Notas de la autora: Empiezo a escribir mis típicas divagaciones que a nadie le importan primero que el fic, porque creo que es mejor que lean hasta el final sin cortarles todo el ambiente "Orgullo y Prejuicio" con mis estupideces (y sí, sonó bastante extravagante titular al ambiente de la lectura así xD!).
Me alegro que en el capítulo pasado se haya discutido un tema importante hasta en nuestros días, para darle algo más de contenido al fic… A veces es bastante aburrido terminar algo y darte cuenta que no tiene un mensaje más allá de las típicas moralejas, algo así como que no hay que burlarse de las liebres porque las tortugas toman bebidas energizantes para ganar.
Como verán, mi demora con los capítulos como era hace un par de meses parece inexistente porque actualizo más rápido. Dios bendiga las vacaciones y que el hecho de ir a matricularme al preuniversitario (digamos que tendré más clases de ciencias en otro lugar aparte del colegio para que me vaya bien en mi prueba de admisión a la universidad) no me deprimió tanto como esperaba… Es que la visualización de estar en clases de Física me horroriza. De hecho, creo que nunca estuve en Física cuando tenía porque me fugaba xD!
A modo de publicidad, me gustaría anunciar que tengo un nuevo fic RonxHermione con Spoilers de HP7, que como buenas almas carivativas me gustaría que leyeran para darme su opinión. Se llama "El otro lado del Baile de Navidad". Gracias por leer esto tan fuera de foco :D!
Ok. Sin aburrirlos más, acá el penúltimo capítulo, que si tienen la posibilidad de escuchar con la banda sonora de la película del mismo nombre, les ayudará a sentir más la trama (ya sea en youtube, la bajen, etc.); en especial la canción con melodías tristes.
Capítulo 14: 'El interrogatorio de Lady Umbridge'
Los siguientes días fueron una completa realización de los sueños de Ginny. Más bien, de lo que más deseaba desde hacía varios meses. Oficialmente había sido elegida como la chaperona de Ron y Hermione, y como siempre la castaña estaba con su buen amigo Draco Malfoy, pasaba varias horas seguidas junto a él. Lo que era realmente una expresión del tópico literario Locus amoenus (1), donde los relatos con esta característica solían ser en lugares bellos, armónicos, con el sol abriendo sus cálidos rayos y esparcirlos sobre las colinas verdes, las flores abiertas mostrando sus suaves pétalos. Ella se sentía en un prado sacado de ensueño desde que había llegado… Bueno, quizás era exagerar un poco; pero desde que sabía que tendría mucho tiempo por delante para estar a solas con él, tenía una perspectiva más positiva de la vida.
Ahora entendía por qué no le había interesado nadie de forma romántica anteriormente. Harry Potter había sido la excepción. Era una niña y él siempre la salvaba de sus caídas dramáticas cuando aprendía a andar a caballo o de terminar golpeada en el fondo de un acantilado porque no tenía buen equilibrio para cruzar un tronco que servía de puente. Había sido su héroe innumerables veces y por eso se había enamorado él. Pero con el resto de hombres en el pueblo no. Ya con su amor de niñez muy lejos y con la experiencia adquirida de ser una niña fuerte y decidida por vivir en una familia predominantemente masculina, sentía que todos los hombres eran iguales. Todos se le acercaban diciéndole lo hermosa que era y comenzaban a agasajarla con ramos de flores, sombreros, y unas pocas joyas. Su único tema de conversación era cuán despampanante criatura estaba ante ellos, decían que era un ángel caído del cielo. Los soportaba un par de semanas, mostrando el menor interés con mucha facilidad, porque en verdad no se proyectaba con ellos en nada. Y después la proposición de matrimonio. Luego el rechazo, las palabras que con odio le decían que nunca más recibiría una propuesta, la pelea con su madre, agradecer a su padre por el apoyo de no aceptar a cualquier alabador como esposo; para empezar con lo mismo. Estaba segura que ya era casi una leyenda urbana del pueblo que le gustaba romper los corazones de los muchachos, jugar con ellos, arrebatarles su amor y reírme como desquiciada.
En cambio, con Draco Malfoy era diferente. Con él podía conversar desde el estado político en el congreso y la monarquía hasta las nuevas tendencias arquitectónicas provenientes de Oriente. Nunca le había dicho cuán hermosa era ni le había dado un regalo como flores o joyas. De hecho, había comentado la primera vez que se vieron que no era lo suficientemente bella para tentarlo. Para cualquier otra mujer hubiera sido un insulto y lo odiaría de por vida, pero ella no. Sí, no le había agradado, pero eso no impidió para fijarse en la magnífica persona que había llegado a Netherfield. Se sentía tan libre a su lado. Por eso lo amaba. Podía expresar su opinión sin represiones; discutían largas horas acerca de música o religión… La dejaba ser ella misma, sin tener que fingir que adoraba sus cumplidos o le gustaban sus obsequios.
Para Ron tampoco era distinto. Sonreía más, se reía hasta del chiste más aburrido de George, saludaba casi con un abrazo a los empleados y hacía lo que se le pedía sin chistar. De hecho, la pelirroja comprobó que podía pedirle a su hermano que le pusiera uno de sus vestidos y lo haría sin siquiera darse cuenta qué había aceptado a hacer. Vivía en sus propios sueños, esperando que fuera la hora acordada para ir a Netherfield o para arreglarse y esperar a que llegara Hermione.
-Estoy tan contenta por tu hermano – comentó su madre una vez que ella le ayudaba a cortar unos tomates del huerto trasero. Ginny pudo reprimir la idea de preguntarle si era porque Ron podría casarse pronto, y fue fácil porque estaba de muy buen humor – Extrañaba verlo tan contento. Me entristecía verlo tan enfadado y huraño… Él por fin obtiene un poco de felicidad.
