TERROR:

No podía creer que Edward hubiera hecho eso, no robaría algo de Mike, no me seduciría para luego chantajearme, él me amaba… me ama, nunca me haría algo así, de eso estoy segura. No podía creer que Mike fuera tan maldito como para sujetarme para que no pudiera defender a Edward, creía que por tener dinero podía hacer lo que se le viniera en gana y podía comportarse como un patán melómano y ególatra.

-No me quedaré contigo, no estaré contigo así seas el último hombre en este mundo.- dije con toda mi furia, dedicándole miradas hostiles.

-¿Qué dijiste?- preguntó con escepticismo.

-Lo que escuchaste, amo a Edward y voy a quedarme con él; puedes amarrarme y atarme pero no me quedaré contigo. Quiero que te quede bien claro, no…- Ni siquiera pude terminar la frase porque Mike me tiró un sonora y dolorosa cachetada.

-No, tú me vas a escuchar ahora a mí. ¿Quién te haz creído que eres? No eres más que una estúpida que se está casando conmigo por interés; deberías estar agradecida de que te estoy sacando de esa miseria en donde vives. No eres más que una ramera, una estúpida ramera.- dijo con odio, mirándome con rabia y levantando la mano en tono de amenaza.- Tienes que honrarme, seré tu esposo, no permitiré esta clase de cosas otra vez, así que me honrarás Isabella, te guste o no, ¿me haz entendido?

Asentí nerviosa y temblando de miedo. Nunca había visto así de salvaje a Mike, me aterrorizaba, tenía pánico a que golpeara de nuevo o algo peor.

-Bien, me alegra que hayas entendido preciosa.- susurró dulcemente. Llegaba a pensar que este hombre era realmente bipolar.- ¿Ves? No era necesario hacer tanto escándalo, solo tienes que hacerme caso, porque te lo advierto Bella, no lo volveré a repetir.- amenazó.

Estaba impactado, este hombre era todo un encantador de serpientes, te hablaba dulce y podía aparentar ser el perfecto príncipe azul, pero por dentro era melómano, egocéntrico y un manipulador maniático.

Mike me seguía viendo con hostilidad cuando entró un guardia de la Marina, a pedirnos que nos pusiéramos chalecos salvavidas, ropa abrigadora y que nos dirigiéramos a cubierta.

-Todo esto es pura mierda.- renegó mi prometido, mientras se alejaba de la habitación.

Aproveché ese momento para irme de esa habitación, corrí y corrí evitando mirar hacia atrás. Pensaba que ya me había alejado lo suficiente cuando, de repente, vi al vallet de Mike frente a mí, mirándome con ojos salvajes.

-¿Iba a alguna parte señorita?- dijo con los ojos muy abiertos y bastante alocados.

Quise volver a correr, pero entonces Mike me sujeto fuertemente por detrás, me llené de escalofríos.

-Te dije que me hicieras caso Bella, ¿acaso la cachetada fue muy poco sutil?- susurró en mi oreja.

-Yo…yo…-balbuceaba, no sabía que hacer, estaba demasiado nerviosa. Temía a este nuevo Mike.

-Mike, ¿Vamos a cubierta?- preguntó educadamente mi madre.

Casi nunca agradecía ver a mi madre, pero esta vez era como un regalo de los cielos.

-Por supuesto, será todo un placer.- contestó volviendo a ponerse su careta de chico bueno. Al pasar por mi lado, se detuvo un momento y me susurró.- Esta conversación no se acaba aquí, Isabella.

Yo simplemente lo miré aterrorizada, el guardaespaldas de Mike no me dejaba ir a ningún lado, y con falso gesto de caballería me cedía el paso.

Estaba desesperada, necesitaba ir a ver a Edward, pero entre los dos no iría a ninguna parte, necesitaba un plan y uno muy bueno.

Al llegar a cubierta, vimos que estaban sacando los botes salvavidas. Al principio no entendí porque, había visto el choque pero no pensé que sería algo tan grave, después de todo este era el barco que no se podía hundir, ¿no?

