SH4D0W44: No dudes que lo hará jaja

Leelan22 : Sé que parece haber muchas preguntas, pero te aseguró que se irán resolviendo poco a poco. En mi cabeza está más o menos todo resuelto jajaja

Bueno aquí un poco otro capi contando nueva info, desarrollando sus personajes y la pubertad y todo. También me quise meter un poco en Fleur, que me parece que es hora de que se entienda su personaje. Me refiero a que no es ambigua, puede ser mala o buena, pero no es bipolar jajaja.

Lo intenté hacer como la vida, hay dramas, no siempre pensamos en ellos, pero en otros momentos nos vienen mucho a la cabeza.

Gracias por los comentarios

Cap14

Ahí estaba Fleur en su forma veela corriendo como una posesa por todo el bosque. Los árboles parecían reproducirse a su paso. Corría a tanta velocidad que su respiración se entrecortaba. Buscaba una cosa que su corazón anhelaba más que nada en este mundo.

A lo lejos escuchó una risa y se encaminó en esa dirección como si su vida dependiera de ello.

Cuando llegó al lago, encontró a una mujer de espaldas, la dueña de aquella risa. Ella contemplaba el agua cristalina que embellecía ese lugar. Un sitio que le era muy familiar. Ya había estado allí antes. Su abuela se lo había enseñado durante sus enseñanzas veelas. Se trataba del Forêt des âmes. Un bosque cuya tierra nunca había sido pisada por muggles...hasta ese momento, pues cuando la mujer se dio la vuelta vio su rostro con claridad. Se trataba de Hermione, la esclava de su hermana. Una sola mirada de esta bastó para que Fleur volviera a su forma humana aunque como indicaban sus ojos dilatados, su cuerpo seguía bajo el dominio veela.

Con paso firme se acercó a la chica.

¿Fleur, estás bien?- preguntó Hermione confusa por la actitud decidida que mostraba la francesa. Casi podría decirse que rayaba lo peligroso.

La veela ni siquiera se molestó en contestar, le agarró del pelo y la tiró hacia sí para comerle la boca con furiosos besos. Su veela estaba energética. Hermione intentó frenarla, pero no atendía a razones. Forcejearon hasta que la esclava sintió que era empujada contra uno de los árboles. Entonces, algo cambió. Un dulce aroma provocó en ella tanto placer que fue incapaz de contener un gemido, la señal para que la francesa continuara. Sin poder huir y bajo la penetrante mirada de Fleur, su interior empezó a arder en un febril deseo que empeoró cuando la rubia dejo vagar sus manos por su pantorrilla palpando la suave piel que esta escondía, jugando con ella, provocando que se le cortase la respiración.

Subió delicadamente hasta su ropa interior acariciando con intención de hacerla sufrir de gozo. Emitió una pequeña sonrisa de satisfacción cuando la castaña no pudo contener sus leves gemidos de placer cuando pasó la mano por su clítoris cubierto.

Descendió sus besos por el cuello de la muchacha y está se aferró a ella como si así salvase la vida.

Quiero escucharte gemir mi nombre- susurró la francesa mientras metía su dedo índice por dentro de la ropa interior para jugar con el clítoris. Quería librarse de esa molesta tela que las separaba a lo que llamaban ropa interior. El amor era como un vicio que las cegaba más y más. Apartó las piernas de su camino y las colocó alrededor de su cintura mientras la seguía manteniendo con la espalda pegada al árbol. Escuchar los primeros gemidos de Hermione, la enloquecían y más el saber que era la primera persona en tenerla de esa forma.

Fleur, te necesito dentro – susurró la castaña antes de reclamar de nuevo su boca invadida por el placer.

Fue entonces, cuando la francesa perdió todo rastro de humanidad, estaba ida por completo. Introdujo sus finos dedos por dentro de la esclava. Al principio fue lento y con cuidado hasta que finalmente el ansia pudo con ella y fue rudo, fuerte. Los gemidos de la castaña podían escucharse por todo el bosque. La estaba haciendo suya, poseyendo, y la niña no lo sabía.

