Sentada en la orilla de la cama, los pies apenas colgándole pues solo las puntas de sus dedos alcanzaban a tocar el suelo, miró a su padre en espera de que comenzara. Ella había dicho lo que pensaba y sentía que ahora era su turno.
-Nunca imaginé, Hinata, que pensaras eso. Nunca he deseado tu muerte y si alguna vez…
Por primera vez en su vida ella vio a su padre perder algo de su compostura.
-Si algo llegara a sucederte, no podría sobrellevarlo.
-Disculpa, oto-sama, que sea tan difícil para mí creerlo.
Caminó hacia ella para sentarse a su lado. Se sorprendió cuando él le tomó su mano. Era la primera vez que le demostraba algún tipo de afecto físico. A pesar de ser uno casi insignificante, se aferró a esa mano como un náufrago luego de estar en alta mar por días sin agua. Sus ojos buscaron el rostro paterno pero el mantenía la mirada fija en su mano. Esperó, callada, a que él continuara hablando.
-Hanabi y tú son mis más grandes tesoros. Las amo a las dos por igual. – y él alzó su mirada para posarla en el delicado rostro femenino, -Pero tú, Hinata… me acuerdas mucho a tu madre.
El corazón femenino dio un pequeño brinco en su pecho. Él casi no hablaba de ella.
-Yo…
Ella apretó su mano, dándole valor para continuar. Reconocía que era difícil para su padre expresar lo que sentía.
-Cuando murió sentí haber perdido algo esencial de mí. En ocasiones llegué a pensar que morí ese día también. Y cuando te veía, traías a mi cabeza memorias suyas… Me avergüenza decirte ahora que resentía que tú me hicieras recordarme de ella.
-Pero, oto-sama, recuerdo perfectamente que le dijiste a sensei Kurenai que no te importaba si moría…
El cerró sus ojos momentáneamente, -Lo escuchaste. Yo… lo siento. Nunca debiste escucharlo al igual que tampoco debí dejarme llevar por el dolor y el resentimiento de ese momento. Te pareces tanto a tu madre, no solo en su belleza física. Tú, al igual que tu madre, tienes una bondad abnegada, eres dulce y tienes un alto grado de empatía. Nunca escuché a tu madre hablar algo negativo de nadie. –e hizo una breve pausa, -Eras y aun eres muy buena en tus técnicas, me atrevería a decir que superas a tu hermana pero en ese momento visualicé que no podías ser líder del clan Hyüga. Pensaba que eras débil y muy vulnerable…
Él le sonrió, -Pero tú te empeñaste a cada momento probarme que no lo eras, sorprendiéndome en cada situación al demostrarme lo fuerte y decidida que eres… - y tornándose serio, añadió, -Nunca fue mi intención herirte, a pesar de haber sido egoísta. Pensaba solo en mí al no querer tenerte en mi presencia por que eras un recuerdo doloroso para mí de tu madre. Y más tarde, porque solo quería sobreprotegerte.
Los ojos de la pelinegra se anegaron de lágrimas no derramadas mientras escuchaba a su padre, por fin comprendiendo su actitud severa y fría. Y aun así…
-Entonces, ¿por qué decidiste deshacerte de mí y Hikaru?
-Yo no deseaba deshacerme de ti ni de mi nieto. – y lanzando una rápida mirada hacia el umbral de la puerta, -En realidad fue idea de tu primo…¿no es así, Neji?
-Hai, tío. – él entro en la habitación.
Ella los miraba a ambos, verdaderamente confundida.
-Nunca me preocupó en lo más mínimo si la familia del futuro esposo de tu hermana no aceptaba la idea de que yo tuviera por hija una madre soltera.
-Es cierto, Hinata-sama. Fui yo quien le pedí que debiera hacer creer que querías deshacerte de ti y que buscaba algún pretendiente para ti.
Una herida Hinata le miró, sintiéndose traicionada, -¿Por qué, Neji-san?
-Porque quería verte feliz. Porque mi propósito principal era que te casaras con Naruto-kun.
