CAPÍTULO 14
Desde que empezó su relación con Clarke, sus pensamientos y sus acciones iban dirigidas casi únicamente a ella, y comenzó a darse cuenta de que no quería descuidar a sus amigas. En concreto, a Raven Reyes. Antes pasaba horas al lado de la Ravenclaw, pero desde que comenzó el año, redujo su horario de estudio para ir a esas citas con su novia; y lo último que quería era distanciarse de su amiga. Así que decidió que los fines de semana sacaría tiempo para estar con ella, y con Anya y Luna si se unían, también.
Era sábado por la mañana, la nieve ya no estaba presente, y el tiempo primaveral se percibía en cada rincón de los jardines del castillo. Había quedado con Raven a solas en su sitio de siempre, frente al lago, y sonrió ligeramente al imaginársela allí tranquila mientras leía uno de los libros que siempre compartían. Adoraba comentar las distintas novelas que leían juntas y, sobre todo, el buscar la siguiente que iban a devorar.
El color rojo decoró sus mejillas con intensidad, y atrapó rápidamente su labio inferior entre sus dientes cuando vio de lejos a Clarke, apoyada contra una de las grandes rocas que había al final del puente mientras hablaba con compañeros de su casa, aunque no era el grupo de siempre. Qué raro.
La miró fijamente mientras pasaba por el camino que se dirigía hacia el bosque, y sonrió tímidamente cuando la rubia aprovechó que todos mantenían la vista hacia el castillo para guiñarle un ojo. Se moría por estar a solas con ella esa tarde y poder perderse en sus labios y en esos ojos azules largas horas si hacía falta.
Siguió su camino sin mirar atrás, ya casi había llegado, y comenzó a sentir que los nervios la invadían. Iba a contarle a Raven la verdad, porque necesitaba compartir esa alegría con alguien más. Además, tras el paso que dieron Clarke y ella hacía pocos días, necesitaba más que nunca hablar de lo feliz que estaba.
No había otra palabra, era felicidad lo que sentía en esos momentos. El haber hecho el amor con Clarke había conseguido que estuviesen más unidas y con más confianza que nunca. La Slytherin la trató como jamás nadie lo había hecho. Todo fue delicado, romántico y muy íntimo. No podría haber sido con otra que no fuese ella. Se estaba enamorando de forma veloz de esos ojos celestes, de su sonrisa perfecta y de la forma en la que, a pesar de ser dos personas distintas, podía sentirse como si fuesen una.
No sabía cómo se lo iba a tomar Raven, pero ya le dijo a Clarke que no quería tener secretos con ella y su chica la apoyó en todo momento, alentándola para que se lo contase, asegurándole que, si confiaba en Raven, ella también. Así que estaba decidida a hacerlo por fin. De todas formas, la Ravenclaw también insistió bastante en saber quién era la persona misteriosa con la que salía.
-Hola, cerebrito -la saludó cuando llegó donde estaba, sentándose con las piernas cruzadas sobre el césped, justo frente a ella. La castaña levantó la mirada y sus ojos conectaron, sonriéndose automáticamente.
-Hola, Lex -lo hizo de vuelta, y la Gryffindor bajó el rostro para ver sus manos-. Vale, ¿qué me quieres contar? -le facilitó las cosas, y Lexa volvió a enfocar su cara, mordiéndose el labio nerviosa.
-Es sobre la persona con la que estoy saliendo -la chica frunció el ceño rápidamente y apartó el libro que leía, dejándolo cerrado a un lado.
-No te habrá hecho daño, ¿no?
-No, no… -negó rápidamente, y sonrió- Quizás -volvió a sentir los nervios-, cuando sepas el nombre…
-Oh, por favor, dilo ya -suplicó arqueando las cejas.
-Clarke -soltó sin más, y el silencio las envolvió. Casi pudo percibir gesto a gesto cómo Raven experimentaba miles de emociones en una. La primera fue la sorpresa y, en esos instantes, parecía enfadada y la miraba fijamente.
-¿Clarke? -preguntó con el ceño fruncido- ¿Clarke Griffin? -asintió al escucharla- ¿En serio?
Lexa tragó saliva al verla levantarse y empezar a caminar tras ella, así que la imitó, incorporándose y parando sus movimientos, y agarró sus manos para intentar calmarla. Sabía que no iba a ser una reacción buena, y debía tranquilizarla y hacerle entender cómo era realmente Clarke.
-Ra… -quiso llamarla, pero ella habló primero, zafándose de su agarre.
-¿Cómo puedes estar diciéndome que estás con Clarke Griffin después de cómo se ha comportado contigo? -preguntó con firmeza, apretando la mandíbula sin dejar de mirarla.
-Clarke ha cambiado.
-¿Que ha cambiado? ¿No te das cuenta de que probablemente está utilizándote? Lexa, lleva años molestándote y haciéndote la vida imposible con los idiotas de sus amigos. ¿No te das cuenta? ¿A qué mierda viene que "haya cambiado" y que esté contigo? -lamió sus labios observándola ahora entristecida- ¿Sois novias?
-Sí, e igual el verbo cambiar no era el adecuado… Ha estado fingiendo todos estos años el odiarme, me lo contó todo… -murmuró.
-No, Lex. Son todo cuentos. No me puedo creer que te hayas tragado eso -negó sin querer comprender varias veces con la cabeza-. Te está utilizando -la señaló con el dedo-, y te va a hacer daño. Y no quiero que te hagan daño.
