Aclaración: Los personajes de Sailor Moon utilizados en esta hitoria no me pertenecen. Sólo los uso a modo de diversión y sin fines de lucro.
Castillo de Naipes
Historia basada en "Sailor Moon"
por
Mihll
Capítulo 13
Con el paso de los días, pasaron desde un estado de desconcierto total a uno de frustración, y a estas alturas, cuando toda su búsqueda por encontrar una verdad no diera su fruto, lo único que quedaba era mirarse a las caras. Podría decirse que Amy, Lita, Mina y Rei ya vivían en casa de Darien y Serena, puesto que no salían de allí sino era para atender algún llamado del profesor Tomoe, quien, y desde que su hija fue hallada, hacía todo lo posible para que ella abandonada ese estado de ausentismo de la realidad que no lograba explicar.
— ¿Y bien? —Darien se atrevió a hablar, desde su posición al lado de su esposa a quien abrazaba y acariciaba cariñosamente. —No quisiera convencerme de que finalmente no podemos hacer nada, ni siquiera salir a la calle a buscar pistas.
Por fin, Amy se dignó a asomar su rostro por sobre el libro que leía afanosamente como medio de entretención y miró a Darien con una expresión extremadamente seria.
—Todos oímos lo que dijo el comisario Kawamura—dijo ásperamente, pensando que esa era la mejor forma de recordarle a todo el grupo que la salida de ese departamento estaba restringida para todo acto que no fuera el ir por provisiones o el que las visitas se marcharan a sus respectivas casas. —nadie saldrá de aquí…
—Me parece una tontería—gruñó Rei cruzándose de brazos, mientras Lita, que recargaba su espalda en un muro a su lado, le dedicó una mirada de reojo. —No sé por qué eres tan fiel a las reglas, Amy.
—Porque la regla de no salir e ir por allí causando destrozos no nos dejará en la cárcel—una vez más ocultó su rostro tras el libro, pero antes de dar por finalizada esa discusión, agregó: —Y por cierto, ese no es nuestro estilo y no es digno de las que nos hacemos llamar Sailor Scout.
—Pero si es digno de un padre y madre desesperados, de personas desesperadas—se defendió Darien duramente—. Si Lita y Rei actuaron de esa forma es porque sencillamente pensaron que esa era la única forma de proceder. Yo también habría hecho lo mismo, porque ya te dije, más que un guardián de la tierra ahora soy un padre desesperado, y como tal, nada importa.
Serena, que calladamente oía todo y sentía la mano de su amado provocándole una sensación de armonía en su cansado cuerpo, se sorprendió bastante por aquellas palabras decididas, pues su tono le hacía creer que él en verdad mantenía en alto un compromiso, pero aún más allá de eso, podía notar en él una necesidad intensa que de verdad le hacía pensar que se sentía como el verdadero padre de Athos.
—Te entiendo, Darien. Pero definitivamente esa no es la forma. No debemos precipitarnos por nuestra preocupación.
—Valía la pena saber si el bebé que esa pareja tenía era nuestro Athos—por fin Lita se atrevía a hablar.
—Sabíamos perfectamente que la policía iba a catear esa casa—argumentó Amy decidida a ganar esta batalla verbal—Nada bastaba el dejar que ellos hicieran su trabajo y nos trajeran noticias. Pero ustedes dos tuvieron que ir primero, intimidar a esas personas y de paso conseguir que nos dejaran a todos encerrados en este sitio porque…¿Por qué así como estamos representamos un peligro? Por favor chicas, no quisiera creer que estamos perdiendo la cordura.
—Sí… —murmuró Mina, desparramándose por completo en uno de los sillones, mientras su mirada se situaba en el cielo raso—.Amy tiene razón, pues acá la única que está perdiendo la cordura soy yo, y sin embargo, de todas soy la más tranquila.
—No creen…—Serena se separó del abrazo de Darien— que nos estamos alterando demasiado. Pareciera que no somos nosotras mismas, ni Darien parece el mismo. Todos nos encontramos en este mismo instante asediados por un demonio interno que nos impulsa a impacientarnos y actuar como nunca lo hemos hecho. Ya hemos estado en situaciones difíciles que hemos superado manteniendo la serenidad y mente fría; lo que sucede ahora no nos puede derrotar.
