Disclaimers… Feliz Navidad, aquí llegó Santa Claus con el regalo retrasado. Perdón, los renos estaban en el mecánico, habían desperfectos en las patas.
Tengo dos cosas que decir: Gracias a esas personas que valoran lo que hago y me dejan sus impresiones. A los Favs y Follows y por qué no, a quienes calladitos me leen sin decir nada, igual.
NOTA IMPORTANTE: Saben que me gusta humillar a Robin en mis fics, no se asqueen demasiado cuando lo lean, tiene un buen desenlace.
Y a leer el capítulo, disfrútenlo ;)
Capítulo 14: Masquerade
El grupo de Helium partió hacia el reino de las montañas con la promesa de reencontrarse en la noche siguiente con Mulán y Eric. Había que estudiar cuan hostil sería el ambiente en el castillo, y cuanta seguridad había. Ante cualquier error de los guardias o cualquier punto muerto donde se pudieran infiltrar darían aviso de alguna manera. Por ahora, era conveniente que se quedaran lejos de esas tierras, era muy factible que los descubrieran tan solo con su presencia, ninguna máscara podría ocultar el olor a vampiro que a los lobos les resultaba tan pestilente, la única persona con derecho a pasearse por donde se le diera la gana era Maléfica, como soberana del reino principal tenía ese privilegio, su condición de vampiresa tenía que ser tolerado, incluso por el reino de Ruby.
Partieron a eso del mediodía, porque antes que nada debían camuflar muy bien sus pertenencias, sus corceles, pero por sobre todo sus armas. Sus trajes de fiesta era otro agregado, Ingrid les proporcionó de lo suficiente como para poder entrar en armonía con la fiesta que se vendría sin levantar sospechas. Enmascarados, ninguno podría reconocerlos. A pesar de que iban bajo el resguardo de Maléfica, las invitaciones serían llevadas por si algo salía mal en el camino.
Gran parte del camino fueron durmiendo, estaban bastante cansados, habían tenido pocos respiros de tranquilidad desde que salieron del reino Púrpura. Una siesta era totalmente revitalizante, incluso Diablo, que iba en el carruaje de atrás resguardando y admirando el dormir de Anna había caído en un profundo sueño sin darse cuenta de lo verdaderamente cansado que estaba.
Poco antes de llegar al sendero custodiado por soldados de Ruby, en el carruaje de Maléfica se escuchó un fuerte golpe en el techo, la reina se sobresaltó y se puso en guardia por si algún bandido estaba tratando de asaltarle. Cambió se asiento cuando por cada ventana entraba dos sujetos, quedándose frente a ella. Se trataban de Víctor y Merida.
—¿Qué demonios están haciendo? –Dijo la reina con los ojos abiertos y con indignación en su rostro- ¡No puedo ser vista con ustedes!
—No se preocupe su majestad – dijo Víctor- les rociamos con polvos del sueño, no despertaran hasta en unos minutos más. No tenemos tiempo, y el trato no está cerrado.
Merida lo miró con desconfianza, para luego mirar con la misma expresión o incluso peor a Maléfica.
—Han hecho bien hasta ahora –Maléfica sacaba un pequeño saquito de entre sus pertenencias- esto les será útil, no lo desperdicien. Lo otro lo arreglaremos cuando esté segura de que Regina no va a atravesar las fronteras hacia Inferno, su terquedad ha llegado hasta acá, no voy a permitir que se siga haciendo daño.
Merida seguía con esa expresión desconfiada.
—En serio está haciendo esto por Regina ¿O hay algo más? No estamos traicionando a nadie con nuestro trato ¿o me equivoco? -Víctor la miró perplejo al escuchar a Mérida meterse en ese terreno, a lo que la pelirroja reaccionó cambiando de tema ligeramente- Los caminos fáciles nunca me han parecido buenos, y este es demasiado fácil para mí. No quiero justicia para mi pueblo bajo la traición. No se equivoque su majestad, no somos ratas.
Maléfica escuchaba estoica aquella acusación, en realidad no le importaba mucho lo que pensaran estas personas, mataría dos pájaros de un tiro. Deshacerse de Zelena sería muy conveniente para todos, ya estaba cansada de sus extrañas andanzas. Por lo demás recibiría ayuda para que todo siguiera como tenía que seguir, Regina debía avanzar y dejar atrás el pasado, arriesgarse a morir por una chiquilla no estaba dentro su control, pero si podía evitarlo lo haría, no estaba dispuesta a perder a su amiga. Occultus Terra estaba bien a pesar de aquella maldición, tenían paz, no lo estaba haciendo mal, después de 400 años, ella era la reina que siempre quiso ser.
—Estoy haciendo esto por causas mayores –parpadeó rápido- No pensé que Regina iba a llegar tan lejos, tampoco esperé que pudiera pasar más allá de los muros del castillo de Ruby, entiendan, ella es mi mejor amiga, crecimos juntas, tengo que alejarla de este infierno en el que se metió –suspiró mirando por una de las ventanas, no entendía por qué tenía que deshacerse en explicaciones. Quería que se terminara la conversación y no volver a verlos nunca más- Trataré de que Zelena por alguna causa tenga que salir del castillo, y será ahí cuando ustedes tengan que entrar en acción. Mátenla y desaparezcan, ustedes jamás han cruzado palabras conmigo.
Durante la mañana ningún rayo de sol entraría hacia los calabozos por los barrotes superiores, sin embargo Ruby había querido hacer sufrir a Regina con la idea de que eso pudiera ocurrir. Aquello no pasaría hasta entrado el atardecer, y la verdad es que sabía que había espacio suficiente como para protegerse de la luz. No así Regina, que estuvo preocupada la mayor parte del día, primero esquivando los rayos tenues, luego avanzado el día se vio arrinconada cerca de un charco de agua estancada, sin poder moverse, si es que quería seguir viviendo.
Si la idea de Ruby era mantenerla despierta, pues lo había conseguido, además de exhausta, si el día anterior apenas había podido pegar un ojo preocupada por Emma, ahora no había conseguido dormir nada. Se preguntaba si acaso la loba iba a ser capaz de dejarla morir ahí o iba a ir por ella en algún momento, porque si esta era su venganza, si es que realmente quería matarla, Occultus Terra cobraría justicia por la mano de Maléfica, y eso no era nada bueno ni para ella ni para su reino. Por eso nunca perdió las esperanzas de salvarse, se mantuvo alerta aunque eso significara perder fuerzas para poder rescatar a Emma.
