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Capítulo catorce.

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Harry dejó caer su cabeza entre sus manos y deseo poder llorar, pero desde que su memoria había vuelto a ser suya y los recuerdos habían regresado tal como eran, enteros y reales; llorar se había vuelto algo simplemente imposible.

Bella le había enseñado a no mostrar debilidad ante nadie, ni siquiera ante él mismo y era algo de lo que podía estar agradecido. La bruja, ahora recordaba, había sido siempre poderosa, impertinente y cruel con todos y todas, pero no por ello una completa mala influencia.

Le había enseñado también buenas lecciones que estaba seguro, nadie en el llamado "lado bueno" enseñaba a sus hijos; con ella había aprendido a enfrentar sus miedos de manera valiente, también había aprendido a amar las cosas pequeñas y los días especiales, a jugar cuando era necesario y a callar cuando se necesitaba, a guardar secretos y mentir como un maestro, sabía de idiomas y no temía hacer cosas que atentaban contra su propia vida, soportaba sin una mueca de dolor los golpes físicos y decía lo que tenía que decir en el momento indicado, le había enseñado a ser independiente, a que no todo tenía que ser Blanco o negro.

Porque eso era Bella, un gris que a veces era más oscuro y otras más blanco, que muchos odiaban porque hacía daño, porque mataba y hería, pero que a pesar de todo, Harry no podía evitar amar.

Había sido durante toda su vida, una extraña madre. Porque eso era, a pesar de todo el daño que le había hecho y de todos los malos tratos, Bella había sido la figura materna retorcida en su vida, la que siempre había estado allí y había dado de todo para protegerlo, incluso si aquello atentaba contra su propia vida.

Un quejido femenino lo sacó de sus pensamientos y angustiado observó a la pálida mujer que descansaba sobre la cama y que ahora se removía incómoda. Segundos después abrió los ojos y una sonrisa se plantó en sus labios al observar al adolescente.

—No necesito que veles mi sueño, pequeño mestizo—el azabache no pudo evitar sonreír al escuchar su voz cansada y agrietada, después le acercó un vaso con agua del que ella bebió sin cuestionar nada.

Tal vez con otra persona no se hubiese mostrado tan lastimada ni mucho menos hubiese tomado algo que le ofreciera, pero confiaba en el niño más que en nadie.

—Has estado inconsciente por un día y medio.

—Vaya, eso es mucho—susurró son una sonrisa, después se acomodó sobre la cama hasta quedar sentada.—Por tu bien espero que durante la semana no estuvieras cerca de mí más de lo necesario—él suspiró.

—Puedes matarme entonces, estuve bastante preocupado por ti. No deberías haber durado tanto inconsciente, estuviste bajo el crucio sólo poco tiempo—ella se mordió el labio.

—Supongo que ya me estoy haciendo viaja—susurró antes de observar la habitación, tenía algo que se le hacía vagamente familiar, tenía un estilo parecido a la casa en la que ella había vivido de niña.

—¿Dónde estamos?—el adolescente se removió incómodo, algo que no le gustó nada a la bruja, quien se había dado cuenta de lo nervioso que de repente lucia—. Orión, ¿dónde?

El suspiró con fuerza antes de pasarse una mano por el cabello.

—En la casa de Sirius—Bellatrix no dijo nada por unos segundos, después lanzó un rugido he hizo a un lado las cobijas que la cubrían, Harry en seguida se hizo a un lado.

—¡¿Cómo pudiste traerme aquí, Orión?!

—¡No tenía mucho de dónde escoger Bella, estabas herida y yo también! ¿A dónde querías que te llevara?

—¡A nuestra casa en Australia me parece mucho mejor!

—¡Allí se encuentra tu maldito cuñado, sería llevarte a la boca del lobo!

—¡Está es la boca del lobo!—vociferó por fin levantándose, en seguida comenzó a buscar su varita, pero no encontró nada. —¿Dónde está?

—Lo siento, Sirius se la quedó—ella rugió indignada y presa de la furia se acercó hasta quedar a un palmó de distancia del adolescente, después le dio una cachetada que resonó en todo el lugar, él no se movió, ni siquiera hizo alguna mueca y ella rugió, indignada.

—No pienso permanecer aquí—susurró—, ni me importa irme sin varita—y dicho esto abrió la puerta de la habitación y se encaminó por un pasillo que reconocería en cualquier lugar.

Ahora sabía porque la casa se le había hecho conocida, era el estilo arquitectónico y decorativo que los Black utilizaban en sus propiedades, y aquello provocó que toda la bilis subiera por su tráquea.

El asqueroso traidor de Sirius había convertido la casa que había sido por generaciones un hogar de los Black, en su propio refugio.

Sin embargo, no esperó a que la ira la invadiera, se sentía sucia al haber permanecido en aquel lugar, en especial por haber sido curada por todas aquellas repugnantes personas.

Caminó hecha una furia hasta los escalones y los bajó de dos en dos, dispuesta a desaparecer y buscar algún otro refugio, era obvio que no podría regresar ya nunca jamás con el señor tenebroso, algo de lo que no se arrepentía, lo volvería hacer si se le daba la oportunidad.

Sin embargo, ella no necesitaba de nadie para protegerse, podía hacerlo por su propia cuenta y dejar al señor tenebroso no significaba que ahora se había vuelto alguien buena.

Estaba tan iracunda que no se dio cuenta que al entrar a la sala, irrumpía una reunión de la que no formaba parte, pero lo hizo cuando el silencio que se había posado sobre todos por fin la inundó.

Entonces con una mueca de asco, observó a los presentes. El pelirrojo Weasley estaba presente, también para su sorpresa y enojo se encontraba Sirius, quien la observaba con una ceja alzada y a su lado el hombre lobo Lupin tomaba entre sus manos el codo de la que en seguida identificó como la hija de Andrómeda. Allí además estaba la castaña sangre sucia, el primero en reaccionar fue Ron, quien la apuntó con su barita.

—Baja eso, traidor—susurró por fin, con voz baja y ruda. Ronald empalideció pero su agarre se hizo más fuerte, pronto todos en aquella sala lo imitaron.

—¿A dónde vas querida Bellatrix?—cuestionó divertido Sirius, adelantándose un paso, ella rodó los ojos.

—Tan lejos como pueda de ti, Sirius—chilló antes de adelantarse un paso y observarlo con ojos llenos de odio, —dame mi varita.

—¿Qué si me niego?

—No quieres saberlo—él rió con ganas.

—Todo lo contario, dime, me muero por saberlo—ella levantó un puño en señal de advertencia.

—Tal vez no pueda hacerte daño fisco a ti Sirius, pero hay muchas otras formas de causar dolor—una sonrisa felina se formó en sus labios—, podría herir por ejemplo, a alguien sumamente importante para ti—se rió cuando su primo empalideció—no sería muy difícil, quiero decir, después de todo lo pusieron en bandeja de oro para mí al dejar que fuera lo primero que viera al despertar—Sirius rugió.