—Pero ya llevamos demasiado tiempo caminando entre las sombras—dijo Rei— cualquiera en nuestra situación hace rato hubiera perdido la cabeza en la desesperación que significa el estar viviendo situaciones que se salen de nuestras manos, cuya misma naturaleza no se sabe proveniencia.
—Pero somos Sailor Scouts—insistió Serena, y Amy automáticamente le dio la razón con un movimiento de cabeza— ¿Se han preguntado qué dirían Haruka y Michiru si nos vieran actuando tan desesperadamente?
—Nos ganaríamos un buen sermón y nos volverían a mirar en menos—murmuró Lita con desgano.
—Exactamente—afirmó la rubia—. Perderíamos el poco respeto que hemos ganado de ellas.
—Para ser tan llorona, a veces hablas como toda una sabia—dijo Rei resignadamente mientras se hundía en su asiento—Y si no les molesta, creo que dormiré un poco.
—Yo iré a preparar el almuerzo—indicó Darien levantándose.
—Y yo te ayudo—dijo Lita a éste.
Mientras ambos desaparecían del rango de visión, Serena se sentó al lado de Mina, y ésta al sentirla, instantemente la miró.
—No sabes cómo me gustaría que hubiera un modo para que recordaras lo que pasó ese día—murmuró en voz baja para evitar molestar a su gruñona amiga Rei. —Sé que ya estás cansada de tantos esfuerzos, pero tengo que pedirte que sigas intentando…necesitamos saber lo que se esconde en tu memoria.
—Lo sé—susurró Mina mientras tomaba una de sus manos que sintió fría al contacto— ¿Por qué? ¿Acaso tienes fiebre o algo así? —preguntó entonces, preocupadamente. Serena apartó su mano.
—Es sólo frío—respondió con una débil sonrisa—.Últimamente y a pesar de la calefacción siento frío. Darien me ha dicho que se debe a mis nervios. No es para preocuparse.
—Oh, entonces…—se levantó y la jaló suavemente de un brazo, instándola a levantarse. —Vamos a tu cuarto mientras la comida está lista.
Una vez en la recámara, Mina ayudó a Serena a meterse en la cama y luego se sentó a su lado.
— ¿Sabes? No quería hablarte delante de la impulsiva de Rei, pero anoche tuve un sueño, como recuerdos de aquél día.
Tan sólo al acabar de comentar aquello, ya sentía la mirada demandante se su amiga sobre sí.
—No estoy segura si es parte de la realidad…—continuó hablando— y aunque con esto pueda darte falsas esperanzas, necesito que lo sepas.
—Habla—instó Serena.
Así, Mina comenzó a contarle acerca de lo que pudo suceder ese día…
***
—Una semana…apenas una semana—murmuró Ai en voz muy suave, desde la puerta mientras contemplaba al muchachito que dormía plácidamente en su cama. La noche anterior, ella había sido la solitaria testigo de un hecho único, tan impactante que a al cualquiera habría dejado en un estado de shock; había visto a ese niño de tres años crecer en un abrir y cerrar de ojos, de tal forma que dicho evento sólo se le ocurría atribuirlo a un acto de magia. —Todo mundo dice que los niños crecen rápido, pero…—soltó un fuerte suspiro—tú eres el más especial de todos ellos.
Regresó a la sala donde había permanecido durante las dos últimas horas y retomó su quehacer, así pasaron los largos minutos, hasta que las letras de la doceava revista que leía comenzaron a bailar ante sus ojos, convirtiéndose en imágenes difusas e ininteligibles. Por más que quería seguir leyendo el reportaje que citaba la existencia de una nueva droga que podría impedir el avance de las células cancerígenas pulmonares, pero, por más que se esforzaba, el cansancio parecía ser superior a sus fuerzas. Continuar era inútil. Así, finalmente cerró la revista y la depositó sobre la mesa, a diferencia de las otras que le resultaron inservibles y que ahora se encontraban regadas a sus pies en el piso.
