Lamento mucho la tardanza, hubo una serie de cambios en mi area de trabajo y además a mi teclado le fallan algunas letras, por lo que comencé a retrarse. Verán, me estoy dando cuenta que esto se está atrasando bastante, no me gusta hacer fics tan largos y quería saber si qué opinan respecto a ello. Algunas cosas faltan por revelar y es necesario que desarrolle el tema, pero espero que no se convierta muy tedioso para vosotros. De todas formas, espero no sea muy engorroso y pleneo adelantarme, ya casi llega el final, calculo que probablemente le queden entre cuatro a cinco capitulos más para llegar al final.


-14-

Fábula.


No pasó mucho tiempo para que el desayuno llegase a su habitación. Anko le había llevado un abundante festín y Sakura le agradeció complacida, pues en realidad tenía mucha hambre. Se sentía muy agotada y no precisamente por la intimidad que había compartido con el Conde había unos momentos, sino porque simplemente su estado metabólico le era pesado de sobrellevar.

Ahí yacía, tranquilamente mientras terminaba de comer su último plato de fruta, cuando la puerta sonó discretamente para luego abrirse. Sakura se volteó al ver a su invitado y apreció a Barou, quien con cierta prudencia se dejaba ver tras el umbral.

—Sakura, la señora Uzumaki acaba de llegar, demanda tu presencia.

—¿Tan pronto? – miró su plato sin acabar.

—Baja cuanto antes, te está esperando.

—De acuerdo, muchas gracias. – el mayordomo se despidió y se esfumó, Sakura se quedó en silencio para terminar sus alimentos y seguido de ello alisó su ropa, tenía puesto un vestido sencillo de algodón y el cual le permitía lucir tranquilamente su gran vientre. Tras carraspear un poco y apreciar el pomo de la puerta, Sakura emergió lentamente hasta las escaleras.

Tal y como esperaba, Kushina se encontraba en el recibidor, entregándole instrucciones a los sirvientes sobre el acomodo del equipaje, no fue hasta que los pasos de Sakura se hicieron audibles que la mujer pelirroja se giró para verla.

—¡Ah, Sakura!- caminó rápidamente hasta ella y pese a que no había terminado de bajar las escaleras la tomó de la muñeca y la hizo bajar por completo. —¡Mira nada más! – la mujer sonrió y la hizo girarse sobre su propio eje, apreciando su vientre crecido. —Está más grande que la última vez. ¿Cómo te has sentido? – ella, aturdida por tanta familiaridad tan sólo asintió sonrojada.

—Bien. – no supo decir otra cosa.

—Me alegra, querida. – palpó sus hombros. —Sasuke-kun me dijo lo necesario, algo sobre una extraña misión. Iba a venir junto a mi marido, pero ya sabes que como Marqués está ocupado con sus cosas.

—Supongo. – en realidad no tenía mucha idea de qué era lo que hacía un Marqués, pero entendía que debía ser muy vasto.

—¿Tía? – una tercera voz femenina distrajo a las dos, los ojos jades de Sakura se toparon con dos orbes que centellaban cuando brasas y despedían elegancia y nobleza. Se presentó ante ella, Uzumaki Karin, una mujer joven, de buen cuerpo y al parecer muy engreída, dada la mirada analítica que le había colado al pasar a la mansión.

—Oh, Karin, desempaca y toma una habitación, estoy segura que a Sasuke-kun no le importará.

—Claro que no. – se acercó hasta Sakura. Karin vestía tan exquisitamente y cuyos lienzos formaban un hermoso vaivén de colores, que la esclava se sintió andrajosa a su lado. —¿Quién es ella, tía? – la observó atentamente, sin perder detalle.

—Ella es Sakura. – la mujer retrocedió un poco para que pudieran conocerse bien. —Sakura, ella es mi sobrina, Karin.

—Es un gusto, señorita. – intentó ser lo más educada posible y la otra mujer, tras un periodo de silencio asintió saludando de la misma forma.

—Veo… que estás embarazada. ¿Acaso…? – no tuvo muchos rodeos en recordarle su condición y Kushina habló antes que ella.

—Sakura es la querida de Sasuke-kun.

—Ah, como olvidarlo, la esclava preñada. – su tono presuntuoso tan sólo era mella de su calidad como noble. —El escandalo se ha extendido perfectamente por todo el reino. Pero ciertamente no esperaba que Sasuke-kun tuviera tales gustos… - frunció el ceño. —Supongo que todos cometemos errores. – tras ese comentario Sakura se sintió insultada.

