Disclaimer: Ninguno de los personajes de Naruto me pertenece.
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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Perdonen que esté subiendo el capítulo tan tarde, de verdad perdón. Pasa que estuve cocinando con mi hermana los budines, que hacemos todos los años, para navidad y me tomó más tiempo de lo que había pensado. Además de que la cocina quedó hecha un desastre, llena de harina, manteca y melaza... y bueno, tuve que limpiarlo todo. Pero lo bueno de cocinar es comerse la masa que sobra a cucharadas, obvio nada más para conprobar que quedaron bien, no por glotona :P. Eso se sabe. Y bueno, perdón por eso. Pero ya estoy acá y les dejo el capítulo para que lo lean. Como siempre quería decirles gracias, por todo. Realmente me hacen muy feliz, por eso quiero agradecerles. Por tomarse el tiempo para leer mi humilde historia y más aún por dejarme sus comentarios. Los cuales realmente aprecio y me gustaría que no dudaran en hacerme saber su opinión. ¡Gracias! Espero que el capítulo les guste... ¡Nos vemos y besitos!
Hasta que la muerte nos separe
XIII
"El momento"
Otro día había llegado y una vez más estaba sola, aunque desde la visita de Sakura hacía cinco días atrás ya no se sentía tan desolada. Inclusive había ido a visitar a sus padres hacía ya tres días y hoy había decidido visitar a Chouji. Pues lo extrañaba, y hacía mucho que no hablaban.
Lentamente se incorporó, apartando las sábanas de su cuerpo, y de un pequeño saltito salió de la cama. Dirigiéndose al cuarto de baño a darse una pequeña ducha. En el camino, tomó sus ropas y un par de toallas las cuales apiló en un estante dentro y tras desenredar su cabello comenzó a desnudarse. Sin apuro alguno. Hasta que estuvo totalmente expuesta y con el agua a temperatura ideal.
Deslizándose al interior suspiró cuando la calidez de las gotas chocaron contra la desnuda piel de sus hombros y comenzaron a resbalar por su cuerpo, desdibujando su silueta.
Sé que volverá. Pensaba cada día al despertar, Ino mantenía la fe viva a pesar de todo. Siempre lo había hecho y siempre lo haría, aunque ser optimista quizá no fuera lo mejor en una situación como en la que se encontraba. De todas formas no importaba, aún las cosas resultaran mal –y ante la mera idea sintió su estómago revolverse y contorsionarse- no se arrepentiría de haberlo esperado. En absoluto.
Tras enjuagar todo su cuerpo, giró el grifo hasta cerrarlo, y estirándose tomó una de las toallas que tenía preparada junto a la ducha. La envolvió alrededor de su cuerpo y tomando la otra la enroscó en su cabello. Saliendo cuidadosamente de la ducha para no resbalar. Ciertamente se sentía renovada, el agua caliente siempre había tenido ese efecto en ella.
Rápidamente se vistió y tras estar lista corrió escaleras abajo, tomó una manzana para desayunar en el camino (pues últimamente no tenía mucho apetito) y agarrando sus llaves salió a las calles. Resintiendo inmediatamente la luz del sol contra su rostro. El día era perfecto, ni una nube impregnaba el cielo tan inmenso y azul como siempre. Aunque para Ino se veía más pálido de lo habitual, aunque probablemente por no poder contemplar el firmamento con él. Y es que mirar el cielo le recordaba siempre a Shikamaru.
Así que ignorando la sensación de vacío en su interior comenzó a caminar hacia la casa de Chouji, la cual no se encontraba demasiado lejos de la suya.
—¡Chouji! —gritó al ver, a medida que se aproximaba a su casa, que su robusto amigo se encontraba en la puerta. Junto con una muchacha que Ino no conocía. Seguramente es Yuura. Pensó feliz. Por fin la conoceré.
—¡Ino! —exclamó el castaño mirando algo sonrojado a la mujer junto a él y a su amiga—. Que sorpresa...
La rubia se acercó hasta quedar frente a ellos y saludó amablemente.
—No interrumpo ni molesto ¿Verdad? —preguntó, aunque realmente no esperando una negativa.
