Recomendación: Me inspirado en este capitulo con la canción Heroes and Thieves – Vanessa Carlton.
- ¿Q-que ha pasado? – preguntó Shinichi.
- Este es… ¡¿Kuroba? - se aventuró el detective de Osaka.
- No hay tiempo para explicaciones – gritó Aoko desde el suelo, aún con lágrimas en los ojos – Esta muy mal herido, necesitamos asistencia médica – Unos policías se acercaron para ayudarla a ella y a Kuroba - ¡Shinichi, Heiji! – Les llamó la atención, dadas sus caras confusas – Id a la azotea y aseguraos que nadie, ni siquiera los policías, salgan de este edificio. Los hombres sospechosos de los que os hablé están en la azotea. Ellos han organizado todo esto ¡Arrestadles!
CAPITULO XIV
- Heroes and Thieves –
Kaito abrió los ojos con dificultad, dejando que la luz del atardecer se filtrara por sus retinas. Notó que estaba tumbado boca arriba y la pared anaranjada del techo fue lo primero que vio en abrir los ojos. ¿Dónde estaba? El olor del lugar se le hacía familiar, pero no pudo reconocerla. Intentó moverse, pero sentía punzadas por todo el cuerpo y no pudo evitar soltar un gemido de dolor.
- No lo hagas, las heridas se podrían volver abrir.
Kaito volteó su cabeza hacia donde provenía la voz, aún tumbado en la cama, para ver a un aburrido Shinichi en una silla a su lado, al parecer leyendo una revista.
- ¿Kudo? – Entrecerró los ojos, extrañado - ¿Dónde…Dónde estoy?
El detective no tuvo que responderle por qué Kaito pudo ver los artilugios a su alrededor que emitían pitidos, la pared blanca con tonos anaranjados a causa de la luz de fuera y ese olor tan característico que ya pudo reconocer.
- ¿El hospital?
- ¿Y dónde pensabas que estarías? ¿En un hotel de cinco estrellas? – Respondió el detective, irónico - ¡Con todos esos cristales que tenías incrustados! ¡Por no hablar de los morados y contracturas…! ¡Seguro que de una buena paliza! ¿Me equivoco?
Kaito, a pesar de las advertencias de su amigo, quiso incorporarse. Cuando ya estaba medio sentado, oyó crujir su espalda que le hizo desplomarse otra vez en la cama. Esto hizo que Shinichi despegara por fin su vista de la revista y le mirara para lanzar un sonoro bufido.
- ¿Qué te dije? – Dijo levantándose y dirigiéndose hacia él – Estás hecho polvo, chaval.
Shinichi cogió unas almohadas para colocar en la espalda del herido y pueda incorporarse. Kaito pudo así observarse las vendas de su cuerpo y los innumerables morados ¿Tanto daño se había hecho? Cuando estuvo en la situación no notó tanto dolor. Quizá por que estuvo preocupado por cierta detective metomentodo. Esto hizo recordarla y miró espantado a Kudo.
- ¿Cómo esta Aoko?
Shinichi lo miró durante un largo rato, con las cejas alzadas, medio sorprendido. Kaito empezó a preocuparse de verdad en ver que no contestaba.
- ¿Cómo esta? – insistió.
- Ran tenía razón…- murmuró el detective, suspirando.
- ¿Qué?
- Bien, ella esta bien, gracias a ti claro – volvió a sentarse en la silla – Aoko ha estado contigo toda la noche, vigilándote conmigo. Cuando las enfermeras han dicho que estabas fuera de peligro, que no tenías ninguna hemorragia interna, se ha marchado.
Kaito bajó la vista, pensativo. Le había extrañado no haberse encontrado con una manada de policías delante de él o, peor, estar entre rejas. Aoko sabía quién era y no le había delatado aún ¿verdad? ¿Por qué?
- Lo sabe ¿no es así? – la voz de Shinichi le sacó de sus pensamientos – Sabe que eres Kid… ¿Se puede saber que pasó ayer?
- ¿Aoko no te ha dicho nada?
- Ni una palabra.
Kaito bufó cansado para después relatarle todo lo ocurrido. Pandora, los hombres de negro, la aparición de Aoko, la revelación de su identidad, cómo esos hombres la tiraron por el rascacielos, como él se tiró y como acabaron en el suelo de esa planta.
- ¡La lastima de todo esto, es que se me escaparon!
- Eso no es del todo cierto.
- ¿Cómo?
- Cuando rompisteis la ventana, la alarma sonó y nos dirigimos hacia allí – le explicó el detective – Te encontramos a ti y Aoko en el suelo. Ella dijo que avisásemos a una ambulancia y que arrestásemos a los hombres que había a la azotea. Así lo hicimos. Llegamos a la azotea y aún estaban esos hombres con gabardina. Los cogimos a todos y estamos abriendo una nueva investigación donde podremos deshilar toda la organización. Creo que nuestra hipótesis es cierta, Kuroba. Estoy convencido que es una rama de la organización de los hombres que me encogieron ya hace años. Será fácil hacerlos hablar pues los tenemos vigilados las veinticuatro horas del día en la prisión preventiva.