Fleur, un poco más- decía entre suspiros cortados. Sus gemidos avivaban la pasión de la que la francesa adoraba hacer gala. No tardó en que se corriera en sus dedos, pero era extraño, pasaba sus dedos y era como no sentir nada. De hecho, durante todo el acto sentía y no sentía a la vez.

¡Fleur, despierta!¡Tenemos clase!- gritó su hermana Gabrielle moviendo a Fleur de un lado a otro. Cuando la francesa abrió los ojos todo era diferente. No estaba en el bosque, estaba en sus aposentos junto a su hermana y su futura esposa, aunque Pansy en ese momento estuviera en el baño acicalándose para el día. No era tonta, entendía que su veela anhelaba el cuerpo de la castaña. No entendía bien el motivo, seguramente fuese porque era la única de las personas fuera de su familia que se resistía a caer en su dominio. No paraba de hacer pequeños gestos insolentes que ponía en duda su autoridad. La veela la quería bajo su control.

Alguna vez, incluso llegó a intentar hablar con su Veela, preguntarle el por qué. Nunca recibía respuesta. Era como si la misma veela se negase a darle una explicación a ella. Hasta para eso tenía demasiado orgullo. Por eso, ella era una de las que más envidiaba a Cerise Levallois, la escritora capaz de entender casi al completo a su veela, mientras que el resto tenía que conformarse con conjeturas por reacciones instintivas.

Por supuesto, la única que sabía de esa atracción era su esclava Rosmerta. En ningún momento lo hablaron abiertamente, pero era obvio que lo sabía por las veces que pudo verlas juntas. A pesar de eso, lo disimulaba bien. Nadie más podía afirmar que Fleur, perteneciente a la gran Casa Delacour, sentía atracción hacia una muggle. No quería ni pensar en la reacción de su padrastro si se enterase de aquello. Era un hombre prudente y no tenía por costumbre despotricar de forma abierta, pero se consideraba seguidor de su suegro, el señor Parkinson, quien tenía varios artículos escritos en los que mostraba un odio desproporcionado hacia todo lo muggle. Dentro del mismo círculo mágico, el señor Parkinson era considerado un radical. Tal es el odio de este hombre, que los esclavos en su mansión podían ser contados con los dedos de su mano. No por su poca fortuna, era bien sabido que aquella Casa era de las más importantes en Inglaterra. Era la presencia de muchos muggles lo que no soportaba ese hombre. Curiosamente, prometió a su hija con ella, y la verdad es que los Delacour siempre han tenido muchos esclavos. El señor Potter, contradictorio a su pensamiento crítico, también.

Hablando de su prometida, Pansy continuaba en la mansión y estaba claro que no podría llevar a cabo los deseos de su veela. No es que la infidelidad entre magos no fuera común, pero tampoco solía terminar bien una vez que salía a la luz. Prefirió aprender de su padrastro y ser prudente, al fin y al cabo, fue idea de su madre que Pansy se quedase por más tiempo, como un entrenamiento para la convivencia entre el futuro matrimonio. No faltaba mucho para que Fleur terminase sus estudios y contrajera nupcias, si este arreglo debía realizarse, lo mejor sería que aprendieran rápido a convivir.

Lo cierto era que Parkinson era el mejor acuerdo que Fleur pudo haber encontrado. La francesa desde joven era consciente de su atracción por las mujeres y gracias a la magia, el tema de la procreación no era un problema ni una obligación, pues no importaba el número de magos, era más importante la calidad de la magia. La magia los hacía superiores y era lo único que necesitaban para serlo. No se podía decir lo mismo de aquellos magos que como Harry heredaban la cabeza de la Casa y sobre los que recaía transmitir el apellido de la familia. Todos los que no heredarán ser cabezas, podían permitirse el lujo de no llevar una vida convencional, mientras protegieran la magia. Lo único que se le pedía a Fleur.