-Mamá – Ginny sacó el tomate de la mata que tenía entre sus manos y casi se le cae el canasto por la sorpresa de las palabras de su progenitora - ¿Desde cuándo estás feliz porque tu hijo hace lo que quiere?... Creí que la idea era que él se casara, como tú quieres.
-No me hables de esa forma, niña insolente. La felicidad de mi hijo siempre será una de mis prioridades – replicó mirándola con dureza - ¿Qué clase de mujer crees que soy?
-Una que se robó a mi madre y por fin le dio un poco de sensatez – murmuró dándole la espalda y sonrío.
-Lo que sí es que lamento que debas pasar tanto tiempo con el señor Malfoy… - comentó después de unos segundos en silencio – Sé que no te cae para nada bien, pero es un sacrificio para que tu hermano pueda estar con la señorita Granger.
No le contestó, pero quiso decirle algo como "No te preocupes, hacer aquel sacrificio no me molesta en absoluto". También una gran parte de su mente le dijo que en vez de decir eso, debería hablar con la verdad y confesarle a su madre que no lo odiaba. ¿Pero cómo reaccionaría su madre al saber que amaba a un hombre extremadamente millonario y de buena familia? Comenzaría a planear su boda desde ese mismo día. Y la verdad, es que no deseaba más preocupación por ella debido a su futuro marital. Era mejor vivir, por el momento, con la idea que seguiría rechazando a todo hombre que se le acercara; ya que la idea que Draco Malfoy le pidiera matrimonio y le jurara amor eterno, se veía tan lejana como la de los gemelos sin hacer una broma en dos horas.
Ese día ellos vendrían a La Madriguera. La señora Weasley se estaba esforzando por hacer la mejor cena posible; y así obligaba a Ginny a escoger los tomates más maduros, a Ron a matar a la gallina más exquisita y se encargaba que hasta la posición de las servilletas en la mesa fuera la indicada. Incluso los gemelos a veces tenían que ayudar en la casa porque faltaban manos para tener el resultado deseado por la matriarca de la familia.
Cuando se preparaban para recibirlos, su madre la retó por usar un vestido que tenía una mínima parte del dobladillo descosido. Tuvo que arreglarle en frente de ella para que no le gritara más. Era uno de los vestidos que más le gustaba; uno celeste con mangas abultadas y bastante suelto en la zona debajo del busto. Así que se mordió la lengua para decirle a su madre que la dejara en paz mientras trabajaba en lo suyo con la aguja enervando el hilo. En todo caso, no le apetecía la idea de lucir mal ante el rubio que aparecía en su mente más veces de lo que debería.
Las siguientes horas volvieron a ser un viaje al paraíso, en un prado lleno de árboles que entregaban un exquisito aroma fresco y natural; vivía en un sueño. Desde que había llegado, había tenido la suerte de conversar con el señor Malfoy sin ningún problema porque los gemelos habían salido esa noche. Sólo estaba ella con él, y al otro lado de la sala, Ron y Hermione en su propio mundo.
-… y sería una perfecta concepción griega. A veces creo que los romanos distorsionaron de tal forma su cultura, que fuimos manipulados… - No perdía con facilidad la concentración, pero había algo tan atractivo en la forma que sus labios se movían suaves; como si las palabras siempre hubieran estado allí - … así como la arquitectura. Quizás la jardinería también la hayan traído los griegos.
-Los griegos eran unos semidioses, como ellos tenían en sus mitologías, así que no dudaría de ello – sentenció ella sonriéndole.
La mano de él se encontraba situada en el brazo del sillón. Sólo faltaría que ella se moviera un poco para que sus dedos se posaran sobre su dorso. Recordó cómo el toque de su mano sobre su hombro descubierto fue suficiente para sentir que mil llamas la abrazaban para hacerla sentir una explosión de emociones en todo su cuerpo. ¿Qué haría con su mano? Podría ser inclusive peor. Allí explotaría, literalmente.
Pero no se atrevió. Ni ahí ni cuando él le besó delicadamente la mano cuando se retiró de la velada con Hermione. Y una parte de ella se alegraba de aquello porque no se expuso ante la posibilidad de ponerlo en una situación incómoda, pero otra parte… La parte que la hacía suspirar y sentirse ahogada de emoción, de angustia, pena y alegría; la que era llena de dudas y explosiones en su cuerpo, se sentía demasiado apenada: Era una cobarde.
OoOoO
Leer bajo su árbol favorito la reconfortaba. La reconfortaba de la aprehensión de su madre, la protección de su padre, las burlas de los gemelos, el omnipotente deseo de reír y llorar a la vez con tan sólo pensar en Draco Malfoy. Al menos se sentía abrigada por la sombra nada despreciable del roble mientras terminaba de leer la primera parte "El Quijote de la Mancha".
Su cabeza aún estaba llena de caballeros andantes, escuderos rechonchos, princesas de países lejanos y curas excéntricos cuando cerró el grueso libro y cerró los ojos. Aún podía sentir cómo los rayos del sol que se colaban por las hojas del roble le daban en los párpados. Se encontraba tan tranquila, tan inserta en su propio mundo de fantasías donde los caballos blancos vencían a monstruos y molinos de vientos la acechaban, que comenzó a entonar una melodía que había escuchado una de las pocas veces que había asistido a la ópera con sus tíos de Londres. Había sido de un compositor francés (2), sí estaba segura.
La melodía le recordaba a su precaria adolescencia. Cuando sabía que dentro de poco entraría en edad de ser cortejada, aunque nunca sabría que sólo se enamoraría una vez en su vida, y varios años después. Se enamoraría de un orgulloso, terco, apático, escuálido y pálido, egocéntrico, tímido, callado, aburrido, engreído hombre que le cambiaría su vida para siempre. Cambiaría la forma en que su corazón latía, en lo primero que hacía era ver con apuro quién tocaba la puerta de la entrada esperando que fuera él, en ser fuerte para no desviar su atención de la conversación que mantenía a pequeñas fantasías donde sus manos se entrelazaban para no separarse y sus labios finos depositaban un beso en su cabello rojo. Y la canción le recordaba a esa niña asustada por crecer, por saber que quizás nunca se enamoraría, y si lo hacía, sería casi imposible casarse con esa persona. Ese último pensamiento no estaba tan lejos de la realidad, en todo caso.