—¿Le hiciste algo a Harry?—ella rió al notar como todos se tensaban.

—¿Al bebé Potty? Nada que pueda matarlo en el acto, te lo aseguro—Sirius rugió y lanzó un hechizo cortante a la mujer, quien cerró los ojos en el acto, sabedora de que no podría protegerse.

Sin embargo el hechizo jamás llegó, en cambio alguien la tomó por el codo, ella se separó con una mueca antes de observar que se trataba de Orión, quien no sólo había evitado el hechizo, sino que ahora la observaba con una sonrisa.

—¿Nadie te enseñó a mantener esa boca tuya cerrada?—cuestionó sin importarle que ahora toda la atención estuviese centrada en ellos.

No importaba lo mucho que aquellas personas lo hubiesen conocido como Harry Potter, había una parte de él más oscura y latente que nadie podía evitar.

Los presentes, sin embargo, lucían estupefactos, no sólo porque Harry se encontraba en perfectas condiciones, sino por la forma en la que le había hablado a la bruja quien lucía simplemente enojada.

—¿Y a ti nadie te enseñó a no meterte en dónde no te importa?—él rió.

—Dímelo tú Bella, después de todo tú me criaste—ella pareció indignada.

—Ambos sabemos que no hice un buen trabajo—no pudo evitar bufar—, ahora quítate, te he dicho que no pienso estar aquí—él no se movió.

—No puedes irte en la condición en la que estas.

—Quién eres tú ¿mi padre? Mestizo estúpido, una simple recaída no me detendrá—él asintió aparentemente inmutable por la manera despectiva con la que ella le había llamado.

Nadie se metió en la conversación, a la par fascinados y horrorizados al ver que efectivamente, existían fuertes lazos entre la mortífaga y el niño.

—Todavía tienes mucho que aclararme—susurró observándola curioso—, ¿Por qué lo hiciste?

La pregunta flotó en el aire antes de que ella contestara.

—Te habías vuelto una carga demasiado inútil—el azabache frunció levemente el ceño antes de suspirar.

—No te creo.

—No tendría por qué mentirte.

—No al menos que estés escondiendo algo grande—su mirada se volvió curiosa—, una vez me dijiste que no confiara en nada de lo que me decías, —ella rodó los ojos.

—En ese momento tú eras un niño estúpido y me dijiste loca, ¿Por qué debería importarte lo tenga que decir una loca?—él sonrió.

—Simple curiosidad, supongo—su mirada se tornó lejana. —Cuando comencé a recordar todo, fue como si me quitaran una venda de los ojos que no sabía que tenía, pero que no podía deshacer. Pero fue… fue un alivio Bella, ahora entiendo por qué jamás pude odiarte—ella empalideció antes las palabras, él continuó.—Lo hiciste para protegerme, ¿no es así? y aun así me defendiste cuando ya no tenías por qué hacerlo, te plantaste entre y yo y una maldición imperdonable…

—¡Cállate!

—¡No lo voy a hacer!—vociferó levantando el mentón—, quiero respuestas Bella, ¿Por qué me secuestraste hace ya tantos años?

Ella lució indignada ante la mirada curiosidad del muchacho, después sonrió con malicia.

—¿Quieres saberlo de verdad?

—No hay nada que me gustaría más—susurró observándola, ella se alzó despreocupadamente de hombros.

—Quería entregarte en bandeja de oro al el señor tenebroso; sabía que con ello me ganaría la gloria. Te destruiría, ese el plan, aplastaría tus sueños y te haría vivir peor que un animal, rompería cada fibra de tu ser y llegado el momento entregaría lo que quedara de ti a mi señor—ante aquella confesión hubo un murmullo general.

Cada presente parecía horrorizado ante la idea de que existiese una mujer capaz de hacer todo eso a un niño.

—Sin embargo, al final tu plan no salió como lo tenías previsto—dijo el azabache, sin parecer preocupado. Ella negó también inmutable.

—Eso no significa que no lo intenté, puedes preguntarle a la elfina. Tus primeros meses conmigo fueron una verdadera tortura y…—él levantó la mano haciéndola acallar.

No me importa lo que hayas hecho al inicio Bella, la conclusión sigue siendo la misma. Al final no me entregaste a tu señor, es más, me llevaste hacia Dumbledore aun a sabiendas de que yo alguna vez trataría de destruirlo—ella se alejó un paso, claramente trastornada por sus palabras.

Orión tenía razón, por supuesto, nada había salido como lo había planeado. Había sido débil y no se arrepentía de absolutamente nada, porque sí. Prefería verlo vivo aunque lo tuviera lejos, prefería saber que él estaba bien aunque no la recordara, prefería que se llenará la cabeza de ideas absurdas, que siguiera a su lado, en medio del peligro.

—No te debo nada a ti, Orión—él negó.

—Me debes una explicación, Bella. ¿Por qué lo hiciese?—ella rugió.

—Porque soy una maldita estúpida y débil, ¿entiendes? No merezco la marca que llevo tatuada, no merezco nada. Maldición, que lo único que me he ganado en todo este tiempo es un buen lugar en el infierno—el azabache rió ante estupefacción de todos.

—Joder, Bella, no has cambiado nada.

—En cambio tú sí que has cambiado, dime. ¿Ya te llenaron la cabeza con estúpidas ideas de que los sangres sucias valen tanto cómo nosotros?

—Trata de llamarlos hijos de muggles frente a mi presencia por favor, ese terminó que usas es sumamente despectivo—susurró con burla, ella trató de acallar la carcajada venidera.

—Eres un asqueroso mestizo, Orion—él asintió.

—Y tú una maldita perra.

Una exclamación general inundo el lugar ante la forma en la que Harry se había referido a la mujer, quien no pareció siquiera preocupada y mucho menos se lanzó sobre el niño, como hubiese hecho con cualquier otro.

—Es bueno que ya lo tengas aprendido, no soy de fiar—él no contestó por largos segundos, tantos que incluso Sirius se preparó para intervenir.

—Confiaría mi vida a ti, Bella, sin dudarlo.

Susurró dejando estupefactos a todos, pero la reacción que tuvo la mujer sorprendió aún más. Apenas Harry dijo eso ella se acercó a paso presuroso hasta quedar a centímetros de él y sin que nadie lo previera, le dio dos cachetadas, una en cada mejilla.

La palidez la había abandonado y ahora lucia furiosa. Sin embargo, Harry no se movió pese a que todos volvieron a levantar su varita. Ambos se observaron con profundidad y por primera vez en todo lo que llevaban de vida, notaron debilidad en Bellatrix.

Quien tomó el brazo del azabache y se agarró a él cual bote salvavidas.

—No vuelvas a decir eso—susurró con voz temblorosa.

*"""*

Sirius dejo caer su cabeza entre sus manos, protegiéndose así del mundo exterior. Todo estaba tan jodidamente mal, no sólo por el hecho de que estuviesen albergando a dos mortifagos en su casa, sino más bien porque una de ellas resultaba ser a quien le debía todo.