Y dentro de las mujeres de la alta sociedad, había que reconocer que Pansy era una mujer muy bella y podía resultar divertida cuando se lo proponía. Además, concedía muchos caprichos sexuales a su veela para mantenerla calmada sin hacer ruido.

La pareja estaba en la gloria, pues se les concedía casi todo lo que pedían a la señora Apolline. El problema surgía entre la convivencia de Parkinson y Gabrielle. No se soportaban la una a la otra, ni tampoco Hermione era de agrado para la prometida de Fleur. Para Pansy, Gabrielle estaba mal de la cabeza. ¡¿Cómo se le ocurría a Gabrielle llevar a su esclava a clase?! ¡¿Acaso había perdido la cordura?!

Tampoco Gabrielle se quedaba escasa en cuanto a su opinión sobre ella, no aguantaba su ignorancia ¡¿Cómo no podía conocer las bases de la magia de Pócrates?! ¡Algo básico en la filosofía de la magia! ¡Era lo que daba sentido a todo!

-Que no se sabe a Pócrates- susurraba Gabrielle con ganas de lanzarle un hechizo y quemarle el pelo a su futura cuñada. Un hechizo que había perfeccionado muy bien con algunos esclavos.

-Apuesto que tampoco se sabe el mito de los magos en la caverna de Blatón- comentó Hermione llevándose las manos a la cabeza ante las intervenciones de "Panfi". A veces, juraría que hasta el mismo profesor Lupin intentaba con mucho esfuerzo no reírse de las torpezas de aquella mujer. Hermione no entendía qué veía Fleur en "Panfila" y lo intentaba entender porque...porque quería entenderlo. Tenía esperanzas de que hubiera algo en aquella mujer que pudiera resultar interesante.

Señorita Parkinson, quizá debería repasar un poco las asignaturas del año pasado- propuso el profesor de manera cortés. Su intención no era dejar en evidencia a Pansy, pero como maestro no podía callar ante esas absurdas intervenciones.

Obviamente aquello dio pie a Gabrielle que sentía la enorme necesidad de hablar en nombre del conocimiento- ¿Solo del año pasado? ¡Mejor haznos un favor a todos y repasa desde tu primer año!

Pansy no respondió a la provocación porque, muy a pesar de lo que podían pensar los demás, era más inteligente de lo que parecía. Sabía que si ella callaba, Fleur hablaría en su honor.

-Gabrielle, cuando llegues a quinto curso, veremos lo que tú recuerdas de los anteriores- atacó la mayor de las hermanas.

¡Seguro que más que la que tienes ahí al lado!- dijo Gabrielle en el mismo tono ofensivo.

Pansy sonrió cuando Fleur atacó con el golpe más duro que se le podía hacer a una veela, algo que muchos se guardarían de hacer. Humillarla- ¡Basta ya de tu osadía, Gabrielle! ¡¿Debo recordarte tu lugar?!

Nadie de los presentes supo qué quería decir con eso, pero supuso que era un enfrentamiento entre veelas. Ambas se miraron intensamente. Por su expresión parecían estar luchando aunque no hubiera hechizos de por medio. De algún modo, Gabrielle cayó al suelo como si se tratase de un desvanecimiento. Al despertar, se marchó sin que la clase diera por concluida. Humillada frente a todos, salió echando murciélagos por la boca. Dedujeron que la veela de Fleur había doblegado la voluntad de la menor hasta que sus fuerzas la hicieron caer.

Hermione, entonces, encontró aquello que estaba buscando en Parkinson. Tuvo que reconocer que fue muy inteligente por su parte enemistar a las hermanas sin decir nada. Sí señor, tenía mucha habilidad.