-Deberías haber estudiado canto en Londres – Sonrío al escuchar la voz de Ron – Cantas tan hermoso.
-Gracias. ¿Hace cuánto tiempo estás aquí?
-Lo suficiente para saber que eres la persona más sentimental que he conocido – respondió y escuchó como se sentaba a su lado – Esa canción es bastante feliz, aunque tiene un deje de tristeza muy evidente.
-Oh, es difícil ocultar mi estado de ánimo – Abrió los ojos y se sentó apoyando su espalda contra el tronco del roble.
Él le correspondió la sonrisa y le desordenó el pelo cariñosamente. Ginny le hubiera replicado o pegado en las costillas de no ser porque lo traía suelto y dudaba que no hubiera hojas enmarañadas en su melena.
-¿Algo que contar?
-Sólo me dejé perder en mis recuerdos… - dijo dándole unos golpecitos con los dedos a la cubierta del libro – Y supongo que la misma pregunta para ti. Luces un poco ansioso.
-No debería sorprenderme, eres muy buena observadora – Desvío la mirada a un punto distante, lejos de ella.
Para darle tiempo de ordenar sus ideas y expresarlas, volvió a entonar la melodía. Se concentró en los acordes del violín, y trató de emitir la secuencia que seguía con el piano, siendo bastante aguda y rápida. Varias frases le venían a la mente, para traducir aquella melodía en palabras, y ponerle letra.
Estuvo así varios minutos hasta que el pelirrojo tomó una bocanada de aire y sacó pecho para hablar:
-No creo que te haya pasado, pero sí me puedas comprender… El sentimiento ahogante del amor que te asfixia, que no te deja pensar en nada ni nadie, sólo en la persona que ha llegado a tocar tu corazón inexplicablemente. Aquel amor te quema, te toma sin devoluciones, te roba la vida. Podría ser parecido a una obsesión y… - Suspiró nervioso – Somos tan distintos, que ella me completa. Ella me enseña sobre libros, filosofía y esas estupideces que sólo a ti te gustan. Es tan raro, pero me encanta. Me encanta ella, cómo habla, cómo ríe, cómo me mira, cómo frunce el ceño cuando está disconforme o cómo se muerde los labios cada vez que quiere decir algo y no se atreve… De verdad la amo.
Soltó una risita contenta y le tomó la mano dulcemente.
-Eso es maravilloso, Ron – dijo sacudiendo sus manos entrelazadas - ¡El amor es un sentimiento que, a final de cuentas, trae felicidad! El amor en parte trae infelicidad, angustia, llanto, sufrimiento y rabia. Pero cuando lo aceptas, cuando por fin te atreves a gritarle al mundo que amas… Es sólo felicidad.
El reflejo suyo en los penetrantes ojos azules de su hermano la hicieron pensar en todo lo que habían vivido. Varias imágenes de ella persiguiéndolo, llorando porque la molestaba, riendo porque con los gemelos habían conseguido hacer caer una vez más a Ron en una broma; él acunándola cuando lloró toda la tarde siguiente en la que Harry Potter se había ido, sonriendo feliz porque había rechazado a otro propasado que quería proponerle matrimonio, abrazarla contento porque había cubierto el primer parto de una de las yeguas a solas. Con Ron vivían una relación tan descabellada como del amor y odio, que le resultaba asombroso darse cuenta que eran mayores, que él estaba aceptando que estaba enamorado, en que ella cantaba añorando el pasado… Y todas esas experiencias se podían ver por los ojos casi traslúcidos, tan sinceros de él.
Toda su historia se podía ver con tan sólo darle una mirada al color azul oscuro de su iris. Un chico tímido y prácticamente ignorado por la familia por ser otro hijo más, un dolor que de a poco se ha ido curando con la ida de los mayores, un dejo de soledad que de a poco va desapareciendo día a día por una chispa de alegría. Y estaba segura que se debía a estar con Hermione.
-Veo mi futuro y está con ella. No hay duda. Veo todo tan claro ahora… Es… evidente. Puedo estar con ella, necesito tenerla a mi lado, quiero que esté conmigo por siempre – finalizó con la voz quebrada y Ginny le apretó la mano infundiéndole ánimos para que no dejara que una confesión tan personal lo dejara sin habla – Y… estoy tan seguro de ello. Es lo que quiero hacer.
-Eso quiere decir… - Dejó escapar una risa y sintió cómo las lágrimas se le agolpaban a los ojos de emoción - ¿Quiere decir que planeas…?
-Cuando dejemos de lado nuestras lágrimas y palabras tan íntimas, me encantaría que me acompañaras al pueblo para comprar un anillo – respondió también riendo.
-Dios mío – musitó llevándose las manos a la cara avergonzada – Nunca creí que fuera tan femenina para llorar de felicidad.
Sabía que si decía algo más rompería en lágrimas, así que abrazó a su hermano con tanta fuerza, que él volvió a reír diciéndole que lo asfixiaría.
OoOoO
Ron había decidido sólo hablar con su padre sobre el tema de pedirle matrimonio a Hermione. Había hablado con él en la mañana, antes de decirle a Ginny. Él le había dado todo su apoyo, diciendo que ella era una muchacha correcta y amable; así que no puso ningún obstáculo y dio su consentimiento para que hiciera lo que quería. En especial, le deseó mucha suerte.
