Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

A mi Miss Swan tata favorita, a mi hija Kath y su kokoro, a mi tatita Vero porque es un cielo, a mi princesita Gen porque la quiero, a Alex porque es mi suegra, a Bego y a Natalia porque es la mejor.

Hoy especialmente se lo dedico a mi número 17, el tren que no podía perder, mi mano ganadora y premio gordo, mi princesa, lo mejor que me ha pasado en la vida, mi preciosa novia en nuestro primer mes.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, Laura Brooks, el lado ciego del amor, Carne fresca, Mi pequeña Emma, en carrera y a esthefybautista.

CAPÍTULO 14 BAJO LAS ESTRELLAS

Storybrook-Maine, 2002

Durante unos instantes, Gen se quedó como una estatua delante de esa lápida, esa prueba irrefutable de que no estaba escribiendo una historia de fantasmas, que Emma y Regina vivieron, se amaron y al final, antes de lo debido tuvieron que separarse.

Una lágrima solitaria descendió por su mejilla al imaginar el desgarrador abismo que aprisionó a Regina tras perderla, durante toda la historia el hilo conductor que explicaba las hazañas y acciones de la morena era esa mujer que yacía bajo sus pies.

Marco, junto a ella, guardó reverencial silencio mientras el viento aullaba, lejano, removiendo las hojas. A lo lejos empezaba a ponerse el sol, dándole al lugar una mezcla de colores, anaranjados, la calma y la quietud consiguieron asfixiarla al igual que las mil preguntas sin respuesta que resonaban en su mente.

No supo si pasaron segundos, minutos u horas, no con exactitud, grabando en su retina esa lápida gris y fría, ese símbolo de una historia de amor rota por los caprichos de la vida y el destino.

-Señor Wood…

-"¿Quiere saber cómo ocurrió, verdad? ¿Qué mal mundano se llevó con el a Emma Swan?"

-Sí, por favor, cuénteme qué le ocurrió

Storybrook-Maine, 1956

Con los rayos del sol entrando por la ventana, acariciando su rostro con suavidad, Regina abrió los ojos con una sonrisa, estirándose poco a poco cobre el colchón, sintiendo los brazos de Emma alrededor de su cintura y su acompasada respiración sobre su pecho.

Era feliz, inmensamente feliz, desde hacía ya largos años no había sombras ni amenazas constantes en sus vidas, su pequeña Judith se había convertido en un auténtico regalo del cielo, completándolas y llenándolas de amor, de ternura. Su vida en ese apacible pueblo de pescadores, perdido en medio de un bosque frondoso y lejos de la civilización que crecía a pasos agigantados estaba llena de paz, compartía sus días con Emma, con su pequeña, con la familia que juntas habían creado y, aunque las leyes no permitían su unión legitima al ser dos mujeres, tampoco les importaba, hacía mucho tiempo que se consideraban un matrimonio poco convencional, vivían como tal y nadie osaba inmiscuirse.

Se levantó sin despertar a Emma, hacía días que su rubia no dormía muy bien, despertándose cada poco. Acarició sus rubios cabellos y miró su rostro sumido en un sueño profundo sin que su sonrisa se desvaneciera, lo habían logrado, seguían juntas contra el mundo, juntas y felices a pesar de todos los obstáculos.

Bajó a la cocina sin prisa, hacía ya algunos años que cambiaron el pequeño apartamento por esa mansión, un pequeño capricho que habían vuelto su hogar. Cuando Regina la descubrió estaba abandonada y destartalada, mas la morena se enamoró de ella en el acto, comprándola y junta a Emma restaurándola, convirtiéndola en esa hermosa casa señorial que podían llamar hogar.

Silbando melodías sin nombre, preparó el desayuno para su familia, sonriendo feliz, una sonrisa que pronto iba a borrarse aunque ella aun no lo sabía.

Como llamadas por el olor de las tortitas y el café, Emma y Judith aparecieron casi al unísono. A sus once añitos, su pequeña estrella judía se había vuelto toda una señorita, de inmensos ojos azules y cabellos como la noche, su sonrisa dulce y su exquisita educación se había ganado a todo el pueblo con el paso de los años.

