Hola, ¿qué tal? Esta vez me he dado prisa en subir el siguiente capítulo (inner: claaaro, porque ya lo tenías escrito) ¡shuu, shuu! ¡No te metas inner! ¿Por donde iba? Ah, sí, bueno, este capítulo es suuuuper largo, iba a cortarlo como a la mitad pero se quedaba raro y al final he decidido dejarlo en un gran capítulo. Espero que os guste.

Otra cosa antes de empezar, sé que alguien me pregunto por la edad de Ren y no recuerdo si al final conteste, por si acaso, Ren tiene 5 meses.

Ahora sí, espero que disfrutéis del capítulo y si tenéis alguna idea para la historia haced la sugerencia en los comentarios e intentaré usarla. Hasta el próximo capítulo y recordad que disfruto mucho con vuestros comentarios.


Cuando Kuon se despertó al día siguiente estaba solo en el futón y en la habitación. Salió de la habitación algo confundido buscando a su esposa, ese simple pensamiento le hizo sonreír, llegando al salón empezó a escuchar pequeños ruidos y a alguien murmurando. Era muy temprano... ¿un ladrón? Recorrió con la mirada su entorno para buscar algún tipo de arma y se decidió por una escoba (era raro que estuviera ahí, Kyoko era muy ordenada pero mejor no pensar eso en este momento). Siguió avanzando hasta la cocina que es de dónde provenía la voz, con la escoba en alto, listo para atacar, se asomó levemente por el quicio de la puerta y dejó escapar un hondo suspiro.

- ¿Qué haces aquí tan temprano y silenciosa como un ladrón? - pregunta curioso y aliviado Kuon dejando la escoba contra la pared.

- ¡Me has asustado! - exclama Kyoko dando un pequeño salto y casi soltando el frasco de cristal que tenía en la mano. - No andes tan silencioso - le recrimina haciendo un puchero.

- Pensé que había entrado alguien - dice mientras se acerca a abrazarla. - Buenos días amor - saluda con un beso rápido - ¿qué haces?

- Buenos días - contesta Kyoko con una amplia sonrisa. - Como quedan pocos días de rodaje en Kioto estaba empezando a guardar algunas cosas y como este es el único momento que tengo libre...

- Podías haberme pedido ayuda - replica haciendo un puchero.

- Estabas muy lindo durmiendo y soy yo quien debe decidir qué empaquetar.

De repente empieza a sonar el móvil de Kyoko, que al ver el identificador de llamadas sonríe.

- Ot...

- ¡Hija, perdona a este horrible padre! - chilla Kuu interrumpiendo el saludo de Kyoko.

- Are, are, no exagere otou-san - dice divertida Kyoko.

- Pero he estado casi 48 horas sin hablar contigo ni te he mandado un mensaje - decía triste - soy un mal padre que se preocupa más por su trabajo que por su familia - termina llorando como si fuera el fin del mundo.

- No seas escandaloso papá, puedo escucharte sin estar cerca - dice divertido Kuon al pasar por el lado de Kyoko.

- ¡Dile a ese mal hijo que deje de burlarse de mí! - grita molesto Kuu.

- Otou-san no te molestes, la verdad es que sí gritabas un poco - dice conciliadora Kyoko.

- Lo siento - dice triste y arrepentido Kuu.

- No le estaba regañando otou-san - dice alegre Kyoko -, por cierto ¿ya comió? Ya debe ser tarde.

- Sí, sí. Son las dos de la tarde, me trajeron un gran banquete de comida india, ¡estaba deliciosa! - decía emocionado. - ¿Ya desayunaste cielo?

- Aún no, estaba recogiendo unas cosas y se me ha ido un poco el tiempo, además ya casi es la hora de que se despierte el pequeño.

- Ah, bueno, pero no te lo saltes. Por cierto, cuéntame qué tal va el rodaje - pregunta curioso Kuu.

Mientras Kyoko ponía al día a su padre, Kuon se acercó feliz al frigorífico para sacar un par de cosas. Tras unos minutos puso delante de Kyoko un gran plato con tostadas, huevos revueltos y un café.

