¡Penúltimo capítulo! ¡Penúltimo capítulo! Estoy realmente orgulloso de esta historia, disfruté mucho escribiéndola. Espero que al terminar este fanfic, no se vayan porque tengo más proyectos que estoy ansioso por mostrarles. Bueno, no les sigo quitando tiempo, aquí tienen:
NOTA: Los personajes de MLP le pertenecen a Hasbro y a Lauren Faust, este fanfic se ha realizado sin fines de lucro, solo para el entretenimiento del público.
Era una linda tarde, Soarin y Rainbow Dash estaban felices, tal y como cuando se habían enamorado, se veían que de verdad disfrutaban su mutua compañía.
Por la parte de Shun, el se encontraba con Star en el mismo estado. Se notaba que a cada uno le había caído bien esas horas de "pasión", mientras que los hijos de Soarin se habían despertado confundidos. En un momento están despiertos y al otro, se estaban muriendo de sueño, que extraño.
— Tengo hambre — masculló Snow.
— Espera aquí, iré como un soldado a buscar comida — susurró Soarin J.
Al salir, cerró la puerta para entonces llamar a su mamá para que le diera algunos bocadillos. Rainbow con una sonrisa se acercó, le dio varios bocadillos y luego un beso en la frente.
Soarin J había conseguido "la comida" que Snow estaba pidiendo, entonces tomó nuevamente la postura de soldado que tenía y se adentró en el cuarto.
— Listo, nadie me vio — mintió Soarin J.
— Buen trabajo, soldado — felicitó Snow.
— ¿Cuándo dejarán de actuar como unos locos? — preguntó Rainbow Star.
— Cuando nos de la gana — respondieron Soarin J y Snow al unísono.
Entonces, Shining Star se acercó con una cara amenazante y psicópata.
— ¿Y cuando les va a dar la gana? — preguntó Shining Star.
— Ahora mismo — respondieron Soarin J y Snow dándoles bocadillos a sus dos hermanas.
Afuera, estaban Shun y Star disfrutando del paisaje. Pero de la nada, Star se va corriendo al baño. Esto llamó la atención del pelinegro, por lo que se quedó pensativo.
Al pasar unos cortos minutos, Star volvió. Esta no le dijo nada, pero Shun no se iba a quedar quieto hasta que le dijera que había pasado.
— ¿Estás bien? — preguntó Shun.
— Si, si, no pasa nada — respondió Star.
— Mmm… bien, iré a dar una vuelta — dijo Shun levantándose.
Luego, Soarin de la nada decidió seguirlo. Al llegar a la primera esquina, Soarin alcanza a Shun.
— ¿A dónde vas? — preguntó Soarin.
— A la luna — respondió Shun con sarcasmo.
— No, en serio — insistió Soarin.
— No se, solo a caminar por ahí a pensar — se rindió Shun.
— Ajá, si, el día que pienses me compras un helado — dijo Soarin con intensiones de hacer hablar al pelinegro.
— Bueno — murmuró Shun consiguiendo por pura casualidad a un heladero y comprándole un helado al peliazul — Que lo disfrutes.
— Este… peazo e' brujo — masculló Soarin.
Durante varios minutos, Soarin estaba siguiendo a Shun sin que este se diera cuenta. La verdad no estaba llegando a ningún lado con eso, Shun no se detenía en ningún lado.
Entonces, increíblemente Shun tomó un autobús. Soarin no podía perderlo de vista, así que se adelantó y tomó un taxi.
— Siga a ese autobús — ordenó Soarin.
— Macho, ese autobús está atrás de nosotros, ¿cómo lo vamos a seguir? — preguntó el taxista.
— Tu me viste cara e' pendejo ¿verda? En lo que se mueva, hombre — respondió Soarin.
— Ta' bien, ta' bien, somo' gente no animal, to' tranquilo — murmuró el taxista.
Por media hora, Soarin estuvo siguiendo a Shun. Ese autobús tenía una ruta muy larga, por eso el taxista seguía cobrándole porque a veces se ponía como un detective.
Desafortunadamente, Shun se dio cuenta cuando el bus estaba cruzando hacia el lado izquierdo. El pelinegro empezó a imaginar un plan para hacer que Soarin quedara un poco loco, por suerte, casi todos los pasajeros se habían bajado; solo quedaba un grupo de cuatro personas bastante sospechosas.
Shun se dio cuenta de esto. Entonces, uno de esos sospechosos se acercó a Shun, grave error.
— Dame los cuarto' que tienes encima — murmuró el delincuente.
El pelinegro rápidamente le dobló la mano y lo empujó con una patada hacia los demás sospechosos. Pero como no tenía mucha paciencia que digamos, se lanzó contra ellos y los lanzó por la puerta trasera del bus. Hecho eso, se acercó al chofer del autobús.
— Mano, tenías una cuerda de ladrones allá atrás — informó Shun.
— ¿De verdad? — preguntó el conductor para luego ver toda la grabación.