—No es necesario ser grosera, Karin. – su tía la reprimió, pero más que justificarse la mujer de ojos rojizos dio media vuelta y caminó a la sala de estar o algún lugar lejano. —Discúlpala, Sakura. Desde que se enteró de, bueno, tu sabes… no ha sido la misma. Espero que no te sientas ofuscada por ella, es una buena chica, es sólo que no ha sido un buen momento para ella, ya sabes, es decir… hay problemas en casa y todo eso.

—Sí, no es necesario justificarse, Kushina-sama. – inclinó la cabeza lentamente. —Me gustaría retirarme a mi habitación… la del amo, él me prohibió salir de allí.

—¡Que bárbaro!

—Son sus órdenes y en realidad, quiero descansar.

—Está bien, ve, pero estaré cerca, después de todo debo familiarizarme con la mansión antes de empezar a dar indicaciones.– Sakura asintió y salió de allí. No le apetecía reñir con nadie y más ahora que Sasuke no estaba, se sentía, para ser precisa, desprotegida y esa sensación no le agradaba en lo más mínimo.

Subió en silencio las escaleras y se encontró en uno de los pasillos con aquella mujer, estaba limpiando su par de gafas con sumo cuidado con una pañoleta, se encontraba justamente frente a la puerta de la habitación del amo y a juzgar por su postura parecía reacia a moverse. Sakura se detuvo justo frente a ella y sus miradas se cruzaron, Karin le escaneó de los pies a la cabeza y no tuvo escrúpulos en apreciar su vientre hasta que la pelirrosa se sintió incómoda.

—¿Puedo ayudarle, señorita? – intentó ser educada, era bastante evidente sus años como esclava dado lo servicial que podía llegar a ser.

—¿Cuál es tu nombre completo, esclava? – pese a que ya las habían presentado decidió llamarla así.

—Sakura.

—Completo, he dicho.

—Sólo Sakura. – insistió ella.

—¿No tienes apellido?

—No.

—Vaya, es bastante triste. – ante sus palabra Sakura se encogió de hombros. —¿Cómo es que llegaste a esta casa? – evidentemente la interrogaría.

—El amo me compró. – se limitó a decir, cuidadosa.

—¿Hace cuánto?

—Unos meses. – no quiso darle detalles.

—¿Hace unos meses? ¿Cómo es posible que…? Dime, ¿Es hijo de Sasuke? No será que realmente lo habrás concebido antes de llegar a esta casa, ¿O sí? – Sakura apretó los puños, le molestaba que las personas hablaran de su hijo como si fuera una clase de pecado.

—Muy segura.

—¿Ah sí? – ella alzó una ceja con una ligera sonrisa.

—¿Es todo, señorita? – no deseaba hablar más con ella.

—Eso creo. ¿A dónde te dirigías?

—Quiero dormir un poco.

—¿En la habitación de Sasuke-kun? – hizo hincapié en el sufijo. —Eres una desvergonzada.

—Es la habitación en la que he dormido las últimas semanas. – logró herir el orgullo de Karin, pudo notarlo a la perfección.

—Pero ahora él no está aquí, así que… ¿Por qué no regresas al nido de ratas de dónde provienes? – aquello fue tan grosero, pero por algún motivo Sakura no se sintió ofendida.

—Con su permiso. – avanzó otra vez hasta llegar a menos de un metro de donde estaba ella y estiró la mano para tomar el pomo de la puerta, inesperadamente la mujer le tomó de la muñeca y la apretó considerablemente, pero para Sakura, cuyas cicatrices eran tan gruesas y pruebas de una vida llena de sufrimiento resistió el apretón sin queja alguna.

—Eres una…

—Karin. – la voz firme de Kushina la detuvo y antes de que otra cosa surgiera la mujer mayor se acercó hasta ellas y las separó. —¿Ya has encontrado donde quedarte?

—Sí, tía. – asintió con respeto.

—Bien, hazte a un lado querida, Sakura se ve agotada y su gestación es bastante avanzada, querrá dormir seguramente. – la de ojos verdes la miró impresionada, era la tercera persona que la defendía además de Sasuke y Anko. Entonces entendió las palabras de Sasuke: Te protegerá.

