Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son de J. K. Rowling
N/A: En este capítulo hay escenas de contenido sexual. Es mi primer intento de un lemon así que no estoy muy segura de cómo salió. Espero no sea vulgar. Por favor, si eres menor de edad o no te gusta ese tipo de contenido queda a tu juicio leerlo, mejor abstente.
Dulces Recuerdos
Hermione POV
Llevaba más de media hora mirando a través de la ventana, obviamente no se apreciaba más que las callejuelas vacías, luces prendidas que las iluminaban y unas cuantas lechuzas. Tenía una vaga idea de que es lo que le iba a decir a Ron, en pocas horas lo tendría frente a mí. Pero por más que quería no lograba formar frases o siquiera oraciones que dijeran las cosas que necesitaba, todas adquirían un toque de temor o desesperación y esas eran emociones que no deseaba que se imprimieran en mis labios.
El día había pasado en un sinfín de momentos, la mayoría divertidos. En parte cobarde, necesitaba sincronizar mis palabras con mis sentimientos y al mismo tiempo deseaba que no mostraran algo que lo hicieran sentirse obligado a algo que no deseaba. Después de todo, a este punto mi sueño de estar con él había pasado a segundo plano en comparación con la definitiva revelación que sería para él ser padre.
Agradecí la llegada del sol, no solo porque quería bañarme en él, sino también porque la noche no fue tan tranquila como imaginé que fuera luego de mi decisión. Tenía vagos recuerdos, como flashes, en los que yo le decía a Ron que lo amaba irradiando lo que mi corazón decía a gritos desde hace tiempo. Lo siguiente que vi fue su rostro feliz pero confuso, incluso indeciso y dubitativo. ¿Qué se supone que debía hacer? ¿'Exigirle' que me amara? ¿Llorar? ¿Para que luego se sintiera obligado? No. En esa parte de mi sueño tuve una pequeña pero clara revelación, lo amaba mucho quizás demasiado como para causarle el dolor de una 'obligación' que lo haría infeliz. Porque pase lo que pase, me haya hecho lo que haya hecho, seguía igual de enamorada de él, y por eso mi alma no deseaba nada más que hacerlo feliz, verlo dichoso. Aunque eso significase que debía dejar de lado mi más grande y fabuloso sueño.
Me marché, en mi sueño, dejándolo para que no se confundiera más. Dejando con él mis oraciones y la ilusión de que por él mismo llegara a una conclusión que nos permitiera a ambos estar juntos. No podía hacer más.
Desperté frustrada por no saber en que acabaría el sueño, tal y como en la realidad, la vida no te presenta las cosas como quisiéramos que fueran sino que más bien te la oportunidad de adaptarte. Tedioso, definitivamente.
Bajé a desayunar con la idea de hablar un rato más con Amika pero me encontré en un laberinto de preparativos. Encontré a Angelo batiendo la varita para guardar unas viandas en una canasta, evidentemente agrandada ya que esa cantidad de comida jamás hubiera logrado entrar en una canastilla 'normal' para picnic.
-"¿Qué sucede?"- pregunté mirando de un lado a otro observando a Dorus caminando presuroso tras el bizarro mago de copetín que ahora manejaba un carro invisible. Amika tenía razón, ese hombre es de cuidado.
-"¿Amika no te lo dijo?"- me respondió sin levantar la mirada, aún trataba de acomodar más comida.
-"Creo que no mencionó nada sobre una 'revolución'"- manifesté realmente considerando que todo esto me recordaba a la preparación para una manifestación.
-"No, hoy es el aniversario de la muerte de Akos y Zoya. Todos los años vamos a visitarlos y luego hacemos un picnic. Amika quiere que se sientan felices al vernos disfrutando de un día como este, con la familia y siendo dichosos. Celebrando la vida y no llorando en honor a la muerte"- Una vez más, me sorprendió la forma en que Amika asume estos aspectos de la vida que para otros traerían sufrimiento. En el fondo comprendí que era su manera de hacerles saber que a pesar de todo, ellos son felices gracias a su sacrificio.
-"Angelo, déjame ayudarte, que puedo ir haciendo"- miré a los lados tratando de encontrar algo que faltara por hacer.
-"En realidad ya acabé, lo único que nos falta es convencer al Señor Mitzlov que el carro que necesitamos que conduzca no es el que ahora 'maneja'"- me respondió mirando con los ojos entrecerrados al mago de copetín. Movió la cabeza y murmuró algo que no logré entender pero imaginé que no debía ser nada bueno por como se ponía rojo de cólera.
-"Pero para que lo necesitan, ¿no pueden aparecerse?"- era una pregunta absurda pero la curiosidad pudo más que mis buenos modales.
-"En realidad, si y no. El lugar no está más que a dos horas de aquí en coche, si bien es cierto podríamos aparecernos, a Amika le gusta disfrutar del paisaje y toma ese tiempo de viaje para recordar y descansar del trabajo, de todo. En esos minutos solo se concentra en sus recuerdos y es feliz"- comentó explicando algo que talvez no era necesario, al fin y al cabo yo sólo era una extraña. No tendría porque decirme detalles que son íntimos en esta familia. Me sentí halagada por ello.
-"Catherine, que bueno que ya despertaste. Será mejor que te apresures, en media hora salimos. Bueno eso siempre y cuando el Sr. Mitzlov encuentre las llaves del coche"- me dijo alegremente como de costumbre mirando por encima de mí como Dorus buscaba las dichosas llaves entre los cojines mientras que Mitzlov lo hacía dentro de unas ollas.
-"¿Yo?"- dije apuntándome.
-"Si, claro siempre y cuando quieras venir. Verás, el día de hoy les he pedido a los huéspedes que me den la tarde libre"- confesó riéndose por el hecho de pedir permiso. –"Ellos van a ir al festival de otro pueblo, en realidad es seguro que regresemos mucho antes que ellos"-
Permanecí callada por que me incluía en una tradición familiar y quería evitarme una solitaria tarde. Bendita sea, solo de imaginar el festival con tantos niños y padres. No estaba lista para enfrentar tantas familias felices a la vez.
-"¿Y bueno, vas con nosotros?"- la voz de Amika me sacó de mi vacilación.
-"Si no es molestia, si. Con gusto los acompañaré"- respondí realmente agradecida.
Media hora después de lo planeado salimos a la calle y me encontré con un coche de los 70's, púrpura con líneas de fuego verdes y naranja dibujadas a los lados. Jamás lo hubiera imaginado aunque claro era de esperarse que un carro de dichas características le perteneciera al bizarro hombrecito de ojos saltones. Mientras el señor Mitzlov lograba encender el carro, logré acercarme a Dorus para preguntarle algo que no dejaba de darme vueltas.
-"¿El Sr. Mitzlov sabe manejar?"- solté como si no me importara pero en el fondo no quería morir estrellada contra un árbol.
-"Oh, si. En realidad, es el único mago que tiene coche en los alrededores. Todos los años nos lleva. Sería más largo en otro tipo de transporte y a mamá le gusta. Créeme que sino fuera por eso yo preferiría ir de rodillas y con chapitas en ellas"- Pobre Dorus, realmente parecía avergonzado pero al igual que Amika no le importaba sacrificarse, en su caso, por el amor que profesaba a su madre.
Mitzlov se puso al volante y para mi sorpresa su mirada paranoica cambió de inmediato adquiriendo un aire casi profesional cuando pidió a todos que nos pusiéramos los cinturones de seguridad. Ingenuamente pensé que tal vez había hecho un juicio muy apresurado del mago aparentemente 'loco', pero pronto me di cuenta que no estaba equivocada. El auto salió dejando una nube de polvo, imagino que alcanzamos los 90km/hora en diez segundos. El hombre estaba total y definitivamente desquiciado, no imaginaba una razón completamente razonable para que Amika se expusiera a ella y a su familia a un peligro innecesario.
-"Señor Mitzlov"- fue lo único que dijo Amika sin siquiera voltear a mirarlo. Lo dijo con un tono tan tranquilo como sino estuvieras a punto de morir.
Poco a poco el carro fue disminuyendo la velocidad, y el Señor Mitzlov bajo los hombros, relajando su posición de corredor profesional de carreras.
El camino fue en su gran parte silencioso, un reconfortante silencio brevemente interrumpido por los tarareos del Señor Mitzlov de una melodía famosa que reconocí pertenecía a los Black Sabbath. Bizarro, eso es lo que era.
Miré a través de la ventana dejando que el viento y el sol me arrebataran cualquier indicio de somnolencia. Conciente de lo que hacía cerré mis ojos y recordé mis últimos días con Ron.
La mañana siguiente a mi cumpleaños me despertó el roce de algo suave en la mejilla. Estaba boca abajo algo acalorada a pesar de estar cubierta solo por un polo grande, volteé la cabeza para volver a dormirme pero ahora el roce estaba en mi muslo. En un momento, aún entre el sueño y la realidad, pensé que algún ave se paseaba a mi lado por que la textura del roce parecía una pluma o por lo menos eso creí. Cogí la sábana y me tapé de cuerpo entero empujando mi conciencia en el sopor de un sueño que se me colaba rápidamente, tenía que alcanzarlo. En ese sueño Ron me decía que me amaba, tenía que volver a mi sueño. Así que cuando sentí algo moverse a mi lado y luego otra vez ese suave roce en el muslo acompañado de la caricia de unos labios en mi hombro, desperté de sopetón.
