Capítulo 8: La vida sigue, el corazón se detiene

Parte 2

Esa noche la estación estaba llena de gente que deseaba volver a Londres, era inusual ver tanta gente, la vida era tranquila en Escocia, no había prisas, no había problemas que no fueran a resolverse.

Esa tarde pudo estar colmada de pasión, pero él quería hacerla especial, compartir su lecho con ella como su esposo, en una ocasión le había prometido ser un caballero y esa promesa seguía latente. Aun así se la pasaron besándose. Terry quería que ella volviera pronto a Nueva York, tenía que comprar una casa, porque su departamento, con sus inquilinos (deseados aunque innecesarios), no era una opción viable. No quería forzarla a vivir lejos de su familia, pero su carrera estaba en aquella ciudad y no podía cambiar su residencia así como así, pero eso era algo de lo que tendrían tiempo para discutir.

Un fuerte dolor se clavó en el pecho de ambos mientras él acariciaba el pecoso rostro, pensó que se veía hermosa, chupando sus labios y torciendo un poco la boca señal de que algo le preocupaba. El mismo se mordía los labios tratando de tragarse las palabras que sabía no debía decir.

- Candy – pero a veces la razón no le gana al corazón – no quiero dejarte, quiero quedarme contigo – su voz estaba cargada con tanta angustia que logró que la rubia se preocupara por él.

- Pronto estaremos juntos para siempre, Terry – prometió ella, besando sus labios, infundiéndole confianza, pero no por eso dejaba de sentir un pinchazo de miedo.

- Nos hemos separado muchas veces, Candy, eso me aterra porque siempre que lo hacemos mi corazón siente que no volverá a verte, que será la última vez que estaremos juntos.

Candy suspiró y le sonrió a medias, sin saber qué decir. Él estaba expresando lo que ella sentía, que su amor estaba destinado a fracasar, pero tenían que mantenerse positivos y confiar que todo estaría bien, que nada ni nadie podría separarlos.

A Candy le hubiera encantado que él se quedará, que esperará un poco más, pero no podía hacerle eso a su carrera y además las cosas con Albert no eran las más adecuadas, era consciente de la preocupación de Tom y su desconfianza por el patriarca de la familia Andley. Quiso convencerse de que sería otra prueba, una más y que sin problema la superarían para poder estar juntos finalmente, sin el temor de una nueva separación.

- Terry, no será así, nada podrá separarnos, hemos superado muchas pruebas, es tiempo de disfrutarnos, de pensar en el futuro, juntos.

- ¿Lo crees en verdad?

- Con todo mi ser, Terry, no te preocupes, regresaré a Nueva York para casarnos, en cuanto pise tierra seré tuya y tú serás mío para siempre.

El silbato del tren sonó, traicionero y celoso, invitando a los últimos pasajeros a abordar.

- Te amo, Terry.

- Yo también, Candy.

Se fundieron en un abrazo, desesperado por saciar las ansias de la cercanía, disipando los temores. Él la beso apasionadamente antes de abordar y con una última mirada se dijeron adiós.

Candy se quedó en la plataforma, viendo partir al hombre que amaba, el tren pronto se convirtió en un punto negro en el horizonte dejando una estela de humo. Se retiró cuando ya no pudo ver nada con el corazón latiéndole a mil por hora.

/O.o/

Nada podrá separarnos le había dicho Candy, quería creerle, tenía que forzarse a hacerlo con todas sus fuerzas, pero lo cierto era que él sentía que aquel sería un largo adiós.

/o.O/

Candy volvió a la mansión y atendió a Albert casi con movimientos mecánicos. Su amigo, su hermano, su protector, de nueva cuenta se convertía en su verdugo, ella esperaba que como lo hiciera antes, él no obrara apropósito.

El espejo de la habitación del patriarca Andley reflejaba su semblante, él se miró con exagerada atención, reconociendo que no era el mismo de antes y que quizá nunca más lo sería. Desde que tomará el control de la familia y los negocios había cambiado tanto, le costó mucho tiempo mirarse al espejo y poder reconocerse a sí mismo en el individuo que le regala una enigmática mirada. Ya no podía reconocer sus metas de antaño, cuándo se volvió más importante cerrar aquel negocio y no presenciar un hermoso atardecer con Pupe en el hombro. Por qué dejo sus sueños de libertad por una jaula de oro. Tenía el peso del mundo sobre los hombros y quería, anhelaba, con quién compartirlo, pensó que Candy sería su compañera. La persona que haría más llevadera la responsabilidad que le estaba destinada desde antes de nacer, pero ella parecía haber renunciado a sus sueños mucho tiempo antes que él. La amaba, era fácil hacerlo, incluso él que sabía no debía verla de esa manera, no pudo evitar caer ante su encanto, pero era un encanto ficticio, él amaba el recuerdo de una niña pecosa que podía dar todo a cambio de no recibir nada por los que amaba. Esa jovencita capaz de renunciar a un apellido que le habría abierto las puertas de todo menos de un hogar y una cálida tarde trepada en el árbol de la colina de Pony. Pero de pronto, esa Candy, esa chiquilla que pensó no volvería a resurgir, estaba frente a él, más madura, más hermosa, y ese sentimiento brotó en su interior como un veneno que se volvió obsesión. Amaba a Stella, no tenía duda de eso, pero lo que sentía por Candy era algo más, no sabía definir si mejor o peor, pero quería llegar a las últimas consecuencias.