-¿Pero…? – esta vez ella estaba realmente perdida, comprendiendo por primera vez como se sentía su marido cuando no entendía una situación.
-Todo estaba debidamente planeado. – le informó Neji.
Hiashi asintió, -Tu primo me dio la estricta orden que debía ser lo más ofensivo posible con tu persona frente a Naruto, que era la única manera que él aceptaría.
Ella se cubrió los ojos, avergonzada, -¿Cómo pudieron los dos? –y de pronto captando algo en particular que su primo dijo, bajó una de sus manos para mirarle, -¿Planeado? ¿Quién más sabe de toda esta absurda situación?
-Hokage-sama. – dijo él sin ningún tipo de aspaviento, -Necesitábamos a alguien que Naruto se viera en la obligación de obedecer. Él siempre ha respetado a su sensei.
Todo su rostro tomó el tono más alto del escarlata, -Por favor dime que todo no ha sido estratégicamente planeado…
-También necesitábamos…
-¡Oh, no! No Shikamaru…
-Es el mejor creando estrategias que pueden marchar como es debido…
-¡No quiero escuchar más! –exclamó ella mortificada.
La puerta fue abierta inesperadamente, -¿Qué pasa aquí?
Había intentado contener, sin ningún tipo de éxito, los sentimientos escandalizados y avergonzados al descubrir lo taimado que habían sido los cuatros a sus espaldas. Por lo que no se extrañó al verle entrar; mucho se tomó en hacerlo.
De nuevo su corazón dio un sobresalto en su pecho al verle. Todavía se le hacía increíble y asombroso que ese apuesto y alto rubio le amara a ella, la simple y sencilla Hinata Hyüga. Entonces, como una realización bajada del cielo, pensó que no le importaba todo lo que hicieron a sus espaldas. Porque, a pesar de ser inverosímil –y en cierto modo humillante- toda la situación, habían logrado su propósito. No pudo desviar su mirada de esos ojos que le miraban con todo el amor que llevaba en su interior y con un dejo de preocupación.
- ¿Qué demonio le hacen a Hinata?
Neji se hizo a un lado para permitirle el paso y sonrió cuando vio al rubio arrodillarse frente a ella a mirarle detenidamente, buscando el motivo del bochorno de su prima. No se arrepentía de todo lo que hizo al percibir como la felicidad resplandecía en el bello rostro de quien consideraba como una hermana. Estaba seguro de que había hecho lo correcto. Quizás, tarde o temprano, ambos encontrarían el amor juntos. Él simplemente adelantó un poco el inevitable suceso.
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Naruto guió a Hinata, con un brazo alrededor de la grácil cintura, hacia una de las butacas en la sala de su apartamento. Ella apretó sus dientes, dar esos pequeños pasos estaba resultando ser más trabajoso de lo que pensó y se enfureció consigo misma. Detestaba sentirse así de débil y vulnerable. Pero solo ella era responsable pues le insistió a Ino que deseaba irse a su casa. Ino, a regañadientes aceptó, luego de hacerle prometer a Naruto de que vigilaría que ella se tomara sus suplementos de hierro con las órdenes prescritas.
-Tómalo con calma, Hinata. Es normal luego de toda la sangre …-y se detuvo abruptamente, todavía conmocionado de lo que ella sobrellevó.
-Lo siento, Naruto. – rápidamente ella se disculpó, percatándose que le estaba recordando lo que fue un momento difícil para él.
-¡Oi, Hinata! – le llamó la atención pero con un dejo de ternura.
Hikaru le miraba preocupado y ella procuró calmarle enviándole una sonrisa, -Estoy bien, mi amor. Solo un poco cansada.
El asintió nada convencido.
-¿Deseas algo?- preguntó el rubio luego de ayudarla a sentarse.
-Agua, por favor.
Tanto Hikaru como Naruto salieron desbocados en dirección de la cocina a buscarle el vaso de agua.
-Una podría mal acostumbrarse, ¿no, Chieko?- comentó ella sonriendo hacia su silenciosa acompañante.
