Olóoo! Les dejo un capítulo más :) Muchas muchas gracias por sus reviews y favorites, me hacen sentir más ganas de escribir :D Ya hay otro one shot que postearé acabando ésta historia, y está en realización un three-shot que (no es por que yo lo haya hecho) está muy bueno ;)
En fin,disfrúten! Nos leemos en el próximo.


Capítulo 14: Complicaciones.

El último día de clases, gracias a Merlín, al fin había llegado.
El Sol de Junio brillaba de una manera espectacular sobre el lago, arrancándole destellos que le daban un aire etéreo, los pájaros trinaban alegremente…y ni siquiera el silencio de mi hermana lograba alegrarme.
Zabini, mi hermana y yo estábamos sentados al pie de un roble a la orilla del lago.

- ¿A qué hora es la ceremonia de graduación? – preguntó mi hermana, recargada en el hombro de Zabini. Poco después de los ÉXTASIS, se habían hecho novios.

- A las 12 en el Gran Comedor... Ya te lo había dicho hace cinco minutos. – le murmuró Zabini, medio adormilado.

- Ya no recordaba.

- Es porque eres una cabeza hueca. – le dije, cortante.

Mi hermana me miró, molesta.

- ¿Qué es lo que te ocurre, Asty? Estás muy irritable.

- Cállate. – le escupí mientras me levantaba y me dirigía hacia la entrada del castillo, sin ganas de seguir escuchando a mi hermana.

Tres meses antes, Draco me había dicho algo que me había tenido sumamente nerviosa desde entonces. Nerviosa e irritable, como mi hermana me había dicho instantes antes.
Llegué a la Sala Común y con pasos apurados, entré a mi dormitorio. Comencé a revolver en mi baúl, y después de unos instantes me senté en la cama, escondiendo el rostro entre las manos.
Mi idea era cambiarle el color y un poco el diseño a mi vestido de noche, pero había un gran problema. No tenía ni la más mínima idea de cómo o porqué, pero mi vestido de noche había desaparecido. No estaba ni en mi baúl ni en el de mi hermana, los cuales había estado revolviendo como loca histérica desde el día anterior. Simplemente no estaba.
Y por lo tanto, no tenía que ponerme para esa noche. Me vino a la mente el recuerdo de aquella tarde después del examen.

...

- Tengo una idea…Verás...Después de la graduación, mis padres darán una fiesta en la mansión, para toda la casa Slytherin y sus familias porque nos graduamos. Obviamente, tú vendrás como mi pareja.

- Vaya. No me lo preguntaste nunca. Y no iré si no lo haces.

-Draco me miró con los ojos entrecerrados. Levanté el mentón, desafiándolo.

- …Por todos los cielos, Astoria. ¿Por qué eres tan difícil?

Lo miré duramente.

- …¿Quieres ser mi pareja en la fiesta de mis padres?

- Déjame pensar…No.

El rostro de Draco se contrajo en un rictus de desconcierto.

- No seas tonto. Por supuesto que sí. – le sonreí. El gesto extraño desapareció y dio paso a su acostumbrada sonrisa exclusiva para mí.

- Bien. Porque además, te tengo que pedir otra cosa…

- Dime. Soy muy accesible si lo pides así de bien.

- Quiero conocer a tus padres…

Abrí la boca, sorprendida.

- …Y quiero que conozcas a los míos, como mi…como mi… - murmuró algo que no entendí.

- …¿Cómo tu qué?

- …Como mi novia, como mi novia…

...

- Maldición. Maldición… - sollocé. Me sentía como se debía de sentir la comadreja cuando fue el baile de Navidad de cuarto año y llevó puesta esa túnica espeluznante.

Miré con furia mi baúl, y traté de hacer memoria de algún vestido lindo que tuviera en mi casa. Pero ninguno parecía estar a la altura de la ocasión.

