Dean estaba solo en su habitación. Castiel le había devuelto todos sus recuerdos, pero no había sido para nada agradable. Todavía se sentía como si hubiera estado subido en una enorme montaña rusa, había visto pasar toda su vida por delante de sus ojos en unos pocos segundos, lo buenos momentos, pero también lo malos, la muerte de sus padres, las lágrimas que Sam había derramado de niño, las que él había derramado de adulto, todo absolutamente todo, había pasado por delante de él, sin darle tiempo para estar preparado para reaccionar a tiempo.
No podía sentirse peor por haber olvidado a su hermano, por todo lo que le había dicho a Sam y que sin lugar a dudas no se merecía. Había estado a su lado, junto a su cama de hospital durante días, sin importar las malas contestaciones de Dean, sus malos modales.
"¿Cómo he podido tan estúpido?" Cubrió su rostro con las manos, como si así pudiera desaparecer de la faz de la tierra. "No soy más que un maldito miserable."
Entonces vio la imagen de Sam, la primera que había visto al abrir los ojos en el hospital. Su hermano estaba aterrado, como no lo había visto nunca y lo cierto era que estaba aterrado por él; por lo que le había ocurrido a su hermano mayor, por no haber podido protegerlo. Y en respuesta, Dean le había olvidado.
Si encontraba al demonio le había hecho algo así, se lo haría pagar muy caro, por todo lo que había hecho sufrir a Sam, por lo cerca que había estado de separarlos. Le mataría, sin lugar a dudas terminaría con él. lo malo era que no tenía fuerzas suficientes para hacerlo.
Apenas podía caminar, no podía hacerlo durante más de unos pocos segundos y el resto de su cuerpo, no estaba mucho mejor. La rehabilitación iba a ser larga y muy dura, pero al menos ahora tendría a Sam a su lado, ahora sabía que lo tenía. Pero no podría enfrentarse al demonio, no sin que lo matara definitivamente esta vez.
Miró sus piernas, parecían tan inútiles, dos rocas que de vez en cuando era capaz de elevar unos pocos centímetros por encima de la cama. Se golpeó ligeramente sobre la pierna izquierda, tenía que comprobar que todavía la sentía. Si, se hizo daño, justo lo que necesitaba y suspiró algo alivado. Si tan sólo pudiera bajarla al suelo, bajar las dos piernas al suelo y dar un par de pasos.
Siempre había sido un completo temerario y un disparo no le iba a detener ahora. Tenía que hacerlo por si mismo, de la misma forma que había conseguido mantenerse vivo durante toda su vida, ahora tenía que conseguir volver a caminar, con un poco de suerte, cuando Sam y Castiel volvieran a entrar en la habitación, lo encontraran de pie. Sam, sin duda, se alegraría, podría verlo sonreír, sobretodo desde que Castiel le dijera que Dean había recuperado la memoria. Tenía que hacerlo por él.
Movió las dos piernas, una detrás de otra, lentamente, sintiendo el dolor de unos miembros que hacía días que no usaba. Pero no le importaba. Tocó el suelo con los pies descalzos; fue una sensación extraña, se preguntó si eso era lo que los niños pequeños sienten cuando dan sus primeros pasos con los piececitos desnudos.
Sonrió al recordar a ese pequeño y prematuro Sam, que con poco más de un año ya estaba dando sus primeros pasitos hacia él. John como de costumbre, no estaba, Dean no recordaba donde, pero supuso que se trataría de alguna cacería. Así que ese momento fue suyo, tan sólo suyo y de su hermanito, que con paso realmente vacilante, fue lentamente hasta él, mirándole, sonriendo y balbuceando su nombre sin parar de caminar. Dean alargó las manos y tras un camino que había parecido una auténtica odisea, el niño, que casi era un bebé todavía, se dejó caer entre sus brazos y lo dos rieron felices.
