Episodio XIV

El profesor llego junto a Zaphiro al bosque, al ver a los dos chicos se alegró, la de ojos azul que se caracterizaba por ser muy impulsiva salto del auto y les dio un abrazo a ambos.

– ¡ME ALEGRA QUE ESTEN BIEN! –ambos se ruborizaron, al mismo tiempo se sintieron culpables.

– Perdón por haberte preocupado, a todos –dijo Brick sonriendo tímidamente.

– Eso no importa ahora –dijo el profesor regresando al auto–. Vamos, aún tenemos trabajo por hacer y no se preocupen Butch está con nosotros.

– Si, ya nos avisaron –murmuro Boomer quien aún no se recuperaba del abrazo, todos subieron y se dirigieron al apartamento de las chicas.


Apartamentos, Saltadilla, lunes, 11:14 pm.

Ambas lo observaron sin entender, el solo negó.

– No, es una estupidez, además solo es uno y no es su estilo hacer ninguna de estas cosas y tampoco los perfiles encajan con el –ninguna se quedó contenta pero decidieron dejarlo estar, ya averiguarían más con los otros dos.

– Demonios, esto me estresa mucho ¿Tienes chocolates? –pregunto la científica, Rubí apunto a un estante y la chica se acercó, en este habían varios dulces, entre ellos el antes mencionado.

– ¿Por qué tantos dulces? –pregunto el rowdy.

– Zaphiro.

– Oh.

Permanecieron unas horas más leyendo todos los archivos, nada nuevo o que no supieran ya, Rubí en medio de su investigación encontró cierto documento que les enseño a sus acompañantes, el ADN de los muñecos eran de Brick y Butch, o eso decía la investigación.

– ESO NO ES VERDAD –grito el oji verde poniéndose rojo de la rabia.

– Lo sabemos, pero la policía no opina lo mismo –trato de calmarlo Chocolat, Rubí observo un poco más los archivos sin encontrar nada, justo en esos momentos entraron las chicas, el profesor y los perdidos.

– ¡TORPES!

– ¡IDIOTA!

Los tres rowdys al verse corrieron hasta darse un abrazo grupal, si no fuesen hombres y orgullosos estarían llorando de la felicidad, pero ese bello rencuentro se arruino gracias al flash de una cámara.

– Idiota, te dije que te aseguraras que no tuviera flash –regaño Coffee a su hermana mayor, Rubí le dio un zape a esta por tenerla cerca, los tres se pusieron rojos y se separaron tres metros de cada uno.

– Bien, bien, aquí no pasó nada, t-tenemos mucho trabajo por hacer –murmuro Brick sentándose a lado de Rubí para ver los archivos, esta alzo un pulgar hacia el demostrando su alivio de verlo–. Gracias –le regalo una sonrisa.

– Iré a preparar algo de comer, deben estar hambrientos –hablo Zaphiro y los dos recién llegados asintieron, cuando esta se fue suspiraron, todavía quedaba trabajo por hacer.


Apartamentos, Saltadilla, Lunes, 11:45 pm

Rubí, Brick, Chocolat y Utonio bostezaron casi al mismo tiempo, los demás se habían quedado dormidos en la sala, había sido un día duro para ellos.

– Deberías ir a descansar –le aconsejo Chocolat en medio de algunos bostezos.

– Después, debo avanzar aquí, somos los principales implicados.

– Aunque ella tiene razón, han sido días difíciles Brick, un descanso no te hará mal.

– E-estoy bien, se los aseguro –Rubí miro que Chocolat y Utonio cruzaban una mirada preocupada y la regresaban al peli naranja, la chica suspiro, después se arrepentiría, se levantó de su sitio haciendo que todos pensaran que se iba a descansar, su sorpresa fue grande cuando vieron que tomo la gorra de Brick y se fue caminando hacia un cuarto, el chico tardo un par de segundos en reaccionar y pararse para ir corriendo a recuperarla.

La chica entro al cuarto y aventó la gorra a la cama, Brick corrió donde ella y la tomo mirándola como un perro protegiendo su hueso, la joven solo rodo los ojos y se dio media vuelta.

– Buenas noches –murmuro.

– ¡Espera! –le chica se quedó de pie en el marco de la puerta y volteo a verlo–. Entiende, no puedo quedarme sin hacer nada.

– No quería adelantar cosas pero... –lanzo un suspiro –. Las cámaras de seguridad.

– Las destruyeron –susurro abatido.

– No la de las celdas –Brick alzo su vista hacia ella con sorpresa, la chica sonrió arrogante–, mañana, esa es la prueba suficiente para declararlos inocentes de ese crimen, solo queda probar que no son los asesinos.

– Yo… gracias, nunca poder pagarte todo esto –murmuro con una sonrisa sincera.

– Lo harás, créeme –dijo dándose media vuelta y cerrando el cuarto, dejándolo desconcertado.

Finalmente regreso con los otros dos y comenzó a contarles el plan que antes había dicho al rowdy líder, ambos estuvieron de acuerdo.

– Pero aún queda el problema mayor –aclaro el profesor, ambas se quedan pensativas.

– Si tan solo hubiese una pista de que no fueron ellos.

– Yo la conseguiré… se los prometo –dijo Rubí levantándose–. Ahora a dormir, pueden ir a la habitación de Zaphiro, hay una litera.

– ¿Y ellos? –pregunto apuntando a los demás regados en la sala.

– Es su problema –indica metiéndose al cuarto de Esmeralda, ambos se miran y se encogen de hombros entrando a la tercera habitación.


Prisión, Saltadilla, Martes, 11:20 am

– ¿No deberían estar en la escuela? –pregunto Chocolat a Zaphiro.

– Tenemos justificante, Rubí quiere acabar con esto lo más pronto posible, volveremos a la escuela en cuanto ellos salgan de este problema –contesto mirando a todos lados, los policías las veían un poco desconfiados.

Chocolat se acercó a la oficina del jefe y toco, cuando este abrió entraron las dos y comenzaron a contarle la situación, la oji café les tuvo que enseñar un documento en donde se demostraba que podía interferir con el caso, al jefe no le quedó más remedio que acceder y llevarlas a la sala de seguridad. Estuvieron revisando las cámaras desde las siete y media hasta las dos de la mañana del domingo pasado. Miraron cuando Rubí les dejo la bolsa.

– ¿La preparaste tú, verdad? –pregunto la de ojos café sin dejar de mirar la pantalla que iba a rápida velocidad.

– Si, en cuanto me entere quise verlos, pero ella dijo que mejor no me involucrarse y sabiendo que iba a venir… –su acompañante asintió, siguieron viendo hasta la una, se escuchaban los gritos desde esta cámara, en esos momentos Chocolat grabo a los chicos, estos abrieron la puerta al oírlos y se dirigieron al lugar preocupados.

– Listo, tenemos evidencia, ahora solo falta encontrar una pista para demostrar que ellos no tienen nada que ver con los asesinatos.

– ¿Con esto no será suficiente? –Chocolat negó.

– Pueden pensar que fue un cómplice –la rubia asintió y tomo el CD que salió de la computadora, su contraria apago el equipo y ambas salieron. Aun recibían esas miradas desconfiadas pero intentaron ignorarlas.

– ¿Cuánto tiempo crees que falte? –pregunto en susurro sin dejar de sonreír para disimular.

– No lo sé, pero no mucho –ambas sonrieron al Jefe que estaba en la puerta de salida, salieron de ahí sin más y se dirigieron al apartamento.