- Iremos de compras, Asty. No te apures. – sonó la voz de mi hermana desde la entrada. –Ahora tenemos que apurarnos para la ceremonia de graduación.

Asentí con la cabeza mientras me levantaba y tomaba mi túnica de gala. Ya habría tiempo de suicidarse más tarde.

...

La graduación fue suntuosa. Después de un discurso de McGonagall, la nueva directora, llegó la ceremonia de premiación a todos los alumnos destacados.

- Pfff… - gruñó Malfoy al ver a Granger pasar por su medalla de Premio Anual.

Sin embargo, a la hora de que lo nombraron para que recogiera su medalla de alumno destacado, su malhumor se disipó y sonrió son presunción. Noté que al pasar al frente, miró hacia el fondo del Salón, y sonrió aún más. Me giré para ver.
Lucius Malfoy y su mujer, Narcissa, estaban sonriéndole. Al lado de ellos, una bruja de lacio cabello rojizo y ojos verde claro le tomaba la mano a un mago de rizado cabello castaño oscuro, con ojos verde esmeralda.
Dafne y Rigel Greengrass. Mis padres. ¿Qué diablos hacían al lado de los Malfoy?

- Greengrass Avery, Astoria.

Entre los aplausos, me levanté confundida a recibir mi reconocimiento.

- ¿No esperabas el premio, Astoria? – murmuró Draco, parado a mi lado.

- No es eso. Es que ellos…-me detuve en seco a la mitad de la oración y volteé a ver a Draco. Él evitó mi mirada -…¡Tú les dijiste a ellos que vinieran!

- Pensé que no habría diferencia entre que los conociera más tarde o los conociera ahorita.

- ¡No estoy lista psicológicamente! – murmuré, aterrada.

- ¿Para que yo conozca a tus padres?

- ¡No! – gruñí - ¡Para que yo conozca a los tuyos!

Draco soltó una risita.

...

- ¡Draco! – dijo su madre al abrazarlo entre el caos de familias llorosas y alumnos recién graduados – Estoy tan orgullosa de ti.

- Gracias madre.

- Bien hecho, Draco. – le dijo su padre, dedicándole una sonrisa. Draco simplemente le sonrió.

- Padre, madre, quiero presentarles a Ast…

- Dafne Greengrass. Mucho gusto.

Draco volteó y la miró desconcertado. Dafne, de pie en donde se suponía que segundos antes estaba Astoria, le sonrió débilmente.

- Parece que mi hija menor es algo escurridiza…- musitó la bruja de cabello rojizo, Dafne Greengrass, algo apenada.

- Este…Me dijo que la disculparan, se sentía algo mal y aún no encontraba su…Su libro de pociones. – inventó su hija de idéntico nombre.

Draco sólo le dedicó una mirada de escepticismo.

- Está bien. Mientras contemos con ella y con todos ustedes hoy en la noche no hay problema. – respondió Narcissa, dirigiéndose a Dafne y los señores Greengrass.

- Ahí estaremos. – dijo firmemente Rigel Greengrass.

...

- Malfoy casi me mata.

- Lo siento Daf, lo sé. Simplemente no podía aparecerme todavía frente a ellos…Te debo una.

- Y no me deberás otra: no te compraré tu vestido, siempre escoges los más caros…

Pero después de horas de búsqueda, tuvimos que aparecernos en la entrada de la Mansión Malfoy con las manos vacías.

- Quizá si hubiéramos buscado un poco más, Dafne, no me tendrías que prestar un estúpido harapo tuyo.

Mi hermana giró los ojos, acostumbrada ya a mis crueldades cuando estaba enojada. Hizo una señal con la varita, y las pesadas rejas de metal cedieron ante nosotros como si fueran de humo. La miré mientras caminábamos hacia a la mansión.

- ¿Cómo sabías que…?

- Me dijo Malfoy. – cortó mi hermana con un tono que me indicó que no debía hacerle más preguntas.