Ahora estaba solo, aunque sabía perfectamente que Sam estaba en alguna parte del hospital, pero iba a convertirse en ese pequeño Sam y lo iba a hacer solo, con el mismo miedo que había tenido su hermanito a perder el equilibrio, pero también con la misma decisión de encontrar a su hermano.
Respiró profundamente antes de decidirse a moverse, pero por fin lo hizo, de un solo movimiento, lento, pero tan sólo uno. Quedó de pie, como no había estado en días. Si, estaba asustado, aterrorizado incluso, pero seguro de que ante cualquier problema, Sam aparecería para ayudarle.
El médico le había dicho que no hiciera ningún esfuerzo más allá de la terapia, pero tenía que hacerlo solo, tenía que demostrarse a si mismo que seguía siendo el mismo cazador de siempre; el luchador que había sido capaz dar su vida y su alma por su hermano.
"Vamos, vamos." Se dijo a si mismo, un momento antes de intentar dar ese primer y definitivo. "Vas a conseguirlo, por Sam, por el daño que le has hecho, está destrozado por tu culpa y no se merece algo así." Apretó los puños con tanta fuerza, que se hizo daño.
Era el momento, ya había esperado bastante. Respiró profundamente y concentró toda la fuerza que tenía y la que no tenía también en sus piernas. Como si de un marionetista, tirando de los hilos de su criatura, Dean elevó lentamente el pie derecho y dio un paso adelante. Abrió los ojos que no se había dado cuenta que había cerrado y observó su pie adelantado, realmente lo había hecho.
Listo para seguir adelante, levantó el pie izquierdo, aquel paso era el definitivo, si lo conseguía dar, no habría nada que pudiera detenerlo ya de conseguir recuperarse cuanto antes.
Pero algo estaba mal, podía sentirlo, algo estaba realmente mal. Sus piernas comenzaron a temblar, como si estuviera teniendo un terrible ataque y sin poder evitarlo cayó al suelo. sintió una corriente eléctrica recorriendo todo su cuerpo, le hacía temblar y le impedía cualquier otro tipo de movimiento.
Estaba tendido en el suelo, completamente avergonzado, si Sam entraba en ese momento, no quería saber lo que pensaría de él. se sentía como un pez que acababa de ser pescado, muriendo lentamente, agonizando poco a poco, pues el aire ya no entra en sus pulmones, mientras se retuerce para intentar llegar al agua aún cuando sabe que es imposible.
Ahora no sentía las piernas, no había nada por debajo de su cintura, por más que intentara, no habría forma, jamás podría ponerse en pie. Se arrastró como pudo hasta la cama; jamás se había sentido tan ridículo. Agotado, consiguió agarrarse a la sábana y tirando de ella, consiguió quedar sentado en el suelo. Pero tenía que llegar a la cama, si Sam lo veía ahí, se asustaría. Tenía que conseguirlo.
Pero no tuvo tiempo.
"¡Dean!"
Justo como había temido, Sam acababa de entrar en la habitación, seguido de Castiel y ya casi estaba arrodillado a su lado, su rostro completamente pálido y sus manos, aunque trataba de ocultarlo, no hacían más que temblar.
- o -
Castiel no había tenido que usar ninguna habilidad especial para encontrar a Sam. Tan sólo siguiendo los murmullos de la gente, había llegado al ascensor del que habían salido Sam y Rebeca. La cabina estaba destrozada y nadie se explicaba el motivo. Castiel los vio escabullirse a los dos hasta una habitación, sin que nadie los viera y hasta allí los siguió.
"¿Cómo has hecho?" Preguntó Sam a Rebeca, observando el revolver que había guardado ella entre la ropa para que nadie lo viera. "Has matado a un demonio."
"Eres cazador no me digas que nunca lo habías hecho." Poco tenía que ver aquella chica, con la enfermera que Sam había conocido unos pocos días antes.
"Enseñame el revolver."
