Secreto…
Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son obra de Rumiko Takahashi, yo solo cree este fanfic con motivos de entretenimiento.
¿Y cómo no temerte cuando te paseas por las sombras como si fueras la oscuridad misma? ¿Y cómo no amarte cuando te paseas por mi corazón como si fueras el alma misma? Pero eres tan enigmático…Por favor… déjame descubrir todos tus… secretos…
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1 : Los hermanos rayo
Hacía rato que estaba sentada en esa mullida cama, los edredones de color sangre rozaban su blanca piel y las piernas le dolían por estar tanto tiempo en la misma posición. No sabía cómo había llegado ahí, después de que vio a Inuyasha por última vez cayó inconsciente y despertó en ese lugar.
Miró a su alrededor esperando poder encontrar algo que le fuese familiar, algo que le dijera dónde estaba, sin embargo todo le era desconocido. Retrocedió contra la cabecera de ese ridículamente grande mueble y se abrazó a sí misma con la esperanza de que el frío abandonara su cuerpo, pero ese camisón tan delgado no le ayudaba en nada. Miró el pequeño moño que colgaba a la altura de su busto. Era verdad que era precioso, con mangas que se abombaban a la altura de los codos, pero era tan delgado que su ropa interior se transparentaba
Intentó no preocuparse por cómo se veía y al no encontrar nada con lo que cubrirse se cruzó de brazos en espera de lo que sucedería y como un flash el rostro de Inuyasha cruzó su mente, aquella mirada de odio que le regalo le penetraba hasta los huesos y el frió crecía dolorosamente cada vez que lo imaginaba. ¿Había tomado la decisión correcta?
La puerta se abrió repentinamente revelando a dos seres que entraron sin perder tiempo. El primero era un hombre apuesto, tenía el cabello negro trenzado hacia atrás dejando al descubierto su hermoso rostro y a la vez sus ojos… rojos. Su ropa ajustada y su forma de andar le dijeron que era todo un casanova. Se acercó hasta donde ella estaba y sentándose en la cama la tomó por el mentón, intentó apartar el rostro pero una excesiva presión en su barbilla lo impidió.
Trago duro. Su estómago comenzó a doler y supo entonces que estaba en problemas, había estado lo suficiente con este tipo de personas como para reconocerlos.
-¿Y, qué opinas hermano?- pregunto a su acompañante soltándola por fin y cruzando los brazos sobre su bien formado pecho sin apartar la vista de ella
El hombre que lo acompañaba, si bien se podía llamar hombre a ese asqueroso ser que más parecía sapo de piel blanquecina la miró sonriente.
-Es perfecta hermano- luego se toco su calva cabeza –Prepararé una crema especial con su piel y la untaré sobre mi cabeza-
Kagome quiso vomitar de tan solo imaginarse en la cabeza de ese asqueroso ser.
-¡No te atrevas a mirar a mi hermano con asco perra!- gritó el muchacho levantándose en un abrir y cerrar de ojos y antes de saberlo ya le había propinado una dolorosa bofetada que hiso girar su rostro
Se tocó los labios saboreando el sabor metálico de la sangre.
-Esto es lo que pasa cuando los experimentos fallan- se dirigió hasta su hermano y colocó una mano en su hombro -Pero tú no sabes de qué hablamos porque has estado rodeada de puros Youkais de clase cinco-
¿Youkais de clase cinco? ¿De qué estaba hablando?
-¡Hermano si la sigues golpeando arruinaras su belleza y tendremos que buscar a otra mujer!-
El chico la miró unos segundos pensativo y se sentó nuevamente sobre la cama. La azabache se tensó cuando clavó su mirada en ella
-Bueno primero debemos extraer esa cosa de su pecho como ese tal Naraku nos dijo y luego será toda tuya hermano- agregó desinteresado apartando un rebelde mechón de su negro cabello de su cara
Abrió los ojos con sorpresa cuando escuchó el nombre de Naraku pero no tuvo tiempo de preguntar ya que al instante tenía al chico de melena oscura sobre ella mirándola de una forma que la puso enferma.
-Él dijo que si podíamos llenarte de desesperación y dolor antes de extraerte lo que sea que quiera nos daría una gran recompensa- sin perder tiempo colocó una mano en su busto derecho y detuvo su mano derecha que había estado dispuesta a darle una cachetada –Jugaremos contigo hasta que estés rota- rió relamiéndose los labios -Aunque es una lástima que las humanas se rompan tan rápido, no aguantaras ni para cuando llegue al orgasmo- rió divertido levantando su camisón dejando al descubierto hasta sus senos cubiertos por el negro sostén, luego se inclinó hacia su oído –Eso pasa por robarnos nuestro único medio para conseguir dinero-
Sus ojos se abrieron de par en par.
-¿Crees que puedes ir robando por ahí lo que es nuestro?- esta vez el ser asqueroso habló –Ese niño es nuestro, ¿Cómo te atreves a desafiar a los hermanos Rayo?-
Shippou.
¡Esos eran los malditos que habían tenido a Shippou en tan deplorables condiciones!
