Capítulo XIII

Arnold respiró profundamente cuando vio su maleta ser aceptada y enviada por la cinta de transporte. Sin poder evitarlo, regresó a ver a Gretel, con una sonrisa triunfal, pero la chica se encogió de hombros, aferrada a la mano de Lila. Aun así era una victoria para el chico. La noche anterior, la alemana se había metido con su maleta y la había desarmado exigiendo que desempacara toda su ropa y zapatos deportivos. Helga le había explicado que Gretel tenía la manía de vestir a las personas como deseaba cuando decidían vivir en su casa y un claro ejemplo era que Helga no estaba llevando ningún equipaje más que un pequeño bolso de mano con su laptop y un cuaderno. Después de todo, Ella tenía su propia ropa allá. Pero Arnold se había negado a dejarse manipular por la alemana y había vuelto a guardar sus convers, sus camisetas y jeans cómodos. Hasta había escondido la maleta y por fin estaba lejos de las garras de Gretel.

- Yo no diré nada, ella hizo mi equipaje. –apuntó Will.

- Igual yo. –se encogió de hombros Lila.

- Ustedes están bajo su influencia. –Arnold negó con fuerza- No soy un muñeco.

- Por ahora… -ronroneó la alemana cerca del rostro del chico, dirigiéndose hacia la aduana, mientras se estiraba con pereza- Dos horas antes por ser vuelo internacional….

- Además de siete horas de vuelo, con una escala en Ámsterdam por tres horas y otra hora hasta Berlín… -continuó Helga, observando su pasaje de avión- Por suerte el vuelo es en la tarde, podremos dormir cuando abordemos.

- Yo no creo poder dormir. –Lila sonrió ampliamente- Va a ser la primera vez que suba a un avión.

- Te aseguro que después de las primeras horas vas a agradecer que exista entretenimiento abordo y puedas ver películas o series… -susurró Helga, acostumbrada ya al viaje y lo tedioso que era estar tanto tiempo en un espacio tan pequeño.

Después de pasar los controles, llegaron al pequeño centro comercial interno del aeropuerto. Will, Arnold y Helga prefirieron quedarse esperando en la zona de abordaje después de dar un pequeño paseo, pero Lila y Gretel se quedaron en las variadas tiendas que enganchaba a turistas y locales por igual. Por unos minutos el silencio se acentuó entre los chicos hasta que Arnold comenzó a reír con fuerza, sin poder creerlo.

- ¿Qué…? –Helga enmarcó una ceja, extrañada.

Arnold animó a Will para que se acercara y poder enseñarle a los dos lo que mostraba su celular. Ahí se podía ver el célebre foro de la preparatoria, específicamente la sección para los chicos. En ese momento estaba en un tema sobre a qué belleza extrañarían más. El chico señaló un comentario anónimo y volvió a reír abiertamente.

"Definitivamente yo extrañaré a Helga Pataki de entre todas las novatas. Ella es como una Reina del Mal. Mi Ama con una lengua de látigo"

Lo más interesante era ver cuanta gente apoyaba el comentario. Will soltó una carcajada atronadora que llamó la atención de varias personas y Helga se apartó como si el celular fuese a comerla.

- ¿Qué demonios…?

- Ama –recalcó Arnold y luego negó- Y por sobre todo: Reina del Mal.

- Alguien ha leído demasiadas novelas BDSM. –susurró la rubia, con los ojos completamente abiertos.

- Lo siento, Pataki. –Will negó con fuerza- Pero va a ser difícil no imaginarte en corsé, botas de aguja y látigo. Todo en negro, sin ofender, novato.

- Imposible tomármelo a mal, ese comentario ya hizo que todos imaginaran a mi novia de esa manera ¿Qué puedo hacer? –el chico soltó una carcajada- Tal vez llamarla Ama. No puedo creerlo…

- Siempre me consideré más una Diosa a la que se le adora. –gruñó Helga- Simples mortales ¡Bajarme al nivel de una Ama o Reina!

- Ahora resulta que tu novia se ha imaginado en escenarios BDSM. –susurró Will, lo suficientemente alto para que Helga oyera.

- Tal vez debo comenzar a leer esas novelas para saber lo que me espera. –bromeó Arnold, sin poder ocultar su risa.

- ¡Alevoso! –acusó Helga, cruzándose de brazos- ¡Los dos!

- Me voy unos minutos ¿Y se te está sublevando el pueblo? –la voz de Gretel los hizo levantar la mirada y cortar temporalmente sus bromas.

Esta vez fue Helga quien soltó una carcajada y se levantó rápidamente, intentando quitarle a su prima el lanudo sombrero gris que tenía puesto.

- ¡No! –la alemana esquivó a Helga y dio un par de saltos hacia atrás- ¡Cómprate el tuyo! ¡Este es mío!