"No tengo porque hacer tal cosa." Rebeca dio un paso atrás pero su espalda fue a dar con Castiel, se dio la vuelta rápidamente y sacó el arma con total soltura. "¿Y tu quien eres? Se que no eres humano, así que serás un demonio."
"Rebeca, tranquila, Castiel es amigo y no es demonio."
El ángel no dijo nada, tan sólo movió la mano y el arma salió disparada de la mano de la chica.
"¿Qué eres?"
Castiel no contestó, sin que ella pudiera reaccionar, tocó la frente de la enfermera y esta cayó en sus brazos, inconsciente."
"No hacía falta que hicieras eso."
"Sam, no sabemos quien es, podría ser una amenaza." Sam no sabía que decir, había visto lo que la chica había hecho y no estaba seguro de lo que eso significaba. Tal vez fuera una cazadora, pero desconocía la existencia de los ángeles. "Primero tenemos que ocuparnos de tu hermano. Ha recuperado la memoria, yo le he ayudado."
"¿Cómo…? Supongo que habrás usado tu delicadeza habitual."
Castiel no contestó, se cargó la chica al hombro y tras decir que volvía en un minuto, desapareció de la habitación. Sam estaba desconcertado, todo estaba pasando muy rápidamente y apenas había tenido tiempo de preguntar nada. pero no importaba, si Castiel tenía razón, Dean le necesitaba más que otra persona en ese momento.
- o -
"Dean, Cass me ha contado lo que ha hecho, se que eres tu otra vez, ¿pero que coño a pasado?"
Dean casi tenía el rostro oculto con la sábana, pues no quería mirar a Sam y sentir que había fracasado por completo. Pero la mano de su hermano sobre su hombro no ayudó nada. Comenzó a temblar, como no lo hacía desde que era un niño, desde la noche en la que había muerto su madre. Sintió que le faltaba el aire, no había forma de que entrara en sus pulmones.
"Dean, vamos, cálmate. Lo estás pasando mal, lo se, pero todo se va a solucionar." Sam no se podía creer que estuviera diciendo las mismas palabras que tantas veces le había dicho su hermano cuando no era más que un niño asustado y que quería a su padre de vuelta de una cacería. "Ni Cass, ni yo íbamos a permitir que te pase nada malo. Vamos te ayudaré a llegar hasta la cama."
Dean observó a su hermano. ¿Cómo había podido un simple demonio borrarle a su pequeño Sammy de la mente? sonrió, algo más tranquilo, pero todavía muy alterado. Le temblaba todo el cuerpo, no podía evitarlo, estaba nervioso, asustado… muerto de miedo en realidad, incapaz de pensar, de ser el fuerte, el hermano mayor.
"Lo siento Sammy."
Sam se arrodilló junto a él y le ofreció la mano para levantarlo. Siempre había podido con él, no sería un problema esta vez. Sonrió y se volvió hacia Castiel, que esperaba en la puerta. No quería entrometerse en aquel momento que no era más que de los hermanos y no quería hacer que Dean se sintiera más violento todavía.
"No tienes porque, no eras tu mismo."
"Si que lo era y deje que me usara un maldito demonio."
Sam y Castiel se miraron, aunque Dean, en su estado de nervioso, no comprendía nada.
"No era un demonio cualquiera Dean."
Sam lo aupó hasta la cama y le ayudó a tumbarse de nuevo, sin que Dean pusiera resistencia alguna.
"No se te ocurra volver a hacer algo así. Por si no te acuerdas el médico dijo que podrías no volver a andar, que tenías que ser muy precavido con tus movimientos o podías quedar en una silla para siempre."
"¿Qué es lo que no me estás diciendo Sam?"
"Nada Dean, no es nada. Después del esfuerzo tienes que descansar."
Era cierto, todavía estaba muy alterado y su respiración no había vuelto a la normalidad, pero había demasiadas cosas que desconocía, podía verlo en la mirada de su hermano. Sam jamás había sido capaz de mentirle durante mucho tiempo.
"Sam, dímelo."
