EL final de esta historia.
Este capítulo tiene una especial dedicatoria a aquellas que siguieron esta historia desde el principio, que me dieron ánimos para seguir y que nunca la abandonaron.!
Muchas gracias y las dejo con el fic.
KAORU miró los anillos con el corazón en un puño. Él le estaba diciendo que quería que se casara con él. No debería estar tan sorprendi da; sobre todo después de que él le dijera que quería tener ese hijo con ella. Pero lo estaba.
Ella lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
Él sonrió.
-Lo sé. Estás recordando lo que te dije: que no eras mi tipo y que nunca podría sentir interés por ti. Pero los médicos me explicaron lo que sucedía. Por lo visto, aunque tenía amnesia, todavía estaba inten tando protegerte. Shishio estaba detrás de mí y tú es tabas en peligro -sonrió con amabilidad-. No era que no me importaras; todo lo contrario: estaba tan preocupado por ti que incluso con amnesia quería protegerte.
Ella dejó su mano pequeña sobre la mano enor me de él y lo miró con el corazón en los ojos.
-Sí. Me casaré contigo, Kenshin.
-No estaban bromeando, ¿sabes? Cuanto te di jeron que tenía muy mala reputación, era cierto - añadió con expresión seria-. Tengo un pasado y no es el mejor de todos.
-Ningún hombre malo podría hacer la pintura que tú has hecho -dijo ella con sencillez. Él le apretó la mano.
Megumi y Sanosuke intercambiaron una mirada de cu riosidad; pero Kenshin y Kaoru no les dijeron nada. Era demasiado personal.
-Sí, Kenshin -repitió ella-. Me quiero casar contigo.
La sonrisa de él era enorme.
-Vamos a necesitar más champán -dijo Sanosuke con una gran carcajada y le hizo una señal al ca marero mientras Megumi se secaba una lágrima.
-¿Te gustaría casarte en Osaka ? -le pre guntó Kenshin cuando estaban a solas en la habita ción de él.
-Sí -le respondió ella.
-Podemos sacarnos la licencia y casarnos en tres días; pero si prefieres esperar...
-Preferiría morirme de hambre que esperar más.
Los ojos de él brillaron.
-Yo tambien.
En unos segundos, se olvidaron de todo mientras se fundían en un beso. El vestido de ella cayó al suelo seguido por la chaqueta de él y de todas las demás prendas que se iban quitando de camino a la cama.
Ni siquiera se metieron entre las sábanas, direc tamente, se tumbaron sobre la colcha.
-Lo siento -se disculpó él-. Estoy muerto de hambre -gruñó junto a la boca de ella mientras con la rodilla le abría las piernas y se dejaba caer sobre ella-. ¿Te parece bien? -le preguntó mirándola a los ojos.
-¿Que si me parece bien? Me parece la mejor idea del mundo.
-¿Estás tomando algo?
Ella negó con la cabeza.
Él dudó.
Ella lo miró a los ojos y, deliberadamente, levan tó las caderas y se frotó contra él con un movimien to de lo más sensual.
Él tembló.
Se inclinó sobre ella y la besó con suavidad. La pasión desbordada y las prisas habían desaparecido por completo. Él dudó, tomó aliento y la besó con una ternura casi dolorosa. El cambio tan repentino de la pasión desbordada a la ternura infinita hizo que ella lo mirara con curiosidad.
-Te lo explicaré -le susurró él, sujetándole las que hacerlo con amor, no con lujuria el bebe puede sentirlo -añadió y su voz tembló. - Un hijo sólo hará que todo sea más perfecto de lo que ya lo es.-
-Sí -admitió ella, llorando junto a su cuello, apretándose contra él al sentir que se acercaba de manera más íntima a su cuerpo.
Él se movió contra ella, sonriendo mientras con las manos empezaba a acariciarla, con mucha ternu ra. Le besó la cara con suavidad y devoción, mien tras movía su cuerpo sobre el de ella a igual rit mo. El único ruido que se oía en la habitación era el del susurro de la piel contra la piel y los sonidos ahogados que escapaban de sus gargantas a medida que el placer crecía.
Tuvo que ahogar un grito cuando él la acarició de la manera más íntima que jamás la había acari ciado.
-¿Te gusta esto? -le preguntó él-. Vamos a probar esto otro.
-¡Kenshin...!
Con la boca la exploró como si fuera una flor, acariciando y saboreándola, y despertando sensacio nes que hacían que su cuerpo se arqueara de placer.
Cuando llegó a sus pechos, ella estaba temblan do. Mientras tanto, con una mano estaba preparando el cuerpo de ella para que lo aceptara.
Ella le clavó las uñas en sus brazos musculosos cuando él empezó a poseerla con suaves impulsos, íntimos y profundos.
-No... no era así antes - intentó decirle ella.
-No; no lo era -susurró él. Sus ojos la mira ban fijamente, con seriedad, mientras la hacía del todo suya-. Nunca habíamos hecho el amor así. Aunque nunca hubiéramos experimentado un placer mayor, esto lo supera. Porque esto es puro amor.
Ella tembló. Su cuerpo siguió cada movimiento de él y comenzó a hacer un sonido que nunca antes había oído. Surgía de lo más profundo de su gargan ta e iba creciendo conforme el placer crecía.
-Aguanta -le susurró él-. Vamos a llegar juntos...
Empujó con fuerza mientras ella se arqueaba para unirse a él. El movimiento era frenético, poten te, fiero. Toda la ternura los había llevado hasta allí haciendo que la culminación fuera aún más explosi va. Se aferraron el uno al otro, temblorosos, jadean tes, hasta que el placer estalló en miles de explosio nes fieras y los dejó casi inconscientes.