Arnold no perdió momento, dado que ya tenía el celular en la mano le tomó una foto a Lila y otra a Gretel. Por un lado sería un buen recuerdo para que sus padres vieran, por otro, sería divertido molestarlas en el futuro con eso. La pelirroja tenía un gorro afelpado blanco con orejas de conejo que se levantaban unos centímetros. Por otro lado, la alemana llevaba un gorro gris que cubría ligeramente su cabello hasta debajo de los hombros con afiladas orejas de lobo.

- Te voy a cobrar las fotos. –gruñó la chica, volviendo a esquivar a Helga- ¡Ya! –sacó de su bolso un gorro idéntico- Ahí tienes.

- Ya decía yo que no te olvidaste de ti. –comentó victoriosa, poniéndose el gorro en un impulso de puro júbilo festivo- ¿Qué tal me…? –parpadeó extrañada- ¿Will?

Arnold detuvo la foto que iba a tomarle a Helga y regresó a ver al repentinamente silencioso pelirrojo. Y para sorpresa de todos, el chico estaba completamente rojo, sus ojos paseaban de Lila a Gretel a gran velocidad y su respiración era pesada. La alemana enmarcó una ceja hasta que una afilada sonrisa se formó en sus labios y sin ningún pudor abrazó por el costado a Lila, atrayéndola a ella y apoyando su rostro contra el de su novia, sin quitar sus ojos de encima del pelirrojo.

Will se levantó de su cómodo asiento y se acercó rápidamente a Gretel, señalándola con su dedo índice.

- Juegas sucio. –murmuró, antes de apartarse del grupo.

- ¿Will…? –Lila se soltó de la alemana e intentó ir atrás de él, pero Helga la sostuvo, mientras Gretel comenzó a reír burlonamente.

- ¿Qué hiciste? –preguntó Arnold, levantándose a la par.

- Lo juro, no fue apropósito. Los sombreros fueron idea de Lila, eso demuestra mi total inocencia. –pero la chica seguía riendo.

- ¿Qué pasó…? –la pelirroja se quitó el gorro, mirándolo con curiosidad- Pensé que eran lindos…

- Lo son. –le animó Arnold y regresó a ver a su cuñada- ¿Y bien…?

- A Will le gusta el furry… Le van las chicas con orejas, cola, tú sabes… -miró a Lila- Creo que cuando nos vio su imaginación fue muy…. Muy lejos y muy… muy explícita.

La pelirroja se sonrojó sorpresivamente y comenzó a negar, cubriéndose el rostro. Gretel no pudo evitar reír, abrazando a su novia para que no huyera en dirección contraria. Helga solo se quitó el sombrero, consciente que Will ni siquiera le había dado una mirada pero aun así creyendo que sería justo mantenerlo guardado.

- Mala… -acusó Arnold- Dale un respiro…

- Él dijo que iba a aprovechar este viaje para conocer chicas. –se defendió la alemana, cruzándose de brazos- Si va a desahogarse ¿Qué mejor que darle razones para hacerlo? –y giró su rostro.

El chico negó en silencio, tomando un minuto de silencio por el pobre de Will y lo tendría que soportar esas vacaciones.

- No arrastres a Lila en tus cosas. –apuntó Helga, volviendo a su asiento- Que tú estés celosa de Will no significa que debas aprovecharte del afecto que tiene él hacia Lila y usarla en su contra… -pero detuvo su regaño al notar que la pelirroja miraba hacia un lado, torciendo ligeramente el gorro entre sus dedos- No puede ser… ¡Lila! –regañó con más ímpetu- ¿Tú también?

- ¿Yo qué? –jadeó la chica, abriendo sus ojos con sorpresa, pero sin dejar de maltratar el gorro entre sus dedos.

- ¡Tú también estas celosa de Will! –acusó, señalándola abiertamente- Oh… -entrecerró los ojos- por eso no has detenido a Gretel.

- ¡No es verdad! –la chica se sonrojó abiertamente y apartó la mirada- Bueno… admito que no me agradaba Charity… pero obviamente no tengo ningún derecho sobre Will… y… yo no me meto en la relación de Gretel y Will… si ella cree que es lo correcto… yo… yo…

Arnold se masajeó el entrecejo, lanzándole una rápida mirada a Helga.

- No la regañes, tú también te pusiste celosa de Charity cuando creíste que estaba toda encima de tu amigo. Acá el único que podría jalarles las orejas a ustedes soy yo.

- Ni se te ocurra… -Gretel levantó su dedo índice y lo señaló- Tú eres el más celoso sobre Will. Siempre con esos comentarios románticos hacia mi Hänsel ¡Me lo quieres quitar!

