¡Hola, chicas!
¿Cómo están? Muchas gracias por estar al pendiente de a historia y dejar sus alentadores reviews, siempre me suben los ánimos y me motivan para seguir escribiendo. Estoy muy feliz porque esta historia tiene visitantes hasta de Alemania, sin mencionar a muchos (y mis favoritos) países de latinoamérica c: ¡Muchas gracias a a todas por su apoyo! Las quiero mucho.
Planeo darle algunos capítulos más a petición de algunas personas, así que ya estaré informándoles. En fin, no las entretengo más. Disfrútenlo.
Capítulo 14:
Something In The Way.
...
Recuerdo haberla abrazado. Recuerdo que hablamos hasta que se quedó dormida en mis brazos. Miré su tez blanca, sus mejillas rosadas y su cabello anaranjado cubriendo la mitad de su rostro, a unos pocos centímetros del mío. Su respiración tranquila y pausada me indicó que ya dormía. La contemplé por unos instantes más. Parecía que nada malo podría suceder en ese momento.
Con mucho cuidado, me incorporé de nuevo en la cama, sentándome; miré el reloj, eran aproximadamente las diez de la noche, suspiré. Esto es demasiado ridículo, no creo que realmente estemos en peligro extremo. Llevé una de mis manos hacia mi cabeza, comenzaba a doler de nuevo. Busqué los medicamentos que tenía que tomar y los ingerí con un poco de agua depositada en una botella con la insignia del hotel.
Me dirigí a un extremo de la habitación y me puse la chaqueta; busqué las llaves del auto y del apartamento dentro. Me aseguré de llevar conmigo la combinación de la caja. Me aproximé de nuevo a la cama y removí un poco de cabello que cubría parte de la frente de Orihime para besarla.
Será mejor no involucrarla; ni a ella, ni a nadie más y enfrentarme a solas con quien sea que quiera algo de mí.
Me alejé de ella y me dirgí hacia la salida de la habitación. Caminé por el pasillo y mentí a los policías diciendo que iría al autoservicio ubicado a unas cuadras, dudaron por unos instantes, pero logré escabullirme y abordar mi auto para dirigirme al apartamento.
No pude encontrar nada extraño al entrar. Todas las cosas estaban en el mismo orden que las dejé. Me dirigí rápidamente al estudio, para llevarme la caja, ni siquiera había tenido la oportunidad de mirar lo que tanto querían. La tomé y llevé con mi brazo móvil y me dirigí a la salida del apartamento, necesitaba regresar con Orihime lo más pronto posible.
Me metí en el auto de nuevo, esta vez con la caja. Conduje hasta llegar de nuevo al hotel, tomé la caja y entré al lugar. Intenté de pasar desaparecibido, pero... No pude encontrar esta vez a ningún policía, comencé a desconfiar. Me apresuré para llegar lo más pronto a la habitación. Subí las escaleras rápidamente y caminé por el pasillo alfombrado hasta llegar a la habitación; la cual abrí de un golpe.
— ¡Qué gusto! Pensamos que te nos habías escapado. — dijo una mujer de cabello rubio y corto, que tenía a Orihime atada de las muñecas y tobillos, en el suelo.
— ¡Sí! Esto le encantará a Aizen.
Escuché otra voz que me abordó por detrás y puso sobre mi nariz y boca algún químico en un pañuelo. Intenté detenerla, pero la otra se aproximó a mi y golpeó mi estómago con su rodilla. Quise mantanerme en pie, traté de aproximarme a Orihime, pero me desvanecí.
— Fué mucho más fácil de lo que pensamos, ¿No, Loly?
¡Orihime!