Pero ella amaba a otro, su corazón olvidó lo que sentía por él, ella había intentado ocultarlo, pero cualquier niño de tres años disimulaba mejor que ella. ¿Cómo pudo Thomas Stevenson conquistar a Candy? Sabía que tenían un vínculo, pero no pensó que esa amistad de años se volvería amor, aunque ¿acaso no le había pasado lo mismo a él? Muchas veces estuvo a punto de liarse a golpes con Tom por ser el dueño de la presencia y amor de Candy. ¡Dios, cuánto tuvo que contenerse para no enfrentarlo! Y eso que tuvo infinidad de oportunidades.

- William, William – sólo le llamaba así mismo así cuando se reprendía - ¿estás seguro de lo que vas a hacer? – lo meditó y en ningún momento apartó la mirada del espejo – No sé, no sé, no sé.

Sí seguía adelante y sus planes no salían al pie de la letra corría el riesgo de perderla para siempre. Incluso el doctor Seseman le habían brindado la oportunidad de retractarse. ¿Qué lo movía? ¿Forzarla a casarse con él podría devolverle su amor? Quería creer que sí, debía hacerlo, con todas sus fuerzas o de lo contrario no tendría el valor para seguir adelante. Sólo con ella a su lado podría vivir en paz, no feliz, no enamorado, solo en paz. Aquella revelación le causo la mayor conmoción de su vida. ¿Cómo había ocurrido? ¿En qué momento él importaba más que ella? Mirando atrás, era incapaz de decir cuál fue el momento, el lugar o el acontecimiento que había desencadenado esa enfermiza obsesión.

Cerró los ojos para no ver los de su reflejo, su juez y verdugo. Sería el victimario de Candy y no había vuelto atrás.

Lo único que separaba a Albert para alcanzar su meta era que ella ignoraba lo que él sabía y el control que aún tenía sobre ella. El rubio podía seguir confiando en que el corazón bondadoso de Candy era su mayor debilidad, era demasiado buena para sospechar lo que él pretendía. Supo que tarde o temprano su resistencia cedería, y cuando eso ocurriera, él se aprovecharía.

Dos semanas abandonaron las vidas de los habitantes de aquella mansión, Albert estaba seguro que Tom y los demás habían tocado suelo para ese entonces. Era momento de actuar.

Candy estaba a su lado, leyendo mientras el doctor Seseman llegaba, había tenido un episodio de convulsiones provocadas por una droga que le suministraba el innoble galeno, estaban probando la dosis correcta. Él le echo una mirada furtiva a Candy, ni su cara, ni su postura revelaban lo que estaba pensando. De pronto sintió que ella era un enigma.

- Candy – se atrevió a decir con voz ronca.

- No te esfuerces, Albert – se aproximó y le ofreció un vaso con agua, en sus ojos se veía la preocupación por su amigo. Aunque en esas dos semanas pareció más real la muralla que se había construido entre ellos, las conversaciones parecían ensayadas y mecánicas, aquella naturalidad que se dio cuando eran más jóvenes simplemente se había esfumado.

- Necesito pedirte… un favor – hablo pausadamente, tomando una de las delicadas manos – es sobre el futuro de nuestra familia – no sabía si ella lo comprendería, después de todo el ámbito empresarial no era del todo su fuerte, así que trato de ser simple - ¿Sabes que el consorcio Andley está dividido? - ella asintió – Mi abuelo fundó la primer empresa y mi padre se encargó de expandirla, pero para ello requirió los fideicomisos de mis hermanas y de la tía abuela Elroy. Por eso ellas, o mejor dicho, sus esposos tiene participación en el consejo – Candy escuchó con atención, no lo graba entender por qué le hablaba sobre ese tema tan particular – Mi padre y Elroy tenían el mayor porcentaje entre ambos y siempre estaban de acuerdo, pero cuando ella se casó y adoptó a Sarah como su hija le cedió una participación, con la muerte de mi tía abuela, los Leagan están seguros de que el porcentaje restante será de ellos.

- Pero Elisa y Neil no buscan perjudicar a la familia, seguro son rumores – Tom ya le había comentado algo al respecto, pero estaba seguro de que eran solo chismes.