-Sí, Hinata-sama.
-Vamos, Chieko, te pedí que no me llamaras así. – la dulce sonrisa suavizó la reprimenda, -Y dime, ¿cómo te han tratado mis dos hombres?
-Muy bien, Hinata-sa…- ella rápidamente se dio cuenta de su pequeño desliz y se corrigió inmediatamente, -Hinata. Porque… tú así se los pediste.
-No creo. – y Hinata movió el rostro de lado a lado para darle énfasis a lo que dijo, -Eres una buena chica, no es difícil tomarte cariño.
Los dos regresaron y fue Hikaru quien le dio el vaso.
-Gracias. – murmuró ella.
Ino le había advertido que sería normal que le dieran esos incontrolables accesos de sed. Ambos le miraron atentamente mientras tomaba del líquido. Hinata no pudo evitar enviarle una mirada conspiratoria a Chieko y rodó sus ojos de manera juguetona. La niña no pudo contener la risa, entendiendo el mensaje implícito.
Entregándole el vaso a su adorado rubio, ella comentó, -Le preguntaba a Chieko si ambos le habían tratado correctamente mientras estuve en el hospital.
Naruto se giró a ver la pequeña, -Ne, creo que ha sido al revés, - y le envió una sonrisa a Chieko, -Es ella quien nos ha cuidado.
-No lo dudo. – dijo ella pues tan pronto entró advirtió que todo estaba en su lugar, recogido y limpio. Algo que estaba muy segura no habían hecho ni Naruto y Hikaru, los dos eran un poco desorganizados. –Gracias, Chieko.
Ella hizo una diminuta reverencia de respeto, -No, gracias a ustedes.
Hinata le lanzó una mirada subrepticia a su marido y él captó inmediatamente.
-Hikaru. – llamó su hijo, él cual inmediatamente miró con atención a su padre, -Necesito que vayas con Chieko a buscar estos artículos. Son muy importantes para la dieta de mamá. ¿Puedo contar con ambos?
-¡Hai! –contestaron en unísono y tan pronto como Hikaru tuvo el listado en sus manos, salieron a cumplir el encargo.
Él se acomodó en el suelo frente a su pelinegra e inmediatamente le dijo, sospechando que era eso de lo que quería hablar, -Sensei Kakashi ha enviado una notificación con una descripción de Chieko a todas las villas, las que también han enviado a su vez sus villas conocidas. Todavía no se ha recibido noticia alguna de haber sido reconocida por algún miembro de su familia pero todavía es muy temprano.
Ella asintió, -No quisiera desear que no recibamos noticias pero de ser así quisiera…
-¿Quedarnos con ella? Por supuesto que si. Además, Hikaru le ha tomado cierto… "cariño".
La pelinegra le miro detenidamente, -Cierto cariño, ¿eh? – y sonriéndole coqueta, -¿Cómo el de un cierto Uzumaki hacia una tal Hyüga?
Colocando sus manos sobre los antebrazos de la butaca donde ella estaba sentada, se irguió un poco sobre ella, su rostro cercano al femenino, -Yo no lo describiría como cierto cariño. Yo le llamaría estar perdidamente y rotundamente enamorado de mi mujer.
Besó los labios femeninos con dulzura y ella tembló ante la emoción que despertó tan tierno gesto.
-Hinata.
Abrió sus ojos encontrándose con los turquesas.
-Yo… viví un infierno en el tiempo que te mantuvieron en la unidad de intensivo.
Ella sintió su agonía y alzó su mano para posarla en la mejilla masculina. Esta vez fue él quien cerró sus ojos y continuó hablando, tribulado, -Tengo la culpa. Yo los coloqué a ambos en esa situación…
-Naruto…
Él le interrumpió, -Pensé que lo mejor era irme y dejarles, alejarlos a ambos de mí. – y le miró.
Una conmocionada Hinata contuvo el pequeño grito que apenas brotó de su pecho. Los azules ojos brillaban por las lágrimas que pronto comenzaron a bajar por su rostro.