Tras una mirada suspicaz Kuon se sienta ofendido.

- No me mires así, es lo único comestible que sé cocinar.

- Otou-san tengo que dejarte, Kuon me ha preparado el desayuno - le dice con una gran sonrisa.

- Está bien cielo. Hasta mañana - se despide Kuu.

- Hasta mañana.

Finalmente Kyoko se sienta en la mesa para tomar el desayuno hecho por su esposo.

- Parece que te has divertido hablando con papá, se le oía muy feliz - dice casualmente Kuon.

- Sí, aunque me ha dado pena no contarle lo del viaje, hubiera estado eufórico por el resto de la semana.

- Pero seguro que es más feliz con la sorpresa y así no podrá planear extravagancias ni mi madre preparará un banquete, no quieres sufrir eso - dice Kuon con un escalofrío al recordar esas comidas.

- No llegaremos a eso, intentaré ayudarla en la cocina - dice Kyoko poniendo una tranquilizadora mano sobre la suya - además, estará demasiado entretenida con Ren como para pensar en cocinar.

- Ese niño nos va a salvar en más de una ocasión.

El comentario les hace reír a ambos.

Tras la rutina habitual de la mañana, por fin salen hacia el rodaje. Esa mañana todo el mundo estaba feliz y el pequeño Ren, extrañamente tranquilo apoyado en el hombro de su padre y mirando el paisaje.

- ¡Buenos días mis queridas estrellas! - dice eufórico el director Shingai cuando les ve llegar.

- Buenos días director - responden ambos con una leve reverencia Kuon y algo más pronunciada Kyoko.

- ¿Se encuentra bien el pequeño? - pregunta preocupado al verle tan tranquilo.

- Debe estar reservando energía para algún malévolo plan, ¿verdad caníbal? - dice Kuon gracioso mientras le hace cosquillas y Ren se revuelve con pequeñas carcajadas.

- Me alegro de que esté bien - responde aliviado el director.

- Sentimos mucho habernos ido sin despedirnos ayer - se disculpa Kyoko con una profunda reverencia. - Espero que no ocasionáramos problemas.

- No te preocupes Kyoko-chan - contesta alarmado Shingai - no hace falta que te disculpes. Aunque supongo que a Lory sí le molestó porque estuvo refunfuñando por todas partes mientras golpeaba una piedrecita.

- Es verdad, más te vale compensármelo Ren, estuvo muy pesado - interviene Yashiro llegando a la zona de grabación, - dijo algo de hacerte miembro honorífico del LoveMe como castigo por escaparte de él.

A Kuon le recorre un escalofrío por la espalda de solo imaginarse vestido con ese horroroso traje y la cara de Kyoko sólo puede compararse con el cuadro del Grito.

- ¡Tengo que arreglar eso! No puedo permitir que te haga eso - habla atropelladamente Kyoko mientras da vueltas sobre sí misma. - Haré lo que sea para que no sufras esa tortura.

- Kyoko, tranquila - dice Kuon tomándola del hombro para pararla. - Ya arreglaremos eso, no te preocupes - explica Kuon con una gran sonrisa sincera que calma un poco a Kyoko pero no del todo.

- Kyoko-chan, no te preocupes tanto, ya conoces al presidente - intenta calmarla Yashiro.

- Porque le conozco es que no puedo tranquilizarme - responde Kyoko preocupada mientras Kuon la toma de los hombros para reconfortarla.

- Cambiando de tema y no pensemos en ello hasta que no le tengamos delante - dice Kuon. - ¿Por qué estaba tan feliz director?

- ¡Ah! es verdad. El rodaje ha ido tan bien y sin ningún contratiempo que creo que hoy podamos acabar las escenas de esta locación. Así que todos tendremos un par de días libres - dice Shingai con una amplia sonrisa. - Todo gracias a ti Kyoko-chan- termina con una pequeña reverencia a Kyoko que la hace sonrojar.

- Yo sólo hago mi trabajo - murmura avergonzada y sonrojándose.

