Nota de rigor: Personajes y conceptos no son míos y no gano nada con ellos.

Comentarios de la Autora:

Sólo tres palabras… ¡siento la demora! ¿Qué más puedo decir?

Las Voces de los Muertos

Por Vaire

Afuera la lluvia se convertía en tormenta y los rayos y truenos cobraban más fuerza e intensidad, azotando los grandes ventanales de la Biblioteca del Templo Principal y oscureciendo más la ya oscura estancia.

Y mientras que Saga y Camus tenían toda su atención en la búsqueda del documento por el que habían acudido al lugar, un rayo cayó estrepitosamente iluminando por un momento la estancia… momento en el que varias figuras de niños entre ocho y once años, con las ropas hechas girones y los rostros sangrantes y macilentos y con las cuencas de los ojos vacías se pudieron ver corriendo por los pasillos de la biblioteca y unas risas infantiles sepulcrales resonaron por el silencioso recinto.

Las Manos de los Aprendices – Parte II

El eco de risas infantiles resonó por toda la Biblioteca del Templo Principal, al tiempo que el sonido de pequeños pies presurosos se movían por lo que parecía ser toda la oscura estancia, iluminada por las teas que arrancaban figuras dantescas de las sombras y los rayos que caían de vez en cuando.

Saga y Camus se miraron entre sí sorprendidos e incrédulos. Estaban escuchando, pero no podían creer que eso les estuviera pasando justamente a ellos. Intercambiando miradas, los dos caballeros dorados tácitamente decidieron detener la búsqueda del documento de su interés y centrar toda su atención en la estancia.

Nuevamente escucharon el eco de risas infantiles y pequeños pies corriendo. Además que en esta ocasión pudieron atisbar una figura oscura que desaparecía presurosa por un rincón cercano de donde ellos se encontraban ¿o había sido una de las sombras provocadas por las teas y velas encendidas?

"Esto es ridículo" susurró Saga un tanto enfadado, Camus asintió.

Guardaron silencio, pero toda la estancia pareció nuevamente sumida en un silencio sepulcral.

"¿Conoces las historias que se cuentan de este lugar?" preguntó Acuario después de unos momentos más de total silencio.

"¿Tú no?" preguntó a su vez el griego, arqueando su ceja izquierda. Camus negó con la cabeza y Saga esbozó una leve sonrisa "Pensé que con Milo como mejor amigo, no tendrías otra opción más que haber escuchado todas y cada una de las versiones que se comentan de lo que sucede aquí"

"Créeme, Milo ha intentado compartir esas historias, pero en realidad a mí no me interesan y él sabe respetarme lo suficiente como para no insistir" Camus hizo un leve movimiento de hombros, como dando a entender que él consideraba las leyendas urbanas de terror como una pérdida de tiempo. "No sabía que tú estuvieras al tanto de este tipo de historias"

"Con Kanon… bueno, ya sabes cómo es Kanon. Y si ahora como hombre te parece que se entusiasma más de lo normal con este tipo de cosas, deberías haberlo visto de niño…" Saga sonrió tiernamente, de pronto perdido en sus recuerdos, cuando su hermano aún no se había corrompido tanto como para manipular a un dios y él aún no era el asesino del Patriarca.

Camus no dijo nada, pues el drama de los gemelos aún le impresionaba demasiado ¿cómo había sido posible que Saga y Kanon hubieran podido sufrir tanto? Era un milagro que al final ambos fueran los grandes hombres que ahora estaban al servicio de la Princesa Atena.

Nuevamente se escuchó el sonido de risas sepulcrales, esta vez más cerca de ellos, lo que arrancó a ambos de sus pensamientos.

"Por aquí…" oyeron que alguien susurraba en los pasillos aledaños. Era sin duda la voz de un niño y su tono lúgubre contrastaba con una entonación macabramente traviesa.

Saga y Camus se miraron perplejos, pues aunque ninguno estaba realmente atemorizado, sí se estaban sintiendo un poco intranquilos.

Guardaron silencio por unos minutos, pero nuevamente sólo la quietud les rodeó y cuando ni las risas, ni el susurro se repitieron, inconscientemente ambos exhalaron un suspiro de alivio.