En ese mismo instante, oyó unas pisadas que se acercaban; giró la vista y vio a Athos, que se plantó frente a ella dirigiéndole una mirada acusadora.
—No te hace bien estar levantada a estas horas de la noche. Sabes lo que dijo el médico acerca de los desvelos, y te encuentro aquí, a pesar del frío que hace.
Ai, antes de levantarse de su asiento, recogió nuevamente la revista y se la entregó:
—Aquí, hijo, hay algo que tal vez podría darme una esperanza de alargar un poco más mi vida.
Athos tomó en manos el objeto y le dio una rápida mirada a la portada, que en letras resaltadas en color rojo anunciaba los nuevos descubrimientos de la medicina moderna contra la lucha con el cáncer.
—Ay, mamá—exclamó ella, alcanzando su mejilla para concederle una caricia—No trates de cansarte por esto. Sé que estás buscando un modo, pero si lo haces desgastándote más de la cuenta, no servirá de nada… Ve a dormir. Mañana, cuando estés fresca, juntos leemos esto y vemos si nos puede servir.
—No, hijo—tomó la mano de ella y le dio un beso—Estoy demasiado ansiosa. Yo soy la que está enferma y seré quién se vaya a dormir; tú estás muy saludable y sólo por eso, y porque soy tu madre querida, leerás esto por mí—sonrió—.Cuando me despiertes mañana, dime lo que pudiste conseguir leyendo eso. Analízalo bien, y si consideras que es poco improbable que pudiera resultar, sean cuales sean los motivos, desengáñame. ¿Puedes hacer eso por mí?
—Claro—sonrió también—No podría negarme. Sé que no te irías a dormir tranquila si no lo prometo.
—Buenas noches.
—Buenas noches, mamá—le siguió con la mirada hasta que se perdió de vista; luego, posó su ojos en la revista.
Dio un profundo suspiro antes de devolverse a su cuarto.
***
Cuando Athos despertó, lo hizo con un sobresalto. Su mano helada, sostenía fuera de las cobijas la citada revista que, en cierta forma, si proponía una alternativa de vida más larga a su madre; sin embargo, los costos de un supuesto tratamiento que había pasado la etapa experimental satisfactoria era muy costoso. Demasiado caro para sus bolsillos.
Su instinto, en dicho momento, lo instó a levantarse e ir a la sala donde sorprendió a Ai de pie frente a la ventana, contemplando el gris amanecer lluvioso de ese día. Esa mujer sólo había conseguido dormir un par de horas puesto que sus sueños eran violentamente acechados por pesadillas.
— ¡Mamá! —exclamó—¡Deberías estar en tu cama!
Si bien ella sufrió un sobresalto, no mostró evidencias de alteración. Ni siquiera viró la vista al responder:
—No podía estar allí—dijo.
En dicha sala, se oyó el sonido de un clic del interruptor y todo se iluminó al instante. Entonces Athos, atravesó la estancia, se quitó la bata y se la colgó a ella en sus hombros.
—Hace mucho frío, mamá—señaló conteniendo sus ganas de reprenderla—.Si vas a estar aquí, quédate con eso encima mientras voy a encender la calefacción.
Él llevó a cabo lo que dijo y al rato regresó llevando consigo una nueva bata. Se plantó al lado de su madre y fijó su vista en el exterior, donde, la luz de día comenzaba a imponerse sobre la gris penumbra del anochecer.
—Es lindo. A pesar de todo los amaneceres en invierno son muy lindos—murmuró Ai, curvando una pequeña sonrisa antes de volverse hacia Athos—Y entonces, ¿qué dice la revista?
—Según los antecedentes que leí, el tratamiento es aplicable y ha sido efectivo en aquellos casos donde los pacientes han adquirido la enfermedad de manera natural, sin embargo…—detuvo sus palabras al notar que ella no se alegraba como esperaba, pero eso era lo mejor, pues no quería verla sonreír y luego apenarse por lo inalcanzable—.Es muy caro, mamá. No está a nuestro alcance un tratamiento que cuesta mucho dinero mensualmente, dinero que sé que no tenemos…
Calló. No pudo seguir hablando porque su pena era superior a él. Y Ai, al notar su tristeza, le tomó el rostro con ambas manos, obligándola a verle directamente a los ojos.