Tras la reunión de la mañana para que todo el mundo supiera que hacer, comenzaron a trabajar. La mañana pasó rápido entre escena y escena y un feliz director, todo iba mejor de lo que esperaba así que recompensaría a todos esa noche con una gran cena.

- ¡Atención todos! – gritó el director para que le prestara atención todo el equipo -. Estoy muy contento con el trabajo de cada uno de vosotros y tengo que anunciaros que la última escena del día también será la última en esta locación. El trabajo ha ido mejor de lo esperado gracias a los buenos actores que tenemos – Kyoko volvió a sonrojarse – y a todo el equipo, por lo tanto todos disfrutaremos de un par de días libres aquí – se empezaron a oír gritos de júbilo por parte de algunos trabajadores – y esta noche, la cena corre por mi cuenta – empezaron a vitorear y a aplaudir al director -. Así que a trabajar duro para la última escena. ¡Todos a sus puestos!

La reunión empezó a disolverse y cada uno se fue a sus quehaceres mientras el director se acercaba a sus actores.

- Es emocionante ¿verdad? – preguntó el director -. Esta parte de la película se va a acabar antes de lo que pensaba y todo es gracias a Kyoko-chan que hace sus escenas sin rechistar y nunca se queja por trabajo, solo es demasiado modesta – afirma con una sonrisa reluciente.

- Va a hacer que me avergüence otra vez director – contesta empezando a sonrojarse.

- Ara, ara. No seas tan modesta Kyoko-chan. Desde que sustituiste a Megumi-san todo ha sido más fácil y hemos grabado más rápido.

- Es verdad – admite Kuon -, todo hubiera sido más tortuoso y frustrante sin ti como Mika – decía sin poder evitar una mirada llena de amor y admiración hacia ella.

- Vamos tortolitos, es hora de trabajar – dice Shingai rompiendo el cruce de miradas -. Ren, deberías dejar tus galanteos para cuando estéis solos – afirma Shingai mientras se aleja para supervisar a su personal.

- ¿Cómo se te ocurre decir eso? ¿Qué va a pensar el director? – pregunta asustada Kyoko.

- Pensará lo que es más que evidente para todo aquel que se fije en cómo te miro – contesta Kuon en un tono seductor que hace que Kyoko resople y se marche hacia la caravana murmurando cosas como "nunca cambiará" y "no tiene remedio". Acción que hizo reír a Kuon y sonreír a Yashiro.

- Tú también deberías ir a cambiarte para la escena, dame a Ren mientras tanto – dice Yashiro extendiendo las manos para coger al bebé.

- Al final va a cogerle el gusto y pronto nos sorprenderás con un bebé propio – dice burlón Kuon mientras le pasa a Ren.

- Sí, claro. Con todo el tiempo que me das para tener vida personal y conocer a alguna mujer… - contesta irónico Yashiro mientras acompaña a su representado a la caravana.

Finalmente está todo preparado para la última escena, todos los actores están en sus puestos y el director grita ACCIÓN.

Mika se encontraba en la cocina fregando los cacharros que había usado para la cena cuando escuchó un pequeño ruido, un ruido que en la ciudad no hubiera notado, pero en el campo, con todo tan silencioso, había sonado demasiado fuerte.

Tomó su teléfono que se encontraba al lado del intercomunicador del bebé, mandó un rápido mensaje y cogiendo una sartén salió silenciosa al pasillo donde volvían a oírse ruidos y susurros.

Finalmente se encontró cara a cara con tres hombres vestidos con trajes negros y con navajas en las manos.

- ¿Qué hacen aquí? Esto es propiedad privada – pregunta valientemente Mika sin dejar que su tono de voz mostrara duda o miedo.

- Fijaros lo que nos hemos encontrado chicos – decía en tono burlón el que parecía ser el jefe -, hemos encontrado una gatita con garras – ante el comentario los otros dos se rieron.

- No sé por qué habréis entrado, pero aquí no hay nada de valor, solo estoy yo – intentaba razonar con los intrusos mientras sujetaba la sartén delante suya.

- En eso te equivocas preciosa, en esta casa hay algo que nos pertenece y que vamos a recuperar – decía el jefe acercándose más y jugando con la navaja -. Así que quítate de en medio si no quieres acabar con una cicatriz.