- ¡Es un alivio saber eso!
- Lo sé – admitió – Pero tuve que explicarle todo lo tuyo a Hattori por qué no paraba de preguntar a mi y a Aoko cosas sobre ti, del por qué estabas allí. Hattori es demasiado listo para engañarle.
- Ya veo.
- Por suerte, Hakuba estaba inconsciente y no tuve que explicarle nada. Aunque eso no quiere decir que cuando llegue a la central, lo haga…
- No creo que te haga ninguna pregunta – rió sarcástico – Él ya hace tiempo que sabe que soy Kid…
- ¿De verdad?
- Desde que fuimos juntos en el instituto… Pero nunca tuvo suficientes pruebas para inculparme – le miró sonriente – Igual que tú.
- Qué gracioso. – le miró compungido para después cambiar de tema - ¡Así que encontraste a Pandora! La verdad es que no sé como no se me ocurrió antes… ¡Su mismo nombre lo indica! White Stardust quiere decir "polvo de estrella blanco", y si la piedra Pandora saca lágrimas cuando se expone a la luna blanca cuando pasa el cometa Boley, es decir, una estrella viajera, es como si esas lágrimas fueran polvos de estrella blancas, las lagrimas de una estrella. – Acabó la explicación – Por cierto, ¿Dónde esta?
- Esta en… - se tocó instintivamente en el pecho, como queriendo buscar en el bolsillo de la americana, para darse cuenta que llevaba la bata del hospital - ¡¿Dónde esta mi americana?
- No llevabas americana cuando te encontramos. Tan solo tu camisa violeta, tus pantalones y zapatos blancos.
- ¿Qué?
- ¿No te lo quistaste tú? – Lo miró extrañado – Pensé que lo habías hecho para que no se descubriera que eras Kid cuando te encontráramos.
- ¡No! Me desmayé cuando toqué el suelo.
- Pues la única que pudo hacerlo es Aoko.
- ¡Perfecto! – exclamó desesperado – Ahora esa detective entrometida y tozuda tiene a Pandora.
- Pero… ¿No te parece raro? – Lo miró curioso – Aoko podría haberte delatado cuando llegamos donde estabais. Y no lo hizo. Todo lo contrario. Te quitó el disfraz de Kid para encubrirte…
Kaito consideró sus palabras en silencio ¿Qué tenía esa mujer en su cabeza retorcida? ¿Qué pretendía? Él estaba seguro que cuando despertara se encontraría con su cara contraída, llena de ira y odio, mirándolo con desprecio, ordenando a sus policías que le arrestaran como Kaito Kid. Pero no. Ella lo encubrió. Y, si lo recordaba bien, ayer tampoco le miró con odio. Sino con una tristeza y decepción inmensa. Y eso le dolió cien veces más que su mirada de repulsión. Fue como si su mirada triste y sus lágrimas le agujeraran el alma. No se esperaba esa reacción. Pero estaba seguro que le odiaba. Siempre había odiado a Kid y ahora, por consecuencia, odiaba a Kaito Kuroba. Ayer solo fue la conmoción del momento.
- Sin embargo, ahora seguro que no podré destruir a Pandora, como prometí.
- Puede que sí lo hagas – dijo Shinichi, misterioso.
- ¿Por qué lo dices?
- Ahora seguro que Ran debe estar hablando con ella.
- ¿Ran? ¿Qué tiene que ver Ran con todo esto? – Kaito miró la ancha sonrisa maquiavélica de Shinichi, un destelló se le cruzó y sudó frió – No, no puedes estar hablando en serio… ¡¿Me estas diciendo que Ran lo sabe todo? ¡¿Por qué? ¡¿Desde cuando?
- Desde el principio – le contestó al detective con determinación – Cuando me convertí en Shinichi otra vez y le confesé mis sentimientos a Ran, le prometí que nunca más le mentiría en nada. Y así lo hice y así lo hago.
- ¡Pero Kudo! ¡Eso era diferente! ¡Se trataba de mi identidad, no de la tuya!
- Una promesa es una promesa – declaró – Además ¡No hay para tanto! Ran es muy honrada y sabe guardar un secreto.
- Sí, pero por lo que veo tú no.
- Da igual, el caso es que ahora debe estar hablando con Aoko de toda la verdad sobre ti – continuó Shinichi – Conozco lo suficiente a Aoko como para creer que te devolverá el diamante para que lo destruyas cuando sepa tus razones.
- Yo no lo creo así – dijo Kaito, apenado – Ahora ella sabe que soy Kid, me odia y lo sé. No creo que importen las razones. Aunque me dé la joya, su odio no desaparecerá. Le he hecho mucho daño.
Shinichi miró el perfil del ladrón mientras él contemplaba el atardecer con mirada perdida y apenada. Su semblante melancólico le recordó la conversación que tuvo con Ran días antes.
- ¡Estoy segura de que Kuroba esta enamorado de Aoko!