-¡No son más que unos monstruos! –
El chico sobre ella pareció sorprendido –Vaya… eres toda una hembra… me pregunto porque Naraku se interesó en ti…-
-¡¿Dónde está él?!- intentó incorporarse pero una vez más fue detenida -¡Suéltame bestia!-
-Esto va a ser más divertido de lo que pensé- rió divertido, risa que duró muy poco porque al instante la azabache le había dado un golpe en sus partes nobles y se encontraba doblado en el suelo por el dolor, momento que ella aprovecho para llegar a la puerta y salir al pasillo
-¡¿Hermano estas bien?!- el ser de color pálido se acerco a su hermano sin perder tiempo
-¡No la dejes escapar!- señaló -¡Si escapa Naraku nos matará!-
-¡Esa zorra!- gritó ayudando a su hermano a incorporarse y correr detrás de la azabache
Corrió tan rápido como sus piernas pudieron, pero obviamente la velocidad de una simple humana no se compara a la de un Youkai y supo que debía darse prisa o la alcanzarían. Tropezó con sus propios pies al dar la vuelta por el pasillo y maldijo al golpearse el rostro contra el frío piso blanco. No tuvo opción que entrar a la primera puerta que encontró.
-¡Tu terror solo me excita más humana!-
Cerró los ojos intentando bloquear sus voces y el sonido de sus pesadas botas por el pasillo a través de la puerta, pero solo consiguió evocar la mirada de Inuyasha una vez más.
-¡¿Dónde está?!- su corazón pegó un brinco cuando los escuchó hablar justo al otro lado de la puerta
-¡Su rastro desapareció hermano!-
El de cabellos oscuros maldijo -¡¿Cuál es el problema de esta perra?! ¡Encuéntrala!-
Y luego pudo escuchar como los pasos se alejaban por el pasillo
Exhaló todo el aire que sin saber había estado conteniendo y esperó unos segundos hasta que creyó estaban lejos de su radio de audición.
Se dejó caer al suelo. Estaba temblando.
Abrazó sus piernas y se encogió. ¿Qué había hecho? Debió haber escuchado a Inuyasha, debió de haber diferenciado a los malos de los buenos, pero se había sentido tan humillada. Ella y su estúpido orgullo. Estaba tan asustada que los dientes le castañeaban, pero ella se había metido en ese lio. Despejó su mente un poco y dándose valor alzó la mirada para darse cuenta de que estaba en un gran estudio.
Lucía como un estudio cualquiera, con un escritorio caoba a su izquierda repleto de papeles y repisas por doquier con libros gruesos y de pastas oscuras. Dio unos pasos dudosa notando por primera vez que estaba descalza y el piso de madera estaba helado. Intentó no hacer el menor ruido posible y se mantuvo expectante a cada pequeño ruido en caso de que esos demonios volvieran, a pesar de que no sabía porque no la habían encontrado agradecía por ello y esperaba tener tiempo suficiente para salir de ahí.
Se acercó al escritorio caoba y miró todos los papeles exparcidos sin sentido sobre la superficie. Notó que en la esquina de cada uno había la foto de un individuo asi que tomó un papel al azar y lo inspeccionó curiosa.
SERIE: 08849
NOMBRE: DESCONOCIDO
GENERO: MASCULINO
EDAD: 19 AÑOS
RAZA: HÍBRIDO HANYOU OSO GRISLEY
ÉXITO DE FUSIÓN: 89%
Lo demás no entendía a que se refería, pero nada le sonaba agradable. Dirigió su vista a la pequeña imagen y casi pierde el equilibrio por lo que veía.
El muchacho de la imagen tenía los cabellos marrones y ojos profundos como la noche que miraban vacios. Su piel era tostada y una venda cubría la mitad de su rostro al igual que de su cabeza, dejando al descubierto solo una, casi invisible por su melena revuelta, oreja. La oreja de un oso.
Se pegó la hoja a la cara como sin poder creer lo que había visto y fue entonces que recordó las palabras de Inuyasha.
FLASH BACK
-Te he dicho que hay mas como yo- comenzó a relatar con voz inusualmente baja y tranquila –Sería extraño que saliéramos a la calle con orejas, cuernos, colas o cosas parecidas. Muchos tienen cualidades diferentes e infinitas- tenía toda la atención de la chica quien intentaba imaginarse a las personas como él las describía con toda clase de características de las que tiempo atrás ella pensó solo un animal podía tener
FIN FLASH BACK
Asi que a esto se refería el muchacho cuando se refería a cualidades de animales. Dio un vistazo rápido a todos los documentos notando que en todos había personas ya fuesen hombres o mujeres, niños o adultos con orejas, cuernos e incluso colas como animales. Se detuvo por la veinteava hoja. Estaba tan impresionada, jamás se imaginó eso, era como cuando estaba en la escuela primaria donde le habían enseñado que las letras eran letras y los números números, todos diferentes y pertenecientes a su propio campo, pero cuando creció le dijeron que las letras y números se podían combinar y las letras se volvían números repentinamente.
¿Qué estaba sucediendo en el mundo bajo las narices de toda la gente?
Al elevar la mirada una puerta blanca al fondo de la habitación llamó su atención. Tomó todos los papeles que pudo y los guardó en un folder amarillo que encontró debajo de ellos llevándolo consigo hasta estar frente a la puerta. De pronto su corazón martilló de una forma dolorosa y un intenso pitido inundó su cerebro. Inhaló hondo sintiendo una inmensa necesidad de cruzar esa puerta. Puso sus manos sobre la perilla plateada, pero al ser incapaz de bajarla ,notó que había un panel de vidrio a su izquierda, se acercó observando que le pedía ingresar su huella digital para entrar. Las ansias la estaban comiendo y los dedos le temblaban. Giró sobre su propio eje moviendo su larga melena bruscamente, buscando desesperada algo con lo que pudiera abrir la puerta y su inquietud crecía a cada segundo que pasaba. Al no encontrar nada útil rezó porque aquel truco que le había enseñado un pequeño amigo suyo sobre un vaso de vidrió funcionara y apartándose el cabello con una mano se acercó al aparato exhalando su cálido aliento que marcó nuevamente la huella digital sobre el vidrio. Un pitido sonó en el aparato y seguidamente el cerrojo de la puerta sonó en señal de que había sido retirado.