—¿En la cama de Sasuke-kun? ¿En verdad permitirás tal acto deliberado? – refunfuñó en voz baja.

—Es una orden directa de Sasuke. – abrió la puerta para Sakura y ella, ávida, para que no le molestasen entró en la habitación. Kushina cerró la puerta tras ella. —No es un acto deliberado, Sakura no es su invitada, es su prisionera. – dijo la Uzumaki de mayor edad y miró a Karin con cierto deje melancólico. —Tú también te ves cansada.

—En absoluto.

—Insisto.

—¿Cómo puedes permitir que esa esclava se salga con la suya y ofenda el honor de Sasuke-kun de esta manera?

—No es de mi incumbencia, Karin. Tampoco tuya. – Kushina retrocedió lentamente. —Ve a dormir, jovencita, es una orden.

—Está bien, tía. – dio media vuelta y siguió por el pasillo.

Sakura, por otro lado, quien había durado detrás de la puerta hasta que las dos Uzumaki se fueron por completo dejó salir una bocanada de aire y deseó fervientemente que Sasuke regresara pronto.

Había pasado una semana y Shinaisa estaba a la vuelta de la esquina, Sasuke dejó salir un espeso vaho de su boca mientras contemplaba en silencio la lejana tierra en aquella noche de luna llena. Dos de sus hombres estaban con él y descansaban sobre sus caballos, atentos a la lejanía, esperando señales de los otros hombres. Uchiha estaba desesperado y molesto, deseaba fervientemente entrar en dicha ciudad y acribillar a todo aquel maldito que supiera de Kabuto, pero de nuevo, su mente tranquila y conservadora le decía que tenía que ser paciente.

—Mire, señor, alguien se acerca. – señaló entonces uno de su hombres a alguien que se acercaba con una linterna por enfrente.

—Estén listos todos. – asintieron y se llevaron a sus cinturones las manos, dado que tenían armas en caso de ser necesario.

—Soy yo, mi señor. – se inclinó uno de sus hombre al reconocer la alerta de su jefe.

—Milo, ¿Noticias?

—Ninguna mi señor, pero hemos encontrado un hostal en el cual quedarnos.

—No se queden todos en el mismo, quiero que se distribuyan en la ciudad y busquen pistas.

—Sí, amo. – hizo dar vuelta al caballo y retroceder con la linterna. —Pueden seguirme si quiere, lo guiaré al hostal.

—Está bien, Milo, ya es muy sospechoso que regresarás, no quiero malinterpretaciones en el cual esté yo a tu espalda.

—De acuerdo, señor. – arreó al animal y éste aceleró.

—Conde, si no es molestia el preguntar, ¿Qué debemos buscar exactamente?

—Cualquier pista que nos lleve a ese maldito. – respiró nuevamente, mientras el vapor empañaba su vista. —Andando, debemos descansar.

—Sí. – los hombres hicieron correr a sus animales y no tardaron mucho en llegar a un sitio en el cual pudieran dormir, la posada era acogedora y un tanto chica para las delicias a las que el Conde estaba acostumbrado, no obstante era mejor que nada.

Para cuando Sasuke se acurrucó en el viejo colchón con sabanas recién lavadas se sintió nostálgico y observó antes de dormirse en espacio vacío al otro lado. Dejó vagar su pensamiento un momento y con desconcierto apreció lo fría que era el lecho. Cerró los ojos lentamente y pensó, de forma casual en lo confortable que sería tener a Sakura a su lado y tomarla hasta que ya no pudiera más. Pero debía ser fuerte, debía cumplir con la promesa de atrapar a Kabuto y proteger lo suyo.

Estaba a punto de dormirse cuando la puerta de su habitación resonó insistentemente. Se levantó un poco y tras colocarse los zapatos, tomar su arma y avanzar con cuidado se recargó detrás de la puerta.

—Amo, ¿Está despierto? Disculpe que lo moleste tan tarde, pero necesito decirle algo…

—Habla. – abrió la puerta más tranquilo. —¿Qué pasó? – uno de sus hombres emergió ligeramente agitado.

—Hemos encontrado indicios de Kabuto señor, a uno cuantos kilómetros a las afueras de la ciudad, hay una especie de cámara secreta.

—Llama a los demás, nos veremos en la salida, cazaremos a ese desgraciado. – no espero a saber más, se regresó y terminó de alistar, salió casi corriendo sin importarle si avisaba o no a la recepción y montó rápidamente hasta la salida del pueblo, algunos de sus hombres ya estaban ahí.