Bellatrix había sido toda una sorpresa, todo un desconcierto desde el primer momento que había despertado. Pudo observarlo aunque aquello le llenaba de celos, ella ocupaba un lugar primordial en la vida de Harry… u ¿Orión?

Ella no temía avergonzarlo, maltratarlo, herirlo, él no temía maldecirla, responderle, encararla. Eran como dos personas diametralmente opuestas que a simple vista parecían fallar en todo, pero que en realidad tenían una muy buena relación.

De hecho, ahora que todo estaba claro, Sirius no podía dejar de maravillarse por haber sido tan idiota, Harry tenía mucho de Bella, de la mujer que lo había criado toda su vida: su falta de tacto, su aparente cinismo, su poder en la magia, la forma en la que se movía, siempre preparado, siempre esperando lo peor.

Bellatrix, muy a su pesar, era una bruja competente, de las más poderosas que habían, y había enseñado a Harry todo lo que sabía para poder protegerle de Voldemort, además, se había arriesgado a terminar muerta, había borrado sus recuerdos, había hecho todo lo posible para que él la odiara, para que no los vincularan, y desde las sombras había seguido protegiéndolo.

Le debía mucho, y aquello era vergonzoso, porque incluso si Bellatrix no quería a nadie en aquella casa, incluso si seguía siendo la misma bruja sardónica y mortífera; todos ellos estaban seguros que jamás les daría la espalda, Harry era el único ser al que protegería y mientras el azabache se encontrase en la casa, nadie debería de temer.

Por otro lado, sin embargo, estaba Draco Malfoy, que no había abandonado la habitación en largo tiempo y las pocas veces que había sido así, se había mantenido alejado de todos y todas, reacio a admitir que estaba agradecido, que hacía mucho tiempo no se sentía tan seguro, incluso cuando le habían confiscado su varita.

Sirius sin embargo, seguía enfocando su atención en Bellatrix y Orión, porque tenía que admitir que el chico era muy diferente a todo lo que él había conocido, porque con Bellatrix lucia seguro, porque no le temía y le sonreía con sinceridad y cariño.

Ahora ambos se encontraban sentados afuera, sin saber o sospechar siquiera que Sirius estaba viéndoles desde la ventana, no hablaban, estaban observando el cielo estrellado, pero ambos fumaban cada cierto tiempo, sin importarles un poco que posiblemente aquello estuviese mal.

Ella parecía relajada, él estaba ligeramente recostado, y aquello no pudo más que sentarle terriblemente mal, ellos compartían algo que Sirius creía aún no tener con Harry, a pesar de lo mucho que habían pasado juntos.

Él le debía la vida a ella y, Sirius estaba seguro, ella le debía cierta cordura y razón de existir.

Y por primera vez, Sirius Black vio a su prima como un ser humano.

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Bellatrix soltó el aire que estaba conteniendo y se dejó caer en el asiento más cercano, estaban prácticamente solos, Tonks y Remus habían abandonado la vivienda por la mañana, protegiendo a su bebé de la mujer, poco le importó, en realidad, fue lo mejor, sabía que no soportaría escuchar al mestizo llorar.

Sin embargo, en la casa aún se encontraban Sirius, el pelirrojo y la sangre sucia, Draco y Orión, aunque la verdad era que a este último era al único que soportaba, y es que, después de tanto tiempo fingiendo que no lo conocía, que lo odiaba y esperando lo mismo de él, por fin se había dado cuenta de lo mucho que le extrañaba.

Incluso si ya no podría volver con su señor, estaba más relajada, casi feliz, Orión había regresado y la verdad era que eso era suficiente.

Sus pensamientos se vieron cortados cuando alguien bajó por las escaleras y Draco Malffoy, sin ser consciente de su tía, caminó hacia la cocina, sólo le bastó un segundo para notarla y paró su andar antes de removerse incomodó, ella rodó los ojos.

—¿Me tienes miedo?—susurró con cierto veneno, Draco empalideció, pero al final ladeó un poco la cabeza, escondiendo la sonrisa nerviosa.

—No tanto como antes.

—Deberías hacerlo, yo sigo siendo la misma perra de siempre— su sobrino suspiró antes de observarla con cierto interés.

—En eso tienes razón, sigues siendo la misma persona que fuiste ayer, pero antes eras mortífera por el hecho de que no parecías tener un talón de Aquiles, nada te ataba, nada te detenía, sin embargo… ahora todo es diferente, ahora conozco la única cosa que haría que tú te desmoronaras.

Bellatrix perdió el color en el acto, y antes siquiera de ser consciente, se levantó hasta quedar a un palmo de distancia del adolescente, quien no se movió, aunque lucia pálido como la cera.

—Te lo advirtió—susurró con veneno en la voz—, si vuelves a decir… si de tus labios sale otra vez una cosa parecida a la que acabas de decir, voy a…

Se detuvo al instante, cuando sintió que alguien la jalaba fuertemente del brazo, así que enojada se dio la vuelta, soltándose en el acto, y observando con una mueca a su primo, quien sonreía un poquito, lucia pálido y enfermizo, casi como ella, y por un solo segundo por su cabeza pasó la idea de que la estirpe Black había caído en la decadencia.

Con un hombre fugitivo, acusado de asesinato, con una mujer casada con un muggle, con otra que temía tanto a su estúpido esposo, con una sobrina casada con un hombre lobo, con un sobrino tan pusilánime y estúpido como su padre, y con ella misma, tan cerca de ya de la muerte.

—Bueno—susurró al instante—, ahora sí estamos todos, ¿Qué quieres, Black?—el aludido negó levemente.

—¿No puedes siquiera estar unos segundo sin causar problemas Bellatrix? Y eso va para ti también, Draco Malfoy, no son huéspedes aquí—Draco tragó en seco, dando un paso atrás en seguida, sin embargo, Bella negó levemente.

—Ni siquiera quiero estar aquí, ¿sabes traidor a la sangre?—Sirius frunció el ceño.

—No soy el único traidor aquí, querida prima—eso fue un golpe bajo, lo supo casi al instante, la mujer perdió el color, apretó los labios y levantó levemente la mano, como esperando que de algún lugar apareciera su varita, pero nada de eso pasó, en cambio, fulminó a Draco con la mirada, se dio la vuelta y salió de la casa, corriendo hacia el mar, lo último que vieron de ella fue su melena alborotada antes de que se sumergiera, no volvió a aparecer.

*"""""*

Harry se removió incómodo, algo raro en él, pero las miradas de Ron y Hermione comenzaban a hastiarlo, vale, que había sido criado por Bellatrix, pero eso tampoco era raro, ella los había ayudado a escapar, los había protegido después de todo.

—Entonces…—susurró Ron removiéndose incómodo—, yo… —Harry rodó los ojos, en sus ojos vio cierta curiosidad que anteriormente no había visto en él, y después dirigió su mirada a Sirrius, quien estaba leyendo un libro sin demasiado interés.

—¿Dónde está?—cuestionó cortando en seco los pobres intentos del pelirrojo, quien tragó en seco, Sirius tardó en contestarle, pero cuando lo hizo le dio una mirada incomoda.

