DISCLAIMER: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U son de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.

SUMMARY: [Serie de drabbles] Algunas estaciones son culpables no sólo del clima, sino que pueden tener efectos que van más allá del cambio de temperatura.

Fic participante en la actividad "RONDA DE RETOS: Mini-reto estacional" del foro "¡Siéntate!".

Variables: Invierno y decepción.

Season's Fault

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XIV

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El invierno ese año estaba siendo más cruel que en otras oportunidades. La nieve se acumulaba a montones en el camino y todos los días – que se lo permitieran, claro – debía salir a limpiar la entrada para que se pudiera ingresar a su hogar. Y no sólo estaba haciendo más frío, sino que las provisiones escaseaban y los demonios y espíritus malignos habían comenzado a atacar las aldeas de nuevo. Eso implicaba la necesidad de exorcismos y exterminaciones, pero como ellos tenían a sus hijos y ella estaba por dar a luz, no podía acompañar a su esposo. Nunca había imaginado su vida así.

— ¡Ryusei, devuélveme mi muñeca!

— ¡No! ¡Quiedo mi soldado!

— ¡Tu soldado se rompió, hay que esperar a que papá lo arregle!

— Pero papá nunca está…

A Sango se le apretó el pecho al escuchar como sus hijos discutían y luego ver la decepción en sus rostros al recordar que su padre no estaba. Se acercó a ellos y se sentó a su lado, llamándolos con un gesto y abrazando al menor de sus hijos que se había puesto a llorar con la afirmación de su hermana.

— Niños, no peleen. Su padre tuvo que ir a exterminar un demonio, pero pronto volverá — les dijo, tratando de sonreírles, pero ella también se sentía mal.

— Pasa más tiempo afuera que aquí, con nosotros — la voz de Mei, la segunda de sus gemelas, reflejó un enorme reproche.

— Sí, pero debe ayudar a los demás, y también trabaja para que a nosotros no nos falte nada.

— Quizá ya no le importamos...

— No digas eso, su padre los ama. Sólo tiene obligaciones que cumplir.

Sus hijos guardaron silencio, pero ella podía notar que no estaban conformes con eso. Suspiró, si las cosas fuesen como antes, si tan sólo él les dedicara el tiempo que necesitaban. Ella no había luchado a su lado todo ese tiempo para luego verlo sólo de vez en cuando, quedándose en la cabaña sola con sus hijos, siendo una simple dueña de casa. Se suponía que él era su compañero, pero ya ni eso sentía. Hacía meses que no estaban juntos, porque este embarazo había sido más complicado y habían preferido esperar. Y sentía que él se había alejado después de eso, casi nunca lo veía y las noches que compartían juntos, él ni siquiera la abrazaba de vuelta. Ella desistió de sus intentos de acercarse y demostrarle cariño cuando él le dijo que estaba cansado de todo eso y sólo quería tranquilidad.

Definitivamente, no se había casado para eso. No podía seguir soportándolo, esa no era la vida que quería tener, y si Miroku seguía así, quizá ella debiese largarse.

— ¿Sango? — La voz de Kagome la sacó de sus pensamientos. — ¿Estás llorando? ¿Qué pasó?

No se había dado cuenta de eso. Se limpió la cara con el dorso de la mano y trató de sonreír, pero no le resultó. Rin, que acompañaba a su amiga, le dijo a sus hijos que la acompañaran para que jugaran con Yuta y las dejó solas. La castaña no aguantó más y se largó a llorar en el hombro de su amiga.

— ¡Ya no lo soporto más! Este tiempo ha sido horrible, nos ha dejado solos… los niños me preguntan por él y aunque les explique, para ellos no basta, porque necesitan a su padre al lado… y qué decir de nosotros, ¡no me toca desde hace meses! Ya ni siquiera intento abrazarlo, porque sé que me apartará. ¡No quiero esta vida, si le dije que sí no fue para que nuestro matrimonio fuese esta mierda!

Kagome la abrazó más fuerte mientras Sango apretaba los puños con impotencia.

— Debes hablar con él, esto no les hace bien ni a ustedes ni a los pequeños — le aconsejó la azabache, preocupada.

— ¿Y qué le digo? ¿Que si las cosas no cambian, me iré? A estas alturas, creo que le daría lo mismo…

— No digas eso, no creo que Miroku realmente…

— Yo ya no sé qué creer…

Kagome suspiró, era doloroso para ella ver como las cosas iban tomando ese tinte. Después de tanto, de verdad era decepcionante que tuviesen problemas por ese tipo de cosas.

Afuera, la nieve se seguía acumulando, mientras el frío congelaba las lágrimas de cierto oji azulado que había oído lo suficiente. Las cosas no podían seguir así.


Lo sé, soy malvada, mátenme y lloren conmigo! (?) Pero tuve que hacerlo, fue lo que nació (y costó, de verdad). Probablemente, el siguiente sea la continuación de éste - dependiendo de lo que me toque.

Agradezco sus comentarios, ¡un abrazo!