le miró bastante interesado ante tal revelación-. Aunque la estrella es tailandesa, nadie de mi país ha hecho un programa con su música -Phichit acarició a uno de sus hámsters mostrándose tan alegre como siempre-. Trataré de usarla en una competencia importante y, cuando eso suceda estarás conmigo, ¿verdad? -trató de constatar ese simple hecho, mas Yuuri asintió sin ápice de duda.

-Por supuesto que sí -pese a ignorar las posibles sorpresas que el destino les tendría preparado, dio aquella respuesta con evidente seguridad pues, aunque terminaran enfrentándose en una final, los lazos de amistad seguirían intactos sin importar la competitividad tan característica que giraba torno al patinaje artístico.

-Ya hasta tengo visualizado el vestuario que usaré -río divertido-. Solo necesito convencer a Ciao Ciao de ello.

-¿Mucha lentejuela y piedreria? -quiso saber a modo de broma.

-¡Todo en dorado u rojo! -los dos comenzaron a reír-. ¡O ambos!

-Cuando ese día llegue, apuesto que vas a hacerlo fenomenal, Phichit-kun -le aseguró sintiéndose orgulloso de la gigantesca determinación que su mejor amigo no dudaba en mostrar-. Posees un talento inigualable, jamás lo dudes.

-Gracias -luego pasó a uno de los hámsters a manos del otro muchacho, quien lo recibió encantado-. ¿Cenamos? Muero de hambre -Yuuri soltó una risita cómplice pues minutos atrás estuvo a punto de proponer exactamente lo mismo.

Una vez en la cocina, Phichit se encargó de preparar los alimentos mientras Yuuri sacaba vasos y platos para colocarlos sobre la mesa. Tan solo veinte minutos después, ambos comían un omelette con especias y verduras. Conversaron los detalles referentes a la graduación, a qué hora deberían llegar al centro de convenciones perteneciente a la universidad, y si acaso se sentía preparado para decir su discurso frente a medio campus. Eso le ayudó poco a tranquilizarle, mas Phichit le aseguró que lograría salir airoso sin mayor dificultad.

Ya preparados para irse a descansar, trabajaron juntos para limpiar y finalmente se despidieron en el pasillo deseándose buenas noches. Pese a que sus actividades diarias habían cedido en gran medida, Yuuri sentía el cuerpo pesado; supuso que se debía a los kilogramos extra que ganó durante ese mes y al cual poco acostumbrado estaba. Suspiró. Quizá su madre le ayudaría a seguir la dieta del "brócoli hervido" cuando arribara a Hasetsu. Asunto obligatorio e inaplazable si tomaba en consideración que Minako se pondría como loca si le veía en semejante condición.

Retuvo un escalofrío. Su antigua maestra de ballet no mostraría perdón ni mucho menos indulgencia ante su falta de cuidado.

Alejando tales pensamientos, tras ponerse la pijama, Yuuri se recostó dispuesto a dormir, acomodándose entre las almohadas y mantas. El departamento donde vivían por desgracia solía presentar ciertos fallos regulares con el sistema de calefacción, motivo por el cual creyeron prudente comprar dos o tres mantas extras para evitar sufrir frío durante las madrugadas. Así, tras quitarse las gafas, le permitió al cansancio invadirle.

Y aquella noche, Yuuri soñó.

Solían decir que los sueños eran un potente deseo reprimido del subconsciente, pero este en particular comenzó como algo sumamente inocente, nada del otro mundo a decir verdad. Yuuri se hallaba en el Ice Castle; su familiar entorno le hizo sentir a salvo, permitiéndole desplazarse por el lustroso hielo con gran facilidad. No había rastro de música, mas eso no le impedía moverse sin temor; antes bien iba de un lado a otro mientras se divertía con otra persona cuyo rostro no lograba discernir ya fuera por la distancia, o los reflejos que los rodeaban.

Se trataba de un hombre, eso seguro pues la privilegiada estatura le delataba, más en su inconsciencia a Yuuri le importó poco tal detalle, antes bien cada uno giraba o iba en línea recta según la posición del otro así lo permitiese. A veces, este hombre misterioso se ocultaba de su vista, o rotaba torno a él como si Yuuri mismo fuese alguna especie de eje gravitacional que no le permitía mantenerse apartado. Y Yuuri, totalmente cautivado ante la arrasadora presencia ajena, reía de vez en cuando ante las locuras del otro o por la manera en que se acercaba cada tanto solo para susurrarle frases cortas al oído que, por desgracia, olvidaba segundos después. Por supuesto intentaba recordar el significado en ellas, pero no conseguía brindarle ningún sentido coherente a las palabras aunque lo intentó mil veces.