Me giré para encarar al dueño de los labios y vi aún debajo de las sábanas, como carpa, el rostro de Ron sonriéndome desmesuradamente. Le devolví la sonrisa sin saber exactamente que le causaba tanta gracia. Lentamente fue bajando a mi altura y mientras su sonrisa desaparecía sus ojos adquirían una tonalidad oscura llena de algo que me estremeció. Pronto la carpa desapareció y él me estaba abrazando rozando con sus labios mi nariz para luego detenerse a escasos centímetros de mis labios. No me beso inmediatamente sino que dibujo el contorno de mi boca con la suya. Sus manos mantenían mi cintura prisionera pero no por mucho tiempo ya que una de ellas fijó mi cadera y con la otra comenzó su recorrido por debajo del polo. Toque su pecho y luego aferré sus hombros con mis brazos y manos. Quizás después de todo aún seguía en mi sueño.
Quería besarlo pero su voz me detuvo. Lo miré y volvió a hablarme, creo que no le presté atención la primera vez.
-"Buenos días dormilona"- me dijo dibujando otras vez su sonrisa al tiempo que continuaba acariciando mi cuerpo debajo del polo.
-"Hola"-
Me miró un rato más
-"¿Tienes hambre?"- me preguntó mientras acariciaba con sus pulgares mi mejilla.
-"Algo"- respondí y me sorprendió la mirada tierna, protectora con la que me observaba. Había algo en él que era diferente pero no lograba decir que. Talvez era el efecto del sueño.
-"Cierra los ojos"- me pidió
Obedecí sin chistar y me guió con sus manos poniéndome en una posición sentada
-"No hagas trampa"- me advirtió de forma divertida.
-"Ron ¿qué estas haciendo?"- le pregunté cuando escuché algo que tintineaba.
-"Sshh, espera"- me respondió tranquilo pero no se me escapó oír como maldecía entre dientes. Sentí otra vez su cuerpo acomodarse en la cama y luego sus manos acarició mi rostro al mismo tiempo que me decía algo al oído.
-"Abre los ojos"- me pidió suavecito.
-"Wow"- fue lo único que pude articular. Frente a mí, estaba no una sino tres bandejas con todos los platillos que me gustaba de desayuno.
Miro mi expresión complacido y creo que entendió la pregunta que no me animaba a decir en voz alta.
-"Hace días te prometí que desayunaríamos juntos"-
-"En realidad, no esperaba que…"-
-"¿Que lo cumpliera? Bueno, no te puedo culpar"- admitió entristeciendo su gesto –"Pero quería hacerlo, además tienes que admitir que yo cocino mejor que tú"- añadió ahora burlándose de mi poca experiencia en la cocina.
-"Oye!"- me quejé pero no pude continuar por que me volvió a besar y los dos sonreímos aún con los labios pegados.
-"Deja de renegar y come tu desayuno"-
-"¿Por donde empezaré?"- dije llevando mis dedos a mi mentón para agregarle un efecto dramático a mi expresión.
-"Qué tal los panqueques"- le iba a decir que si pero sabía que él también tenía hambre. ¿Porqué no torturarlo un ratito más?
-"No sé, esa ensalada de frutas también se ve apetitosa"-
-"Toma"- me ofreció el plato
-"Aunque tal vez debería empezar por los huevos revueltos. Tienen el aporte nutricional que ambos neces…"-
-"'mione!! Por favor, escoge uno, muero de hambre"-
-"¿Quién es el cascarrabias ahora?"- le dije sacándole la lengua.
-"Toma la ensalada de frutas y yo comeré los huevos revueltos"- me dijo serio, una de las pocas cosas que Ron se tomaba en serio era eso, la comida.
Desayunamos, la verdad era que me moría de hambre. Así que toda mi concentración estaba en disfrutar el sabor de las frutas, masticarlas lentamente para alargar el sabor. Adoraba mi ensalada sobretodo si venía bañada con yogurt y miel. Estaba casi terminando cuando me di cuenta que no existía otro sonido que el mío comiendo, volteé lentamente y casi me atraganto. La expresión que Ron tenía en el rostro era de lo más singular. No sabía si reírme o preocuparme, sus ojos abiertos estaban fijos en mí, me pregunté si tenía algo en la cara. La noche anterior no es que estuviera de buen humor como para limpiar concienzudamente mi rostro. Quizás era peor de lo que me imaginaba. Tragué con algo de dificultad y luego me levante tratando de no tirar el contenido de las bandejas.
Al momento Ron dejó escapar un suspiro que me hizo ponerme más nerviosa, me miré al espejo esperando encontrar a la Malvada Bruja Verde del Mago de Oz, pero no hubo ni rostro verde ni nariz puntiaguda con verruga ni nada por el estilo. Respiré aliviada, pero entonces ¿por qué Ron me miró así? Regresé a la cama en pasos lentos tratando de esconder mi avergonzada cara pero todavía pude percibir que sus ojos me seguían. Una vez acomodada no me pude contener.
-"¿Ron, me podrías decir por qué me estás mirando de esa forma?"-
-"e-e… ¿qu-qué?"- Me respondió para luego volver su semblante a la habitual forma. Definitivamente algo había pasado, nunca antes lo había visto mirarme de esa forma. Era como si estuviera sorprendido, incluso anonadado, no me quise hacer ilusiones al pensar que también vi temblarle las manos. En mi alucinación, claro está, estos eran signos de una naciente fascinación y descubrimiento hacía mí. Vaya tonta, ¿pero que puedo decir? Soñar no cuesta nada.
-"¿Tengo algo en la cara? Por que cuando fui al baño todo parecía estar bien, pero tal vez notaste algo que yo no. Se que mi cabello debe parec…"- No tuve tiempo a pronunciar una sola palabra más.
Con los ojos cerrados escuché claramente el sonido seco de las bandejas caer al suelo de madera seguido de un sin número de platos rompiéndose junto con el líquido derramándose. Mi mente corría a mil por hora pero no tanto como mi corazón, me sentí sobrecogida por la emoción y el deseo. Conocía muy bien el lado sexual de Ron pero ni siquiera ayer lo noté tan desesperado en sus besos. Había algo diferente en su forma de sujetarme. Era como si tuviera miedo de perderme, ¿Cómo si eso fuera posible? Y al mismo tiempo sentía sus ganas de protegerme y entregarme algo que me gustaría pensar era 'amor' pero probablemente todavía se sentía culpable por el fiasco de mi cena de cumpleaños.
Sus manos aferraron mi rostro y luego de un largo beso se separó para mirarme, y ahí estaba otra vez esa forma de observarme. Sus pupilas se dilataban y contraían conforme paseaba sus ojos por cada parte de mi cara. Era como si estuviera buscando algo, desesperadamente tratando de ubicarlo. Tanto su mirada frenética como nuestras respiraciones volvieron a la normalidad luego de unos segundos. Pude descifrar por su expresión que no había encontrado lo que buscaba, no sabía si preguntarle algo, dejar que el hablara o esperar que las cosas se explicaran solas.
Nos quedamos echados mirando el techo, bueno yo tenía los ojos cerrados recordando, tratando de revivir el beso. Nunca me había besado de esa forma, jamás. Ni en nuestros encuentros más alocados, ni ayer que fue casi como si fuera una dulce venganza el hacer el amor con tanta ferocidad. Cuando se trata de lujuria sólo se trata de obtener tanto placer como se pueda, en cambio al tratarse del amor se busca entregarlo sin freno.
Ayer fue pura lujuria, en cambio ahora era otro tipo de desesperación. Me aferré a la parte realista para no salir volando al infinito hacía mi mundo soñado, aquel donde Ron me amaba tanto como yo a él. Tuve que manejar mi voz, mi conducta, sería más vergonzoso si se diera cuenta cuanto me había afectado este último beso.
-"Creo que… esto, voy a bañarme"- ni bien lo dije me pateé en mi interior, no se me pudo ocurrir otra idea mejor de escape.
-"Ok"- me respondió todavía mirando al techo, algo agitado y tenso, no comprendí el porqué. Pasé tratando de evitar los pedazos de plato y comida, con el aturdimiento del violento movimiento y su beso olvide por completo el sonido de fondo. Retrocedí en busca de mi varita, estaba al otro extremo de la habitación pero con los pies descalzos no pude evitar resbalarme con el jugo que se había derramado. Caí como costal de papas, con un sonido seco y potente, tal vez sea hora de una dieta. Estaba esperando en cualquier momento las risotadas de Ron por la poca estabilidad de mi estado post – etílico. Sin embargo, para mi sorpresa estuvo a mi lado ni bien me senté con algo de dificultad y todavía sobando la parte posterior de mi cabeza que seguramente estaría hinchada en unos cinco minutos.
-"¿Estás bien?"- preguntó alarmado, casi con expresión de dolor en su rostro. Eso trajo un breve flash back de la Guerra y nuestros múltiples encuentros con la muerte. Me sentí terriblemente culpable por traer de vuelta el horror a sus facciones.
-"Estoy bien"- dije mientras reía en mi intento por aflojar el ambiente con algo de humor. Valía la pena intentarlo, no era George ni Fred pero podía hacer el intento.