Desayunaron entre risas, ajenas a que sería el último desayuno alegre y tranquilo que podrían compartir. Cuando Judith se fue a la escuela, Regina recogió los platos echando un vistazo al reloj para no llegar tarde al ayuntamiento, cuando Emma se aferró a su cintura y escondió su rostro en su cuello, aspirando su dulce aroma a manzana y depositando pequeños besos aquí y allá, ensanchando la sonrisa de su amada.

-Hoy voy a ir a ver al doctor, Gina, últimamente me cuesta dormir y no me encuentro bien

-"Bueno, ves a verlo pero seguro que no es nada amor. ¿Quieres que te acompañe?"

-No es necesario, ve a gobernar el pueblo señora alcaldesa, no sé cómo pueden pasar un solo día sin ti

-"Eres una exagerada…"

-Te quiero

-"Y yo a ti, ahora voy a prepararme o llegaré tarde"

Depositando un beso suave en sus labios, salió corriendo a cambiarse para llegar al ayuntamiento a su hora. Si hubiese sabido que ese día iba a cambiar sus vidas por completo, quizás se habría detenido, habría tomado a Emma entre sus brazos y su gesto rápido y sencillo de despedida se habría vuelto un beso apasionado, quizás de saberlo no habrían perdido el tiempo, se habrían amado, mas no lo sabían.

Tras un día de locos, caía ya la tarde y Regina entraba en su casa fatigada, se quitó los zapatos buscando comodidad y se dirigió al estudio donde pensaba servirse una copa para relajarse, después seguiría su rutina, buscaría a Judith y le preguntaría por su día, prepararía la cena para su familia y cuando Emma llegase vivirían su cotidianidad en paz y armonía.

Mas entrando al estudio se dio de bruces con su rubia, recordando de pronto que pretendía visitar al médico, con el ajetreo de su día lo había olvidado por completo. Seguramente el doctor la mandó a descansar y por eso estaba en casa mucho antes de lo normal.

A paso seguro se acercó a ella para besarla, cuando se dio cuenta de que algo no marchaba bien. Emma tenía la mirada perdida en ninguna parte y, observándola detenidamente, ahogó un suspiro de disgusto ya que no se había llegado a percatar de los efectos que el insomnio prolongado tenía sobre su amada, su rostro más pálido de lo habitual, sus ojos hundidos y las profundas ojeras. Una cosa era segura, su Emma dejaría el trabajo un tiempo, necesitaba descansar.

Al llegar a su altura, se sentó junto a ella en el sillón, acariciando sus cabellos y besando tiernamente su mejilla, provocando que la rubia aterrizase ya que su mente parecía estar muy lejos de ahí.

Ambas se miraron y Emma dibujó en su rostro una sonrisa apagada y triste, sonrisa que ya presagiaba la noticia.

-"Hey, amor qué te dijo el médico"

-Nada bueno amor, por desgracia nada bueno

-"¿Qué te ocurre?"

-No lo saben con exactitud, necesitan hacerme más pruebas pero todo indica un camino, y no es bueno Regina

-"Sea lo que sea lo enfrentaremos, juntas, como siempre hemos hecho"

-No esta vez Gina, estoy sentenciada, yo ya no tengo salida

-"No digas eso Emma, lo podemos solucionar, siempre hemos luchado juntas y hemos salido de todos los infiernos juntas"

-Tengo cáncer Regina, estoy condenada a muerte

Los días iban pasando, cada uno más gris que el anterior. Tras esa conversación en el estudio donde sus vidas terminaron de desmoronarse. Regina guardaba la esperanza de que fuese un error, de que las pruebas médicas diesen un nuevo diagnóstico, mas todas tenían un idéntico resultado, una sentencia de muerte.

Visitaron a todos los especialistas del país, Regina no pensaba rendirse y arrastraba a su amada en busca de un milagro, de una solución, mas las negativas y las miradas de compasión que iban recibiendo fueron motivo suficiente para comprender que Emma Swan estaba condenada, que era cuestión de meses, días o quizás años, no había un milagro, no había nada que pudieran hacer, salvo esperar y aprovechar cada minuto que la vida les regalase para estar juntas.