-Soy un egoísta. No pude hacerlo. – y temblando con un pequeño sollozo, - No puedo hacerlo, perdóname, Hinata. Los necesito a ambos en mi vida.
Colocó su cabeza sobre las piernas de Hinata. Una blanco mano comenzó a acariciar la rubia cabellera.
-Y no quiero que lo hagas. – le dijo ella, -Tampoco lo hubiese permitido. ¿Sabes por qué?
Con suma delicadeza tomó el rostro masculino para alzarle y tener esos azules ojos al nivel de los suyos. Ella sonrió, todo su rostro iluminado por una luz interna, -Te amo, Naruto. Siempre lo he hecho y no podría vivir sin ti tampoco. Y ahora nuestras vidas están indeleblemente unidas. Nada ni nadie podrá separarnos…ni tan siquiera la muerte.
Ella besó fugazmente sus labios.
-Tomaremos riesgos innecesarios y estaremos siempre en esta cuerda floja, de la cual nunca sabemos cual de los dos será el primero en caer. Pero es la vida que hemos decidido tomar. Somos ninjas; ya es parte de nosotros.
Y con gran fervor en su voz, ella murmuró, -Es nuestro camino como ninja.
Esta vez fue todo su ser el que fue embestido por una vorágine de emociones. ¿Cuántas veces no deseo ella poder decir eso? Nuestro camino como ninja. Uno de sus más grandes anhelos en su vida era poder caminar a su lado y lo había alcanzado. Ese inesperado descubrimiento le dejo sin aliento. Todo lo que sentía por el salió a flote. Fue un momento tan sobrecogedor para ella, que todo su cuerpo fue estremecido por el súbito sollozo. Estaba por completo extasiada y turbada al saber que el hombre mas bondadoso y humilde de todo Konoha, el ninja que ella amaba y admiraba por su honestidad y compasión, le había entregado su amor a ella, la mujer débil e insignificante.
- ¡Hinata! – exclamó él alarmado y la acercó con fiereza a su cuerpo, - ¡No llores, dattebayo!
Ella no pudo evitar sonreír, hasta su consabida frase amaba ella de él.
-Te amo. – murmuro él cerca del oído femenino.
Él solo quiso intentar tranquilizarle pero se aterrorizó cuando le escuchó sollozar de nuevo.
-Nunca creí… - y ella dejó escapar un tenue hipo.
-¿Que te amaba? Pero, Hinata, ¿como no lo viste antes?
-No lo sé. – respondió ella con toda honestidad.
El enmarcó el bello rostro con sus manos para mirarle, -Yo estoy seguro de saber porque. No eres ningún estorbo, no eres insignificante y mucho menos eres débil, Hinata Uzumaki. Desde ahora en adelante te ordeno que creas en ti.
Una suave risa brotó de lo más profundo de Hinata, - ¡Oh, Naruto! No tienes idea de todo lo que he alcanzado gracias a ti. Y ahora, sabiendo que me amas, creo que hasta puedo volar.
El sonrió satisfecho, viendo que al fin se detenían sus sollozos. Con un brazo alrededor de su cintura, la sostuvo cerca suyo, -Estas feliz, Hinata.
-Hai. – murmuró ella recostando su cabeza del pecho masculino.
-A mi también me gustaría estarlo.
Ella percibió su tono lleno de travesura y con un peculiar dejo de ansias, así que le preguntó - ¿Qué puedo hacer para que mi Naruto-kun sea feliz?
- Darme una niña que se parezca a ti.
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N/A: Y solo resta el epilogo, el cual ya llevo por la mitad. ¡Oh, también tengo un one shot con lemon! Es que ahora tengo tiempo disponible en mis manos. ;p Muchas gracias a tods por leer mi fic y a tods aquells que tomaron de su tiempo para dejarme sus comentarios. Sin ustedes, este viaje no hubiese sido tan emocionante y tampoco lo hubiese disfrutado tanto. X-D
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