Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-Capítulo 13-
Al parecer Jasper no conocía a James tanto como creía, pues aquella noche no me llamó. No obstante, y después de mucho pensármelo, decidí hacerlo yo. Me sabía mal que James se hubiera marchado de casa tan enfadado, y temía que aquella situación afectara a su futuro trabajo en Memphis, así que después de cenar marqué su número de móvil dispuesta a ablandar su mal humor. Cuando descolgó el teléfono no contestó; sólo escuché una risita aguda a través de la línea:
– ¿James? –pregunté, extrañada.
Volví a escuchar aquella risita y supuse que me había equivocado. Aún así, mantuve el teléfono pegado a mi oreja, por si acaso.
– ¿Hola? –pregunté de nuevo.
– ¿Quién le busca? James… –sonaba como una mujer, así que apreté el teléfono con fuerza contra mi oreja cuando la oí reírse de nuevo. –James no se puede poner ahora…
De pronto escuché la voz de mi marido, pero no era él el que tenía el teléfono.
–No, no, ¡dame el móvil! ¡Mierda!
De nuevo aquella risita tonta que había comenzado a exasperarme.
– ¿James?
–James no se va a poner, tiene otras cosas mejores que hacer.
No podía creer lo que estaba oyendo. Entonces percibí el sonido de movimiento y unas voces que discutían, aunque no fui capaz de comprender lo que decían.
– ¿Alice? ¿Nena? Lo siento, yo… –ése sí que era James, pero ahora era yo la que no quería escucharle.
–No quería interrumpirte, sigue con lo que estabas haciendo –me limité a colgar sin dejar que se explicara, y permanecí sentada en el sofá, observando atentamente nada en concreto.
El teléfono volvió a sonar varias veces más, pero lo ignoré totalmente, lo puse en silencio y lo dejé sobre la mesa. Jasper apareció por la puerta del salón y me miró detenidamente, con la interrogación marcada en sus facciones.
– ¿Has llamado a James?
–Sí.
–Y… ¿habéis arreglado las cosas?
Lo miré fijamente, y al final le pregunté lo que había estado rondándome por la cabeza toda la tarde:
– ¿Realmente crees lo que me has dicho esta mañana?
– ¿A qué te refieres? –inquirió Jasper con el ceño fruncido.
–Esta mañana me has dicho que James está loco por mí y que me valora más de lo que creo. ¿Me lo has dicho porque él te lo confesó, o lo has hecho para animarme?
Permaneció en silencio varios segundos, sin dejar de mirarme.
–Por nada de eso –se sentó a mi lado en el sofá. –Te lo he dicho porque es lo que yo he visto en estos últimos días. Y sobretodo porque opino que cualquier hombre tendría que estar ciego para no estar loco por ti.
Su última frase me hizo sonreír a pesar de lo triste de la situación, y negué lentamente con la cabeza.
–En ese caso, James está ciego.
– ¿Por qué lo dices?
Me mordí el labio sin saber si debía o no contarle a Jasper lo que acababa de ocurrir. Finalmente me dije a mí misma que él no me juzgaría, que simplemente me escucharía y me aconsejaría lo mejor que pudiera.
–James está con una mujer.
– ¿Qué?
–Acabo de llamarle. Ha respondido una mujer, y él estaba con ella.
Los ojos de Jasper se abrieron de par en par, pero su rostro estupefacto no duró demasiado.
–Tal vez se trataba de la mujer del servicio de habitaciones.
–He llamado a su móvil, Jasper. No era la camarera.
Le expliqué en resumidas cuentas nuestra "conversación", y me sorprendí cuando no sucumbí a las lágrimas. Me sentía muy serena, en realidad.
–Tiene que haber una explicación para todo esto… –insistió Jasper sin creérselo.
–A ver, explícame el: "James no se va a poner, tiene otras cosas mejores que hacer."
Jasper me observó en silencio.
–No sé qué decirte, Alice. No logro comprenderlo.
Me encogí de hombros y cerré los ojos cuando éstos se llenaron de traicioneras lágrimas.
– ¿Tienes mucho sueño? –me limité a preguntarle con la voz entrecortada, y me mordí el labio cuando Jasper negó con la cabeza. – ¿Quieres… quedarte a hablar conmigo?
Me sentía estúpida y ridícula, pues la serenidad de la que me había vanagloriado anteriormente acababa de hacerse pedazos.
–Claro que sí –se deslizó por el sofá hasta que pudo rodearme con su brazo, y yo me limité a apoyar mi cabeza en su hombro, dejándome abrazar y consolar.
– ¿Qué se supone que tengo que hacer ahora? ¿Fingir que no ha ocurrido nada?
Sentí que Jasper negaba lentamente con la cabeza para después responder verbalmente:
–No lo sé, Alice. No soy el más indicado para responderte a eso.