-Me pregunto qué dirá nuestra madre cuando sepa que estás comprometido con Hermione Granger – dijo Ginny comparando los dos anillos en cada una de sus manos – A mí me gusta más este, la piedra es más pequeña, pero tiene algo… absorbente. Es más humilde, pero…
-Sí, podría ser ésa. Aunque no me imagino a Hermione recibiéndolo. Quiero ver el anillo y ver su cara. Ésa es la señal perfecta para saber que es el indicado – asintió volteando el anillo para observar la pequeña piedra incrustada en él – Seguramente se molestara porque no le dije nada, porque tú me ayudaste a escoger el anillo sin su ayuda y… Después se emborrachara de alegría.
-Mira estos de acá no hemos visto – señaló otra zona del mostrador – Vaya, me siento importante por ser la única con papá de saber este gran paso en tu vida.
-Sí, siento cabeza… Ahora sólo faltan los gemelos y tú.
-Estoy bastante segura que los gemelos acabaran viviendo en el sur con nuestro primo Sirius.
-¿Crees que mamá viviría más de dos años sabiendo el estilo de vida que llevarían viviendo con él? – preguntó riendo y señaló dos anillos – Enséñeme el del pequeño diamante verde y el de la amatista, por favor - le pidió al joyero.
La cara del pelirrojo se alumbró al observar el del diamante verde. Era un anillo delgado, de oro fino y con una piedra de tamaño bastante aceptable. Y al sol destellaba rayos verdes. Era hermoso. Un anillo precioso para cualquier mujer que lo recibiera, pero perfecto para a la que decidía dárselo.
-¡Éste! – gritó entusiasmado.
-Buen caballero, lo que mi hermano quiere decir es que éste es el que llevara – dijo Ginny rodando los ojos y el joyero sólo sonrío divertido por la alegría del muchacho - ¿Podría dárnoslo en la mejor cajita que tenga?
-Por supuesto.
Pocos minutos salían de la joyería apresurados. Al menos, Ginny tenía que conseguir ir al paso de su hermano porque él casi corría para llegar a los caballos. Y en la normalidad ella le hubiera lanzado su pequeño bolso de mano en la cabeza para que no anduviera como si el demonio lo persiguiera, pero no era una situación normal. Irían inmediatamente a Netherfield para qué él solicitara una entrevista a solas con Hermione. Así que consumido por los nervios, sus pies aceleraban el paso sin siquiera darse cuenta que parecía estar ya en una maratón. Aún así, ella no lo culpaba. Estaba dando un gran paso en su vida, no podía estar tan tranquilo.
Cabalgaron hasta llegar al pequeño riachuelo del valle, donde Ron descendió de su caballo gris y le preguntó a Ginny cómo debía pedirle matrimonio. Ella bajó con gracia de su corcel café y le acarició detrás de sus diminutas orejas con la mirada pensativa.
-Podría decirte las bobadas que me han dicho, pero ciertamente no creo que debas seguir el ejemplo de mis pretendientes. Por algo los rechace – Chasqueó la lengua mientras sus dedos de enredaban en la larga melena de su caballo – Dile lo que sientes, Ron. No adornes tus palabras con poemas o frases impresionantes. Se tú mismo.
-¿Y si… no me acepta? – Se revolvió las manos incómodo - ¿Y si no le gusta el anillo?
-Si a ella no le gustara, si te rechazara; entonces no sería la mujer de la que te has enamorado. Ella te ama tal cual eres, no por tu dinero, apellido, ni posición social. Hablamos de la mujer que se enamoró de ti, no del anillo de compromiso – repuso con parsimonia.
Con una sonrisa de ánimo se montó en su caballo y dio un par de vueltas esperando a que tuviera un arranque de decisión y volviera a estar tan seguro como antes.
El viaje fue en completo silencio. Ginny iba delante de Ron y cada cierto tiempo se aseguraba que siguiera allí. Podría jurar que sus mejillas se tornaban de un color verde, como si tuviera mareos, y sabía que en cualquier momento podría escaparse argumentando que era un cobarde, que no merecía estar con ella, que era nada en su vida, y otras excusas burdas que eran la representación de sus peores temores, de sus dolores de la infancia cuando era ignorado por la familia por no ser el mejor en algo, como sus hermanos lo eran.
-Te quiero tanto, hermano – le dijo cuando desmontaban frente a la gran mansión. Ron le pasó su caballo a un empleado que vino corriendo a recibirlos y comenzó a respirar hondo – Ahora depende que demuestres que tú, que sólo tú, con tu pelo, tu dinero, tu cuerpo, tus ojos, tu cariño y corazón es el que ve ése futuro. Él es el que está en el futuro del que me hablaste con ella.
-Me alegro de haberte traído. Me animas un poco – le agradeció con una mueca que podría considerarse sonrisa.
-Me contento con ese poco, entonces.
Ya no se maravillaban cada vez que estaban en Netherfield. Últimamente habían pasado varias cenas y almuerzos allí, así que no podían distraerse por las hermosas pinturas del recibidor ni en el mural que decoraba el techo con figuras de ángeles en un bosque. Aunque Ginny siempre se sorprendía de encontrar todo tan limpio y reluciente, como si siempre los habitantes de la mansión hubieran estado allí; los meses de abandono que sufrió con la partida de Hermione no se notaban.
Una criada los invitó a sentarse y fue a llamar a Hermione, quien en pocos minutos apareció en la salita enfundada en un vestido bastante simple, para estar en casa.
-Buenas tardes – saludó acercándose e hizo una leve reverencia – No esperaba verlos hasta mañana, en la cena…
-Pues… Hemos venido… Mi hermano ha venido en un asunto de suma importancia – Ginny miró a Ron sugestivamente.
-De… Desearía tener una audiencia en privado con usted, señorita Granger – le pidió inclinando la cabeza y haciendo una mueca reprobatoria por haber tartamudeado en un principio.
Los ojos de Hermione se abrieron sorprendidos y miró a Ginny como si se estuviera atragantando con un hueso de pollo. La pelirroja sólo sonrió sin decir nada y Hermione extendió su brazo hacía la puerta.