—No sé—dijo al fin, Bellatrix llevaba un par de horas desaparecida y Harry parecía en momentos preocupado, y en momento más bien contento, y aquella actitud parecía tan normal, que nadie se había molestarlo en calmarlo.

—¿Cómo qué no lo sabes? Estaba aquí, y ahora ya no. ¿Qué le sucedió?

—Ella sólo le lanzó al mar, ¿Esta bien?—dijo al fin, dejando su libro a un lado—, estábamos hablando… no me veas así, Harry… está bien, puede que nos dijéramos algunas cosas desagradables… en fin, ella sólo se fue, ¿Qué quieres que te diga? Está loca.

Harry simplemente negó, pasándose una mano por el cabello y respirando con fuerza en el proceso.

—No creen…—Hermione se removió incomoda—, ¿No creen que ella haya regresado con… con él, verdad?—por un segundo nadie contestó, Ron perdió el color y Sirius a su lectura, ignorando de vuelta al trio.

—No—dijo parco, Harry—, ella va a regresar, créanme, desaparecía así todo el tiempo, pero siempre volvía—Los ojos de Hermione brillaron levemente, la curiosidad estaba allí.

—Cómo fue… ya sabes, ¿vivir con ella?—Harry no contestó al instante, y de nuevo Sirius volvió a dejar el libro a un lado.

—No lo sé—dijo al fin—, Fue extraño, pero de nuevo, así somos ambos. Pasé la mayor parte de mi infancia viajando y conociendo lugares diferentes.

—¿Fuiste feliz, entonces?—cuestionó Sirius, removiéndose incómodo, Harry asintió al instante.

—Sí.

—Pero, ¿el hombre y la mujer que murieron cuándo Dumbledore te encontró, no eran nada tuyo?—cuestionó Ron, frunciendo levemente el ceño, por un minuto nadie dijo nada.

Bellatrix era muy inteligente, astuta y peligrosa. Había salvado y protegido a Harry como ningún otro, pero algunas personas inocentes habían muerto en el proceso, engañadas y utilizadas.

—No creo… no creo siquiera que, ya sabes, murieran sabiendo que yo no era su hijo, yo viví ese momento, ellos… ellos de verdad creían que eran mis padres—Hermione se llevó ambas manos a la boca, horrorizada.

—Eso es tan cruel—susurró levemente, Harry se alzó de hombros y ya nadie dijo nada.

Pasó cerca de media hora antes de que algo interesante sucediera, se escuchó un suave pup y antes de que Harry fuese consiente, alguien se aferró con fuerza a sus pies, chillante y sollozando de felicidad.

El azabache apenas fue capaz de ver las orejas puntiagudas de la elfina antes de responderle el abrazo con una enorme sonrisa.

—¡Biffy!—vociferó emocionado, la elfina sollozo levemente antes de separarse del muchacho.

—¡Orión, está tan guapo, y ha crecido mucho!—gritó con su voz chillona y volvió a abrazarlo con fuerza, Harry le dio una palmaditas a la espalda.

—Ya, ya, Biffy, que me harás llorar a mí también—dijo divertido, la elfina chilló una vez más antes de separarse del muchacho.

Los otros tres restantes en la habitación, observaron sorprendidos la escena.

—Biffy no quería creer cuando la maestra le dijo que Orión estaba de vuelta, pensó que estaba jugando con ella…—sollozó de nuevo, Harry sonrió feliz.

—Pues estoy aquí, Bella no te mintió—la elfina asintió, con sus ojos de pelota aún repletos de lágrimas.

—¡Biffy lo ha extrañado tanto!

—Que dices, si de seguro te conseguiste algún novio, ¿verdad? Eres muy guapa como para no tener un elfo—la elfina rió con ganas.

—¡Biffy estaba muy ocupada!—dijo aún emocionada—, el amo Rabastan dio a Biffy a la ama Bellatrix porque ella se lo pidió, y la ama Bellatrix me ordenó esconderme, dijo que era la única manera de mantener a Orión vivo—al escuchar aquello Harry rió con ganas, feliz de que la elfina le perteneciera enteramente a Bellatrix.

—¿Y no te dio miedo?—cuestionó curioso, ella negó.

—¡Biffy quería verlo! Y la ama Bellatrix prometió llevarme con usted pronto, Bifffy no podía esperar—él sonrió, antes de que le palmeara cariñosamente la cabeza.

—¿Dónde está Bellatrix?—la elfina abrió ligeramente los ojos, y antes de que cualquiera lo previera, tomó la mano de Orión.

—Biffy había olvidado que tenía que venir por usted, la ama estará enojada—susurró antes de jalarlo a la puerta principal, sin siquiera decirlo, Harry se dio cuenta que Sirius, Hermione y Ron le seguían, poco le importó.

Biffy abrió la puerta de entrada y apenas el azabache vio lo que había allí, sonrió encantado antes de correr hacia Bellatrix, quien aún acariciaba al caballo negro.

—Pero…—ella negó levemente, sin permitirle hablar, y se hizo a un lado para dejar que Harry acariciara al animal.

—No digas nada—dijo al fin, Harry asintió, encantado, y antes de que ninguno pudiese preverlo, se subió al caballo y comenzó a andar por la orilla del mar.

Sirius, desde la puerta, sonrió levemente, Bellartix frunció el ceño desde una distancia prudente, ninguno de los dos cruzo mirada, pero por alguna extraña razón se sintieron unidos, tenían un mundo de diferencias, había celos y quizá un poco de coraje pasado, pero se sintieron unidos en ese momento.

*"""""*

Draco se estremeció levemente, el aire de la noche estaba sentándole mal, pero no se movió, se acomodó sobre la roca fría y observó el cielo estrellado antes de volver su atención al diario.

Se sentía cada vez más cansado, y Tom parecían también muy molesto, no parecía entender por qué Draco no podía a Hogwarts, aunque aquello no le importaba mucho, él sólo quería a alguien que lo escuchara.

Después de todo, seguía sintiéndose muy solo, aunque protegido y tal vez más saludable mentalmente, las miradas frías y el olvido le estaban sentado mal, al menos en casa aún tenía a su madre, y ella era todo amor con él, de hecho, tenía que admitir que temía un poco por ella, después de todo se había dado cuenta que Voldemort la había visto a un lado del gran grupo antes de que este desapareciera, y no sería muy difícil para él darse cuenta que su madre lo había salvado.

¿Pero salvado de qué? Porque lo único que había hecho había sido sacarlo de un hoyo muy profundo para meterlo a otro menos profundo, lleno de dudas y de personas que no conocía, por un lado estaba Harry… ¿Orión? A él le gustaba más pensar en el muchacho como Orión, porque de esa manera podía ver a un ser menos odioso, que compartía enseñanzas y también un nombre de estrellas.