- Ellos no, pero Sarah está obsesionada con tener ese porcentaje, ha forzado a Raymond a hablar con los familiares que tienen la menor participación para que se las ceda, si Elroy les dejo su parte ellos poseerán el mismo porcentaje mayoritario que yo.

- ¿Y eso qué? Tú aún tienes el apoyo de los Brown, los Cornwell y el mío, si es necesario puedo cedértelo.

- No, Candy, no es debido a eso – sonrió de medio lado – no estoy seguro de poder salir de esto, siento que voy a morir.

- ¡No digas eso por favor, Albert! – pidió, con lágrimas a punto de desbordarse y con la voz temblorosa.

- Es una posibilidad, Candy. Por favor déjame continuar – pidió, suplicante – Cuando salíamos, Eloy y George me pidieron hacer un testamento, tú como mi esposa y no como mi hija, serías mi heredera universal, pero debido a innumerables ocupaciones, jamás pude cambiar ese testamento – lo cual ahora agradeció – y si muero y tú y yo no estamos casados, mi porcentaje en el consejo pasará al miembro que tenga más participación, los Leagan poseen 5% pero al fusionarse con los minoristas asciende a 15% y si Eloy les dejo su 15 ellos sumarán el mismo porcentaje que yo y si yo muero sin herederos (porque recordemos que legalmente ya no eres mi hija) y sin casarme ellos ostentarían el 60% del poder de decisión del consorcio.

- Pero, ¿no puedes hacer un nuevo testamento? – Candy se devanaba los sesos pensando en otra alternativa, poco a poco iba aclarándose lo que Albert necesitaba de ella.

- En mi estado la familia podría revocarlo, alegarán que no estoy en condiciones físicas y la medicina pudo alterar mi juicio, incluso te podrían culpar de ello y despojarte de tu porcentaje.

- Albert… - suspiró y cerró los ojos - ¿qué me quieres pedir?

- Candy, por favor, estoy muriendo, el futuro de la familia Andley pende de un hilo, necesito… - se interrumpió, no quería sonar tan desesperado – sabes que no te lo pediría si no fuera necesario, pero por favor, Candy – beso sus manos – cásate conmigo – demasiado sorprendida ante la pregunta que semanas atrás otro caballero le había hecho, se quedó muda - Yo aún te amo. Nunca deje de hacerlo.

En ese momento el doctor Seseman entró a la habitación y sin pensarlo, salió sin hacer ruido, miró hacia atrás y vio que Albert la veía. Camino lo más tranquila que pudo hasta llegar a las escaleras y entonces echo a correr.

/o.O/

Darien estaba sentado en el pequeño comedor que fungía como oficina, su padre les había dejado todo a partes iguales, Darius dijo que él no quería nada, pero el mayor de los hermanos, más responsable y prudente, le sugirió que al menos aceptará un departamento decente donde vivir y dejará de incomodar a su amigo Terrence. A regañadientes el de cabello largo había aceptado y de esa manera estuvieron de acuerdo en vender la casa de su padre, que si bien estaba en una zona media, el terreno era enorme y muchas empresas de bienes raíces que se estaban expandiendo habían hecho ofertas tentadoras, pero él, analítico como era, estaba estudiándolas todas para elegir la mejor.

En el sillón que estaba a pocos metros de él, Karen y Darius tenían una pequeña fiesta de despedida, en un par de días saldrían de gira por todo el país y eso los tenía eufóricos. Darien pensó que si se administraba al regreso de su hermano podría darle las llaves de un modesto departamento para que viviera con la castaña, que contrario a lo que pensó, le había agradado mucho, entendía por qué su hermano se había enamorado de ella.

- Eres un idiota – le dijo Darius, él siguió leyendo sus informes.

- ¿Ah, si? Deberías brindar por mí – ni siquiera le dirigió una mirada.

- Brindo porque sigas siendo un idiota – Karen soltó una risita, estaba totalmente ebria, ¿cuántas copas llevaban? En el suelo se veían los cadáveres vacíos de 2 botellas y una que estaba a punto de hacerles compañía descansaba en la mesa de centro de la pequeña sala de estar – Salir con la Marlowe, ¿qué clase de traidor eres?

- ¿Traidor? – siguió la conversación aún sin mirarlos.

- Debería romperte esta botella en la cabeza, has deshonrado este departamento y a su dueño – lo amenazó Darius tomando la botella y derramando un poco de vino en la alfombra.

- Ah, claro, ustedes… ustedes… fornican – y por primera vez los miro a los ojos, ligeramente avergonzado – en cada rincón de este departamento y ¿yo soy el traidor?

- Pero es su exnovia, debemos estar todos en contra de ella – participó Karen en la riña.

- Yo no conozco a Terrence y soy lo bastante mayor para hacer de mi vida lo que me plazca – sentenció, harto de aquello.