Ella escuchó la voz ronca de él gemir en su oído mientras se convulsionaba sobre su cuerpo temblo roso. Después, lloró porque no podía soportarlo. No creía que pudiera sobrevivir.
Él tembló una vez más.
-Nunca había sentido algo así en la vida, ni si quiera contigo -le susurró sorprendido, casi asustado.
-Yo tampoco.
Entonces, él soltó una carcajada.
-Sí; pero yo no era virgen -susurró él entre ri sas.
Ella también se rió, sorprendida de que la intimi dad pudiera ser tan dulce y tan divertida al mismo tiempo.
Kenshin la apretó contra él y se tumbó boca arri ba, con ella sobre su pecho.
-Ahora, nos tendremos que casar deprisa para que te sirva el vestido de novia que te he traído. -¿Un vestido de novia?
-Es espectacular -le dijo él-. Una preciosi dad de seda y tul bordada con rosas blancas a juego del velo.
-¿Me has comprado un vestido de novia? - preguntó ella, todavía incrédula.
-Unos días después de recuperar la memoria - murmuró soñoliento-. Me estaba volviendo loco de tanto como te echaba de menos. Sabía que tenía que darte tiempo, pero tenía que hacer algo para mantenerme ocupado. Así que volé a París y me re corrí todas las casas que hacían trajes de novia bus cando uno para ti. Está colgado en una bolsa en el armario. ¿Quieres verlo?
-¡Claro! -exclamó ella, emocionada.
Él saltó de la cama, abrió el armario y sacó una bolsa con el emblema de una firma de alta costura. Abrió la cremallera, sacó el vestido y lo puso en alto para que lo viera. Kaoru saltó de la cama y fue a mi rarlo de cerca, fascinada por su belleza casi etérea.
-¡Kenshin! ¡Debe de haberte costado una autén tica fortuna!
-Desde luego, pero merecía la pena. Vas a ser la novia más bonita que este lugar haya visto ja más.
Ella lo miró a los ojos con adoración.
-Y tú serás el novio más guapo, sin duda -le dijo.
Se movió contra él, le rodeó el cuello con los brazos y lo atrajo hacia ella. Ninguno de los dos lle vaba nada puesto y habían pasado mucho tiempo se parados. El sintió sus pechos desnudos contra su torso y su cuerpo se endureció de inmediato.
Ella levantó los ojos y lo miró con picardía.
-¿Qué? ¿Crees que estás dispuesto?
Él se inclinó sobre ella y la tomó en brazos.
-Cariño, dime tú si lo estoy o no.
La dejó encima de la cama y se tumbó sobre ella.
La boda fue preciosa. A la ceremonia asistió la mitad de Japon desde luego, se podía decir que Kenshin tenía amigos de todo tipo.
Kaoru caminó por el pasillo del brazo de Nobu. En el altar la esperaban Kenshin y su hermana. El párroco, un señor mayor con una son risa contagiosa, celebró la boda con cariño y. al fi nal, cuando intercambiaron los anillos y se besaron con ternura, no hubo nadie que no derramara alguna lágrima.
Después en el convite, el vestido de Kaoru fue el centro de atención.
-Se nota que es de París -le dijo Megumi, abra zándola con cariño.
A la mañana siguiente, estaban abrazados juntos en la cama de un lujoso hotel en una isla del Caribe. Había sido una noche de bodas realmente apasionada y habían dormido hasta bien entrada la mañana. Kenshin había sido el primero en despertarse y había pedi do que les subieran el desayuno a la habitación. Des pués, se había acurrucado contra el cuerpo de Kaoru y había dormitado hasta que llamaron a la puerta.
Kenshin besó a su esposa y la despertó dulcemen te. Después, se puso un albornoz, cerró la puerta del dormitorio y fue a abrir la puerta de la suite.
Era el servicio de habitaciones con el desayuno. Kenshin invitó a pasar al camarero con el carrito y le in dicó que lo dejara allí mismo. Le dio una generosa pro pina y se despidió. Antes de entrar a ver a Deba, levan tó la tapa y aspiró el aroma que salía de una estupenda bandeja con huevos revueltos, salchichas y tocino.
Volvió al dormitorio, apartó la sábana y se incli nó para besar los pechos desnudos de su mujer.
-No me apetece parar, pero tenemos que comer algo -le susurró, ayudándola a ponerse de pie-. Por mí, te puedes quedar como estás -añadió con una sonrisa.
-Nunca vamos a ser capaces de salir a hacer algo de turismo -se rió ella.
El la besó.
-Aguafiestas. ¡Quién quiere ver otros monu mentos, cuando aquí tengo el mejor! Vamos a co mer. No sé tú: pero yo estoy muerto de hambre.
-¿Dónde está mi bata?
El la ayudó a ponérsela.
-Es una pérdida de tiempo -le dijo con una sonrisa-. Te la pienso quitar en cuanto acabemos de desayunar.
Ella le agarró de la mano y lo siguió hasta la mesa. Pero algo inesperado le sucedió al oler los huevos.
Apenas tuvo tiempo de llegar al baño. Él apare ció detrás de ella para sujetarla. Cuando acabó, le limpió la cara con una toalla húmeda. Después, la tomó en brazos y la llevó de vuelta a la cama.
Ella lo atrajo hacia sí y le plantó un beso. –Ummm tu hijo empieza a quejarse del poco descanso-
- Mmm nuestro hijo será muy protector con su madre-Ella suspiró y lo miró con una sonrisa.
-Vas a ser el marido más maravilloso y el mejor padre del mundo -le dijo de corazón. Y acertó viviendo junto a su familia la paz y felicidad que merecían.
Fin