- Pero que dices, Ran. Esto es imposible.
- Parece mentira, Shinichi ¡Con lo buen detective que eres y para estas cosas no das ni una! ¡Se vio claramente en la función! Y estoy segura que ella también…
- Aún así, no lo creo.
- ¡Hum! – dijo ella alzando la barbilla – Ya verás como tengo razón.
- Este mago… Apenas se ha preocupado por la joya y los hombres de negro. – Murmuró con una sonrisa – Esta vez tenías razón, Ran.
Aoko suspiró apesumbrada y triste mientras caminaba lentamente por la ciudad de Tokyo. Después de saber que Kaito estaba bien y que tan solo necesitaba descanso, se fue a su casa para dormir un poco pues no lo había hecho durante toda la noche. No obstante, durmió muy mal y aún se sentía cansada. Cuando despertó, se sentó al sofá para ver un poco la televisión y relajarse. Pero era imposible. Su cabeza estaba llena de imágenes del día anterior que golpeaban su ánimo y hacían que se encogiera como un ovillo de lana y se sumase en pensamientos poco agradables. Las paredes la oprimían, le faltaba aire y parecía que la casa se le caía encima. Necesitaba salir. Así que ahí estaba ella, vagando sin rumbo por las calles del distrito de Shibuya.
- Kaito Kid hizo su aparición ayer por la noche, llevándose con éxito la White Stardust, el diamante legendario cuyo propietario es el multimillonario estadounidense Henry Mcllelland…
Aoko volteó hacia la voz del televisor, expuesto en aparador de una tienda de electrodomésticos. La locutora del telediario hablaba de Kid mientras se presentaba imágenes de este aleatoriamente.
- Kaito… - dijo mientras posaba su mano en el cristal de la tienda, mirando la pantalla distraídamente.
- Lo insólito es que el ladrón no haya devuelto aún la joya robada, pues su modus operandi es devolverlo al día siguiente.
Aoko apresó el diamante que llevaba en su bolsillo, apretándolo fuerte, al igual que sus dientes. Aún tenía la joya. No se había atrevido a devolvérsela a Mcllelland, no sabía por qué. La verdad es que tenía la sensación que esta joya era especial, de suma importancia tanto para aquellos hombres como para Kid… Kaito, quería decir. Pero ¿Qué debería hacer? Como buen policía, debería ir al hospital y dar la orden de arrestar a Kuroba. Un apretón en el pecho le sobrevino. No se veía capaz. No podía. Sentía la necesidad de saber sus motivos. No podía creer que lo había hecho por que era un cínico y ególatra ladrón sin escrúpulos.
Rió sarcásticamente. Kaito la había engañado y defraudado dos veces y ella era tan tonta que aún seguía pensando bien de él. A veces se impresionaba a sí misma. La mano que tenía en el cristal se convirtió en un puño y se sintió invadida por una gran melancolía. Su mente estaba llena de preguntas y las hipótesis imposibles y pensamientos de sus posibles razones vagaban por su cabeza, sin que pudiera ahuyentarlas.
Y lo cierto es que estaba enfadada… ¡Claro que estaba enfadada! ¡Él era Kid! No entendía nada y se sentía utilizada, traicionada y estúpida. Pero sabía que había algo más, debía de haber algo más ¿Quién eran esos hombres? ¿Qué tenía que ver Kid con ellos?
- ¡Oh, es Kid!
Aoko se volteó hacia la voz de una chica de instituto que estaba con sus amigas, contemplando embobadas las imágenes del carismático ladrón en el televisor.
- ¡Es guapísimo…!
- ¡Y tan atractivo…!
- ¡Ojala me secuestrara y me llevara con él!
- ¿Y a quién no le gustaría?
- ¡Sí! ¡Y que me llevara bajo las estrellas y me besara!
Aoko torció la boca de desagrado, con los puños cerrados y el ceño fruncido ¿Qué se habían creído? ¡Pero si tan solo eran unas crías! Pensar en él de esa manera… ¡Pensar que las besaría! ¡Ja! Si a ella no la había besado a ellas tampoco... ¡Un momento! A Aoko le vino a la cabeza la imagen del ladrón acercarse hacia sus labios para al fin besarla a la luz de la luna. Sus mejillas se tiñeron de rosa ¡Sí que la había besado! Notó que los martillazos de su corazón en su pecho. Kaito la había besado. Pero una nueva idea apareció en su mente y bufó apenada.
Este era Kaito Kid. Este era Kaito Kuroba. Un hombre que iba besando y conquistando a toda fémina que se le cruzaba por delante. Y esas eran sus fans. Y tenía miles. Ella no era más que una de sus muchas conquistas. Nada más. Era inútil que se pusiera celosa. Porque estaba claro que lo estaba. Puso sus manos en los bolsillos y caminó para dejar atrás al televisor y a las chicas de instituto, que aún soñaban con el atractivo y misterioso ladrón. Decidió ir hacia su casa. Ya estaba atardeciendo y empezaba a refrescar. Mañana lo vería de otro modo, o eso suponía.