Arnold se encogió en su asiento, escuchando a las chicas reírse ¡Hasta Lila! Ya estaba cansado de pelear contra ese tema. Por suerte Will no estaba cerca o les daría alas alrededor de eso. Maldito el día en que alguien había creído que sería gracioso emparejarlo con Will. En cambio, volvió a su celular y se entretuvo con los debates alrededor de su novia y el BDSM. Por lo menos eran más divertidos que las bromas contra él.

O por lo menos eso creía Arnold.

Will no volvió hasta la hora del abordaje. Y por fortuna así lo hizo, porque cuando una de las azafatas, vestida de azul rey, anunció la entrada de la Clase Ejecutiva, Helga y Gretel se levantaron de sus asientos y se encaminaron al abordaje. Los otros tres chicos se miraron entre sí y avanzaron entre la mayoría de personas que formaba parte de la Clase Económica. Arnold frunció el ceño cuando la alemana le entregó a cada uno sus pasajes para que enseñaran su pasaporte a la azafata y esta confirmara su entrada. En ese momento el chico se dio cuenta que el pasaje de KLM decía "World Business Class". La azafata, una preciosa mujer con pronunciados rasgos latinos y piel canela, le sonrió amablemente y señaló el pasillo que lo llevaría al avión. Arnold le dio un rápido "Gracias" antes de apresurar su paso y cerrar su mano en la muñeca de la alemana para detenerla.

- ¿Primera Clase se había agotado? –consultó, con un tono sumamente sarcástico.

Gretel sonrió de lado, divertida y rodeó con su mano el brazo del chico, obligándolo a avanzar con ella.

- Oh…. señor lobito. KLM, la "aerolínea de la reina", no tiene Primera Clase. –la rubia sonrió a los auxiliares de vuelo que daban la bienvenida en inglés y holandés a los pasajeros- Esto es la Primera Clase. –le señaló, mostrando con desinterés los asientos anchos y con un aire retro-futurísticos- Clase Ejecutiva o Primera Clase, como quieras llamarle. –apuntó al par de asientos de la segunda fila- Esos son de Helga y de ti, en la fila del medio vamos Lila y yo y en la otra fila Will.

- Me parece un gasto increíble de dinero. –sentenció Arnold, frunciendo el ceño- ¿Por qué desperdiciar tanto dinero por unos asientos más cómodos? Eso es absurdo.

- ¿Asientos más cómodos? –la alemana suspiró pesadamente- En este vuelo son siete horas, créeme, agradecerás el asiento cómodo. Además, no es mucho dinero y no solo es eso… -rodó los ojos y buscó la mirada de Helga, quien ya se había acomodado en su asiento en el pasillo- Por esto fue que privé a Lila de la sala VIP. No quería escuchar a tu esposo darme un regaño.

- No es mi esposo… -Helga sacó un libro y levantó la mirada hacia Arnold- No le discutas. Yo ya lo hice y es pensamiento de familia, el Almirante actúa igual. Esto es un caso perdido…

- Pero… -el rubio se contuvo cuando notó la mirada esmeralda de Lila puesta en él- Bien… -se sentó en su asiento, lanzándole una larga mirada a la pista de aterrizaje- Esto es muy costoso… -murmuró, para que solo Helga le oyera.

- Lo sé. –la chica apoyó su mano sobre la de él, teniendo que estirarse un poco dada la pequeña mesa que separaba sus asientos- Pero… no es que este defendiéndola…

- ¿Pero…?

- La comida es deliciosa y el entretenimiento es muy bueno. Y… los asientos son muy cómodos. –Helga contuvo una carcajada y entrelazó sus dedos con los de él- Yo creo saber qué estás pensando.

- ¿Qué…?

- Estas pensando en cómo pagarle el pasaje. –negó con fuerza- Te invito a unirte a mí y a mi plan, de adultos le vamos a dar regalos ridículamente costosos. –sentenció.

Arnold ocultó una carcajada atrás de su mano y le sonrió.

- Oh si… dulce venganza. Eso le enseñará. Totalmente. –comentó con cierto sarcasmo- En serio no apruebo esto.

- Arnold… -señaló con la mirada a Lila, quien se había movido al asiento vacío junto a Will y miraba por la ventana- ¿No deberías estar igual de emocionado?

- Ya he subido a un avión antes ¿Recuerdas? Cuando fuimos a San Lorenzo… -miró a la pantalla de diecisiete pulgadas frente a él, con repisas en la parte inferior y demás cosas- Bien, no uno que me haga sentir que estoy en mi propio cine en casa… pero si un avión.

- Oh, disfrútalo un poco. –la chica se estiró con cierta pereza- Son siete horas de vuelo, apuesto a que tienen algunas películas recién estrenadas que podremos ver.