Se rió quedamente mientras me ayudaba a levantarme, pasó su brazo por mi cintura y en un movimiento fluido me aparto del resto de pedazos. Me dio un beso en la frente, un gesto que pocas veces había notado tan dulce.
-"Ve a bañarte, deja que yo limpie esto"-
-"¿Quién eres y qué has hecho con mi Ron?"- me di cuenta de mi fatal error ni bien acabé la oración. Le había dado el título que solo utilizaba en mi fuero interno. Mi Ron, siempre fue de esa forma en mi corazón pero jamás lo había dicho en voz alta y menos a él. Rogué al cielo que no lo hubiera notado y me siguiera la corriente en la 'bromita' que le había hecho. Me sonrió como un tonto, en un momento de delirio pensé que tal vez era mejor bromista de lo que creía. Me reí de mi misma y pronto él se unió a mí. Estábamos riendo con tanta facilidad que resultaba increíble pensar que alguna vez el hombre frente a mí me hubiera ocasionado tanta desdicha. El sonido de nuestras risas se quedó flotando en el aire, y pronto lo descubrí mirándome seriamente.
-"Acaso crees que no se limpiar"- añadió en tono indignado, bastante mal interpretado como para no volver a reírse.
-"No Ron, no es que creo, es un hecho y punto"-
-"Muy graciosa, para tu información mamá me enseñó lo básico"-
-"Tienes razón"- admití, no podía discutir la educación impartida por la Sra. Weasley.
Me fue caminando al baño y justo antes de cerrar la puerta escuche como me decía
-"Por lo menos yo aprendí algo de mi mamá, en cambio otras ni freír un huevo pueden"-
No lo podía creer, era pura ponzoña, sabía que estaba bromeando pero no lo iba a dejar pasar. Cogí lo primero que tuve a mi mano, abrí la puerta lentamente y traté de apuntar bien. Le di en toda la cabezota, felizmente solo era un frasco de jabón líquido por que parecía haberle hecho algo de daño.
-"Ay!! Eso dolió"-
-"Te escuché!"-
-"Pero es verdad"-
-"Ron, yo que tú me callo. Si supieras lo que tengo en la mano definitivamente no intentarías – Aaayyyyyyyyyyyyy!! "- Grité más alto de lo que hubiera querido. Pero es que de la nada Ron entro en la habitación, me cargó y de pronto estuve bajo la ducha con agua fría cayéndome sobre el cuerpo.
Mientras tanto el único sonido además del agua era la desbordante risa histérica que salía de la boca de Ron, quien apenas y podía permanecer en pie debido por la agitación que su cuerpo sufría por la risa.
-"D-de- jajajaja"- tartamudeó mientras veía mi expresión realmente sorprendida. Pasaron unos segundos luego de los cuales se aclaró la garganta para poder seguir, esta vez con todo más serio -o por lo menos creo que eso intentaba-
-"¿Decías algo Hermione?"- me dijo con la voz más grave que pudo, intentando proporcionarle un tufillo de diplomacia a las pocas palabras que formó.
-"¿Co-com… cómo t-te atr-treviste?"- lo miré a través de los mechones de mis cabellos mojados. Por más que quise imprimirle un aire de reprobación lo único que conseguí fue denotar mi estado furibundo bañado por el tiritar de mi traidor cuerpo.
Esto, obviamente, logró desatar otra oleada de risotadas. Al final, se secó las pocas lágrimas que se le escaparon por la histeria y me arrebato un escalofrío con esa nueva mirada que le encontré hace poco. Tragué saliva, no entendía por que me sentía repentinamente tan ansiosa, retiré uno de los mechones de mi pelo tan lentamente como me fue posible por el temor a romper el momento. Nos noté agitados, quietos como estatuas. No duró mucho, parecía nervioso incluso apenado, no entendí el por que, sea lo que fuese decidió dejarme sola, algo que no quería por más molesta que estuviera.
-"E-e yo, ya sabes. Voy a limpiar el desorden. Tu, bueno… ya que estás en la ducha creo que lo mejor sería que tomaras un baño"- y me dejó sola con mis ideas, teorías antiguas y nuevas ahora sumergidas en aguas menos conocidas. Tal vez solo fuera la culpa o la resaca.
Con el chirrido de los frenos, el grito ahogado de Dorus y las maldiciones de Angelo, volví al presente. ¿Cuánto tiempo había estado paseando con mis recuerdos?
Amika todavía con la mirada calmada y amigable de siempre habló, con voz serena
-"¿Qué ha pasado Sr. Mitzlov?"-
-"Nada, Amika querida, nada. Es solo que acabo de resolver un misterio que me tuvo unas horas atascado en mi memoria"- Dijo esto al tiempo que yo volteaba el rostro y me percaté que el señor Mitzlov me miraba directamente a través del espejo. Pero tan rápido como se dio cuenta soltó el contacto de nuestras miradas. Eran esos momentos que realmente hacían bizarro a aquel hombre, esos pocos segundos fueron llenados por una seriedad y rigidez que no parecía habitual en él.
Volvimos al camino, y está vez si me dediqué a ver el paisaje. El verdor ahora daba paso a toda la gama del arco iris, entremezclados con la hierba, árboles, arbustos. Tapizando colinas, estaban las flores más hermosas dándole vida a todo el paisaje. Eran las hermosas protagonistas del lienzo frente a nosotros.
El camino se iba haciendo más angosto debido a que la naturaleza se negaba a cederle espacio al progreso, sabia naturaleza. Dimos un giro inesperado aunque esta vez la única que se asustó fui yo. Quizás era parte del camino, y si, era cierto. Me di vuelta y descubrí que el camino se dividía. Era obvio que aquel otro lugar no estaba permitido para todos por la cantidad de señales a lo largo de 100 metros dentro de nuestro camino.
'EVITE UNA TERRIBLE MUERTE'
'ZONA RESTRINGIDA'
'ÁREA ALTAMENTE PELIGROSA'
'REQUIERE TENER SUS VACUNAS AL DÍA'
'COMPRE ROPA ANTI PIRO – LE DURARÁN MÁS'
'SEGUROS DE VIDA LA VIUDA ALEGRE'
'CALME SUS NERVIOS PILDORAS NON-EXPANTA'
'¿CALOR DE MÁS? TOME AGUAMADA LA POCIÓN REFRESCANTE'
Iba a preguntar a donde se dirigía el otro camino pero el tono de la conversación de fondo empezó a cambiar y me fue imposible concentrarme en el alboroto de palabras que iban y venían.
-"Mamá sabes que ya tengo edad, esto es completamente injusto"- decía un furibundo y enrojecido Dorus.
-"Es cierto lo de tu edad pero ¿de que te sirve aprender a manejar sino tienes carro? Además Dorus"- volteó a mirarlo y como si fuera lo más obvio y tonto del mundo –"Eres mago, si quieres movilizarte puedes Aparecerte, ya tienes tu permiso. ¿Recuerdas?"-
-"Pero mamá, no es lo mismo. Es incluso muy diferente a montar escoba, tendrías que estar en mis zapatos para entenderlo. Además ya se lo básico, sólo necesito practicar y…"- A este punto Dorus se movía ansioso en su asiento buscando y rebuscando en su cerebro algo que pudiera ayudarle –"El señor Mitzlov me ha prometido darme más clases si tu me das permiso. Sabes que seré responsable"-
-"No dudo de tu responsabilidad hijito"- esta última palabra logró agregarle un tono adicional al rojo de su rostro –"es solo que me parece inútil, si tan solo pudieras darme una razón valedera entonces"-
-"¿Entonces?"- repitió Dorus con los ojos tan grandes que parecía que se le saldrían de las órbitas. Hasta se podía ver el brillo en sus ojos, era como ver a un niño en la tierra prometida de los dulces. Sin embargo, al ver como Amika enarcaba una de sus cejas toda desbordante emoción se aniquiló.
-"Decía que, SOLO y solo si me das una razón valedera permitiré que aprendas a manejar"- dejó la frase en el aire y Dorus del rojo vivo paso a un blanco casi fantasmal.
-"Mamáyasabescualeslarazón"- dijo rápidamente y en voz baja lo más cerca que pudo al oído de su madre. La susodicha se mantuvo erguida con las comisuras temblorosas, esta mujer era traviesa cuando se lo proponía. Era obvio que ya sabía la razón pero parecía querer que lo dijera en voz alta.
-"Disculpa Dorus querido ¿qué fue lo que dijiste? No te entendí, debe ser mi edad"-
-"Mamá!"- se quejó el muchacho indignado y con un tono de rabieta colándose.
-"Dorus!"- remedó Amika el gesto.
-"Esta bien. Quiero aprender a manejar para poder pedir prestado el coche de los Sullivan ¿contenta?"-
-"No me parece una razón realmente valedera"- vi como Dorus rechinaba los dientes y abría los ojos –"pero… creo que puedo entender el motivo subyacente"-
-"¿Y eso significa que?"-
-"Que tienes permiso para aprender a manejar en el carro del señor Mitzlov, siempre y cuando él así lo desee. Pero ojo que si le sucede algo a este coche o al de los Sullivan, aunque dudo que el señor Sullivan te lo preste, tú verás de donde pagas los daños. Tu mismo dijiste que eres responsable"- Antes de terminar la última oración Dorus daba saltitos pequeños en su asiento y puedo jurar que escuche que dijo un nombre y luego suspiró. Una madre puede intuir cuales son los secretos y secretitos que sus hijos intentan esconder, sobretodo si dicho secreto tiene nombre de chica.