—Hola—por un momento se estremeció totalmente, antes de darse cuenta que quien le hablaba no era otro que Orión, quien sonreía con gusto al platinado, Draco no dijo nada, guardó el diario con rapidez en su bolsillo, Orión sonrió aún más—. Eres de pocas palabras ¿verdad?—de nuevo, Draco no contestó, el azabache no pareció molesto, se alzó de hombros y se sentó junto al muchacho—. No importa, de todos modos, eres un tipo raro Draco, ¿te llamas así, no? Ron me contó historias sobre ti hace mucho tiempo, ninguna muy favorecedora, siéndote honesto, pero para mí sólo pareces alguien demasiado perdido.

—¿Qué… qué quieres de mí?—el azabache negó levemente.

—Nada, quería montar en mi caballo, pero al final preferí no hacerlo—susurró, antes de fruncir levemente el ceño—, ¿No tienes mucho apoyo aquí, verdad?—el rubio no dijo nada—. Eres un mortifago hecho y derecho, ¿verdad? Tienes la marca.

—¿Y qué?—susurró esperando un nuevo golpe, Harry se alzó levemente de hombros.

—Nada, Bella también la tiene y confió en ella.

—Pero en mí no.

—Ni un poco—dijo Harry con una sonrisa—. Eres un pesado, ¿Qué esperabas? Nunca sales a convivir con nuestra pintoresca familia—Draco frunció levemente el ceño.

—No somos una familia.

—Bueno, Sirius es algo de ti, ¿No? y Bella es tu tía, y yo fui Black por años.

—Nosotros no tenemos nada en común—Harry rodó los ojos.

—No te pongas más pesado, no voy a morderte, ¿sabes?—el aludido negó levemente.

—Bellatrix te crio—dijo como única respuesta, Harry sonrió levemente.

—Y a ti Lucius Malfoy, y de él no tienes más que el parecido físico.

Es extraño, pero aquellas palabras le sentaron bien al rubio, quien bajó un poco sus barreras, llevaba horas sin dirigirse a nadie de forma más a o menos bien, tenía que admitir que el azabache era buen catalizador.

—¿No crees que soy malvado por tener la marca, Orión?

Harry no contestó al principio, pero cuando lo hizo sus palabras sonaron con fuerza.

—Sólo estás asustado, Draco.

*"""""*

Harry se acercó levemente a Bellatrix, quien comía, sentada en la cocina, un plato que Biffy acababa de hacer. Habían pasado cuantos, ¿tres días? Y era demasiado tiempo, tenía una misión y por más que doliera, tenía que llevarla a cabo, extrañamente se dio cuenta que si alguien podía ayudarle, esa era Bellatrix.

Ella estaba aún más pálida, gritaba en sueños, se había dado cuenta, comía poco y a veces parecía estar sufriendo mucho, pero en cuanto lo vio, la mujer se enderezó con una sonrisa cansada en los labios.

—Necesito hablar contigo, es algo muy importante—ella perdió en seguida la sonrisa, se puso más palida, peor asintió haciendo a un lado el plato, después dijo a Biffy que los dejara solos y observó al muchacho con atención.

—¿Qué sucede?—dijo al fin, mordiéndose el labio, el azabache se removió incómodo.

—¿Aún quieres al señor Oscuro?—cuestionó, evitando decir el nombre, ella se estremeció.

—No voy a contestarte eso, mestizo—. Harry suspiró.

—Yo sólo… ahora estoy por encima de él, ¿No, Bella? Si tuvieras qué elegir entre él y yo… —no prosiguió, pero la mujer pareció entenderlo, se removió incomoda y negó levemente.

—Tal vez no te diste cuenta, pero ya lo hice, de hecho, lo sigo haciendo, ¿No fui yo la que te salve hace poco?—el azabache asintió, sin almendrarse un poco.

—Ya sé, eso. Pero él aún sigue vivo, está por allí, no ha muerto. Pero, ¿Y sí tengo qué matarlo para sobrevivir?—ella perdió el color en el acto.

—No eres un héroe.

—No, no lo soy. Pero él mató a mis padres, no lo hago por toda la comunidad mágica, de hecho, me importan un pepino. Pero no puedo vivir toda mi vida escondido, ¿Sabes eso, no? no pudo simplemente dejarme vencer por él y la única forma de que yo sea libre es… bueno, matarlo.

Bellatrix no dijo nada por lo que parecieron horas, tragó en seco y se removió nerviosa antes de observarle. Le dolía, aunque no lo admitiría, el señor oscuro había sido su puente de salvación por años, casi como un Dios. Pero incluso ahora, cuando ya se atrevía a admitirlo porque no tenía mucho de vida, podía darse cuenta que a Orión le quería más, el mundo podría acabarse, sí, pero su cordura estaba con el muchacho.

Los años de felicidad, las risas y el amar solo por amar, estaban de su lado, con él habían buenos momentos, charlas importunas y minutos llenos de gracia.

—Yo… ¿quieres mi ayuda?—susurró al fin, sabiendo lo que buscaba el azabache, él asintió levemente.

—¿Me vas a ayudar?—ella se removió incomoda, con sus conflictivos sentimientos a flote, pero asintió, moriría pronto de todos modos y su única misión era que Orión sobreviviese.

—Sí, sí, Orión, sí lo voy a hacer—dijo al fin, el muchacho le dio una última mirada antes de sonreír.

—Bien, el plan es sencillo. Tengo que encontrar algunos objetos, objetos importantes que me ayudaran a lograr mi misión…—ella asintió, sin perder palabra, al final la historia fue sencilla, aunque estaba segura que aún guardaba información.

Habían una serie de objetos, en ellos Voldemort había asegurado su inmortalidad –muy probablemente Horrocruxes aunque Orión no lo había dicho- por ahora había destruido dos, eran seis.

El primero había sido un anillo, el anillo de Slytherin, Cortesía de Dumbledore.

El segundo era un guardapelo, una viaje reliquia de la familia Black, algo que impresionó a Bella, que había sido destruido por Sirius Black.

Y era todo. aunque habían sospechas. Los artículos eran de gran valor histórico o familiar, y estaban escondidos en algún lugar con significado, para el señor oscuro, o para el mundo mágico. Orión suponía que podían tratarse de objetos que pertenecieran a los fundadores, estaba la diadema de Ravenclaw, que casi era descartada, porque llevaba centenares perdida, pero faltaba algo de Hufflepuff y…

Belltrix lo detuvo en seco, levantándose cual resorte y pareciendo de repente entusiasta.

—¡Yo sé!—vociferó un poco más fuerte de lo que le hubiera gustado, Harry la observó un tanto interesado.

—¿Qué sabes?—ella rodó los ojos.

—Obviamente, sé cuál podría ser uno de esos objetos—sonrió con gusto, en los ojos se adivinaba cierta locura—. Hace años, cuando aún tú no nacías, el señor Oscuro me dio una copa… sí, Orión, una copa, y me dio la orden de guardarla en las bóvedas familiares, me dijo que era muy valiosa, una reliquia perteneciente quizá a Helga…

—¡Hufflepuff!—vociferó el muchacho, también levantándose.

