Historia basada en la serie de Nickelodeon Oye Arnold creada por Craig Bartlett, nada es mío, excepto la idea de esta loca historia xDD

Aquí les dejo un nuevo capítulo de Rocket Brothers. Espero y sea de su agrado. Disfruten. :3

Perdonen a todos la espera, responsabilidades aquí, responsabilidades allá. Un poco más y me falta ya ser mujer casada y con hijos. Crecer no es lo mio, definitivamente xDD

Siento que el tiempo se me escapa de las manos. Pero aquí seguimos.

Gracias por todo!


Capitulo 14 Tortuga.

El sol no tardaba en desaparecer en el oeste de Hillwood. Muchos de los chicos que se habían pasado jugando, se retiraban a sus hogares. Algunos acompañados de alguno de sus padres, otros en grupo.

Pero, en los columpios del parque, había un chico que no tenía mucha prisa en irse de ahí. Se dedicaba a columpiarse despacio, mientras miraba el suelo. Su vestimenta era muy curiosa para un niño de su edad. Lo que llamaba la atención de ello, no era su pantalón deslavado, o sus tenis negros, si no su playera negra estampada con la imagen de una pareja vestida del siglo XVIII. A su espalda uno podia leer:

"In vain have I struggled. En vano he luchado.

It will not do. No quiero hacerlo más.

My feelings will not be repressed…" Mis sentimientos no pueden contenerse.

Y así parecía ser, sus sentimientos ya no podían ser contenidos, pero al mismo tiempo su cuerpo no entendía cómo sacarlos.

Solo existía en su mente preguntas que, aunque tenían respuesta, no sabía cómo aceptarlas.

-Mr. Darcy…- William estaba tan metido en sus pensamientos que, el escuchar esa voz suave, armoniosa, acompañada del chillido de las cadenas de un columpio, logró sacarlo de su sufrimiento interno.

Cuando volteo a su lado, notó que la persona que estaba sentada no era otra más que Cecil.

La pequeña rubia, iba con un pantalón que dejaba al descubierto parte de su piel, cerca de los tobillos. Su calzado constaba de un par de tenis negros con franjas rojas, su blusa era de un azul rey y encima de ella una sudadera gris. Su pelo estaba amarrado en una coleta alta, cubierto por una gorra de los Yankees. En el suelo, notó William, se encontraba una mochila deportiva.

William se quedo ido al contemplar sus ojos verdes, que reflejaban con intensidad la luz del atardecer en ese momento.

-Tu espalda, tiene parte de la declaración de Mr. Darcy a Elizabeth, ¿No es así?

-Si… así es- El pequeño apenas podía contestar a la rubia. Especialmente si esta le sonreía de la forma en que en ese momento lo hacía.

-Y dime ¿Qué haces aquí?

-Yo… bueno, yo…

-¿Aja?

-Solo, no quiero regresar a casa. Nadie me espera ahí.

-¿Nadie? ¿Seguro?

-Bueno… tal vez mi padrastro y su familia- Dijo el pequeño mientras se sonrojaba.

-¡Aaah! Entonces si te espera alguien.

Al escuchar tales palabras, las lágrimas empezaron a fluir de sus ojos azules. El único pensar en su cabeza era que sus padres habían muerto y le habían dejado. No tenía más familia que la de su padrastro. Y aun así se sentía un intruso en la felicidad de ese hombre que cada que le dice hijo, lo hace con una sonrisa y un orgullo que era reflejado en esos ojos verdes, como los de esa niña que le miraba en ese momento y le sonreía sutilmente.

-Ellos debieron de amarte mucho…-Dijo mientras se levantaba del columpio y abrazaba al chico- No llores… no llores. Aún hay alguien que te espera, aun que no sean de sangre, el decidió estar ahí para ti. Él y toda su familia.

William solo se dejo abrazar. Cuando Cecil vio que se tranquilizó, la pequeña se presento a él.

-Mi nombre es Eleonor… Eleonor Cecil Pataki. En mi casa todos me dicen Cecil…Pero la verdad, prefiero Eleonor. Hace mucho que nadie me llama así

-Yo soy William… Terrence William Hartwick.

-¡Y yo que me quejaba al creer que mi madre era una mujer romántica cuando me puso mi nombre!- El comentario hizo que William sonriera, pues él pensaba lo mismo acerca de sus nombres.

-Todos me llaman Will, y la verdad, lo prefiero a que me digan Terry.

-¿Enserio? Me gusta más como suena Terry.

El comentario logró sonrojarlo. Y cuando iba agregar algo, escucho la voz de una mujer que llamaba a Cecil. La pequeña, al notar que ya habían llegado por ella, recogió su mochila.

-Tengo que irme, han llegado por mi- Dijo mientras señalaba un coche azul y detrás de este una mujer rubia que esperaba a que se acercara la pequeña a ellos.

-Espero… espero y podamos vernos de nuevo.

-¡Claro, Terry! Ahora somos amigos, ¿No? Cuídate.

-También tú.

-Y Terry… -Le dijo mientras le dejaba un beso en su cachete- Regresa a casa…- Le sonrió y salió corriendo para subirse al coche azul junto a su madre.