Recosté mi cabeza en el respaldar para poder ver con más detenimiento el borroso verdor que encontré en el cielo. Entre las ramas de estos enormes árboles se podía dar placer a los cinco sentidos: disfrutar de una agradable brisa, ver diamantes de luz a través de sus hojas, oler las gardenias, rosas y orquídeas, oír un riachuelo cercano, y saborear las naranjas que colgaban de algunos de ellos.
Me relajé otra vez.
Los siguientes días estuvieron llenos de detalles que aceleraron en más de una vez mi corazón. Para empezar Ron ahora se quedaba a desayunar conmigo, hubo días que preparó la mesa con el desayuno. Al momento de lavar los platos a veces me sorprendía besando mi mejilla dulce y lentamente.
Otro día me ayudó a hacer las compras y mientras yo miraba detenidamente los anaqueles y la lista, él llevaba el cochecito del super. Entre mis cálculos de los precios a veces sentía como mi mano izquierda y su mano derecha rozaban. En un principio creí que era una mera coincidencia pero cuando se repitió una tercera vez bajé la mirada y vi como su dedo meñique rodeaba el mío. Me volteé a verlo y ambos sonreímos abiertamente. Inhale tanto aire como me fue posible, vi todo cuanto estuvo a mi alrededor para empaparme del recuerdo para guardarlo en el cajoncito de 'momentos felices'. Más tarde, de noche cuando cerrara mis ojos lo iba a sacar y debía asegurarme que fuera lo más cercano a la realidad para poder disfrutarlo plenamente.
Estuvo todas las noches, desde mi cumpleaños. A veces preparaba la cena y bendito sea, porque no tenía ganas de llegar y prepararme una de mis insipientes sopas. Guacala, pensé en mis adentros.
Otras noches, él llegaba un poco más tarde que yo, pero no tan tarde como lo habitual y traía consigo una enorme pizza o comida china. Tuve que asegurarle que aprendería a cocinar porque no podíamos seguir viviendo de comida chatarra. Pero, escandalosamente horrorizado me dijo que no sería necesario, de ahora en adelante se convertiría en el 'elfo cocinero' si eso me alejaba de la cocina para siempre. Rompimos a reír a pesar de mi ceño, falsamente, fruncido. Y ante la comparación y evaluación me reí más. Su travieso juego nos llevo al único campo de batalla donde ambos salíamos ganando. Hasta ahora no recuerdo en que momento la pelea de almohadones se convirtió en algo más.
Esa noche como otras después de hacer el amor esperaba su abrazo pero sentí, atemorizada, como se levantaba de la cama. Pensé que había dejado de sentir culpa y que pronto volvería a ser como antes. Permanecí quieta conteniendo las ganas de llorar pero en un momento de descuido se escapó una traidora lágrima por lo que, antes que la siguieran sus hermanas, corrí al baño.
Tuvo que pasar, lo que me imagino fueron, unos cinco minutos controlarme, lavarme las lágrimas del rostro y la vergüenza del alma – esta última me tomo más de un minuto entero, pero igual con poco éxito- Salí del baño para enfrentarme a mi fría y solitaria cama. Pero ahí estaba, la silueta que me sabía de memoria, caminé despacio para no despertar a la ilusión echada en mi colchón. Me recosté y de forma automática, suave y natural su brazo me rodeó. Respiró de mi cabello y hundió su rostro en él y luego musitó mi nombre –"'mione, mi 'mione"- y me apretaba contra él. Esa noche dormí feliz y llena de sueños hermosos.
Se fueron añadiendo gestos, casi imperceptibles para aquel que no sabe prestar atención. Aunque otros eran más obvios, poco creíbles tal vez para aquel que no conoce nuestra historia, para el que no lo conoce como lo conozco yo y aún así.
Una noche llegué particularmente cansada del trabajo, el me esperaba con más de una idea de cómo llevarme a la cama, eso podía verlo. No es que hubiera tenido que rogarme, lo más probable es que tendría que hacer un pequeñísimo esfuerzo para conseguirlo. Sin embargo, se dio cuenta de mi cansancio, me tomó de la mano y me guió a la habitación.
Besó mi frente, se fue, escuché el golpeteo de algunas cucharas y platos mientras me cambiaba y me preparaba para la cama. Regresó con sopa de pollo y un jugo de calabaza. Miró mientras comía y cuando acabé tomó los platos y las llevó a la cocina. Me cepille los dientes y regrese a la cama, lo encontré ya echado esperándome –o por lo menos a mi me gustó pensar que así fue- ni bien me recosté a su lado volvió a repetirse aquel movimiento natural que sus brazos hacían hasta reclamar como suyo el territorio de mi cintura hacía él –como si el resto de mi ya no fuera suyo- me dije riéndome.
A veces llegaba tarde al trabajo, porque me atrapaba o en el pasillo, la cocina, el baño, el comedor, la chimenea, la puerta entre sus brazos imposibilitando que me moviese. Nos besábamos durante un ratito, mi parte responsable me gritaba que se me haría tarde así que me separaba de él. Pero bastaba ver su sonrisa, las pecas de su nariz o su cabello matutino especialmente desordenado para que todo ápice de responsabilidad y cordura salieran por la ventana.
Una noche, el jueves para ser mas exacta, no hicimos nada sexual pero la experiencia fue una de las más íntimas que compartimos. Recostada apoyada de lado observé su pecho descubierto y vi una de sus cicatrices. Me senté y él me miró extrañado por mis actos hasta que se percató de que era lo que miraba. Su rostro se entristeció. Sabía cuántas, donde, y como habían sido hechas cada una de sus cicatrices. Al igual que él conocía las mías. Y no era debido a nuestra relativamente reciente intimidad sino por que ambos luchamos juntos. Ambos pasamos noches en vela para ver que el otro despertara luego de una lucha tras la cual salíamos heridos. Y en cada ocasión me deshice en un llanto silencioso al pensar que Ron podría morir. Cada cicatriz traía consigo un episodio de terror de nuestras vidas. No eran un signo de grandiosidad o heroísmo sino más bien de un pedazo arrancado de nuestra juventud, un rasguño al alma. Unos más profundos que otros.
No me detuvo pero sentí como se tensó ante mi recorrido. Quise aliviar su ansiedad de la única forma que podía sin exponer mis sentimientos. Besé cada una de ellas, no con la premura del deseo ni con la desesperación por complacer al amante sino para sosegar su desesperanza.
Estaba por la segunda cuando se sentó frente a mí, creí que se pararía y se iría al sentirse incómodo pero no lo hizo. Cogió el borde de mi camisón y lo levantó con la mirada clavada en mis ojos. No proteste, me dejé llevar. Acto seguido hizo lo mismo que yo. Rozó con la yema de los dedos, primero la cicatriz pequeña en mi hombre derecho, se acercó más a mí y la besó tomándose dos largos segundos prendido en ella. Luego tocó aquella que me dejó al borde de la muerte, la que estaba en mi lado derecho que recorría parte de mis costillas. Ya apenas se notaba pero todavía podía sentir el escalofrío por el recuerdo de aquella noche. Felizmente, él me hizo olvidar cualquier trazo de dolor cuando lentamente voló con sus labios hacía la antigua herida. Pese a que lo pareciera no estaba pretendiendo tener sexo, y esa noche no lo hicimos. Después de calmar el ardor de cada cicatriz me abrazó y nos quedamos dormidos.
Abrí los ojos cuando de un golpe se detuvo el coche, habíamos llegado. Delante del coche estaba este pequeño mausoleo de piedra blanca, me pregunté si sería como la que hay en el 'Sacre Coeur' de París. Angelo estaba sacando las canastas mientras Dorus prácticamente corría hacía la casa más cercana.
Tres personas se iban acercando. Era una pareja en sus cuarentas, con rostros alegres y rosados. Este clima devolvía el tono saludable al rostro. La tercera persona era una muchachita de cabellos dorados que con paso más presuroso que sus padres se acercó, y no precisamente a nosotros sino a Dorus. Al estar a unos cinco metros ambos escondieron sus sonrisas de enamorados debajo de una máscara de serena amistad que no podría convencer ni al más ingenuo de los monjes.
-"Amika, que bueno que llegaste. Te estábamos esperando"- dijo la mujer castaña abrazándola fuertemente.
-"Andrea"- ambas rieron en los brazos de la otra. Ese momento me hizo recordar a mi amistad con Ginny, esperaba que al regresar pudiera perdonar mi comportamiento de nuestro último encuentro.
-"Igor"- dijo luego abrazando, ahora al hombre de cabellos dorados.
-"Igor, Andrea, quiero que conozcan a Catherine Muller. Es una huésped que hoy nos acompaña"-
-"Hola querida"- me dijo Andrea con una sonrisa amable extendiendo su mano.
-"Bienvenida"- añadió su esposo.
-"Oh, espera. Falta que conozcas a Sybilla"- dijo Andrea pero cuando volteó vio como Dorus le explicaba con aire catedrático como funcionaba un motor. Cuando ambos notaron nuestras miradas separaron un poco sus manos y enrojecieron a más no poder. Todavía puedo recordar ese tipo de reacciones en mí. Me reí bajito pero el resto lo hizo sin evidencia de querer contenerlas. Lo que, obviamente, hizo que los chicos fruncieran cejas y labios. Mirando mordazmente a sus respectivos padres.
