Capítulo 14: Sueño

Mirando a las estrellas, Kousuke comenzó a reflexionar sobre su situación con su pareja.

Él comprendía muy bien muchas de las preocupaciones de Masahiro. Desde la primera vez que había visto sus ojos, había querido ser capaz de protegerlo y salvarlo de sus pesares. Comprendía su soledad, que fuera tan cerrado con sus sentimientos, después de todo, desde muy pequeño Masahiro había vivido tan solo, junto a la despreocupación de su madre, había estado tan falta de cariño.

Kousuke se había encargado de enseñarle lo que era el amor y lo importante de demostrar sus sentimientos. Pero en ese momento, sentía que estaban retrocediendo, y sabía que eso no estaba bien. No podía permitir que él se dejara consumir por la angustia, callándose todo, debía acabar con los problemas de comunicación.

Fue hacia su habitación, decidido a conversar con Masahiro, pero cuando llegó allí, él ya estaba dormido.

Se sentó en la cama, observándole su rostro durmiente. Se sintió mal consigo mismo al notar rastros de lágrimas en las mejillas de su pareja.

Suspiró y se acostó a su lado, tomándole la mano. Deseaba tanto poder comprender por qué a Masahiro le seguía costando tanto ser abierto con sus sentimientos y contar todo lo que le angustiaba. Pensando en eso, se quedó dormido.

Al día siguiente, Kousuke despertó solo. Miró confundido hacia donde se suponía debía estar Masahiro, sentándose sobre su cama.

Sintió algo extraño, su cama estaba mucho más grande. Rápidamente se levantó, quedándose muy helado.

«¿Qué tipo de mal sueño es este?», pensó mirando su cuerpo, el cual había vuelto a ser el de un niño de 9 años.

Completamente nervioso, salió de su habitación, corrió hacia la sala de estar, donde quedó en shock. Su madre estaba más joven y Kensuke también había regresado a ser un niño.

«¿Tengo la misma edad que Ken?», pensó escondiéndose, y mirando hacia su hermano. «Qué sueño más raro».

—Ya vámonos a la escuela, Ken-chan— dijo Miho con una sonrisa.

Ella y su hijo se fueron de casa. Kousuke se quedó solo en ese lugar, tratando de entender todo.

«¿Estoy soñando, verdad?», pensó impactado, hasta que algo se atravesó en su mente. «Si tengo la misma edad que Ken, ¿también tengo la misma edad de Masahiro, no?».

Kousuke sin poder evitarlo, salió corriendo de casa, rumbo a la escuela de Kensuke y Masahiro.

Llegó allá, donde se encontró con muchas mujeres dejando a sus hijos.

Se escondió al ver a su madre dejar a Kensuke y despedirse de él con un beso en la mejilla. Cuando ella se marchó, Kousuke salió de su escondite, chocando con un niño y botándolo.

—¡Lo siento!— exclamó, y quedó en shock al mirar al niño con el cual había chocado.

—No te preocupes— su cuerpo se estremeció al escucharlo hablar.

—¡¿Masahiro?!

Definitivamente era un sueño muy extraño, Masahiro había vuelto a ser un niño, tenía su cabello castaño anaranjado y no tenía ningún piercing en sus orejas. Ambos tenían la misma edad.

—¿Cómo sabes mi nombre?— preguntó sorprendido.

Kousuke se puso nervioso, pensando en una excusa.

—¡Oh! ¿He adivinado? ¿Te llamas Masahiro? ¡Soy genial!

Masahiro lo miró incrédulo, empezando a sentirse nervioso.

—¿Quién eres?

—Me llamo…— por alguna extraña razón, no pudo pronunciar su nombre. Siguió intentándolo, hasta que se rindió. —Shigeo.

—¿Shigeo?

«¿Por qué me he puesto el nombre del perro?», pensó frustrado.

—¿Y tu apellido?

Kousuke trató de pronunciar su apellido, pero tampoco pudo.