-Claro – asintió rápidamente y se sonrojó – Por aquí, señor Weasley.
Apretando las manos, Ron se salió de la habitación, seguido de Hermione, quien miró a la pelirroja sorprendida por la situación.
Esperó. En aquella sala sólo había un gran reloj de números romanos con un péndulo que se balanceaba con cada segundo. El péndulo emitía un sonido cortante, avallasador al atravesar el aire para ubicarse en cada extremo de su movimiento repetitivo, y lento. Muy lento. Y siguió esperando, concentrándose que sus visualizaciones en donde se escuchaban pasos aislados acercándose a la puerta para después levantar la mirada y ver que aquellos pasos correspondían a él. A la única persona que deseaba ver con tantas ansías como si no lo hubiera tenido la noche pasada a su lado.
Escuchó pasos. Se enderezó en su asiento esperanzada y no pudo evitar suspirar cuando entró la criada con una taza de té y un plato de galletitas. Le preguntó si se le ofrecía algo más, pero negó con la cabeza sin articular palabra.
El té le quemó la garganta y de todas formas lo tragó. Tenía un suave sabor a limón, era rico. Dejó la taza humeante sobre el plato y desvió la mirada a la puerta. Aún esperando que sus pasos se avecinaran.
Seguramente Ron y Hermione ya se abrazaban contentos, ella recibiendo el anillo feliz en su dedo, admirándolo para luego contemplar entre sollozos el rostro de su amado. Y Ron no podría evitar reír, no podría evitar abrazarla y levantarla del suelo para girar reprimiendo gritos de alegría que querría dar. Sus manos en la cintura de ella, el aliento cálido de la muchacha en el cuello de él mientras sólo risas inundan el lugar.
-Hermione Weasley – dijo para sí misma y rió pensando en lo positivo que sería tenerla de cuñada – Y… Ginevra Malfoy – murmuró temiendo que alguien la escuchara.
Pasos. Ella sonrió mientras maldecía que sus mejillas se hubieran teñido de un rojo vivo, aún dándole vueltas en la cabeza cómo sonaba su nombre con el apellido de él. Más pasos. Eran dos personas. La sonrisa no logró desaparecer antes que una melena castaña rebelde apareciera, junto a un pelo rojo.
-¡Estamos comprometidos! – gritó Hermione dejando la boca abierta y tratando de evitar las ganas de llorar - ¡Seremos cuñadas!
-Muchas felicidades – Se puso de pie y fue hasta ellos mirándolos alternadamente – Van a ser tan felices. Se lo merecen.
-Muchas gracias por ayudarme – dijo Ron haciendo un ademán de abrazarla, pero sólo se limitó a cerrar los ojos mientras una gran sonrisa se extendía hasta alcanzar sus pecas. Ginny observó como las manos pequeñas de la castaña estaban bien protegidas por las de él – Gracias por todo.
-No fue nada… Ustedes son los protagonistas de este acontecimiento.
La forma en la que se miraban era tan íntima. Ambos parecían perder con el simple contacto de sus ojos, que Ginny se sintió algo incómoda presenciando aquella muda declaración de amor eterno. Era una digna descripción de una novela, pero de verdadero amor. No la admiración de un caballero a su señora ni de un pastor cantando sus sonetos a una dama; si no que el amor fuera recíproco, que ambos se perdieron en el otro hasta que se alejaban de la realidad para pasar a un mundo creado por ellos mismos.
Tomaron té en Netherfield. La conversación fue preferentemente sobre el matrimonio. Hermione le pediría ayuda a la señora Weasley, a Ginny y a la tía de Luna Lovegood ayuda, ya que la mujer había hecho un trabajo esplendido con el matrimonio de su sobrina. Eso sí, ella sentenció que no quería que su hermanastra participara en la preparación. Ron y Ginny no pudieron estar más de acuerdo. También hablaron de dónde vivirían, en qué lugar se casarían, en qué fecha.
Cuando dispusieron que fuera hora de retirarse, Ginny se atrevió a preguntar sutilmente sobre la ausencia de Draco Malfoy:
-Espero que la noticia sea del agrado de su amigo el señor Malfoy – dijo sonriendo.
-Oh… - Hermione se mordió el labio inferior y bajó la voz – Estoy segura que le alegrara. Necesita una buena noticia, sobre todo en estos días.
-¿Por qué? – preguntó preocupada y se calló de inmediato arrepentida por su efusividad – Si se puede saber, claro está.
-Visitantes indeseables, Ginny. Visitantes con noticias sobre deberes nada deseados – agregó apretando la mano de Ron – La verdad es que dudo que mañana asista al almuerzo en su casa. De todas formas, escribiré cuando sepa si irá.
-Tendría que estar presente en el anuncio oficial de su compromiso – Ginny chasqueó la lengua y rió – En fin. Les daré un momento de privacidad y esperaré afuera a que se despidan. Mis labores de chaperona llegan a su fin.
Vio cómo su hermano se avergonzaba y se retiró con tranquilidad, dejándoles el tiempo a solas que necesitaban para poder vivir su amor en privado.
Mientras caminaba por el pasillo que conducía al recibidor, la muchacha no pudo dejar de preguntarse quién era el visitante indeseado que había causado el disgusto del señor Malfoy. ¿Por qué era tan indeseada?... La imagen de Pansy Parkinson la sacó de sus casillas. Ella efectivamente era una persona indeseada. ¿Y si trataba de convencer al señor Malfoy de algo?
OoOoO
Sentía que desentonaba evidentemente en su casa. La risa de su madre, el discurso de su padre al proponer un brindis por la futura unión conyugal, las canciones de los gemelos mientras daban vueltas alrededor de la pareja molestándoles por el tiempo que se llevaron en formalizar la relación, las felicitaciones de los empleados y criadas a Ron y a Hermione por la buena nueva. Sólo ella sonreía como una estatua, controlando las ganas que tenían sus piernas de correr y perderse en la espesura de la noche hasta llegar a su árbol favorito.
