Capítulo 14: COMPLICES

Y duele…
Sentir ese golpe en la vida que marca por siempre…

(Chenoa-Duele)

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A la mañana siguiente, Alice seguía en la cama y supuse que pasaría allí todo el día, así que procure no hacer mucho ruido. Me hubiera gustado quedarme con ella e ir de compras, pues sabía que eso la animaría mucho, pero no había forma de escaquearme del trabajo, tenía reuniones con varios editores y tenía que atenderlas todas.

Cuando entré en mi despacho, Jasper me esperaba en una silla y mirando al infinito. Parecía estar muy cansado y las ojeras de sus ojos mostraban que no había dormido mucho.

-Bella…-corrió a abrazarme y yo le correspondí.

Él empezó a sollozar y apoyó su cabeza en mi hombro. No podía creer que ese hombre destrozado y roto podía haber traicionado la confianza de mi mejor amiga y la de todos. No sabía lo que había pasado, pero lo iba a descubrir.

Me senté a su lado y me quedé esperando a que hablase, mientras se limpiaba las lágrimas que no paraban de brotar.

-Charlotte era una paciente que llegó a mi consulta hace un año. Presentaba un cuadro de esquizofrenia y la traté durante varios meses. Mi colega me la había mandado, al parecer no era capaz de hacerse cargo de ella, no encontraba un tratamiento adecuado para ella que no implicara un internamiento en un centro psiquiátrico. Me lo pidió como un favor y yo acepté. No sabía el error que estaba cometiendo hasta ahora…

"Empecé a tratarla. Teníamos unas tres sesiones a la semana y al cabo de unos meses empezó a mejorar, incluso aceptaba tomarse la medicación, cosa que hasta ahora nunca había consentido. Cuando le dí el alta, empezó a venir a mi despacho continuamente, me mandaba correos, me llamaba, me acosaba, interrumpía mis sesiones con otros pacientes e incluso una vez me siguió a casa…

"Yo le exigí que parara, que no podía seguir así. Me dijo que estaba enamorada de mí y que no me iba a dejar en paz hasta que consintiera salir con ella. Yo me negué, evidentemente, aunque no paró se perseguirme. No le dije nada a Alice por no preocuparla, aunque ahora sé que debí habérselo dicho. Entonces un día me dijo que se había enterado que estaba casado y que no pararía hasta hacerme romper el matrimonio. A partir de ahí, desapareció y no supe nada más de ella.

-Hasta hoy…-terminé yo

-Hasta hoy. Bella, por favor, tienes que creerme, te estoy diciendo la verdad. Tendría que habérselo dicho a ella, o haber pedido una orden de alejamiento o algo. Siento que en parte es mi culpa, tendría que habérmelo tomado más en serio, pero no era consciente hasta que punto estaba obsesionada conmigo.

-¿Y el bebé?

-No tengo ni idea, pero te puedo asegurar que no es mío.

-Vale, Jasper, te creo. En el fondo sabía que había una explicación para toda esta locura, no te creía capaz de hacer algo así.

-¡Claro que no! Sólo quiero a Alice, quiero formar una familia con ella y estar con ella siempre.

-Lo sé, Jasper, pero sabes que ella es muy cabezota cuando cree llevar razón…

-Tienes que ayudarme, por favor. No creo que sea capaz de hacerlo solo.

En ese momento, se me encendió una bombilla imaginaria en mi cerebro. No era la mejor idea, ni la más agradable, pero en esos momentos no había otra opción.

-Te ayudaré, pero necesito que no contactes con Alice ahora mismo. Déjamelo todo a mí.

-Gracias, Bella. Gracias.

Una vez Jasper se marchó, marqué un número de teléfono, demasiado conocido a mi pesar. Edward contestó al segundo toque

-¿Diga?

-Necesito tu ayuda.

-¿Bella?

-Sí

-¿Qué quieres?

-Quiero que ayudes a uno de tus mejores amigos, y lo vamos a hacer juntos.

***

Caminaba a paso acelerado por el edificio de oficinas en el que trabajaba Edward, buscando como una loca su oficina. Me había dicho que era en la quinta planta, pero aún no lo encontraba.