- Bueno, eres un vejestorio de 24 años, me extrañaría que no te tragaras algo, aunque tenga que ser la Marlowe – Darien le propinó un golpe a su hermano, defendiendo el honor de su novia ante ese comentario tan mordaz.

- Ya déjalo.

- Escúchenme porque es la última vez que lo diga, Susana es hermosa por dentro y por fuera, él canceló el compromiso y ella tiene el mismo derecho de salir con quien le dé la gana.

- En eso tienes razón – concedió Karen – pero no olvides que te lo advertimos, espera a ver lo que la muñeca de aparador hace cuando le digas que Terry llega hoy.

Darien la miró con los ojos entrecerrados, pesé a la borrachera y las intensas ganas de vomitar todo el alcohol que llevaba dentro, ella le sostuvo la mirada.

Terry llegó a su departamento, cansado pero con el corazón latiéndole a mil por hora, desde que la dejara, debatiéndose entre la incertidumbre y la felicidad.

En su sala de estar se encontró con una escena, que no le agrado, se paró frente a la pareja de irresponsables que tenía por amigos e ignoro al sujeto que miraba a Karen como si quisiera que callera muerta en ese momento.

- ¿Qué están haciendo? – preguntó mirando severamente las botellas vacías en su inmaculado piso de madera y las manchas en su suave y costosa alfombra.

- Bebiendo – respondió Darius alargando la última letra y sacando la lengua, Terry reprimió una carcajada y los miro uno y después al otro con seriedad.

En ese momento, Darien regreso a su trabajo en el comedor.

- Hermano – nuevamente alargando la última letra.

- Déjame en paz, ya nos dijimos todo lo que teníamos que decirnos sobre ESE tema. Y por cierto – se levantó de nueva cuenta y fue hacía Terry - soy Darien…

- Hermano de Darius, sí él me hablo de ti.

- ¿Cuándo? – preguntaron al unísono los borrachos.

- En otra celebración – puso las manos como si fueran comillas – hablas de más cuando bebes – le advirtió y Karen le empinó una botella casi ahogándolo.

- ¡Oye! – se quejó, tosiendo.

- Debemos sacarle todo lo que posamos – y aquella risa terminó en una tos que Karen terminó en el baño con arcadas. Darius, muy solícito le sostuvo el cabello a su novia, que muchas tantas veces había demostrado que no sabía beber.

Darien y Terry se quedaron solos e incómodos, Terry deseaba desahogar un poco el malestar que lo aquejaba desde que se fuera de Escocia.

- ¿Qué haces? – fingió un poco de interés en los archivos de Darius y tomo la foto de una casa. Aquella imagen lo dejo sin habla, con tres plantas era una morada muy al estilo de las casas sureñas de Estados Unidos, pintada toda de blanco con enredaderas verdes subiendo por los muros. En la entrada tiene algunos escalones que conducen al porche, la puerta de madera es imponente, las ventanas son altas y cuadradas, sin balcones, sin terrazas altas, y esta bordeada por un jardín lleno de flores, especialmente rosas rojas y blancas.

- Intentó vender la casa de mi padre – Darius le muestra otras fotografías del interior al notar el genuino interés de su interlocutor.

Viendo las fotos del interior se nota que la casa se iluminaba perfectamente por las muchas ventanas de la planta baja. Tenía un recibidor para las visitas con muebles de madera de cedro, del lado izquierdo había un largo pasillo que conducía al comedor y casi a lado de la puerta unas imponentes escaleras que conducían a la siguiente planta.

- ¿Tienes muchas ofertas? – se interesó en los documentos de Darien, pero no los toco.

- Tres, ¿quieres hacer una?

- Es probable, siempre que el precio sea justo.

- Anota tu propuesta – le tendió pluma y papel. El castaño hizo cuentas un momento, no era pobre, pero tampoco tenía las riquezas y abundancia de cuando vivía bajo la tutela de su padre, calculó mentalmente el presupuesto que debía considerar para las mejoras que la casa requiriera y la mudanza, así como la compra de los muebles. En esa inversión sin duda la mitad de sus ahorros se vería afectada, pero la cara de sorpresa de Candy cuando la llevará ahí lo hizo sonreír y puso la cantidad que considero apropiada.

- Espero ganar la contienda – le dio el papel y el de ojos grises miró con satisfacción la cantidad.

- Es la mejor oferta que he recibido, si tienes tiempo, podemos empezar los tramites el próximo lunes.

- De acuerdo, llamaré a mi abogado para que agilice los trámites.

Los caballeros se tendieron la mano, aunque no se conocían, sintieron una conexión agradable y supieron casi de inmediato que sus vidas estarían enlazadas por mucho tiempo, aunque los dos esperaron que para bien.