Él no había asistido tal como Hermione había pronosticado. Aún la elegante letra de la castaña le perforaba la cabeza al leer que él no iría a almorzar porque tenía otros compromisos. ¿Y de qué clase? Salir con una dama que haya conocido en el pueblo, quizás dar una vuelta por allí con el visitante indeseado, quedarse en casa leyendo un estúpido libro junto a alguien… ¿Por qué no había venido?
Pero lo peor de todo es que la mirada culpable y devastadora de Hermione al confirmar al haber llegado aquel día que su amigo no vendría, la hizo preguntarse tantas cosas como nunca había hecho en su vida. ¿Acaso el que no venga tiene que estar relacionado con ella? Porque esa mirada quería decir algo más. Algo que la unía al hecho que él "tuviera otros compromisos para venir al almuerzo, por lo que me disculpo por su ausencia", como había expresado ella en su carta. Ella no significaba nada en su vida. Ya no era nada; así que no tendría que ser la razón para que él no fuera.
El almuerzo no fue sólo un almuerzo, se extendió hasta la hora del té y la cena. Hermione se divirtió mucho pasando la mayoría de la jornada en La Madriguera conversando, riendo, jugando cartas con los gemelos y ganándoles por primera vez después de aprender qué trampas usaban, viendo el funcionamiento de las cosechas y animales.
Por lo que no tuvo otra opción que aparentar estar feliz, comportarse normal; leer uno que otro libro, conversar con la castaña, ayudar en la cocina. No podía retirarse a su cuarto porque si no, sabrían que algo andaba mal. Hermione sabría quién exactamente la razón por la cual necesitaba estar a solas.
Una vez que Hermione se fue, Ginny suspiró cansinamente. Cerró la cortina viendo como el coche de la muchacha se perdía a la lejanía y la perspectiva de encerrarse en su cuarto era alentadora.
-Nunca creí que me sintiera que podría saltar y alcanzar el cielo de felicidad – dijo Ron entrando al salón y se lanzó en el sofá riendo - ¡Este día ha sido el mejor de mi vida!
-Supuse que el mejor había sido ayer, cuando le pediste matrimonio – comentó ella girándose para mirarlo.
-… Y me contó todo. Había sido envenenada por los asquerosos comentarios de su hermanastra. Ella le dijo que debería estar bromeando para pensar que si le pedía matrimonio, ella aceptara. Se la llevó lejos y nunca supo que estuve en Londres. Quisieron que no supiéramos noticias del otro creyendo que eso sería capaz de separarnos – siguió hablando como si ella no hubiera dicho nada.
-Al fin te das cuenta de la realidad. Te lo repetí hasta el cansancio – Caminó y le hizo cariño en el pelo – Me iré a acostar. Nos vemos.
-¡La amo, Ginny, la amo!
Subió las escaleras sintiéndose más cansada de lo habitual e ignoró a los gemelos que le gritaban desde abajo que fuera para enseñarle un nuevo truco para que una persona se cayera al pasar una puerta.
Al escuchar como el cerrojo de su puerta emitía un débil crujido al cerrarse, dejó que su espalda cayera por ella mientras su cara se contorsionaba en una mueca de desentendimiento.
No entendía lo que ocurría. No entendía su ausencia, el hecho que ella tuviera que estar involucrada también; tampoco entendía por qué se sentía tan decepcionada con no verlo en dos días. Dos míseros días, cuando habían estado apartados por meses. Tampoco entendía por qué su corazón latía rápido, pero triste, sin ganas de seguir trabajando. No quería sentirse así. No deseaba llorar por algo tan pequeño, tan poco trascendental para el mundo como que Draco Malfoy estaba ausente. Había otras preocupaciones más importantes tales como en matrimonio de su hermano y Hermione. Pero ella no podía pensar en ellos, sólo tenía cabeza para recordar cada palabra, cada mirada que se habían otorgado.
Estaba perdida y locamente enamorada. Tanto que cada día se ahogaba más en ese mar de dudas, tristeza, alegría, angustia, despecho, esperanza, dolor, fantasías, satisfacción, deseo, rabia y más sentimientos contrastantes que no podía dilucidar; en ese mar que se hacía más hondo y grande con el pasar de los días, transformándose en un océano en donde no podía nadar, en un océano que la absorbía hasta perder todos sus sentidos pensando sólo en él. En el amor que sentía por él.
Sin saber cómo se despejó de sus vestidos para tener puesto su camisón de dormir. Se sentó en la cama observando la noche a través de su ventana, con la precaria luz que le daba su lamparita de aceite.
¿Por qué la primera vez que amaba a alguien era tan fuerte? Estaba perdida, hundida, ahogada en aquel sentimiento poderoso.
Las herraduras de caballos pisoteando la tierra la sacaron de sus cavilaciones. Se levantó para ver que un carruaje tirado por cinco caballos negros se acercaba por el camino espolvoreando tanta tierra como nunca había visto. Era extraño que a esa hora alguien transitara por allí, porque las demás casas se encontraban hacía la otra dirección, por lo que no se sorprendió mucho al ver que se detenía fuera de la reja porque no cabía para entrar en los terrenos de La Madriguera.
Sin siquiera ajustarse unos zapatos, salió de su habitación sabiendo perfectamente que la llegada del gran carruaje no había pasado desapercibida para nadie. Cuando ya iba por el segundo escalón, vio que los gemelos salían de su cuarto para seguirla con la misma intención de averiguar quién era.
La puerta sonó estruendosamente, golpe tras golpe. Ginny se detuvo en el último escalón un poco asustada y Fred le puso una mano en el hombro para confortarla. George pasó por su lado, yendo a la cocina para llamar a su madre, que salió enseguida escandalizada por los golpes.