Seguí buscando, incluso le pregunté a una chica que tenía pinta de ser una pobre becaria explotada. Me indicó el camino, no sin antes soltar unas risitas al mencionar el nombre de Edward. Supuse que era una de sus muchas conquistas de una noche, y no pude evitar sentir una punzada de celos "Deja de pensar en ti, idiota"-pensé-"Estás aquí para ayudar a tus mejores amigos".

Cuando llegué al despacho, ni siquiera me paré a llamar ni a saludarlo, de modo que entré como alma que lleva al diablo. Él estaba concentrado en su trabajo, sentado detrás de una mesa y levantó la vista de unas fotografías, encontrándome con sus preciosos ojos verdes, que me miraban con el ceño fruncido.

El despacho de Edward era bastante pequeño, pero lo suficiente para que una persona pudiera trabajar con soltura. Las paredes blancas estaban llenas de fotografías que supuse serían suyas, y los escasos muebles eran de un elegante color negro. También había una pequeña mesa con un par de cámaras fotográficas de alta calidad totalmente destripadas y encima de la mesa había un ordenador portátil con pinta de ser muy caro.

-La gente normal pide permiso cuando entra en una habitación ajena. –dijo Edward, indicando con la mano que me sentara.-O por lo menos saluda. Es una de las conductas sociales de los humanos, ¿Sabes?

-No tengo tiempo para tonterías, Edward –dije sentándome- Así que por favor, vamos al grano.

Le conté brevemente lo que había pasado entre Jazz y Alice, centrándome en los hechos e intentando omitir juicios personales. Mientras le narraba lo ocurrido, observé sus reacciones y me alegré saber que apreciaba a Alice y Jasper al menos.

-De modo que ahora, tengo a Alice viviendo en mi casa y a Jasper desesperado por una oportunidad para explicarse.-concluí.

Edward me miró y asintió.

-Te ayudaré, pero no entiendo qué puedo hacer yo para arreglarlo. Alice no me tiene en gran estima y no creo que me deje interferir.

-Una vez me dijiste que tu hermano era detective privado, ¿me equivoco?

-Sí, es verdad, pero…

-Podríamos contratarlo.

-Bueno, verás Bella, no sé si mi hermano aceptará.

-¿Por qué no? –pregunté, desesperada. Él era mi única esperanza para arreglarlo.

-Digamos que no está muy de acuerdo en inmiscuirse con personas que él conozca personalmente.

-Pero él no conoce a Alice, ni a Jasper, ni a la tal Charlotte. Es un caso normal para él…

Edward me miró fijamente y soltó un suspiro.

-De acuerdo, Bella, lo intentaré, pero no te prometo nada.

-Inténtalo, recuerda que son tus amigos.

-Lo sé.

Me levanté para marcharme, ya que no tenía ninguna intención de quedarme más tiempo del necesario. Sentí su mirada interrogante y me quedé mirándolo fijamente a que dijera algo. Mi mirada debía ser feroz, ya que él agachó la cabeza y suspiró.

-Bella…

-¿Qué quieres, Edward?

-Por favor, quiero tu redención. No puedo soportar más con esta situación contigo.

-Eres tú el primero que tiene que aceptar que he rehecho mi vida. Yo lo hice, lo superé, ahora soy una mujer nueva. –dije yo.

Me parecía increíble lo mucho que cambiaba su presencia, me volvía fría, feroz, sin sentimientos. ¡Yo no era así, maldita sea! En una situación normal jamás hubiera contestado de esa manera, pero con él era diferente. Me sentía acorralada en un rincón, entre la espada en la pared. Era como una rata, como un animal salvaje, que cuando se veía acorralado atacaba sin piedad a su contrincante.

Edward me miró con infinito dolor en sus ojos y asintió. Parecía que había perdido toda su esperanza.

-Tienes razón. –dijo él

-Lo sé.

-Aún así, ¿No podríamos ser amigos? ¿No podríamos enterrar el hacha de guerra?

-Supongo que el tiempo lo dirá. –dije, dirigiéndome a la puerta y abriéndola. –Llámame cuando hables con tu hermano, por favor.