Una vez más tomó la perilla con su mano derecha y abrió la puerta…
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La música estridente y las luces permitían que la identidad de la mayoría de las personas que allí se encontraban quedara encubierta al igual que sus acciones, aunque la mayoría solo apuntaban a un sentimiento: lujuria.
Miró por el rabillo del ojo a una rubia teñida que bailaba sensualmente sobre la mesa con sus altos tacones negros y su escaza ropa. Los hombres la manoseaban y ella guiñaba el ojo a todo el que le metiera algo de dinero en sus calzoncillos. Fue entonces que sus grandes senos y labios inflados no le causaban ninguna sensación, de pronto solo le daba asco mirar su trasero operado.
Regresó los ojos a su bebida y tomó de un sorbo aquel líquido ambarino sintiendo como le rasgaba la garganta.
-Veo que no estás disfrutando para nada la acción amigo-
Miroku despidió a las dos pelirrojas que lo acompañaban y lo acompañó en aquella mesa.
Inuyasha aun no decía una palabra.
El silencio era profundo a pesar de que la música estaba a todo volumen en aquel lugar.
-Inuyasha- lo llamó como hacía rara vez por su nombre y obtuvo su seca mirada como respuesta -¿Podrías fingir que al menos me estas escuchando?- suspiró abatido y se desparramó en la mesa, ahora su humor también se había esfumado.
El aludido regresó su mirada al vaso vacío.
-¿Qué harás ahora?-
Bufó en lo que pareció diversión y recargándose completamente en la silla cruzó sus brazos desinteresado -¿Qué debería hacer? El sarnoso ese y Ayame se están encargando de eso-
Miroku lo miró resignado.
-Inuyasha ¿Vas a dejarla sola?- preguntó mirándolo con la mirada oscurecida –Puede estar en peligro justo ahora y lo sabes-
Nuevamente la música se adueñó de su canal auditivo.
-¿Y eso a mí que me importa?- una sonrisa irónica y fría se asomó por sus labios haciendo estremecer hasta el mismo Miroku –Pueden estarla violando en este instante y me importaría nada-
El pelinegro apoyó medio cuerpo en la mesa y mirándolo debajo pero cerca oscureció tanto su mirada que ni siquiera las luces de colores podían llegar a iluminarla -¿Estas seguro?-
Tragó duro y sintió los cabellos de su nuca crisparse, enseñó sus ahora dientes humanos en un acto reflejo.
Se quedaron unos momentos de esa forma, desafiándose con la mirada hasta que el albino sintió que era estúpido y rompiendo primero el contacto desvió la vista a su derecha donde casualmente se encontraba una mujer meciendo su sudoroso cuerpo al ritmo de la música.
-¿Por qué tanto interés en ella ahora de todas formas? El otro día casi la estrangulas en el camión-
Chasqueó la lengua y se recargó de nuevo sobre la silla mirándolo fijamente. Estaba confiado en que Inuyasha no se había dado cuenta de aquel suceso. Que estúpido había sido, había olvidado por completo quien era ese Hanyou.
Suspiro por veinteava vez en el día y haciéndole una señal al mesero para que les trajera más bebidas habló desinteresadamente.
-Sango confía en ella, y si quiero comprenderá debo empezar por escucharla, además Sango nunca se ha equivocado juzgando a la gente…-
-Solo una vez- interrumpió Inuyasha
-Y la última- agregó también cortante compartiendo el mismo sentimiento
Y se hiso el silencio.
-Amigo…- puso una mano sobre la de él en un gesto de apoyo pero Inuyasha la retiró como si quemara
-¡Ni lo pienses Miroku!- gruñó elevando la voz y arrugando el entrecejo –¡Sabes lo que nos trajo aquella vez! ¡Sabes que tú me sigues culpando por eso!- arrancó prácticamente el vaso de las manos del mesero y bebió todo nuevamente de un sorbo -¡Asi que no volverá a pasar!-
Tomó nuevamente su mano y la apretó fuerte para cerciorarse de que no escapara esta vez.
Los hombres babeaban sobre las chicas y los altos tenían el privilegio de tocar sus senos mientras que los bajos se conformaban con sus traseros, cuando la música terminó todos gritaron y aplaudieron excitados. Una nueva canción comenzó y con eso la lujuria se elevó.
-Esta pasando…-
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Todos culpaban a Kagome, pero él estaba seguro de que nunca los traicionaría, de que a pesar de toda la humillación a la que había sido sometida, ella nunca se uniría al mal, porque desde pequeña ese era un don que poseía… podía distinguir sin que alguien le dijera que era lo correcto.
Pero las malas palabras que se escuchaban de vez en cuando por el pasillo, las maldiciones que caían en torno a ella sobre que debieron de haber matado a esa estúpida humana desde un principio, que ella los había traicionado, no lo dejaban escapar. Entonces lo hacían dudar y contradecirse a sí mismo.
¿Este era el lado bueno?
-¡Kouga!-
La pelirroja entro por la puerta apurada gritando una vez más su nombre, había pasado toda la noche sin descanso buscando el paradero de la azabache, pero nada sabían de Naraku en comparación con lo que él sabía de ellos, aunque una noche no significara absolutamente nada para un poderoso Youkai como él, pero por primera vez se sentía cansado. La ignoró por completo y puso sus ojos de nuevo en la pantalla intentando conectar sus ataques o algo que le diera una dirección sobre donde se podría encontrar la azabache, al menos lo intentó cuando unos papeles cayeron sobre él.