Arnold se distrajo cuando observó a las personas de clase económica pasar a sus asientos. En verdad se sentía fatal, ni siquiera pudo hacer contacto visual con nadie ¿Por qué tenían que ir como príncipes, apartados del resto? Lo peor era ver a Gretel divertida con Lila, que curioseaba las revistas y asentía a las explicaciones de Will sobre cómo poner su asiento completamente horizontal por si deseaba dormir. Bien, en el fondo era interesante ver a la pelirroja contener un ligero grito cuando su asiento se lanzó hacia atrás y ella terminó completamente recostada, con Will inclinado hacia su dirección, disculpándose por haberlo hecho tan rápido.

Bien… también se le antojaba probar el asiento en forma de cama…

¡Pero no iba a admitirlo!

¡Nunca!

¡Él tenía principios! ¡Modestos y prácticos principios!

Menos si Gretel lo seguía mirando con esa diversión, sardónica y cruel sonrisa.

Arnold cerró los ojos mientras se preparaba el vuelo y solo escuchó atentamente las indicaciones de los auxiliares de vuelo. No había muchas personas en su sección y técnicamente la tenían para ellos solos. Antes de despegar le envió un último mensaje a su madre y Helga hizo lo mismo. Ambos aseguraban que todo estaba bien y que le escribirían cuando llegaran a Ámsterdam. Arnold ni siquiera buscó insistirle a Helga sobre la necesidad de que les escribiera a sus propios padres. Al parecer no era algo que hiciera en sus viajes. El chico se comprometió a lograr que para su regreso hubiese cambiado aunque sea un poco sobre ese tema.

El avión despegó sin dificultad y Arnold se descubrió mirando por la ventana a la ciudad de Washington empequeñeciéndose acorde se alejaban. Rápidamente las nubes comenzaron a ocultarlo todo y antes de darse cuenta solo pudo ver una inmensidad blanquecina bajo sus pies. En ese momento las señales de que mantuvieran abrochados sus cinturones se apagaron y Helga se quitó los zapatos, dejándolos en un compartimiento en el suelo y reclinó su silla ligeramente mientras abría la mesa de su costado y ponía su laptop encima.

- ¿Disculpe? –la voz de la azafata que los había atendido hizo reaccionar a Arnold, que había estado a punto de sacar un libro de su propia mochila- ¿Hablan inglés, verdad?

- Si. –Helga asintió y señaló a la hilera de asientos en donde estaba el resto del grupo- Todos nosotros hablamos inglés.

- Bien. –la mujer señaló en su chaqueta azul rey unas banderas donde se mostraban la de Gran Bretaña, la Holandesa, Alemana y la de España- En todo caso, les aviso que hablo inglés, holandés, alemán y español. Yo soy la azafata de "World Business Class", mi nombre es Paola ¿Han viajado antes de esta Clase?

Helga asintió, pero Arnold sonrió con culpa y negó. En realidad, la culpa venía por no estar atrás de la cortina con el resto de personas normales, en la Clase Económica.

- Oh, bien. Aquí tienen nuestro menú. –extendió unas cartillas hacia los jóvenes- La cena será servida en dos horas, pero mientras tanto pueden pedir algo de beber y algún tentempié. También tenemos una serie de vinos en embaces diseñados para servirse a alta altura y de viñedos especiales de Italia y Francia.

- Yo quisiera un emparedado de pastrami en salsa holandesa y un jugo de naranja con banana.

- Yo… -Arnold observó el menú y se sorprendió al leer que para la cena podría escoger entre tantos platos elegantes que en su vida había probado. Aun así, solo le lanzó otra afilada mirada a Gretel y se encogió de hombros- Una limonada está bien.

- Si cambia de opinión, no dude en llamarme. –la azafata sonrió y se giró hacia Gretel y Lila, que estaban a la vuelta del corredor.

- Bonita ¿Eh? –Helga comentó en voz alta, mirando a la mujer- ¿Qué tendrá? ¿Veinticinco años? ¿Veintidós?

- ¿Eh…? –Arnold enmarcó una ceja ante la repentina pregunta y la manera en que su novia observaba fijamente a la mujer- ¿De qué estás hablando?

- Castaña, curvilínea, grandes ojos ¿Caribeña, tal vez? –murmuró, anotando los rasgos de la mujer en un bloc de notas en su computadora- Una enorme sonrisa, por supuesto, de esas que deberían tener todas las personas que tratan con clientes.

- ¿Helga…?

- ¿Qué…? –la chica le regresó a ver- Oh… oh… -sonrió de lado- Descuida, Arnoldo, no es lo que crees.

- Entonces ¿Qué pasa? ¿Por qué miras fijamente a la azafata?

- Pensaba en escribir otra historia y estoy planeando personajes. Ella se ve muy bien y nunca he trabajado con un personaje latino. –señaló la computadora- La poesía siempre será mi desahogo emocional, pero escribir historias es relajante a un nivel intelectual.