A centímetros de ser alcanzada por la luz, sintiendo su sangre hervir por la muerte inminente, se levantaba del suelo agitada al escuchar como en los calabozos comenzaba un discreto ajetreo de gente ir y venir, y como no mucho después la puerta de su celda era abierta con fuerza dejándose ver a dos soldados entrar con mantas para tapar la luz. Detrás de ellos, una señorial y estoica Ruby, que caminando rápida y segura tomaba a Regina por el brazo y la sacaba de la celda.
—Si quieres ver a Emma esta noche será mejor que colabores –dijo Ruby mientras casi enterraba sus uñas en la piel de Regina al tironearla para caminar- Obedece las instrucciones y puede que todo salga bien. Por ahora no tengo planes para ti, por ahora lo único que eres en este castillo no es más que cualquier esclava que hayas dominado en el pasado, no tienes voz, no tienes opinión. Limítate a obedecer.
—¿Esto es lo que quieres? ¿Tan sólo someterme? –preguntó Regina, aún con la respiración agitada y su sangre hirviendo por la inminente muerte- Pensé que querías arreglar todo este mal entendido, no te imagine así de impulsiva, así de simple.
Ruby no quiso contestar a la ofensa, llamarla "simple" era buscarse una muerte inmediata, sin embargo Regina no estaba muy lejos de la verdad, la loba quería jugar con ella, hacerla perder el juicio, hacerla caer en lo más profundo, debilitarla, dejarla tan expuesta que ya nada le pudiera importar. Sin embargo la idea de escuchar la verdad de Regina era muy atrayente, aunque eso significara tener que volver a sufrir el recuerdo de abandono hace años atrás. Necesitaba aclarar su cabeza, pensar fríamente, pero por ahora, solo quería calmar las ansias de venganza, solo eso.
Mientras la llevaba por los pasillos, casi antes de salir del calabozo, un par de criadas entraban de forma cauta, en silencio y sin hacer preguntas. Se inclinaron ligeramente ante Ruby y permanecieron delante de ellas.
—Llévenla lejos de los ojos curiosos, procuren que nadie le vea el rostro y que pueda protegerse las pocas horas que quedan de luz. Quiero que sea prolijamente aseada –un par de guardias se posicionaron al lado de cada criada- perfúmenla con los mejores aceites del reino y manténganla cómoda hasta que la fiesta comience. Cuando sea la hora amordácenla de forma discreta –Ruby les entregaba una hermosa máscara de rostro completo- encima cubran su rostro y asegúrenla para que no pueda retirársela bajo ninguna circunstancia.
—¿Si se resiste? –preguntó una criada.
Ruby la miró con una sonrisa sarcástica.
—Si eso ocurre –miró a los guardias- den la orden de asesinar a Emma durante la fiesta, ya saben que diseño llevará la princesa en su rostro – se rio malvada- morirá realmente hermosa.
Antes de que Regina pudiera reaccionar ante la amenaza, los guardias la tomaban y arrancaban su traje dejándola completamente desnuda, para que luego ser cubierta con una capa completa que no dejaba ver nada de cuerpo como de su rostro, ante una risita de júbilo de parte de Ruby mientras salían de los calabozos.
Regina no pudo ver nada, tampoco reconocía los lugares y pasadizos por donde la llevaban, si bien hace muchos años había estado dentro del castillo, no conocía estos lugares, tampoco podía ver mucho. Más pronto que tarde descubrió que la sacaban cerca de los baños termales, simulando ser ayudada por un par de criadas después de su baño. Nadie se dio cuenta, nadie notó la presencia de ella, nadie si quiera las miró. La primera amenaza de Ruby se hacía realidad, aquí ella era nadie.
—Me parece que ya estamos cerca –dijo Ariel estirándose y bostezando- escucho ruido de otros carruajes y de caballos.
—Déjame dormir un poco más Regina –dijo Rocinante medio dormido- todavía no anochece.
Ariel se le acercó tan cerca que casi podía respirar sobre él.
—Despierta dormilón, o haré una estatua con tu estiércol de ti chupándote el dedo y lo pondré en la plaza principal –le pegaba un ligero golpe con la palma de su mano en la frente.
Rocinante abrió un ojo sin entender muy bien que le habían dicho ni donde estaba, al ver encima de él a Ariel se asustó alejándose y poniendo cara de pánico.
—¿Qué tienes que hacer jugando con mi mierda? –Rocinante aún no despertaba bien.
—Despierta a los demás, ya vamos a llegar –decía mientras miraba por la cortina de la ventana del carruaje.
Rocinante entró en razón de inmediato y comenzaba a mover a Diablo que casi babeaba sobre el regazo de Anna. Era difícil de mover semejante hombre, como también ser precavido a que no reaccionara mal al ser despertado de forma brusca. Sin embargo el despertar fue lento, primero Diablo, luego Anna pero con las ganas por el suelo. El rostro de sueño de cada uno hacía que se contagiaran de sopor, no lograban reaccionar del todo. La única que parecía bien recompuesta era Ariel.
El carruaje de Maléfica se detenía, segundos más tarde el de ellos. Pensaron que en tan solo un momento volverían a moverse para pasar por el portal, sin embargo ahí seguían estacionados, lo que los hizo ponerse alertas y dejar de lado la modorra provocada por la siesta.
Ariel volvió a mirar por la ventana preocupada por la tardanza, al parecer estaban saludando a Maléfica y revisando la invitación, cerciorándose de que fuera realmente ella quien entraba. Lo que hizo pensar a Ariel que no sería tan fácil pasar la inspección de la guardia del castillo. Al instante en que la pelirroja pensaba lo peor, veía como uno de los soldados se bajaba de su corcel para dirigirse al carruaje de ellos.
—¡Mierda! ¡Vienen para acá! –Ariel sacaba una manta de entre los asientos y los tapaba- Háganse los dormidos, no se muevan.
De entre las cosas que Ingrid les había provisto, Ariel buscó rápidamente alguna máscara que pudiera ocultar su rostro. Tomó la primera que encontró, era bastante llamativa pero sólo tapaba sus ojos y nariz. Con eso debería ser suficiente, pensó. Tomó las invitaciones y se colocó la máscara para bajar del carruaje antes de que el soldado abriera por el mismo la puerta.
Bajó cerrando la puerta de forma calma, aunque su respiración agitada la ponía un poco al descubierto, su actuar parecía inocente y relajado. El soldado se paró en seco y la observó curioso, pero no menos serio.
—Buenas noches buen soldado –hizo una sonrisa amigable y una rápida reverencia- tome aquí están nuestras invitaciones –se las entregaba mirando hacia otro lado, con la misma cara sonriente.