-Está en Venecia-
Sus miradas se cruzaron y él no supo que decir.
-¿Cómo…?-
-He conectado todas las cámaras aéreas que pude, incluso utilicé algunas de tránsito que había por las calles, seguí el rastro del helicóptero- tomó los papeles y le mostró a Kouga un punto exacto –Kagome también me importa- susurró esta vez notando por primera vez que sus rostros estaban muy cerca pero sin retroceder –Sus razones debió tener para ir con Naraku-
Pero el azabache ya no la escuchó más, saltó hasta la puerta como si de un chapulín se tratase.
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Sus rodillas perdieron fuerza y sin remedio cayó al suelo.
Se estaba mirando a si misma.
-¿Qué… es esto?- su garganta estaba cerrada y sus pulmones apenas recibían algo de aire
Se levantó sacando fuerzas de quien sabe dónde y se acercó hasta el cilindro gigante, no podía despegar la vista de su contenido.
En el interior había una mujer… mujer que era idéntica a ella.
Sintió unas terribles ganas de colocar su mano sobre el contenedor, algo la atraía a ella, no supo qué, pero en cuanto su palma hiso contacto con el frío cristal un estremecimiento completo la recorrió de pies a cabeza.
La mujer abrió los ojos.
Era delgada, sus senos grandes y su piel pálida como la porcelana, sus cabellos largos azabaches flotaban libres a su alrededor, solo entonces notó que ella no poseía las molestas ondas con las cuales se peleaba casi todas las mañanas antes de ir al colegio, su cabello era completamente liso.
Se separó de un tirón como si quemara y abandonó la habitación horrorizada. ¿Qué era lo que acababa de ver?
Salió al pasillo con pasos torpes dejando del lado ese terrible estudio que de pronto la asfixiaba, no dio ni tres pasos cuando una gran sombra cayó sobre ella. Una gran e impotente forma.
Inuyasha.
Estaba dispuesta a gritarle lo que había visto allá adentro pero las palabras no abandonaban su boca, y la mirada glacial que le dedicó no la motivó a intentarlo.
-¡Allí estas perra!- un estremecimiento la recorrió completa al escuchar la voz del demonio deforme y en un movimiento rápido se escondió detrás de Inuyasha
Cuando estos les dieron alcance parecieron detenerse por alguna clase de barrera invisible. Sus rostros mostraban completo horror.
-No puede ser, ¿qué estás haciendo aquí?- el de la trenza gruño -¡Esa perra es nuestra!- luego miró algo entre sus brazos y gruñó
-¡Hermano tiene los…!-
-¡Ya lo sé!- interrumpió cortante
-¡¿Y que hacemos?! ¡Si Naraku se entera nos desollará!- el ser de cabeza calva parecía ser el más cobarde y no dejaba de mirar entre su hermano y a la chica
El de la trenza miró a Kagome de forma suave.
-Vamos, se buena hembra y entrégame esos papeles-
Sin saber porque negó con la cabeza y se acercó aun más al platinado
-Si me los entregas te llevaremos directamente con Naraku y podrás saber lo que quieras- volvió a tentar sonriendo oscuramente
Esta vez dudó un poco. Si la llevaban con Naraku podría saber lo que estaba sucediendo y al fin toda duda sería eliminada de su mente. Pero si iba con ellos… miró a Inuyasha por sobre su hombro, se comportaba frio y ni siquiera la miraba, pero por alguna razón llegó a ella ese alocado pensamiento de que estaba herido… de que la necesitaba…
Negó una vez más con la cabeza sin notar la pequeña sorpresa que paso por los ojos del platinado.
-¡Que me entregues esos papeles perra del demonio!-
Inuyasha soltó un leve gruñido que retumbo entre su garganta como una advertencia, solo en ese momento Kagome notó que sus orejas estaban al descubierto y se alzaban majestuosas por su cabeza.
Los demonios retrocedieron un paso asustados.
-Hermano- el feo habló –Naraku nunca nos dijo que hacer si él venía- el miedo era latente en su voz y retrocedió otro paso
-Se supone que no debería haber encontrado este lugar- luego una sonrisa socarrona cruzó su rostro olvidando por completo el miedo y sonriente saco de entre sus ropas una pistola, la cual utilizó para apuntar a la cabeza de Inuyasha –Bien entonces me encargaré de matarlo yo mismo, Naraku me dará una jugosa recompensa por hacerlo-
No tuvo ni tiempo de posicionar su dedo en el gatillo cuando el albino ya se encontraba frente a él, le arrebató el arma y disparó a su hermano.
El sonido rebotó por los amplios pasillos y casi le quiebra los tímpanos. Sus sesos bañaron las blancas paredes y Kagome cayó contra su trasero. Estaba horrorizada.
-¡Manten!- intentó correr a su lado pero de un movimiento Inuyasha le había retorcido el cuello y su cuerpo cayó junto al de su hermano con los ojos bien abiertos
-Tu…- susurró aun vivo mirándolo con odio –Eres peor que Naraku… ¡Eres el demonio mismo!- pero fue silenciado por otro disparo que le dio justo entre los ojos sin darle tiempo a reaccionar
Sentia que podría vomitar, se tapó con una mano la boca intentando alejar las arcadas que eso le produjeron y miró hacia otro lado, pero entonces sintió algo húmedo bajar por su mejilla. ¿Sangre?
-Muévete-
No la ayudó a levantase del suelo, ni siquiera la miró cuando ya se encontraba caminando en dirección a la salida. Si es que existía una salida para ese infierno.