—Soy un huérfano, no tengo— se sintió idiota por esa mentira tan rebuscada.

—¿Un huérfano?

—Sí, ¿conoces algún lugar donde pueda comer algo sin pagar?

—¿Eh?

Kousuke de verdad se sentía idiota, pero como todo era un sueño, ya le daba igual.

—Shigeo-kun, dudo que exista un lugar así, lo siento mucho— dijo Masahiro, mirándolo apenado.

Kousuke sintió ternura, aunque aquello fuera un sueño, le gustaba poder verlo a él de esa forma.

Era la primera vez que veía a Masahiro de tan niño, al ser un sueño, de seguro era un producto de su imaginación, y él había sido distinto de niño, pero de todas formas, disfrutaba verlo así.

—¿Tienes hambre, Shigeo-kun?

—Sí, mucha— respondió, era mentira.

—Yo puedo cocinarte algo— comentó nervioso, desviando la mirada —pero tendremos que saltarnos la primera clase.

—¡Claro, no hay problema!

Sin que nadie se diera cuenta, Kousuke y Masahiro se alejaron de la escuela. Kousuke descaradamente lo tomó de la mano, haciéndolo sonrojar.

Llegaron a la casa de Masahiro, en aquellos apartamentos de mal aspecto.

—Lamento el desorden— dijo Masahiro al entrar.

—No te preocupes.

Kousuke miró el lugar y sintió una extraña sensación en el pecho. Sabía que era un sueño, pero todo se veía tan real.

Masahiro fue hacia la cocina, y él lo siguió. Se quedó en silencio y lo observó cocinar, muy admirado.

Masahiro estaba tan solo, desde tan pequeño había tenido que aprender a ser autosuficiente, a no depender de nadie más que de sí mismo, lo cual estaba bien, pero Kousuke no encontraba justo que fuera así por culpa de la soledad.

Cuando la comida estuvo lista, los dos se sentaron a comer en una mesa pequeña. Kousuke probó un primer bocado, pero no tenía sabor.

—¡Está delicioso!— mintió.

—Muchas gracias— respondió Masahiro, avergonzado.

A pesar de no sentirle nada de sabor, Kousuke continuó comiendo.

Sintió una calidez en el pecho, aquella calidez que sólo podía sentir con Masahiro a su lado. Lo miró comer, se veía animado de tener compañía.

—¿Te sientes solo?— preguntó Kousuke.

Masahiro lo miró sorprendido por esa pregunta, de un momento a otro, bajó la mirada.

—Ahora tú estás aquí conmigo— respondió.

—Me refiero en general.

Guardó silencio unos segundos antes de contestar —¿No sentirás lástima por mí?

Kousuke lo miró sorprendido, él continuó hablando.

—Me siento muy solo, siempre, cada día, pero estoy bien. Ningún héroe vendrá a salvarme de la soledad, pero está bien, yo puedo enfrentarla solo.

—Tal vez algún héroe sí podrá, estoy seguro que alguno llegará.

—No necesito un héroe, sólo quiero a alguien que quiera estar a mi lado.

Kousuke se quedó helado ante esas palabras, comenzando a reflexionar sobre todo lo sucedido.

Masahiro se levantó de la mesa y caminó hacia la puerta, abriéndola.

—¡Mira las estrellas!— exclamó emocionado.

«¿Ya es de noche?», pensó Kousuke. Miró hacia él y sus ojos brillaron.

Masahiro estaba de espaldas, al medio de la puerta abierta. Sobre él, el cielo estaba repleto de estrellas.

Kousuke se acercó a Masahiro y lo tomó de la mano, provocando que lo mirara sorprendido.

—Te prometo que no te volverás a sentir solo, mientras estés conmigo.

—No tienes que sentir lástima por mí.

—Lo único que siento por ti es amor.

Masahiro se sobresaltó, quedándose sin palabras y con las mejillas muy rojas.