-¡Qué interesante!- dijo Hermione en alto, ganándose la mirada retadora de Fleur. La estaba invitando a que dijera algo más si tenía valor. Hermione simplemente sonrió al ver lo manejable que la veela podía resultar y se fue, enfureciendo así más a la francesa, que hubiera ido tras ella si no fuera porque el profesor Lupin, finalmente, intervino para poner orden.

La esclava miraba las escaleras sabiendo que todo el mundo esperaba que fuera donde Gabrielle. Ella no tenía muy claro que su ama buscase compañía justamente en ese momento. Además, no era una persona que llevase bien las humillaciones. Cuando se sentía frustrada solía pagarlo con el resto. No era raro que golpease a los esclavos, su temperamento desbordaba en todos los sentidos. Hermione miraba la escalera pensando"voy, no voy, voy, no voy".

¿Qué haces ahí parada?- preguntó el señor Potter entrando por la puerta con unas cuantas cartas en la mano. La actitud de la esclava le parecía extraña y, después de todo lo acontecido, el señor Potter no se fiaba nada de aquella esclava. No le gustaba que merodease tanto por la mansión. Como esclava personal solía verla con su hija Gabrielle, pero tampoco resultaba extraño que caminara sola. Le producía gran desconfianza. Ya no sabía si quería que estuviera cerca de su hija para cuidar de ella o, por si el contrario, quería que su hija tuviera controlada a aquella muggle en todo momento. Era de los que opinaba que los enemigos había que tenerlos muy cerca para que no se descontrolaran y, por muy extraño que pareciera, sentía que esa niña era un enemigo.

Hermione, por su parte, no era capaz de esconder el temor que tenía hacia el señor Potter. Sospechaba que eso le gustaba a él, infundir miedo. No era un miedo irracional, conocía de sobra lo que podía hacer. Cualidades que heredó su hija.- Ahora voy con su hija, mi señor. - Al contestarle, no pudo evitar fijarse en la primera carta que sostenía el noble en la mano. Era llamativa porque estaba sellada con aquel símbolo que había visto anteriormente en las fotos de los periódicos relacionadas con las desapariciones y en otras cartas que habían sido enviadas a la mansión. Tenía que significar algo. El señor Potter tenía algo muy feo que esconder y ella no iba a parar hasta averiguarlo.

Así que unos días después, cuando ya nadie pudiera sospechar del interés por esa carta, entró en el despacho de James sabiendo que allí estaría. Encontrarla fue sencillo, seguramente por el respeto que infundía en su hogar no fuera capaz de entender que los suyos fueran a desobedecerlo, y encontrar a un esclavo que supiera leer era impensable para los magos. Esa ingenuidad le fue muy provechosa en la ocasión.

La carta era de un tal Tom Marvolo Riddle de Inglaterra. En sí el lenguaje que empleaba era poco claro, no concretaba mucho. Se comentaba algo de reuniones para tomar decisiones sobre muggles, pero tampoco entraba en mucho detalle. Los términos no eran para nada amistosos, sin embargo, no tenía sentido, pues ya eran esclavos sin derechos. ¿Qué podía haber peor que eso? No entendía muy bien de lo que realmente querían hablar en esas reuniones. ¿No estaban ya suficientemente al gusto de los magos?

Fuera como fuere, no podía tratarse de algo normal. Por no mencionar el símbolo. El mismo que la casa de los desaparecidos. ¿Qué relación guardaba ese grupo de magos con la desaparición de los hidalgos? Un hecho que pudiera no ser llamativo a efectos ópticos, pero lo cierto es que ya eran muchos casos de pequeñas desapariciones.

Salió enseguida para que nadie viera que lo había leído. Era una información que muy pronto tendría que contar a Aberforth. El anciano solía aparecersele en sueños, el modo más sencillo de comunicación y el que menos podía ser controlado por los gobiernos, asimismo el menos frecuente, pues guardaba cierta frialdad en el contacto humano. Frialdad con la que Hermione tenía que contentarse si quería verlo de alguna forma. No quería perder a la única persona que sabía quién era realmente. La mansión era una jaula de oro, un oro maldito que ella no podía tocar. No estaba sola en esa jaula, sus compañeros estaban con ella y eso hacía que no se sintiera tan sola, pero no menos encarcelada.