Cuando llegó a su portal, vio que una figura femenina familiar salía del edificio.
- ¿Ran?
La aludida se giró hacia ella y sonrió. Aoko se aproximó a ella a paso ligero.
- ¿Qué haces aquí?
- Vine a verte – le explicó – Pero no estabas y me volvía hacia a casa… ¡Aoko! ¿Qué te ha pasado en la mejilla?
Aoko se tocó la mejilla derecha, notando un relieve en ella. Ya se había olvidado, ayer un francotirador le había disparado. Le debía haber quedado una marca.
- Nada, una herida que me hice ayer supongo – Ran la miró preocupada – No es nada, en serio. ¿Para que has venido?
- Debería hablar contigo.
- ¿Conmigo? ¿De qué?
- De Kid – sonrió.
- ¿De Kid? – Se extrañó - ¿Qué sabes tú de Kid?
- Ahora te lo explico. Pero antes…- dijo mirando para ambos lados - ¿podríamos ir a otro lugar más…deshabitado?
Aoko condujo a Ran a un parque que sabía que en esta hora no había casi nadie. Cuando llegaron, tan solo había dos madres con sus respectivos niños en un columpio y se sentaron en un banco, apartadas de ellas.
- A ver Ran – comenzó Aoko - ¿Qué es eso de que quieres hablar de Kid?
- Aoko… - cogió aire para infundarse valentía - Yo sé toda la verdad, me lo dijo Shinichi ya hace tiempo. Sé que le descubriste ayer. Sé que descubriste quién es Kid.
La detective la contempló con la boca abierta de par en par. ¿Ran sabía que Kid era Kuroba? ¿Y se lo había dicho Shinichi? ¿Qué significaba aquello?
- ¿Cómo? ¿Lo sabes? ¿Y Shinichi también? ¿Desde cuando?
- Desde antes que empezaras a trabajar en la Comisaría Central.
Aoko se desplomó en el banco, con mirada perdida en el frente. Sus amigos lo sabían. Se sentía engañada e ingenua. Todo este tiempo luchando por la verdad, confiando en sus amigos, cuando estos ya la sabían y se la escondían. Debía parecer muy estúpida. Estaba confusa ¿Cuánta verdad había en toda su vida? ¿Lo sabría también Hakuba? ¿Y Hattori? ¿Keisuke? ¿Y las chicas…? Si Ran lo sabía, ellas seguro que también…
- Shinichi le descubrió hace unos años, pero no lo delató – continuó Ran.
- ¿Eh? ¿Por qué?
- Kaito tiene sus razones, Aoko – dijo Ran con voz tranquila y apacible, para apaciguar la alteración de su amiga – Su padre, Tooichi Kuroba, era el anterior Kid. Es el hombre que persiguió tu padre durante tantos años. Pero tenía su razón. Quería desenmascarar a una organización que pretendía hacerse con una joya legendaria llamada Pandora, la cual estaba escondida dentro de otro diamante. Esta joya da la vida eterna. Tooichi Kuroba tan solo les hacia la competencia, para adelantarse y poder destruirla para no causar más males…- Ran suspiró – Pero le mataron la misma organización cuando Kaito era pequeño. Kaito lo descubrió en el instituto y le reemplazó con el mismo objetivo y para vengar la muerte de su padre. Tan solo siguió sus pasos… Ayer Kaito encontró a Pandora, que estaba en el diamante White Stardust. Y… lo demás lo experimentaste de primera mano.
Aoko miró al frente de nuevo, asimilando toda la información que le había brindado de golpe. Dirigió la mano hacia su bolsillo y apretó el diamante con fuerza. Así que esas eran sus razones. Al final, era por una causa noble. No de la manera que ella consideraba correcta, pues un robo era un robo, pero sus intenciones eran razonables. Pero aún se sentía engañada y estúpida…
- ¿Estás enfadada?
- ¡Claro que estoy enfadada! – Replicó ella, frunciendo el ceño - ¿Cómo me debería de sentir? Me engañó otra vez y me utilizó para sus planes…
- Pero Aoko, tenía sus razones… - le intentó persuadir.
- Lo sé, pero… ¡Yo confiaba en él! Le acepté en mi equipo y utilizó eso y se…- apretó sus puños – y se burló de mí y mis agentes…
- Aoko entiéndelo… ¿Si una organización hubiera atentado contra tu padre no querías venganza? Kaito no lo hizo para utilizarte ni a ti ni a tu padre…
Aoko reflexionó e intentó calmar su ira y su enfado. Ran tenía razón. Su causa era mucho mayor que el hecho que la utilizara y se burlara de ella. Tenía que comprenderlo. Ella habría hecho lo mismo por su padre. En verdad, ella hizo lo mismo por su padre. Cumplió su sueño, o parte de él, por qué se convirtió en policía y desenmascaró a Kid. Y quiso reestablecer su honor.
- ¿Y por qué no me lo dijisteis? – dijo sin dejar de mirar al frente.