Kousuke lo miró con una sonrisa y continuó hablando.

—Un día vas a tener una familia por la cual luchar y sentirte orgulloso, así que empieza a perderle el gusto a la soledad y espera por mí.

Bajo las estrellas y siendo los dos unos niños, Kousuke tomó ambas manos de Masahiro, y lo miró a los ojos, los cuales de a poco habían empezado a cristalizarse.

—Kousuke-san— lo escuchó decir y todo se fue a negro.

Kousuke despertó de golpe, empezando a respirar agitado. No se había equivocado, todo había sido un sueño, pero nunca en su vida había tenido un sueño como ese, se había sentido tan real.

—¡¿Kousuke-san?! ¡¿Estás bien?!— exclamó Masahiro, quien despertó por el ruido, se sentó a su lado, mirándolo muy preocupado.

El nombrado logró calmarse, sentándose también en la cama.

—Estoy bien— respondió sonriendo.

—¿Tuviste una pesadilla?

—No, un sueño muy hermoso.

Masahiro alzó una ceja, mirándolo muy confundido. Kousuke soltó una risita, llevó una mano hacia la mejilla de su pareja y la acarició.

—Tenemos que hablar, Masahiro.

—Lo sé, lamento lo que te dijo mi madre.

—No de eso, ya solucionaremos ese tema.

—No hay nada que solucionar, ya me despedí de ella.

—¡Escúchame, Masahiro!— levantó la voz un poco, el mencionado lo miró atento —Necesito que me digas que es lo que te angustia, y no digas que nada porque te conozco y sé que algo te pasa.

Masahiro lo miró con seriedad, la cual desapareció al ver como Kousuke puso su rostro sobre su vientre.

—Masahiro, no tienes idea lo mucho que te amo a ti y a nuestra hija. Por favor, permíteme ser parte de tu vida, cuéntame todo lo que sientes, yo estaré a tu lado para ayudarte a sobrellevar todo.

Masahiro se sorprendió muchísimo con lo escuchado, su corazón latió fuerte dentro de su pecho, y Kaori dio una patadita dentro de él, animándolo a hablar.

—¿No sentirás lástima por mí?— preguntó.

Kousuke se estremeció al recordar su sueño. Se separó de su vientre y lo miró de frente.

—Lo único que siento por ti es amor— repitió las mismas palabras.

Masahiro abrió sus ojos, de los cuales comenzaron a salir unas pocas lágrimas, sin ser capaz de decir nada, su pareja volvió a hablar.

—Admiro tu fortaleza para haber enfrentado la soledad por tantos años, y a pesar de vivir con ella, fuiste capaz de cautivarme con tus ojos y venir a mí. Pero Masahiro, ahora yo estoy a tu lado, y no pienso dejarte ir por nada del mundo.

Masahiro no dio más y rompió en llanto, aferrándose a él.

—Tengo miedo de que algún día dejes de amarme, Kousuke-san— confesó.

—No podría dejar de amarte, y yo también tengo ese miedo— contestó, recibiendo una mirada de sorpresa.

—Yo no puedo imaginar una vida en la que deje de amarte.

—Yo tampoco— lo atrapó entre sus brazos para abrazarlo —por favor, de ahora en adelante no me ocultes tus sentimientos, confía más en mí.

—Sí, Kousuke-san.

Unieron sus labios en un beso, un beso lleno de sentimientos.

Aún no amanecía, por lo que abrazados se acomodaron en la cama y se quedaron dormidos.

Al día siguiente, el buen ánimo por fin regresó en los dos, Masahiro se levantó y salió de la habitación, mientras que Kousuke se quedó sentado sobre su cama, mirando un objeto en particular.

Había comprado un anillo de compromiso para pedirle matrimonio a Masahiro, pero no sabía cuándo podía ser el momento correcto para pedírselo. Guardó el anillo en un lugar seguro, y salió de la habitación, en busca de su pareja para poder desayunar.