Volvieron a tocar y ésta vez más fuerte. Ron salió de la sala donde debía haberse quedado acostado en el sofá hasta ese momento y su padre apareció del despacho preguntando qué era todo ese alboroto.
El señor Weasley se acomodó los lentes antes de abrir la puerta con lentitud, cerciorándose que no había peligro. Aunque pareciera que lo fuera, porque se apartó casi al instante de ver quién era la persona que llamaba desesperadamente. Y Ginny comprendió que se había apartado de sorpresa, porque un rostro tan asqueroso no podía ser bienvenido a esas horas de la noche.
-Buenas noches – saludó la mujer entrando sin esperar a que la invitaran a pasar y todos hicieron una reverencia atropellada. Todos menos Ginny – Buenas noches, señorita Weasley.
Los ojos pequeños en aquella cara chata, con apariencia de un anfibio que había mutado hasta transformarse en una mujer baja, regordeta y vestida de un rosa minucioso, la escrutaban con desdén. Una mueca desdeñosa se dibujó en sus labios alargados y finos, al comprobar que la pelirroja no hacía una reverencia como su familia. La sola idea de agachar la cabeza, encorvarse para recibir a una mujer despreciable como ella la enfermaba.
-Supongo que es toda la familia presente – comentó para decir algo.
-Sí, nuestros otros tres hijos viven fuera del pueblo con sus esposas – dijo la señora Weasley entrecerrando los ojos molesta por la actitud de la mujer.
-Tienen un gran terreno sin aprovechar. Deberían plantar algo más… acaparador – Su mirada afilada pasó a los gemelos, a quienes sólo miró como si fueran humanos reprobables – Me gustaría hablar con la señora Weasley. A solas – añadió sin ningún deje de cordialidad, sin asombrar a la muchacha.
-¿Para qué? – preguntó el señor Weasley frunciendo el ceño.
-Un asunto de importancia – respondió secamente.
-No te preocupes, papá – le dijo Ginny soltándose de la mano protectora de Fred y bajó de un salto el escalón – Sígame.
Las miradas confusas y recriminadoras de su familia le punzaron la nuca cuando les daba la espalda para señalar el salón contiguo al recibidor. No pudo quitar la mirada de Lady Umbridge hasta que ésta hubiera entrado y cerró la puerta viendo la expresión grave de su madre.
Era bastante inverosímil la visión de ver a esa mujer vestida de rosa estricto de pie en medio del salón donde pasaba momentos divertidos con su familia. Ella era todo lo opuesto a los recuerdos de risas y conversaciones infinitas que evocaba ese lugar de la casa.
-Seré bastante directa, señorita Weasley. He venido a visitar a mi sobrino, por lo que ya sabe la razón por la cual he venido – anunció con voz solemne, tratando de buscar un autocontrol inexistente.
-Sería una gran mentira decirle que estoy enterada, así que, por favor, hágame el placer de decirme el honor de su visita tan de noche en esta humilde casa – dijo soltando la ironía de las últimas palabras.
-¡Qué infamia tiene la de hacerse la no enterada! Hace pocos días me llegó un alarmante informe donde se vinculaba a mi sobrino Draco Malfoy con usted en el santo vínculo del matrimonio – explicó chillando, haciendo que Ginny crispara su boca con dolor por el alto timbre de voz de la mujer – Es por eso que estoy en su casa para oír que son afirmaciones erróneas. Francamente, es imposible que las tierras de los Malfoy, la casa ancestral de los Black se ensucien con personas de su linaje.
-¿Entonces qué quiere que le diga?
-¡Que no es cierto, que usted no está comprometida con mi sobrino! – soltó mientras todo su cuerpo temblaba de rabia.
Su respiración se hizo más lenta a medida que su cuerpo se ponía rígido ante las palabras de aquella señora.
-Ha declarado que es imposible que manche las tierras de su sobrino, así que ya ha oído lo que quiere creer – respondió seriamente.
-No se burle de mí, niña malcriada – replicó enarcando las cejas, produciendo que más arrugas se le formaran en la frente – Es intolerable que se comporte de esta manera… Dígame de una vez por todas si usted corrió el rumor que mi sobrino le pidió matrimonio.
-¿Cómo voy a hablar de algo que prácticamente es imposible para los ojos de una dama como usted?
-¡Suficiente! – Golpeó la pequeña mesa de la esquina para imponer un poco el orden. Lo único que se ganó fue una sonrisa burlona de la pelirroja, que le seguiría el juego hasta que se diera cuenta que no obtendría nada de lo que quería saber - ¿Es cierto que está comprometida con mi sobrino?
La imagen del señor Malfoy irrumpiendo en su habitación en la casa de Neville y Luna se hizo borrosa. Su declaración ruda, donde hablaba de ir en contra de sus expectativas familiares y otros factores, que ciertamente no eran para nada adecuados en una confesión romántica, parecía haber sucedido sólo ayer. Y ella llorando enojada, echándole en cara que lo odiaba, que sería el último hombre con el que podría casarse; la hicieron tambalear sintiéndose mareada.
Un gran dolor en su pecho se extendió hasta hacer que sus ojos se llenaran de lágrimas.
-No es cierto – respondió como si las palabras le dolieran en lo más profundo de su alma.
La sonrisa perversa de alegría que se abrió en su rostro la hizo estremecerse al pensar que sacaría su lengua para comer una mosca. Se veía tan repugnante.
-Me alegro de saber que fue una mentira. Mi sobrino está comprometido con mi hija desde siempre. Tuve un acuerdo con sus padres para asegurar el futuro de ambos, por lo que nadie ni nada podrá interferir en que mi hija se convierta en una Malfoy y sea dueña de las tierras de Derbyshire – habló con tanto orgullo, que Ginny se asqueó del pensar que esa mujer sólo quería que su hija estuviera con el señor Malfoy para sacar el prestigio y el dinero de pertenecer a la familia heredera de los Black – En ese caso… - Fijó nuevamente su mirada acusadora en ella – Júreme que nunca va a comprometerse con mi sobrino.