El hombre ni siquiera miró las invitaciones, al contrario miró por detrás del hombro de Ariel, la cual se adelantaba a contestarle para que no caminara a mirar dentro del carruaje.
—Bueno, sí, ahí está mi invitación y la de mi tía –apuntaba hacia atrás con su dedo pulgar- Espero no quiera molestarla, ya sabe, mi tía Ingrid está un poco enferma, y si quiere disfrutar al menos una noche debe descansar.
Ariel notó como el soldado fruncía el ceño, y luego la miraba ahora mucho más detenidamente, poniendo atención a su cabello.
—¿Qué? –preguntaba Ariel- Ah, sí bueno, mi cabello. ¿A que no quedó hermoso? Me aburrí del rubio –el soldado parecía hacer una mueca de confusión- quería darle un toque más salvaje, así que lo teñí con bayas silvestres. Es una aplicación muy fácil –El soldado parecía aún más confundido- si quiere puedo darle la receta, seguramente debajo de ese casco hay un lindo cabello. Por cierto, lindo casco ¿Es de hierro?
Adentro del carruaje los demás se tomaban la cara, y negaban ante las barbaridades que Ariel hablaba. Si seguía hablando estupideces los descubrirían.
—¿Usted no habla mucho verdad? –Ariel golpeó el casco del hombre- ¿Hay alguien ahí?
El soldado seguía estoico, mirándola con apenas pestañear. Otro soldado se daba cuenta del tiempo que estaba empleando su compañero en revisar el segundo carruaje, acercándose para saber qué ocurría. Segundos más tardes la misma Maléfica se bajaba de su carruaje para salvar la situación.
—¿Qué demonios ocurre? –Maléfica caminó lento hacia los soldados pero desafiante- Todo en orden ¿Verdad? –Comenzaba a apurar su paso- No entiendo por qué estamos aún afuera.
El soldado que iba dispuesto a revisar la carroza miró con miedo a la reina así que tan solo golpeó con la mano a su compañero para que entrara en razón mientras le quitaba el par de invitaciones.
—Todo bien su majestad –hizo una seña para que se abrieran las puertas- disculpe las molestias y el retraso.
Ariel seguía sonriendo mientras levantaba una mano despidiéndose de los soldados.
—¡Poder pelirrojo! –Agitaba su mano ahora enérgicamente- ¡no lo olvides cariño! ¡Te quedaría bien!
Maléfica le abría los ojos bien grandes como amenaza para que dejara de hablar. La tomó del brazo e hizo que se metiera al carruaje.
—No puedo creer que te hayas hecho pasar por Elsa –le dijo susurrando- Me pones nerviosa. Que todos se pongan sus máscaras. Sean discretos, sobre todo tú Ariel.
Cerró la puerta y volteó sonriendo a los soldados, aunque un destello en sus ojos les lanzaba una pequeña amenaza por si se les ocurría volver a molestarle.
Todo iba como lo planeado, al menos como Maléfica lo había planeado, manejaría la situación sin que ninguno sufriera peligro alguno, aunque no iba a poder decir lo mismo de Zelena, algunas cosas tenían su precio, para ella esto sería un mal realmente menor.
Ya estaban dentro, ahora debía mover sus hilos para que todo resultara correctamente. Sólo esperaba que nada se interpusiera en sus planes.
El castillo estaba completamente atestado de gente, ya muchos recorrían los pasillos con grandes y elaborados trajes de fiestas con sus respectivas mascaras. Esa era la idea, a diferencia de las fiestas que se celebraban en el castillo de Maléfica, aquí no sólo mujeres eran las que disfrutaban los placeres ofrecidos por la reina, tampoco era una fiesta selecta de la corte, cualquiera que fuera del agrado de Ruby podía asistir. No había ninguna razón detrás de estas celebraciones más que disfrutar sin tapujos, por lo mismo, las máscaras eran necesarias para que nadie se sintiera cohibido. No había ni dominación ni sumisión, simplemente disfrutar de la comida, la música, los bailes y el sexo sin inhibiciones.
Entre la gente, iba Emma vestida hermosamente de negro, con un abrigo con amplio cuello, y una cola que bajaba hasta el suelo. Botas hasta la rodilla con un discreto tacón que elevaban aún más la altivez al caminar. Era extraño, la princesa parecía más una experimentada reina de algún reino lejano más que una joven inexperta como cualquiera que no la conociera pensaría. Bajo la máscara que tan solo le cubría la mitad de su rostro, sus ojos azules brillaban y resaltaban a pesar del bello adorno. Emanaba seguridad, elegancia y altivez, tanto que muchos se paraban para admirarla y quedarse pensando quién diantres era ella. Las miradas lascivas no tardaron en sentirse en el aire.
Caminando junto a Ruby, iban conociendo las principales salas y recovecos del castillo. De apoco la reina iba soltándose al hablar con Emma, no es que de pronto le agradara, ni nada por el estilo, simplemente notaba que la princesa no tenía ninguna intención de llevarle la contra, cosa que de todas formas le llamaba la atención, porque la forma de comportarse que tenía distaba mucho de la que había visto en el castillo de Maléfica. Sabía que algo extraño había en ella, lo había visto en el duelo contra Zelena, así que teniendo eso en cuenta, trataría de no ponerle problemas, ya habían hecho un trato, ella cumpliría su parte, hasta donde pudiera, y quisiera.
—Tinkerbell está dentro del castillo ¿verdad? –Preguntó Emma tomándose las manos por detrás y adelantando unos pasos de Ruby- ¿Está con Zelena? Me gustaría hacerle una visita.
Ruby se plantó en seco, no tenía ganas de responder esa pregunta, no ahora. Emma hizo lo propio, esperó a que Ruby hablara.
—No vas a hacerle nada a Zelena, no ahora.
Emma volteó la cabeza ligeramente, tranquila, aún con sus manos juntas tras su espalda.
—Estoy preguntando por Tinker –levantaba su ceja, incluso bajo la máscara se podía notar su ligero disgusto- Pero sobre Zelena ¿Por qué no puedo hacerle nada? Es parte de nuestro trato, si quieres que te ayude, cumple con tu parte.
Volvió a mirar hacia adelante para seguir con la caminata. Ruby se le unió para hablarle más discretamente.
—A Tinker la verás seguramente cuando la fiesta comience, la vi hace no mucho –la tomó del brazo para simular una conversación amena ante los demás que las miraban pasar- Con respecto a Zelena, recuerda que esta es una fiesta, no quiero alarmar a mis invitados. Ten paciencia, una cosa a la vez, cumple tu parte, y yo haré la mía.