—No importa—le dijo—Por lo menos ya sabemos que puede servir, y no descarto que ocurra un milagro. No sé, podríamos comenzar jugando loterías y quién sabe…quizás nos ganemos el premio mayor—finalizó sonriendo.
—Quizás. Nada perdemos con intentar ¿no?
—Absolutamente nada—le besó en la frente—No nos matemos buscando una forma, dejemos que las cosas vengan a nosotros. Ya sabes, nuestro Dios siempre provee una manera, y si no nos ayuda, debemos comenzar a entender que así son sus designios y simplemente nos resignaremos a que ha llegado mi hora.
—Yo no puedo resignarme. Eres demasiado joven aún—repuso Athos con mucho dolor, y se abrazó a ella con todas sus fuerzas—Tienes tanta vida por delante y te necesito, sé que nos conocemos hace pocos días, pero para mí eres una persona muy especial. No puedo aceptarlo.
—Yo tampoco—señaló mientras respondía al abrazo—Quería hacer muchas cosas. Ya me había resignado a la idea, pero cuando tú llegaste a mi vida se me hizo tan difícil pensar que te abandonaría demasiado pronto. Te has convertido en mi vida, mi hijo, mi única familia…
Él se apartó.
—Tu familia…—dio un profundo suspiro.
—Sí. Mi familia—repitió sintiéndose incapaz de contener las lágrimas que aguaban sus ojos—.Pero si no podemos estar juntos por mucho tiempo… ¿Sabes? Quiero que justamente ahora tú y yo hagamos una promesa.
— ¿Qué promesa?
—Ser muy felices los dos en el tiempo que me queda de vida. Sin llantos, sin lamentaciones de lo que pudo ser; tan sólo vivamos. Acabo de decidir que gozaré el tiempo que me queda hasta que ya no pueda más. Si me voy a morir, quiero morir con una sonrisa sabiendo que hice todo lo que estaba a mi alcance para ser feliz—le tomó las manos—Pero te necesito más que nunca; te necesito sonriente y no triste como estás ahora.
—Lo prometo, mamá. —y al fin dibujó una sonrisa en ese rostro que había estado serio todo el rato—Mientras pueda, te haré muy feliz.
—Gracias—sonrió.
***
Los días transcurrieron, y Serena ya no aguantaba más el encierro. Una tarde como cualquier otra, cuando Darien y las chicas estaban distraídas, ella vio la oportunidad de salir de la casa. Necesitaba aire. Iría a caminar, esperanzada de encontrar la luz que pudiera iluminar su camino en esta sombría vida que estaba llevando. Vagó por varios lugares y finalmente se dirigió a un parque. Ella no se dio cuenta, pero desde que llegó a ese sitio fue seguida por un muchacho de aspecto serio que la acompañó a distancia prudente hasta que se detuvo para sentarse en una de las tantas bancas dispuestas a los costados de los senderos humedecidos por las lluvias que había caído hacía dos escasas horas.
Ver ese panorama tan oscuro que se presentaba en esas fechas la ponía aún más triste, y Athos, el chico que la seguía, lo advirtió a la distancia desde la cual la observaba atentamente. Él decidió, en un instante dado, acercarse a ella.
—Hace frío, y no veo que lleve las ropas aptas para estar a la intemperie por mucho rato. Esa banca mojada tampoco es bueno para su salud—le dijo, una vez que se plantó a su lado. Ella lo miró, sin poder reconocerlo, y sorprendiéndose enormemente de su preocupación y de sus bellos ojos color ámbar que reflejaban la pureza de la inocencia.—Puede enfermarse, y dudo que quiera eso—agregó entonces.
—No creas que me enfermo con facilidad—replicó—, pero gracias por el llamado de atención.
—Cualquiera que la viera aquí, le habría dicho lo mismo.