Abrí los ojos con mucha dificultad, tenía el cuerpo entumido y no podía moverme. Me di cuenta de que estaba tendida en el suelo de algún lugar obscuro. Traté de tocar mi rostro, que estaba adolorido y en contacto con el suelo, pero tampoco pude, estaba atada por las muñecas y tobillos. Reaccioné de golpe al darme cuenta de que estaba totalmente sola en un cuarto obscuro. Escuchaba pasos a lo lejos y algunos gritos de las mujeres que me trajeron aquí. Había una ventana muy grande a lo lejos de la habitación, por donde entraba un poco de luz de luna. ¿Qué demonios pasó? ¿Cómo llegué hasta aquí? Lo último que recuerdo fue haber estado con Ulquiorra en el hotel...
Ulquiorra. Mi corazón dió un vuelco y sentí un agujero en mi pecho.
¿Dónde estará? Y... ¿Si lo hirieron? En estos momentos está muy débil... Tengo que salir de aquí para buscarlo... Ya.
Comencé a buscar con la mirada algún objeto que pudiera servirme de ayuda para escapar, pero la oscuridad no me ayudaba, miré hacia arriba y pude divisar las siluetas de algunos muebles y objetos metálicos encima, gracias a la luz de la luna.
Traté de incorporarme y logré elevar mi torso para sentarme en el suelo, aún con las manos atadas detrás y los tobillos también. Me arrastré por el piso hasta poder apoyar mi espalda contra algo que parecía un escritorio. Apoyé toda mi fuerza hacia aquel mueble con mi espalda y flexioné mis piernas para levantarme.
Después de varios intentos, por fin pude ponerme de pie. La habitación era bastante grande, mucho más grande que una recámara... Tan grande como una... ¡Oficina! ¿Podrían ser Las Noches?
Busqué con mis manos aún atadas por encima y en los cajones del escritorio, algo que pudiera liberarme, pero no podía encontrar nada, parecía que este piso estaba abandonado, al igual que todo el inmueble que había. Me dirigí con algunos saltos hacia otro escritorio, me giré para abrir uno de los cajones y encontré un cutter, por su textura, se notaba un poco oxidado y viejo, pero serviría de mucho.
Saqué la navaja y la giré hacia la cuerda que aprisionaba mis extremidades; la sujeté con mis dedos y comencé a frotarla contra la cuerda. No parecía tener algún resultado, los grumos de óxido impedían que la navaja pudiera siquiera cortar un papel. Quise llorar, gemí por la desesperación y exhalé.
De repente, volví a recordar que no tenía muchas opciones, ni tiempo y comencé a frotar frenéticamente la navaja contra el lazo. Después de unos segundos, comencé a sentir que la cuerda dejaba de apretar poco a poco mis muñecas, hasta que por fin se rompió y pude liberar mis manos. Me dirigí rápidamente con a navaja hacia mis tobillos.
De pronto, escuché aquellos pasos aproximarse hacia donde me encontraba. Tenía que esconderme en ese momento o me encontrarían...
¿Qué haré?
— Mucho tiempo sin verte, Cifer.
Ulquiorra no contestó, simplemente miró con desprecio al alto hombre de cabello castaño, que le hablaba mientras entraba a la habitación donde se encontraba atado el de ojos verdes.
— ¿Vas a ignorarme? Sigues siendo tan malcriado como cuando te conocí... No te pareces en nada a tu padre. — dijo irónico Aizen.
— ¿Qué quieres?
— Ya lo sabes... O, ¿quieres que te ruegue como lo hacía tu madre antes de...
— Cállate. No sabes nada de nosotros.
— ¿En verdad lo crees? Era el mejor amigo de tu padre, por si no lo recuerdas. Hasta me atrevo a decir que lo conocía mucho más que tú.
— Por favor. Si en verdad hubieras sido su "mejor amigo" te habría dejado algo después de morir. ¿No, lo crees, Aizen?
— Más te vale que me des esa combinación por las buenas... De igual forma, si te mato, todo eso pasará a mi posesión... Así que, adelante. Decide, Cifer.
— ¿Dónde está Orihime?