Por lo menos, le alegraba pensar que en unas semanas se iría de la mansión para acompañar a Gabrielle a los exámenes en Hogwarts. ¿Lo malo? Extrañaría mucho a Ron. Siempre estaba para subirle el ánimo en los momentos más deprimentes. Además, había crecido, tenía un cuerpo más de hombre. Poco quedaba del niño que conoció. Con todos pasaba un poco, Ginny también había pasado a resultar atractiva y otros niños de la mansión más de lo mismo, pero en especial Ron.

Y ese cambio de actitud con él no había sido percibido solo por el resto de los esclavos, también por Fleur, quien no estaba nada contenta con ello. Unos días antes de partir, cuando parte de los esclavos estaban reunidos bailando y riendo, Fleur estaba en el banco junto a su esposa muy atenta a esa cercanía de esos dos.

¿Oye, la chica que va con tu hermana y el pelirrojo?- preguntó Pansy observando lo mismo que su esposa.

-¿Qué con ellos?

Si han sido emparejados para la próxima época de cría – dijo Pansy. Lo cierto es que llevaba tiempo observando el comportamiento de su prometida y quería sacar alguna reacción de ella.

La francesa sabía el propósito de Parkinson y no iba a darle lo que buscaba. - Solo bailan, como hacen todos los esclavos.

En ese momento Ron y Hermione estaban muy cerca el uno del otro, aunque la distancia era más corta en las mentes sucias de lo que era en realidad. - Pero yo creo que ellos dos bailan muy especialmente juntos- dijo Pansy con esa voz quisquillosa que la caracterizaba. - Lavender, tú eres esclava. ¿A ti qué te parece?

Lavender no se había separado de su ama y contestó dándole la razón. - Si, bailan especialmente juntos. Hay muchos rumores sobre ellos dos…

Fleur apretaba sus dientes con toda su fuerza e intentaba disimular frente a su esposa. Sentía como su animal interior quería sobresalir huesos y transformarse, pero se contuvo- Mi hermana lo sabría de ser así. Es su esclava, ella verá.

Pero Pansy no se daba por contenta. A pesar, de la buena reacción de su prometida, no confiaba en ella. Las veelas se caracterizaban por ser bestias sexuales, pocas veces se había escuchado sobre una veela fiel. No es que siempre fueran infieles, pero desde luego había motivos para sospechar que pudiera pasar. Viendo a Gabrielle a unos cuantos pasos sumergida en su lectura, la hizo llamar. Al principio, Pansy fue ignorada, pero insistió hasta que la misma francesa, cansada de que dijera tantas veces su nombre, se acercó a ellas.

- Gabrielle, querida. Estábamos hablando de tu esclava. Verás, tu hermana y yo estamos discutiendo si tu esclava podría...tener a alguien interesante en su vida- desviando su mirada a la pareja, hizo que Gabrielle mirase también. Comprobando el gran interés de los presentes, le vino una idea diabólicamente divertida y podría ser muy fructífera para ella.

-¿Te refieres al pelirrojo que voy a llevar a Hogwarts?- preguntó Gabrielle sorprendiendo a todos.

-¿No ibas a llevar a tu esclava? - preguntó una confusa Fleur. En ningún momento había mencionado que llevaría a ese chico.

- También, pero lo llevo para un experimento de muggles en el colegio.

-Tu esclava es una muggle- dijo Fleur.

Necesito dos muggles- respondió la pequeña veela encantada en exceso con la situación. Tanto que daba miedo.

Rosmerta que había estado viendo todo en silencio, como si estuviera ausente de esas conversaciones, se acercó donde estaban los esclavos y paró la fiesta.