Y sin mirar atrás salí de su despacho con un paso apresurado.

***

Me encontraba en casa de David. Me había quedado a cenar en su casa y estábamos en su sofá tumbados y dándonos cariño el uno al otro. Él me sostenía por la cintura, mientras que yo tenía la cabeza en su pecho, escuchando los latidos acompasados de su corazón. Le estaba contando toda la situación con Alice, Jasper y Edward.

-Me parece buena idea que les ayudes, Bella –dijo él- pero de todas formas no me hace ni pizca de gracia que necesites a Edward.

-Es por su hermano. No hubiera recurrido a él de no ser porque su hermano es detective privado, ya lo sabes

-Ya, ya lo sé, pero es que no me fío de ese tío. Te hizo daño en el pasado y no quiero que te impliques con él más de lo necesario.

-No te preocupes por mí –le di un beso en los labios-Estaré bien. Espero haber solucionado esto en un par de semanas.

-Eso espero. Alice y Jasper son buena gente y parece que no les va nada de bien estar separados.

-Qué me vas a decir a mí…Bueno, dejemos de hablar de temas deprimentes… ¿Qué tal el trabajo? ¿Algo nuevo bajo el sol?

-Nada nuevo –puso los ojos en blanco- voy a estar con este bodrio de ciencia ficción hasta el día del juicio final…

-No exageres, al menos tú no tienes que tragarte las bobadas cursis de una adolescente con hormonas que cree en el amor eterno y en las almas gemelas. –bufé.

-¿Acaso tu no crees en el amor eterno y en las almas gemelas? –me alzó la cabeza para mirarme a los ojos.

-Bueno…en realidad no sé si creer. Creo que esas cosas sólo pasan en las películas de Julia Roberts, ¿sabes? No creo que yo esté hecha para eso…

David sonrió de manera muy seductora y comenzó a besarme de una manera que casi me hace perder la consciencia, dulce, lento y con una infinita ternura. Nuestras lenguas se encontraron y comenzaron una danza de indescriptible placer. La respiración me comenzó a fallar y tuve que apartarme unos centímetros para poder coger aire. David bajó lentamente por mi cuello.

-Yo haré que cambies de opinión… -dijo, antes de perderme por completo en él.

***

-¡¡¡¡¡ISABELLA MARIE SWAN MUEVE TU CULO FLACUCHO HASTA AQUÍ YA!!!!!

Había pasado algo más de una semana desde que mi mejor amiga se presentara en mi puerta con toda su ropa. Su ánimo había mejorado considerablemente, aunque todavía se despertaba por las mañanas con los ojos rojos e hinchados. Trataba de aparentar felicidad, pero a mí no podía engañarme. Sabía que sufría mucho más de lo que decía.

Era un sábado por la mañana y estábamos haciendo una limpieza general a mi piso. Yo limpiaba la cocina, mientras que Alice se encargaba de limpiar el polvo del salón. Su grito me asustó tanto que hasta se me cayó el bote de limpiacristales, pensé que había ocurrido algo terrible.

Corrí hacia el salón y cuando llegué, me encontré con Alice llevando entre sus manos mi colección de películas de comedia romántica.

-¿QUE DIABLOS ES ESTO, ISABELLA? –dijo Alice, mirándome con un brillo de locura en sus ojos. –Eres…eres… ¡Eres una traidora! Sabes perfectamente lo que opino de estas películas, ¿Cómo has podido ocultármelo así?

-Venga, Alice, no es para tanto. Son películas, ficción, no tiene nada que ver con la vida real.

-¡Precisamente por eso!

-¡Oye! A mi me gustan, ¿vale? Me hacen evadirme de la realidad y paso un buen rato, ¿Qué tiene eso de malo?

-Ahora mismo nos vamos a deshacer de ellas –dijo Alice, caminando hacia la cocina, donde estaba el cubo de basura. Yo la detuve inmediatamente, interponiéndome en su trayectoria y sujetándole los brazos.

-¡No, por favor! ¡No me hagas esto!

-Es por tu bien, Bella –dijo Alice, intentando zafarse.