-Te aseguro, Raven, que no va a hacerme daño -intentó agarrar su mano otra vez, pero la castaña la levantó, apartándose de ella y negando con la cabeza todavía. Ahora pudo ver sus ojos brillantes.
-Lo siento, pero no puedo creerte. No después de todo lo que he visto.
-Raven… -susurró cuando la vio recogiendo sus libros.
-Necesito pensar.
Y, tras decir eso, se fue sin despedirse si quiera. Lexa soltó un suspiro algo frustrado, quizás no era cómo se había imaginado la conversación, pero ese miedo también lo tuvo ella cuando volvieron de las fiestas de Navidad, y Clarke hizo que dejase de sentirlo con cada nuevo encuentro que tenían. Confiaba en ella ciegamente, y estaba más que convencida de que no iba a hacerle daño nunca más.
Se sentó con la espalda apoyada en el árbol, y decidió darle el tiempo que necesitase para asimilarlo. Sabía que todo lo que había ocurrido durante los anteriores cursos en Hogwarts con Clarke no fue nada bueno, pero también sabía que lo que tenían en el presente era muy real. Solo tenía que ver ese brillo en sus ojos, la luz que antes no veía. Clarke Griffin no necesitaba palabras para hacerle saber lo que sentía por ella.
-Silencius -no le dio tiempo a procesar lo que había pasado cuando tuvo una varita frente a su cara. El hechizo la dejó muda, y pronto se agachó una persona con aquel uniforme de Slytherin frente a ella para poder verle la cara-. Hola, sangre sucia -vio la sonrisa engreída de Octavia frente a ella, y dos chicos agarraron sus brazos al mismo tiempo. Ella intentó pedir ayuda, pero no salió ni un sonido de su boca.
-Estate quieta, Woods -miró hacia su derecha y vio a Peverell sonriendo con malicia-. Sino no podremos desnudarte.
Blake desató su túnica y se encargaron de quitársela, primero soltando un brazo uno, y luego el otro. Tras eso, quitaron su jersey, y ella apretó la mandíbula mirando seria a Octavia.
-Te va a gustar, tranquila -habló ahora Carrow.
-¿Sabes? No tienes ni idea de cuánto me alegro de que hayan cogido a Griffin por banda, la muy estúpida está siendo de lo más aburrida últimamente. Y pensar en lo que habría disfrutado con esto -miró a Peverell y el chico alzó su brazo, manteniéndolo estirado a la altura de Blake-. Levántale la camisa y sujétala con fuerza, no quiero tocar a la sangre sucia -sus ojos conectaron y pudo percibir su cara de asco muy de cerca.
-Esperemos que no se desmaye -apareció ahora Rosier, colocándose detrás de Blake-. No hay nadie cerca, no van ni a escucharnos ni a oler nada -Lexa la miró extrañada.
-Si se desmaya, despiértala, no queremos que se pierda nada -habló Blake, apuntando su brazo con la varita-. ¿Estás preparada? -ella negó e intentó zafarse, pero solo consiguió que Octavia la mirase cabreada y que agarrase su garganta con fuerza con una mano- Si no te estás quieta, tendré que echarte un hechizo paralizador. Y quiero que lo disfrutes tanto como yo.
-Vamos, empieza -la alentaron-. Quiero ver cómo queda ya.
-Flagrate -susurró Blake, y sonrió a Lexa antes de mirar su brazo, al mismo tiempo que lo hacía ella y sentía un dolor punzante en el brazo cuando la punta incandescente de su varita se pegó a su piel.
Separó los labios, porque su principal reflejo fue gritar por aquella sensación tan desagradable, pero no salió nada de su garganta. Los ojos se le llenaron de lágrimas mientras su cuerpo se tensaba por el movimiento de la varita por su piel y se escuchaban risas a su alrededor. El daño era principalmente en su brazo, pero sentía que se propagaba por todo su cuerpo, retorciéndose internamente por aquel color tan insoportable. Empezó a sentir que se debilitaba antes de caer al suelo como un peso muerto cuando el dolor pudo con ella.
-Despierta, idiota -escuchó la voz de Rosier, y su mano en su rostro mientras sujetaba con la otra la varita-. No te desmayes y disfruta, te está quedando muy bien.
El olor a carne quemada retorció su estómago, y soltó un silencioso sollozo mientras dejaba caer las lágrimas y apretaba su mano en un puño al ver qué era lo que estaba escribiendo Blake con tanta lentitud: Sangre sucia.
X X X
Maldita mente suya en la que solo tenía cabida para Lexa. Estaba intentando prestar atención a lo que Peterson, un chico de su casa y curso, estaba diciéndole. Hacía ya un buen rato que había visto a su chica dirigirse hacia el lago y, joder, aunque hubiesen sido unos segundos solo el tiempo que la había tenido delante, en ella se habían despertado de nuevo aquellas ganas de estar a solas con su novia y poder repetir lo que unos días atrás había pasado por primera vez.
Había sido increíble el poder hacerle el amor a Lexa. La conexión que ambas compartían, y sentir su precioso cuerpo desnudo contra el suyo era algo inexplicable, y jamás pensó que su primera vez con alguien sería con Lexa Woods, pero es que había sido absolutamente perfecta e increíble, y aún le costaba creer que todo aquello que estaba sucediendo entre ambas fuese real.