A Emma le pareció extraño, hasta ahora se había imaginado a su amiga atada y enjaulada sin poder ver la luz. Tinker algo tramaba o simplemente Ruby le estaba mintiendo, pensó.
—Perfecto –miró hacia el cielo y respiró profundo- Con respecto a cumplir mi parte, ni siquiera sé que pretendes con Regina, podríamos solucionar este problema entregándomela y dejándonos ir libremente. Pero bien, jugaré a tu manera.
—Las puedo dejar ir, sin problemas. Ahora depende de lo que ocurra durante estos días si es que las dejo pasar hacia Inferno o las mando devuelta a enfrentarse con tu queridísimo rey persecutor –sonrió irónica.
Las antorchas, el cálido fuego, la música, los bailes y la abundante comida hacían presagiar un comienzo de la fiesta de las siete lunas totalmente exitosa. Como cada año, una celebración tranquila y llena de alegría, mientras afuera el viento y la nieve azotaba cada muro del castillo, por dentro era todo distinto, el tibio aire invitaba a reír mientras las vasijas de vino pasaban en forma copiosa por cada copa de los invitados. Los primeros besos y coqueteos entre desconocidos se dejaron ver mientras esperaban a que la reina diera el comienzo a dar rienda suelta a la lujuria, la excitación por la curiosidad de quienes se ocultaban tras sus máscaras se respiraba en el aire, una larga y gran noche se venía por delante.
Mientras tanto, Regina era preparada para ser presentada ante la gran multitud como la gran atracción de la fiesta. Los aceites aromáticos perfumaban por completo su piel desnuda, la cual brillaba por la luz de las velas de la habitación. Sus pechos, su vientre, sus piernas, su trasero eran perfectamente delineados por las manos de los sirvientes de Ruby, sin dejar ningún espacio desatendido. La reina se dejó hacer y acariciar por aquellas manos, simplemente disfrutó del momento de paz, silencio y tranquilidad, sabía que las cosas de aquí en adelante no serían tan gentiles como ahora.
El silencio dentro de la sala principal fue casi instantáneo cuando apareció Ruby vestida tan sólo con una capa de piel, con su rostro cubierto por una bella y ostentosa máscara. Un sirviente se apresuró a darle una copa, la cual inmediatamente fue llenada con el mejor vino del reino.
—Esta noche, la luna brilla en su máximo esplendor –levantó la copa de vino- durante siete noches seremos bañados por su luz más blanca y pura. Despierten el deseo, la libertad y la alegría mientras la luna es testigo de la grandeza del reino de las montañas –alzó la copa más alto siendo seguida por toda la audiencia- ¡Qué comiencen las celebraciones!
Mientras Ruby se sentaba en un improvisado trono para la ocasión, la música se elevaba más alto de lo que estaba antes, mientras decenas de esclavos enmascarados salían de los pasillos a danzar en el centro de la sala, se mezclaban entre los invitados haciendo una especie de coreografía coordinada, bella y delicada. Los esclavos del reino de las montañas se caracterizaban por ser los más bellos de Occultus Terra, bien cuidados y de figura atlética, tanto hombres como mujeres eran una poesía a la belleza. Y es que el trato era diferente en este reino, Ruby tenía una premisa que no muchos reyes entendían de esa forma, era simple, "dales todo y te serán fieles para siempre"
Tal majestuosidad de cuerpos irradiaban alegría y sensualidad, una mezcla embriagadora que hacía que cualquiera olvidara las preocupaciones cotidianas de sus responsabilidades, de sus casas reales, de su linaje o cualquier tapujo que los cohibiera.
Como siempre, Ruby prestaba atención a que nadie interrumpiera el baile de apertura de las fiestas, no faltaba quien ya estaba pasado de copas y tomaba como suyo a alguno de los esclavos. A pesar de su exhaustiva revisión con la vista, no se percató que entre los bailarines había gente de más, aunque tenía claro que en cualquier momento la gente de Regina se colaría en el castillo de algún modo. Mientras todo seguía con normalidad, Ruby le daba una pequeña mirada a Zelena, que jamás se le iba nada que fuera extraño a lo normal, sin embargo, parecía demasiado ocupada con Tinkerbell como para tomarle atención a ella. Luego miró a Maléfica, la cual se encontraba sola, nada extraño, ya que Diablo se había unido a la guardia de Regina. Fue correspondida con la misma mirada de desconfianza.
¿Cuántos tomarían parte de Regina en esta fiesta si es que supieran que aquí estaba? Se preguntaba constantemente, nunca entendía el cariño y el respeto que le tenían, porque ella era más de creer en las cosas que los plebeyos hablaban de la morena vampiro, prefería creerlo así y encontrar alguna explicación decente a lo que había ocurrido años atrás. La iba a desenmascarar, literalmente, en el momento adecuado, por ahora disfrutaría su venganza.
Se levantó de su trono y levantó las manos en señal para que los músicos dejaran de tocar, se adelantó hacia el centro mientras le hacían espacio para poder presentar la sorpresa de todos los años.
—Como ustedes saben, siempre tenemos un par de princesas jóvenes en nuestras fiestas, las cuales tienen varios privilegios por sobre los demás presentes. Claro está, que este es un premio por haber aprobado las exigencias del castillo de Maléfica –la reina de Púrpura le hacía un gesto con la cabeza en señal de agradecimiento por la mención- aun así guardaremos la identidad de ellas.
Emma esperaba por su anuncio en uno de los pasillos, estaba tranquila, aunque alguien pudiera encontrarle algún parecido habiéndola visto en el reino Púrpura para todos ella estaba prófuga con Regina.
—Les presento a una princesa de más allá de nuestro reino –hizo un gesto hacia el pasillo oscuro que sólo dejaba ver la silueta de Emma- Le llamaremos, la princesa oscura.
Emma caminó altiva entre la muchedumbre que la observaba tratando de averiguar de quién se trataba. Rápidamente los murmullos y la admiración por ella se hicieron presentes. Llevaba una hermosa mascara, pero no hacía más que pronunciar los bellos ojos azules que tenía. No hizo ninguna reverencia, no emitió ninguna palabra, simplemente hizo una pequeña sonrisa forzada, un tanto arrogante. Eso también gustó a la audiencia.
—Y ahora la gran sorpresa –Ruby sonrió malévola- Que pase nuestra siguiente invitada.