— Oh, sí, esa mujer. Mis sirvientas le están dando un... caluroso recibimiento después de no haberse presentado estos últimos días al trabajo.
— ¡No te atrevas a hacerle daño! Ella no tiene nada que ver.
— ¿Y qué me harás? ¿Dispararme con tu yeso? — rió y buscó dentro de su saco. — Te enseñaré algo que sí puede hacerlo. — sacó de su ropa una pistola, con la que apuntó a distancia la frente de Ulquiorra. El joven sólo lo miró, tranquilo, como siempre.
— Anda, dispara y veamos si de verdad eres el segundo al que dej...
— ¡Cállate! — amenazó estrellando la punta del arma sobre la frente de Ulquiorra y acercándosele. — Si quieres que paren de darle la paliza que está sufriendo la mujer en este momento, me dirás esa combinación ahora.
Los ojos de Ulquiorra se abrieron con un impulso de sorpresa, y, la frustración y desesperación que sentía se reflejaron en su cuerpo. Intentó moverse, pero notó que estaba atado a una silla.
— Tsk...
Las voces de aquellas mujeres y los pasos que se escuchaban parecían acercarse cada vez más. Froté con un frenesí de ansiedad la navaja contra la cuerda de mis pies hasta que pude cortarla. La sombra de los pasos ya se vislumbraba por debajo de la puerta que estaba a unos metros de mí.
Ya no tenía tiempo para escapar... La puerta se abrió de golpe.
— Sigue inconsciente aún. Será mejor que vayas a revisar los alrededores, Loly.
— Está bien. Recuerda que si no la golpeas, Aizen se molestará...
— Ya lo sé, es mi turno de vengarme ahora. — dijo mientras cerraba la puerta detrás de sí.
Escuché los pasos de la mujer acercándose a mí, lentamente. Me encontraba en el suelo con las manos y pies detrás de mí. Se quedó de pie a mi lado. Mi corazón estaba a punto de salir disparado de mi pecho.
— Despierta ya, holgazana. Tú y tu noviecito me han causado bastantes problemas... — reprochó con desprecio mientras me cogía de la ropa para levantarme del suelo. — Esta vez es mi turno de vengarme.
— Decide ya, Cifer. Recuerda que cada momento que pasa es otro golpe para Inoue...
Ulquiorra sólo podía mirarlo con rabia, era la primera vez que se reflejaba un sentimiento tan claro en sus ojos. Sus latidos comenzaron a ir más rápido, la angustia se apoderó de su cuerpo, en su corazón sintió un hueco. Incluso podría decirse que dolía. Pero... No tenía muchas opciones, era un hombre de cabeza fría. Gruñó con impotencia y sin pensarlo mucho, introdujo su mano al bolsillo donde guardó aquella combinación, la sacó y arrojó a los pies de Aizen.
— Veo que sabes elegir. — dijo complacido mientras tomaba el papel del suelo.
— ¡Cállate y ordénales que la dejen ya!
Aizen se echó a reír y se alejó para dirigirse a un extremo de la habitación, donde se encontraba la pequeña caja fuerte. Miró sonriente a Ulquiorra sobre su hombro.
— ¿Me crees estúpido o qué?
La mujer rubia y de cabello corto que llevaba un parche en uno de sus ojos, hizo crujir los dedos de su puño derecho y se preparó para golpearme. Mi corazón palpitaba demasiado rápido. El miedo invadía cada centímetro de mi cuerpo, pero no podía rendirme. Si no luchaba, estaría perdida.
Esta vez, la oscuridad fue mi aliada. Aproximó su puño con rapidez hacia mi cara; esperé el golpe con los ojos cerrados, pero nunca llegó. Clavé en su estómago la navaja que guardaba tras mi espalda en un movimiento, antes de que me golpeara. Ella sólo gimió, sorprendida. Me soltó y caí al suelo, con la navaja en mis manos, que temblaban incontrolablemente.