- Relajante y te da dinero. –Arnold sonrió divertido- Cecile Bismarck, escritora de aventuras, romance y según algunos dicen: Fantasía.

- La aventura de tus padres no contiene fantasía… chico que detiene volcanes al nacer… -Helga agitó su mano, pero sin poder ocultar su sonrisa- Admito que fue una buena forma de debutar. La historia de tus padres es increíble, me honró mucho que tu papá me animara a publicarla.

- La escribiste muy bien. Los cambios que hiciste fueron perfectos. –Arnold le sonrió- Mi madre le lee tu historia al bebé ¿Sabías?

- ¿Por qué le lee al bebé algo que ella podría relatarle mejor? –y aun así, había un suave sonrojo en sus mejillas, una ligera emoción en su tono reprochante.

- Porque te adora. –Arnold sonrió de costado y se inclinó hacia ella- En serio, te adora. No creo que te das cuenta lo importante que fue para mis padres el que me ayudaras y me salvaras incontables veces en San Lorenzo. A veces creo que te quieren más a ti que a mí. –bromeó.

- Y debería, soy simpática a morir. –jugó, buscando con su mirada a la azafata y de esa manera dar un cambio de tema- ¿Qué… demonios…?

Arnold siguió la mirada de Helga y notó que no era la única que miraba en esa dirección. Paola, la azafata, estaba manteniendo una animada conversación con Will. Este le sonreía de esa forma encantadora que solía usar con Lila, desplegando todo el ingenio que usaba con Gretel y movía sus cejas con ligera picardía, como cuando bromeaba con Helga. La azafata se encontraba ligeramente sonrojada y mordía su labio inferior, encogiéndose de hombros y señalando hacia atrás, tal vez hacia los pilotos. Will abrió los ojos con sorpresa y luego se encogió de hombros, riendo ligeramente. La mujer lucía apenada pero francamente animada por las palabras del pelirrojo. Will se despidió de la castaña con una ligera sonrisa y suspiró abiertamente antes de sacar los audífonos del avión y conectarlos para buscar en la pantalla algo que ver.

- ¿Qué… fue… eso…? –sorpresivamente esa había sido Lila, levantándose de su asiento que era el más cercano a Will.

En todo el proceso de despegue y cuando habían alcanzado la altura crucero, Lila se había sentado junto a Will para observar por la ventana. El chico le había explicado sobre la ingeniería que permitía el vuelo y también la razón por la que debían apagar sus aparatos electrónicos. La chica había vibrado de emoción, carente de todo miedo y se después de su primera emoción, se había cambiado a su asiento, donde Gretel había disfrutado, con una pequeña sonrisa, como la pelirroja recreaba el despegue. Pero en ese momento, Arnold pudo jurar que Lila se debía estar arrepintiendo de su cambio de asiento y miraba a Will con sorpresa.

- ¿Qué pasó? –Helga lucía ligeramente fastidiada y se inclinó en su asiento para alcanzar a Gretel.

- Lila escuchó todo, yo estoy algo lejos. –comentó la alemana, fulminando con la mirada a la cortina por donde se había ido la mujer- ¿Quieres… saber la peor parte?

- Ustedes tres están exagerando. –sentenció Arnold, cortando ese lado de la discusión y lamentando no poder alcanzar a Lila.

Porque… la pelirroja seguía con sus ojos esmeralda clavados con sorpresa en Will. El chico lucía sorprendido por la reacción de las tres chicas y le lanzó una mirada a Arnold al otro lado del pasillo, pidiendo ayuda. Pero el rubio se encogió de hombros. Él ya le había advertido que podría pasar todo eso si no hablaba con las chicas. Al parecer, Arnold era el único que comprendía que tan serias eran las intenciones de Will de disfrutar del viaje y darse la oportunidad de conocer chicas. Claro, Arnold lo entendía, debía ser una gran presión estar rodeado de tres chicas y en especial dos de ellas tan cercanas y afectivas con él pero al mismo tiempo, las tres siendo totalmente prohibidas para Will. En verdad necesitaba desahogarse y divertirse, pero él le había advertido. Arnold le había dicho que las chicas no se tomarían bien eso sin ninguna seria charla previa. Will las había mimado demasiado y les había llenado de atenciones y cuidados constantes. Todo eso de ser un caballero era el mínimo de sus problemas, Will se había dedicado a llenarlas con afectos. En especial a Lila y a Gretel.

¿Ahora…?

Hasta Lila sentía su territorio amenazado por una azafata.

- ¿Qué…? –Will señaló en dirección de la azafata- Solo me dijo que podía conocer la cabina, donde están los pilotos si quiero –parpadeó con sorpresa- ¿Qué tiene eso de malo? ¿Hice algo malo?