Mika sólo podía pensar en que debía hacer tiempo, pero eran tres, solo esperaba que el ego del que parecía el jefe no le hiciera actuar rápido y siguiera sus provocaciones.

- Nunca pensé que vería a alguien como tú haciendo lo que parece el trabajo sucio de un principiante.

- No intentes jugar conmigo gatita, no voy a caer en tus provocaciones, sé perfectamente cuáles son mis obligaciones – decía el jefe acercándose más.

Este acercamiento hace que Mika intente golpearlo con la sartén que llevaba, pero falla y recibe un corte poco profundo y largo en su antebrazo izquierdo. No es capaz de evitar el grito de dolor al sentir el acero cortando su piel, pero sigue sin soltar su arma, es lo único que le puede salvar la vida.

El grito asusta al bebé que empieza a llorar y Mika corre a colocarse delante de la puerta donde duerme el bebé de forma protectora y con furia en la mirada.

- Así que es ahí donde está nuestro encargo – dice otro de los intrusos mientras se acercan a esa puerta.

- Más vale que os vayáis de aquí – avisa Mika.

- claro que nos iremos. Nos iremos en cuanto te apartes de la puerta y cojamos a esa cosa escandalosa – explica sonriente el jefe.

- Eso, ¡quita de en medio zorra! – dice el que está a la derecha del jefe y recibe una patada de su parte - ¿Por qué ha hecho eso jefe? – pregunta confundido sobándose la zona golpeada.

- ¿Qué te he dicho de usar esos términos? – pregunta molesto el jefe.

- Lo siento jefe, lo siento señorita – se disculpa arrepentido por su vocabulario.

- Eres un poco raro, ¿lo sabías? – dice Mika confusa -. No te importa herirme y seguramente tampoco matarme, pero no puede insultarme.

- Eso sería una falta de respeto por mi parte, lo otro son negocios y no tienen nada que ver con ser educado – responde como si ya hubiera contestado antes a esa pregunta -. Dejémonos de cortesías – dice volviendo a un tono más profesional -, quítate de en medio para que podamos llevarnos a esa cosa. Así te hacemos un favor.

- No pienso hacerlo, antes deberéis matarme – dice totalmente convencida y preparada para repartir todos los golpes posibles.

El primero en atacar fue el que la había insultado, pero lo hizo sin pensar y quedó K.O. en el suelo al recibir un sartenazo en la cabeza. El otro fue más listo, se acercó cuando su compañero estaba cayendo al suelo y le hizo un corte algo más profundo en el otro brazo, pero tuvo que retroceder al serle arrebatada la navaja de otro sartenazo, hubiera preferido sufrir la suerte de su compañero, habría sido menos dolorosa, porque a continuación se vio en el suelo retorciéndose de dolor debido a la patada en sus partes bajas que había sido incapaz de bloquear e incluso predecir.

Mientras esto pasaba, el jefe miraba la escena avergonzado de la actuación de sus subordinados, eran unos inútiles.

- Parece que no has elegido muy bien a quien traer para el trabajo – dice Mika al jefe.

- Tengo que reconocerlo, no debí traerlos, son unos verdaderos inútiles. Pero no te será tan fácil conmigo, yo estoy a otro nivel. Además estás perdiendo sangre por ese brazo y no te permitirá sostener mucho más esa sartén y entonces tendré a ese niño, sólo tengo que esperar un poco más.

Ese hombre tenía razón, Mika estaba empezando a sentirse débil, el brazo le dolía horrores, casi no podía sostenerse en pie pero debía hacerlo, a saber lo que le harían al pequeño si lo tenían en su poder. Empezaba a tambalearse y el jefe sonreía.

- Ves, todo hubiera sido más fácil si nos hubieras dejado desde el principio – decía acercándose más pero tuvo que retroceder porque Mika consiguió reunir fuerzas para otro golpe aunque no llegó a alcanzarle -. Vaya, eres más persistente de lo que pensaba.