Trató de disuadir, aunque no con mucho éxito, aquellos pensamientos para escuchar lo que el chico le decía. Hacía ya tiempo que pasaba de ir con Blake y los demás, porque simplemente no podía estar en un grupo en el que destestara a todas y cada una de las personas que lo componía; y había comenzado a hablar con más gente de su misma casa, dándose cuenta de que no todos los miembros de Slytherin eran de la misma calaña que los imbéciles con los que ella solía juntarse.
Tenía muchísimas ganas, además de besar a Lexa hasta que no le quedase aire en los pulmones, de poder contarle aquella tarde cómo todo a su alrededor estaba cambiando, hasta las compañías. Su chica la inspiraba a ser mejor persona, porque ella era alguien increíble, y se merecía tener a su lado a alguien a su altura.
Era ya la hora de comer, y se dirigió con Peterson y Brownlie, una chica que se les unió unos minutos después, hacia el gran comedor. Como si fuera algo automático, su mirada buscó inmediatamente la mesa donde se sentaban los miembros de la casa Gryffindor, buscando a su chica con la mirada, ya que le encantaban esos segundos en los que sus miradas conectaban y todo lo que pasaba alrededor desaparecía mientras se dedicaban unas sonrisas mutuamente, pero frunció el ceño para observar que la mesa estaba completa, pero Lexa no estaba por ninguna parte. Miró entonces hacia la mesa de la casa Ravenclaw, y vio a Raven sentada allí, cosa que le extrañó aún más porque, según le había dicho Lexa, iban a estar juntas y le iba a contar que estaba con ella.
Intentó no preocuparse demasiado, seguramente habría ido a por algún libro a la biblioteca antes de dirigirse allí, y llegaría en cualquier momento. Comenzó a comer junto a sus compañeros cuando el profesor Dumbledore anunció que lo hicieran, e intentó participar en todo momento en la conversación sobre Quidditch que mantenían y que realmente le parecía interesante, pero sus ojos se desviaban solos hacia la puerta, sintiendo los nervios crecer en su interior al ver que los minutos pasaban y Lexa no aparecía. ¿Qué estaría haciendo?
Tras unos minutos más, en los que ya no aguantaba más, se disculpó con la gente que había a su alrededor, y se atrevió a acercarse a la mesa de Ravenclaw, concretamente a Raven Reyes, que en esos momentos se encontraba de espaldas a ella. Con algo de duda, porque no sabía cómo habría ido su encuentro con Lexa y tampoco cómo reaccionaría a su presencia allí, golpeó suavemente su hombro, y supo que no debía haber ido muy bien cuando percibió la ira en su mirada en el momento en que sus ojos marrones la enfocaron.
-¿Qué quieres? -inquirió la chica castaña con un tono seco y nada amable.
-Raven… -susurró- ¿Sabes dónde está Lexa?
-Su novia eres tú, no yo -espetó-. Y tampoco soy su niñera, así que no. No tengo ni idea de dónde está.
La chica se dio la vuelta y Clarke suspiró. Estaba claro que la conversación que Lexa y su amiga habían mantenido no había ido nada bien. Tal vez era por eso por lo que no había ido al gran comedor, así que decidió ir a buscarla a la sala común de Gryffindor para poder estar a su lado si era lo que necesitaba en esos momentos.
Fue a las mazmorras de Slytherin para hacerse con la capa de invisibilidad y, seguidamente, puso rumbo a la torre de Gryffindor, rezando internamente para que su novia estuviese allí. Odiaba pensar en Lexa sufriendo por lo que fuese, y, si ese era el caso debido a su encuentro con Raven, ella quería poder abrazarla y protegerla del resto del mundo.
Una vez en la sala común, que estaba desierta, subió rápidamente las escaleras que conducían a los dormitorios femeninos, y fue sin pensárselo dos veces hasta la que sabía que era la cama de Lexa, abriendo las cortinas que la rodeaban, y encontrándola tumbada en ella, de lado y dándole la espalda, y enseguida se percató de los sollozos que soltaba.
-Lex… -susurró, al mismo tiempo que se deshacía de la capa y se tumbaba a su lado, pasando uno de sus brazos por su cintura para abrazarla con fuerza- Preciosa, ¿estás bien?
-No te preocupes, Clarke -dijo la morena con un hilo de voz entre lágrimas, y el corazón se le encogió en el pecho al verla así-. Ve al gran comedor, nos veremos más tarde -le indicó sin girarse para mirarla.
-No te voy a dejar sola si estás así, Lexa -quiso dejarle claro, y apartó uno de los mechones que caían sobre su rostro para dejar un suave beso en su mejilla, notándola húmeda-. ¿Esto es por Raven? ¿Ha ido mal? -notó que se tensaba brevemente, pero que asentía de forma casi imperceptible.
-Cree que me vas a hacer daño -susurró y a ella se le hizo un nudo en el estómago. Dios, odiaba que la gente pensase que quería causarle el mínimo sufrimiento a Lexa. Lo único que quería era poder pasar todos sus días junto a ella, y nada más. Quería hacerla feliz.
-Sabes que eso no es así, Lex -movió sus manos para acariciar lentamente sus brazos, que estaban sobre el colchón, y volvió a besar su rostro-. Haría todo lo que fuera por hacerte feliz.