Darien se disculpó media hora más tarde, cuando los dos fiesteros regresaron a la sala para saber los pormenores del viaje de Terry, sintió que no era bienvenido a escucharla y salió, tenía una cita y una muy importante.

Terry tomó una de las botellas nuevas y bebió de ella, no resistió más y le contó a aquello dos desvergonzados que consideraba sus mejores amigos lo que le pasaba, sus esperanzas y ese terrible presentimiento que lo azotaba desde que partiera de Escocia.

- Tengo miedo de que algo malo pase, era obvio para todos la forma en que Albert influye en ella, la forma en que la mira – bebió un trago más.

- Pero Candy te ama – Karen y Terry miraron a Darius con genuina sorpresa.

- Al parecer borracho sí recuerda los nombres – sugirió la castaña, arrastrando un poco las palabras, por el malestar de la bebida.

- Me siento un poco perdido, aunque sé que me ama, también sé que no estamos juntos y eso me hace pensar un sinfín de escenarios para esta historia. No sé qué hacer.

- No se puede hacer mucho – Karen lo abrazó por la espalda – solo seguir a tu corazón y esperar lo mejor. Confía en ella. Amar siempre dará miedo y eso puede confundirnos y no dejarnos pensar, pero no te preocupes, el amor, cuando es verdadero, se dará a entender y borrara las inseguridades.

- Es cierto - interrumpió Darius, uniéndose al abrazo detrás de Karen – todo tiene un tiempo y un lugar. No te rindas. Si están destinados a estar juntos nada, absolutamente nada podrá separarlos.

/o.O/

Candy espero 2 horas en el teléfono, aunque habían pasado más de 20 años desde que se estableciera la primera llamada transatlántica, el servicio no había mejorado del todo, a veces se cortaba la conversación, pero necesitaba a Tom, necesitaba su consejo.

- Tom, ¿me escuchas?

- Entre…tado, Candy, ¿qué p…sa?

- T…m, es Alb…t …sta muy grave aun, cr…e q… no podrá sobre…ir. Pero te llam… por otra razón. ¿Pue… …plicarme la cláusula sobre el grupo que ostenta la may… partici…ón en el consejo si no se de… testamento?

- Es com…do, es obligatorio que el patriarca, o sea, … tenga hecho su testamento.

- ¿Pero y si quiere cam…lo debido a …s circuns…?

- Debió prever eso, sino es una irres...bilidad de su parte.

- Si está muriendo – y la pecosa trago en seco aterrada ante la posibilidad - ¿sería vali…o?

- No, la fam…a podr… …carlo – justo como había dicho Albert.

- ¿Entonces Sa… y …mond Leagan podrían tomar el control de … …sa?

- Di…te de la empresa?

- Sí

- Solo si de verdad tu…eran el por...ta… más alto, pero … … ...bable, ¿Candy, qué …a?

- Nada, me …eocupa un po…

- Ok, pero no hagas l…ras, no te de…s mani…r. Si sientes que me n…sitas estaré ah...

- Gra…s Tom

Y colgó, habían pasado 2 días desde que Albert le dijera aquello, no lo había visto, no se sentía con el valor de enfrentarlo después de escuchar que aún la amaba. Pensar que él la amaba y ella no podía corresponderle, ya no. Era la segunda propuesta que le hacía, Candy no se había negado a ninguna, pero tampoco podía negarse que su amor estaba ocupado por Terry y solo por él y aunque se forzará a cambiar sus sentimientos estaba segura que no volvería a amar a Albert de la forma en que lo había hecho en el pasado, no sería honorable. Porque por él sentía cariño, pero ese amor apasionado y autentico que sentía por Terry no lo podría sentir jamás por el rubio. Simplemente en el corazón es imposible mandar. Él debía saberlo, después de todo esa fue la razón por la que terminó con ella.

Sabía que había cosas que ya no podía esconderle a Albert y ese día hablaría con él, aclararía la situación, sin importar lo que pasará. Sin embargo, toda su determinación se vino abajo con la recaída de Albert de la cual no despertó de inmediato como había sucedido otras veces.

Albert despertaba de un sueño y se sumergía en otro. Candy se cernía sobre él, sus rizos dorados cayendo sobre su rostro. Parecía ingrávida, casi como él.

- Candy, ¿has pensado en mi propuesta?

- Descansa, Albert – dijo la rubia – no es necesario que pienses en eso ahora.

- Es en lo único que puedo pensar – sus ojos se cerraron y entró en otro sueño. Albert había llegado muy lejos, según las palabras de Seseman, durante 2 semanas habían probado diferente dosis de la droga que lo ponía así, y ese día, ante el alejamiento de la rubia se arriesgaron a usar una cantidad más alta, quería terminar con eso de una buena vez y si tenía que poner su vida en peligro para logarlo, lo haría, confió en que su cómplice no lo matara y rogo por poder despertar de nuevo.

