Capítulo 14: Otro punto de vista
Un fuerte ruido despertó de repente a Quinn que se levantó asustada mirando a su alrededor, pero lo único que se encontró fue una sucia y mugrienta habitación y ella completamente sola.
Lo último que recordaba era bajar al garaje como cada mañana e ir a coger la moto cuando de repente un extraño movimiento llamó su atención, pero no tuvo mucho tiempo para reaccionar porque después de eso recibió un fuerte golpe en la cabeza provocando que se derrumbara por completo en el suelto mientras soltaba un alarido de dolor.
Lo primero que pensó fue que la estaban intentando atracar, pero en cuanto se giró y vio a dos hombres acercarse a ella con una sonrisa maliciosa en su rostro, reconoció a uno de ellos y supo en ese instante que no era eso lo que estaba ocurriendo, era algo que llevaba esperando demasiado tiempo y que sabía que en algún momento iba a ocurrir.
Al darse cuenta se levantó como pudo e intento huir, escapar de ellos, pero otro golpe volvió a derribarla y luego otro y otro y otro hasta que de repente lo único que sentía era dolor, hasta que todo desapareció en la oscuridad de su mente.
La cabeza comenzaba a darle vueltas y un intenso dolor inundaba todo su cuerpo lleno de contusiones. Se apoyó en la cama intentando no tambalearse mirando a su alrededor mientras intentaba averiguar como escapar. Después de unos segundos atenta a cada posible ruido o movimiento al otro lado de la puerta comenzó a oír una respiración pesada y varios quejidos que se acercaban cada vez más a ella hasta que un fuerte golpe se escuchó, como si alguien se derrumbase al otro lado y un manojo de llaves cayese al suelo.
Se acercó lentamente escuchando con atención y después de varios golpes mas se hizo el silencio. Frunció el ceño confundida e intentó abrir la puerta pero estaba totalmente atrapada, no tenía ningún modo de salir de allí.
Gruñó y golpeó la puerta con todas sus fuerzas pero se detuvo cuando oyó más pasos al otro lado, corriendo en su dirección. Se mantuvo callada y escuchando.
-¡Rachel! –gritó un hombre con el dolor notándose en su voz.
El corazón de Quinn se detuvo de repente, no podía ser posible, Rachel no podía estar allí, después de todo lo que había luchado por sacarla de un sitio similar no podría haber sido tan estúpida como para regresar. Apoyó la cabeza en la puerta cerrando los ojos, ¿a quien quería engañar? Tal como era la nueva Rachel, seguramente no le importaría arriesgar su vida, de hecho no le importaría en absoluto su vida. Suspiró y siguió escuchando.
-Rachel cariño –repitió el hombre esta vez con la voz mas suave, se encontraban justamente al otro lado de la puerta- ¡Llamad a los médicos! ¡No tiene apenas pulso! –gritó el hombre y después se oyeron varias personas corriendo alejándose de allí.
Quinn abrió los ojos totalmente asustada y el pánico la inundo por completo.
Comenzó a golpear la puerta con todas sus fuerzas mientras gritaba que la ayudasen.
La sangre se le agolpaba en los oídos impidiendo que fuese consciente de otra cosa que no fueran sus puños golpeando aquella estúpida puerta, así que no se dio cuenta como el hombre al otro lado de la puerta cogía las llaves del suelo y abría la puerta.
En cuanto la luz la golpeó lo único que fue capaz de ver fue a un hombre frente a ella con el rostro bañado en lágrimas y mi pequeño cuerpo en el suelo cubierto totalmente de sangre. No tardó ni un segundo en correr hacia mí pero unos fuertes brazos la detuvieron. Por mucho que pateó, arañó o gritó lo único que consiguió fue que la alejasen aun mas mientras unos médicos hacían acto de presencia en el pasillo acercándose rápidamente.
No podía ver nada de lo que me hacían ni siquiera lo que decían porque simplemente no podía dejar de gritar y gritar, quería llegar junto mi, cogerme la mano, decirme que estaba allí a mi lado, pero no la dejaban y cada vez veía mas distancia entre nosotras, aunque quizás era su mente que le estaba jugando una mala pasada porque de repente todo comenzó a volverse difuso y lo último que fue capaz de distinguir era como los médicos me hacían la reanimación cardiovascular y un intenso pitido se escuchaba por todo el lugar, después de eso se desmayó.
Cuando abrió los ojos de nuevo se incorporó con el cuerpo cubierto de un frío sudor, como si acabase de despertar de una horrible pesadilla, pero cuando miró a su alrededor descubriendo que estaba en la habitación de un hospital supo que aquello no era una pesadilla, era algo mucho peor, la realidad.