—Milo. – llamó a uno de sus capataces. —¿Tú sabes sobre la ubicación de la guarida?

—Sí, señor, antes de irme a dormir baje un momento al restaurante, un hombre que se encargaba de asear el sitio me comentó sobre un extraño lugar a las afueras, supuse que podría ser algo relacionado.

—Bien hecho. – regresó la vista al resto de sus hombres, que terminaban de reunirse. —Prepararemos una emboscada, necesito que estudien el lugar. —Marco, toma a dos voluntarios, ustedes me acompañaran a investigar.

—¿Señor? – Milo se acercó preocupado. —Si usted entra ahí podría ser peligroso.

—Asumí este riesgo en el momento que los convoqué caballeros. – hizo avanzar a su caballo. —¿Quién vendrá? El resto estará oculto y debatiremos una clase de señal para reagruparnos. Nos protegerán las espaldas.

—Yo, mi señor. – se acercó uno.

—Yo también.- Milo se ofreció.

—Excelente, el resto estén preparados, nos acercaremos sigilosos, tengan listos sus rifles y armas en caso de necesitarlo. – asintieron ante la orden de Sasuke.

Caminaron lentamente en sus corceles, para ese momento su compañero ya habían llegado a la posiciones más pertinentes. Los cuatro hombres destinados con Sasuke como líder avanzaron lentamente a una pequeña construcción de piedra y madera a las afueras y tal como lo habían pensado, el lugar lucía tan abandonado que no se percibía ni el sonido de una mosca.

La pequeña choza, cuya construcción tan sólo era una fachada, lucía más normal que sospechosa, pero el conde, creyendo en la palabra de sus hombres se apresuró a inspeccionar. Caminaron alrededor, escondiéndose entre los arbustos y esperando a que algo saliese de la casita o bien, que existiera alguna especia de alarma. Pero tal como lucía y a juzgar por el genio de Kabuto, prefiriendo guardar distancia.

Entró primero Milo, quien parecía el más interesado en la guarida dado que había sido su descubrimiento. Avanzó lentamente y arrastrándose entre los arbustos, guardó cautela y mucha mesura, era difícil ver con la poca luz de la madrugada y sabía que tarde o temprano sería un blanco visible, por lo que tenía que apresurarse. Cuando estuvo a unos metros de la puerta preparó su arma y miró a varios sitios en contadas ocasiones, una vez que estuvo seguro que nadie le emboscaría se apresuró a tomar el picaporte y abrir lentamente, esperando saltar en cualquier momento por si acaso. No obstante, tenía la confianza de que era respaldado, pues tanto Sasuke como lo otros voluntarios estaban a unos metros. Milo entró a la casita, la cual, tras forcejear un momento cedió sin ninguna clase de precaución. Caminó lentamente y cuando estuvo dentro comprobó que se trataba de una pagoda solitaria, con escasos muebles y lo que parecía ser lámparas de carbón, veladoras y algunas antorchas. Salió de ahí, todavía con pistola en mano e hizo señas a los suyos para que se acercasen.

Ya entrado en confianza penetraron cuidadosamente e inspeccionaron la sala, era en definitiva un lugar sucio y viejo ya con meses de aparente olvido.

—Dudo que sea lo que buscamos. – comentó Marco, otro de los capataces.

—Sonaba bastante convincente, cuando me lo comentaron. – admitió el otro, Milo.

—Encendamos algunas lámparas y antorchas. – ordenó Sasuke y sus hombres lo hicieron rápido, la casita se iluminó rápidamente. Una vez que la visibilidad fue más clara analizaron las paredes con cuidado.

No parecía ser más de lo usual. Era una choza de paso y tenía entre todo tres sillas de madera polvorientas, una mesa lo suficientemente grande como para colocar una botella y algunas copas, así como retazos de tela y madera sin armar. Todo normal, si no fuese por un detalle que no pasó desapercibido para Sasuke.

—¿Qué es eso? – señaló entonces una manija de acero en la tierra en forma de anillo, lo suficientemente grande como para tomarla con la mano y que estaba conectada a una placa metálica en el suelo de madera.

—¿Una compuerta? – cuestionó uno de sus hombres.