- Entra y sale del delirio – aclaró el doctor Seseman. Albert yacía en su cama con Candy a la derecha y el matasanos ocupando la izquierda.

- Se le ve tranquilo – comentó la rubia – como si sólo estuviera durmiendo. ¿Cuánto tiempo estará así? - El médico meneó la cabeza – Días si es afortunado. Sino… debemos prepararnos para lo peor… - guardaron silencio por un rato - Debería ir a descansar, señorita Andley – sugirió el doctor, anteponiéndose a lo que sucedería en cualquier momento. Después de eso, vendría un la espuma, otro desmayo más largo que los anteriores y después una "milagrosa" recuperación, pero el rubio le había pedido que le suministrar más droga si era necesario, hasta que Candy dijera sí a su propuesta, pero ella no había abandonado la habitación en ningún momento.

- Cada que despierta, le reconforta verme.

- De acuerdo – concedió, nervioso y temeroso de que se descubriera el plan.

Al ver la devoción de Candy para cuidarlo, supo que estaba cerca de su meta, abrió los ojos y la miró, ella le sonrió, pero tenía lágrimas en sus ojos. Quiso llamarla por su nombre, pero en lugar de palabras de su boca salió un fluido blanquecino.

- ¡Dios mío! – profirió Candy y se tapó la boca con los puños cerrados.

- Tengo que sentarlo o se ahogara con su saliva – indicó el doctor.

Candy estaba al borde de una crisis nerviosa. Abrió sus manos y cubrió su cara, suplicando, prometiendo.

/o.O/

Después de dos largas horas el médico logró estabilizar al rubio. Ahora dormía tranquilamente.

El doctor Seseman le alcanzó a Candy un pañuelo estirando el brazo por encima de Albert. Ella cubrió su rostro con él y lloro, en silencio; sus hombros se agitaban a causa de los sollozos, que apenas contenía. El galeno se sorprendió al ver la emoción que la embargaba.

- Debería ir a descansar, señorita Andley. Yo cuidaré del señor Andley – ella negó con la cabeza, aunque eso ya se lo esperaba el caballero, cada vez que se lo proponía obtenía la misma respuesta. Sólo después de respirar hondo varias veces puso hablar.

- Gracias, doctor Seseman, pero no puedo irme. Me quedaré hasta que él despierte para aceptar su propuesta.

Para cualquier observador, la señorita y el señor Andley no parecían una pareja de enamorados, sin embargo, en pocas horas, si es que el caballero despertaba, quizá se celebraría una boda.

/o.O/

Terry estaba en Nueva Orleans, la gira había empezado dos días después de que él regreso de Escocia.

Después de platicar con Karen y Darius se sintió esperanzado. Durante muchos años ese sentimiento no era parte de su vida, no se sentía capas de sentir nada más que no fuera soledad y resentimiento. Antes de Candy se encontraba sumido en un terrible pesimismo del que parecía no tener salida. Solo la actuación lo alentaba a continuar. Era un dar y no recibir.

Un hombre solitario, impertinente, capaz de reinventarse cuando el dolor de su corazón lo requería, añorando felicidad y amor, que nunca pudo siquiera mencionar, pero que ahora era la comparativa constante para que todo lo demás le pareciera insulso.

Aún había un trato que lo ataba a su padre, que lo ataba a su pasado como aristócrata, si hubiera imaginado que conocería a Candy no hubiera dado su palabra, pero ¿cómo iba a saber que él podría alcanzar la felicidad? Se había empeñado en convertir su corazón en piedra y siempre fingió más fuerza de la que realmente tenía. Su padre sabía cómo manipularlo, aplicaba la ley del más fuerte contra el más débil y así había logrado que él accediera a firmar el acuerdo que aún lo unía a la voluntad de Richard, pero le ganaría a su padre, con Candy a su lado él pondría los acentos sobre las i y Richard no podría hacer nada al respecto.

/o.O/

Albert había recuperado su semblante y en un abrir y cerrar de ojos organizó una pequeña ceremonia. Ella se casaría en una hora, Albert bajaría en silla de ruedas a la ceremonia y después volvería a su habitación, aún no estaba en condiciones de hacer mucho esfuerzo o podía tener una nueva recaída.

Salió al jardín y se encontró con su futuro esposo.

- Candy, ¿recuerdas las tardes que pasamos juntos? – preguntó, dándole la espalda. La mente de la rubia voló a esos días, de una juventud muy lejana, donde la vida había sido más fácil.

- Sí, esos días vivirán siempre en mi mejoría. Recuerdo que cuando vivimos juntos hablábamos por horas, desvelándonos y pagando el precio la mañana siguiente – evocó con una sonrisa – recuerdo que mientras mirábamos el cielo hacíamos planes sobre viajes que nunca pudimos realizar, sobre metas que ahora parecen infatiles.

