Capitulo 8: Ahora somos aliados
Shina por fin había salido de la clínica, como bien supuso estaba todo en orden, y podría estar en acción lo más pronto posible, y eso le dejaba claramente satisfecha, casi contenta.
Iba caminando con una radiante sonrisa en el rostro, le agradaba más que nada estar de nuevo en la residencia Gado, su casa lejos de casa, cuando de repente una enorme figura salió de algún punto a su derecha, de una de las tantas habitaciones de huéspedes que la enorme casona poseía.
Shina se detuvo en seco y observo al hombre frente a ella, que le miraba de forma extraña, casi psicópata, acompañada de una inquietante sonrisa. Shina frunció el ceño.
—¿Qué?
El hombre movió la cabeza de un lado a otro, mientras sus extraños ojos carmesí se cerraban.
—¿Cómo es que te han puesto hasta por debajo de las orejas he Gado?
Shina le fulmino con la mirada, todo había estado bien, hasta que a este tipo clonado se le ocurría echar a perder la mañana. Así que sin siquiera pensarlo se lanzo sobre el hombre, con el puño en alto, pero su movimiento fue anticipado, encontrándose pronto retenida por las enormes manos del zoantropo clonado del tigre, y con sus rostros a escasos centímetros entre ellos.
—Shenlong —Siseo, y él le dedico una perversa sonrisa. —Suéltame ahora —Le exigió al tiempo en que recargaba todo su peso sobre él, haciéndolo trastabillar.
—Tu comenzaste
Shenlong le tomo con más fuerza, y asegurando su equilibrio se decidió a resistir el intento de empuje que la joven quería provocar para así, supuso él, llevarlos al suelo. Apretó un poco más su agarre causando un divertido gesto de dolor en el rostro de la joven zoantropo del leopardo.
—Esto es divertido —Exclamo todavía sonriendo.
—Bastardo —Respondió Shina entre dientes.
—¡¿Qué demonios pasa aquí?
La potente e iracunda voz de Long Shin resonó por toda la estancia, aturdiendo por segundos los sentidos de ambos zoantropos, que de inmediato soltaron su agarre para volverse hacia el lado sur del pasillo donde estaban las escaleras, y allí, con la mirada centellante estaba el maestro del kempo.
—Shenlong —Lo llamo en apenas un susurro cargado de odio, y con grandes zancadas se dirigió hacia ellos.
Sin saber por qué, Shenlong retrocedió un paso, su instinto comenzaba a decirle que algo andaba mal en aquella situación, algo andaba mal con Long, pero no sabía que era.
Long estaba ya en frente de ellos, y por alguna razón que ninguno llegaba a comprender, Shina Gado se había interpuesto entre los dos hombres.
—Shina —La voz de Long fue grave y seca, casi parecía la de Gado —¿Qué ocurrió? —Al terminar la frase, sus ojos oscurecidos se fijaron en shenlong.
—Tranquilo, no le hacía nada indebido a tu muñequita
Ante el mordaz comentario de Shenlong, Long rugió y avanzo un poco más, quedando esta vez, a pocos centímetros de Shina, que por puro impulso, había clocado sus manos sobre los hombros del chino, esperando detenerle.
—¡Donde vuelvas a hacer algo como esto! —Bramo Long.
—¡¿Qué harás imbécil? —Shenlong contesto furioso, el miedo había desaparecido, y sus instintos, por más que gritaran que se mantuviera al margen, eran opacados por la ira y la adrenalina que comenzaba a correr por su cuerpo. Quería pelear.
Shenlong pudo ver como la mandíbula de Long se crispaba y como su entrecejo se fruncía hasta casi lo imposible, dándole una apariencia bestial, recalcada por el color de sus ojos que pasaron a ser de un tono esmeralda, tal y como los tenía en su forma de tigre. Estaba comenzando a mutar.
Decidido, Shenlong tenso su cuerpo, listo para cambiar cuando fuese necesario y enzarzarse en una pelea con su némesis, cuando de pronto, una voz firme inundo sus sentidos y le hizo desistir de sus deseos.
—Basta —Dijo Shina Gado con una voz tan solemne que era incapaz de ignorar, pero no le hablaba a él, si no a Long, que ahora observaba a la joven con una expresión indescifrable en el rostro. Shenlong se relajo, sabía que Long Shin era incapaz de lastimar a esa joven.
—Long —Lo llamo ella, mientras lo empujaba suavemente hacia atrás —Basta por favor, esta vez…debes confiar en él —dedico una fugaz mirada a Shenlong —Yo tuve la culpa, yo inicie la pelea, el solo se defendía, muy a su manera.
—Es peligroso
—Lo sé…al igual que tu, yo, yugo, kenji, o cualquiera que sea un zoantropo, pero Long —sus manos pasaron de los hombros de Long hasta su amplio pecho —Ahora somos aliados, una misma causa nos une, y aunque los motivos sean distintos, habremos de respetarlos y aceptarlos…por que ahora estamos en el mismo bando.
Una sonrisa atisbo en los labios de Long, mientras parecía relajarse, sus ojos brillaban de forma extraña, y sin poder evitarlo, Shenlong también sonrió de forma amable, estaba sorprendido por las claras convicciones de la joven mercenaria.
—Pero seguirás estando en mis lista Long —Aclamo shenlong con su típico tono de voz, arrogante y engreído. Long solo asintió con la cabeza.
—Solo por esta vez… pero que no se vuelva a repetir —Esta vez, se dirigía a Shina, quien ya retiraba sus manos del pecho del chino.
—Intentare que no se repita —Sonrió ampliamente —Tigre
Long soltó un gruñido gutural.
—Por favor omite los apodos
—¡Hey!, ya me pediste que no pelee, y eso es mucho, así que confórmate con eso.
Ambos hombres sacudieron la cabeza, mientras sonreían.
—Bien, entonces, ya aclarado todo, me voy a dar un paseo, hasta pronto —Aclamo Shenlong al tiempo en que comenzaba a andar hacia las escaleras.
—Es un tipo raro
Long frunció el ceño.
—¿lo es?, creí que todos lo éramos
—Nos convertimos en animales ¿no?, eso es extraño, pero el aparte es un clon, sin mencionar su carácter
—Si me pregunta Jane….
Antes de que pudiera terminar de hablar, un ardor comenzó a recorrerle el rostro, mientras un dolor incomodo aparecía en la zona de la nariz, acompañada de algo viscoso y caliente… Sangre, Shina le había golpeado de lleno en la cara, y ahora se dirigía a pasos apresurados hacia las escaleras.
Long se toco la nariz, la tenía rota, luego sus ojos observaron la figura de Shina Gado hasta que se perdió al doblar en la esquina y bajar por las escaleras. Se hizo entonces una nota mental.
Nota: Nunca llamar a Shina Gado por su nombre real, el hacerlo contrae muchos problemas y malestares físicos.
Y sin más, se dirigió hacia la habitación que le habían asignado, para poder curar sus heridas.