—Tomen algunas lámparas y antorchas. – ordenó Sasuke mientras que su empleado tiraba fuertemente del aro. El sonido que produjo fue por demás escalofriante, pero al final se abrió un pasadizo lleno de telarañas que conducía al subterráneo.

—Brillante, Milo, encontramos más de lo que creíamos. – vanaglorió Marco, a lo que fue acallado por Sasuke.

—Platicaremos de lo exitosa de esta expedición hasta que lo veamos todo, por ahora, bajemos lentamente, la escalera se ven inestables. – el primero en bajar fue Sasuke y sus acompañantes le siguieron en silencio. Sus pasos resonaban casi como el segundero de un reloj viejo, hasta que finalmente, después de bajar una eterna escalera y sortear algunos tropezones, los hombres e hallaron en una especia de mazmorra húmeda, polvorienta y de olores extraños.

Se reagruparon y alumbraron para continuar, sólo había una senda y decidieron seguirla. Tenían sus armas listas por su acaso, hasta que comenzaron a percatarse de un olor pútrido que se colaba en una corriente de aire. No tenían mucha idea de cuánto habían recorrido, pero sus pasos se dieron por terminado cuando en medio de su avance sus zapatos chapoteaban con algo difícil d describir.

—¿Qué es esto? – uno de los hombres se inclinó para olerlo y resistió la arcada al darse cuenta. —¡Qué asco! – gritó.

—Silencio. – Sasuke condujo la lámpara al frente y creyó escuchar algo. —Hay algo delante. – sus hombres se pusieron alerta. Dio algunos pasos más y retrocedió inmediatamente cuando el sonido tintineante de una cadena y un jadeó mortuorio acompañado de un hedor fácilmente reconocible, lo recibió.

—¿Qué fue eso? – susurró Milo, desconcertado.

—Si ya de por sí el olor es insoportable… - se quejó otro.

—He dicho que guarden silencio. – volvió a ordenar Sasuke, intentando agudizar su vista. —Sal de ahí, acércate para verte. – pidió con duda.

Escuchó pues un jadeó continuó, después el sonido de los huesos chocar en el suelo, también el de una cadena y un grillete. No hubo pasos, sólo una triste y lastimera voz.

—¿Has vuelto? – pidió saber en un susurro.

—¿Quién anda ahí? – llamó por el contrario Sasuke.

—Has vuelto. – la voz sonaba cada vez más clara y menos melancólica a una llena de ansiedad. —¡Has vuelto, pedazo de escoria! – Uchiha apenas tuvo oportunidad de echarse hacia atrás, cuando una masa maloliente y agresiva se avecinó contra él en una embiste certero.

Fue entonces que el metal resplandeció ante la llama de los recién llegados y el cuerpo del atacante se retraía por la firmeza de los eslabones. Cayó entonces y el sonido fue tan resonante que sintieron pena por él. Entonces se escuchó una risa, delirante y débil, hasta que la luz del fuego se posó sobre el susodicho.

Se trataba de un hombre, no muy mayor, de aproximadamente 30 años, con la piel pálida, llena de arrugas y moretones, ulceras en lo pies y las mano, cabello quebradizo y voz raposa. Sus labios estaban sumamente secos y aun así pasaba su lengua insistente, como si quisiera limpiarse una estela de miel de ellos.

—¿Quién eres? – preguntó Sasuke, con aquel perfil tan frio que le correspondía.

—3416. – dijo la numeración sin chistar.

—No tu número, tu nombre.

—No tengo nombre. – no lo estaba viendo, tan sólo estaba recostado entre la mugre y la pestilencia. —¿Pero qué importa? ¿Ya escuchaste? Los asnos no tienen cerebro… ¡No tienen cerebro! – gritó histérico, para después intentar levantare en vano, sus caquéxicos miembros no correspondían a su mandato.

—¿De qué está hablando este sujeto? – argumentó uno de los empleados, apuntándole con el arma por si acaso.

—¡No tienen cerebro, no tienen cerebro! – canturreó lo más fuerte que pudo.

—¡3416! – Sasuke habló firmemente en medio de su parloteó y sorprendentemente el hombre contuvo su voz para ver fijamente al conde.

—¡Majestad! – asintió varias veces, trastornado. —¡¿Qué quiere de mí el rey de Buenaventura?! ¡No, no me digas! – todo su cuerpo temblaba en una demostración más atroz del ser humano. —¡Ah, ya se me olvido! – y rompió a carcajadas.