Una gran sorpresa, porque la mujer que entraba escoltada por soldados venía desnuda y con el rostro completamente cubierto, tan sólo se podía apreciar sus oscuros ojos, y eso era extraño, porque todos usaban siempre solo una máscara que dejara libre los labios, pero ella no, además, era casi como si la llevaran a la fuerza, y eso en el reino de Ruby nunca ocurría. Los murmullos fueron poco discretos, incluso había gente dispuesta a reclamar y cuestionar lo que estaba ocurriendo mientras veían a la enmascarada posicionarse en el centro de la sala. Maléfica tuvo que contenerse de protestar, porque ella sabía perfectamente que esa mujer era Regina, pero si lo hacía iba a quedar al descubierto. Iba a tener que dejar que las cosas pasaran como tenían que pasar, un pequeño cambio de planes.
—Tranquilos –sonrió serena- déjenme explicarles, sé que les gustará lo que viene- Ruby se acercó a Regina tomándola gentilmente por los hombros, susurrándole al oído- Colabora, ya he cumplido con mi parte, ahí está Emma mirándote. No hagas nada estúpido- La llevó hacia un altar de blanco mármol que estaba en el centro y la recostó- Nuestra invitada tiene un exquisito fetiche por ser dominada y degradada a lo más bajo, gusto adquirido en el reino Púrpura, claro está –sonrió sarcástica- es por eso que ni siquiera le pondremos un apodo, pueden llamarla como quieran. Se ha ofrecido para ser nuestro primer espectáculo de sexo desenfrenado, para quienes les gusta observar no se arrepentirán, ella lo acepta todo, no puso ningún tipo de restricciones. ¿Alguien quiere disfrutar de las bondades de nuestra misteriosa invitada?
Emma miró atemorizada a la gente que ya había cambiado la cara de desagrado inicial comprendiendo de qué se trataba. Podía reconocer el cuerpo de Regina entre miles de personas, no es que la haya visto desnuda muchas veces, es sólo que cada vez que ella estaba presente su sangre hervía y corría más rápido, tanto que Regina lo notaba de inmediato. Esperaba que se diera cuenta de que ella estaba ahí, los papeles se invertían, aún recordaba el primer día en que se conocieron y cómo fue que ella le dio fuerzas para resistir el castigo de Zelena. Algo no saldría bien de todo esto, Regina no se dejaría tocar tan fácilmente, eso lo sabía muy bien.
Sorprendidos y curiosos, comenzaron a acercarse hacia el altar donde yacía Regina, tocando su tersa piel, oliendo el hermoso perfume de los aceites que le habían puesto, admirando sus pechos y lo expuesto de su sexo.
—Me parece una bella mujer –dijo una que la había inspeccionado bien- pero prefiero una pareja más activa, ya tuve suficiente de eso en el reino Púrpura.
Emma observaba con precaución, pero con un poco de miedo, hasta ahora era aceptable, nada que Regina no pudiera soportar, pero tarde o temprano alguien la reclamaría y no sabía si estaba dispuesta a ver cómo era vejada.
Un hombre alto y corpulento de cabellos castaños se hizo paso entre la gente que admiraba e inspeccionaba a Regina, le dieron espacio sin ponerle obstáculos para que pudiera observarla de cerca. Emma entró en pánico, parecía bastante interesado, no le gustaba nada eso.
Aquel hombre entró en más detalles, oliendo el cuello de Regina, mordiéndolo levemente, apretando sus pezones, bajando su mano para tomar por completo su sexo y apretarlo con poca delicadeza. Los ojos de Regina trataban de mostrase apacibles pero era inútil, por todos lados trataba de buscar la imagen de Emma para calmarse, sin embargo la multitud no la dejaba divisarla por ningún lado.
—Disculpe –dijo Ruby acercándose al centro, dispersando a los demás- Me parece que está probando demasiado ¿Quiere usted ofrecernos una pequeña demostración?
—Creo que no hay nadie más interesado ¿Alguien quiere disputar a la bella mujer con Robin de Locksley?–dijo levantando los hombros, mirando a su alrededor- y ya que los varones no somos bienvenidos en el reino Púrpura esta sería una ocasión que no puedo dejar ir. Yo les mostraré lo que realmente significa dominar a una mujer.
—Se tiene mucha confianza –Ruby hizo una pausa- como para delatar su identidad ¿Quiere usted hacerse conocido? Me parece bien. No nos defraude.
Emma dio algunos pasos para tratar de impedir que fuera un hombre quien la tocara, pero rápidamente Ruby le dio una mirada asesina para que se quedara en su lugar. Luego se acercó a Regina al oído, parecía ser protectora pero todas sus intenciones se basaban en ponerla aún más ansiosa.
—¿Creías que nadie sabía tu pequeño secreto? –Le dijo Ruby presionando levemente su brazo- Veamos cómo te va perdiendo tu virginidad, se cuánto te asquea que un hombre desconocido te toque.
Los ojos de Regina se abrieron de par en par, una pequeña lágrima se derramó por su mejilla, lágrima que sólo Emma pudo divisar a través de la máscara. De alguna manera tenía que impedir que el acto sexual concluyera en una penetración.
—¡Enciendan las antorchas! –Ordenó Ruby haciendo un chasquido de dedos.
Dos esclavos rodearon el altar con antorchas, prendiéndolas e iluminando aún más el centro. Sin duda habría un gran espectáculo.
Sin muchos rodeos, el conde tomó de las muñecas a Regina tirándola hacia él para dejarla sentada. Le puso las manos detrás de la espalda sin soltarla, mientras besaba su cuello de forma rápida y brusca. Regina no ponía resistencia, sin embargo agradecía tener la máscara puesta para no tener que respirar el aliento de aquel hombre.
La cara de Emma era de total repudio, si pudiera ahora mismo estaría liquidando al tipo que estaba osando tocar a su reina. Debía contenerse, ya estaba pensando en qué hacer.
Luego de varias caricias poco sutiles de parte del conde de Locksley varios estaban bostezando ante lo aburrido de lo ofrecido, sólo vagamente pudo llamar la atención cuando tomándola firmemente por las nalgas la levantaba para dejarla de pie frente a él. La volteó y sacó su cinturón rápidamente, el cual lo ató en el cuello de Regina, obligándola con una de sus manos a recostarse en el altar. Mientras con una mano desabrochaba su pantalón, con la otra hacía ademanes de tener total control sobre su enmascarada sumisa. Tenía su miembro totalmente erecto, varios comenzaron a mostrar mucho más interés en ellos, sobre todo por lo excitado que se encontraba el conde.
Regina respiraba rápido, esperando en cualquier momento sentir aquel intenso dolor que por ahora inminente. Tan sólo esperaba no tener que perder el control, ya estaba al límite. Finalmente Ruby iba a poder probar que ella era un animal dominado por sus instintos, pensó.