—Eres muy amable— fijó la vista en sus pies mientras sentía como él chico se sentaba a su lado. —Necesitaba mucho estar sola…alejada de la casa.
—Debe asediarla una pena muy grande—murmuró Athos, viendo su perfil entristecido—. Su rostro me lo dice.
—Mi rostro nunca ha sabido ocultar nada—respondió instantáneamente —, pero qué le voy a hacer, soy así—al virar su rostro hacia él, volvió a encontrarse con esos ojos tan hermosos de él, y no puedo evitar sonreírle. —Eres todo un encanto, ¿sabías?
Él sintió como la mirada de ella, sumada a la linda sonrisa que le dedicó, lo hicieron sentir un poco avergonzado; bajó el rostro ocultando un pequeño rubor.
—De verdad lo siento—dijo se disculpó entonces. —Me llamo Serena.
—Serena…Es un lindo nombre para una linda dama.
—Insisto, eres encantador…
Y así comenzaron una charla, donde ambos abrieron sus corazones para contar sus penas; él le contó lo de la enfermedad de su madre, y ella le contó a él sobre la pérdida de su bebé, de cuanto lo extrañaba, y cuanto se sofocaba en su encierro en casa pensando que éste podría estar sufriendo fuera de allí, terminando su relato con una llanto, pero no de la forma amargada como lo hacía siempre. Esta vez, en ese chiquillo, había encontrado cierta paz que estaba buscando.
—Ya me siento mejor—como la dama que era, se limpió el rostro—.Necesitaba esto. En casa no podía hacerlo porque siempre hay alguien con quien debo presentarme fuerte.
—Pero el que llores no significa un signo de debilidad, sino que nos quiere decir que tienes emociones muy profundas, eres humana y eso es parte de serlo.
Serena negó con la cabeza.
—No todos los humanos lloran antes los problemas—curvó una sonrisa en sus labios—Al menos eso me viene diciendo mi amiga Rei desde que la conozco.
—Pues dígale a su amiga que está en un error.
—Ella es muy necia, ¿sabes? No entiende o no quiere entender.
—Pero aún así se nota que la estima mucho.
—No sabes cuánto—señaló sonriendo; luego, viendo su reloj pulsera, constató que ya se estaba tardando demasiado— ¡Oh, por Dios! Es tarde y Darien se espantará si no me encuentra. Tengo que irme corriendo a hacer unas compras en el supermercado.
— ¿Le molesta que la acompañe? —preguntó él, tras haberse puesto de pie (al igual que Serena) de un brinco. Ella lo miró, con una mezcla de alegría y sorpresa—.Podría ayudarle, y tal vez pueda volver más pronto a su casa; además, yo también debo ir por algunas cosas.
—Vamos…
Mientras buscaban lo que necesitaba, Serena no dejaba de pensar en lo bien que se sentía la compañía de ese chico, y en su impresionante belleza. Todo en él parecía tan perfecto, y no dudaba en que sus ojos no la engañaban; realmente él le parecía un ángel que brillaba con luz propia.
—Mañana es el cumpleaños de mi madre—señaló Athos de pronto, mientras se decidía por la marca de la crema que usaría para su pastel —.Pretendo hacerle un pastel y llevarle muchas cosas deliciosas para que pasemos un buen día juntos.
—Pero… ¿no crees que aún eres muy pequeño para meterte a la cocina solo? —preguntó ella no indiferente a la corta edad que él demostraba—¿cuántos años tienes?
—Doce—dijo él, pensando rápidamente en esa respuesta porque no le convenía del todo revelar su verdadera edad—. Pero no se preocupe, sé desenvolverme muy bien en la cocina. Mamá me enseñó, porque me dijo que necesitaría eso cuando ella ya no estuviera.
—Lo siento—emitió Serena sintiéndose, una vez más, terriblemente mal por él y la enfermedad de su madre. Y estaba tan concentrada en su propia pesar que no se dio cuenta que él también estaba así, porque no le gustaba mentir.
Desde entonces, ambos guardaron silencio hasta salir del supermercado.
— ¿Quiere que la acompañe a casa? —preguntó él a ella, sorprendiéndola.