-¡A trabajar, ya habrá horas para despedirnos!- gritó a todos. La gente conocía los estados de Rosmerta y entendieron que debían disuadirse por algún motivo. Antes de que la castaña se fuera, Rosmerla la agarró del brazo- ¡¿Qué crees que estas haciendo?!

La castaña miró su cuerpo como diciendo "¡bailo!"- ¡¿Qué quieres decir?!

Las señoritas no han apartado sus ojos de vosotros – dijo Rosmerta provocando que la castaña mirase en la dirección de las magas- ¡No mires! ¡Despiertas cierta admiración en la señorita Fleur, no puedes jugar con Fleur y luego con otros! Además, tú no...no eras...eso.

Hermione estaba un poco perdida con sus palabras. ¿En qué momento ella jugó con Fleur? Y tampoco entendía "eso". - No entiendo.

La mayor de las esclavos estalló en su confusión con respecto a la castaña - ¿tú qué eres?

-¿Esclava?

La pregunta no iba por esos lares, más bien por un lado mucho más carnal.- No, niña. Lo que yo quiero preguntarte es si tengo que preocuparme por ti. Los esclavos sólo podemos ser una cosa. Nacemos para servir y si nuestro señor nos lo pide, procrear. Yo hasta ahora pensé que tú...que tendría que protegerte de ser elegida para la épica de cría, pues no tenías esa cosa con los hombres.

Hermione tampoco sabía muy bien cómo responder. Entendía la preocupación de Rosmerta, era su guardiana en cierto modo, aunque no le gustase lo que estaba por escuchar después- Bueno, hay mujeres muy guapas, pero también hay hombres muy guapos. Creo que…

Antes de que la esclava terminase la frase, Rosmerta se maldijo interna y externamente- ¡Ay, madre mía! ¿Por qué tienes que ser lo más difícil? Llamaste la atención de la señorita Fleur hace un tiempo. Si te gustasen solo las mujeres, la posibilidad de ser correspondida sería remota y la señorita no tendría motivos para tener celos. Las relaciones con mujeres son difíciles de demostrar. Ahora me dices que también te gustan los hombres. Una relación con un hombre es mucho más evidente para ojos malintencionado. ¿Acaso sabes cómo le puede afectar eso a la señorita?

¡Me importa una mierda cómo le afecte a la señorita! ¡Por favor, es una baile!- contestó Hermione cansada de tener que dar explicaciones por algo que aún ella estaba procesando consigo misma- ¡Nadie puede demostrar nada porque no ha pasado nada!- Era consciente de que no podía tener relaciones sin consentimiento de sus dueños, pero que ella supiera no había ninguna ley en contra del baile. No es que estuvieran medio desnudos bajo la luz de la luna restregando sus caderas. Era algo más normal, tonteo de chico y chica bailando en frente de otros. Más puro que lo que Rosmerta estaba insinuando. A ver, no era idiota, estaba claro que Fleur le prestaba mucha atención. Quedaba evidente con sus enfrentamientos, sus palabras, el modo de mirarla. Fleur era irresistible y cuando la miraba así, le daban ganas de dejarse llevar, arrancarle la ropa y gritar hasta que se saciase, pero sólo eso, no iba a basar su vida en ella. La situación era ridícula porque era obvio que su atracción no llevaba a ningún lado.

Las hormonas habían despertado en Hermione y de qué manera. Todos lo habían notado, el desarrollo de su cuerpo, esos tonteos con Ron...Hasta Lavender solía preguntar por el asunto, Hermione no le contestaba, odiaba lo cotilla y metiche que podía llegar a ser esa chica. Lo peor es que ni en Hogwarts se libraría de ella. Por lo visto, tanto Harry como Gabrielle y … "La que no quería nombrar más" tenían exámenes y tendría que aguantar los chismes de Lavender. Y teniendo en cuenta que los esclavos eran enviados con antelación iban a ser muchos chismes.

Para su sorpresa, Gabrielle había decidido a último momento llevarse a Ron también, dijo que necesitaba otro muggle para un experimento del colegio. Nadie lo cuestionó. Todo podía ser.