"Existen varias historias, claro, y varias versiones de las mismas" comenzó a hablar Saga, retomando la línea previa de conversación, aunque su voz era apenas un murmullo "Pero la que me viene a la mente ahora por…." El griego hizo un ademán con su mano para abarcar toda la estancia "… por todo esto, es aquella en la que se rumora que en alguna época del Santuario, los aprendices que morían pronto tras haber empezado su entrenamiento eran enterrados en las inmediaciones del coliseo norte, donde incidentemente también se guardaban los ejemplares más valiosos de los documentos que el Santuario podía conseguir"

"Por aquí…" nuevamente el mismo susurro. "Síganos…"

"Por lo que se ha transmitido de generación en generación…. " continuó Saga, ignorando intencionalmente a la espectral voz "…desde que la Princesa Atena en su previa encarnación, hace más de doscientos años, decidió concentrar todos los documentos en esta biblioteca del templo Principal, parece que se pueden escuchar voces de niños, además de pequeños pies corriendo por todo el lugar."

"Los aprendices" Acuario cerró sus ojos, lamentando el triste destino de los niños que no pudieron obtener armadura alguna, pues Camus sentía una emoción especial con los pequeños discípulos del Santuario, por su naturaleza innata de maestro.

"Kanon me comentó una vez hace poco tiempo que él mismo los ha escuchado en varias ocasiones, pero que siempre que intenta saber de dónde provienen las siniestras voces, éstas parecen desaparecer tan rápido como comenzaron."

"Qué irónico que ahora esas mismas voces nos estén invitando a seguirles" comentó Acuario.

"Típico" suspiró Saga y Camus esbozó una pequeña sonrisa.

Un rayo seguido de un fuerte trueno dejó ver a una pequeña figura desaparecer arrastrándose por un rincón próximo de dónde los caballeros dorados se encontraban. Saga y Camus volvieron a intercambiar una mirada un tanto intranquila.

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Afrodita de Piscis estaba acostumbrado al macabro ambiente que se podía sentir no sólo en el Santuario, sino en la misma Doceava casa, en Otoño.

Desde que era un aprendiz, el sueco podía jurar que era observado detenidamente en ciertos momentos, aún cuando parecía que se encontraba solo en el lugar, aunque jamás había compartido semejante idea con nadie, ni siquiera con el guardián de Cáncer.

De hecho, y dado que desde muy joven había sido consiente de lo llamativa que era su apariencia y de cómo causaba interés, tanto en hombres como en mujeres de todas las edades, había llegado a creer que la sensación que tenía de ser observado en el Templo de Piscis no era más que una consecuencia de siempre llamar la atención donde fuera.

Que sólo se sintiera observado en el doceavo Templo sin ninguna otra persona aparentemente cerca, era algo que no quería pensar demasiado.

Por ello, un tanto intranquilo, pero sin sentirse verdaderamente incómodo, el hermoso rubio se preparó para descansar después de un día como cualquier otro.

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Las sombras se hacían más intensas y profundas a medida que el frío viento de la noche otoñal soplaba con más ímpetu, pues ya la oscuridad nocturna reclamaba su reino en el Santuario de Atena.

La tormenta seguía cayendo con fuerza y los rayos iluminaban brevemente todo el entorno, sólo para dejar caer, tras unos segundos, nuevamente la oscuridad, mientras los truenos retumbaban en el horizonte.

Las teas y antorchas no eran suficientes para desterrar a todas las figuras dantescas que nacían de la unión de luz y oscuridad y que bailaban al son del viento... o de una melodía desconocida de la que los habitantes del recinto ateniense no eran conscientes, pero que en cierta forma les provocaba una intranquila perturbación en sus espíritus.

Indudablemente era Otoño.

Estos eran los pensamientos de Aiolia de Leo mientras llegaba a la entrada de las Doce Casas, dispuesto a subir lo más rápidamente posible hasta el Quinto Templo, pero sin que pareciera que tuviera prisa. Especialmente cuando atravesara el Templo de Cáncer, pues lo último que quería el griego era un socarrón comentario por parte de quien se hacía llamar Máscara de la Muerte.

Pero cuando vio a Mu en la parte posterior de Aries, Aiolia pensó que tal vez no tendría que cruzar los primeros templos tan rápido como había pensado. Después de todo, si alguien infundía calma y tranquilidad, aún en esa época del año, ese era el caballero dorado de Aries, aunque el lemuriano no era totalmente consciente del efecto que tenía en sus compañeros de orden (especialmente entre los más jóvenes).

Por ello, Leo se dirigió hacia donde Mu se encontraba, de pie y de espaldas al recién llegado, mientras le llamaba amistosamente.

Pero Mu no respondió y siguió de espaldas a Aiolia, quien frunciendo el ceño por el extraño comportamiento de su amigo, le llamó nuevamente.

Y nuevamente no hubo respuesta.