—Eh... No, claro —entonces el Akimichi se giró a la joven junto a él, e Ino aprovechó para observarla con discreción. No era extremadamente delgada, aunque no era robusta tampoco. De largos cabellos castaño claro, casi rubio, ondulados que caían delicadamente sobre sus hombros. Su piel bronceada y sus ojos de un verde claro. Largas pestañas y rasgos finos, ciertamente era bonita y llamativa. Ino sonrió para sí, y ella que pensó que Chouji nunca conseguiría novia.
—Ino, ésta es Yuura —señaló el Akimichi volviéndose tras hablar a la castaña—, ella es Ino.
—¡Hola! —exclamó amablemente—. Es un gusto conocerte, Chouji me habló tanto de ustedes... —la sonrisa de Ino se ensanchó aún más, orgullosa.
—Espero que te haya dicho cosas buenas... —el castaño rió, atrayendo la atención de ambas.
—Le dije lo pésimo que cocinabas y lo gritona que eras —la rubia molesta lo golpeó.
—¡Ouch!
—Te lo mereces... —Chouji volvió a reír, al igual que Yuura.
—Como siempre, las cosas no cambian —entonces la castaña habló.
—Debo irme ¿Si? Después nos vemos —besó rápidamente al chico—, un gusto conocerte Ino.
Y sin decir más se marchó, dejando a ambos amigos solos.
—Debí haber llamado... —señaló la chica, sonriendo— Aunque cabía la posibilidad de que me dijeras que estabas ocupado.
—¡Jajaja! Y eso no era aceptable.
—Por supuesto que no —rió ella—. Sabes que vendría de todas formas.
—Lo sé —la sonrisa de él se borró—, lamento no haber ido a visitarte. Supuse que necesitarías tiempo para estar sola, espero no haberme equivocado.
—No, por supuesto Chouji. Tú me conoces mejor que nadie... bueno, junto con Shikamaru.
—Y temía que si iba me arrojaras algo por la cabeza —sonrió.
—¡No lo haría! —se defendió, fingiendo enfado—. Únicamente te cerraría la puerta en la cara.
—Muy probable —asintió el Akimichi—. ¿Vamos a comer? A menos claro que estés a dieta —ella bufó.
—Hombres... no entienden la diferencia entre dieta y ayuda. Puedo comer algo —él negó con la cabeza.
—Cuando teníamos doce no comías nada y decías que eso era dieta.
—Tú mismo lo dijiste —sonrió—, cuando tenía doce.
Y tomándolo del brazo lo arrastró por las calles hasta su siempre habitual punto de encuentro, barbacoa Q.
—¡Vaya! Cuanto hacía que no venía aquí —Ino asintió.
—Lo se, la última vez...
—...fue cuando Shikamaru y tú se comprometieron.
—¡Si! Lo recuerdo... —exclamó feliz la rubia—. esa vez tú comiste tanto que casi te envían al hospital como cuando teníamos doce.
—Lo recuerdo, fue muy gracioso. Tú empezaste a regañarme como cuando éramos niños y Shikamaru me miraba con preocupación. Casi era como aquella vez —ambos bajaron la mirada lentamente.
—Sólo faltó Asuma —señaló Ino, el chico asintió. Entonces comenzaron a caminar hacia la puerta del local, al entrar el aroma a carne asada los invadió y Chouji sintió perderse por lo que Ino lo tomó del brazo y prácticamente lo arrastró hasta una de las mesas junto a la ventana, la misma que siempre solían ocupar.
Inmediatamente, tras sentarse, él comenzó a examinar el menú ante la sonriente expresión de Ino. Chouji siempre parecía un niño cuando se lo llevaba a comer afuera, de hecho, la mayor parte de las veces le parecía un niño. Con su siempre expresión bonachona y sus pequeños ojos alargados.
—¿Qué? —la cuestionó al ver que los ojos de su amiga estaban imantados a él. Ella negó con la cabeza riendo.
—Nada, ordena lo que tú quieras.
—¿Y tú? —preguntó.