- Por qué no sabíamos cómo reaccionarías. – le explicó Ran – Por que estabas obsesionada con Kid. Decías que era tu sueño atraparlo, y no nos atrevimos a decírtelo. Además, Shinichi decía que, como eras tan impulsiva, que te lanzarías de derecho a esos hombres y era muy peligroso – Ran se puso cabizbaja – Él se enfrentó una vez y salió muy mal parado. Al final, todo acabó bien, pero podía haber acabado muy mal.
- ¡Pero yo lo hubiese comprendido!
- A lo mejor sí o a lo mejor no – convino Ran – Tu no conocías de antemano a Kaito, puede que no hubieras reaccionado igual cuando no lo conocías. Antes de conocer a Kaito tan solo pensabas en cómo había sufrido tu padre y cómo odiabas a Kid ¿De veras lo hubieses comprendido? ¿O te hubieses tirado encima de Kaito Kuroba, apresándole?
Aoko la miró dubitativa. Era cierto que hubo una época que tan solo pensaba en cómo odiaba y cómo podría capturar a Kid. Le culpaba de todo su dolor y su pena. Se convirtió en una horrible obsesión. Y hoy no sabía decir cómo hubiera reaccionado. Pero ahora todo era diferente. Conocía a Kaito Kuroba. Y aunque fuera un mujeriego empedernido y un presumido pedante, en el fondo siempre supo que todo lo que le dijo ese hombre con gabardina en la azotea era mentira. Él no sería capaz de hacerlo por ambición ni por causar dolor. Sabía que era buena persona. Sabía que él se preocupaba por ella y por sus amigos, aunque no lo dijera abiertamente. Lo sabía.
- Aoko… ¿Estás llorando? – dijo Ran en ver las grandes lágrimas que rodaban por las mejillas de su amiga. Le sujetó la mano.
- Yo… - dijo entre un sollozo - …Me alegro que Kaito no sea el criminal despiadado que pensaba que era…Yo…A mi…A mi Kaito… ¡Estoy tan confusa!
Ran sonrió de forma maternal mientras le acariciaba el pelo y dejaba que Aoko llorara.
- Estás enamorada de él ¿verdad?
Aoko paró de llorar en seco. Miró sorprendida a Ran con ojos acuosos, quien seguía sonriéndole con ternura. Sintió que su labio inferior temblaba y su corazón latía con fuerza ante esa afirmación.
- Sigo estando enfadada…pero… – se sinceró avergonzada – Yo…Creo que sí.
Ran le contestó con otra sonrisa tranquilizadora, sin dejar de acariciarle el pelo. Aoko cogió el diamante del bolsillo y se lo enseñó a Ran de manera que solo lo pudiera ver ella. Ran abrió los ojos sorprendida.
- ¿Esto es…?
- La White Stardust… O Pandora, como quieras decirle.
- ¿Pero por qué…?
- ¿Por qué la tengo yo? – Aoko sonrió al diamante apenada, mientras sentía que las lágrimas se le aglomeraban en sus ojos otra vez – La verdad, no lo sabía hasta ahora. Ayer…Descubrí que Kuroba era Kid. Me sentí triste, frustrada y traicionada. Al principio no podía…ni quería creérmelo. Quise desaparecer para no verle más. Pensé que no le perdonaría jamás. Pero… Pero… - Sintió que las lágrimas recorrían sus mejillas y apretó con fuerza el diamante de su mano – Pero entonces él me salvó, como siempre hacía. Y cuando lo vi tendido allí, herido, en el suelo… No pensé. Le quité su disfraz para encubrirle, para que no le descubrieran. Y le quité el diamante por el mismo motivo… - Aoko se encaró hacia Ran, llorando - ¿Crees que este es un buen comportamiento para un policía? ¡¿Encubrir a un ladrón que esta persiguiendo desde hace meses?
- Pero Aoko, tú sabías que era bueno…
- ¡No! – Meneó la cabeza - ¡No lo sabía! No sabía nada de sus razones, nada de sus motivos, nada de su pasado… Y aunque me salvó ¿Quién podría decir que lo hacía por mí? ¿Quién diría que fue por mí y no por escapar él? ¿O para obtener un indulto por haberme salvado? Le encubrí por que quise… Le encubrí por que…por que…por que le quiero, Ran.
Ran la abrazó emocionada y le frotó los hombros, tranquilizándola. Estuvieron un rato así, con Aoko mojándole el hombro por sus lágrimas y ella apoyándola en silencio. Aoko se sentía desesperada ¿Cómo podía haber llegado a esto? Ella, que siempre había querido enamorarse como sus amigas, celosa de sus vidas amorosas, celosa por no poder sentir igual que ellas, pues ningún novio anterior suyo le había hecho sentir tan profundamente como ellas sentían. Pero ahora sentía, se había enamorado de verdad por fin, y odio desear tal cosa… ¿Por qué él? De todos los hombres que existían en este mundo… ¿Por qué Kid? Tan solo en recordarlo su corazón latía con fuerza y le dolía. Enamorarse de un ladrón… ¡Qué tonta que era! Lo normal sería que lo odiase con todas sus fuerzas ante tal descubrimiento, pero el cariño que había generado Kuroba resultaba más fuerte e intenso que todos esos años de odio. Era demasiado tarde para odiarle. Se había enamorado perdidamente y sentía que ya no había vuelta atrás. Cuando sintió que la respiración de la detective se volvía estable, Ran pudo separarse de su abrazo.