Cada vez más extrañado, Aiolia decidió llamarle una tercera ocasión, pero Mu, ignorándole por completo y siempre de espaldas, comenzó a caminar hacia uno de los rincones de la parte posterior de Aries, donde Leo le siguió pero sin encontrar a nadie, quedando completamente confundido.

¿Cómo Mu había desaparecido tan rápido en tan poco tiempo? No se había movido a la velocidad de la luz, porque Aiolia lo hubiera visto y la teletransportación estaba fuera de discusión por orden de la misma Atena. ... y ¿por qué no le había respondido al guardián del Quinto Templo? Eso era algo totalmente anormal en Mu, pensó Aiolia, tal vez Cáncer o el menor de los Géminis se hubieran comportado así en uno de sus momentos de mal humor, o Shaka que había veces que era un tanto despistado, pero no Mu... nunca Mu.

Preocupado porque algo pudiera estar molestando a su amigo, Aiolia miró hacia el interior de Aries con la clara intención de buscar al lemuriano al siguiente día y hablar con él, pues sabía que no encontraría a Mu dentro de su templo al no haber forma de que Mu hubiera entrado al Primer Recinto sin que Leo le hubiera visto desde donde se encontraba.

Pero cuál no fue la sorpresa de Aioria cuando vio a Mu en la sala central de Aries, inmóvil y nuevamente de espaldas a él.

Más consternado por el hecho de que Mu no quisiera hablar con él que por el cómo había sido posible que Mu llegara hasta ahí sin que le hubiera visto, Aiolia decidió dejar a su amigo solo hasta mañana. Después de todo, era sabido por los Trece que el guardián del Primer Templo prefería estar solo en algunas ocasiones.

Así que, sumido en sus pensamientos, Aiolia comenzó el ascenso hasta Leo, sustituyendo su preocupación por el macabro ambiente por la preocupación por su amigo.

Pero cuando se encontró a Mu bajando las escalinatas entre Géminis y Tauro, y este le dio a entender al griego que venía de Pisicis, Aiolia se turbó en verdad, porque entonces ¿a quién había creído ver en el Templo de Aries?

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"Todo fue muy extraño" la emoción de Milo se reflejaba en su tono de voz y Shura no pudo más que esbozar una de sus breves sonrisas ante el entusiasmo del menor.

Porque después de que Milo y Kanon llegaran al lugar donde algunos caballeros de bronce habían reportado se encontraba el campamento abandonado no encontraron ni rastro de este.

Y aunque pasaron prácticamente todo el día y buena parte de la noche investigando el lugar (incluso involucrando a los mencionados caballeros de bronce que habían hecho el descubrimiento y llevándolos hasta el sitio), no encontraron nada (para desesperación de los caballeros de bronce que juraban que ellos habían dejado los restos del campamento tal y como los habían encontrado)

Fue entonces cuando ambos caballeros dorados se convencieron que efectivamente todo en torno al asunto era bastante peculiar y por ello, Escorpio y el menor de los Géminis se habían separado hacía poco para seguir indagando, pues Kanon afirmó que él investigaría en Rodorio (el poblado más cercano), mientras que Milo lo haría en el Santuario.

Después de todo, si alguien estaba enterado de lo que ocurría en las afueras del Santuario esos eran Aldebarán de Tauro y Ptolemy de Sagitta y Milo estaba en buenos términos con ambos.

Pero para deleite del Octavo guardián, cuando se dirigía rumbo a la entrada sureste del Santuario se encontró con Capricornio, con quien más que gustoso compartió lo ocurrido.

"Para empezar no había ni rastro del campamento, aunque los caballeros de bronce juraron en más de una ocasión que ese era el sitio correcto" siguió Milo ante la atenta (aunque un tanto resignada) mirada de Capricornio. "Y aunque tampoco había señales de lucha, es indiscutible que algo debió suceder porque toda la energía del lugar vibraba extrañamente"

"¿Una amenaza para el Santuario?" preguntó Shura un tanto inquieto.

"No, no lo creo. Kanon tampoco. Es difícil de explicar... la energía del lugar era extraña, pero no amenazante. Al menos no para nosotros, para otros humanos..." Milo se encogió de hombros.

"Ya veo"

"Si quieres venir conmigo cuando regrese después de hablar con Aldebarán y con el caballero de Saggita, eres bienvenido"

"No gracias" la sonrisa marcial de Shura nuevamente adorno su atractivo rostro. "Hay cosas que creo es mejor dejar en paz."

"Si, si... eres igual que Camus..." suspiró Milo.