Me costaba trabajo respirar, cuando la vi tendida en el suelo con sus manos cubriendo la herida en su abdomen, reaccioné. Tenía que huir en ese mismo instante. Me levanté torpemente, aún con la navaja en mi mano derecha y corrí fuera de aquella oficina, tropezándome con todo.
Subí frenéticamente las escaleras que seguían a un pasillo alumbrado, tenía que encontrar a Ulquiorra. Repentinamente escuché un grito desesperado.
¡Loly!
La mujer áun seguía consciente, si no me apresuraba me perseguirían hasta matarme. ¡Tengo que darme prisa! Ulquiorra está con Aizen. Corrí desesperadamente por los pasillos y las escaleras, esperando encontrarlo. Sin esperarlo escuché las sirenas de la polícía. Nnoitra estaba aquí. ¡Por fin!
Después de correr a prisa por el edificio, di con una oficina igual de grande que en la que me encontraba, tras la puerta medio abierta se escuchaba la voz de Aizen.
Tengo que entrar.
El de ojos verdes comenzó a buscar formas de escapar. Aizen estaba terminando de marcar el código en la caja fuerte. Ni siquiera le daría tiempo para desatarse... Y con ese brazo enyesado, menos. Tenía que ocurrir un milagro para que pudiera escapar y evitar que Aizen abriera la caja. La desesperación estaba apoderándose de él, nada típico en Ulquiorra. Tenía que pensar, ser racional. Pero... no estaba seguro si le serviría de algo pensar tanto.
— Llegó la policía. — comentó tranquilo el castaño, mientras giraba a la rueda de la caja. — Ese par de estúpidas no pueden hacer nada bien.
Orihime aparreció y se asomó por el pequeño espacio de la puerta. Miró a Ulquiorra, atado a la silla, más cerca de la puerta y a Aizen, en un extremo de la oficina, tratando de abrir la caja. Se alegró en extremo de encontrarlo con bien. Ella hizo una seña al de ojos verdes con la mano, mientras entraba cuidadosamente por la puerta, a gatas.
Ulquiorra la miró soprendido, hace unos segundos todavía la imaginaba totalmente inmóvil por los "golpes", tirada en algún lugar del edificio. Ella le sonrió y le hizo una seña para que guardara silencio, mientras se acercaba a él con la navaja manchada de sangre en una de sus manos. El de ojos jade aún no podía creer la osadía de Orihime, le era muy claro que la chica había herido a Menoly para poder escapar, pero a la vez, se sentía feliz de verla a salvo.
La pelirroja se colocó detrás de la silla donde estaba atado Ulquiorra y comenzó a tallar la cuerda en silencio y con mucho cuidado. El joven no le quitaba la mirada de encima a Aizen, vigilando cautelosamente sus movimientos. La chica cortó una cuerda y comenzó a desatar cautelosamente a Ulquiorra. El departamento de policía ya había entrado al lugar, se escuchaban las voces y pasos de los elementos aproximándose e invadiendo el edificio.
La caja hizo un ruido. Las miradas de los dos jóvenes se dirigieron a la caja y al hombre.
— Por fin... — exclamó Aizen sacando algo de aquella caja fuerte, se giró hacia Ulquiorra, encontrándolo desatado y con la pelirroja junto a él . — ¡No se muevan! — ladró con furia apuntando el cañón de su arma hacia ellos. — Si hacen algo, no dudaré en disparar...
Apoyada en el brazo con el que apuntaba, tenía una pequeña caja de madera. Parecía un tanto antigua, y, al verla Ulquiorra pareció haber encontrado un lugar en su memoria. Se puso de pie.
— Esa caja... — musitó el joven.
— ¡OYE! Si das un paso más te vuelo la cabeza, Cifer. — gruñó intimidante apuntándole con la pistola. — Veamos ahora la fortuna que te dejó papi.