—Eso mismo, y había magia negra en ella, pude sentirla… ¿Qué sucede?—cuestionó cuando vio que el muchacho parecía desinflarse lentamente.

—Es sólo que… bueno, eres una traidora ahora, estás conmigo, me protegiste. ¿Cómo vamos a recuperar la copa?—Bella también pareció desinflarse.

—¿Es muy importante?—él asintió, ella suspiró.

—Entonces tenemos que arriesgarnos. No creo que el señor Oscuro dijera por todo lo alto lo que yo hice, es una humillación para él no haberlo descubierto antes. Mi cabeza aún no tiene precio en el mundo mágico social, tal vez con un poco de suerte podríamos llegar ilesos a Gringots. Los duendes no se meten en asuntos de magos y el señor Oscuro no sospecha lo que estás haciendo, te lo aseguro.

—Vale, ese es un buen plan. Pero, ¿Cómo vamos a salir después?—ella se mordió ligeramente el labio.

—Ya lo adivinaremos allí.

—¿No crees que es un poco audaz?—ella negó levemente.

—¿Tienes una idea mejor?—él negó levemente.

—Aún está el problema de mi apariencia, y la tuya—ella se removió un poco, quizá algo incomoda, hasta que una sonrisa petulante inundo sus labios.

—Tengo un plan perfecto—Harry la observó a los ojos antes de sonreír, tenía que admitirlo, había comenzado a anhelar esos momentos llenos de locura con Bella.

*"""""*

Sirius achicó los ojos, curioso. Bellatrix y Harry llevaban toda la mañana cuchicheando para sí mismos, y aquello era preocupante, porque no parecían para nada normales, así que sin querer quedarse fuera se acercó hasta quedar frente a ellos, Harry le dio una sonrisa, Bella frunció los labios.

—¿Qué quieres?—dijo en tono cortando, él la ignoro.

—Me gustaría saber qué es lo que sucede, Harry—el aludido se removió incomodo, después de todo había aprendido a querer a Sirius, había estado con él cuando había tenido su crisis y se había preocupado terriblemente por su salud mental. Además, él lo había ayudado a encontrar uno de los horrocurxes, ¿no se había ganado entonces el derecho a saber lo que estaba a punto de hacer?

—No es de tu…

—Vamos a por otro objeto—la cortó Harry, ella frunció los labios.

—Cállate, Orión.

—Él puede saber, confió en Sirius, Bella—dijo seguro, antes de observar al hombre—. Iremos a buscar otro objeto.

—Yo voy con ustedes.

—Estás loco—aclaró Bella—, todos los mortifagos importantes sabemos que no eres seguidor del señor Oscuro, ya será muy difícil para mí y para Orión, no necesitamos otra carga adicional.

—Yo puedo cuidar de mí mismo fantásticamente, muchas gracias—dijo en tono acido a su primo—. Yo no voy a separarme de Harry, no ahora ni nunca. Es así la cosa, yo voy a donde él va—Bella frunció los labios, enojada, antes de observar al azabache con la esperanza de obtener su apoyo, desgraciadamente no fue así, él aludido respiró con fuerza y negó levemente.

—Él me ayudó, Bella—ella rugió indignada, antes de levantarse hecha una furia—. Me da igual entonces, que vaya, puede ser la estúpida mascota, pero si algo pasa quiero que te quede una cosa bien en claro primo querido, no dudare en matarte si con ello logro la seguridad de Orión.

—¡Oye! Que no soy ningún indefenso—ambos Black ignoraron la réplica, Sirius asintió lentamente.

—Yo haré lo mismo—ella cerró levemente los ojos, antes de asentir también.

—Salimos está noche, habla tú con la sangre sucia y el traidor a la sangre pelirrojo, ellos deben cuidar del pequeño Draco mientras no estemos—Sirius asintió antes de alejarse, Bella observó una última vez a Harry, después caminó hacia su cuarto.

*"""""*
Harry tenía que admitir que Bella probablemente era una de las mujeres más brillantes que había conocido, y no era para menos. Sabiéndose traidora no sólo había preparado trasladores de emergencia, sino también otro tipo de cosas.

Guardaba poción multijugos que siempre llevaba con ella y algunos cabello del primer incauto y estúpido que se había dejado, este no era otro que Peter Pettigrew, el estúpido que no había estado preocupado cuando bella había arrancado algo de su cabello.

Era sólo para emergencias y sin duda alguna está era una muy buena. Al amanecer ya se había convertido en el sucio y asqueroso hombre haciendo que Sirius adquiriera una forma insoportable, que se volvió pero cuando en su forma animaga, la bruja le cambio el color de pelaje, haciéndolo mucho más claro, casi oro.

Para Harry no hubo otra salida que la capa de invisibilidad, que era incluso más seguro que los disfraces de los Black, quienes se encaminaron hacia los limites anti desaparición.

Claro, se suponía que Colagusano estaba muerto, pero el hombre se parecían tan poco a lo que había sido como adolescente, que había podido salir muchas veces sin ser reconocido, nadie encontraba parecido en el hombre viejo con características de rata con el nervioso joven que siempre estaba con sus amigos.

Tuvieron suerte, llegaron al callejón Diagon sin problema alguno y se mezclaron entre la poca gente como si nada. No estaba el verdadero Peter, lo que fue un golpe de suerte, pero en su camino se encontraron con un joven aprendiz que en seguida se había acercado para pelear con Colagusano, Bellatrix apenas pudo contenerse, en gran parte gracias a que Harry estaba dándole suaves empujoncitos, así que sólo le lanzó una mirada fría y se encaminó hacia el banco, con el perro ladrando a un lado.

Entraron a la gran estructura mucho más relajados, la mujer soltó un suspiro de alivio y en seguida se encaminó hacia uno de los gobblins, él duende observó al perro y al hombre con una mueca.

—¿Qué quieres?—dijo sin ninguna cortesía, ella frunció levemente el ceño.

—Vengo a hacer un retiro—el duende frunció el ceño.

—Tú eres…—susurró acomodándose los lentes—. ¿Quién eres?—Bella observó levemente su reloj.

—Tengo un encargo—susurró, pasando un pergamino al duende, quien lo tomó con la cara curiosa. Estaba escrito por Bellatrix Lestrange, pero sin fiarse el duende sometió el pergamino a algunos cuantas pruebas, antes de aceptar que en verdad había sido escrito por la mujer.

—Pensé que habían algunos problemas en la familia. Rodolphus Lestrange vino hace poco anunciando algo acerca de una traidora—Bellatriz perdió el color en el rostro de Peter, pero se aseguró de mantener la calma.

—Por supuesto—. Susurró con voz baja—. Problemas maritales, ella lee fue infiel cuando él estuvo en la cárcel, y se enteró. Ya todo está arreglado, como debe suponer, ella está arrepentida y él tiene una nueva concubina—el duende frunció el ceño, asqueado.

—No me interesa saber esa historia—Peter asintió.