El viento soplaba vehementemente y aunque ambos caballeros tenían teas para alumbrar el camino, la oscuridad les rodeaba como amante ansioso que quisiera abrazarlos por siempre; pero acostumbrados al sombrío y lúgubre ambiente del Santuario en Otoño ninguno le dio mucha importancia al tenebroso camino que tenían que recorrer.

Sólo cuando el viento llevó consigo el sonido de una risa que se confundía con el llanto de un bebé Shura cuadró sus hombros marcialmente, mientras que Milo reprimió un escalofrío de excitación.

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Saga y Camus se miraron nuevamente.

Y nuevamente las risas y los susurros les rodearon.

"Por aquí"

"Síganos"

"Los podríamos seguir" comentó Saga casualmente. Afuera la tormenta aminoraba y los rayos y truenos cada vez eran menos frecuentes y más lejanos.

Camus lo miró fija e intensamente por unos segundos, hasta que Géminis elevó su proverbial ceja derecha.

"No eres Kanon ¿cierto?" preguntó finalmente Acuario y si el guardián de la onceava casa hubiera sido un alma menos formidable y un hombre menos extraordinario, Camus le habría pedido perdón en ese momento al mayor de los gemelos por preguntar semejante ocurrencia, tal fue la intensidad de la mirada esmeralda de Géminis.

"Estoy seguro que eres Saga, pero después de la bromita que tú y Kanon decidieron jugar y que les causó un trauma permanente a Aries y a Sagitario, te pido me respondas. Al parecer con ustedes dos es mejor estar seguro" Camus nunca perdió su fría compostura, y aunque el macabro entorno ya estaba fastidiando sus nervios bastante, no pudo sino encontrar un lado divertido (morbosamente divertido) al asunto.

Después de todo, estar casi solo en un lugar lúgubre y oscuro, mientras una tormenta pareciera gritar lamentos macabros, al tiempo que estaba rodeado de risas y susurros espeluznantes, siempre suele causar extrañas reacciones en las personas, sean caballeros dorados o simples mortales.

Saga sonrió, divertido pese a sí mismo.

"Eso fue una inocente ocurrencia" dijo el mayor.

"Tan inocente como la mirada de una rusalka, Géminis"

"Saga" confirmó el hermoso rubio.

Camus esbozó una media sonrisa que Saga compartió, pero en el momento en que ninguno de los dos habló, ambos caballeros cayeron en la cuenta que el silencio los rodeaba.

Las risas se habían detenido, al igual que los susurros.

Sin palabra alguna, Saga y Camus volvieron a intercambiar una mirada interrogante, pues el comportamiento de lo que fuera que estuviera con ellos en la Biblioteca Central era muy errático y cada vez los confundía más.

Porque la verdad era que ninguno de los dos sabía qué esperar con respecto a lo que estaba sucediendo (fuera lo que fuera)

De pronto, un grito espantoso los sobresaltó obligándolos a mirar en dirección hacia los grandes ventanales, que ahora sólo reflejaban la oscuridad de la noche y una que otra luz proveniente del Santuario.

Y justo cuando los dos estaban mirando hacia esa dirección, fueron empujados fuertemente por algo que se encontraba a sus espaldas. Y tan fuerte fue el empujón que incluso hizo que tanto el griego como el francés trastabillaran intentando mantener el equilibrio y no caer de frente. - porque sabemos cómo les encanta a nuestros caballeritos no meter las manos y parar el golpe de la caída con el rostro...

"¿Qué rayos fue eso?" dijo Saga verdaderamente molesto.

"Eran manos... manos de niños... las manos de los aprendices muertos hace tanto tiempo..." susurró Camus conteniendo el aliento y palideciendo un poco.

Saga no dijo nada, pero también palideció considerablemente cuando recordó que, antes de todo el drama de la posesión de Ares y el asesinato de Shion, cuando Aiolos y él entrenaban juntos, el otro griego le había comentado los extraños sucesos que siempre parecía experimentar cuando acudía a la Biblioteca Central en Otoño.

Y cómo había visto un día las marcas de manos pequeñas en la espalda de Sagitario una noche tras un arduo entrenamiento, pero cuando le había mencionado las marcas a Aiolos, el castaño había fruncido el ceño, pero no había querido ahondar en el asunto y ahora Saga entendía por qué.

"Creo que es mejor que nos retiremos. Evidentemente no somos bienvenidos hoy, aquí" dijo Saga en un susurro, aunque aun trataba de ver algo entre las sombras danzarinas provocadas por las teas.

"Todo lo contrario… creo que somos peligrosamente bienvenidos…" la voz de Acuario, para quien lo conociera bien, mostraba un tono alarmado "Pero, al menos que quieras aceptar la invitación de esos pobres espíritus…." le dijo Camus, medio bromeando, medio molestando al otro caballero dorado, pero estando de acuerdo con él.