En cuanto fue consciente de eso intentó levantarse, quitarse las vías y salir de allí para averiguar que es lo que estaba pasando, pero en cuanto intentó incorporarse sintió como una mano se aferraba a su brazo impidiendo que se moviera. Se giró asustada ya que no se había percatado de que hubiese nadie en la habitación.
-No te muevas –le dijo Charlie.
Quinn lo observó durante unos segundos.
-¿Dónde está? –fue lo único que dijo y sabía que su hermano sabía exactamente a que se refería.
Charlie desvió la mirada con una mueca de tristeza y dolor en su rostro evitando responder.
-¡¿Dónde está? –gritó alterándose y agarrando la mano de su hermano con fuerza.
-Está en cuidados intensivos, han tenido que operarla –dijo en apenas un susurro.
Quinn frunció el ceño observándolo con detenimiento.
-¿Qué es lo que no me estas contando? –le dijo desafiándolo con la mirada.
Suspiró pesadamente aun sin atreverse a mirar a su hermana a los ojos.
-Está en coma y no saben ni siquiera si sobrevivirá a las próximas 24 horas, perdió mucha sangre y… -el chico no pudo continuar porque Quinn ya estaba de nuevo intentando levantarse, esta vez con mas insistencia llegando incluso a forcejear con Charlie.
De repente la puerta de la habitación se abrió y entró un médico deteniéndose en la puerta durante un instante observando aquella interacción de manera curiosa.
-¿Vas a alguna parte? –preguntó lentamente.
-Necesito ir a ver a Rachel –le suplicó con la mirada.
-¿Rachel? ¿Quién es Rachel? –miró a Charlie durante un segundo antes de continuar- ¡Ah! La chica esa… Lo siento pero tiene las visitas totalmente restringidas, es por su seguridad –dijo como si nada para después mirar unos papeles que se encontraban al pie de la cama de la rubia.
-Por favor, necesito verla, solo será un segundo, lo prometo.
-Lo siento, no puedo hacer nada –después de eso no tardó mucho en abandonar la habitación.
En cuanto cerró la puerta Quinn gruñó, gritó, pataleó, lanzó la almohada contra la pared, cualquier cosa con tal de aliviar un poco toda la ira y la angustia que la invadía.
-Tranquilízate –le pidió Charlie intentando inútilmente detenerla.
-¿¡Como quieres que esté tranquila? ¡Ella está ahí por mi culpa! –gritó.
-Quinn… no es tu culpa, ella tomó sus propias decisiones –intentó razonar con ella.
-¡Argggg! –golpeó el colchón con fuerza- No lo entiendes –sentenció.
-No sirve de nada que te pongas así, lo único que podemos hacer es esperar –afirmó su hermano.
Y así hicieron, no porque Quinn quisiera, pero no le quedaba otro remedio que mantenerse en esa estúpida como mientras yo me debatía entre la vida y la muerte.
En todo ese tiempo, que al menos a ella le pareció mucho hicieron acto de presencia su madre y su padre, al igual que Santana que se mantuvo mas callada de lo normal no queriendo rebelarle todavía todo lo que sabía al respecto, no era el momento oportuno.
Cuando ya se acercaba el momento en el que las visitas debían de irse ya que los enfermos debían descansar, Quinn se las arregló para mantenerse sola por fin. Necesitaba pensar, poner su cabeza en orden y ver que era lo siguiente que tenía que hacer. Por lo pronto lo más importante era verme, necesitaba verme aunque fuese por última vez, habían pasado demasiadas cosas entre nosotras y si todo se terminaba así, nunca se lo iba a perdonar.
El cansancio comenzó a hacer acto de presencia en su cuerpo poco después, no sabía si era por los medicamentos que le habían suministrado o por toda la tensión en la que se veía envuelta pero de repente sintió como los ojos comenzaban a cerrársele sin poder evitarlo, hasta que de improvisto unos suaves golpes en la puerta llamaron su atención.
A los pocos segundos se abrió la puerta y una cabeza se asomó mirando al interior, seguramente intentando averiguar si seguía despierta, al ver a Quinn mirarlo confundido, el hombre entró.
Quinn frunció el ceño al verle, lo recordaba de algún sitio, pero no sabía muy bien de donde, su cabeza estaba demasiado destartalada y adormilada como para ser consciente.
-¿Quinn…? –preguntó el hombre acercándose lentamente a la cama.
La rubia se encogió levemente, después de todo lo que había pasado no iba a confiar en ningún hombre así como así, sobretodo a un desconocido que se adentraba en su habitación en mitad de la noche.
-Siento molestarla –murmuró- Soy Hiram Berry, el padre de Rachel.
Quinn abrió los ojos sorprendida, no solo por el hecho de conocer a mi otro padre, sino que nunca lo había sido mencionado con anterioridad.
El semblante del hombre se tornó triste al mencionarme y en cuanto sus ojos se bañaron ligeramente en lágrimas que intentaba disimular, Quinn lo reconoció.