Su chica no respondió verbalmente, pero asintió, y ella escondió su rostro en su cuello, aspirando aquel aroma tan suyo que le volvía loca. Siguió acariciando sus brazos suavemente, pero escuchó un sollozo más fuerte de los normales cuando deslizó las yemas de sus dedos por su antebrazo derecho.
-¿Te duele? ¿Te ha pasado algo? -preguntó, preocupada por su reacción, y al no obtener respuesta, la cogió suavemente para que se girase, viendo su rostro enrojecido por el llanto-. Lex -repitió-, ¿te ha pasado algo?
El silencio volvió a contestarle, y decidió tomar su brazo suavemente, subiendo la manga de su jersey poco a poco para comprobar qué había pasado. El corazón le dio un vuelco, y una desagradable sensación se instauró en su estómago cuando vio lo que allí había. El antebrazo de Lexa estaba hinchado, casi en carne viva, marcado con las palabras Sangre Sucia. La rabia se hizo presente en su interior, porque no le hacía falta preguntar para saber quién había sido.
-¿Ha sido Octavia? -quiso saber igualmente, y Lexa miró hacia otro lado sin decir nada-. Lexa, dímelo, por favor.
Los ojos verdes de su novia estaban llenos de lágrimas, y pronto pudo notar que los suyos también le escocían. Joder, es que ver aquella horrorosa herida en la piel de Lexa, y saber lo que le habían hecho le estaba quemando por dentro. No iba a dejar que los desgraciados de su casa se salieran con la suya. Esta vez no. Se levantó de la cama, dispuesta a ir a enfrentarse a Blake y su grupo. Recogió su capa, y se giró hacia su chica antes de salir.
-Ve a la enfermería, Lex, por favor -le pidió-. Nos vemos luego.
-Clarke, espera -oyó su voz que la llamaba, pero en esos momentos lo único que quería era darle su merecido a la imbécil de Octavia-. ¡Clarke! -volvió a llamarla Lexa, pero nada iba a detenerla.
Se dirigió como una bala hacia la sala común de Slytherin, seguramente los alumnos ya habrían vuelto del gran comedor y estarían descansando en sus casas. Entró, tras decir rápidamente la contraseña, consumida por la rabia y la ira contra aquellas personas que habían hecho daño a la chica más importante que había en su vida, y la más pura. Millones de veces más que todos ellos.
Enfocó a Blake, Carrow y el resto del grupo en una esquina de la sala común, y no dudó ni un segundo en dirigirse hacia ellos, sacando de su túnica su varita, y empuñándola con fuerza frente a ella. Vio cómo Octavia la miraba mientras se acercaba a ella, y una sonrisa socarrona apareció en su rostro. Dios, qué ganas tenía de borrársela.
Ya apenas le faltaban unos pocos metros para tenerla contra la pared, apuntándola con su varita, cuando alguien se la arrebató, y al segundo sintió cómo alguien le agarraba por la túnica, y la alejaba de su objetivo. Se giró, queriendo deshacerse del agarre que aquella persona, claramente más fuerte que ella, mantenía sobre su persona. Se sorprendió al ver al profesor Snape, observándola con gesto serio.
-Basta, Griffin -ordenó el profesor-. Ven conmigo a mi despacho.
Joder, ¿qué hacía Snape en la sala común? Normalmente no solía aparecer por allí, y que estuviera no le hacía ninguna gracia, sobre todo en ese momento en que había interrumpido lo que estaba a punto de hacer. Octavia se merecía su castigo, como todos los demás, y aquello no iba a quedar así, eso lo tenía más que claro.
-Siéntate -ordenó el profesor cuando llegaron a su despacho, que era un lugar bastante pequeño y lúgubre-. ¿Qué demonios hacías, Griffin?
-Darle a esos imbéciles su merecido -espetó, porque en esos instantes no tenía filtro, no cuando le habían dado donde más le dolía.
-Esa no es la solución, Clarke -habló el profesor, mirándola con gesto serio, pero a la vez preocupado.
-Lo es cuando le hacen daño a quien me importa -musitó entre dientes, mientras dirigía su mirada a sus manos, que estaban sobre su regazo.
-Pensaba que eran tus amigos, siempre lo han sido.
-Bueno, como puedes ver, ya no lo son.
-¿A quién han hecho daño, Clarke? -preguntó Severus entonces, y volvió a levantar la vista, enfocando los oscuros ojos del profesor.
-A Woods -confesó, tras dejar salir un profundo suspiro.
-¿Lexa Woods? -quiso asegurarse, y ella asintió-. Pensaba que tú y tu pandilla la teníais tomada con esa chica.
-Y ellos la tienen tomada con ella, pero yo no -susurró a media voz, y no pudo evitar que las lágrimas se acumulasen bajo sus ojos-. Yo soy incapaz de hacerle daño a Lexa…
-¿Ella lo sabe? -asintió efusivamente frente a la pregunta del hombre, sin apartar su mirada de la suya- ¿Y ellos?
-No… -admitió-, pero me da miedo que…
-Griffin -la cortó-, que no seas una Gryffindor no significa que no puedas ser valiente -le dijo, apoyando ambos codos sobre la mesa que había entre los dos y entrelazando sus propias manos-. Si quieres a Woods, no te dejes acobardar por una panda de mequetrefes que no saben lo que es el amor.