—Bueno, usted es el que preguntó. Por supuesto, yo podría llamarla, si quiere, y ella personalmente vendrá a aclararle la situación, si quiere hasta puede traer a la concubina—el duende perdió el color en el acto.

—No… no es necesario—dijo al fin, llamando casi a gritos a otro duende, Bellatrix sonrió para sus adentros, aún tenía el toque.

El otro duende los llevó hacia el carro mágico, sin siquiera obsérvalos, y por el rabillo del ojo Bella pudo leer la inscripción tan conocida antes de que se acomodara junto al perro, a quien no le pusieron más pegas que un ceño fruncido.

Se adentraron y ella se sintió segura, mucho realmente, hasta que sucedió, pasaron por los encantos del lugar y ella volvió a convertirse en Bellatrix. Sorprendida se observó las manos antes de notar que el elfo se había puesto pálido, sin embargo, poco pudo hacer, Harry había reaccionado saliendo la capa y antes de que fuese capaz de hablar, el duende ya tenía un "Imperios sobre sí"

—¡Oh!—vociferó—eso fue muy bueno, Ori—él sonrió, el perro ladró una vez más antes de convertirse en humano y observar, con mala cara que el cabello seguía rubio.

—Esto cada vez se pone mejor—susurró, ellos ya lo sabes, ¿verdad? Tienen todo este lugar atestado de hechizos, no me sorprendería que ya estén llamando a tu esposo, Bellatrix—ella soltó una carcajada, sintiéndose mucho más a gusto.

—Bueno, que lo llamen. Para cuando eso suceda ya estaremos muy lejos de aquí.

—¿Y cómo lo vamos a hacer? Para salir tenemos que pasar por el edificio central, allí de seguro ya no estará esperando una buena bienvenida—ella frunció levemente los labios.

—Bueno, ya llegamos hasta aquí, ¿no? encontraremos la forma de salir, yo no estoy robando nada, soy una Lestrange por derecho. De todos modos, ellos aún no pueden saberlo, quiero decir, el idiota duende no alcanzó a llamar a nadie, Orión hizo un buen trabajo.

—¿Le festejas el uso de imperdonables?—ella asintió sin inmutarse.

—¡Por supuesto!—vociferó—, yo misma se las enseñe.

—Eres una…

—¡Cállense los dos!—vociferó el azabache, con una mueca profunda, vale, que esto no podía ir peor, un gran dragón custodiaba la cámara.

—Ordénale que quite al dragón, ellos tiene sus formas—Harry frunció el ceño.

—¿Está ciego?—susurró observándolo con fascinación—estos duendes son más listo de lo que pensaba.

—Siguen siendo mugre—refuto la mujer, un poco desesperada—¡Ordénaselo ahora!—el azabache frunció el ceño, pero asintió y unos minutos después el trio se había bajado del carro y entraba a la cámara de los Lestrange.

—¿Todo ese oro es suyo?—la mujer asintió, sin prestar atención a las pilas de monedas.

—Es menos valioso que lo que tienen los Black, si quieres saber mi opinión, de todos modos… ¡Mira! Allí está—dijo con una sonrisa, después se acercó hasta tomar la copa, que guardó con cuidado den su capa.

—Por un momento pensé que la cosa explotaría o algo así—ella frunció los labios a su primo.

—Aún estoy casada con Rodolphus, todo lo que ves aquí también es mío—Sirius asintió antes de que el trio volviera a salir de la cámara, el duende hechizado aún los esperaba encima del carro, pero ninguno se acercó.

—¿Cuál es el siguiente paso? No me fio mucho de que ya lo sepan, simplemente, llegar allá y encontrarnos con una gran horda de mortifagos no se me antoja mucho— susurró Sirius, removiéndose incomodo, Bella se mordió el labio.

—No podemos quedarnos aquí toda la vida, mandaran a buscarnos, o tal vez ya estén buscándonos—Sirius frunció el ceño.

—Necesitamos una distracción—la mujer asintió muy a su pesar.

—Podríamos secuestrar al duende—dijo Harry, Bella lo fulminó con la mirada.

—No seas estúpido, lo dejarían morir antes de… ¿escuchan eso?—susurró nerviosa, por supuesto, ambos hombres lo hacían, era el ruido de otro carro y aquello los aterró.

—Muy bien, necesitamos un plan, y rápido. Orión, ponte la capa, ¡Ahora!—vociferó sosteniendo su varita, que había sido hacia poco devuelta por Sirius, él hizo lo mismo, dando un paso delante de Harry, quien frunció más el ceño.

—¡No me voy a esconder mientras ustedes luchan!—vociferó, sosteniendo también su varita.

—¡Idiota! Sólo haz lo que te digo—rugió Velletri, el negó.

—No.

—¡Orión!—vociferó a pleno pulmón, y sucedió, el dragón emitió un rugido cargado de enojo, Bellatrix desmayo al duende aún en el carro y una maldición voló sobre sus cabezas.

—¡El dragón!—murmuró Harry, Sirius sólo tardó un minuto en entenderlo.

—¡Por supuesto! una distracción…—susurró caminando hacia el animal, Bella frunció el ceño.

—Es una locura—una sonrisa lobuna se posó en sus labios—. Hagámosla—y dicho esto, lanzó una maldición al aire mientras Sirius corría a destruir las cadenas que protegían al animal.

Fue sólo cuestión de tiempo, hechizos llegaron junto a cuerpos oscuros con máscaras blancas, Harry lanzó una maldición al dragón que lo hizo estremecerse, levantar sus alas y sentir, por primera vez, que no había más cadenas que lo detuvieran.

Todo sucedió tan rápido después, Bella corrió a la bóveda y se llenó los bolsillos de oro y demás cosas que encontró, Harry había comenzado a lanzar maldiciones y el dragón a lanzar fuego.

Sirius parecía estar jugando el mejor juego de su vida, reía cual loco, lanzaba maldiciones y gritaba groserías, Harry también parecía estar en su elemento y el dragón rugía con gusto.

La verdad es que ella no se lo pensó mucho, vio que el dragón había comenzado a volar buscando su libertad, y en un acto de total locura, corrió hacia él, tomando a Orión de paso por el codo y vociferando a su loco primo para que los siguiera.

Y de una forma u otra, el trio se encontró cabalgando un dragón. Hubo bombardas por aquí y por allá, haciendo que el camino hacia la libertad fuese más fácil, y el loco de su primo siguió lanzando maldiciones.

*"""""*

Sirius Black observó encantado cómo lo último de la casa se consumía por el fuego maldito, a su lado Harry hacia lo mismo, Bellatrix por otro lado estaba recostada suavemente en el pasto.

—Fue una buena experiencia—susurró Harry—, algo que contaré cuando sea viejo—Sirius levantó orgulloso el mentón.

—Dilo por ti, yo soy el primer preso que se fugó de Azkaban y ahora también escapé del banco de Gringotts, seré todo un famoso cuando sea viejo.

—Ya eres viejo—susurró Orión, Bella soltó una risita, Sirius lo observó indignado.

—¡Por supuesto que no!