–Pero… ¿tú qué harías si fueras yo? –pregunté de nuevo, sorbiendo por la nariz y parpadeando para hacer desaparecer las lágrimas.
–Supongo que hablaría con él. Le pediría explicaciones –me secó las lágrimas con la mano con la que no me estaba rodeando los hombros, pero no sirvió de mucho. –No mereces que te engañen, Alice, y menos por otra mujer.
Aquella respuesta no me ayudó demasiado, por lo que me eché a llorar sin más remedio, sintiéndome patética y humillada.
–Alice… no te puedo decir qué haría si fuera tú, pero sé exactamente lo que haría si fuera James.
Miré a Jasper con expectación, deseando conocer cómo continuaba aquella frase.
– ¿Qué harías?
–No te engañaría jamás. Me sentiría el hombre más feliz del mundo por estar casado contigo y por tenerte a mi lado cada día.
Agaché la cabeza, pues sentía que me ardían las mejillas y no estaba segura de si era a causa de mis lágrimas o de sus palabras.
–Pero tú no eres James.
Mis palabras consiguieron desanimarle porque asintió lentamente, con resignación y sin mirarme.
–Lo sé –me sobresalté cuando se separó de mí de repente y se puso en pie. – ¿Tienes whisky?
Aquella pregunta me tomó desprevenida.
–Eh… sí, en el mueble-bar de allí –respondí, mostrándole el mueble al que me estaba refiriendo. – ¿Para qué lo quieres?
No me respondió hasta que sacó el whisky y dos vasos, y volvió a sentarse a mi lado en el sofá.
–Me temo que hoy es una de esas noches en las que podemos permitirnos emborracharnos. ¿Qué me dices?
Lo observé con una ceja alzada, tremendamente sorprendida. A pesar de que agradecía su buena voluntad, o sus ganas de emborracharse conmigo, hacía tres años que me había prometido a mí misma que jamás volvería a emborracharme. Y hasta el momento había cumplido.
–No, gracias. Desde aquella noche… –supuse que ya sabía a qué me estaba refiriendo. –No he vuelto a beber tanto, y no voy a hacerlo hoy.
– ¿No pensarás que quiero aprovecharme de ti, verdad?
Aquella pregunta consiguió hacerme reír.
–Espero que ésa no sea tu intención. Aún así, te lo agradezco mucho, pero no quiero emborracharme.
–Bueno, pues nos olvidamos de emborracharnos. Pero no te negarás a tomar una copa conmigo, ¿o sí?
Quise decirle que, después de la última vez que había bebido y él había estado cerca habíamos pasado tres años sin vernos, pero me contuve. Jasper sólo quería hacerme aquella situación más llevadera.
–Sólo una copa.
–Conforme –llenó los dos vasos con tres dedos de whisky y me ofreció uno a mí. – ¿Quieres brindar?
–No estamos celebrando nada –repuse. –Se supone que me estás consolando, ¿no?
–Ah, sí, es verdad.
Negué con la cabeza y le di un sorbito al vaso que tenía entre las manos, arrugando la nariz después.
–Creo que acabaré como una cuba si me tomo la mitad de esto.
–No seas exagerada. Pero en fin, no me distraigas, que tengo que consolarte –se sentó muy recto en el sofá, bebió un buen sorbo de su whisky y carraspeó, adoptando una seriedad que consiguió hacerme reír. –James es un cerdo, no te merece y, sinceramente, creo que estarías mejor conmigo.
Volví a beber un trago de mi vaso escondiendo una sonrisa tras el cristal, pero después me envalentoné.
–Así que estaría mejor contigo. ¿Eso crees? –le pregunté con vanidad.
–Obviamente. Yo siempre te he entendido mucho mejor que él. Yo siempre fui tu mejor amigo, él sólo era un conocido.
– ¿Y cómo estás tan seguro de eso?
–Porque siempre me lo decías, y porque se veía a millas que me preferías a mí antes que a James.
Rodé los ojos ante su falta de modestia, pero me estaba divirtiendo con aquella conversación tan extraña.
–Y… ¿por qué más opinas tú que estaría mejor contigo?
Fingió pensárselo durante algunos segundos.
–Porque te mimaría como él no lo hace, te llevaría a bailar cada vez que me lo pidieras, y dejaría que hicieses conmigo lo que se te antojara.
Fruncí el ceño.
–En ese caso serías un calzonazos y no me interesarías –apunté con una risita.
– ¿O sea que preferirías ser una esposa sometida a su marido?
–No, no lo preferiría, pero… –me lo pensé brevemente. –Me gustaría que ambos estuviésemos en igualdad de condiciones.
–En ese caso, si estuvieras casada conmigo, estaríamos en igualdad de condiciones. Y a estas alturas ya tendríamos un hijo y estarías embarazada del segundo.
Abrí los ojos desmesuradamente a pesar de que no pude evitar reírme a carcajada limpia.
– ¿Ya estaría embarazada del segundo? Pues sí que tienes prisa, ¿no?