Cuando el siguiente golpe no pudo darlo es cuando se oyó un estruendo en la puerta principal y entraron dos policías armados y con sus chalecos antibalas, al mismo tiempo entraron otros dos por la puerta de la concina cortando la posible retirada.

- ¡Policía! ¡Suelte el arma ahora mismo! – gritaba uno de los agente mientras el único intruso en pie miraba para todos lados buscando una escapatoria - ¡YA! – repitió mientras uno de los agentes apartaba a Mika del peligro.

Finalmente, esposaron a los dos únicos conscientes y al otro se lo llevaron a rastras.

- ¿Está bien señorita Kobayashi? – llamaba el inspector Nawaki a una medio inconsciente Mika -. Llamen a una ambulancia – exigió en un grito – y traed al bebé aquí.

- Ya hemos llamado inspector, están en camino – contesta uno de los policías mientras el otro le trae el bebé en una canastilla (sí, había padres aplicados que sabían lo que hacían en el equipo del inspector Nawaki).

- Ya está campeón, ya está – decía sin soltar a Mika mientras le ponía una mano sobre el pecho del bebé para calmarle.

De un momento a otro se vio rodeado por médicos y sin Mika cerca de él.

- Todo va a salir bien, campeón. Ya están tratando a mamá Mika y se va a poner bien – decía Nawaki Seita mientras cogía en brazos al bebé para tranquilizarle.

- Inspector, ¿se encuentra bien el bebé? – pregunta uno de los médicos acercándose al oír llorar al bebé -. Esa sangre…

- Sí, está bien, no se preocupe, le he manchado yo. ¿Cómo se encuentra la señorita Kobayashi? – pregunta preocupado mirando hacia donde se encuentra tendida en el suelo.

- Sus heridas no son graves, pero ha perdido mucha sangre, será mejor que la traslademos para hacerle una transfusión y tratarle adecuadamente las heridas – informa el médico.

- Está bien – acepta el inspector con el bebé en brazos mientras la sacan en camilla hacia la ambulancia.

- ¡CORTEN! Ha sido perfecto, felicidades a todos – exclama Shingai aplaudiendo a sus trabajadores.

Al oír que el director daba por finalizada la escena, Kyoko se levantó de la camilla y Kuon fue con ella.

- ¿Estás bien Kyoko? – pregunta preocupado Kuon.

- Perfectamente – responde con una sonrisa que se desvanece al notar que Ren sigue llorando. - ¿Qué te pasa príncipe? – pregunta cogiéndole - ¿Te ha asustado el grito de mamá? Estoy bien, shuuu – intenta calmarle mientras le abraza fuerte y le frota la espalda al notar que se abraza a su cuello y le agarra el pelo.

- ¿No te han hecho daño? – pregunta Kuon mientras se une a Kyoko para intentar calmarle frotándole la cabeza.

- No, sólo tenía miedo de no poder hacer bien la escena y tener que repetirla, nunca había hecho algo así. Mira, parece que ya se calma – avisa a Kuon mirándole a los ojos.

- Eso parece – responde Kuon con una sonrisa.

- ¿Se encuentra bien el pequeño? – pregunta asustado el director por cómo estaba llorando -. No era mi intención que se pusiera así – explica en tono culpable.

- No se preocupe, solo es que se asustó mucho al oír a mamá chillar así, ¿verdad? – le pregunta Kyoko a Ren con un tono de voz animado y dando un pequeño saltito para recolocarlo en sus brazos.

- ¿Quieres que le coja yo? – pregunta Kuon.

- No creo que te deje – dice Kyoko con una carcajada mientras se vuelve para mostrarles cómo la tiene agarrada por el pelo -. No creo que hoy quiera dormir solo.

- Bueno, ya veo que está bien. Aunque parece que va a esta un tiempo pegado a mamá – dice el director -. ¿Puedo contar con vosotros para la cena de esta noche?

- Claro que sí director – contesta Kuon -, no nos la perderíamos.

Tras irse el director, Kyoko, Kuon y Ren se fueron a la caravana de Kyoko para cambiarse de ropa.

- Deberías darte una ducha princesa – sugiere Kuon.

- Estaría bien, pero Ren no quiere soltarme – contesta con una sonrisa.