Con su mano izquierda, levantó la tapa de aquella caja, que no era muy grande, aproximadamente, unos veinticinco, por quince centímetros de alto. Los ojos de los tres se posaron en aquella caja, que ni el mismo Ulquiorra tenía conocimiento de lo que había dentro.
La expresión de Aizen cambió todo en ese momento. Frució el ceño y comenzó a sacar de la caja lo que había dentro, como si no le sirviera, buscando desesperadamente con la mano algo más en el fondo. En el suelo caían, lentamente y una tras otra, fotografías.
— ¿¡Qué es ésto!? — gritó desconcertado Aizen a Ulquiorra, que miraba atónito el contenido del paquete mientras el hombre volcaba la caja, haciendo caer decenas más de fotografías en el suelo. — ¿¡Qué demonios es ésto, Cifer!? ¿¡Dónde está el dinero!? — murmuró furioso acercándose rápidamente a Orihime, apuntando con el arma al de ojos verdes.
— No lo sé...
— ¡No te hagas el inocente y dímelo de una puta vez antes de que una bala entre su cabeza! — ladró fuera de sí, aprisionando con su brazo el cuello de Orihime y apuntando su arma en la sien de la chica.
— ¡No hay otra caja, Aizen!
— Bien. Te contaré hasta tres para que me lo digas, cuando termine dispararé. ¿Entendiste? — Ulquiorra miraba a Orihime y al hombre intentando pensar en alguna forma para liberarla. — Uno...
— ¿Cuánto dinero quieres? Te lo daré pero déjanos ir. — intentó negociar el chico de ojos verdes con el hombre, que rió, perdiendo la cordura.
— Dos...
Orihime sacó sigilosamente la navaja que guardaba, mostrándola a Ulquiorra por debajo de su cintura e intentando comuncarse con miradas. El joven intentaba decirlque que no, pero la chica colocó el arma con la navaja haca atrás, en el dorso de su mano, lista para herir a Aizen antes de terminar la cuenta.
— ¿No me lo dirás? Está bien, si te quedarás con el dinero, no dejaré que quedes con la mujer.
— ¿¡De qué maldito dinero hablas!?
— ¡No te hagas el idiota! Tu padre me dijo que te haredaría toda su fortuna antes de que muriera.
— ¡Esa caja fué lo único que me dejó!
— ¡Ahh! ¡Mierda! — Aizen gimió de dolor.
Inesperadamente, la pelirroja había clavado, en uno de los costados del hombre, la navaja. Corrió liberándose de él mientras Aizen sacaba la navaja de su carne y la arrojaba en el suelo, gimiendo.
— Maldita... — amenazó acercándosele con el arma, liberando el seguro de la misma y hundiendo su dedo índice en el gatillo.
Ulquiorra se lanzó sobre el hombre, desviando el disparo hacia una de la paredes. Forcejearon mientras Aizen intentaba apuntar para dispararle, y el joven, de quitarle el arma. Orihime llamó preocupada el nombre de Ulquiorra varias veces a gritos, pero no se detendrían.
— ¡Alto ahí! ¡Departamento de policía!
Los elementos de la policía habían arrivado al lugar, comenzaron a rodear la pelea, apuntaban a Aizen y Ulquiorra con sus armas, mientras forcejeaban. Las manos que querían apoderarse del arma desaparecieron entre los cuerpos de ambos hombres que luchaban. De pronto, al arma disparó y los dos cayeron al suelo.
Orihime abrió los ojos con terror y corrió en menos de un segundo hacia donde yacían los dos cuerpos que se cubrían de sangre, pensó lo peor mientras se movía, pero la detuvieron.
— ¡Espera, Orihime, es peligroso! — le advirtió Nnoitra, impidiéndole avanzar más mientras la sostenía de los hombros.
— ¡Déjame ir, tengo que ver a Ulquiorra! — chilló mientras intentaba liberarse desesperadamente de los brazos de Nnoitra y Tesla.