–No, lo que ocurriría es que no podría mantener las manos alejadas de ti ni un segundo, y claro… seguramente tendríamos algún desliz.
Negué lentamente con la cabeza sin dejar de sonreír.
–Demasiado seguro estás de ti mismo.
Se encogió de hombros despreocupadamente.
–Por eso estarías tan locamente enamorada de mí.
–Claro, claro. Pero ya que estamos hablando de eso, ¿por qué estarías tú tan locamente enamorado de mí?
–Esa ni tengo que pensármela –me aseguró con los ojos brillantes. –Porque eres la mujer más maravillosa que he conocido en la vida, porque jamás nadie ha conseguido entenderme como tú lo hacías, y porque sin ti mi vida dejaría de tener sentido.
No pasé por alto que en vez de hablar en pasado habló en presente, pero asumí que aquél había sido un fallo suyo. No obstante, en realidad, lo que no quería era crearme falsas esperanzas respecto a sus palabras.
–Me temo que… no hablas de mí –agaché la cabeza, azorada, sujetando con fuerza mi vaso de whisky.
– ¿Por qué?
–Porque… no soy maravillosa en absoluto, porque seguramente muchas personas consiguieron comprenderte mejor que yo, y porque hemos pasado años separados.
Me percaté de que ya habíamos dejado de bromear, pero me dio absolutamente igual.
–Y en esos tres años mi vida no tuvo ningún sentido –aclaró, hablando con seriedad. –Cuando te marchaste de Dallas pensé que me volvería loco. Quería hablar contigo, contarte cosas, y llegó un momento en el que estuve seguro de que jamás volvería a verte. Te aseguro que se me vino el mundo encima. Y… cuando murió mi madre… te necesité más que nunca.
Alcé la cabeza lentamente cuando sacó aquel tema a colación y lo observé en silencio, a la espera de que prosiguiera.
–Necesité abrazarte y sentir que no estaba solo. Quise llamarte, e incluso llegué a marcar tu número, pero me acobardé en el último momento. Pensé que no sabría qué decirte ni cómo pedirte perdón, pues ya sabía que no querrías hablar conmigo. Fueron los peores años de mi vida, Alice. –negó con la cabeza. –Lo último que pretendo es darte lástima, pero quería que lo supieras.
Los ojos se me habían llenado de lágrimas de nuevo, pero éstas no tenían nada que ver con James. Él había pasado a un segundo plano.
–Jamás quise que te sintieras así –murmuré entrecortadamente. –Yo estaba… enfadada y dolida. Sobretodo dolida, pues estaba segura de que aquella noche había sido sólo un juego para ti.
–Sabes que no lo fue.
–Sí, lo sé ahora. Pero no hace tres años.
Jasper suspiró y se terminó de un trago el whisky que le quedaba en el vaso.
–Supongo que ambos nos equivocamos.
–Sí –dejé mi vaso medio lleno sobre la mesita que tenía delante y me deslicé por el sofá hasta que pude colocar mi mano sobre la mejilla de Jasper sin tener que estirar el brazo. –Sabes que ahora no debemos pensar en lo que habría ocurrido si tú no te hubieras marchado aquella mañana o si yo me hubiese atrevido a declararme antes, ¿verdad?
–Lo sé. Pero no puedo evitarlo. No he podido evitar hacerlo en estos últimos tres años –cerró los ojos y dejó que le acariciara la mejilla.
En ese instante coloqué también mi otra mano en su rostro y lo obligué a mirarme.
–Yo tampoco –confesé contemplando atentamente sus ojos, que resplandecieron al encontrarse con los míos.
Al segundo siguiente clavó su mirada en mis labios, pero la desvió con rapidez, como si temiera mi reacción, haciéndome sonreír levemente. Entonces, y sabiendo que no debía hacerlo, acerqué mi rostro al suyo hasta que nuestros labios se rozaron, y fue entonces cuando sentí que el corazón me iba a estallar dentro del pecho. Jasper me rodeó con sus brazos, abrazándome, y me besó con más ganas, dejándome claro que no estaba dispuesto a perderme de nuevo.
¡AL FIN! Lo que han tardado en hablar de lo que realmente importaba, ¿verdad? Bueno, ya han atravesado una barrera... ¿Atravesarán alguna más, ya que están puestos? ¿O por el contrario se detendrán y seguirán como hasta ahora? Lo sabréis en el siguiente capítulo (aunque acepto opiniones, ya lo sabéis :D) Ah, y ya que estamos, olvidaos de James por un rato (he de felicitar a las chicas que acertaron con lo de la amante ;P Qué buen ojo tenéis, no dejáis de sorprenderme)
Espero que os haya gustado el capítulo de hoy (y que no os enfadéis con ellos, ya os dije que no pueden evitarlo xD) ¿Nos leemos en el siguiente?
¡Hasta pronto! Xo