Arnold negó ligeramente y sacó su libro. No iba a ayudarlo, eso le pasaba por no hablar con sus chicas. El título decía "Iconología Suramericana Pre-colonial". Siempre había disfrutado de la literatura. No al nivel que Helga y Lila lo hacían, pero él también se sumergía en aventuras a través de las letras. Aun así, se había sorprendido de sí mismo cuando, en la biblioteca de su padre, había encontrado libros históricos que había hallado interesantes. En esa ocasión, estaba leyendo sobre los caracteres y símbolos que tenían en común antiguas culturas mexicanas con otras al sur de Colombia.

Por supuesto, su excusa de leer era eso, una excusa. En realidad creía innecesario meterse en esa discusión. Más cuando se trataba de una liderada por Lila y sus inocentes ojos ¿Quién podía pelearle a esa chica?

- No creo que este bien que coquetees con la azafata. –puntualizó la pelirroja- No creo que sea ético.

- ¡Eso! –Helga señaló a Will- No es ético. Zanahoria malo. Al rincón de las zanahorias.

Will soltó una carcajada y enmarcó su ceja, inclinándose desde su asiento que daba al pasillo, hacia las chicas.

- No me voy a ir a ningún rincón. Y espero que esto sea un buen recordatorio… -miró a Lila y a Gretel- de no atormentarme si no van a hacerse responsable de lo que causan. Lo que yo haga o no haga con una mujer soltera, mayor de edad como yo, es asunto mío.

La pelirroja abrió los ojos con sorpresa y los apartó, completamente roja. La alemana se encogió de hombros, retándolo con la mirada solo un segundo antes de suspirar pesadamente y asentir.

- Eso pensé. –Will se volvió a poner los audífonos- Ahora… me gustaría que se comportaran correctamente por el esto del vuelo.

- Lo mismo va para ti. –susurró Helga, hundiéndose en su asiento y lanzándole una mirada a su computadora.

La chica borró el bloc de notas donde había anotado los rasgos de la azafata y se quedó mirando la pantalla como si pudiese hacer con ella algún acto de brujería para eliminar a la mujer de la faz de la tierra.

- No te pongas celosa… -Arnold abrió su libro y buscó dónde se había quedado.

- No estoy celosa. –Helga le lanzó una mirada afilada- Me… ¡Me preocupa Gretel! –chilló en voz baja y luego se aclaró la garganta- Eso, me preocupa. Ya sabes lo territorial que es ella.

- ¿Solo ella…? –Arnold levantó la mirada de su libro y sonrió de lado- En serio ¿Solo ella?

- Obviamente también Lila. –comentó la rubia, con una pequeña risa burlona- ¿Quién lo diría? Tal vez no estaba enojada pero ¿La viste? Ella parecía sorprendida de que Will hiciera eso en su presencia.

- Las tres se comportan como si Will fuese de su propiedad. –el rubio suspiró y cerró su libro- ¿Estás consciente que tú también lo celas, verdad? ¿Recuerdas el suceso de Charity? Tú también estabas tensa y subiéndote a las paredes cuando ella puso sus ojos sobre él. Will necesita salir con chicas. –le explicó lo más despacio posible- Yo sé que es tu mejor amigo y todo este asunto es nuevo para ti. Sí, es diferente tener una mejor amiga, de tu mismo género a tener un mejor amigo. Pero mejor amigo no significa castrado y atado.

- ¿Mejor amigo? –la chica se sorprendió por las palabras escogidas por Arnold y negó- Claro que no…

- Helga, ya hemos tenido esta conversación antes. No hay nada de malo que el mejor amigo de tu prima sea tu mejor amigo. –Arnold suspiró y empujó sus ideas hacia afuera, las que debió haberle dicho hace mucho a su novia para que no se preocupara tanto- Estas celando a Will y es normal. La gente hace eso con las personas que quieren.

- Yo… -la chica apartó la mirada, signo que tenían en común las primas cuando eran acusadas de tener emociones suaves y esponjosas- Bien… ya… digamos que es mi mejor amigo.

- Es tu mejor amigo.

- Digamos… -puntualizó, bajando la voz, temiendo que Gretel oyera- No lo estoy celando. Además, yo apoyé un cien por ciento su relación con Nadine ¿Recuerdas? Y preferiría que ella terminara con el bruto de su novio y volviera con Will.

Oh… eso había sido interesante, también. Al parecer, Edmund no había estado interesado por Nadine. No, había sido el mensajero del verdadero pretendiendo. Uno que se había esforzado hasta el cansancio por conseguir a la chica que por fin era su novia. El nada misterioso sujeto, se había tratado de Wolfgang.

Para sorpresa de todos, hasta para la misma Nadine, Gretel había reaccionado perfectamente bien. En realidad, había apuntado que Wolfgang era un excelente novio y muy dedicado a recordar los gustos de su pareja y sorprenderla de formas interesantes. Así que aprobó el asunto completamente.