La casa de la pareja quedaba en la cima de una colina a un kilómetro de distancia. Eran vecinos de Amika cuando los Sullivan eran niños y fueron de los que ofrecieron ayuda a la demacrada viuda en su peor momento.
Pronto todo estuvo dispuesto y sobre el pasto al pie de un par de árboles pusimos las mantas y la comida. Me quedé a una respetuosa distancia cuando Amika, Dorus, Angelo y los Sullivan presentaron sus saludos y respetos a sus seres queridos. Vi a Amika derramar un par de lágrimas mientras Dorus mantenía una posición erguida rodeando a su madre por el hombro. Del otro lado Angelo le ofreció un pañuelo, el cual ella aceptó sonriendo. Eran una familia fuerte.
Cuarenta minutos más tarde ya no me entraba ni una miga de pan. Angelo y Amika eran excelentes cocineros casi tan buenos como la Sra. Weasley. Aunque amenazaban, sin saberlo, con sobrepasarla. Me encontré pensando en los veranos, los días soleados en su casa, la familia que había aprendido a querer como a la propia.
De fondo tenía el murmullo corrido de preguntas, risas, signos de admiración y reprobación por los últimos chismes. La mayoría no las decían las señoras sino los dos hombres mayores. Los hombres pueden ser chismosos ¿no? También tienen derecho, habrá que dejarlos.
El señor Mitzlov estaba con los ojos cerrados contra el árbol frente al mío, fumando su alargada pipa. Pensando con tanta concentración que casi podía oír como se debatía. Pero luego en un instante estaba, nuevamente, haciendo murmullos con la canción de Black Sabbath.
Decidí recostar mi cabeza pero mantuve los ojos abiertos viendo la escena frente a mí. La familia reunida con amigos, satisfechos con la vida que tienen. Arrugas surcando sus facciones pero felices de mostrarlas siempre y cuando fuera con una sonrisa. Viendo a sus, adolescente, hijos caminar juntos quizás siguiendo un mismo sendero en el futuro. Valía la pena intentarlo, después de todo la felicidad es responsabilidad de cada uno. Eso serviría para darme un impulso más.
-"¿Sabes bajo que árbol estas Catherine?"- me preguntó Angelo sacándome de mi monólogo interior.
-"No, ¿por que?"-
-"Este árbol tiene más de cincuenta años, ha sido testigo de alegrías y tristezas, de nacimientos y muertes, de guerra y paz. Lo plantaron Amika y Akos cuando se conocieron. Bajo este mismo árbol se casaron"- me dijo mientras asombrada y, algo, avergonzada me estiré para verlo bien.
-"Quizás debería recostarme en otra lado"- me disculpe
-"No seas tonta"- me recriminó como solo un abuelo de vocación puede hacer, sin ningún tono de ofensa sino más bien cariñoso.
-"Creo que no le has prestado verdadera atención. Mira"- me dijo cuando señaló el tronco. No era uno, sino dos árboles, ambos con los troncos enredados.
-"Incluso esto parece escrito por el destino"- agregó ante mi silencio –"Akos sembró uno y Amika otro, juntos para que crecieran a la par. Pero estos grandulones tenían otros planes"- tocó el grueso pedazo de madera.
-"Es hermoso"- no sabía que más decir, después de todo, esa muestra de la naturaleza era otra manifestación del amor entre Akos y Amika. Quizás, el destino, si lo tenía todo preparado - para ellos-
-"Escuché alguna vez que este tipo de árboles van creciendo separados él uno del otro, no muy lejos, guardando cierta distancia. Luego sus troncos se van acercando, esa es la evidencia que hay en el exterior"- me explicó acariciando el tronco, luego me miró. Tras sus párpados cansados guardaba tanta sabiduría que sería un delito no prestar atención.
-"Pero la más importante, la sustancial, está debajo de la tierra. Veras, conforme fueron creciendo fueron no solo uniendo troncos sino también raíces. De tal forma, que lo que estamos mirando ahora"- volteó su cabeza y yo seguí su mirada.
-"Es un solo árbol"- finalicé yo.
-"Así es. Ahí radica la importancia vital, porque si alguna persona que no sepa de esto podría cometer la estupidez de cortar uno de los troncos para dejar 'libre' al otro. Sin imaginarse que al hacerlo, estarían matándolos a ambos"- Quedé muda ante tal enseñanza.
-"Algunas cosas no están hechas para vivir separadas de otras"- concluyó y se levantó para acercarse a Igor que examinaba con detenimiento las frutas que estaban en la canasta. Ahora se disponía a preguntar que tipo de hechizo había empleado para lograr ejemplares tan grandes.
Era cierto, 'Algunas cosas no están hechas para vivir separadas de otras', pruebas sobraban. Apoyé el cuerpo contra el grueso tronco, tocando sus grietas me di cuenta que probablemente en el proceso ambos árboles se conocieron lo suficiente como para determinar que tanto se podían acercar o alejar. Medir la fuerza del abrazo para no ahogar al otro. Aprendiendo de los roces toscos, cediendo y dando. Hasta lograr estar en armonía y seguir creciendo juntos. Cada vez con más fuerza. Era eso, exactamente eso, lo que quería para mí. Lo que deseaba mi corazón con fervor. Cerré los ojos sonriendo dejándome llevar por mis recuerdos.
Logré convencerlo de ir al cine. La película era una de los 50s, muy emotiva. En cuanto a la pareja, parecía que el tiempo no estaba a su favor, ambos se conocieron estando unidos a otras personas, simplemente no coincidían en tiempo y espacio.
Pero en el barco donde se conocieron todo parecía posible. Él dejaría todo, y después de unos meses cuando ella también volviera a estar sola se reunirían. Lo prometieron, en ese barco, antes de pisar tierra firme, antes de ver la realidad.
Tendrían que haberse reunido en NY en el Empire State en tres meses pero uno de ellos no llegó rompiéndole el corazón al otro, sin que este imaginase que no era el desamor sino el destino que conjugó a favor de la separación. Ella sufrió un accidente antes de la cita por eso no pudo llegar. Y todo se distorsionó a partir de ese momento.
No pude contener las lágrimas cuando ambos protagonistas se encontraron fuera de un cine con sus nuevas parejas. 'Dolorosa' era la mejor palabra para la expresión en sus rostros. Por que a pesar de todo lo dicho, hecho o dejado de hacer, ver a tu antiguo amor –sino el único- con otra persona hace al corazón actuar más rápido que la mente. De esa forma, se imprime en el cuerpo las reales emociones que se experimentan en ese momento. No era el momento, podría decirse. Aunque eso no disminuya el dolor quizás sirva de consuelo, e incluso conceda cierta esperanza. Pero ¿y mientras tanto?
Ni la dulce sonrisa o el buen apretón de manos entre las parejas podrían adjudicarle algo de cordial al encuentro. La tensión estaba ahí.
Al final de la película se descubre que la protagonista queda inválida y aunque ahora libre no se atreve a volver al amor de su vida para no arrastrarlo a una esposa discapacitada. Hizo cuanto estuvo en sus manos para lograr alejarlo pero el instinto pudo más en él y pronto se dio cuenta de que la mujer que amó desde hacía años lo alejaba por su propio bien.
A Ron obviamente le pareció que la película carecía totalmente de acción, yo sólo me reí, creo que esa fue su intención ya que yo todavía no podía olvidar la escena del doloroso reencuentro. Lo logró.
Durante la semana también me sorprendió con un VCR antiguo que se había prestado de Harry. Vimos algunas películas antes de irnos a acostar, sin sexo, sin más preámbulo que su dulce y natural movimiento sobre mi cintura. Era el cielo.
El sábado, lo llevé a un lago. Solía ir cuando niña con mis padres, tíos y primos. En un clima como aquel se podía disfrutar con plenitud la pacífica marea. Pensar que aprendí a nadar en una escuela pero donde realmente me divertí fue aquí. Sonreí para mí misma. Si bien era cierto que mis primos me dejaban de lado por ser la cerebrito, siempre podía contar con papá. Intentaba que no me comportara de forma introvertida así que solíamos hacer pequeñas carreras en las que me dejaba ganar.
Jugábamos a obtener cierta ventaja en metros por cada pregunta bien contestada, así que de paso me enseñaba algunas cosas sobre historia general, arte, literatura y cine. A su manera quería reemplazar a algún inexistente amigo. Era mi amigo pero no dejaba de ser mi papá. Donde realmente conocí amigos y el real significado de la amistad fue en Hogwarts, ahí encontré a mis mejores amigos y al amor de mi vida.
Volví a mirar el paisaje, no había cambiado mucho. Lo único nuevo era el pequeño muelle, aparentemente, reconstruido recientemente. Llevamos algo para comer ahí, traducción: Ron cocinó y yo ordené todo en una canasta. Andar juntos se me estaba haciendo una adicción tan poderosa que estuve segura de sufrir, mucho más que antes, cuando él decidiera alejarse para retomar su estilo de vida anterior. Alejé el pensamiento lo más rápido que pude.
Pasamos la mañana comportándonos como niños, haciendo carreras de nado en las que me dejó ganar. Luego me retó a una carrera de saltos en los que me fue imposible superarlo, pero fue muy gracioso intentarlo. En más de una ocasión terminé tirándome con tanto ímpetu que luego me dolían los costados. Después de un rato, pedí tregua y me quedé tendida en el pequeño muelle tratando de relajarme y tomando los pocos rayos de sol que se escurrían por las nubes.