Poco después, su compañero rompió distancias tomándolo entre sus brazos con una delicadeza que logró hacerlo estremecer. No obstante, contrario a cualquier reacción típica por un gesto tan repentino, Yuuri no sintió la incomodidad hacer acto de presencia; antes bien la cálida sensación le ayudó a relajarse de forma paulatina mientras los dos se balanceaban suavemente uno contra otro, como si bailaran un íntimo vals creado solo para ellos dos.

Pronto, los dedos del desconocido comenzaron a tomar vida propia al acariciarle con inaudita suavidad la espalda y costados, apretándolo todavía más cerca de ser posible. Y Yuuri de improviso sentía calor en todas partes y, por mero reflejo, cerró los ojos dejándose llevar ante la corriente de nuevos acontecimientos. Que fuera un hombre quien hacia esto lo encontraba irrelevante, la magia que hacía en él era lo deliciosamente abrumador.

Entonces, al saber que no era otra cosa que un simple sueño, Yuuri olvidó durante algunos segundos su tan característica timidez al atreverse a rodear los anchos hombros del otro dispuesto a robarle un beso. Gracias a los cielos fue correspondido al instante, y lanzó un suspiro repleto de pesada anticipación al tiempo que buscaban mayor contacto. Al inicio todo fue gentil, dulce, moviéndolo por terrenos seguros que conocía bien haciéndolo sentir cómodo consigo mismo. Sin embargo conforme seguían transcurriendo los minutos y el ritmo aumentaba, las emociones comenzaron a sobrepasarlo porque sin lugar a dudas ese fue el beso más jodidamente delicioso que experimentó jamás, pues ambos buscaban satisfacer al otro a base de ligeras succiones, mordidas fortuitas y era tanta la pasión entre ellos que Yuuri creyó que caería por un precipicio en cualquier segundo.

Y casi como si leyera su mente, el hombre desconocido avanzó un paso titubeante y juntos resbalaron hacia atrás de forma sorpresiva. Yuuri esperó golpearse la cabeza, o sentir la gélida superficie del hielo contra la espalda, mas ninguna de esas dos cosas ocurrió. En vez de ello, una superficie cálida y mullida le dió la bienvenida, conforme alcanzaba a distinguir un destello plateado condenadamente familiar; y en algún recóndito lugar de su mente pudo constatar que por obvias razones ya no se encontraban en la pista del Ice Castle, si no en su habitación de Yutopia. Sobre una suave y muy confortable cama, cuyo espacio era suficiente para alojarlos sin problemas. ¿Cómo rayos consiguieron llegar ahí? Lo Ignoraba por completo.

Confundido, Yuuri trató de moverse, pero unas pálidas manos le sujetaron con gentileza manteniéndolo quieto, ante lo cual no pudo realizar ninguna acción a voluntad. Asustado, se removió inquieto hasta que unos increíbles ojos azules le miraron con un inigualable sentimiento difícil de interpretar. Y pronto el ambiente cambió por uno más cálido, mas erótico...más sensual.

A Yuuri en consecuencia se le disparó el pulso; todo se tornaba extremadamente real, más aún porque este hombre, al cernirse sobre su cuerpo no hacia ninguna otra cosa que producirle una gigantesca satisfacción, la cual viajaba hasta su bajo vientre en deliciosos espasmos de placer. Y le gustaba, demasiado para su propia desfachatez y vergüenza. Entonces, cuando los labios ajenos se posaron ahora sobre su cuello con el objetivo de depositar suaves besos aleatorios, Yuuri emitió un gemido que dejaba poco a la imaginación, conforme bajaba paulatinamente hasta llegar al pecho. Ahí se detuvo un instante, lamiendo tanta piel como le fue posible hasta brindarles atención a sus pezones. Las esporádicas succiones entre tiempos, sumado a la desesperación hicieron que Yuuri se arqueara pidiendo más. Necesitaba más.

Mejor dicho, lo quería todo.

"Yuuri" escuchó su propio nombre ser proferido casi como si le resultara ajeno. Esa voz, tan masculina e incitante, poseía un acento demasiado particular. Motivado por una curiosidad insana, solo hasta entonces se atrevió a mirar de nuevo dándose cuenta casi con pánico que aquel hombre misterioso no era ningún otro que Victor Nikiforov quien, arrodillado entre sus piernas, sonreía cual despampanante modelo de revista.

Sorprendido hasta rayar en lo inverosímil, también notó que a diferencia suya, él sí iba totalmente vestido. Y por mera casualidad -u cruel ironía-, llevaba puesto el bonito traje azul del programa perteneciente a "Sweet dreams". Avergonzado en gran medida gracias a su absoluto descaro, Yuuri trató inútilmente de escapar del máximo ídolo que tuvo jamás. ¿Tan urgido estaba? ¿Qué rayos ocurría con él? No obstante, su atrofiado subconsciente logró imponer control porque "Victor" había procedido a envolverle el miembro con una seguridad arrasadora, ejerciendo la presión exacta que logró dejarle sin aliento.

