darthmocy.- hola gracias por tus comentarios y aquí esta el capi de hoy
Bella masen.- ya saben lo que prometo lo cumplo y si bella no se piensa dejar de nadie.
Antzoni.- la verdad que si y no es el único altercado con reporteros ya verán.
aridenere.- gracias igualmente saludos.
veronica Paola .- ni bella sin el
Bella masen.- si esme es una súper suegra y se llevan bien.
Antzoni.- pues todos la tratan muy bien y como dicen y aun hay mas por leer.
aridenere.- y carslie también jejeje.
Gby.- yo con el novio me conformo, no importa que mi suegra no me quisiera.
lady blue vampire .- yo igual
angelrpr .- OH si muy pronto caerá
Inmans.- bueno es calculadora y todo por su puesto pero sigue siendo un amor.
veronica Paola .- no te preocupes ella tambien pero sale a flote.
GRACIAS CHICAS POR SUS REVIEWS. NOS VEMOS EN EL PROXIMO CAPI
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CAPITULO SIETE.-
No soy tan fuerte como creí
Bella disfruto contemplando los reflejos que la luna hacia en el agua. Apoyada en la barandilla del barco que en ese momento amarraban al muelle, pensó en las miles de preguntas que había tenido que contestar durante los dos días anteriores.
Había saludado a centenares de personas y tomado decenas de bebes en sus brazos.
Lo último había sido lomas sencillo porque esos pequeños electores no podían votar. Y no se había dado cuenta hasta la mañana siguiente, cuando vio su imagen en la prensa, que la habían engañado para que participara en uno de los gestos más gastados de toda campaña política. Había sido agotador tener que controlar cada gesto y medir cada palabra, sobre todo cuando Edward y ella se conocían tan poco.
La cena de esa noche había sido muy agradable.
El barco proporcionaba un escenario de lo más romántico y la comida había sido deliciosa, aunque no se le paso por alto que el evento hubiera resultado mucho mejor de haberse podido celebrar en Beachcombers, su restaurante. Lo peor de toda la velada había sido el poco tiempo que había podido pasar con Edward. Y no sabía porque eso le disgustaba tanto, sabía que no tenía derecho a sentirse así.
Decidió olvidarse de ello y concentrarse en la belleza que la rodeaba.
El barco brillaba con mil luces y la decoración de la fiesta era muy elegante.
Edward salió entonces de entre las sombras.
Llevaba en la mano un vaso de agua y vio que la miraba de arriba abajo con un innegable gesto de admiración. Recordó entonces que tenía que darle de nuevo las gracias a Esme Cullen, su hada madrina. Una mujer que había sido lo suficiente lista como para saber que no era una cenicienta que necesitara disfrazarse de princesa. Se había limitado a aconsejarla sin prescindir de sus gustos.
A ella, por ejemplo, nunca se le habría ocurrido elegir un vestido que mostrara sus hombros. Le acomplejaba saber que la escoliosis le había dejado uno más algo que otro y siempre intentaba esconder con tela su defecto. Pero cuando Esme le mostro ese vestido…
Era color crema con bordados enhilo de oro.
Tenía un profundo escote en pico tanto en la parte delantera como en la espalda. Siempre había soñado con tener un vestido de satén como aquel.
Edward se termino el agua, como si la visión le hubiera dejado la boca seca.
- ¿Cómo es que no estás probando el magnífico champán que sirven en esta fiesta? – le pregunto.
- Me temo que sería un desastre mezclar alcohol con periodistas - repuso Edward.
- Yo también estoy bebiendo agua, pero con una rodaja de lima.
- Deja que te traiga otro vaso. Quiero pedirte perdón por haberte ignorado durante toda la noche
- Gracias – repuso ella.
Le agrado ver que no se le había pasado por alto que apenas había estado juntos esa noche.
Se apoyo de nuevo en la barandilla y se quedo entusiasmada mirando a las parejas bailando en la cubierta. La brisa marina le llevaba fragmentos de conversaciones. No prestaba atención, pero tampoco podía evitar escucharlos. Pero algo cambio de repente.
- Esa chica lo ha hecho mejor de lo que esperaba – dijo alguien.
- Pero eso no es decir demasiado – contesto otro hombre-. Tú no esperabas demasiado.
La voz le era familiar, le sonaba haberla escuchado esa misma tarde cuando alguien la llamo para informarla por teléfono de la agenda del día siguiente.
- ¿Qué quieres que te diga? – contesto Jacob Black-. No es el tipo de mujer que habría elegido yo para acompañarle durante la campaña ni tampoco como esposa. No aportaba nada a la escena política, solo esa tímida sonrisa suya. Pero ¿Qué le vamos a hacer? Ya está hecho. Edward tendrá que jugar con las cartas que tiene. Al menos sabemos que ella no va a eclipsarlo.
Sus palabras le hicieron mucho daño.
- Esme ha hecho un buen trabajo con el cambio de imagen – apuntó el otro hombre-. Ni va demasiado llamativa ni parece una bibliotecaria. El vestido es elegante, pero bella no parece que vaya disfrazada con la ropa de mama.