No se cuanto tiempo pasó pero ya era hora de comer algo. Me di cuenta que hacía bastantes minutos que dejé de escuchar los chapoteos y silbidos de Ron, ya ni siquiera intentaba mojarme. Levante la cabeza, algo mareada recorrí el horizonte líquido pero solo veía el tenue oleaje. El aire se fue haciendo más fresco, me abracé a mi misma y volteé hacía donde estaba la manta extendida y tampoco se encontraba ahí. Eso ya no era normal.
-"¿Ron?"- llamé, esperé un rato para ver si me respondía. Pero nada.
-"Ron, no es gracioso. Ya sal"- volví a decir. No podía bromear así ¿o si?
-"¿Ron?"- me levanté ahora concientemente asustada. Merlín y si algo le había sucedido.
-"Ron!! Ron!! Ron!!"- grité mientras iba caminando hacia la manta donde aún estaban sus cosas, su varita, su ropa, todo ahí. Lo único que no estaba –por lo menos a la vista- era mi varita.
Estaba respirando más agitada, agudizando mis sentidos, tratando de hallarle sentido a esto. Uno de los arbustos detrás de mi se sacudió, tomé la varita de Ron intentando no dejarme llenar de pánico.
-"Sabes como hacer esto"- me repetía recordándome mi habilidad con la varita.
-"No, otra vez no"- La parte más infantil gritaba.
Me volteé rápidamente cuando escuché algo caer al agua.
-"Por favor que no le haya pasado algo a Ron, cielo santo, por favor, por favor. Ron no, no mi Ron, por favor, por favor, por favor"- Sentía como cada latido de mi corazón decía su propia plegaria, caminé hacia el muelle más alerta de lo que había estado en años.
Algo me levantó en vilo, antes que pudiera reaccionar estaba en el agua, salí a la superficie con la rapidez que puede permitirle a un ser humano la gravedad. Tomé aire y aferré la varita y un micro segundo después escuché un fuerte estallido de risas. Giré la cabeza y vi a Ron detrás de mí con la expresión divertida del niño de Hogwarts.
-"Bu"- me dijo entre risas
Mi cuerpo reaccionó otra vez guiado por el corazón y lo envolví en mis brazos aún mirando a los lados, al bosque, al lago. Estaba ahí conmigo, nada le había pasado. No eran los monstruos de mis pesadillas ni los mortífagos de nuestro pasado lo que se querían llevar a mi Ron. Estaba bien, lo tenía abrazado, esa era prueba suficiente de que estaba a salvo, ¿verdad? No le había sucedido nada, solo fueron mis estúpidos nervios y mi estúpido terror de perderlo.
-"Esta bien, 'mione"- lo escuche decir aunque todavía estaba alerta de lo que nos rodeaba.
-"No"- negué con la cabeza todavía esperando -aterrada- que algún demonio del pasado se hiciera paso a través de la espesa y verde muralla.
-"Todo está bien. Tranquila Hermione"- dijo entre risitas nerviosas –"Fue solo una broma, ¿'mione?"-
No respondí por que la sangre se empezó a agolpar en la cabeza. 'Era una broma' 'Una broma' 'Su broma'
-"¿br-broma?"- musité
-"Si"-
Me fui soltando mientras iba alejándome lentamente. Ahora todo adquiría un significado distinto. Mis pasos me llevaron a cinco metros de la orilla con el agua a nivel del pecho.
-"¿'mione?"-
¿Una broma? ¿Una estúpida broma? ¿Una empendejada broma? Eso es lo que quiso hacer. Para variar solo pensó en como se divertiría él, como sería gracioso para él. Ni por un momento se puso a pensar en como me sentiría si algo le llegara a pasar. Si de alguna forma el resultara herido o algo peor. Volvió ese estremecimiento a recorrer mi cuerpo.
Sentí su mano en mi hombro y todo se volvió un remolino de cólera.
Giré sobre mi misma y lo encaré, la expresión dibujada en mi rostro hizo que retrocediera un paso. Y entonces, exploté.
Sentí claramente como mis puños se cerraron, mi respiración se volvió a incrementar, mi ceño se frunció al igual que mis labios.
-"Suéltame, ANIMAL!!"-
-"Hermione, espera. Perdóname, pensé que sería div-"-
-"¿Divertido? ¿Para quién?"- dije sarcásticamente –"Déjame pensar, ¿Qué se le podría ocurrir al gran Ronald Weasley?"- me volví a zafar cuando cogió mi mano –"Ah si, claro, solo en el gran Ronald Weasley. Por que esa es la única persona en quien piensa"-
-"Estás exagerando Hermione. Y no es cierto, no sólo pienso en mí, también pienso en ti"-
-"Si, imagino que pensaste en como engañarme, como montar tu juego para que la ingenua y tonta de Hermione cayera, ¿no es así?"-
-"No!"-
-"Eso es lo que has hecho siempre. ¿Acaso no es lo que siempre haces conmigo? Tú, pedazo de animal, cobarde, idiota"- y se me empezaron a salir las lágrimas mientras lo golpeaba con los puños a donde le atinara, la cabeza, el brazo, el estómago, la pierna.
-"Hermione Granger, mírame. Espérate, te he dicho"- me cogió por el codo y está vez lo hizo con mucha fuerza, pero yo también estaba lista para luchar. Quería bromear a costa mía, bromear con lo que más me importaba, pues ahora tiene que pagar las consecuencias. Lo apunté rápidamente con la varita, dejándola sobre su pecho.
-"Ronald, su-él-ta-me a-ho-ra mis-mo"- dije cada sílaba mirándolo directamente a los ojos, para que no le cupiera duda de que estaba hablando en serio. Me soltó despacio, contando sus movimientos y los míos. Si quería pelea, entonces pelea tendría. Su estúpida broma había traído de vuelta a la antigua Hermione, no más condescendencia ni aguantar en silencio. Se acabó.
-"No quise last-"-
-"No quisiste que, ¿lastimarme? Se está volviendo una excusa bastante repetitiva, parece que es la única que te sabes"- dije agriamente.
-"Lo sé, y lo siento"-
-"Pues a mí, no me importa. Quédate con tus disculpas, con tus excusas y con todo lo que a mí ya no me sirve. Con todo lo que me lastima. Quédate contigo porque ya tuve suficiente"-
Se quedó quieto y temí haber sido muy hiriente, pero él también me había herido. Y ya no se trataba solo de la estúpida broma sino de todo en cuanto rodeaba a nuestra retorcida relación. Tejía su juego, repartía las cartas marcadas y todo lo maquinaba para salir ganando, para sentirse bien. Era su juego favorito y yo era su juguete predilecto, el que nunca objetaba nada. El que, feliz, hacía sus deseos realidad. La única -lamentable- defensa que tenía este juguete era que amaba al titiritero y permitiría que guiara sus pasos hasta el mismo infierno si eso hiciera feliz al dueño de su corazón, de su esencia. Sentí lástima de mí misma.
Agarré mi toalla y me la puse en la cintura, luego me metí en el bosque, no sabía a donde iba y realmente no me importaba. Lo que quería era huir de la sensación de asco, pena y fresco odio que experimentaba contra mi misma.
Si tan solo supiera que esos minutos de incertidumbre se me hicieron largos. Si se imaginara como retrocedí en el tiempo hasta el punto de sentir como los latidos de su corazón disminuían su ritmo, sentir sus manos enfriarse en las mías, cerrarse sus ojos ante su cuerpo malherido. Tal y como sucedió durante la guerra. Solo así, talvez, podría haber comprendido una décima de cómo me sentí. Y que ahora solo quiera decir que fue una broma. Cruel, eso es lo que era su broma y él también.
Después de caminar 10 minutos me senté sobre una gran roca, esperando que dejara de atormentarme la conciencia. Temblaba de cólera, miedo y frío. Las nauseas no me dejaban, hace días no me dejaban, tal vez eran un anticipo a todo esto. Quizás esta sea la gota que rebase el vaso. Si es así, mi yo masoquista aún buscó un retazo al cual aferrarse a la ilusión convertida en alucinación. Porque en el fondo sabía que si la dejaba ir, me estaría dejando ir a mí misma. Era casi como suicidarme, ¿sería mejor una muerte súbita a la agonía de guerras perdidas y acumuladas esperando caer sobre mí para terminar de hundirme?
Me abracé y me acuné para mecerme un rato, pronto escuche unos pasos lejanos. Y ahí estaba, a un metro de mí. Se inclinó y encontré su cuerpo aislando todo el frío interno y externo del mío. No luche más, prefería la agonía, no tenía el valor para el suicidio. Estiraría la alucinación hasta donde esta pudiera. Me abrazó y me pidió perdón. Y yo, la feliz marioneta, el juguete predilecto, lo perdoné.
-"No pensé que te lo tomarías de esa forma"- me susurró
-"¿Te parece poco?"- dije cortante.
-"Fue una pésima broma y lo siento"-
-"¿Sabes como me sentiría si algo te llegara a pasar? ¿Sabes que sería de mí?"-
-"Creo que puedo hacerme la idea. Sería lo mismo si algo le hubiera sucedido a Harry o a Ginny"- concluyó enfureciéndome más.