El cuerpo de Aizen había quedado sobre el de Ulquiorra, y los dos, sobre un charco de rojo líquido. El cuerpo inerte que estaba sobre el del joven comenzó a moverse, Orihime se quedó inmóvil y se llevó una de sus manos a la boca, soltando un gemido ahogado... Cuando Ulquiorra lo empujó a un lado con su único brazo móvil para incorporarse y ponerse de pie.
Los ojos de la chica se volvieron cristalinos al mirar al joven de ojos jade caminar de nuevo hacia ella, con uno de sus brazos en un yeso, algunos golpes y raspones, sus ropas y manos manchadas de sangre, pero sano y salvo. Estaba vivo.
La chica se libró de los agentes y corrió hacia él, aferrándose al cuello de Ulquiorra con sus brazos y hundiéndose en su blanco cuello. Ulquiorra se flexionó un poco, quedando a la altura de su chica, sus miradas suplicantes, y perdidas hasta ese momento, se encontraron. Sus rostros rozándose con deseo y sus labios impacientes y dudosos, que se rozaban con ansiedad y después, se alejaban de un momento a otro. La mano de Ulquiorra se aferró al cuello y quijada de Orihime, mientras acercaba su rostro para besar desesperadamente sus labios; estrechaba la cintura de la joven con su mano, acercándola lo más que pudo a él. El aroma de su roja cabellera lo envolvió, haciéndolo olvidar por un momento todo lo que habían tenido que pasar.
Los chillidos de las sirenas de las patrullas y el bullicio de la policía invadiendo el edificio permanecían, mientras aquellos dos se unían en un abrazo. ¿Podrían acercarse más? De ser posible tendrían que fundirse. ¿Qué pasaría con Aizen y sus dos secuaces? ¿Ulquiorra era hijo de un millonario? ¿Aizen conocía a su padre? Orihime no podía articular palabra alguna, su entrecortada respiración y el llanto incontenible de sentimientos encontrados le impedían decir algo. De igual forma, eso ya no era importante, estaba con él, sintiendo el calor de su cuerpo y su dulce aroma. El estar así era más que suficiente. Ulquiorra se mantenía a raya, como siempre, siendo quien salvara a la chica de su desesperación. Si bien, estaba extrañanamente feliz por haberse librado de aquella amenaza y ver a Orihime a salvo y, a la vez, haber pasado el susto de su vida, no lo demostraría (más que con ella). Él no era de ese tipo. Se quedaron así quién sabe cuánto tiempo.
— Esto es tuyo, ¿No? — le habló Nnoitra al joven extendiéndole la caja con su contenido dentro. Ulquiorra lo miró y después a la caja.
— Sí, gracias. — contestó tan tranquilo como jamás se lo había visto antes.
Aquella noche, fue la más escandalosa en la vida de aquellos dos. Las dos mujeres cómplices de Aizen fueron arrestadas, una directamente y, la otra, recibió atención médica antes de ser llevda por la policía. Nel y Grimmjow aparecieron, haciendo toda clase de preguntas a sus amigos y casi no pudiendo creer lo sucedido. Los detectives explicaron todo a la pareja, ya que, Orihime estaba en un tipo de shock y Ulquiorra, era un hombre de pocas palabras. Después de haberse enterado, los llevaron de regreso al apartamento de Ulquiorra, donde al fin, se sintieron tan tranquilos como la primera vez.
Después de haberse duchado cada quien en uno de los dos baños del apartamento de Ulquiorra, fueron a dormir cada quien, en uno de los dos cuartos del apartamento, separados. Siempre había sido así, una relación estira y afloja, reprimir las emociones y sentimientos hasta no aguantar más, y de vez en vez, cuando ese volcán de sentimientos se encontrara erupacionado en un momento de debilidad; cuando aparecía una posibilidad de perderlo todo, algún peligro, una potencial partida. Sólo en ese momento.