Se levantó como pudo, las piernas le temblaban y no estaba segura si aguantaría su peso con lo que acababa de contemplar. ¿A esto se referían todos? ¿Era esta la clase de cosa que separaba sus mundos? Hace algunos meses ella era una chica de quince años cualquiera, con una vida y amigas como toda persona sana debería ser. Pero ahora no estaba segura de que clase de vida le esperaba.
Sintió un impulso por acercarse a los muchachos que ahora se encontraban tiñendo el costoso piso de rojo, sin embargo no tuvo el coraje y solo pudo seguir al albino en silencio mientras lágrimas silenciosas bañaban sus mejillas engargandose de limpiar la sangre.
-La tengo- lo escuchó por primera vez hablar desde que empezaran a caminar por la mansión como si ellos vivieran ahí, su voz sonó fría y monótona –Si está bien. No, no está aquí, el muy maldito huyó con el rabo entre las piernas como siempre, su olor es muy débil-
Apretó el folder entre sus brazos escuchando el papel arrugarse y se mordió los labios conteniendo el impulso de gritar. De nuevo se encontraba en el principio. No sabía nada.
-¡Me importa una mierda si no esta cómoda con la situación! ¡Fue su culpa por largarse de esa forma!- gritó colérico sobresaltando a la azabache que de volteó para ser testigo de cómo se arrancaba violentamente el aparato de su oreja y lo aplastaba con su mano lanzándolo a piso de concreto
Solo entonces notó que ya se encontraban fuera.
El viento era helado y tuvo que abrazarse a sí misma sintiendo su piel congelarse ante el frio tacto. Un viento húmedo la azotó y sus largos cabellos se movieron bruscamente a la par que el fino camisón que portaba. Alzó la mirada y se encontró en las calles de un lugar que nunca había visto. La casas eran grandes, la mayoría de color hueso con infinitos y preciosos detalles. Casi todas eran protegidas por grandes cercas rodeadas de verdes y largas enredaderas. Los árboles con hojas color marrón solo hacían más hermosa la vista. Si no se encontrara en esa situación podría haber disfrutado de la hermosa vista.
Hiso una mueca de dolor cuando con su pie derecho piso una pequeña roca que había en el camino pero aun así no detuvo su paso ya que uno de Inuyasha equivalía a tres de ella.
No se atrevió a preguntar a donde iban y tampoco dijo nada cuando el chico la subió a un costoso convertible negro aparcado en una acera. Solo se dedicó a mirar por la ventana en silencio repitiendo en su retina una y otra vez la imagen de la sangre brotando como cascada de los muchachos. Una y otra vez hasta que se quedó dormida…
Se encontraba sentada en una fría y dura cama, su mente estaba en blanco. No recordaba quien era ni que estaba haciendo antes de eso. Alzó la mirada y se cruzó con dos hombres vestidos en batas blancas que la miraban con distintas reacciones. El primero y el más cercano a ella tenía el cabello azabache revuelto y unos preciosos ojos azules bordeados por grandes ojeras, lucía cansado y por la barba que tenía llevaba un largo tiempo sin afeitarse pero pese a todo su mirada brillaba y su sonrisa no podía ser más grande. El otro hombre tenía el cabello largo ondulado y negro, estaba sujeto a su espalda dejando su atractivo rostro casi despejado a excepción de su flequillo y unos traviesos mechones ondulados que insistían en ir libres, sus ojos rojos centellaban al igual que su sonrisa. No conocía a ese hombre, pero algo en él la hiso estremecer.
Naraku.
Abrió los ojos de golpe. Se encontraba tendida sobre una superficie blanda y cómoda. No sabía cómo había llegado ahí, tampoco le importaba. Una fría brisa entró por la ventana abierta a su derecha meciendo las cortinas en un delicado compás que acarició su cuerpo levente. La noche había caído y estaba oscuro.
Se incorporó lentamente sintiendo su cuerpo pesado, no sabía dónde se encontraba, pero no estaba asustada porque sabía que a pesar de todo Inuyasha estaba con ella o al menos eso creía. Tragó duro ante la idea de confrontarlo, cuando se habían visto, cuando la había rescatado lucia tan… frío. Se quedó ahí sentada mirando a la nada sin saber cómo actuar y nuevamente la brisa insistió con lamer su piel. Eso fue lo que la impulso a levantarse de la cama y salir al balcón. Frente a ella las luces nocturnas de una ciudad bellísima aparecieron y un río tranquilo fluyó frente a ella, el bullicio lejano de las ocupadas calles la arrullsron y de pronto se sintió como en un sueño, sueño que fue interrumpido cuando sintió una presencia a sus espaldas.
Había llegado la hora de la verdad, tendría que decir porque se había marchado junto con Naraku, porque había aceptado su mano… aunque ni siquiera ella tenía una respuesta concreta. No podía negar que estaba asustada. Lentamente decidió girarse para aclarar la situación, sin embargo fue tomada por la muñeca y atraída bruscamente a unos labios.
Abrió los ojos enormemente al sentir como el chico la poseía moviendo sus labios rápidamente, como si una necesidad urgente lo inundara. Se quedó congelada y no supo qué hacer, los besos mandaban descargas eléctricas por su columna, adormecían su mente, sentía como si quemara la grande mano que la tenía sujeta por la cintura. Intentó seguir sus pasos, intentó responder e incluso suavizar el beso pero no consiguió hacer nada, el albino estaba yendo demasiado rápido. Su lengua hurgó entre su boca, probando cada rincón de su ser y arrancándole suspiros. Cerró los ojos tratando de disfrutar el beso, sus mejillas se tornaron rojas .Trató de olvidar lo que Inuyasha había hecho, olvidar que le había volado los sesos a dos personas y solo concentrarse en ese beso. Lo miró alarmada cuando sin aviso la lanzó de un movimiento brusco a la cama y no dándole tiempo a protestar se poso sobre ella nuevamente tomando sus labios continuando ese agresivo contacto.