-"Idiota!!"- le lancé un golpe y me zafé
-"¿Y ahora que hice?"- respondió cayéndose debido al golpe.
-"No tienes las más mínima idea ¿no?"-
-"¿De qué hablas?"-
-"Ggrrr… Nada, absolutamente nada. Eso es lo que sucede, NADA!!"- dije agitada por la cólera y luego añadí algo para distraernos a ambos –"Creo que es hora de irnos"-
-"No, termina lo que ibas a decir"- me exigió con firmeza mirándome de frente ya parado frente a mí.
-"Nada"- respondí, rogando por que no quisiera seguir.
Me sujetó fuerte de los brazos y prácticamente me sacudió. No pude contener la histeria en mi voz.
-"Na-a-dda"- logré decir entre mis gimoteos.
Me abrazó fuerte contra su pecho y mis brazos lo rodearon llorando con fuerza, sin restricciones.
-"Perdón, perdóname. Hermione, lo siento. Lo único que hago es herirte y volver a ha hacerte daño. Perdóname"- me suplicó
-"Me dolió, sabes que moriría si algo te hicieran… si tu murie-no vuelvas a hacer eso. Todo volvió en ese segundo, las máscaras, las torturas, los muertos, el frío, el miedo de perderte"- confesé ya rendida.
Se tensó a mi lado, temí haber dicho algo incorrecto. Levanté lentamente mi rostro para encontrar el suyo con lágrimas surcando sus mejillas. Si mi corazón se quebró con su fingida desaparición ahora me ahogaba el dolor al ver su rostro cubierto por el fantasma que no lo dejaba en paz. Sabía perfectamente que lo atormentaban sus recuerdos, las pesadillas de momentos reales de nuestro pasado.
-"No, Ron"- besé sus manos, me estiré y besé las comisuras de sus labios. Cogí su rostro entre mis manos y la atraje hasta mí. Besé el camino de cada lágrima.
-"No pasa nada. Todo fue un malentendido"- le dije mirándolo a los ojos intentando distraerlo.
Acaricié con mis dedos primero su frente pasando por su ceño fruncido, luego sus párpados. Sustituí mis dedos por mis labios. Primero rocé su párpado izquierdo y lo sentí temblar en mis brazos. Besé después el derecho. Quedamos apoyados en nuestras frentes. Él sujetándome por la cintura y yo aferrada a su cuello. Después de un momento levantó mi rostro para mirarme y sus ojos me traspasaron por completo. Sentí sus manos moverse con dificultad. Extrañamente estaba nervioso y yo también. ¿Qué era lo que nos estaba sucediendo?
(love, love, mmm)
You make me feel like a sticky pistil,leanin' into a stamen.
You make me feel like a Mr. Sunshine, himself.
You make me feel like splendor in the grass, while we're rollin'.
Damn skippy, baby!
You can make me feel like the Amazon's runnin', between my thighs.
You make me feel love, love, love, love, love.
Love, love, love, love, love.
You make me feel love, love, love, love, love.
Love, love-ah, love-ah.
Inmovilizó mi rostro y con sus pulgares rozó cariñosamente mis labios. Cerré los ojos por puro instinto, esperando el delicioso momento en que su boca tocara la mía. Menos mal que ya estaba acostumbrada a la torturante espera de lo contrario me hubiera vuelto loca.
Claramente podía ver a través de mis párpados entreabiertos su rostro inclinarse e inclinarse ligeramente. Sus labios tomaron los míos suave pero concienzudamente. Cada encuentro iba agitándome, tomó mi labio inferior y paseó su lengua por ellos logrando arrancarme un fuerte suspiro.
Pero yo no estaba dispuesta a convertirme solo en la presa así que tomé con fuerza su cuello. Tenía que tenerlo más cerca y él también lo quería así. Sujeto con fuerza mis caderas al tiempo que alcanzó mis labios entreabiertos con su dulce lengua. Acariciándome de la forma que sólo el sabía hacer.
Mientras su mano derecha estaba quieta en mi cadera la izquierda rozaba mi muslo, la recorrió hasta llegar a mis nalgas. No me apretó fuertemente como solía hacer. Todo lo estaba haciendo sin apuro, como nunca antes.
Desde su posición levantó ligeramente mi pierna, logré de un brinco sujetar mis piernas alrededor de su cintura. Sus labios solo soltaron los míos para recorrer mi cuello. Me estaba matando, podía sentir acumularse el dolor en el corazón y en mi cuerpo ambos anhelando un contacto más íntimo.
Conforme regresábamos a la orilla respirábamos de forma entrecortada, fuera por la desesperación o por la caminata. Cada paso que el daba significaba un nuevo roce, una nueva fricción, un nuevo deseo. Mis caderas ya cobraron vida propia y escuche cada maldición que decía entre dientes.
You make me feel like a candy apple, all red and horny.
You make me feel like I wanna be a dumb blonde in a centerfold,
the girl next door.
And I would open the door, and I'd be all wet,
With my tits soaking through this tiny flannel t-shirt,
that I'm wearing,
And you would open the door and tie me up to the bed.
No sé cuanto me había adentrado en el bosque, tal vez solo di una vuelta en círculo por que pronto estuve echada sobre la manta frente al lago. Fui soltando mis piernas pero una de sus manos me detuvo.
-"No"- me susurró –"No me alejes de ti"- mirándome a través de sus párpados.
-"Nunca"- respondí conciente de cada letra. Quise creer que era casi una promesa de amor.
Mis manos recorrieron su espalda, y se tensó para luego temblar conforme gimió contra mi clavícula. Eso hizo que mi espalda se arqueara de forma automática y sentí con mayor fuerza su evidente erección contra mi estómago.
Lo necesitaba y lo necesitaba ya, pero tampoco quería apresurarlo. Era para estos momentos para los que vivía y si el sueño podía durar un poco más no iba a ser yo la que lo terminara antes.
Otra vez, me sorprendió el temblor de sus manos al desatar la parte superior de mi bikini. No entendí el por que, él lo había hecho miles de veces y sin ningún problema. Sin embargo, era una agradable sorpresa. Era como si por primera vez me estuviera tocando.
Lo ayudé a sacarme el brassiere, reclamó mi cuello besándolo con un poco más de fuerza. Luego hizo algo que me encantaba y el lo sabía. Entre dientes tomo una pequeña porción de piel y la mordió.
-"Umm"- gemí, tratando de hallar si estaba parada o echada.
No podía más, tenía que sentirlo. No podría durar lo suficiente y esa era mi promesa. Deslicé mi mano hasta llegar al elástico de su ropa de baño, la jalé con desesperación, no podía esperar más. Pero sujetó mi mano con la suya, por un breve momento pensé que no me haría suya y que solo estaba jugando sucio pero luego su mano, todavía sobre la mía, fue guiándola tirando hacía abajo la odiosa prenda solo que de forma lenta.
Volví a acariciar su espalda hasta llegar a sus nalgas y aunque el seguía con movimientos lentos yo no lograba controlar mis impulsos. Los apreté contra mí para sentirlo contra mi parte más sensible. Ambos gemimos, él más profundo que yo mientras del mío solo lograba identificarse su nombre.
Colé mi mano entre ambos y tomé su rígido miembro, estaba tan listo como yo. Escandalosamente bello ante mí sumergió su rostro en mi pecho, masajeando uno de ellos mientras que lamía el otro.
-"Ron"- No recordaba nada más que su nombre.
You make me feel love, love, love, love, love.
You make me feel love, love, love, love, love.
You make me feel love, love, love, love, love.
Love, love, love-ah, love-ah.
Succionó mi pezón con demasiada suavidad. Este era un nuevo Ron, generalmente él me atormentaba pero no tanto. Solía ser él quien esperaba ser complacido y no tomaba tanto tiempo en complacerme, no es que fuera mal amante solo que solía ser más… rápido.
Froté con fuerza su pene contra mi mano pero volvió a detenerme, bueno más bien, desacelerar el ritmo. ¿Quería que tomara mi tiempo disfrutándolo?
Finalmente su boca llegó a mi vientre y eché mi cabeza hacía atrás diciendo su nombre en un tono casi suplicante, a estas alturas ya no me importaba una humillación más. Mantuvo sus labios en mi ombligo y colocó ambas manos en mis caderas y esta vez con fuerza y de un movimiento me despojó de la única prenda que me quedaba. Inhalé fuertemente, en el fondo de mi conciencia quería complacerlo a él también, necesitaba hacerlo pero me resultaba difícil concentrarme si el seguía haciéndome esas cosas.
Llegó a mi monte en un camino recorrido por su lengua, temblé con desesperación casi llegando al llanto por la forma que me hacía sentir. No llegó a donde yo lo necesitaba más, a donde mi cuerpo derramaba sus ansias de tenerlo. Sino que tomo sus largos segundos recorriendo la cara interna de mis muslos. Su respiración dio en mi centro y mis manos cogieron sus cabellos para arrastrarlo un poco más arriba.
Llegó besando delicadamente mis labios, abrió su camino con dos dedos hasta colocarlos dentro de mí. Volví a arquearme contra su rostro echando más atrás mi cabeza a tal punto que estuve segura que luego me dolería pero no me importaba. Solo importaba él.