-¿Qué demonios es todo esto? Me han hecho salir de mi suite así que más les vale que sea algo de importancia.- dijo amenazadoramente Mike al señor Andrews.

-El barco se hundirá.- respondió fríamente.

-¿Qué?- preguntó anonadado. MI madre y yo tampoco lo podíamos creer, no podía ser. Era un barco gigante, un magnífico trasatlántico.- Es imposible, este barco no puede hundirse.

-Por supuesto que puede y lo hará, se lo aseguro. Es certeza matemática.- susurró, mirando con tristeza el barco que el mismo había construido.- Suban a un bote, y rápido. No hay botes para todos, ¿se acuerda señorita Bella?

Yo solo asentí con la mano tapándome la boca, demasiado en shock como para articular palabra. Si mis cálculos eran ciertos, no habría botes ni para la mitad.

Nos quedamos por unos minutos en total silencio, sin saber que hacer o que decir, hasta que empezaron a llamara a la gente para los botes, para molestia y desgracia de Mike solo querían mujeres y niños.

-Solo espero que llenen los botes por clase.- susurró mi madre, riéndose tontamente.

-Oh madre, ¡Cállate! Deja de comportarte como una ridícula estúpida por un minuto. ¡¿No lo entiendes?! No hay botes ni para la mitad de la gente a borde y el agua está congelada. Muchísima gente morirá y tú estás pensando en si llenaran los botes por clase.- exploté y le dije todas sus verdades, ya no la soportaba.

-Rose, no me hables así…-empezó, pero yo no tenía ganas de seguir escuchándola.

-Vete al demonio.- grité, ante la ofendida mirada de mi madre y sus cucufatas amigas de primera clase.

-Debí haber guardado tu dibujo desnuda, valdrá mucho más.- comentó Mike, mirándome amenazante.

-Eres un bastardo.- todo el tiempo lo había sido, solo que tenía una careta muy bien confeccionada para que nadie se diera cuenta de la persona que en realidad es.

-Vamos Bella.- pidió mi madre, ya ubicada en el bote.

-Sube Isabella.- ordenó Mike.

Posaba mi mirada en cada uno de ellos, y veía mi vida reflejada en ellos. Si me subía a ese bote me salvaría de la muerte en el Titanic, pero viviría una vida de esclavitud al lado de ese bastardo, al que me obligaban por tener como esposo.

-Sube al bote Isabella.- pidió mi madre en un tono más grande, pero sin gritar, tratando e guardar la compostura.

-Yo no voy…adiós madre.- susurré, para luego marcharme de ese lugar ante los gritos de Mike y de mi progenitora.

-¡¿Adonde crees que vas?!- gritó Mike, quien me había atrapado a pocos metros de mi escape.- ¡¿Con él?! ¡¿Para ser la ramera de un patea latas?!

-Prefiero ser eso que tu esposa.- grité, mientras forcejaba con él. Podía sentir la mirada amenazadora y desaprobante de todos; me veían como la ramera que prefería a un tonto pobre que al gran hijo de papi rico de Mike.

-¡No! ¡He dicho que no!- me estaba volviendo a jalar, parecía que iba a volverá someterme por la fuerza, pero… ¡No! ¡Ya era suficiente! Recordé todo lo que había aprendido con Edward y le escupí con todas mis fuerzas; Mike me soltó inmediatamente, para lo que aproveché para correr. Por fin me escapaba de una vida de esclavitud.

.

¡Hola chicos! Aquí vamos otra vez con un nuevo capitulo de Amor en el océano, espero que sea de su gusto Gracias por sus favoritos, reviews y alertas, y todo su inmenso apoyo. Me hace muy feliz. Quería pedirles que, por favor, lean mi nueva historia: "Ámame pese a todo" Es una historia muy bonita, ambientada en la Segunda Guerra Mundial. He puesto mucho esfuerzo en ella, y me encantaría que la leyeran y me contaran su opinión, significaría mucho para mí.

Con amor, Lucia Culen.