- ¿Estás mejor? – preguntó Ran con voz dulce.
Aoko asintió, agradeciéndole su apoyo y mirando de nuevo al diamante en su mano.
- Debería devolverle esto ¿verdad?
- Si tú crees que es lo correcto…
Aoko suspiró y guardó el diamante otra vez en el bolsillo. Estaba yendo en contra de sus principios, pero creía que era lo correcto.
- Lo haré. Le devolveré la joya a Kaito.
- Le... ¿Le dirás a Kaito lo que sientes?
Ahora la detective la miró con la cara descompuesta.
- ¡No! ¡Claro que no! – Le dijo escandalizada - ¿Cómo se te ocurre?
- ¿Y por qué no?
- Por qué lo encuentro inútil. Ya sé su respuesta.
- Si piensas que te rechazará, yo creo que no lo hará… tienes que confiar un poco más en él y en ti misma.
- Oh, vamos Ran… ¡Mírame! – Dijo señalándose a sí misma - ¿Tú crees que soy el tipo de mujer que le gusta a Kaito? Yo creo que no, sinceramente – Puso su mentón en la palma de su mano, con el codo reposando en el brazo del banco - Las mujeres que suele conquistar Kaito son como sus fans. Guapas, tontainas, con buen cuerpo y no preguntan demasiado. Yo no tengo ni un cuerpo escultural, ni una cara especialmente bonita, tengo mal genio, soy curiosa y detective. Son los ingredientes necesarios para que Kaito huya de mí al verme.
- Creo que estás exagerando. Yo creo que tienes muchas posibilidades – le dijo sinceramente – Si es cierto que eres diferente a las demás chicas, sería un punto a favor tuyo ¿no? – Ahora Aoko la miró con las cejas alzadas, con incredulidad – Piénsalo. Tú resaltas entre el prototipo de mujer que Kaito esta acostumbrado a tratar… - Ahora le dirigió una mirada pícara - Además, no me negarás que existe una especie de atracción entre vosotros.
- ¿Atracción? – Aoko se sonrojó un poco – Sí, por mi parte sí. Pero él…Creo que no.
- No me vengas con esas, Aoko – se enfadó un poco por su tozudez – Tan solo hacia falta ver la cara de él cuando te observaba cuando fuimos a su espectáculo… ¡Pero si hasta se le caía la baba!
- ¡Esto no es cierto! – Respondió la otra al instante, para después parar a reflexionar - ¿…verdad?
Ahora era Ran quien la miraba con las cejas alzadas, para recalcar lo evidente. Aoko, tras pensárselo dos veces, se sonrojó un poco, por la mínima posibilidad de que eso fuera cierto. Pero, aunque se sentía halagada, no podía dejar aparte el hecho de quién estaban hablando. De un personaje que la había herido dos veces y que había odiado durante todo este tiempo. No quería arriesgarse y sufrir más. Toda su vida lo había hecho, sacrificándose por su padre, pareciendo lo que no era… Y ya estaba cansada. Cansada de aguantar y de no quejarse. Kaito era lo que era, y aunque una parte de su ser decía que no era como todos decían, los hechos lo demostraban. Tenía miedo de que le volviera a mentir.
- Aunque exista esa atracción entre los dos como tú dices – continuó la detective – No deja de ser eso, atracción. Y no quiero convertirme en una mujer de una noche, Ran. No quiero ser como las otras – se tocó el pecho – Yo lo quiero de verdad. No quiero mentiras, engaños ni nada parecido. Sinceramente, apenas confío en él.
Ran suspiró pesadamente y la miró con comprensión, recordando sucesos pasados que iban ligados con ella y su marido.
- ¿Me dejas contarte algo? – Al ver que Aoko asentía confundida, Ran dirigió su mirada al cielo – No sé si te acordarás, pero cuando estaba a punto de terminar el instituto, Shinichi desapareció durante dos años. Sufrí mucho en su ausencia. Él me llamaba y me contaba que tenía muchos casos pendientes. Cuando le preguntaba que cuando volvería, siempre salía por la tangente. El caso es que, cuando por fin volvió, me enteré que me estuvo engañando.
- ¿Engañándote? – Aoko abrió los ojos de par en par - ¿Con otra?
- ¡No, no! – quiso corregirle – Con otra no… Me escondía cosas, secretos…- Al ver que Aoko no acababa de comprenderlo, sonrió – Es mejor que te lo explique todo. Es lo justo, ya que yo sé lo de Kuroba. – Lanzó un corto suspiro - ¿Te acuerdas de un niño con gafas que vivía conmigo?