—Yo, comeré lo mismo que tú —el Akimichi contento asintió y haciendo señas con la mano a una joven mesera ordenó –prácticamente todo lo del menú- y se volvió a su amiga.
—¿Qué te pareció Yuura? Porque es obvio que tienes una opinión, es por eso que insistías a Shikamaru para que la llevara a cenar a su casa —rió. Ino fingiendo inocencia contestó:
—Eso no es cierto. No tiene nada que ver mi curiosidad y me parece injusto que...
—¡Ino! —la interrumpió sonriendo—. No tiene sentido que lo intentes...
La rubia bajó la cabeza y suspiró —¿Tan obvia soy?
—Siempre lo fuiste, no eres muy buena con eso de los secretos. Aunque siempre creíste que si —la muchacha arqueó una ceja.
—Vaya, es bueno saberlo cuando casi tengo 26 —Chouji rió.
—No te preocupes, estoy seguro de que Naruto nunca notó ninguna de las cosas que querías ocultar. De hecho, creo que recién se enteró que tú y Shika están casados, aunque fue a la fiesta —replicó con sarcasmo. Ino rió.
—Es probable, si no tuviera a Hinata se olvidaría hasta de revisar si la comida que come está vencida o no —ambos rieron.
—Totalmente de acuerdo. Pero no me dijiste que piensas de Yuura.
—Cierto —exclamó Ino, feliz de saber que su opinión era de relevancia para su amigo—. Bueno no es como me la imaginaba...
—¿Cómo te la imaginabas? —la rubia sonrió avergonzada.
—Digamos que te daba menos crédito, es bonita.
—Gracias —replicó a la vez con sarcasmo por lo primero y con sinceridad por lo segundo dicho por su amiga.
—Y parece realmente amable y sincera ¡Me alegro por ti!
—Y estás feliz de que pudiste fisgonear —una vez más rió.
—Claro, por supuesto.
—La gente no cambia —Ino negó con la cabeza.
—No, no lo hace. Al menos no en esencia.
Entonces la intromisión de la joven mesera con sus pedidos interrumpió su charla informal. La chica dejó cuidadosamente los platos con los distintos pedazos de carne, entregó a ambos un recipiente con palillos (dado que el que había en la mesa estaba vacío) y se marchó. Tanto Chouji como Ino empezaron a comer.
Por un largo rato permanecieron callados, simplemente disfrutando del sabor salado y suculento de la carne. Hasta que Chouji volvió a hablar, sorprendido de ver a Ino comer tanto.
—Vaya, Ino tenías hambre... —la rubia asintió, colocando un pedazo de carne para que se asara.
—No me he estado sintiendo muy bien y por eso no he comido casi nada, sólo he desayunado una manzana cada día y cenado otra durante las noches —Chouji negó la cabeza en señal de desaprobación.
—Eso es malo, entiendo porque pues yo mismo he perdido algo de apetito... aunque no pierdo la fe —bajó la mirada— pero no deberías descuidar tu salud. Él no lo querría.
—Lo sé —replicó, como si fuera una niña a la que estaban regañando por no comer sus vegetales—. Es solo que... bueno, ya sabes. Pero últimamente estoy algo más animada. Sakura me visitó el otro día.
—Eso es bueno —sonrió el Akimichi, ambos siguieron comiendo de forma ininterrumpida.
—Oye Chouji, quiero preguntarte algo... —el muchacho asintió sin apartar su mirada del pedazo de carne entre sus palillos—. Shika vino a hablar contigo, la otra vez...
—Si, claro.
—Me gustaría saber que te dijo, si no es nada privado —él negó rápidamente.
—No claro que no, supongo de todas formas lo habló contigo después —Ino asintió, recordando cuando ella lo había enfrentado por el papel de la misión.
—Bueno, recuerdo que fuimos a la azotea a contemplar las nubes y comer algo —Ino sonrió y ante la mirada Chouji rió y asintió—. Si, aún hacemos eso. Es para evitar terminar en el bar como nuestros padres, supongo.
—Claro, claro. Continúa.
—Y lo vi distinto, no se como explicarlo. Como confundido y a la vez sorprendido y algo emocionado. Aunque por supuesto parecía aburrido, como siempre.