-¡Por favor! ¡Haré lo que pidas, lo juro! ¡Hasta dejaré que me hagas la manicura y la pedicura!

Alice se lo pensó y puso su dedo índice en la barbilla de manera muy cómica. A continuación asintió con la cabeza, probablemente conocedora de que no obtendría un trato mejor.

-Pero con la condición de que yo tengo que elegir los colores…

Ella me empujó hacia su dormitorio y me sentó en la cama. Después sacó una cajita con pequeños botes de pintura de uñas. Pegué un respingo cuando sacó uno de color azul eléctrico.

-No me pienso poner eso, es demasiado chillón. ¿Qué tal una manicura francesa?

Alice bufó y puso los ojos en blanco, negando con la cabeza. Guardó el bote azul y sacó uno de color beige.

-La manicura francesa es para putones ricos, Bella. Tú no eres ni lo uno ni lo otro.

-Eso es discriminación.

-Discriminación o no, vas a dejarte hacer lo que yo quiera.

Era una pérdida de tiempo discutir con Alice, de modo que ni lo intenté. Cuando estaba a punto de resignarme a soportar la tortura, sonó mi teléfono móvil. Fui corriendo a mi habitación para cogerlo.

-¿Diga?

-¿Bella?-era Edward

-Oh, hola. Dime.

-He descubierto varias cosas.

Alice entró pegando saltitos y se sentó en el suelo con las piernas cruzadas.

-¿Quién es, Bella?-dijo ella. Yo me limité a negar con la cabeza, haciéndola callar con la mirada.

-Oh, no puedes hablar con libertad, ¿no? –dijo Edward

-No, la verdad es que no –dije yo

-¿Está Alice allí? –dijo él.

-Sí, exacto.

-Vale, pues si quieres pásate el lunes por mi despacho. También estará mi hermano y tiene cosas muy interesantes que contarnos. ¿Te parece bien a la hora de comer, sobre las dos?

-Eh si, vale. Allí estaré.

Colgamos y Alice me acribilló a preguntas,

-¿Quién era, Bells?

-Pues…es una cita del trabajo.

Mi amiga me fulminó con la mirada

-Eres muy mala mentirosa, Isabella, ya lo sabes

Suspiré. Tenía razón. Era la peor mentirosa de la historia. No quería que me descubriera, de modo que decidí evadir el tema

-No es algo de lo que tú tengas que preocuparte, en serio. Déjalo estar

Alice me miró fijamente a los ojos, intentando descubrir cual era mi secreto. Temía ser demasiado obvia, así que tuve que bajarle la mirada para no ser descubierta. No se había tragado mi embuste, como era de esperar, pero me respetó y no me volvió a preguntar.

***

Al lunes siguiente, me apresuré y llegué al despacho antes de la hora. Edward y su hermano, Seth, me estaban esperando, uno sentado en frente del otro.

El hermano mayor de Edward me saludó con una gran sonrisa. No se parecían en nada, es más incluso a veces Edward solía bromear con él diciendo que no eran realmente hermanos. Seth era alto, con el pelo castaño, de tez algo más bronceada que la de su hermano y extraordinariamente musculoso. El tiempo que Edward y yo estuvimos juntos, había cogido bastante cariño a Seth, ya que era muy amable, considerado y siempre tenía una broma en sus labios. Sin duda, su mujer era una chica con suerte.

Me senté juntó a Seth y me dio un apretón de manos. A continuación me estuvo comentando su trabajo.

-Empecé a seguir a la chica en cuanto Edward me lo contó –dijo Seth-Tiene bastantes trapos sucios, Bella, quiero que lo mires por ti misma.

Sacó varias fotos de un sobre marrón y las colocó sobre la mesa. No daba crédito a lo que veían mis ojos.

-No me lo puedo creer…

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En el próximo capítulo…

Edward y yo nos quedamos en silencio. Estábamos tan consternados que ninguno podía articular palabra. Noté las lágrimas bajando por mis mejillas, y me sorprendí. Ni siquiera me di cuenta del momento que había empezado a llorar. No sé cuanto tiempo pasamos en silencio hasta que Edward habló.

-Bella mira, sé que te duele, pero no es tu culpa…