- ¿Te refieres a Conan?
- Sí. Estuvo viviendo conmigo y con mi padre durante los dos años que Shinichi no estaba. El hecho es que, cuando Shinichi volvió y Conan se marchó, me enteré que eran la misma persona.
- Un momento…- la cortó Aoko, sin creérselo – ¿Me estas diciendo que aquél niño y Shinichi son los mismos?
- Parece una locura ¿verdad?
- Pero… ¿C-Cómo?
- Esos hombres que tu te encontraste ayer…Bueno, en verdad, creo que son una gran organización con diferentes ramas… El hecho es que Shinichi descubrió su existencia, lo cogieron y le envenenaron. Sin embargo, no murió, se hizo pequeño. Y, en vez de decirme la verdad, se inventó una nueva identidad y vino a vivir conmigo sin yo saber nada. – La miró, comprensiva – Me engañó, igual que Kaito hizo contigo.
Aoko la miró entre pena y comprensión.
- ¡Pero no me mires así! – Rió Ran – Al final todo acabó bien. Aunque cuando me enteré me sentí igual que tú. Engañada, triste, traicionada y decepcionada. No quería verle. No confiaba en él. Pero él me confesó sus sentimientos y me hizo comprender que lo hizo para protegerme, que era lo que más quería en su vida, y que nunca había querido hacerme sufrir de esa manera. Me prometió que nunca más me mentiría, fuese lo que fuese. – Ahora le sonrió – Por eso sé todo lo de Kaito.
- ¡Ran, esto es muy bonito! – dijo Aoko emocionada a lo que Ran le contestó con una sonrisa – Eso quiere decir… ¿Que lo de Kaito tan solo lo sabéis tú y Shinichi?
- Claro – musitó algo confundida.
- Es que pensé que todos lo sabían y era la única que no.
- ¡Claro que no! – Rió un poco - ¿Crees que si Hakuba o Keiko lo supieran se quedarían con los brazos cruzados?
Aoko lo pensó un poco. Tal y como se llevaban esos, de seguro que si Hakuba lo sabía se le lanzaría encima, contento. Y Keiko tendría la misma reacción, incluso lanzaría un grito de victoria. Aoko rió un poco.
- Tienes razón.
- Con todo esto, lo que te quería decir es que deberías darle un voto de confianza. Como tú has dicho, él es buena persona. Y sé que no quería hacerte daño. Deberías hablar con él. Seguro que aclararas las dudas que tienes.
- Supongo que sí – dijo lanzando un suspiro – Le devolveré la joya y hablaré con él.
- ¿Y le confesarás tus sentimientos? – preguntó emocionada.
- No lo creo. Pienso que si le perdono y ya está, será lo mejor.
- Pero… ¡Deberías decírselo!
- ¿Para qué? Yo a él no le importo, solo soy una detective metomentodo.
- ¡Eso no lo sabes! – Le replicó – Debes ser sincera con él y contigo misma. De otro modo, no sabrás nunca que es lo que él siente por ti. Y de seguro que te arrepentirás. Lo sé – le cogió de las manos y le hizo mirar a sus ojos – Prométeme que se lo dirás.
- Ran…Yo no…
- Prométemelo.
Aoko miró los ojos suplicantes de Ran y no supo decir que no. Después de lo que había hecho por ella, se sentiría mal si se lo negara.
- Esta bien, te lo prometo – dijo vencida – Iré a verle, le devolveré la joya y se lo diré.
Con eso, Ran ya tuvo suficiente. Contenta, dijo que tenía que revisar unos artículos por que tenía una cita con un cliente mañana. Ran había seguido los pasos de su madre y se había convertido en una abogada de gran reputación, y no le ocasionaba ningún problema al encontrar trabajo ya sea en Japón o en Estados Unidos, al igual que Shinichi. Aoko entendió su situación y se levantó del banco al mismo tiempo que lo hacia Ran. Cuando iban a despedirse, a Ran le sobrecogió un mareo y tuvo que volverse a sentar en el banco. Aoko, asustada, le cogió de los hombros, por miedo que se desmayase.
- ¿Estás bien?
- Sí, Sí… Tan solo es un mareo… - quiso tranquilizarla aunque puso una mano en la boca - …Y arcadas…
- ¿Mareo? ¿Arcadas? – Aoko observó como Ran se tocaba su vientre y se le iluminó la cara - ¡Ran! ¡¿Estás embarazada?
Ran asintió con un intento de sonrisa, que le salió mueca, pues el mareo aún estaba presente.
- ¡Felicidades! – celebró Aoko con una sonrisa - ¿De cuando estás?
- De dos meses.
- ¡Qué bien! – Rió la detective – Me alegro mucho por ti por Kudo. Aunque espero que no salga tan impertinente y presumido como su padre… Con uno ya hay más que suficiente.
Ran rió ante el comentario de su amiga y dirigió una mirada llena de ternura hacia las madres y sus hijos que estaban en los columpios, a unos metros de ellas. Aunque después su cara reflejó preocupación.