—No es fácil que ese hombre transmita a su rostro lo que siente, créeme. Lo he intentado —Chouji se encogió de hombros.
—Es su forma de ser, no es muy demostrativo. Nunca lo fue —Ino negó y él continuó con su relato. Intentando transponer en imágenes de lo sucedido todo lo que estaba narrando a su rubia amiga.
Ambos se encontraban recostados en aquel banco de madera sobre la misma azotea de siempre, aquella que habían visitado desde que tenían ocho –quizá menos.
—Oye, Chouji ¿Puedo contarte algo? —comentó el moreno contemplando una nube vagar lenta y despreocupadamente por el vasto firmamento.
—Claro, sabes que siempre puedes ¿Es algo que no puedes hablar con Ino?
—Es algo que aún no he hablado con Ino, pero quizá lo haga. Quería comentártelo primero, eres mi amigo —Chouji asintió orgulloso.
—Continúa.
—Es algo problemático que me saltó a la cabeza el otro día, bueno, no realmente algo que pensé únicamente el otro día. Simplemente algo que surgió y me pareció distinto, mi forma de verlo ¿Entiendes?
—Mmm... mas o menos. No se realmente de qué estás hablando —el Nara asintió, con su mirada fija en las nubes.
—A eso quiero llegar ¿Tú crees que maduramos? Es decir, si fuera por mi madre seguiría diciendo que no. Y que soy un holgazán bueno para nada.
—Para tu madre siempre serás un holgazán bueno para nada —señaló el castaño riendo. Shikamaru asintió.
—Tienes razón, juro que esa mujer seguirá siendo problemática hasta el final de sus días. Aunque creo comprender porque se casó con ella mi papá.
—Porque Ino es igual de problemática que tu madre... —completó la frase el Akimichi. Shikamaru se mostró de acuerdo—. Pero ¿Por qué me preguntas si creo que hemos madurado?
—Simplemente me importa tu opinión.
—En ese caso, sí, creo que sí. Hasta Naruto lo hizo, míralo con Hinata. Aunque sigue siendo tan despistado como siempre, pero estoy seguro que llegará a Hokage.
—Yo también, nunca lo creí —ambos asintieron aún con la vista en el cielo.
El silencio se propagó por largos instantes, aunque ninguno se sintió incómodo por la ausencia de palabras. Simplemente limitándose a disfrutar de la compañía del otro. Entonces, al cabo de diez minutos, Shikamaru decidió romper el silencio confesando verdaderamente el asunto de aquella discusión.
—Creo, aunque suene problemático, que Ino y yo estamos listos para tener hijos —Chouji repentinamente se incorporó.
—¿De verdad? —sus ojos como platos contemplando la expresión de su amigo, su expresión de total aburrimiento –como habitual- aunque las comisuras de sus labios estaban levemente torcidas hacia arriba.
—Eso creo... Pienso que Ino lo haría excelente —el castaño asintió.
—Seguramente, iría de aquí para allá gritándoles y regañándolos aunque fuera un bebé —ambos rieron.
—Probablemente, como lo hace conmigo de todas formas. No lo dejará en paz —Chouji asintió, retomando una vez más la seriedad que el tema requería.
—¿Y es lo que tú quieres? ¿O es algo que ella sugirió?
—No, es decir que no lo hablamos, sólo una vez, antes de casarnos y de pasada. Pero creo que es el momento... ya sabes —el Akimichi asintió con algo de aprehensión. Sabía a qué se refería su amigo—. Y realmente creo que no sería algo tan problemático, creo que lo más problemático ya pasó. Me refiero a que ya me casé con Ino —comentó, con una sonrisa—. Ya se que mi plan de vida no resultó como esperaba, es decir, Ino está muy lejos de ser una chica promedio. En ningún sentido lo es, pero aún quiero apegarme a mi plan. Al menos con lo que queda.
—Claro ¿Y qué crees que diga?