El hecho de que Wolfgang había sido la ruina de Gretel, no significaba que fuese un mal sujeto.

Pero para Arnold, eso era lo de menos. Él sabía porque Helga prefería que Nadine volviese con Will y eso solo recalcaba su punto.

- Ella no parece un peligro para ustedes. Nadine se adaptaba a ustedes, a sus horarios y todo. A diferencia de lo que haría cualquier otra chica, que obviamente quisiera pasar tiempo con su novio a solas. –Arnold señaló con su dedo índice a Helga y le picó la nariz para hacer hincapié en su argumento- ¿Te gustaría que Will te acusara por pasar tiempo conmigo?

- No. –frunció el ceño- ¿Por qué lo haría?

- Por celos. –se encogió de hombros- Solo imagínate.

- Will no sabe lo que son los celos. –pero Helga se cortó al notar la dura mirada del chico- Bien… bien… no me gustaría que lo hiciera. Lo admito. Porque se supone que debería apoyarme –giró los ojos- ¿Sabes? Esta charla deberías tenerla con la Señorita Ojos de Borrego y la Loba Territorial de allá.

- Digamos que eres mi prioridad. Así que primero hablo contigo –Arnold sonrió- ¿Vas a apoyarlo? Will tiene derecho a disfrutar estas vacaciones, va a ser duro para él estar con dos parejas en unas vacaciones totalmente libres de adultos y responsabilidades. Si quieres, imagina que solo va a ser un… romance de verano ¿Si? Cuando volvamos, todo quedará atrás. Pero en verdad necesita divertirse sin que le griten.

- …bien… -Helga lo miró intensamente- No estoy admitiendo que tengo celos, pero bien… lo apoyaré y apartaré a Gretel, pero tú tendrás que encargarte de Lila. Ustedes están en la misma sintonía.

- ¿Sabes qué? Deja que yo me encargue de Gretel, debemos aprender a convivir en estas vacaciones. –Arnold sonrió, con un ligero brillo en su mirada- Tú conoces a Lila, en realidad, más que yo. Y es bueno que tú también mejores lazos con tu cuñada.

- Agh… eso suena desagradable. Siempre prefiero olvidar que Lila es parte de la familia.

- Estoy seguro que ese mismo pensamiento tiene Gretel respecto a mí.

Repentinamente Paola llegó con sus aperitivos para el vuelo. Arnold tuvo que admitir que la mujer era realmente atractiva, de una forma inocente y muy femenina. Además, su sonrisa era extremadamente brillante y nada forzada. Él mismo se descubrió sonriendo de vuelta a tal gesto, así de contagiosa era su alegría. Aun así, la azafata parecía un poco curiosa, pero lucía como si su ética le impidiese decir lo que estaba pensando.

- Suéltalo, hermana. –Helga terminó de guardar su laptop para que la mujer pudiese poner su comida sobre la mesa desplegable- Yo sé que te mueres por decir algo.

- Oh… no… lo siento… no es así. –el ligero sonrojo en la piel canela solo la hizo lucir más joven- No sería correcto…

- ¿Cuántos años tienes? –consultó la rubia, sin poder contenerse.

- Veintitrés años. –en el momento en que dijo eso, se mordió el labio inferior- No debí decir eso.

- No te preocupes. –Helga sacudió su mano, quitándole importancia al asunto- Solo tenía curiosidad de con cuantos años eres mayor a Will.

- Oh… -Paola se encogió ligeramente por un momento y luego sirvió el juego de naranja a Helga- Yo… ¿Puedo preguntar….? Entendiendo si no me responden, no es algo que yo suela hacer, pero ¿Es una de las dos chicas novia de él?

- No. –Arnold salió a su rescate- En realidad… -señaló hacia las chicas- eso debe responder tu pregunta.

Paola se sorprendió al notar como Lila se inclinaba por el espacio entre los dos asientos y le murmuraba algo a Gretel justo antes de darle un ligero beso que sorprendió a la alemana, haciendo que riera abiertamente y la atrajera a ella para besarla profundamente y dejarla escapar solo por el sonrojo que Lila presentó mientras agitaba su rostro a un lado y a otro, totalmente apenada.

- Oh… -Paola sonrió con más ánimo, aunque intentó ocultarlo- Ya veo… -levantó el mentón ligeramente, volviendo a su actitud formal- ¿Desean algo más? –al ver la negativa de los chicos, ella continuó- En unas horas traeré su almuerzo, mientras tanto disfruten de nuestro entretenimiento abordo. Y cualquier duda, saben que estoy a un botón de distancia. –sonriendo, se dirigió a varias filas más atrás donde estaba el siguiente pasajero.