—Pero debería ser al revés —se preocupó, él iba más cargado con bolsas—. No es justo para ti, apenas eres un niño como para esforzarte tanto.
—Pues espéreme aquí —dicho esto, Serena vio como él se relajaba a pasos rápidos y se perdía de vista para volver, varios minutos más tarde, sin nada en las manos—. Bueno, ahora ya estoy sin carga. Y mamá me dijo que no hay problema en que la acompañe a su casa.
***
Darien llevaba mucho esperando en el vestíbulo, estaba preocupado y molesto con su esposa pues se suponía que había pactado el que ella no saliera sola de la casa y menos en tiempos en que parecía que el cielo, con esos enormes nubarrones negros, amenazaban descargar un aguacero sobre la ciudad. Las chicas se habían dividido yendo en dos direcciones, sabía que si la encontraban lo llamarían de inmediato, de modo que no tenía caso que el también saliera al exterior por más que su mente demandara hacerlo.
— ¡Por Dios, Serena! ¿Dónde te metiste? —gruñó por quinta vez en su mente ya harto de contemplar el reloj y advertir que en una hora más comenzaría a anochecer—Cuando aparezcas me tendrás que dar una muy buena razón para tu huida—Esto lo dijo en voz alta.
—Porque tenía que ir de compras es la razón —oyó de pronto de boca del conserje que había llegado a su lado. Le dirigió-porque no le parecía gracioso él diera una respuesta adivinando—una gélida mirara, pero éste, no se molestó en intimidarse, y señalando la calle con su dedo, agregó: —Por eso lo digo, señor Chiba. Es su esposa y viene con bolsas de compras.
Ajenos a ellos, Serena y el niño se detuvieron a metros de la puesta del edificio.
—Hasta aquí llego —dijo el chico, devolviendo las bolsas que amablemente se había ofrecido a cargar—.Me ha dado mucho gusto conocerla.
—Y a mí también—correspondió la rubia con una sonrisa—.Y bueno, como ya sabes donde vivo podrías tú y tu venir a verme algún día. Serán bienvenidos.
—Muchas gracias, señora Serena.
—Dime Serena nada más.
—Gracias, Serena —dicho esto, dio media vuelta y se alejó alzando su mano a modo de despedida.
Serena siguió al chico con su mirada unos segundos y apenas sintió las pisadas de alguien acercándose, se volvió con la más linda de sus sonrisas.
—Ya iba a ir a buscarte—alcanzó a decir Darien antes de sorprenderse por el rostro radiante de su esposa—¿Pasó algo especial?
—Sí. Y si te parece, te contaré en nuestro hogar porque ya me está dando un poco de frío.
Ya rumbo a su piso, Darien le dijo lo preocupados que estaban, recalcando que pudo haber dejado una nota diciendo que iba a de compras. Serena sólo se limitó a escuchar silenciosamente las quejas que encontraba merecidas, pero no por ello iba a menguar esa dicha que el pequeño había dejado en su corazón con su sola compañía…Pero…
— ¡Por Dios! —exclamó de pronto—¡Ni siquiera le pregunté su nombre!
—¿A quién?
—Al niño ¿Acaso no lo viste? —Darien negó con la cabeza, no había visto a nadie más que ella cuando fue a su encuentro porque estaba demasiado concentrado en reprenderla por su falta de cuidado—. Pues lo olvidé…
Hasta tenía ganas de llorar.
***
Athos corría por la ciudad, quería llegar pronto a casa y contarle a su madre acerca de la persona que había conocido. No tenía la más mínima idea de que en su casa, algo muy horrible estaba dando inicio…
Fin Capítulo 13
Notas de Autor:
Hola estimadas lectoras.
Primero debo agradecer a todas ustedes, chicas guapas, que me han dejado comentario. No los respondo por cuestión de tiempo, pero los leo y siempre los tengo muy en cuenta.
Espero que se haya entendido el tema de que Athos pase de una edad a otra, pues sino, les digo que él crece como lo hizo Hotaru en su momento. Nos leemos pronto.
¡Gracias por leer!