Después de verla desaparecer, William se encaminó a la pensión, al entrar, Stella se abalanzó sobre él para abrazarlo.

-¡Oh, querido! Qué bueno que llegas. Arnold, tu padre, salió a buscarte junto a tu abuelo. ¿Dónde estabas? Nos tenías preocupados…

Al ver la sinceridad en Stella, William no pudo evitar el llorar.

-¡Buaaah! ¡Perdón, perdón! Es que solamente… yo…

-¡Ssh, tranquilo!- le dijo limpiándole sus lagrimas- lo sabemos. Anda, sube a asearte, mientras les aviso que ya estás aquí, ¿De acuerdo? Y baja a cenar, ya que solo nos faltabas tú para empezar.

Arnold y Miles regresaron a la pensión media hora después. Cuando vieron a William ambos le abrazaron.

-Me tenia preocupado-hablo primero Arnold- Debería castigarte por ello, ¿Lo sabes, verdad?

-Perdón…

-No importa, solo… solo no me dejes tú también, ¿Quieres?

Y esa petición, fue suficiente para que dentro del corazón del pequeño William, encontrara el bálsamo que desde hace poco, le pedía a gritos.

En casa durante la cena, Cecil platicó a su familia su encuentro con su ahora, amigo Terry.

-Fue extraño…-Mencionó Cecil- Encontrar en el parque a alguien con las palabras de Jane Austen a su espalda… ¡Más tratándose de Orgullo y Prejuicio!

-Ni que fuera sorprendente…- Siseo Stephen mientras masacraba con el tenedor su pedazo de carne y trataba en balde cortar con el cuchillo-Esta carne aún está viva, ¡Lo juro por mi hurón!

-Stephen-Hablo Helga para llamar su atención- Tú no tienes un hurón y así no se corta la carne.

-Cierto-le daba la razón a su madre el pequeño- Pero Pá Wolfgang me prometió uno.

Helga volteó a ver a Wolfgang con una mirada que le indicaba que estaba en serios problemas.

Cecil solo suspiró pues comprendió que su hermano le había quitado el protagónico esa noche con su deseo innato de poseer un hurón. Esa discusión se llevaba a cabo desde hacía un mes.

Stephen quería un hurón y a ella nunca le habían preguntado su opinión, pero ¿Quién podría entender que ella deseaba una tortuga? Pero no cualquier tortuga, si no una Geochelone Sulcata.

-¿Y que mas paso, querida?- Fue Pheobe la que continuo escuchando a la pequeña, Cecil agradecía el tener a sus tíos a su lado en momentos así.

-Me platicó que su madre le dejo con su padrastro y eso le destrozó.

-Eso es muy triste- Pronuncio Gerald mientras veía de reojo como Helga y Wolfgang seguían discutiendo acerca del hurón que aún no vivía en esa casa.

-Lo es… pero él sabe que tiene a su padrastro y a la familia de él. Y también sabe que me tiene a mí. Aun que su nombre sea muy extraño. Terrence… Terrence William Hartwick.

Pheobe dejó caer su tenedor en el plato, haciendo el sonido del choque silenciar a Helga y Wolofgang en el acto. Cuando voltearon a ver a la asiática, comprendieron que algo no andaba bien. Especialmente si nadie decía nada.

Helga fue la primera en romper el silencio que se había formado.

-Cecil, querida. ¿Qué ha pasado?

-No sé… La tía Pheobe de repente se puso pálida cuando le mencioné el nombre de mi amigo William

Stephen al escuchar el nombre, frunció el seño. Cecil notó la reacción de su hermano logrando que se molestara ella con él.

-¿Qué?

-Cecil…creo que es mejor que no entables ninguna relación con él.-Pronuncio con un poco de delicadeza, para que Cecil no lo tomara mal.

-¿Por qué?

-Si, Pheobe. ¿Por qué?-Preguntó el cantante, sospechando la respuesta.

-Él, bueno… tu amigo William, es hijo de tu padre.

Silencio total. Nadie mencionó nada y al mismo tiempo cada uno pensaba algo. Helga entendió lo cerca que pudo estar de nuevo frente a Arnold.

-Pero… pero…

-Cecil, entiende-Dijo Stephen

-¡No! ¡No entiendo! ¿Por qué no puedo ser su amiga? Que tengamos el mismo padre no nos hace enemigos, y ni eso… ¡Terry no es un Shortman! ¡El es un Hartwick!- Explotó mientras se levantaba de la mesa- Y para que lo sepan, ¡Yo no quiero un tonto hurón! ¡Quiero una Geochelone Sulcata!- Y se fue directo a su habitación, dejando a los demás sin saber cómo reaccionar.

-Pheobe… ¿Es necesario? Ellos no tienen la culpa.

-No, no lo es. Pero aun debemos esperar a que Arnold contacte conmigo.

-Y Pheobe…

-¿Si, Helga?

-¿Qué es una Geoche…?

-¿Geochelone Sulcata?

-¿Sí?

-Es una tortuga, Helga. Es una tortuga africana, y la tercera más grande del mundo…