-¡No… Inu… yasha!- la chica intentaba separarse pero él la tenía sujeta de la nuca impidiendo así su escape.
Se asustó cuando sintió como sin delicadeza con una de sus grandes manos, atrapaba su seno derecho, fue entonces como si una alarma se activara sobre ella y sin ser realmente consciente le pegó una bofetada.
Algo pareció haber hecho click en su mente con el golpe, frenó en seco. Cortó el beso y apoyándose en sus brazos con la respiración agitada se alejó lo más que pudo. Fue entonces que la miró directamente a los ojos.
La visión que tenía frente a él provoco que su corazón diera un vuelco.
Su largo cabello azabache estaba desparramado por entre los finos almohadones, el lazo de su camisón en algún punto abierto dejando entrever el delicado valle de sus senos y parte de su sostén negro haciendo un sensual contraste contra su piel porcelana. Sus ojos estaban abiertos de par en par, sus mejillas rosadas y sus labios rojos hinchados por los agresivos besos, entreabiertos buscando oxígeno. Sus pechos chocaban cada vez que ella inhalaba, que por cierto sucedía con demasiada frecuencia producto de su agitación. Regresó su mirada a sus ojos chocolates, mirándola fijamente unos eternos segundos doliendo su pecho al notar reflejados en ellos un sentimiento a parte de la extrema confusión, un sentimiento que hiso como que no había visto.
Exhausto y con la mente hecha un nudo se dejó caer sobre ella después de un cansino suspiro, exaltándola en un principio, sintiendo como se ponía tensa y su pulso se aceleraba. En ese momento el olor de su miedo llegó a él revolviéndole el estómago.
-Buen trabajo Inuyasha- pensó
Se acomodó un poco más sobre ella ignorando el rechazo y aspiró su delicioso perfume. Apretó los dientes al pensar lo que estuvo a punto de suceder, lo que estuvo a punto de ocasionar.
La azabache se mantuvo inmóvil conteniendo la respiración en un principio cuando lo vio acercarse y cubrirla por completo, pero después de unos segundos en los que no pudo escuchar más que sus respiraciones acompasadas, al ver que nada sucedí, se relajó notando por primera vez lo bien que se sentía ser cubierta por ese peso que lejos de resultar aplastante era reconfortante. Sus cuerpos encajaban como dos rompecabezas.
Se sonrojó profundamente al recordar lo que segundos atrás estuvo por suceder. ¿Qué había sido eso? ¿Y qué había estado por suceder? Acaso él iba a…
-¡¿Pero qué estas pensando Kagome?! ¡Solo tienes quince años!- escuchó la vocecilla de la razón invadir su mente
Poco a poco el calor la abandonaba y la cordura regresaba a ella.
-Inu... Inuya…-
-Lo lamento…- escuchó su voz ahogada contra su pecho y se estremeció al sentir su aliento cálido chocar contra su piel
Nuevamente el silencio hiso su incómoda aparición. Una brisa fría se coló por la ventana pero ya no sintió frío, en absoluto, ya no sentía nada. Se encontraba perfecta en ese instante.
Esperó para ver si tenía algo que decir, algo con lo que los dos pudieran excusar su extraño comportamiento… pero nada salió de sus labios. Las imágenes de lo sucedido ese día se repetían una y otra vez en su cabeza… no podía negar que al ver esa sangre y como el chico los mataba como si fuera algo natural para él la asustaron hasta los huesos. Pero no sería honesta si dijera que lo lamentaba completamente, había escuchado lo que esos hombres harían con ella si nadie venía a rescatarla. Perdida entre sus pensamientos tomó entre sus dedos las orejitas del muchacho que se alzaban majestuosas cerca de ella, acariciándolas suavemente y lo sintió pegar un brinco por la sorpresa, pero luego se relajo tanto que de entre sus labios salió un curioso sonido al que ella no pudo negar una carcajada, carcajada que el chico sintió perfectamente al tener pegada su cara entre sus senos.
-¿De qué te ríes?- preguntó alzándose molesto
Rió un poco más y se incorporó un poco sobre sus codos para poder ver al platinado.
-¿Fue eso un ronroneo?- soltó otra carcajada y el chico se sonrojó tanto que hiso pareja con la suya
-¡¿Y qué si lo fue?!-
-¡Es adorable!- gritó sin pensarlo ahora lanzándose entre sus brazos cayendo ahora ella sobre él riendo más
Cuando la risa se acabó se quedaron mirando unos largos minutos a los ojos, fue entonces su turno de acostarse sobre su pecho y cerrar los ojos. Sintió como la rodeaba con sus brazos y nuevamente sintió que estaba en casa.
-¿Qué estas haciendo Kagome? Esto no es propio de ti, tu madre estaría muy decepcionada si te viera actuando así, además es un muchacho del que no sabes absolutamente nada Ni siquiera estás segura de que sea humano-.
-¿Cómo lo haces?-
La pregunta cortó sus lecciones de moral.
-¿El qué?- preguntó sin abrir los ojos aun desde ese lugar
Tomó un respiro.
-Me viste matar a esas dos personas justo frente a tus ojos, me viste dispararles sin misericordia y aun así te encuentras de esta manera conmigo. Sabes que tu fuerza no es nada comparada con la mía, podría simplemente acorralarte contra la cama y violarte sin que pudieras hacer nada. Soy un asesino Kagome, pero también soy un hombre-
Lo pensó unos instantes, pero por alguna razón eso no le preocupo.