—Si te sirve de consuelo, también eres famoso, aunque no precisamente por la cosa adecuada—el animago se alzó descuidadamente de hombros.

—Aún sigo pensando que deberíamos haber adoptado a la dragona, era un encanto de mascota —Harry negó levemente.

—Aún estas bien loco, ¿verdad?

—Es culpa de la sangre Black—susurró Bella, quien había comenzado a perderse en la deriva, Sirius frunció el ceño.

—Culpa al incesto—ella frunció el ceño.

—¿No es ese un oscuro secreto del qué nadie habla?—los dos Black asintieron.

—Uno de tantos—susurró la mujer, antes de que comenzara a sacar algunas monedas de oro de sus bolsillos.

—¿Por qué tomaste dinero?—cuestionó el azabache, ella se alzó de hombros.

—Hay que tener todos los puntos cubiertos, si ellos revisan la cámara van a pensar que yo sólo necesitaba dinero y joyas. Con un poco de suerte no se van a dar cuenta que buscábamos un objeto en específico.

—El Seños Oscuro lo hará—susurró el azabache—. Tarde o temprano, pero en seguida descubrirá que falta la copa, incluso si no sabe que la destruimos y que sabemos todo, estará desesperado por recuperarla—Bella se alzó de hombros.

—Bueno, ahora no es más que cenizas—susurró, antes de chasquear los dedos—. Mejor nos vamos ya, ¡Biffy!—vociferó, la elfina apareció al instante, observando curiosa a Orión y luego a Bellatrix—. Llévame a casa… —Biffy le regaló una sonrisa genuina a Harry antes de tomar la mano de su ama y desaparecer en un simple chasquido, cuando ambos hombres quedaron solos, se observaron.

—Estas contento—susurró Harry, Sirius asintió.

—Y es extraño, porque pasé todo el día con Bellatrix—el azabache frunció los labios.

—Ella no es tan mala, es una Black después de todo—Sirius tardó en contestar, pero cuando lo hizo, lucio seguro.

—Es por ti. Bellatrix está como está por ti, si no te hubiese robado tantos años atrás probablemente ahorita estaría muy, muy loca, con ese amor enfermizo que le profesaba a tú-sabes-quién—el azabache suspiró.

—No sé realmente si eso fue bueno o malo para ella, digo, está aquí conmigo, pero dejó atrás toda su vida—Sirius se alzó ligeramente de hombros.

—Es bueno, incluso si no puedes notarlo.

Ambos hombres observaron la casa hecha cenizas.

*""""*

Aparecieron muy entrada la noche, Ron y Hermione no estaban a la vista, pero sí bella, quien se había acomodado en un sillón y bebía con calma.

—Orión—susurró sin reconocer a su primo, él sonrió.

—Lo logramos—ella levantó levemente la botella.

—Brindó por eso—susurró, aunque no recibió contestación, porque en ese momento había entrado Draco, estaba pálido, no solía darle mucho el Sol, pero en vez de parecer nervioso, lució relajado, observó al trio y asintió a Harry.

—Aún no me creo esa historia del helicóptero muggle y la escoba—dijo el azabache, sin importarle que Bella lo observara sorprendida, se levantó y caminó hasta el rubio, quien se alzó ligeramente de hombros.

—Pero sucedió—Harry negó con énfasis.

—De todos modos, ¿Cómo conoces tú lo qué es un helicóptero? Pensé que eras un odiador de muggles o algo parecido—Draco frunció los labios.

—Eso no va al tema—dijo quitándole importancia, el azabache sonrió.

—Pues yo sigo sin creerte—susurró antes de que ambos entraran a la cocina, Bellatrix observó aquel inusual intercambio con una mueca.

—Vaya—dijo al fin, recordando sin querer al padre de su sobrino, Lucius Malfoy era tan estúpido, tan poca cosa, incluso sí observaba a Bellatrix llenó de asco, él era mil veces peor, había vendido la libertad de su hijo por alcanzar su propio poder.

Un poder que había tenido hacia años, cuando había estado tan cerca del señor oscuro, del círculo íntimo, de hecho, ¿No había sido…?

Se detuvo en seco, recordando con la cara pálida, el objeto que Lucius había recibido de manos del su señor para permanecer en la gran casa.

Un objeto que…magia negra.

¿Podría ser uno también? ese cuaderno de apariencia ordinaria, que tan poco había parecido valer…

*"""""*

¡Sí! Nuevo capítulo, estamos a casi nada de terminar la historia, quizá otro capítulo más y se termina, si no es que en el proceso añado más cosas. Tenía tantas ganas de llegar aquí que estoy feliz por el resultado. Las cosas empiezan a tomar su curso, Draco tiene el diario, después no faltara nada para que la batalla comience.

Bien, ahora sí contestó reviews:

Loquin: ¡Gracias! jaja, Bella ya lo está aceptando, tardó más de diez años, pero ya lo sabe, más que nada por la maldición, sabe que va a morir y no sirve de nada negar. Muchas gracias, (otra vez) por comentar, me alegra que el capí te haya gustado.

Omniangeles: ¡Hola! Jaja, aquí está otro capítulo, que espero y también te haya gustado mucho. Gracias por comentar.

Pax399: ¡Hola! Sí, ya hacía falta que Orión supiese la verdad, pobrecito, lo hice casi volverse loco. ¿Qué te pareció este capítulo? Espero que también tee haya gustado.

Fnix de plata: ¡Sí! Sirius ya está tan sano como puede estar, que no es mucho, porque de todos modos está un poco loco, aunque yo también lo amé tanto. Jaja, pobres de tus uñas.

The Lady Nott: ¡Hola! Antes que nada… ¡Bienvenida a la historia! Estoy feliz que te gustara y que en seguida hayas leído el capítulo anterior. Y sí… haces que me sonroje, jaja, pero gracias, me gusta mucho que te guste como escribo. Pues ya ves, hubo un poco de drama en este capítulo, algunas locuras, y escapes milagrosos, Bella si que llegó para agilizar todo. Cuídate mucho.

Potter Evans: ¡Hola! Jajaja, este capítulo también lo dejé con un poco de suspenso, pero en general, Sirius antagonizó y se amistó un poco con Bella, lo mismo le ocurrió a Draco con Harry, y las cosas por fin están sucediendo. Casi nada, gracias por comentar :D.

Horus100: Oh, es que yo soy así de mala en las actualizaciones, ¡pero siempre aparezco! Así que no te preocupes por eso, que no abandonó la historia. Gracias por comentar.

Chiara Polarix Edelstein: ¡Sí! Te doy la razón, ya era hora de que pasara lo que tenía que pasar… sí, Bella tiene su lado humano, aunque le cueste admitirlo, en este capítulo también lo demuestra. Cuídate mucho.

Florfleur: ¡Hola! Un gusto volver a leer tus bonitos comentarios. Y que malo que aún tengas eximes… las últimas semanas son las más estresantes, se llevan un poco de mi cordura siempre, jaja. Y que bueno que el capítulo te haya gustado, gracias por comentar.