Emma estaba asqueada, más todavía cuando vio cómo el conde se masturbaba encima del culo de Regina. La ira de su rostro era levemente ocultada por la máscara, su odio aumentó cuando notó las intenciones de aquel hombre, estaba a punto de penetrarla. Junto con maldecir por lo bajo, Emma apretó sus manos con tal fuerza que casi podía atravesar la piel de su palma con sus uñas. Cerró los ojos con fuerzas para no ver nada, pero un grito de dolor hizo que volviera a abrir los ojos, porque para su sorpresa, fue un grito masculino.
Una estruendosa carcajada hizo eco en todo el castillo. Todos se reían apuntando al sexo del conde, el cual no entendía que demonios había ocurrido, parecía que alguien le hubiera estrujado su miembro con fuerza, tanto que se había encogido de manera ridícula.
¿Había sido ella? Emma se cuestionó, porque era exactamente lo que había imaginado antes de escuchar el grito del conde. Quedó estupefacta, pero al fin tranquila. Ahora le tocaba entrar en acción antes de que alguien más se adelantara.
—Esto nunca me había ocurrido –dijo el conde mientras se encogía de dolor- No sé qué me ocurrió.
—Mucho ruido y pocas nueces De Locksley –dijo Emma caminando hacia el mientras miraba con burla su sexo encogido- ¿Tanto se jactó para esto? –le apuntaba.
Regina, al escuchar la voz de Emma se levantó pero esta la volvió a poner en la posición donde estaba. Se recostó sobre ella sensualmente para sacar aquel cinturón de cuero que casi la ahogaba, mientras de reojo miraba al conde retirarse ante la vergüenza.
—¡Conde! –Gritó Emma- se le queda su cinturón –se lo lanzaba- no sea que tropiece mientras corre hacia sus tierras –se reía gustosa.
Antes de que pudiera ponérselo, siguió su camino con los ojos rojos por la rabia, las mejillas rojas y el honor por el suelo, así como sus pantalones que por alguna extraña razón caían haciéndolo tropezar, tal cual Emma había vaticinado. Las carcajadas volvieron a escucharse, las burlas no pararon, incluso en la misma cara del conde.
Emma volvía a preguntarse si acaso había sido ella. Esto la entretenía pero la asustaba al mismo tiempo.
Ruby se acercó de manera colérica hacia Emma, esto no era lo que ella había planeado. No le permitiría tener contacto con Regina tan pronto. Antes de que pudiera decir nada, Emma la detenía con un simple gesto con las manos.
—Me parece que es mi turno. No podemos dejar a los demás con las ganas de ver un buen momento, cosa que Robin no pudo otorgar. Estoy en mi derecho ¿No? Considéralo parte de mis privilegios –sonrió.
Emma miró a alguno de los esclavos y ordenó a que le llevaran un paño con aceites perfumados. Iba a limpiar cualquier rastro del asqueroso que había tratado de tomar a su reina. Mientras observaba a los demás esclavos notó algo extraño, se dio cuenta de inmediato. Ariel, Diablo, Argo, Anna y Rocinante estaban camuflados entre los esclavos que anteriormente habían danzado entre las gente. Sonrió discreta, al fin no se sentía sola en esta desquiciada misión.
Inmediatamente luego de recibir lo que había pedido, puso a Regina sentada en el altar frente a ella, para comenzar a limpiar cada parte de su cuerpo, mientras daba un discurso improvisado, no para la audiencia, como así estaba pareciendo sino que para calmar la misma angustia de su reina, que claramente se dejaba ver a través de sus ojos.
—He sido instruida en las artes amatorias por la mejor Domina de Occultus Terra –limpiaba gentilmente el cuello- aprendí que la dominación y la sumisión son de suma importancia para reinar de forma justa. La humildad es lo primero que se pierde ante el poder. Es por eso que mi domina siempre fue firme, pero no menos gentil conmigo, me hizo entender que con ella todo iba a ir bien –miró a Regina a los ojos mientras le tomaba el rostro- Me hizo entender que nada malo iba a ocurrir si ella estaba a mi lado. En eso consiste la monarquía, en la mano firme, pero si tu pueblo no vive seguro bajo tu reinado, nada de esto tendría sentido –al terminar de limpiarla miró a Ruby- No todos los reyes comprenden eso ¿Verdad?
Ruby esquivó aquella mirada inquisidora. Para ella parecía que Emma estuviera hablando de otra Regina, no entendía muy bien como era que lograba tal admiración de cada princesa que dominaba. Sin duda, esta era especial, tanto que Regina está dispuesta a hacer todo lo que le pida. Algo extraño se anudaba en su pecho y no tenía ganas de luchar con ese sentimiento.
Algunas sonrisas de simpatía se dejaron ver ante el discurso de la joven princesa, incluso algunos aplaudieron, sobre todo los plebeyos que habían sido invitados a las celebraciones.
Emma le abrazó acariciando su espalda mientras besaba su hombro, su clavícula, seguido por su cuello para quedar cerca de su oído y sentir el perfume de sus cabellos. Instintivamente, Regina se dejaba descansar sobre el cuerpo de Emma aliviada de que fuera ella quien estuviera ahí, abrazándola. Sin embargo Emma quería seguir el juego propuesto por Ruby, Regina debía ser dominada. Apartó los brazos que enlazaban su cuello y los dejó a un costado, siempre de forma sutil y delicada, nada de fuerza. Negó con la cabeza sonriendo de forma divertida.
—Usted no ha entendido en qué posición está ahora ¿Verdad? – Le hizo un gesto de negación con el dedo índice- Nada de tomar la iniciativa –le apretó ambos pezones hasta escuchar un pequeño gemido, para luego soltarlos. Los ojos de Regina se abrieron grandes, sorprendida, pero de manera grata.
Algo extraño había en el sonido de su reina, como si algo apagara su voz. Pasó la mano por detrás hacia su cabello y notó que estaba amordazada. Bruscamente miró a Ruby con disgusto, no había necesidad de hacer eso.
Ruby le advirtió con los ojos y negando con la cabeza. No quería que Regina de pronto se pusiera a gritar que estaba ahí a la fuerza, arruinaría todo, lo peor, es que la cuestionarían. Emma seguía mirando desafiante, y sin hacer caso a la negación de Ruby desataba el nudo casi con burla, dejando caer al suelo el pedazo de tela que ahogaba los gemidos de la morena.
Ruby no tuvo otra opción que contenerse, al fin y al cabo si Regina se descontrolaba por culpa de Emma sería de muy buen provecho para ella. Se fue a sentar resignada, punto para la princesa. Luego arreglaría cuentas.