-¿Por qué me está diciendo esto, profesor? -quiso saber, sorprendida por las palabras que salían de la boca de Snape.
-Porque sé lo que es querer a una Gryffindor -la tristeza se hizo presente en la voz de Snape, y sus ojos mostrándole entendimiento y compasión fueron más que suficientes para que no aguantase más las lágrimas, y rompiese a llorar con rabia frente a su profesor.
-Le han grabado Sangre Sucia en el brazo -dijo con la voz rota-. Ella no les ha hecho nunca nada, y no hacen más que hacerle la vida imposible, y no puedo dejar de pensar que en parte es culpa mía -se limpió las lágrimas con las mangas del jersey, intentando calmarse, pero es que odiaba sentirse así, tan rota por dentro porque no podía hacer nada para protegerla, aunque se lo hubiese prometido.
-Demuéstrale entonces todo lo contrario, Griffin -le sugirió el profesor-. No te escondas del mundo si quieres estar con ella. No sabes cuánto tiempo podéis tener… -parecía que el hombre hablaba desde la propia experiencia, y sus palabras calaron hondo en Clarke, que las meditó una a una, sabiendo que tenían mucho peso-. No te pongas a su nivel, Clarke. Demuestra quién eres en realidad. A ti, a ella, y a todos.
Se quedó unos segundos en silencio, reflexionando cada palabra antes de asentir al profesor y levantarse para salir de allí tras agradecerle esa charla. Había conseguido calmarla, cosa de la que no mucha gente podía presumir, y ahora ella sabía lo que tenía que hacer. Se acabó el fingir ser alguien que no era, se acabó el permitir que hirieran a la persona más increíble que había en su vida.
Puso rumbo a la sala de los menesteres, porque el único sitio donde podía estar en aquellos momentos era junto a Lexa, asegurándose de que estaba a salvo, protegiéndola de todo y de todos, y, sobre todo, demostrándole todo lo que sentía por ella.
X X X
Llevaba un rato observándola, sin decir nada. Ambas estaban en aquella cama, con la cabeza apoyada en la almohada, mirándose frente a frente, y casi ni habían hablado. Clarke cerró los ojos y se quedó pensativa, sabía que su mente no estaba dejando de trabajar, pero no sabía qué decirle para que se tranquilizara. Casi no había podido controlar la ira que había experimentado anteriormente. A veces le gustaría a ella misma también poder leer sus pensamientos. Aunque no tuviese problemas normalmente para expresar sus sentimientos, había momentos, como aquel, que le hacía estar nerviosa por las pocas palabras que decía.
-¿Te lo ha mirado bien la señora Pomfrey? -habló de repente Clarke, y vio cómo abrió los ojos.
-Sí -afirmó.
-¿Y por qué no ha insistido en que le digas quién mierda ha sido? -preguntó molesta, y se sentó en el colchón, con las piernas flexionadas.
-Clarke, no voy a chivarme de nada -dijo firme, incorporándose también, dispuesta a acariciar la espalda de la rubia.
-Eso, dales más motivos para seguir haciendo contigo lo que les dé la gana -espetó, y Lexa se dejó caer de nuevo en el colchón, cerrando los ojos para controlar el llanto.
Se quedaron de nuevo en silencio, y pronto sintió que se movía y que la rodeaba con sus brazos, apretándola contra ella. Movió el rostro hasta poder acomodarse contra su cuello y se quedó ahí aspirando su aroma unos minutos. Sabía que estaba enfadada con sus compañeros de la casa Slytherin, y no la culpaba de ello, porque Clarke siempre había sido muy impulsiva. Inspiró hondo cuando sintió su mano acariciando su espalda con lentitud, y ella besó fugazmente su cuello.
-Lo siento -besó su sien con cuidado, y llevó su mano hasta su rostro cuando se apartó de ella, conectando sus miradas-. Siento mucho que te hayan hecho eso… Son unos…
-Shh… está bien -susurró pasando sus dedos por sus mejillas-. Ahora estamos aquí, las dos juntas. En esta sala no nos importa nada de fuera, solo nosotras. ¿No acordamos eso?
-Sí, pero…
Lexa frenó sus palabras besando sus labios con delicadeza, y suspiró cuando Clarke comenzó a corresponderle. Deslizó su mano por su mandíbula hasta llegar a su pelo, enredando sus dedos entre sus mechones dorados. Sintió un escalofrío por todo su cuerpo cuando la Slytherin jadeó en busca de aire antes de cambiar de posición su rostro para besarla mejor y en profundidad.
Estuvieron entretenidas simplemente besándose, pero cuando Clarke acarició sus costados de esa forma tan increíble, no pudo evitar soltar un murmullo placentero contra sus labios, temblando ligeramente cuando la puso contra el colchón y se colocó sobre ella presionando con toda su anatomía su cuerpo totalmente. Recorrió su espalda con las manos, y la escuchó suspirar al mismo tiempo que se separaba de sus labios para mirarla agitada.
-No pares, por favor -pidió, sujetando su cintura.
-¿Estás segura? -preguntó sobre ella.
-Por favor… -suplicó, la necesitaba al fin y al cabo.