- Es cierto, vivíamos otra vida, una más simple y éramos más felices. Siempre compartimos los deseos que le hacíamos a las estrellas fugaces.

Así lo había hecho, de esos momentos surgieron infinidad de planes y caminos que los llevarían a cumplir sus sueños, muchos eran ilusiones pasajeras que nunca se volverían realidad, pero otros en cambio eran palpables.

Albert no había mentido cuando le sugirió compartir todo entre ellos, desde los miedos más profundos y los sueños más bellos, hasta los alimentos.

- Candy, ¿crees que podamos vivir nuevamente así?

- Lo intentaremos, el tiempo que podamos compartir – dijo después de un incómodo silencio, ella no quería mencionar nada sobre su enfermedad, el doctor Seseman había dicho que si tenía otra recaída debido a cualquier situación, el estado de Albert empeoraría y lo llevaría a otro episodio como el de la semana pasada del que quizá ya no se repondría – nosotros siempre seremos amigos y yo estaré ahí para ti.

- ¿Sólo amigos? Podemos ser algo más que amigos, volver a los sentimientos de antaño, recuperar nuestra relación donde la dejamos.

- Donde tú decidiste dejarla – interrumpió, severa.

- Lo sé, fui un tonto, después de estar al borde de la muerte – la pecosa tembló al escuchar eso – y de aún estarlo me he dado cuenta de lo que es importante en mi vida, y por eso los pocos o muchos días que puedan quedarme quiero pasarlos contigo como un verdadero matrimonio.

- Albert no… no digas nada más – interrumpió, comprendiendo por fin las aspiraciones del rubio. La mente de Candy volvió un año atrás, ¿qué hubiera pasado si Albert le hubiera dicho aquello en esos días? Sin duda hubiera aceptado volver con él y conformarse con la vida que tenía, pero ahora estaba segura de que ese amor había sido pasajero y que no podía compararse por el que sentía por Terry, jamás podrían igualarse y sin embargo en unos minutos más se casaría con Albert. Dos gruesas lágrimas corrieron por sus mejillas, la sensación de traición seguía oprimiéndole el pecho y congelando el corazón, repitiendo en cada momento "No durará, no durará, Terry nunca lo sabrá" Era mezquino pensar así, pero la única razón de casarse con él era porque sabía que estaba condenado y que no tendrían un futuro juntos, pero no quería lastimar a su amigo, no podía permitirle que dijera algo que después terminaría hiriéndolos a ambos.

- Candy, antes estuve confundido, pero ahora estoy seguro de una cosa, yo te a…

- ¡No! – gritó Candy – no me lo digas, no quiero oírlo, no puedo.

- Pero necesito decírtelo.

- No – repitió, intentando controlar las lágrimas que atentaban con caer como un caudal por sus mejillas – si me dices esas palabras no podré corresponderlas y lo último que quiero es que tú salgas herido.

Albert sintió una bofetada ante el abierto rechazo de la rubia, él esperaba un sí inmediato de Candy, que supiera que en él tenía un hombre dispuesto a pasar una vida a su lado, dispuesto a conquistarla cada día, sería fácil volver a tener la relación de antaño para que la relación funcionará, solo había un obstáculo suficientemente fuerte para separarlos, quiso preguntar si era por él, por Tom que no podía corresponder sus sentimientos, pero decidió no decir nada.

- Está bien, Candy, seré paciente, tengo que confiar en que me recuperaré y tal vez… pudiéramos ser un matrimonio en toda la extensión de la palabra.

- No, Albert – respondió segura – sí tú te llegas a recuperar, pediré la inmediata anulación de esta unión – sus ojos reflejaron una seguridad y entereza que lo único que provocaron en él fue una rabia que no espero sentir por ella, ya vería si sería capaz de lograr esa anulación. Dejo a la rubia sola, advirtiéndole que la ceremonia comenzaría pronto.

Candy subió a su habitación y se cambió la ropa, no quiso un vestido de novia, ni fiesta, ni una ostentosa cena, aquello no era motivo de celebración. Mientras terminaba de recogerse el cabello en un sencillo moño detrás de la nuca pensó en la constante actitud contradictoria de Albert.

Amor y deber… deber y amor… cuando Candy frente a un juez y con Albert a su lado dijo sí, supo que aquel dilema entre uno y otro solo la conducirían a la desgracia y que lastimaría al hombre que amaba. Ella callaría por deber y él confiaría por amor. La vida siguió su rumbo mientras el corazón de Candy se detuvo.

Continuará…

Espacio para charlar

Terminé, terminé este capítulo por fin!