Kuon se coloca a la espalda de Kyoko y se agacha para estar a la altura de su bebé.

- Ey caníbal – intenta llamar su atención tocándole la nariz y Ren le mira con ojos tristes -. Mamá necesita ducharse, ¿qué te parece si la sueltas y jugamos un rato en el suelo? – pregunta en tono juguetón -, ¿qué dices? Te dejaré morderme todo lo que quieras – dice poniendo las manos en posición para que Ren vaya a él.

Ren estaba indeciso, aún seguía agarrando el pelo de Kyoko pero miraba fijamente a Kuon.

- Anda, ve con papá – le anima Kyoko dándole una palmadita en la espalda -, mamá volverá pronto.

Dicho esto Kuon coge en brazos a Ren sin que proteste y, mientras Kyoko va al pequeño baño de la caravana, Kuon tumba a Ren en su pequeño futón y empieza a hacerle cosquillas y a poner caras raras para que cambiara su humor y riera. Kyoko se sintió aliviada cuando empezó a escuchar las carcajadas de su pequeño desde el baño.

Cuando Kyoko salió del baño se encontró con una escena que no hubiera podido imaginar. Kuon estaba tumbado en el suelo con Ren encima suya, sonriente y dándole palmadas en el pecho y la cara a Kuon que ponía extrañas expresiones cada vez que le tocaba y que provocaban la risa de Ren.

- Parece que mis hombrecitos se lo están pasando bien – dice Kyoko sentándose en el suelo a su lado.

- Disfruta maltratando a su padre – responde Kuon mientras le hace cosquillas a Ren consiguiendo que se revuelva encima de él.

- Tú también deberías cambiarte de ropa y darte una ducha mientras le pongo ropa limpia a Ren – sugiere Kyoko -, sino llegaremos tarde a la cena del director.

Tras un rato más de juego, la familia es capaz de salir hacia su destino.

Finalmente llegaron al restaurante que el director había reservado para su pequeña celebración con todo su equipo. Tras saludar al director y al resto del elenco, manager y staff, tomaron asiento. Las horas pasaron divertidas, se reía, se bebía (algunos más que otros) y Ren era el juguete de todas las chicas del staff que se lo pasaban de unas a otras haciéndole reír y mimándole.

- Parece que ya tiene más éxito que yo con la mujeres – comenta en cierto momento Kuon al oído de Kyoko que ríe despreocupada, su hijo es muy popular.

- Kyoko-san ¿tú eres de aquí, verdad? – pregunta una de las maquilladoras que en ese momento tenía a Ren en brazos.

- Sí, nací y crecí aquí – contesta extrañada no sabiendo a qué venía la pregunta.

- Entonces sabrás si en estos días hay algún tipo de festival o algo así por aquí. Queríamos disfrutar un poco estos días que tenemos libres antes de irnos – contesta otra de la chicas cercanas.

- Ummm… - piensa Kyoko tocándose los labios con el dedo índice – un festival… - dice pensativa – estamos en mayo, entonces… ¡Aoi Matsuri! Es mañana, hay una procesión desde el palacio imperial hasta los santuarios Kamo del norte de la ciudad. Es muy bonita.

- ¡Muchas gracias Kyoko-san! – dijeron a coro algunas de las chicas para luego comenzar a planear entre ellas lo que harían.

- ¿Te apetece ir? – pregunta curioso Kuon debido al tono de voz ilusionado con el que explicó el festival a las chicas.

- Me gustaría, pero aún hay muchas cosas que hacer antes de irnos.

- Podríamos ir un rato – sugiere Kuon.

- Ya veremos – concluye la conversación Kyoko con una sonrisa.

La noche pasó rápida y divertida, especialmente cuando el director Shingai (algo bebido) insistió en que todo el mundo debía cantar con él una canción en el karaoke, incluso con Ren.


¿Qué tal estuvo el capítulo? Espero que os haya gustado. El festival existe, podéis buscarlo fácilmente (no creáis que ha sido fácil buscar un festival en la ciudad que me cuadrara por fechas, pero tuve suerte.

Hasta el próximo capítulo.