La vio asentir antes de inclinarse y atrapar de nuevo sus labios, esta vez siendo menos cuidadosas a la hora de entregarse a la otra. Gimió cuando Clarke mordió su labio y arqueó las caderas para golpear las suyas. Lexa llevó las manos a los botones de su camisa y comenzó a desabrochárselos uno a uno, acariciando posteriormente su abdomen cuando quedó a la vista. Se arrodilló en el colchón y tiró de sus manos para sentarla y poder desnudarla completamente, ella intentó librarla de su camisa, pero no la dejó, poniéndola de nuevo contra el colchón y besándola con urgencia. Demasiada.
-Eh… eh… -acarició su pelo y la miró con ternura, pasando después un dedo por su ceño fruncido y disfrutando de la forma agitada en la que respiraba- No voy a irme de aquí. Tenemos tiempo.
-No te vayas nunca -pidió, abriendo sus ojos.
-Nunca, Clarke -susurró, y dejó que la besase antes de sentir que sus labios temblaban y su mano buscaba la suya para entrelazar los dedos contra el colchón.
Se volvió a separar de ella, y notó algo húmedo caer en su rostro. Abrió los ojos y la vio aguantando las lágrimas que se acumulaban en los suyos mientras miraba fijamente su antebrazo, justo donde estaba escrito con quemaduras "Sangre sucia". Sonrió cuando se inclinó sobre él y comenzó a besarlo lentamente, con muchísima delicadeza, como si pudiese romperla en cualquier momento.
-¿Te duele? -preguntó en un hilo de voz.
-No -fue sincera, gracias a la Señora Pomfrey, las heridas sanarían más rápido, y en esos momentos no sentía dolor-. Quedará una cicatriz para recordar, supongo.
-No te mereces esto. No te mereces que te marquen de esa forma -dijo volviendo a estar a su altura.
Lexa la besó de nuevo en los labios, intentando decirle sin palabras todo lo que sentía por ella. Pasó los labios por su rostro, dando cortos besos para limpiar sus lágrimas, antes de besar la punta de su nariz mientras ambas se sonreían.
-La única marca que me importa es la que me dejas tú, la que dejaste cuando hicimos el amor -confesó, mirando aquellos ojos azules que la miraban con adoración.
La escuchó suspirar antes de que la besase de nuevo, deslizando su lengua de forma exquisita entre sus labios. Gimió cuando la mano de Clarke apretó uno de sus pechos ya desnudos, y se separó de ella para ver cómo lo cubría y los masajeaba, arqueándose para ofrecerle todo lo que quisiera de ella. Pasó la mano por su pelo, sujetándoselo para que no impidiese a su boca besar centímetros de su piel. Gimió cuando atrapó su pezón y lo comenzó a succionar, combinándolo con caricias con la punta de su lengua. No se perdió ni un momento de lo que le hacía, le encantaba verla disfrutando de esa forma de su cuerpo, con los ojos cerrados y soltando esos soniditos placenteros.
Lamió el contorno de su pecho y volvió a subir a su boca para besarla de forma húmeda, arqueándose contra ella. Bajó con sus labios por su cuello, lamiéndolo mientras ella echaba la cabeza hacia atrás dándole el espacio que necesitase. Soltó otro gemido cuando llegó al pecho que no le hizo caso antes, y la morena enredó los dedos en sus cabellos. Se sintió entre nerviosa y expectante cuando las manos de Clarke se ocuparon de desabrochar su falda y dejarla sin ella cubriéndola. Esta vez no quería que las luces se apagasen, quería verla. No quería perderse nada.
Jadeó cuando los labios de la rubia hicieron cosquillas por su abdomen mientras repartía besos cortos hasta que lo lamió completamente. Y, Dios... La visión de esa lengua recorriendo su piel...
-Lex… -llamó desde la altura de su ombligo, y ella la miró, a punto de contestarle, pero echó su cabeza hacia atrás cuando los dedos de la chica empezaron a pasar sobre su intimidad; y a pesar de llevar aún la ropa interior puesta se deslizaron muy bien, con la presión adecuada para estimular esa zona que ya estaba despierta- Quiero probarte… -gimió contra su piel, besando sobre el hueso de su cadera, y bajó su rostro para verla mirando fijamente lo que le hacía con los dedos.
-Hazlo -murmuró con voz ronca, totalmente excitada. ¿Qué se sentiría? La boca de Clarke le encantaba, y le encantaba la forma que tenía de besar. Oh, Dios…
-Si no te gusta, me paras, por favor -suplicó, apoyando las palmas de sus manos en el interior de su muslo, empujándolos para que separase las piernas y pasando la nariz por la línea que hacían sus labios más íntimos-. Joder… -gimió con voz ronca.
Miró la postura que tenía entre sus piernas, y lo bien que le quedaba tener el culo levantado. Su respiración se aceleró más todavía cuando sus labios se deslizaron por sus ingles antes de bajar hasta la parte de atrás de sus rodillas.
Siguió estimulando sus piernas, sobre todo la parte interna de ellas, las más cercanas a su ingle, hasta que llegó a ella de nuevo, lamiéndolas y pasando los dientes por ellas, haciéndole cosquillas otra vez.
-¿Quieres tener las luces encendidas? -preguntó subiendo de nuevo a su altura para mirase a los ojos, ella asintió; había perdido el habla hacía tiempo- Me vas a matar, Woods, lo sabes, ¿no? -volvió a afirmar con un gesto de la cabeza, y se sonrieron a la vez antes de besarse en los labios.