Ese hombre que se encontraba frente a ella era el mismo hombre que había estaba en aquella casa cuando abrió la puerta, el mismo hombre que la había retenido evitando que se acercase a mi cuerpo destrozado, ese hombre que tenía allí, no era ni mas ni menos que el que la había salvado y que si todo salía bien, salvaría la vida de su propia hija.
No pudo evitar que las lágrimas también asomasen por sus ojos rememorando todo lo que había sentido en ese momento que vio mi pequeño cuerpo cubierto de sangre.
Los dos se quedaron allí, mirándose e intentando contener las lágrimas hasta que fueron capaces de volver a hablar de nuevo.
-¿Cómo está? –fue lo primero que preguntó Quinn.
-No ha habido ninguna mejoría… -murmuró totalmente destrozado mientras negaba con la cabeza.
-Ella es fuerte… lo conseguirá… -respondió la rubia en apenas un susurro intentando convencer a ambos.
-Leroy me ha hablado de ti… -comentó después de asentir lentamente- Siente mucho haberte culpado por lo que pasó, sabemos que tu hiciste lo que pudiste para salvarla.
-No lo suficiente… -susurró desviando la mirada.
-No hagas eso –la regañó- La culpa de todo esto la tiene su madre, al igual que su novio, por suerte ahora ella está en la cárcel y él muerto –los ojos de Quinn se abrieron sorprendidos, no tenía ni idea de nada de eso ya que nadie había querido contarle que es lo que había pasado- Tú lo único que hiciste fue salvarla e intentar ayudar y por eso te estamos tremendamente agradecidos.
-¿Puedo preguntarle una cosa? –dijo Quinn después de unos segundos en los que los dos se quedaron perdidos en sus pensamientos- ¿Qué hacía allí? –preguntó después de que Hiram asintiese.
-La vi en el hotel en el que me estoy alojando. Al principio no la reconocí, desde que se mudaron no la había vuelto a ver y después de todo lo que pasó no parecía la misma, pero su sonrisa, sus ojos, son inconfundibles –una triste sonrisa apareció en su rostro- Vine a la ciudad a buscarla después de ver que la policía no conseguía hacer nada y Leroy estaba cada vez mas destrozado pero se ve que no necesitaba hacerlo, ella apareció ante mi y tan pronto como apareció, volvió a desaparecer. Pero la seguí, llevo demasiados años y demasiada experiencia a mis espaldas como para que me despistara. En cuanto la vi entrar a esa casa, con los hombres armados en los alrededores llamé al comisario y pronto tenía todo un equipo dispuesto a entrar, pero no podíamos hacerlo y arriesgarnos a alertar al jefe y que ocurriese una desgracia. Esperamos en el exterior y con sigilo fuimos deteniendo uno a uno a todos los hombres del exterior y justo cuando me estaba desesperando porque no tenía mas noticias de ella, oímos un disparo. Corrimos al interior tan rápido como pudimos y cuando la vi en ese suelo, cubierta de sangre… -se detuvo unos segundos tragando saliva mostrando todo el dolor que sentía al recordarlo- Creí que la había perdido… -susurró.
Los dos habían comenzado a llorar en silencio intentando ahogar los sollozos que amenazaban con escapar por sus labios.
-Fue mi culpa que fuese allí –murmuró Quinn mirando sus manos- Fue a salvarme –confesó.
-Mi hija siempre ha luchado por lo que quiere –respondió con una triste sonrisa de orgullo en su rostro- Por lo menos consiguió su propósito.
-No tendría que haberlo hecho –dijo alterándose levemente.
-Ni tú ni nadie podría haberla detenido. Tenía una bala incrustada en su estomago, llena de heridas, contusiones y desangrándose y aun así, su último impulso fue salvarte.
En esos momentos Quinn ya no podía contenerse más y comenzó a llorar desconsoladamente mientras que Hiram la miraba aun con lágrimas en sus ojos.
-Ella te quiere… -susurró él y después de unos segundos de silencio añadió- He movido algunos hilos y mañana podrás verla, durante unos minutos nada más, pero creo que os vendrá bien a las dos.
Los ojos de Quinn se iluminaron mientras lo miraba.
-Gracias –murmuró de manera apenas audible.
-Dale fuerzas, las necesita –y después de eso, abandonó la habitación dedicándole una triste sonrisa.
No sé en vuestros países, pero si tienes que ir a salvar a alguien rápidamente, te escondes de la justicia y de la policía y encima solo eres una niña que no tiene los contactos necesarios, no sé de donde pensáis que va a sacar un arma. Ya bastante hizo con colarse en esa casa...
El primero que abusó de Rachel simplemente fue el que mas pagó, no es nadie conocido, ni que vaya a mencionar en la historia, por lo menos eso creo.
Ya estáis contentas que ha aparecido Quinn en la historia?