—3416, estoy buscando a alguien, ¿Sabes dónde puedo encontrarlo?

—¡Serás tú, seré yo, a quien le importa que los asnos no tengan cerebro! – gritó de nuevo.

—No servirá de nada, amo, este hombre está loco. – insistió Milo, al verlo delirar.

—¡Él se fue muy lejos, muy lejos! – dijo entonces. —Nos abandonó a todos, a todos… - dijo entre dientes, cambiando entonces de aquel humor eufórico a uno histérico y lleno de ira. —¡Tú viniste a terminar el trabajo! – en un periodo de lucidez el hombre se levantó y atacó de nuevo, pero los hombres tan sólo retrocedieron a sabiendas de que estaba atado con una cadena.

—3416, soy Uchiha Sasuke, he venido para buscar a alguien que tal vez tú sepas…

—Mi nombre no es 3416, soy Gin. – la locura había abandonado sus facciones. —Ahora lo recuerdo claramente, él se fue y nos abandonó, todos se fueron… ¿A quién está buscando? – tensaba la mandíbula.

—Yakushi Kabuto.

—¡Kabuto, ese maldito escarabajo! – gruñó funesto. —¡Lo mataré! – pero al decir eso cayó sobre el suelo nuevamente. —Si tan sólo pudiera.

—¿Sabes en dónde está? – ya tenía avances y no quería desaprovecharlo.

—¡Se fue, que no oyes! ¡Abandonó este lugar haces mucho tiempo! ¡Me dio algo, algo muy malo! ¡Todos están muertos! ¡Nos estaba enfermando a propósito! ¡Era del color de la plata y no tenía sabor! – empezó a toser después de esto.

—¿A dónde se fue?

—¡¿Quién eres?! – de nuevo la demencia lo tomaba preso y Sasuke aguantó la respiración al ver como el hombre vomitaba escaso contenido gástrico sobre sus propios piel.

—Mi señor, este hombre no se ve nada bien, está enfermo. – opinó Marco, temeroso.

—No me extraña. – apuntó con la luz al fondo y la visión de algo todavía peor, digno de una guerra por la supervivencia y la cordura los abatió profundamente. Pues yacían en descomposición algunos cadáveres de hombres de diversas edades que atado a un muro de piedra, habían encontrado la muerte por la inanición y la peste.

—Seguramente se los comió. – dijo Milo, reteniendo otra arcada.

—¡Oye, oye tú el de la capa! – el prisionero lo llamó otra vez. —¿Quieres escuchar una historia? ¡Era una vez un león enfermo y viejo, como yo! – soltó una carcajada. —¡Que moría de hambre, como yo! – de nuevo rio. —Le dijo a una zorra que le consiguiera comida y le daría la mitad del botín y la zorra le trajo a un asno, cuando lo atrajo a la cueva del león éste le saltó encima y lo mató de un tajo. Entonces la zorra, viendo que el león no le daría nada de botín le dijo, ¡Y presta atención, porque es la mejor parte! "¡Majestad, usted no debería comer con esas garra tan sucias, mejor lávelas para que no se enferme!" - fingió la voz para después carcajearse. —¡Y el estúpido del león le creyó! Fue a lavarse las zarpas, mientras que la zorra a solas con el cadáver del burro le devoraba los sesos… para cuando llegó el león se dio cuenta que no tenía cerebro y pensó que le habían robado la comida, ¿Pero sabe que le contestó la zorra? ¡Los asnos no tienen cerebro! ¡Que león más estúpido! ¡La serpiente decía lo mismo! ¡Él me contó el cuento, él me encadenó y me dio agua de luna!

—Creo que deberíamos matarlo para dejarlo en paz. – argumentó perturbado Marco.

—¡Ah, pero cómo lloró el escarabajo por esa serpiente! ¡Qué patético! Quería vengar a su amo y se vendió a su enemigo, se fue de aquí y la última vez que regresó me dijo que el león era un estúpido y que él se comería los sesos del asno, ¡Por eso los asnos no tiene cerebro!

—¿El león? – Sasuke frunció el ceño. Esa oratoria le estaba lanzando pistas sin querer.

—¡Iba a meterse a la cueva del león y comerle los sesos al asno! – explicó entonces. —¡Ah, pero iba a esconderse en otra cueva!

—¿En dónde queda esa cueva?