Sintió un escalofrío cuando los dedos de Clarke fueron al inicio de sus braguitas, antes de arrodillarse y deshacerse de ellas, mirándose en todo momento al rostro de la otra. La vio lamerse los labios y coger aire para tumbarse de nuevo sobre ella; estaba increíblemente sexy con la camisa abierta mostrando su escote y esa mirada tan oscura.
Repitió el proceso anterior, sin ir directamente a su intimidad, y cuando llegó a la altura de sus pechos, acarició sus pliegues con los dedos, haciendo que se estremeciese y gimiese suavemente sin dejar de mirarla a los ojos, que la miraban de vuelta fijamente mientras estimulaba su pezón. Empezó a realizar suaves círculos sobre su clítoris antes de bajar para extender más su humedad por sus labios íntimos.
Acarició los mechones de su pelo, y volvió a apartarlos de sus labios cuando llegó a la altura de su ombligo. Mordió su labio inferior mientras la veía sacar la lengua y deslizarla hasta llegar a la altura de su pubis antes de jadear contra la piel de su ingle. Suspiró, separando más las piernas y apoyando los pies en el colchón, dándole el espacio que necesitase. Sus ojos dejaron de mirarse, y su enfoque pasó a entre sus piernas. Se ruborizó automáticamente mientras Clarke inspeccionaba la zona expuesta para ella, y al mismo tiempo se moría porque diese el paso.
La respiración de la rubia se empezó a agitar mientras hacía un camino húmedo con su lengua por el interior de su muslo, y Lexa echó la cabeza hacia atrás, soltando otro gemido cuando llegó a donde tanto la necesitaba. Notaba sus muy cálidos e hinchados contra su intimidad, y su lengua se deslizaba muy bien entre sus pliegues. Echó sus cabellos hacia atrás y la miró mientras los sujetaba. Esa vez Clarke mantenía los ojos cerrados mientras la degustaba sin parar. Gimió de nuevo cuando encontró de nuevo su clítoris, y cogió aire porque la Slytherin aprendió rápidamente dónde era ese punto de placer, dedicándose plenamente a él.
Se separó de ella y la vio dando una bocanada en busca de aire, y la miró fijamente al rostro mientras sus dedos se deslizaban por ella, mandando escalofríos cada vez que acariciaba aquella zona tan palpitante. Vio sus labios manchados con sus flujos, y fue una mezcla entre vergüenza porque todo eso era suyo, y excitación porque estaba así por el placer que había estado otorgándole.
Se inclinó para besar su abdomen de nuevo, depositando un beso muy lento, y estaba segura de que lo hizo para que notase lo húmeda que estaba. Bajó de nuevo entre sus piernas, y separó aún más sus piernas antes de pegar sus labios a ella de nuevo, moviendo sus dedos mojados por el interior de su muslo. Un largo gemido salió de su garganta y sus manos automáticamente se apoyaron en su cabeza cuando succionó su clítoris.
-Sigue -pidió. Le salió solo, su mente no estaba para pensar las palabras en esos instantes. Joder, no pensaba que las sensaciones del anterior encuentro fuesen a superarse, pero Clarke estaba convirtiendo ese momento en algo único y todavía más placentero.
Arqueó sus caderas, levantándolas mientras apoyaba los pies en el colchón para ayudarse a ello. Estaba siendo más intenso que los anteriores orgasmos, mucho más. Gimió de forma grave, echando su cabeza hacia atrás y cerrando los ojos con fuerza al sentir una agradable liberación y una corriente eléctrica recorrer todos los músculos de su anatomía.
-Joder… -murmuró Clarke, separándose de ella y besando sus ingles de nuevo, subiendo por su cuerpo deslizando los labios todo el rato, acabando en su boca, la cual besó de forma intensa, y por primera vez sintió aquel sabor nuevo en su boca. Su sabor en la boca de su novia- ¿Te ha gustado? -sonrió contra sus labios.
-Sí -contestó sin aliento, y la volvió a besar, pasando la lengua por su barbilla y sus labios para limpiarla.
-Ha sido increíble -susurró, apoyando la frente sobre la suya y mirándola de forma pícara-. Quiero repetir otra vez…
Lexa soltó una risita, pero la frenó cuando vio que bajaba de nuevo.
-Espera, fiera… -rodeó su cuello y se abrazó a ella, empujándola para quedar las dos de lado en la cama- Deja que me recupere al menos.
-En serio, ha sido alucinante -la morena lamió sus labios nerviosa antes de reír de nuevo mirando la cara de su novia, disfrutando de lo relajada que estaba ahora, en comparación a como había estado un rato antes.
-Yo también quiero hacértelo a ti.
-Joder -suspiró, y Lexa comenzó a besarla, tumbándola en el colchón y colocándose sobre ella.
Deslizó su mano por el abdomen de Clarke, recorriendo su suave piel, y llegando hasta su pecho para apretarlo sobre el sujetador. Y la necesitaba desnuda. Mucho.
Se sentó sobre sus piernas, y tiró de su camisa para incorporarla, besándola de nuevo en los labios. La Slytherin acarició su espalda desnuda mientras ella agarraba su camisa y la bajó por sus hombros, descubriéndolos y bajando hasta esa altura para besárselos también, estremeciéndose con el suspiro que dejó junto a su oreja.
-Espera, Lex… -suspiró agitada.
-¿Qué pasa? -preguntó preocupada, sin soltar su camisa.
-Apaguemos la luz.