- ¿Crees que a Shinichi le gustará la idea?
- ¡¿Aún no se lo has dicho? – vio que Ran meneaba la cabeza negativamente - ¿Por qué?
- Por que estaba muy ocupado con lo de Kid y todo eso y quise esperar – ahora miró al suelo – La verdad es que no sé si le gustara mucho.
- ¡Claro que le gustara! ¿Por qué dices eso?
- Por que ahora ya estamos bien, no sé si es el momento. No lo habíamos planeado…
- ¡Eso no importa! Shinichi se alegrara por esto, Ran, lo sé. Nunca he visto a alguien que sintiera tanta devoción por otra persona. Cuando estáis juntos, tan solo tiene ojos para ti. No importa cuanto tiempo pase, él siempre te querrá. Y un hijo es lo mejor que os pueda pasar.
Ran la miró con los ojos acuosos, y la abrazó fuertemente, emocionada. Aoko solo correspondió el abrazo, dándole su apoyo, como instantes antes había hecho Ran con ella.
- Lo siento – dijo Ran, deshaciéndose del abrazo – Es que estoy muy sensible últimamente.
- Normal, con tu estado…- convino Aoko – Pero debes decírselo ya, Ran.
- Lo sé – Ahora Ran le dirigió una mirada perspicaz – Pero tú también debes declararte a Kaito.
Habían pasado cuatro días desde el último robo de Kaito Kid y Aoko se enteró que el ladrón ya había sido dado de alta en el hospital. Así que, tal y como había prometido a Ran, iría a verle a su casa para devolverle la joya, hablar de lo que había sucedido esa noche y…declararse. La detective caminaba con pasos firmes y nerviosos por una calle residencial desconocida para ella. Miró el papel que le dio Ran con la dirección del mago. Sí, era esa calle. Se sorprendió al ver todas las mansiones de su alrededor, una clara evidencia de la clase de gente que vivía allí.
Aoko frunció el ceño. Si Kaito vivía allí, seguro que era por qué había estado robando durante todo este tiempo. Pero reconsideró su hipótesis. Kaito no podía haber conseguido su fortuna robando porque siempre devolvía la joya, es decir, que tuvo que conseguirlo honradamente. Ahora se le vino a la cabeza la imagen del teatro donde él trabajaba como mago. Sin duda, era un lugar lujoso y caro. Kaito Kuroba tenía mucha fama como mago y seguro que su salario era bastante alto. De seguro que podría comprar una mansión de aquellas.
Al fin, llegó a su destino. Era el número 22b. Ella tan sólo pudo quedarse boquiabierta al ver, a través de las rejas de su entrada, la imponente casa que tenía adelante. Tenía como mínimo dos pisos, y sospechaba que también un ático, hecho de ladrillos y piedra calcaria, con grandes ventanales, un camino de piedra que llevaba hacia las rejas donde estaba Aoko y un jardín verde y bien cuidado, con diferentes especies de flores.
Esta visión puso más nerviosa a Aoko, que ya temblaba como un flan. Tenía que serenarse, por que sino no le saldría ninguna palabra de su boca cuando le tuviese delante. Inspiró hondo un par de veces y tuvo que recordarse que el que tenía que ponerse nervioso era él, por que peligraba ir a la cárcel por todos los robos y allanamientos de morada que había realizado todos esos años.
Se fijó que para entrar tenía que abrir la reja ella misma, puesto que no había ningún timbre ni ninguna cerradura. Anduvo por el camino de piedras hasta llegar a la imponente puerta de madera perfectamente barnizada y bien cuidada.
Se llenó de coraje y apretó el botón que tenía a su izquierda con un rápido movimiento para que después sonase un pitido. Eso la angustió mucho. Aún estaba a tiempo de salir corriendo y olvidarse del tema. O mejor aún, quizás no estaba. Oyó unos pasos dentro de la casa. Sí, sí que estaba. Soltó un taco, llena de nervios, y un ataque de pánico le sobrevino ¿Por qué tenía que estar tan nerviosa? Había tenido varios novios en su vida y se había declarado alguna vez…¡Nunca se había sentido así! No lo soportaba. Tenía que salir de allí. A lo mejor lo intentaba otro día… Se dio la vuelta, decidida a irse, pero era demasiado tarde. Cuando ya daba un paso hacia el camino de piedra, oyó como la puerta de detrás se abría y una voz varonil de tono confuso la llamaba.
- ¿Aoko? ¿Eres tú?
- ¡Mierda! – murmuró la detective.
CONTINUARÁ...
Fin del Capítulo XIV
Bueno...¡Aquí esta el capitulo 14!:):)
Aún falta un poco para el final, lo he alargado un poco...¡jeje!
Espero que os haya gustado e intentaré no retrasarme en el próximo. Muchas gracias a: annyuska14, InuKo9222, Clara, Argin Heart, aural17, Saori Kudo!
Vuestros reviews me animan mucho!:D:D
LittleThief03