Con la nueva situación desbordándola, Regina dejó el ayuntamiento en manos de marco, confiaba en él lo suficiente como para dejar en sus manos el pueblo mientras ella intentaba luchar contra las sombras en su propia casa.

Todo Storybrook, como lugar pequeño, sabía que Emma estaba muriendo, veían agrietarse y quebrarse a Regina, el rostro, antes alegre y despierto de Judith, cubierto de sombras… Ayudaban como podían mas en esa situación, era mejor dejarlas solas, dejar que permanecieran unidas hasta el último día.

Lo que los médicos vaticinaron como meses se volvieron cinco largos años, cinco años de ver a su mujer consumirse, cada vez más delgada, pálida y enferma, sus cabellos sedosos y ondulados desvaneciéndose, sus ojos apagándose, muriendo poco a poco cada día, y aun así no hubo un solo momento en el que no sostuviera su mano, besase sus labios, la amase con intensidad.

Una noche estrellada, el diez de noviembre de 1961, Ambas estaban tumbadas mirando el firmamento con sus manos entrelazadas, el aliento de Emma era entrecortado y aun así sonreía, Regina, su Regina, la señorita que lo dejó todo para huir con su sirvienta, la mujer que había dado cada minuto de su vida a demostrarle que la amada, seguía sosteniendo su mano en los últimos momentos de su existencia.

-Brillan más que nunca las estrellas Regina… ¿Crees que saben que me voy a ir con ellas?

-"Seguro que sí, serás la más brillante de todas"

-Lo seré, para que no te pierdas mi señora, para que puedas mirarlas y verme en ellas

-"Te quiero Emma, siempre te he querido y siempre lo haré, te quise como Myriam, te quiero como Emma, siempre fuiste y siempre serás lo mejor que me ha dado la vida"

-Ahora tendrás que cuidar de Judith tu sola

-"Nos cuidaremos mutuamente"

-Yo también te quiero Regina, desde siempre, desde que éramos niñas, te quise cuando eras mi señora, te quise cuando me sacaste de Madrid, te quise, siempre te he querido, incluso cuando quisiste salvar el mundo tu sola y me dejaste en Inglaterra esperando por ti. He sido feliz, lo he sido de corazón, puedo irme tranquila porque he amado todos los días de mi vida

Quizás fue por las lágrimas que aguaban su mirada oscura, mas Regina podía jurar que cuando su Emma exhaló el último aliento, las estrellas brillaban más que nunca.

Tras su muerte, la morena preparó un funeral sencillo sin contar que todo el pueblo acudiría a apoyarla en ese momento. En la lápida inscribió que era su esposa y nadie objetó, nadie osó contradecirla…

Storybrook-Maine, 2002

No supo en qué momento las lágrimas descendieron por sus mejillas, desgarrada al escuchar el último fragmento de esa historia, mas tenía aun mil preguntas que hacer, mil preguntas sin responder.

-¿Qué fue de Regina? ¿Sigue aquí en el pueblo?

-"No, poco después del funeral, Regina cogió a Judith y se machó, supongo que le dolían demasiado los recuerdos"

-¿A dónde fue?

-"Si quiere reunir el nuevo pedazo de la historia deberá encontrar a la hija de Judith, ya que esta desgraciadamente murió hace algunos años en un accidente de coche junto a su esposo"

-¿Sabe su nombre?

-"No, desgraciadamente no sé el nombre de la niña, me enteré de la muerte de Judith por los periódicos, su esposo era un hombre influyente en el mundo de la historia moderna, recogía la historia de los judíos que murieron durante la segunda guerra mundial, supongo que Judith lo conoció buscando sus orígenes y se acabaron casando"

-Necesito su nombre para encontrar a su hija

-"Creo que se llamaba Peter, Peter y Judith Lucas"

Gen guardó silencio unos instantes, el apellido Lucas lo conocía, lo conocía demasiado ya que la señorita Lucas era quién pagaba sus facturas… Si Ruby Lucas era la hija de Judith, la señora Whithe, su abuela, la mujer que la había contratado solo podía ser Regina.