-¿Qué? -se extrañó.
-Me da vergüenza que…
-Soy yo -murmuró antes de atrapar sus labios en un lento beso-. Soy yo, Clarke, no va a pasar nada.
Clarke se quedó mirándola seria, y ella le devolvió el gesto confundida. Se percató de que tenía los músculos algo tensos, entonces soltó su camisa, buscando con la mirada su varita para apagar la luz. No quería que pensase que la presionaba a hacer algo que no quería. Se levantó de la cama para buscar su túnica y al soltar la camisa de Clarke, ésta bajó hasta sus muñecas. No se habría percatado de nada si no hubiese sido por el brusco movimiento de la rubia para subírsela.
-Clarke… -murmuró mirándola fijamente.
La primera idea que le vino a la mente fue "¿Y si lo que le contó fue mentira y sus amigos también la atacaron de vuelta?". Ya sabía cómo eran los de su casa, probablemente fue Clarke toda furiosa y ellos se la devolvieron de la mejor forma que sabían: haciendo daño.
Agarró su mano, tiró de ella para mantener su brazo estirado y levantó su camisa. Antes tenía miedo, pero cuando vio aquella calavera y esa serpiente saliendo por la boca de ella, fue terror lo que sintió. Se quedó por unos segundos bloqueada observando la marca tenebrosa en el antebrazo de su novia antes de mirarla a la cara, sin encontrarse sus ojos porque miraban hacia otro lado.
Soltó su mano. ¿Qué era eso? ¿Clarke era una mortífaga? Las pulsaciones de su corazón se incrementaron, y empezó a vestirse rápidamente para largarse de allí con lágrimas de rabia acumulándose en sus ojos. De momento, se quedaría con la rabia, porque la tristeza no iba a admitirla.
-Lex… -la escuchó hablar.
-No me hables -dijo firme, terminando de colocarse la camisa.
-Te lo puedo explicar…
-No.
Se colocó su túnica y no miró una última vez a la rubia, dejándola en aquella sala sola mientras caminaba por los pasillos limpiándose las lágrimas una y otra vez. ¿Clarke era una mortífaga? ¿Era una seguidora de Voldemort? ¿Era del grupo de personas que hicieron aquella bestialidad a su madre haciéndola desaparecer de su vida?
¿Y si todo había sido mentira? ¿Y si Clarke no sentía nada por ella? ¿Y si la usaba para llegar a la ubicación de su tía?
Apretó su puño mientras corría por los pasillos esquivando a distintos compañeros del colegio, que la miraban con confusión.
¿Y si Raven tenía razón?
Hola, Hola. Marinsey al habla, concretamente, Marina.
Lo primero de todo, queremos pedir disculpas por el mareo de cambiar el día de actualización de martes a miércoles de nuevo, pero hemos decidido que estaba mejor aquí.
En fin, vamos al lío.
Hemos podido ver a Lexa muy feliz después de que ella y Clarke hayan hecho el amor. ¿Y quién no lo estaría? Si es que son tan adorables que muero de amor con ellas, de verdad.
Nuestra Gryffindor se ha decidido a contarle a su gran amiga Raven que Clarke es la persona misteriosa con la que mantiene una relación, y parece que la Ravenclaw no ha reaccionado demasiado bien. ¿Qué os ha parecido? ¿Creéis que es lógica esa reacción? ¿Qué pasará con eso? ¿Al final acabará aceptando a Clarke?
Los desgraciados de Slytherin han cogido a nuestra pequeña Lexi por banda, y le han hecho una cosa horrorosa, y nuestra pobre bebé no podía chillar, ni Clarke estaba allí para librarla de esos imbéciles. ¿Quién ha sufrido con esta escena? * Levanta la mano *
Ay, Clarke, Clarke, qué enamoradísima estás… Se vuelve loca por Lexa, pero es algo totalmente normal si tienes una novia tan cuqui como la suya, ¿no? No la ha encontrado en el gran comedor y se ha preocupado mucho, ¡y con razón! Pero aunque no por la que ella creía, y la pobre ha sufrido bastante al ver lo que le habían hecho a Lexi en el bracito. Mis bebés… * llora *
Se ha ido dispuesta a enfrentarse a los Slytherin, a Octavia sobre todo, pero CHAN CHAN, sorpresa, Snape ha aparecido y se la ha llevado para calmarla, y parece que lo ha conseguido, ¿no? ¿No os ha encantado esa escena entre Clarke y el profesor? Porque a nosotras sí. Severus le ha aconsejado, y de forma acertada, y Clarke se ha ido para estar con su chica.
Vaya, vaya… Parece que después de la primera vez, ambas se han quedado con ganas de más, y después de ese precioso momento en el que Clarke le ha besado el bracito entre lágrimas * vuelve a llorar *, han ido más allá que la primera vez, y lo estaban disfrutando mucho al parecer, pero… ¿QUÉ HA SIDO ESO? ¿CLARKE MORTÍFAGA? ¿Quién se lo esperaba?
¿Qué pasará a partir de ahora? ¿Dejará Lexa que Clarke se explique? ¿Volverán a estar bien? ¿Raven entenderá la relación entre nuestras chicas?
Decidnos teorías. Y muchas gracias por los comentarios.
Esperamos que os haya gustado mucho este capítulo.
Nos leemos el próximo miércoles.
Un abrazo mágico de Marinsey.