—¡Pues en la del león!

—¿En dónde está la cueva del león? – insistió Sasuke.

—Él decía que entre sus cejas, en medio de las cejas, en medio de las cejas. – cantó de nuevo.

—¿En medio? – Sasuke pensó un poco y luego se percató que casualmente logró entender lo que decía el lunático.

—Oye, oye, Uchiha Sasuke. – los cuatro hombres miraron sorprendidos al hombre, que volvía a tener otro momento de lividez. —¿Estás tras Kabuto? – Uchiha asintió. —Dale lo que se merece, él y Orochimaru nos hicieron esto. – apuntó a los cadáveres.

—¿En dónde puedo encontrarlo?

—Se fue hace mucho tiempo de aquí, lo único que sé es que dijo que iría en busca del león, porque deseaba comerse sus sesos. Dijo algo, algo muy curioso antes de irse: Dijo que la zorra empezó a comer en medio de las cejas, en medio del mes. ¿Tú sabes lo que significa?

—Sí, lo sé.

—Está en medio de las cejas. – reiteró el hombre.

—Te lo agradezco mucho. – Sasuke iba a caminar cuando lo detuvo otra vez.

—Espere, Uchiha Sasuke, no se vaya sin antes hacerme otro favor. – entonces le estiró la mano. —Dame tu pistola.

—¡No se atreva, mi señor, está loco! – gritó alarmado uno de sus hombres, mas Sasuke contrario a lo que ellos le pedían se acercó confiado hasta el hombre y sin decir nada más le entregó su arma.

—Gracias. – susurró para después llevarse el cañón a la boca y disparar.

La antorcha que Sasuke sostenía se apagó inmediatamente.

—Salgamos de aquí. – dijo poco después.

—¡Conde! – los otros hombres se acercaron rápidamente cuando lo vieron salir de allí con sangre en la ropa y los demás asqueados.

—Dirijamos el curso a Mittenmash. – no respondió más que eso.

—¿Mittenmash? ¿La capital? – Marco no captaba el por qué.

—Mitten significa en medio, mash es un antiguo término empleado para reino, encontramos más pistas en el capital. – explicó Sasuke.

—Mi señor, ¿En verdad creerá las palabras de un perturbado?

—Ese perturbado nos contó una verdad difícil de ver para ustedes. Kabuto ya lo había dicho una vez, algo sobre un león y una zorra, pero de igual forma no pude entenderlo hasta ahora. Fuera de su envenenamiento por mercurio, ese hombre estaba enloquecido por lo que tuvo que pasar, no me extraña que se suicidara. – se limpió la sangre de las manos y el rostro.

—¿Entonces nuestro siguiente punto es Mittenmash?

—Sí. –miró a los hombres que se veían dudosos. —Ese lugar también está dentro de la lista que nos dio el esclavo. Creo que encontraríamos más pistas en nuestra cacería. Si es cierto lo que dijo, entonces Kabuto está en constante movimiento y la capital es una zona rica en recursos para poder hacer alguna clase de plan o movimiento.

—Si tomamos la ruta oeste llegaremos a la capital en dos días, mi señor. – reflexionó uno de sus empleados.

—Entonces iremos allá. – terminó de secarse la sangre. —Partiremos al atardecer, todos… vayamos a descansar.

Merecido estaba el descanso, pues tras contemplar terrible escena, muchos querrían seguramente olvidar la escena dolorosa y la desesperación de aquel hombre, que víctima de su hidrargiria, había conseguido ayudar más de lo creíble con su fabula.

Continuará…

En lo personal la fábula de: Los asnos no tienen cerebro, me la aprendí hace muchos años cuando era una niña y era mi favorita. La implementé en esta historia, aunque creo que acabé dandole un toque algo tétrico al asunto. ¿Que les parece sirvo para escribir suspenso o terror? Ji, ji, no es mi género, pero de igual forma siempre se puede intentar. Por otro lado, tambien quise recalcar lo del envenenamiento por Mercurio y hacernos recordar a un personaje muy particular que ha marcado la literatura y la cultura popular. La expresión, Loco como un sombrerero, viene de ello, de que el mercurio era un metal pesado utilizado antiguamente para la fabricación de textiles, cosméticos y pinturas, se creía que los sombrereros en realidad se hallaban intoxicados por dicho metal y por eso estaban locos.

Da igual, espero lo haya difrutado.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.