¿Qué les digo? Este fic lo amo y lo odio, jajaja, a veces siento que se me sale de las manos la historia y no encuentro la forma de trasmitirles cómo lo veo yo en mi cabeza, sé que no les gusta Albert de antagonista, lo entiendo, pero a veces no es la razón la que nos mueve.

Faltan 2 capítulos más "Luchar por alguien, rendirse por algo" y "Amar algún día, amar hoy" Espero que se queden conmigo hasta el final.

Por cierto, yo no censuro nada, si me dejan un review donde expresan que no les gusta el fic, lo respeto, pero no toleraré que "admiradoras" de otras escritoras le den promoción a nadie en mi página de reviews. Hace un mes criticaron mi "pésima" narrativa y me "invitaron" a leer a una verdadera escritora. Lo admito, leí uno de sus fics y no entendí el comentario, mientras que mi fic "Atrévete a amar" tiene 8 capítulos sumando más de 30,000 palabras, el fic de esa chica tiene 31 capítulos con apenas 17,000 palabras y me hace pensar qué le tengo que aprender de narrativa. Además les recuerdo que no soy escritora, mi especialidad es la Informática, esto que hago es un hobby que deje por mucho tiempo por cuestiones personales, no planeo escribir nada más que a nivel amateur, si en algún punto se me fue una letra de más o de menos, un signo de puntuación mal empleado, de verdad, les pido una enorme disculpa, pero no hagan eso, no me comparen con otras escritoras.

Bueno, después del desahogo, va lo más bonito.

G.R.A.C.I.A.S.

Yoliki: A mi tampoco, pero este fic se me ocurrió cuando leí un fic llamado Angie que es la hija de Candy y Terry, pero que crió con Albert y cuando Terry la conoce inevitablemente desea hacerle la vida imposible, vamos que hasta al hermano de Susana manda para que la enamore y luego la deje con el corazón roto, me gustó mucho ese Terry aunque fuera de malo y quise probar suerte con un Albert malo.

Skarllet Northman: Vaya que juega sucio y a pesar que ella le dijo que se va a separar de él, sigue insistiendo, o sea, qué le pasa.

Nally Graham: Ya era hora de que reaccionara Terry, pero quién sabe cómo lo hará cuando sepa que Candy se casó, todos sus temores se hicieron realidad! Ese Albert tramposo y bueno, Tom quizá logre lo imposible, esperemos.

Bueno, de Susana esa es mi percepción del personaje, quizá mi juicio se ve un poco nublado porque hace más de 10 años que no veo la serie ni leo el manga y a lo mejor he olvidado algunas cosas.

Elisa Lucia V 2016: Qué bueno que te gusta el fic, y como dije en el comentario de arriba, esa es mi percepción del personaje. Además esa Candy se la pasa "cediendo" a los hombres que se enamoran de ella como si fueran muñecos, así que ella también a veces se pasa.

Candice White: Ya los cumplió, en eso tienes razón, era una decisión demasiado madura para dos chiquillos y yo sostengo que la mamá de Susana tuvo mucho que ver en la presión que sentía Terry, pero él también fue muy orgulloso, si hubiera buscado a Eleanor para pedir su consejo otro gallo cantaría, porque ella ya había vivido una historia similar con Richard.

Blanca G: Sí, este Albert se pasa, pero esperemos que rectifique y no interfiera más en la felicidad de Candy, suficiente ha sufrido la pobre. Y sí, la verdad es que Susana creyó que su amor era suficiente para ambos, pero saber que tu esposo ama a otra desgarra el alma, de hecho hay un fic muy bueno que hacer referencia a la obsesión de Susana por mantener a Terry a su lado, es de Odet la chica de Terry y se llama Ángel caído, te lo recomiendo, es cortito.

Miriam7: Jajajaja, bueno, alguien tenía que ser el malo de la historia. Y entiendo tu punto sobre lo de Susana.

Marina W: Pues no, el doctor no le dijo nada de nada. Puede que no hubiera muerto físicamente, pero sí en espíritu, hace muchos años leí un fic que describía esa situación y como Candy se empeño en cuidarlo mientras él se moría en la desesperación de haber renunciado a la carrera que amaba y ser una carga para la mujer que amaba, las únicas dos cosas que lo hacían feliz, de pronto las perdió y al final terminó por suicidarse, así que quizá ese camino por la forma de ser de Terry no es el más alentador.

Gaby: En este capítulo no lo entendió, esperemos que en el siguiente sí lo haga.

Lectores anónimos y personas que han marcado esta historia como una de sus favoritas:

Ani4941, Lively Jing, CandyParra, Patty306, Flaquita, Angeles Grandchester, Xiory.

Al igual que los que la siguen:

Jessie3cug. Dajimar, Dereka, BrendaDv

Gracias por su tiempo.

Nos vemos en el siguiente capítulo.

30 – jun – 2017

Ceshire…