Sus dedos se adentraron más en mí, empapando su palma. Luego, con labios entre abiertos suspiró contra el punto más sensible de mi anatomía. No fue un gemido lo que escapó de mí sino un grito. Dejó que me tranquilizara un poco, antes de volver a ese divino punto. Mis caderas se movían desvergonzadas contra él. Ya podía sentir el exquisito temblor llegar, faltaba tan poco. Quería que terminara con esta tortura y al mismo tiempo no deseaba nada más que siguiera tratándome con tanto cariño.
Tenía una mano en sus cabellos y la otra apoyada en su hombro. Mi posición debajo de él no requería ningún apoyo pero presentía que si no lo hacía, caería y no quería separarme de él de ninguna forma.
Siguió con sus dedos presurosos en su movimiento de vaivén, cielo santo, lo necesitaba dentro de mí, ahora. Sabía que estaba esperando que le dijera, aquello que era mi pasaporte al nirvana.
-"Ron, te nece-"- empecé a decirle pero no me dejó terminar.
No se como logró callarme con la otra mano. Y justo en ese momento succionó con un poquito más de fuerza y me perdí en el glorioso momento, dejé escapar la evidencia del placer de mi cuerpo en más de una forma. La más penosa, en un agónico grito descomunal, que no logré identificar sino hasta después de un buen rato.
Lo-ver, I don't know who I am, mmm, mmm, mmm.(take you home)
Am I Barry White, am I Isis? Ooo, Ooo, whoo
Lover, I'm laced with your unconscience, Ooo,Ooo, babe, babe, baby
I will be your Desdemona.
Mi alma temblaba por la demostración de cuidado, cariño y, quería soñar, amor con la que acababa de tomarme. Mi cuerpo temblaba de placer, un placer que en ninguna de las noches con él había tenido. Quería articular algo pero no me salía la voz, no lograba sentirme en la tierra, todavía estaba flotando.
Poco a poco recolecté fuerzas y recobré algo de mis sentidos para poder levantar mis brazos hacía él. Pronto lo tuve conmigo otra vez, de alguna forma fue mi conciencia la que se evaporó por unos instantes.
Lo besé por que aunque el solo deseaba complacer su lujuria, yo necesitaba hacerle el amor. Nuestras miradas se encontraron y vi tanta ternura en sus ojos, esperanza naciendo entre ambos, era como tener lo que más quería solo a unos centímetros de distancia, tan cerca y tan lejos a la vez.
Me devolvió el beso y me hice el firme propósito de no apresurarme. Volvió a besar mi cuello al tiempo que su mano recorría desde mi cuello toda la longitud de mi costado hasta llegar a mis piernas y separarlas. Nuevamente me estremecí al notar su mano en mi centro, se posicionó en mi entrada pero no avanzó. Subió la mirada y volvió a hacerme una pregunta silenciosa, me pedía permiso. Asentí suavemente sintiéndome repentinamente nerviosa.
Su avance fue lento, dulce y me maravilló como siempre. Recibirlo, era como la primera vez y me costaba un poco acostumbrarme a su presencia. Ambos gemimos al encuentro. Me abracé a él ahora acariciándolo con todo el amor que guardaba dentro de mí. Besé su hombro al tiempo que mis manos rozaban su costado y el centro de su espalda.
Empezamos a mover nuestras caderas y estuve esperando el momento en el que me pediría que le dijera la frase. Pero no llegó, solo estaba su respiración agitada contra mi pecho, sus avariciosas manos aferrando mis muslos alrededor de su cintura. Los susurros con mi nombre, la desesperación contenida en cada una de sus embestidas. ¿Por qué tanto autocontrol? Si quería perderse en mí tanto como yo en él por que seguíamos a paso lento. ¿Seguía saboreando el momento? ¿Seguía disfrutando de mí?
Eché mi cabeza hacía atrás cuando apretó sus manos contra la piel de mi cintura y sus labios tocaron mis senos.
-"Ron, ahhh. Roooonnn"- Volví a gemir diciendo su nombre como plegaria, tenía tantas ganas de decirle cuanto lo amaba, cuanto lo necesitaba.
You make me feel, Ooh, ho
You make me feel, Whoo, Whoo, babe
You make me feel, Oooh, ho, mmm
You make me feel, ooh,ho, ooh,ooh, ah ha, ah ha, oh
Ahora podía sentir su placer incrementarse y seguro no pasaría mucho tiempo antes de que sucumbiera. Tenía que decírselo ahora, o nunca podría. Era el mejor momento.
-"Ron, t-"-
Quedé paralizada, tocó en ese momento con dulce exactitud los puntos precisos para llevarme nuevamente a mi estado de agitación. Con más fuerza de la que tenía intención de imprimir a mis acciones, hundí mis uñas en su espalda y mordí su oreja.
-"Mierda"- Maldijo en voz alta e incrementó su ritmo dentro de mí.
Entonces dijo algo que hizo que mi corazón diera un vuelco.
-"Te necesito, te necesito mi 'mione"- me dijo con voz grave y profunda.
Me abrazó con tanta fuerza que estuve segura que por momentos me faltaba la respiración. Si era por el abrazo o por sus palabras no estaba segura, tal vez fuera por una mezcla de ambos.
Entraba y salía de mí, y ni bien se alejaba me dolía su ausencia. Era mío por lo menos en cuerpo, y esos microsegundos que le tomaba regresar a mí eran una tortura. Pero rápidamente eran reemplazados por la dicha de tenerlo de vuelta, guiando nuestro camino al clímax.
Bruscamente soltó una de sus manos de mi cuerpo y la hundió en el terreno arenoso por encima de mi cabeza y me penetró con más fuerza que antes, una, otra y otra vez. Al tercer asalto me liberó de toda las ataduras terrenales y floté, pero lo sentí flotar a mi lado un momento después cuando soltó una especie de gruñido al tensarse por completo y volcarse en mí con todo.
Nos quedamos pecho contra pecho. El rostro de uno contra el cuello del otro, agitados, casi moviendo nuestros pechos al mismo tiempo. Deshizo su mano de la tierra y cogió mi rostro para que nos miráramos. No me dijo nada, y tampoco supe que decir. Cualquier palabra arruinaría el momento, el encanto. Me dio el más dulce beso, no fue un beso pasional, no del amante ni del amigo, sino de un alma a otra, un beso incapaz de explicarse con definiciones.
Luego bajó su rostro hacía mi pecho cogió mis manos y las unió detrás de su espalda haciendo que lo abrazara, después se recostó en mí. Él por su parte hizo lo mismo atrapándome en sus brazos. Era la primera vez que era yo la que lo abrazaba después de un encuentro. Siempre era él quien me abrazaba, yo la que me sentía indefensa en sus brazos. Ahora era todo lo contrario.
Nunca dejaría que algo le hiciera daño. Siempre estarían mis brazos para protegerlo de lo que fuera, siempre estaría con él aunque sea a costa de mí misma. Lo único que podría alejarme de él sería él mismo.
Después de un buen rato se quedó dormido, apacible, con el rostro despojado de cualquier signo de dolor. Me sentí orgullosa de mí misma al saber que era por mí que se sentía tan a gusto, tan tranquilo. Me dio tiempo de pensar en lo que quería hacer, la parte lógica de mi cerebro me decía que lo hiciera, que ya iba siendo tiempo. ¿Acaso Harry y Ginny no lo habían dicho? Tarde o temprano tendría que hacerlo, cielo santo, moría de miedo. Mientras mi lado cobarde decía que era mejor disfrutar sin preocupaciones.
Pero me sentí sobrecogida al recordar sus caricias, su dulce tacto, su aliento contra mi piel, con tanta delicadeza. Jamás me sentí tan… amada. Jamás.
(I don't want you to change your mind, you feel so, feel so good,
g-g-g-g-good, you do something so good to me...
oh no, oh,oh, oh, no, no, no, no, no, no etc
you make me, make me feel so good inside, lover,tonight, love-ah, love-ah)
¿Y si finalmente se había dado cuenta de algo?, quizás si dejo pasar unos días él me daría algún tipo de señal. Si me iba a lanzar a la piscina por lo menos quería saber que estaba a medio llenar.
Mañana era la reunión en La Madriguera, con toda la familia. Por el momento optar por una maniobra pasiva parecía lo mejor. Suspiré de su aroma combinado con él mío sintiéndolo más mío que nunca.
N/A: Espero que no haya salido mal, o tan mal. También espero que el lenguaje no haya ofendido a alguien. Por eso puse la advertencia arriba. Este fin de semana fue largo, en mi país celebramos Fiestas Patrias así que QUE VIVA EL PERU!! Por eso pude actualizar, relativamente, rápido.
La canción: Feelin' love de Paula Cole. Para mí una de las canciones más sensuales que existen.
Algo más, encontré esto y creo que va bien ponerlo. Explica, a mi juicio, la GRAN diferencia que existe entre lujuria y amor. Entre tener sexo y hacer el amor. Entregárse requiere más que estar solo calenturientos, es mucho mucho mucho más que eso.
"En la lujuria todo se trata de la forma en la que esa persona te hace sentir. Es inherentemente egoísta ya que se trata de obtener en vez de dar. En el amor, es todo lo contrario, todo se entrega en vez de enfocarse en lo que obtienes"
Como siempre, gracias a quienes comentan. Sus críticas me ayudan a mejorar.
Besos, cuídense y cuiden el planeta
Rose