Emma al ver que Ruby se sentaba en su trono volvía a la labor que recién había empezado con Regina. Marcó un camino con su dedo desde el centro de su pecho hasta su ombligo, haciendo juegos y ademanes de si quería o no seguir hasta abajo. La miró tan solo levantando sus ojos, elevando la ceja de forma coqueta.
—Veamos cómo es que está comportándose mi reina enmascarada –siguió bajando lentamente por el monte de venus, quedándose ahí, masajeando la piel, a veces pasando a llevar levemente su clítoris. Regina hacía un sonido sutil cada vez que eso ocurría, hasta que soltó una gran contención de aire al notar que Emma hundía sus dedos por completo en su sexo, comprobando la humedad en ella- Me parece que no estás suficientemente excitada ¿Tendré que poner más énfasis aquí? –acariciaba su clítoris- ¿o tal vez acá? -Bajaba sus dedos para acariciar la entrada de su vagina- Emma sonrió al notar que sus preguntas hacían efecto en el cuerpo de Regina. Se le acercó al oído para hablarle bajito- Relájate, tengo una sorpresa para ti.
Miró a Ariel que estaba un poco impaciente mirándolas, era como si a toda costa quisiera hacer sentir su presencia y la de los demás, quería que Regina supiera que estaban allí. Antes de que pudiera arruinarlo todo, Emma le hizo un gesto hacia ella para que se acercara, y sin pensarlo dos veces se acercó tratando de no parecer demasiado ansiosa. A Ruby ya no le importaba, si Emma quería ejercer sobre su servidumbre que lo hiciera.
Regina seguía extasiada por las caricias de Emma, no se dio cuenta cuando alguien se sentó a horcajadas por detrás de ella en el altar, abrazándola casi con cariño. Se sobresaltó, pero rápidamente descubrió quién era.
Todos los espectadores se sintieron curiosos ante lo que veían, no era común ver un esclavo en este tipo de dominaciones, que se le permitiera era nuevo, y les gustaba.
—Hemos llegado mi reina –le dijo Ariel al oído- No te dejaríamos sola nunca.
—Mi pequeña Ariel –susurró mientras descansaba su cabeza en el hombro de la pelirroja, refregando levemente su cabeza contra su cuello.
—Sujétala bien, esclava –le dijo Emma con una mirada cómplice- Vamos a ver cuánto puede aguantar.
Emma tomó una de las manos de Ariel y la hizo bajar hasta el sexo de Regina, mientras la otra seguía acariciando sus pechos. Separó bien las piernas de la morena con sus manos de forma firme, casi como dando una orden sin decir ni una sola palabra.
—Acaríciala al ritmo que te vaya indicando –le ordenó a Ariel- asegúrate de que permanezca en esa posición, podría ser castigada si no obedece.
Ariel pasaba sus dedos índice y medio, esparciendo gentilmente los fluidos de Regina, masajeando el clítoris, otras presionándolo al juntar sus labios mayores. Lento y tortuoso, al menos así lo decían los gemidos leves de Regina, que pedían más con cada lenta caricia.
Emma asintió y comenzó a caminar de forma arrogante alrededor de ellas dos, con las manos unidas a su espalda, mirando casi por encima del hombro.
—Más rápido – indicó al volver a cerciorarse de que las piernas de Regina estaban en la misma posición donde las había dejado.
Siguió con su paseo, indicando cada vez más seguido la rapidez con que Ariel debía acariciarla, eso guiada por los jadeos de la reina, que cada vez respiraba más entrecortado dentro de la máscara. Los gemidos de Regina se hacían cada vez más sonoros y pronto el cuerpo comenzaba a temblar por llegar luego al clímax. Sin poder soportarlo más Regina movía ligeramente sus piernas al tratar de acomodarse para conseguir el orgasmo que quería, pero antes de que pudiera hacerlo Emma tomaba con brusquedad la mano de Ariel para que dejara de acariciarla.
—Niña mala –decía Emma chasqueando su lengua contra el paladar- Una lástima, ibas tan bien- dijo finalmente apoyando sus manos en los muslos de Regina, presionándola contra el mármol con su propio peso.
Regina sintió una pequeña palpitación en su centro, seguido de un escalofrió que recorrió por completo su columna vertebral. Escuchar a Emma hablar así, con las misma palabras que usaba con ella le excitaba aún más que las caricias que le había propinado Ariel anteriormente.
Emma le hacía un gesto a Ariel para que retrocediera un poco, y así lograr que Regina se recostara un poco hacia atrás. Tomó ambas manos de Ariel y las puso en los labios carnosos del sexo de la morena, tirándolos hacia arriba, dejando totalmente expuesta su humedad. Emma jadeó al ver como la princesa se acercaba a su centro y respiraba en él, su aliento cálido hacía que volviera a temblar, sin embargo Emma la tenía bien firme tomada por los muslos. Mordió ligeramente su ingle, para luego rozar con sus labios su henchido clítoris al pasar a morder el otro lado, lo cual hizo que Regina gimiera sorprendida por el tacto fugaz.
La princesa sonrió por la pequeña tortura que estaba haciendo. Sacó levemente su lengua, rozando a penas su clítoris, dando pequeños golpecitos con ella, jugando con la punta de ella haciendo remolinos para luego tomarla bruscamente con toda su boca. Regina gimió largo apoyándose en el hombro de Ariel, encorvando su espalda, volviendo a gemir al ver que Emma pasaba su lengua con gran presión hacia arriba, lento y peligroso. Así siguió lamiéndola hasta llegar al centro de su pecho. Se separó y observó los ojos de su reina, que ya no eran oscuros sino que de un purpura brillante.
—Contrólate –puso sus manos en las caderas de la morena- Todo va a estar bien –Miró a Ariel- Ahora sujétala firme, no te asustes, tengo todo controlado –le dijo por lo bajo.
Se fue directamente a besar el cuello de Regina, mientras bajaba por sus pechos, su vientre, sus caderas. Eran besos rápidos pero reclamantes de lo que era suyo, así se sentía Emma al ver que muchos se acercaban para ver de más cerca lo que ella le hacía. Era como si con ello dejara en claro que tan sólo se tendrían que conformar con mirar, que su reina era solo suya. Respiró profundo antes de seguir adelante, tenía que despejar su mente de aquellos pensamientos. No sabía por qué estaba sintiendo aquello, quizás por el hecho de que estaba acostumbrada a verla siempre como su fuerte y segura Domina. Si alguien la iba a someter sería sólo ella.