Resulta, que desde hace un tiempo todos los conductores de autobuses habían instalado cámaras de circuito cerrado para localizar presuntos delincuentes que cometieran fechorías tanto en la unidad colectiva como en algún otro lado.
— Mierda… bueno, me salvaste — dijo el chofer sorprendido y aún sin palabras — Si me hubieran robado, estaría frito porque el dueño me dijo que le llevara la tarifa que el había pedido para hoy… diablo, por poco quedo despedido.
— Bueno, ya no lo estas — aseguró Shun.
— Si hay algo con lo que pueda pagarte…
— Si, préstame el autobús, hay alguien que me sigue desde hacer rato y quiero darle una tremenda lección — interrumpió Shun.
— Ehhh, ¿no vas a chocar ni nada? — preguntó el chofer nervioso.
— No, solo serán vueltas bruscas, nada más — respondió Shun.
Sin otra opción, el chofer accede a la petición del pelinegro como pago por haberle salvado su trabajo y posiblemente la vida.
— Ya vamo' a ver si me sigues el paso — murmuró Shun.
Entonces, Shun acelero y sacó el dedo de en medio de su mano izquierda por la ventana para que Soarin lo pudiera ver.
— Ay, coño, se dio cuenta — observó Soarin — Sigue a ese loco.
— Son treinta mil más — aseguró el taxista.
— Ta' bien, yo te los… ¡Que carajo piensas tu, eh! ¡No tengo tanto, ve a ver quien te cree! — exclamó Soarin.
— A bueno — susurró el taxista.
Shun era un loco detrás del volante, se metía por lados que el autobús casi no cabía, pero no sufría ningún daño. Después se metió por unas escaleras, el movimiento era agresivo.
— Epa, ¿yo que le hice pa' que me mirara con esa cara? — preguntó el taxista con el trasero de Soarin en la cara.
— ¡No es culpa mía! ¡Es culpa del maniático que perseguimos! — se quejó Soarin.
— Pero quítame ese gigantesco trasero — pidió el taxista empujando a Soarin para que se quitara de en frente.
— Epa, epa, por ahí no se despacha — aseguró Soarin.
Luego de unos largos minutos de persecución, Shun se detuvo y le dejo el autobús al chofer para que se fuera. Soarin le terminó pagando una gran cantidad de dinero al taxista para que este se fuera.
— ¡Pero que gran loco tu eres! — exclamó Soarin.
— ¡Ajá, lo dice el que ahora se mete a detective sin siquiera tener una placa! — se quejó Shun.
— ¡¿Tu tiene' idea de cuanto me tuve que baja' de la mula pa' que este loco se fuera?! — preguntó Soarin irritado.
— ¡¿Y quien fue el que me obligó a agarrar el fullío autobús pa' meterlo por una escaleras más "hedionditas" que tu cuando te despiertas?! — reclamó Shun.
— ¡No pues, pesao' pesao' pesao'! — se rindió Soarin.
En ese momento, un tipo salió del segundo piso de su casa y les lanzó agua fría a Shun y a Soarin.
— ¡Cállense los dos! ¡Intento caeme dormido en la cama! — se quejó el tipo adentrándose de nuevo en su casa.
Grave error que cometió ese tipo, estos dos se miraron empapados de agua y luego subieron corriendo a buscar a ese tipo para darle una cucharada de su propia medicina pero con porción triple.
Al llegar a casa, Rainbow y Star se comenzaron a reír por las fachas en las que llegaron Shun y Soarin. Estaban hechos un desastre, Soarin tenía media camisa rota y Shun tenía el cabello alborotado y empapado.
— Una risa más… y estoy dispuesto a recibir un centellazo pero ya — advirtió Shun.
— Si… esta vida me tiene loco — agregó Soarin.
— ¿Qué les paso? — preguntó Rainbow Dash.
— Fuimos a tomar un baño, gracias por preguntar — respondió Shun.
— Lui-G, tengo algo que decirte — se acercó Star para luego llevárselo a la habitación.
Ya estando en la habitación, Star cierra la puerta.
— Estrellita, ta' bien, entiendo que quedaras con ganas pero ahorita no quiero — se disculpó Shun.
— ¿Qué? Jajaja, no, no es eso, tu siempre me dejas satisfecha — aseguró Star con una sonrisa — Te quería decir que yo… estoy… embarazada.
— No — dijo Shun.
— Si — repitió Star.
— NO.
— SI.
— No.
— Si.
— No.
— No.
— Si.
— Exacto — afirmó Star.
Shun no se limitó y levantó a Star para luego darle un largo beso, se notaba que la noticia le daba felicidad.
— Otro susto llega a mi vida — aseguró Shun.
— ¿A que te refieres? — preguntó Star.
— Bueno, tú siempre me sacas un susto… con el que viene, creo que ahora si voy a quedar muerto — respondió Shun.
— Tonto — murmuró Star para luego darle un beso a su pelinegro lunático.
Bien, tengo calor así que… me iré al ventilador y me quedaré allí por unas largas horas hasta que se me ocurra el gran final.