Orihime daba vueltas en la cama. Se tapaba con las sábanas, y al siguiente minuto, se destapaba. Acomodaba las almohadas, después las quitaba. Miraba la ventana, después al armario del otro extremo de la habitación. De repente hacía mucho calor. No podía dormir. No sabiendo que su debilidad de ojos verdes dormía a unos pasos de ella. No se sentía segura. Por un momento tuvo ganas de ir hasta su habitación y meterse en su cama como lo hizo la primera vez, pero ahora no se sentía capaz. ¿Porqué? Aunado a todo, tenía muchas preguntas que hacerle. ¿Qué le diría?
Del otro lado del pasillo, Ulquiorra intentaba cerrar los ojos, pero no lo conseguía. Se giraba hacia un lado y al otro sobre blanco colchón, miraba la lluvia a través de los cristales de su ventana. Sacaba una pierna de las sábanas, y luego la otra. ¿Estará dormida Orihime? No sabía si era por todo el ajetreo de los últimos días, pero no lograba conseguir tener ni un poco de sueño. Podría ir a su habitación en este momento, por lo menos para mirarla dormir y al amanecer, regresar a su habitación; como lo hizo la primera vez que la trajo a su apartamento. Podría decirle muchas cosas que hacía semanas quería decirle, pero, ¿Sería el momento preciso? ¡Qué diablos!
Se levantó fastidiado de la cama, pensó en ponerse una playera o algo, pero dudó que Orihime estuviera despierta. Caminó hasta la salida de su habitación, abrió la puerta y caminó por el pasillo, topándose a Orihime de pie frente a él. Los dos enmudecieron por un segundo, intercambiando miradas estupefactas.
— ...Hola.
— Hola. — contestó ella sonriente, mirándolo a él, notando que no llevaba nada que cubriera su claro torso y luego a la alfombra en el suelo.
— ¿No puedes dormir? — dijeron los dos al mismo tiempo. Orihime soltó una risita.
— No. — volvieron a repetir juntos. Los dos hicieron una mueca y callaron sin cruzar miradas por un instante. Ese silencio estaba resultando muy incómodo.
— ¿Quieres... — rompió el silencio Ulquiorra, haciendo señas con su mano indicando el camino hacia su habitación.
— Ah... S-sí. — contestó la chica rápidamente.
Los dos se dirigieron a la habitación, Orihime se sentó en la cama blanca, y Ulquiorra hizo lo mismo después, quedando frente a ella.
— Por cierto... ¡Feliz cumpleaños! Iba a decírtelo cuando estábamos en el hotel, pero...
— Gracias... — dijo Ulquiorra intentando no sonreír. — Perdón por haberme ido del hotel sin decirte nada... y por todo lo demás. — dijo Ulquiorra de la nada.
—No, no te preocupes. — contestó la chica, con esa sonrisa que, para Ulquiorra, hacía que las cosas parecieran irreales. — No sabía que tu padre y Aizen...
— Lo sé... Quieres saber la historia, ¿No es así? — contestó el chico, extrañamente accesible.
— ¡Oh, no! Bueno, sólo si quisieras contarme...
— Creo que tienes que saberlo... — dijo sin titubear. Orihime sólo asintió con la cabeza, mientras lo miraba. — Mi padre conocía a Aizen desde que tengo memoria, fueron a la universidad juntos. Aizen no tenía familia, según mi padre, era huérfano y tuvo que salir adelante por sus propios medios... Debido a eso, hacían muchas cosas juntos y mantuvieron su amistad durante muchos años, hasta que mi padre conoció a mi madre, y ellos omenzaron a distanciarse. Después de que mi padre se casara, volvió a encontrarse con él y se hicieron socios para empezar a crear algunas de las empresas que actualmente administro yo.
—Vaya, no lo sabía.
— Si... Antes de que mi madre muriera comencé a tener algunos problemas con mi padre y nos distanciamos.