-No lo harías…- susurró sonrojándose ante la revelación sin anestesia del muchacho. Iba a agregar algo más pero otra corriente de aire que entró por la ventana la hiso estremecerse de frío.
Solo cuando la sintió encogerse por el frió se dio cuenta de que ella aun llevaba ese fino camisón encima. Sus pupilas se dilataron y un calor recorrió su cuerpo al imaginarse las millones de maneras que había para quitarle ese camisón y dejarla a su merced. Pero entonces algo en el fondo de su mente… algo que luchaba por olvidar gritó desgarradoramente. Se incorporó cuidadosamente y le tendió una mano a la azabache. Se incorporaron sintiendo el piso de madera bajo sus pies descalzos.
-Te invito un chocolate- le sonrió
Kagome casi se atraganta con su gesto torcido. Asistió como boba.
Le soltó la mano caminando hasta la puerta y ella se sintió como vacía.
-Vístete-
Se sonrojó tanto como una manzana madura y se cubrió como pudo.
Inuyasha rió desde la puerta escuchando su movimiento.
-No te preocupes, ya te he visto completa-
-¿Y con qué se supone que me vista genio?- estaba molesta con el creído e intentó ignorar el comentario.
El sí que sabía cómo arruinar la atmósfera.
-Ponte eso- señaló con un movimiento de su cabeza un mueble y luego se marchó cerrando la puerta a su salida.
Dejó a la azabache en medio de sus pensamientos en la completa penumbra. Colocó una mano sobre su pecho sintiendo como su corazón aun latía frenético.
Intentó ignorar todos los molestos pensamientos que la asaltaron y se encaminó hacia el mueble. Encima de él se encontró una playera vino junto con un grueso suéter de lana blanca y unos jeans. A un lado había unas botas vino, calcetines y una bufanda del mismo color que las botas. Se los colocó como pudo sorprendiéndose de que le entraban perfectamente y rápidamente salió de la habitación.
Caminó por el largo pasillo sin verdaderamente saber a dónde se dirigía bajando las largas escaleras y se lo encontró en la sala sentado sobre un sillón blanco en su computadora.
La estancia era verdaderamente grande. Cuatro paredes eran blancas lisas y una era de piedra negra, por ella bajaba agua que se acumulaba en un pequeño estanque abajo. El sonido tranquilizante del agua llenaba la sala. Los sillones largos eran blancos con chocolate en la base y los cojines mientras que los ventanales eran enormes y cuadros adornaban las paredes. En el fondo una televisión de plasma sobre una chimenea terminaban de darle un toque hogareño.
Lo vio cerrar su laptop y caminando tranquilo se acercó a la puerta principal.
-¿Nos vamos?- ahora sus rasgos eran humanos y su cabello plateado estaba amarrado en una coleta baja
Asintió ignorando es sonrisa torcida que la aturdía y caminó con él fuera del lugar sintiendo la brisa helada chocar contra sus mejillas. Se estremeció.
Siguió al platinado por las calles en silencio, pasando por las grandes y bellísimas casas hasta que llegaron a una plaza llena de gente. Solo entonces se le ocurrió preguntar.
-¿Dónde estamos?- se sintió como una estúpida al preguntar eso e inmediatamente se arrepintió cuando lo escuchó reír y sus mejillas se colorearon. Definitivamente debía ser la chica más estúpida en este planeta.
-Venecia-
-Ahh… Vene… ¡¿Qué?!-
Se detuvo en seco mirándolo con los ojos chocolates tan abiertos que pensó se saldrían de sus órbitas. Había palidecido totalmente.
-¡¿Cómo fue que llegué aquí?! ¡Este lugar está en otro continente! ¡Mi mamá se va a infartar cuando se entere!- gritó histérica revoloteando los brazos olvidando que ese lugar estaba lleno de gente que la miraba como una loca
Tomó sus brazos intentando tranquilizarla.
-La gente te está mirando como la loca que eres-
Sus mejillas se encendieron completamente cuando notó que lo que decía el chico era verdad, fue entonces que quiso que se la tragara la tierra cuando unas niñas le tomaron foto y empezaron a reir alejándose divertidas.
-Yo… yo…-
El frío le acarició las mejillas.
Sonrió enternecido cuando la vio encogerse de hombros como una niña pequeña, algunas veces ella era capaz de hacer las cosas más inesperadas que podían dejar expectante a cualquiera. La tomó de la mano ignorando el escalofrío que los recorrió a ambos y guiándola hasta una cafetería bastante concurrida donde se sentaron en una mesa para dos al lado de la ventana. Fue entonces que soltó su mano para ver el menú. Se sintió vacio.
Ordenaron dos chocolates y Kagome no pudo evitar sorprenderse de sobremanera al escuchar al chico hablar con un perfecto acento italiano, aunque no pareció haber sido la única en notarlo, porque todas las demás mujeres que estaban en el lugar no le habían quitado la vista de encima desde que entraron.
Apoyó su codo sobre la mesa y descansó su mentón en su palma derecha. ¿Desde cuándo ese muchacho se había vuelto tan atractivo?
Error. Él siempre fue atractivo, incluso las niñas de la escuela lo notaron inmediatamente, casi diario recibía confesiones hasta que se acabaron las chicas de la escuela. Y no las culpaba, ella tampoco estaba ciega. No iba a negarles que ese adonis era la cosa más perfecta que pudiera existir. Repentinamente una imagen de Inuyasha paseando en ropa interior aquella primera noche en su apartamento le vino a la mente y se sonrojó mucho más al recordar lo que estuvo a punto de suceder en aquella casa.