-Los juramentos se hacen sólo a Dios, por lo que me parece imposible-
-¡Deje de burlarse de mí, insolente! Prométame que jamás se comprometerá con Draco Malfoy.
-Jamás le prometeré algo semejante. No podría prometerle eso – Su garganta tiritó al decir la última frase. Se movió, caminando hacia la puerta – Ya me interrogo lo suficiente. Ahora si me disculpa, ha sido un día agotador y desearía poder dormir un poco.
-¿Me está echando? – Arrugó la nariz y frunció el ceño - ¿Cree usted, una jovencita con una familia simplona y poco refinada, con una prima que causó un escandaloso matrimonio y sin un centavo, tiene la osadía de correr a Lady Umbridge? – Esta conversación termina cuando yo lo ordene – sentenció dando una patada al suelo, haciendo que las florituras rosas del vestido ondearan a pesar de la ausencia de viento.
Había sido suficiente.
-¡Esta es mi casa y si yo ordeno que se vaya, se va! – gritó encolerizada – Me ha insultado de todas las maneras posibles, me ha puesto en ridículo y mira como si fueran esclavos a mi familia. La verdad es que me he decepcionado que una dama de tanta alcurnia como usted sea la viva demostración de una mujer criada con los modales de un puerco.
-Si cree que-
-¡No gaste sus palabras porque ya no las escucharé! – Abrió la puerta de un golpe y aparecieron los gemelos agachados en el umbral, Ron un poco más arriba encorvado y sus padres de pie con los oídos en dirección a la puerta - ¡Váyase ahora mismo, llévese su carruaje y su maldito informe!
-No puedo creer que me trate de esta manera – Apretó los puños y sus mejillas se pusieron más rojas de lo que estaban. Dejó soltar un ruidito de desdén al mirar por última vez el salón y apartó sin mucha elegancia.
Se fue dando un portazo a la puerta principal, produciendo que los gallos cacarearán asustados y un perro comenzó a aullar histérico.
Los gemelos fueron los primeros en entrar preguntándole mil cosas por segundo. La mano de Ron en su hombro se sentía casi transparente; al igual que la voz preocupada de su madre exigiendo respuestas de lo que había oído. Sólo pudo comprender que todos querían saber qué significaba que ella supuestamente estuviera comprometida con el señor Malfoy.
Ella era la visitante indeseada en Netherfield que había hecho que él no hubiera estado en su presencia. Lo había acosado con preguntas, lo había tratado de convencer que debería alejarse de ella y de paso debería haberse escandalizado que Hermione Granger, de importante familia, fuera a casarse con uno de su familia. Por eso Hermione la miraba con culpa. Porque Lady Umbridge sabía que él había estado interesado en ella, que él había estado dispuesto a mandar por la borda las aspiraciones impuestas por su familia de casarse con la hija de Umbridge; él estaba arriesgando mucho por ella, por una simple chica de un pueblo pequeño, que rechazaba a cada pretendiente por la creencia del amor verdadero.
Sintió que volvía a caer en un precipicio sin retorno. Que nada la podía sostener, que ninguna mano la sostendría en su caída lenta y gradual; una caída que llenaba su pecho de un dolor espantoso, secaba su boca, hacía que su corazón latiera más rápido, su vista se nublara y sus ojos no pudieran contener las lágrimas que brotaban de ellos.
-Déjenme tranquila – pidió con un hilo de voz. Nuevas preguntas, que cómo estaba, por qué lloraba, si estaba bien, que por qué lloraba por esa cara de rana, si lloraba por Malfoy, si necesitaba un poco de agua - ¡Sólo necesito que por única vez en mi vida me dejen en paz! – chilló apartando a manotazos a sus hermanos.
Como si tuviera un poder sobrenatural, le dejaron un espacio para poder irse. Subió la escalera sin mirar atrás, limpiándose las lágrimas de rabia y deseando que todo dejara de dar vueltas, que dejara de caer; estaba mareada, todo se nublaba, sus ojos no podían enfocar bien. Y la última vez que había ocurrido algo así, había sido después que Malfoy se le había declarado, y ella perdió la consciencia. No quería desmayarse, no quería sentir mal por algo que era cierto: No estaba comprometida con él y sabría que nunca lo estaría.
Se acostó en su cama sin taparse con las sábanas y presionó su rostro en la almohada. Las lágrimas bañaron la suave tela hasta que quedó húmeda y pegajosa al tacto de sus mejillas y nariz. Cerró los ojos. Controló su respiración de tal manera que cualquiera que entrara la diera por dormida, relajó su cuerpo para calmar un poco la tensión de sus músculos. Pero aunque pudiera controlarse y fuera una gran actriz y fingir que dormía, no podía dominar las lágrimas que seguían bañando la almohada.
Y no pudo domarlas hasta varias horas después.
(1): Locus amoenuses un tópico literario (y un tópico literario es un estilo de escritura que se usaba principalmente en la Edad Media y principios del Renacimiento). Los relatos con éste tópico inserto, siempre narran una historia situada en un lugar muy ameno; árboles verdes, cerros, colinas, flores, mariposas, un río abundante. En general haciendo una alusión al paraíso que puede encontrarse en el planeta, y tan sólo hay que buscarlo para darse cuenta que la vida no es tan miserable como muchas veces se cree.
(2): La melodía que canta Ginny es "Claire de Lune" del compositor francés Debussy. Es una desfachatez que la cante, ya que él nació muchos años después de la época donde se sitúa la historia, pero es que adoro esa canción. La elegí porque siempre me inspira alegría y algo de melancolía. Además que es muy nombrada en el libro "Crepúsculo" de Stephenie Meyer, así que no me pareció una locura.