Volvió a concentrarse en su tarea, colocando sus dedos para separar sus labios y dejar expuesto su clítoris, haciendo un leve movimiento hacia arriba y hacia abajo. Tomó las manos libres de la morena y le hizo entender que ella era quien debía facilitarle su labor, a lo cual la reina obedeció complacida. Succionó despacio, luego con más fuerza, estirando hacia atrás, dejando ver como con tan solo sus labios tomaban aquel hinchado botón. Lo soltaba dejando sonar su boca al hacerlo, lo cual provocaba una sonrisa de agrado en quienes observaban. Volvió a hacerlo, pero esta vez subía y bajaba su cabeza mientras succionaba, los jadeos de Regina se hacían entrecortados y cada vez más audibles, tenían un tinte especial al estar totalmente enmascarada. Siguió ahora lamiendo a lo largo de toda la humedad, hacia arriba y hacia abajo, cada vez más rápido, alternando con juegos de su lengua en forma circular, succionando repentinamente. Las caderas de Regina ahora se movían al ritmo de los besos de Emma, sus gemidos retumbaban en toda la sala principal del castillo, el clímax estaba cerca y Emma lo sabía, porque cada vez le costaba más sujetar los muslos temblorosos de la morena. Succionó y de forma rápida con su lengua hizo el trabajo final. Los gemidos eran cortos, su espalda estaba en completa contorción, para al final sacar un hermoso y largo gemido, terminando en un jadeo ronco, casi gutural, que hizo que se soltara del abrazo de Ariel para sacar con sus manos la cabeza de Emma de su lugar, abrazándose fuerte contra el cuerpo de la rubia. Claramente estaba buscando el control que estaba a punto de perder, era como si de alguna manera quisiera encajar sus dientes en la piel de Emma pero de forma ridícula al tener la máscara puesta. Su instinto asesino estaba a punto de estallar.
—¡Sal de ahí! –Dijo Emma a Ariel para que le dejara espacio.
La recostó rápidamente para quedar encima de ella, tomando sus muñecas para dejarla inmovilizada bajo su cuerpo.
—Todo va a estar bien –le habló calmada- Tranquila, estoy aquí.
Los ojos observadores tan solo vieron en ello una forma tierna de dominación, muchos se tomaban el pecho extasiados por lo que acababan de ver. Los aplausos no tardaron en escucharse, vítores de admiración, la sorpresa de que una mujer tan joven pudiera dominar una situación así.
Los ojos de Regina volvieron a su normalidad, mientras Ruby se tomaba la frente ocultando sus ojos para no ver lo que nunca ocurrió. Se levantó de su trono un tanto extrañada, claramente Emma había podido controlarla. Otro punto para la princesa.
La princesa pidió espacio para poder sacarse su abrigo y colocárselo a Regina, estaba dispuesta a llevársela a su habitación para que pudiera descansar de todo lo que había pasado, de seguro no había descansado tan bien como lo había hecho ella, descansar parte de lo que quedaba de la noche y el día siguiente le haría bien para poder planear algo estando dentro del castillo. Sin embargo, Maléfica rápidamente se les acercó.
—Soy yo –dijo la reina- No te preocupes, conmigo está segura.
Emma asintió y miró a Ruby que la esperaba en una postura no muy amigable. Se puso nerviosa al notar que era la misma Maléfica quien se quedaba con Regina.
—¿Qué estás haciendo? No puedes dejarla cerca de la gente que la conoce.
—No hará nada estúpido –levantó una ceja- escuché la pequeña conversación que tuviste antes de que dejaras que ese idiota pusiera sus manos en ella.
—Mira, me parece que no estas entendiendo cómo es que…
—Me parece que no estas entendiendo tú. Te dije que no quería que Regina sufriera ningún tipo de daño y mira lo que haces.
Ruby la tomaba por el brazo fuerte.
—No digas su nombre en alto ¡demonios!
Emma tomó la mano de Ruby soltándose de su agarre y tomándola aún más fuerte de lo que ella la había tomado.
—Ella va a pasar la noche conmigo. Manda a tapar el gran ventanal de mi habitación, y además quiero que pongan cortinas negras alrededor de mi cama –le soltó la muñeca con violencia- No voy a tranzar con eso, no está en discusión. Nos quieres acá, perfecto, pero bajo mis condiciones, aun no me das nada de lo que pedí. Zelena anda feliz y sonriente por ahí con mi amiga comportándose como una mascota. Una por otra Ruby, ella se queda conmigo lo que resta de nuestra estadía.
Mientras Ruby y Emma discutían acaloradamente, Maléfica se llevaba a Regina lejos de los ojos curiosos.
—¿Qué? –Preguntó a la gente que la seguía- Es mi turno ¿Alguien tiene algún problema?
Rápidamente se disiparon, ninguno quería problemas con la reina, no con ella.
—¿Qué estás haciendo? –pregunto Regina mientras se escondían en un lugar tapado con gasas colgadas.
Maléfica la abrazó y comenzó a acariciarla para que nadie sospechara de su rápida conversación.
—Tienes que volver a mi reino. Cuando las cosas se calmen te llevaré yo misma a Obscura. Deja a esa chiquilla a su suerte, ya has arriesgado mucho. ¿Qué demonios haces en el reino de Ruby? ¡Estas demente!
Regina jadeo ante las caricias de Maléfica, aún estaba sensible.
—Me estas pidiendo algo imposible. Me da igual perderlo todo, ya me cansé de la vida que llevaba. Me siento viva, más viva que nunca, si debo morir, será viviendo, aunque sea al límite.
—Estás loca, no te dejaré cometer ninguna barbaridad. Te estoy mirando.
La ligera cortina que las ocultaba se corrió de pronto sobresaltándolas.
—Tiempo suficiente –Emma miró a Maléfica- Regina debe descansar.
La princesa no le dio ninguna posibilidad de hablar más con ella, y es que algo veía Emma en la reina que no le gustaba.
—Sabes que por tu culpa todo es un desastre en Occultus Terra ¿Verdad? –le preguntó Maléfica de forma agresiva.
—Mi abuela decía que el orden natural de las cosas es el caos, que para que las cosas cambien es imposible evitarlo. Regina tiene un interés especial, yo también tengo los míos –se le acercó provocadora- Si no vas a ayudar, será mejor que te retires.
Claro que estaba ayudando, sin embargo ella veía las cosas de otra manera, el camino más fácil era dejar las cosas como estaban antes de que a Emma se le ocurriera pasar las fronteras de Obscura. Si había otra salida la aceptaría, sin embargo ahora el panorama se veía demasiado desfavorable, creía casi imposible salir con vida de este castillo.
Capítulo Largo! Este vale por dos!
Se vienen más capítulos así de cargaditos, así que estoy a la espera de sus reviews.
Besos!