- Ese es otro problema, la edad. ¿En qué demonios estaba pensando Edward? Ella no debe de tener más de veinticuatro, la presión va a poder con ella.
Ya había oído suficiente. No estaba dispuesta a quedarse allí, escuchando como una asustada e insegura quinceañera. Esas palabras le habían hecho caño y le recordaban de nuevo que no era el tipo de mujer que Edward debería tener a su lado. Pero tenía que asegurarse de que no supieran hasta que punto le afectaban ese tipo de comentarios.
Se acerco a los dos hombres con paso seguro.
- No tengo veinticuatro, sino veintitrés. Tú, mejor que nadie, deberías saberlo. Pero me alegra ver que, según tus apreciaciones, tengo la madurez de una mujer de veinticuatro – le dijo a Jacob Black-. A lo mejor tampoco sabes que me licencie con honores en la universidad de Charlestón.
- ¡Maldita sea!- exclamo Jacob con una te habíamos visto. Lo siento mucho. No debería haber hablado así en un sitio público. Estaba fuera de lugar.
- Acepto la disculpa.
No quería convertir a ese hombre en un enemigo, pero tampoco quería su compasión. Ya sabía qué ella que no era la mujer que le convenía a Edward Cullen.
- Pero me gustaría recordarte un consejo que me dieron hace muy poco tiempo: nunca digas nada que no quieras ver repetido en algún otro sitio.
- Muy bien – repuso Jacob Black mientras miraba a su alrededor para asegurarse esa vez de que nadie más lo oyera-. Pero tienes que saber que llevo muchos años en la política y veo que no estás hecha para esto. Mike Newton es un rival astuto y tu presencia no ayuda mucho a Edward.
Antes de que pudiera contestar, el propio Edward apareció a su lado.
- ¡Ahí estas! Pensé que te había perdido por culpa de los periodistas – le dijo mientras le ofrecía un vaso-. Aquí tienes, agua congas y un poco de lima.
- Gracias- repuso ella tomando un sorbo.
Edward los miro con el seño fruncido.
- ¿Está todo bien?
Bella se concentro en mirar el vaso de agua.
No estaba dispuesta a hacer una escena que enfrentara a Edward con su director de campaña.
- Todo va bien- le aseguro-. ¿Por qué no iba a ser así? Jacob estaba comentándome como puedo serte de mayor utilidad en la campaña.
Edward rodeo su cintura con el brazo y miro a los otros dos hombres.
- Bella no tiene que hacer nada especial, solo ser ella misma- les dijo.
- Me preocupan mucho nosotros dos – les dijo Jacob.
- Limítate a hacer tu trabajo - repuso Edward con frialdad-. Si tienes algo más que decir sobre este tema, lo haremos mas tarde en las oficinas centrales.
- Tú mandas – contesto Jacob Black mientras se alejaba de ellos en compañía del otro hombre.
Edward se quedo mirándolos con gesto suspicaz. Después la miro a ella.
- ¿Han dicho algo que te haya molestado?
- No, nada, de verdad. Todo está bien – repuso ella.
Edward le acaricio la mejilla con ternura. Después, y antes de hablarle de nuevo, miro a su alrededor como lo había hecho Jacob.
- Pareces agotada. Y tienes ojeras.
Su preocupación le recordó lo que acababa de decirle Jacob y acabo con su paciencia. Tenía los sentimientos a flor de piel y Edward no la estaba ayudando a controlarse.
- Parece que sabes muy bien lo que decirle a una chica para que se sienta guapa – repuso ella.
- Estas preciosa, pero pareces cansada. Se mejor que nadie que las campañas electorales pueden ser agotadoras – le dijo Edward-. Vamos a irnos ya.
- Pero… no puedes irte- repuso ella mirando a la gente que bailaba-. Esta es tu fiesta.
- Sí, pero puedo irme cuando quiera. Ya estamos en el muelle y hay más gente desembarcando.
Aprendí hace mucho que no puedo quedarme en estos eventos hasta el final. Entonces es cuando las fiestas se vuelven locas y eso no favorece en nada la imagen de un político.
Consiguió convencerla. Sonrió y tomo el brazo que le ofrecía.
- Vamonos antes de que la señora Stanley se emborrache y cuelgue su sujetador del palo mayor.-le amenazo ella
- Vaya, ahora no voy a poder quitarme esa imagen de la cabeza- le dijo él con sarcasmo.
- Encantada de poder complacerte- repuso ella. Edward la miro entonces con los ojos entrecerrados.
- Nos aves cuanto me complaces, Bella Swan, más de lo que te imaginas – le dijo al oído-. Y no sabes cuánto siento haber arruinado la oportunidad de poder complacerte de nuevo.
Sus palabras la estremecieron y se quedo sin aliento. Sabía que Jacob Black tenía mucha experiencia en la política y tendría sus motivos para decirle que no era el tipo de mujer más conveniente para Edward.
Pero, aunque solo fuera por esa noche, estaba decidida a llevarse un bello recuerdo de esa historia que pudiera atesorar para siempre.