"Muy gracioso. En verdad tú y Milo son tal para cual." comentó Saga dirigiéndose hacia sin levantar la voz, sabiendo, aunque debido al silencio opresor que súbitamente reinaba en la estancia, Acuario le escucharía.

El pelirrojo asintió y ambos se dirigieron cautelosamente hacia un ventanal que se encontraba junto a una columna, lugar donde los dos caballeros sabían que Anatolios guardaba (escondía) el duplicado de la llave de la Biblioteca Central.

La lluvia había cesado y con su paso había dejado un silencio sepulcral en el que Saga y Camus creían escuchar de vez en cuando pequeños pies corriendo presurosos. Pero las risas y los susurros espeluznantes habían cesado.

Y así, sin indagar nada más y con una elegancia que desmentía su apuro, los caballeros dorados de Géminis y Acuario se dirigieron presurosos hacia la salida de la Biblioteca, cerrando la puerta tras de sí con un suspiro de alivio que ninguno se atrevió a comentar.

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La noche ya estaba avanzada cuando Aiolia de Leo llegó por fin al Quinto Templo.

Consternado por no saber a quién había visto en Aries, y recordando los incidentes extraños de los que había sido testigo en la Primera Casa junto con su hermano y Milo unas noches atrás, el griego trató de demorar el mayor tiempo posible el estar solo en su Templo.

Así que, primero había detenido a Mu a media escalinata entre Géminis y Tauro y aunque no le había comentado nada al lemuriano del incidente, Mu pareció intuir que algo preocupaba a su amigo, así que no tuvo objeción en charlar con el de cuanto trivialidad el griego sacara en la conversación.

Después, Aiolia encontró a Kanon solo en el tercer Templo.

El rubio se disponía a preparar la cena para él y su hermano cuando Leo pidió permiso para pasar por Géminis, y una cosa llevó a la otra y Kanon se encontró con un muy animado Aiolia haciéndole compañía mientras cocinaba.

Cuando el guardián del Quinto templo se disponía a partir, Saga entró en Géminis, un tanto pálido y más arisco que de costumbre.

Kanon sabía que algo le había sucedido a su hermano, no sólo por su humor, sino por una sensación en su pecho que le tenía intranquilo, pero no queriendo profundizar un vinculo fraternal que todavía no sabía cómo manejar, invitó a Aiolia a que cenara con ellos.

Saga, considerando que un tercero pospondría una plática incómoda, aceptó gustoso.

El cuarto Templo estaba vacío, pues Cáncer había recibido órdenes del patriarca y se encontraba en una misión al norte del Santuario.

Por lo que Aiolia, mucho más sosegado, entró casi a Media Noche a Leo, donde rápidamente se dispuso a dormir, sin pensar por el momento nada más acerca de los extraños acontecimientos en la Primera Casa.

En Piscis, Afrodita ignoraba, una vez más la sensación de saberse observado, mientras que desde las sombras de su habitación, una especie de enano deformado lo miraba atentamente con una sonrisa burlonamente siniestra, esperando…

En Géminis, Saga, sombrío se había retirado silencioso para darse un largo y caliente baño, ensimismado en sus pensamientos.

Kanon, consciente del humor de Saga y sabiendo que nada bueno saldría de presionar a su hermano mayor para que revelara el por qué de su agitación, no había pronunciado palabra alguna desde que había despedido a Leo.

Y no es que estuviera preocupado por Saga… pero para cerciorarse que todo estuviera bien, y con esa habilidad propia de él para ocultar su presencia, el menor de los gemelos siguió hasta el cuarto de baño a su hermano.

Después de preparar todo como a él le gustaba, Saga comenzó a quitarse la ropa y, escondido en las sombras, Kanon frunció el ceño al ver moretones en la espalda de su hermano… moretones con forma de pequeñas manos.

En Acuario, Camus, con su habitual rostro impasible contemplaba en un espejo las marcas moradas que pequeñas manos le habían dejado por toda la espalda, estremeciéndose involuntariamente al recordar esas risas que entre susurros le invitaban a seguirles…

Y en la Biblioteca Principal el sonido de unos pequeños pies se podían escuchar corriendo por toda la estancia… a veces acompañados de unas risas macabras que parecían ser de niños… aún cuando no había nadie en el lugar…

Fin.

La próxima historia va a ser más larga… y de un solo capítulo para evitar la espera de años y felices días… Nuevamente… ¡Siento la demora!