Dios bendito, debía ser una maldita broma.

Fuera de si, Yuuri luchó encarecidamente contra ello, más aún porque Victor creyó prudente bombear de arriba a bajo en un ritmo cadencioso valiéndose del pre-semen que ya mojaba la punta del glande, arrastrándolo hasta un punto en el cual sólo deseaba abrir las piernas desesperado por obtener mayor fricción. ¡No podía ser posible! A esas alturas actuaba bajo total influencia del instinto, no lograría controlarse aunque así lo deseara. Porque esto le arrebataba las fuerzas, se trataba de algo superior a él, algo en cierta medida desconocido y lo tentaba de pies a cabeza. Además se sentía ridículamente caliente, como si un violento incendio ardiera bajo su piel, derritiéndole los huesos. Y si semejante fantasía lo llevaría a recrear toda la mecánica del acto en si hasta el final, agradeció a cualquier divinidad existente que ese tipo de situaciones -irreales o no- fueran totalmente privadas.

Así, expresando en voz alta los gemidos incontrolables de placer, Victor volvió a subir hasta que estuvieron por segunda ocasión frente a frente. El atractivo rostro tan conocido lucia muy satisfecho ante las reacciones que lograba provocarle, y luego se besaron de nuevo con total y absoluta lujuria. Ahí ya no se preocuparon por mostrarse cuidadosos ni pacientes, solo dejaron al deseo en su más cruda exposición consumirles sin misericordia.

Empero, de un instante a otro Yuuri jadeó desesperado en busca de aire pues ya casi lograba alcanzar el orgasmo; tan solo un poco más y terminaría hecho trizas entre aquellos brazos que lo sostenían como si fuera la persona más hermosa del mundo. Pero antes de siquiera alcanzarlo, Victor le susurró algo en un idioma desconocido y, abruptamente una horrorosa sensación de vértigo le atacó la boca del estómago. Igual sonaría demasiado irónico, pero por algún motivo aún desconocido terminó por caerse y esa ocasión si acabó llevándose un fuerte golpe que lo hizo quejarse de dolor y frustración en partes iguales.

Sintiéndose como un buzo que recién emergía del agua, Yuuri abrió los ojos encontrándose con la característica soledad del dormitorio. Ahí dentro no se encontraba nadie más que él, y en algún momento se movió tanto mientras dormía, que terminó rodando fuera de la cama ganándose un susto de muerte. Todavía bajo los potentes efectos de la somnolencia, Yuuri intentó levantarse y se dio cuenta que una dolorosa erección se presionaba casi con dolor entre las telas de su pijama.

-Por el amor de...-murmuró a la oscuridad, llevándose las manos al rostro pues recordaba muy bien esos últimos retazos de su vívida fantasía.

No le pareció extraño que su cuerpo reaccionara al estímulo.

Reuniendo la poca dignidad que todavía le quedaba, Yuuri subió a la cama de nuevo, se quitó los pantalones y obró por si mismo para obtener algo de necesario alivio. Una, dos, cuatro caricias rápidas fueron suficientes para hacerlo eyacular, conforme su respiración rota se ahogaba en absoluto silencio. Totalmente laxo, Yuuri miró al techo cuyas luces y sombras se proyectaban desde el exterior. Ignoraba por qué, pero de pronto creyó ser un reverendo estúpido. ¿En verdad tuvo un sueño sexual con Victor Nikiforov como principal protagonista? Eso era normal tratándose de un adolescente hormonal, no de un adulto maduro y responsable. ¡Tenía veintitrés años, caray!

¿Cuan bajo seguiría cayendo?

Con imprudentes lágrimas en los ojos, Yuuri procedió a cubrirse con las mantas luego de limpiar el semen en su abdomen que comenzaba a enfriarse, ya sin ganas de ponerse otra cosa. Por la mañana se vestiría. Y mientras fijaba toda atención sin apenas darse cuenta sobre un afiche oficial donde la alta figura de Nikiforov permanecería congelada en el tiempo para siempre, se dijo a si mismo que sería ridículo siquiera considerar que Victor posara sus ojos en alguien tan simple como él; eso ya estaba cien por ciento comprobado.

Sobrecogido, tras darse la vuelta casi con enfado, Yuuri trató de volver a dormir totalmente ignorante de que sus teorías al respecto estaban erradas en múltiples sentidos, pues las almas gemelas no siempre coincidían en el mismo continente ni lugar.

Y eso, quisiera o no, acabaría descubriéndolo a base de prueba y error durante los siguientes meses por venir.


¡Hola de nuevo y feliz 2018!

Espero que pasaran unas excelentes fiestas! Y para comenzar bien, les traigo cap nuevo del fic. Voy a tratar de actualizarlo más seguido. O jalá este nuevo año todo salga bien para ustedes. ¡Un gran abrazo!

Saludos cordiales.