Por su parte, Fleur tenía que prepararse para sus propios exámenes, pues estaba ya en el último año de estudios. Aún así, quería estar al tanto de lo que pasaba con esos dos esclavos, y para su suerte, Pansy iba con la mejor espía que un amo podía tener, Lavender. Si algo pasaba entre esos dos, Lavender se enteraría. No estaba dispuesta a que ese niño con el pelo flamante tocase lo que no le pertenecía.

Una vez en Hogwarts, todo era diferente. Ron estaba fascinado con todas las cosas mágicas del colegio. Cierto que en la mansión Potter había muchas cosas perteneciente a ese mundo del que los muggles poco sabían, pero no tantas como en aquel lugar. Hermione le fue presentando a los esclavos que ella conocía de otros años, mientras que él seguía con la boca abierta mirando a todos lados.

Con todas esas maravillas que los rodeaban supo que había perdido a su amigo por un buen rato y lo dejó disfrutando de esas sensaciones tan nuevas para él. Se fue a la cocina a buscar a Viktor, el esclavo búlgaro que llevaba muchos años sirviendo en Hogwarts. Los dos se dieron un gran abrazo y comenzaron una conversación sobre todo lo nuevo que había pasado en su ausencia. Su charla se vio interrumpida por un hombre muy curioso que irrumpió en la cocina. Se trataba de un hombre bien vestido, apuesto, con una media melena que le otorgaba un gran sex appeal. No había duda de que era un mago. Por las caras del resto de los muggles, no era alguien del colegio. Nadie parecía conocerlo.

¿Interrumpo algo?- preguntó con aires de superioridad al ver que todo el mundo lo seguía con la mirada.

Fingieron volver a sus quehaceres. Muchos muggles pertenecientes a estudiantes ayudaron a los otros esclavos con el fin de evitar la incomodidad que aquel señor había creado. No en el caso de Hermione. Ella se quedó sentada en la mesa mirando a ningún sitio en particular. No encontraba ningún motivo por el que tuviera que bajar la mirada.

¿No tienes nada qué hacer? - preguntó el mago al ver que era la única que se había quedado quieta.

Hermione estaba tranquila, no lo veía como una amenaza de la que preocuparse – No, yo no soy esclava del colegio. Espero la llegada de mi ama.

Aquel hombre sintió curiosidad por la persona que fuera capaz de domar a la niña- ¿Y es…?

-Gabrielle Potter.

El mago sonrió por las pequeñas casualidades de la vida y, sobre todo, por el infortunio de la esclava. Bien conocía a aquella niña. Sin duda, prometía ser una de las magas más severas que el mundo mágico pudiera conocer en un futuro. - Entonces, debo pensar que mi ahijado tampoco ha llegado todavía. - al ver que la niña no entendía por dónde iba, el mago le dio una segunda oportunidad para entenderlo- Soy Sirius Black.

El padrino de Harry. Hermione lo conocía, de oídas claro. Harry hablaba mucho de su padrino. Lo tenía en alta estima. Siempre tenía cartas de Sirius contándole sus andanzas por medio mundo. Un hombre digno de admiración por todo el país. Sin embargo, ese hombre que estaba frente a ella poca admiración la despertaba.

No fue la única en reconocerlo, pronto, un murmullo se hizo eco entre los esclavos "Sirius Black, el gran Auror". El mago fingió no escucharlo, aunque en su cara se dibujaba una sonrisa de orgullo.

Lo que dejó a Hermione estática fue la inminente presencia del Ministerio en el colegio. ¿Qué hacía un Auror en Hogwarts?

NA: intenté reproducir cómo es un sueño erótico, que siempre es como muy sensual, pero si lo piensas luego son muy directos y al final sientes placer, pero a la vez no sientes placer porque no sientes tacto, crees que sientes jajaja. Intenté reflejar eso.