— ¿Porqué?
— Mi padre siempre quiso que estudiara negocios en la universidad para continuar haciéndome cargo de sus empresas, como el decía, pero... Nunca fué realmente lo que yo quería. Así que tuve que estudiar negocios y artes al mismo tiempo... Y, naturalmente, él nunca estuvo de acuerdo. Mi madre me apoyaba, pero él se molestaba cuando ella quería hacerlo entender; muchas veces discutíamos por eso; yo y mi madre, contra su opinión. Durante la universidad estuve en constante discusión con mi padre y por alguna razón sentía que Aizen no lo ayudaba a comprender.
— Pero... ¿Porqué el rencor hacia tí?
— Realmente no lo sé. Cuando mi padre murió dejó a mi cargo todas las empresas que el administraba; he pensado que tal vez Aizen creía que mi padre las dejaría a su cargo, pero no lo hizo. Además de que, el día que se leyó su testamento, se dió a conocer que mi padre había dejado algo más para mí, pero tendrían que dármelo hasta estas fechas. Ahora sé que imaginó que eran todas sus propiedades y su dinero.
— Vaya... Quién lo diría.
— Lo sé. Es extraño. Al final, mi padre y yo nos reconociliamos, siempre habíamos tenido una buena relación, hasta aquellos problemas de los que te he hablado.
— Entiendo, menos mal. — comentó aliviada la pelirroja. — Me alegra que por fin podamos estar tranquilos.
— Sí. — agregó Ulquiorra mientras suspiraba y hacía un recuento mental express de los hechos antes ocurridos y entonces recordó instantáneamente el motivo de haber ido a buscar a la chica a la habitación donde dormía.
— ¿Pasa algo?
— Ahm... De hecho, quería preguntarte algo.
— Ah, ¿Sí? ¿Qué es? — preguntó inocente Orihime. Ulquiorra se encontró con aquellos ojos ceniza que lo hicieron recordar la primera vez que la vio, sentada en aquél avión donde él pretendió no escuchar ni prestar atención alguna a lo que hablaba con Grimmjow. Su corazón parecía comenzar a revivir, después de mucho tiempo, comenzó a palpitar intensamente mientras preparaba las escasas palabras que diría, pensó evadir diciendo otra cosa, pero recordó haberse prometido a sí mismo el dejar de esperar hasta que todo pareciera estar en peligro. Inhaló antes de hablar y detuvo sus ojos en los de la pelirroja.
— ¿... Quisieras ser mi novia, Orihime?
La chica se sorprendió. No esperaba aquello, no hoy, no en ese preciso momento. Se quedó inmóvil y miles de pensamentos atravesaron su mente. Ya no era una opción hacerse la inmutable, por que en realidad, ela sabía perfectamente que él era la única persona a la que aceptaría volver a darle su corazón.
— Sí... Sí quiero. — contestó sin poder evitar la gran felicidad que sentía en ese momento. Ulquiorra la miró con una sonrisa también.
— ¿D-De verdad? — musitó el joven mientras la chica se acercaba a él y atrapaba el cuello en sus brazos.
— ¡Sí! — contestó Orihime sintiendo su peso ganar al de Ulquiorra, cayendo los dos hacia atrás en la cama.
Se miraron por unos instantes y casi inconscientemente, acercaron sus rostros para unir sus labios en un beso tímido y sin prisa, que provocaba que escalofríos recorrieran la espalda de los dos. El dulce tacto de las yemas de los dedos de Ulquiorra en la piel de la chica, la hicieron perder el suelo instantáneamente.
Los dos se quedaron uno en los ojos del otro, descifrando sin palabras lo que pensaban. Orihime se abrazó al pecho del joven, y él estrechó a la pelirroja entre sus brazos; hasta quedarse dormidos. Aquella noche de pocas horas, durmieron tranquilos por primera vez en mucho tiempo.