—No lo sé —bufó, volviendo a levantar la mirada –la cual se encontraba hasta el momento en su amigo- hacia las nubes—, es impredecible. Puede desde golpearme, hasta ponerse contenta. ¿Quien sabe? —suspiró— Pero realmente me gustaría tener un hijo con ella...
Chouji no pudo decir que era, pero en los ojos de su amigo había un brillo que jamás había visto antes.
Ahora estaba seguro de que era... emoción. Algo que el Nara habitualmente no solía mostrar, pero no sólo emoción. Expectativas de hacer realmente algo suyo, algo que sólo a él le perteneciera. A él y a Ino.
Entonces, observó la expresión de Ino a través de la mesa. La chica no se movía, simplemente lo observaba con una expresión entre sorprendida y aterrorizada, y estaba más pálida de lo normal.
—¡¿Ino, estás bien?! —pero ella no replicó, permaneció contemplándolo fijo—. Ino ¿Acaso él no te lo había dicho? ¿Dije algo malo? ¡¿Ino?! Estás bien.
La voz de su amigo fue apagándose lentamente, su voz pronto dejó de oírse. Se sintió sofocar y el nudo en su estómago volvió a formársele haciendo que todo su contenido se revolviera dentro de ella. Una inmensa sensación repulsiva la invadió y se sintió perder el control otra vez. Por lo que rápidamente asintió, en respuesta a las preguntas de preocupación de su amigo, se despidió, se puso de pié y se marchó a toda velocidad corriendo. Pudo jurar que oía a Chouji gritarle algo pero lo ignoró y siguió corriendo de regreso a su casa -el trayecto le pareció efímero- en la cual se refugió. Y tras cerrar todas las puertas con llave huyó a su habitación en la cual se encerró y acto seguido se dejó caer en pesadamente en la cama. Resintiendo su cuerpo, todas las palabras que Chouji le había dicho seguían haciendo eco en su cabeza, todas y cada una, aunque algunas se clavaban en ella como espinas a su corazón –desgarrándola dolorosamente-: "Creo, aunque suene problemático, que Ino y yo estamos listos para tener hijos". ¿Realmente pensaba aquello? ¿Había hablado en serio cuando había dicho que ella sería una excelente madre?, porque se lo había dicho a Chouji: "Pienso que Ino lo haría excelente" "...realmente me gustaría tener un hijo con ella...".
El cuerpo le temblaba sólo de pensarlo, tan solo de imaginárselo contándoselo a Chouji, con la emoción que su amigo había descrito, le provocaba escalofríos. Porque ella se lo había negado... y a días de su partida, partida quizá definitiva.
Unas palabras más saltaron a su cabeza, y entonces lo comprendió todo: "no lo hablamos, sólo una vez, antes de casarnos y de pasada. Pero creo que es el momento... ya sabes". El momento. Ella había pensado que no lo era, por su estúpido temor. Pero para él lo era, se estaba marchando, probablemente no volvería. Y lo sabía, ese día que le había pedido intentar concebir un hijo –y que ella lo había rechazado en la peor de las formas posibles- ya había recibido la orden de marcharse. A Shikamaru no le quedaba tanto tiempo, por esa razón había reaccionado de aquella forma.
La culpa en Ino comenzaba a retorcerse en su interior, se quebraba, dolía, desgarraba, aterrorizaba. Sentía inmensos deseos de llorar, le había negado lo que más había deseado. Y ahora quizá jamás pudieran tener un bebé juntos. Quizá él no regresaría ¿Y qué le había quedado a ella? Una casa vacía, y un recuerdo amargo. El momento, el momento no existía. Pensó, en su vida no había tal cosa como el tiempo adecuado. Era el aquí y el ahora porque quizá no hubiera mañana. Shikamaru lo había comprendido, pero ella había sido muy terca como siempre.
—Shika... lo siento —jadeó, rodeándose con los brazos su propio cuerpo—. De verdad quería que... quería tener... —no podía decirlo, era muy doloroso. Pues él nunca lo sabría, que ella realmente había soñado también con una familia como él.
Y ahora, quizá, fuera demasiado tarde.
Esa noche, por primera vez, desde su partida, Ino lloró hasta perderse en la inconsciencia del sueño.