Llegamos a la puerta de entrada. Mi hermana pulsó el timbre, y casi automáticamente la puerta se abrió, dejando salir un rumor de conversaciones animadas y ruidos de platos y objetos que se movían apuradamente.

- Pensé que no llegarían – dijo Draco haciéndose a un lado para que pasáramos – ya faltan poco para que dé inicio la fiesta.

- Tu novia se negaba a regresar sin un vestido – mi hermana se encogió de hombros mientras yo la miraba furiosa – para el caso, no encontramos ninguno que le gustara. Le prestaré uno de los míos.

Draco me miró. Le gruñí.

- Tú te ves bien con lo que sea, Astoria. – dijo mientras me abrazaba por la cintura.

- Sí, claro…iré a ver que encuentro en el maravilloso baúl de mi hermana.

Sin ganas de hablar más, me zafé de su abrazo y me dirigí hacia las habitaciones.
Mi hermana me había dicho que habían metido nuestras cosas en las dos primeras habitaciones del pasillo principal. Pero esa casa estaba tan grande que me sentía perdida. Cuando al fin llegué, empujé la puerta, más molesta que antes. Alguien debía de dar un mapa a los que van a esa Mansión por primera vez.
La habitación, totalmente decorada en acabados de madera y piedra, era increíblemente acogedora. Vi mi baúl descansando al pie de una cama enorme.
Y sobre él, mí vestido de noche.
Lancé un bufido de furia: ¡mi hermana me las iba a pagar!
Justo en ese momento noté una enorme caja blanca sobre la cama. Me extrañó: seguramente esto era de alguien más. Pero al ver una tarjeta con mi nombre escrito en una elaborada caligrafía que se me hizo muy conocida, sobre la caja, mi corazón dio un vuelco. Tomé la tarjeta y leí el otro lado.

sta noche quiero que sea perfecta para ti. Y qué mejor que dándote éste pequeño detalle, que no es nada comparado con todo lo que te mereces. Sin embargo, no es verde, ni plata, ni negro porque supuse que todas llevarían ese color. Y tú no eres como todas. Tú eres diferente, incluso en la forma en que caminas.

Draco.

P.d. : La idea de esconder el vestido fue de Dafne, yo no tuve nada que ver."

Solté otro bufido. Ese par me las pagaría.
Pero al levantar la tapa de la caja, todos mis deseos de venganza se evaporaron en el aire.
La suave seda desprendió un destello que me hechizó. Tomé delicadamente el vestido y lo saqué de la caja.

El largo vestido de tirantes tenía un color entre marfil y sepia claro que jamás había visto en un vestido. Otros dos tirantes caían suavemente sobre los hombros. Del abdomen se abrían dos líneas hacia ambos lados de la cadera que creaban un efecto de que el vestido era de dos piezas en vez de una. En toda la falda tenía adornos de flores y delicadas ramas, y de la cadera hacia arriba tenía intrincados dibujos garigoleados.
…Todos éstos adornos hechos completamente de pequeñas piedrecillas que lanzaban sus destellos a mis ojos. Me acerqué para verlas mejor, y me di cuenta de lo que eran. Solté un bufido.
Diamantes. Muchos, muchos diamantes.
Malfoy se había lucido ésta vez. Era hermoso. Simplemente hermoso.
Volteé otra vez hacia la caja y encontré que había otras dos cajas más pequeñas dentro de ella. Tomé la más cercana a mí: contenía unas zapatillas del mismo color del vestido, decoradas con las mismas "piedrecillas". Miré la otra caja con expectación, y me lancé sobre ella. Ésta guardaba unos aretes de diamantes y un anillo a juego descansando sobre la seda negra. Y entre ellos, una cadena adornada con pequeños diamantes, vacía.
Comprendiendo, tomé mi dije de serpiente del listón de mi cuello y lo coloqué en la hermosa cadena.

Ahora, me tenía que apurar. La fiesta no tardaba en comenzar.