-¡Por Kami Kagome! ¡Pareces Miroku pensando en todo eso!-
-¿Tienes frio?-
Su suave voz la sacó de sus pensamientos y el hiso saltar en su lugar. Se sintió de nuevo como una idiota cuando sus miradas se cruzaron y sus ojos dorados derritieron su corazón.
-No, estoy bien- sonrió –Este lugar es maravilloso-
El albino asintió en respuesta, sin embargo rompió el contacto cuando la mesera pelirroja llegó con sus pedidos.
Era ella… ¿O Inuyasha se estaba portando muy amable?
-¿Por qué te rehusaste a entregarles esos papeles? ¿Por qué no fuiste a su lado?-
La pregunta la sorprendió un poco pero inmediatamente supo a que se refería. Lo miró directo a los ojos notándolo un poco tenso, sabía que era hora de aclarar este malentendido, no había otra forma para hacerlo más que siendo sincera.
-Bueno porque yo… quería estar contigo- se sonrojó y jugó con sus manos nerviosa por debajo de la mesa
Pero su respuesta no tuvo el efecto que deseaba, porque contrario a todo él solo se tensó aun más y su ceño se frucio en un gesto que la hiso sentir culpable y pequeña
-¿Y por qué si querías estar conmigo te marchaste con Naraku?- ahora su tono era un poco más elevado y acusatorio
Se encogió a un más sabiendo que ella se preguntaba lo mismo.
-No lo se...- cerró los ojos y se tomó unos segundos para respirar –Solo se que estaba enfadada con todos ustedes por la forma en que me trataron, y enfadada conmigo misma por obedecer y hacer lo que me decían sin saber absolutamente nada- lo miró a los ojos con determinación –Yo jamás planee traicionarlos o abandonarles, simplemente quería saber que era lo que estaba pasando, pero cuando Naraku me tendió una trampa supe inmediatamente porque no me decían nada- tragó duro y ahora desvió la mirada a la ventana sintiendo agua nublarle la vista –Porque era peligroso…-
Sus rasgos se suavizaron un poco y sintió en su interior un gran peso esfumarse de su corazón.
-No lo entiendo… ¿Cómo puedes querer estar con alguien como… yo?-
Abrió la boca para responder repitiendo las imágenes de los muchachos siendo aniquilados con frialdad y precisión por el muchacho. Era verdad. ¿Cómo podía estar hablando tan tranquilamente con alguien que era un asesino?
No encontró otra respuesta que la que era más obvia.
Porque estaba enamorada.
Ya no tenía por qué negarlo más, desde el primer momento en que lo vio aquella aburrida mañana en su salón, sintió algo cálido envolver su corazón, ese pequeño sentimiento inundarle, y ahora que estaba junto a él y sabía lo que era pensó que era buen momento para decirlo.
Pero entonces sus chocolates estaban listos.
Olvido todo cuando la humeante tasa de chocolate caliente con crema batida llegó a su lado, su estómago gruño en respuesta y sin importar que el contenido quemara su garganta le dio un gran trago lamiéndose los labios y deleitándose por el suave gusto, jamás notó como la manzana de Adán del platinado se movía violentamente al tragar por su acción. No recordaba cuando fue la última vez que había comido algo.
La mesera habló en otro idioma, pero Kagome sabía que una voz sensual era internacional y entonces ya no era el chocolate lo que le quemaba la garganta, si no el pecho. La miró afiladamente sin saber el porqué cuando se marchó.
Lo escuchó reír del otro lado de la mesa y cuando se topó con sus ojos no pudo evitar sonrojarse de nuevo.
-Tranquila pequeña, no hay necesidad de ponerse celosa-
Sus ojos se abrieron como platos.
¿Cómo supo que estaba celosa? ¡¿Y por qué estaba celosa?!
-¡Por supuesto que yo no estoy…!- pero calló al instante y un estremecimiento recorrió su cuerpo cuando sintió al chico lamer algo en su mejilla. Su lengua cálida pasó muy cerca de sus labios pero los evadió en el último minuto y se aparto un poco. Estaba tan cerca que podía inhalar su aliento con un suave olor a chocolate.
-¡Maldita sea pequeña!- iba a quejarse cuando lo escuchó maldecir en su oído y sus bellos de la nuca se erizaron.
-¿Qué es lo que…- pero calló y abrió los ojos como platos cuando lo sintió morder su cuello con delicadeza del lado izquierdo mandando descargas por todo su cuerpo –Inuya…-
-Voy a hacerte el amor…-
NDA:
Yei! Tanto tiempo sin verlos! Como han crecido! Jaja
Si chicas, el momento de la verdad se acerca y pronto este fic llegará a su fin, espero no se me alargue tanto porque aun faltan unos pequeños detallitos por ahí. En fin XP. Las dejo aquí para que me sigan leyendo. Muajaja soy mala.
Aunque estoy un poco consternada por la falta de reviews en el cap anterior. Que sucede? Esta comenzando a volverse aburrido? Si lo hace porfavor denme sus opiniones, porque no saben como me fascina cuando llego a casa después de un largo día y leo sus reviews, me motivan mucho a continuar para ustedes esta historia. Porque ustedes son mis críticos y mi público.
Ahora mismo me encuentro en otro país lejos de mi hogar, por eso es que con todo esto estaré actalizando un poco tarde, lo digo solo para que no vayan a creer que no continuaré este fic. A mi me gusta hacerlo y si a ustedes les gusta leerlo entonces no tengo porque no continuar.
Muchisimas gracias por todo su apoyo!
Nos leemos!