- Tienes que admitir que es agradable. –comentó Arnold, notando como Helga seguía con la mirada a la mujer.

- Si… -suspiró- Lo es… Bueno, es profesional. Tal vez sea una psicópata asesina. –le lanzó una mirada astuta- ¿Quién sabe?

- Helga…

- Oh, bien… se nota agradable. –suspiró, cruzándose de brazos- Y puedo percibir que no anda conquistando pasajeros en todos lados. Así que su interés por Will es genuino.

Arnold observó a Helga fijamente. Por un momento pensó guardarse la idea pero se recordó la promesa que le había hecho. Bien, era hora de probar algo…

- Will fue el que inició.

- ¿Qué?

- Will fue el que inició el coqueteo.

- No, no, debes estar confundido. –Helga negó- Él no hace esas cosas.

- Bueno, esta vez lo hizo. Y lo hará más seguido. No va a volver a ver a esta azafata ¿No crees? Así que está bien que coquetee un poco, sin daño a nadie. Ya te dije que tiene derecho a divertirse sin herir a otros. –Arnold extendió su mano y acarició el hombro de su novia, dado que ella estaba dándole grandes mordida a su emparedado.

La chica le dio una larga mirada, tomándose su tiempo para tragar y se mantuvo en silencio pero aceptando las reales palabras de Arnold.

Horas después, la cena fue servida y Arnold volvió a lamentar el derroche que era haber pagado tanto dinero para una comida lujosa en un avión. Helga, por su parte, se dedicó a seguir con la mirada a Paola y notar que las palabras del rubio eran reales. Will la recibió con una amplia sonrisa y se inclinó en su dirección, prestándole completa atención mientras mantenían una charla casual que apenas duró un par de segundos. Paola se retiró, pero solo se dirigió al resto de pasajeros, los atendió debidamente y volvió con Will. Arnold calculó que esa conversación duró veinte minutos, tal vez menos, pero fue el tiempo suficiente para que Paola retirara los platos y ofreciera un café o vino a los pasajeros.

- Bien… si está coqueteando con ella… -susurró Helga, mientras dejaba que su asiento se volviera cama y buscaba en el neceser que le habían dado un antifaz- Y si, tienes razón, no se volverán a ver. Así que está bien.

Sin más, soltó un bostezo. Una hora después Lila también cayó dormida y seguida de ella fue Gretel. Arnold se había entretenido viendo una película y cuando esta terminó, notó que Will y él eran los únicos despiertos. Cuando la idea de cruzar los dos pasillos e ir con él se instauró en su mente, Arnold se percató que sería una idea absurda. En ese momento Paola hizo una revisión entre los pasajeros y el rubio fingió dormir. Al parecer, su actuación había sido perfecta, porque cuando abrió los ojos, la azafata se acercó a Will y charló un poco más con él, visiblemente nerviosa. Unos minutos después, se apartó del asiento y el pelirrojo la siguió.

Arnold abrió los ojos con sorpresa cuando notó que ambos entraban al baño y cerraban la puerta atrás. En un rápido vistazo notó que Gretel, Lila y Helga estaban dormidas y se sorprendió al pensar que simplemente esperaba que siguieran así cuando Will saliera de su pequeña aventura en el aire.

¡Saludos Manada! Este capítulo fue difícil de escribir, tuve que buscar mucha información en la página de KLM. Y apoyo totalmente a Arnold, es un derroche de dinero ¿Cómo pudo hacer algo así Gretel? Bueno, el Almirante, en todo caso. Bien… yo se la respuesta, obviamente, pero sigo apoyando la postura de Arnold.

Realmente me sorprendió que me pidieran tanto saber del viaje de Europa. Así que espero que lo estén disfrutando.

En los siguientes capítulos se conocerán nuevos personajes. Realmente espero que vayan a disfrutar esta última fase de Cacería.

Si, el inicio tuvo un guiño a "Protegido por la Reina del Mal". No pude evitarlo.

¿Sabían qué… el primero que comenzó a bromear sobre Arnold y Will como pareja fue el mismo Will? Si recuerdan bien, es el pelirrojo el que comienza con las bromas hacia Arnold, pero son las chicas las que empujan el asunto hasta el punto pervertido.

¡Me gradué! ¡Ya soy Psicóloga Clínica! Me gradué el anterior jueves ¡Estoy muy feliz! Ahora debo pensar en un masterado.

Reglas de la Manada: En la manada hay diferentes lobos, aquellos fríos como el hielo y otros agradables como la suave brisa, algunos peligrosos como un volcán en erupción y existen aquellos capaces de estremecer los cimientos de cualquiera. No importa qué tipo de lobo seas, todos tienen sus fortalezas. Y eso nunca hay que olvidarlo. Nadie es menos fuerte.

¡Nos leemos!

Nocturna4