Prompt: Recreación de la escena del Trono. Rey se une a Kylo Ren (¿creo?).

Advertencia: Blood kink.

N/A: Esto es algo así como Reylo en conflicto y dark!fluff pero sin serlo del todo.


14. Fiat Lux

La conmoción puede ser peligrosa.

Ella no responde de manera verbal, ni tampoco toma su mano. En su lugar, decide otorgarle un abrazo respaldado por la desesperación e impulso. Ben Solo no es el que le responde, mucho menos es el que se ve atraído por las consecuencias de la batalla, pequeños rastros perceptibles en el aspecto físico de Rey, los cuales enaltecen su imagen resplandeciente de guerrera.

El mundo parece detenerse entonces (ya sea por voluntad de la fuerza o por voluntad de ellos mismos).

Labios cálidos se funden a una herida palpitante y cubierta de sudor. Rey tiembla con anticipación a lo desconocido. Un anhelo oscuro hacia el deseo de experimentar. Kylo la siente y no es solo por medio de la fuerza. La siente contra regiones personales e inexploradas, contra su pecho desbocado. Lo lleva a preguntarse, por un instante, si ella va a apartarlo en cualquier momento. No hace mucho estaba implorando por la vida de sus amigos. No hace mucho lo veía con una expresión desaprobatoria y ahora, justo ahora, es Rey -quién se sostiene con las puntas de los pies- la que permite cercanía, la que presiona la sien izquierda e induce el flujo de sangre. Kylo Ren, el nuevo Líder Supremo, es incapaz de rechazar el extraño ofrecimiento.

El silencioso consentimiento es abrumador e inesperado, más no se detiene allí. El sabor metálico se apodera de su sentido del gusto, un sabor que no tiene porque percibirse agradable, no tiene razón de serlo y aún así, Kylo se decanta por éste, y por la intimidad del fugaz acto. Se trata de un apremio deseoso por prolongar la sensación. Apenas puede contenerlo.

Peor aún, es un impulso mutuo e irrefrenable, uno reafirmado por la propia muchacha. — ¿Qué estoy haciendo? —Inquiere con el aliento entrecortado.

En lo que ella retira sus manos, las palabras repercuten en ambos a pesar de ser un cuestionamiento individual. Aunque en realidad, nada de lo que sienten es una situación ajena. Nunca lo ha sido.

Kylo hace ademán de volver a tocarla y Rey se limita a mirarlo en asombro. De esta forma, la pesadez en la ceja se acompaña rápidamente de la presión en su hombro, a la altura del húmero, la zona en donde descansa la otra herida reciente.

—Be-Ben... —Llama instintivamente.

La respuesta que obtiene, arrebata un suspiro de su propia boca. La lengua de Kylo Ren arden contra su piel erizada, desnuda y brillante de fluidos salivales entremezclados con sangre, su sangre, la sangre que adorna aquellos labios gruesos y complementan una escena bastante obscena, cuyo broche de oro, recae en la vehemente voz del nuevo líder de la Primera Orden.

Por favor.

No son más que niños perdidos, niños inexpertos que juegan a seducirse involuntariamente y durante los momentos más inoportunos. Rey ni siquiera necesita agacharse para remplazar la piel de su hombro. La satisfacción de comprobar si su sangre no tiene un sabor intolerable es descomunal, poco importa cuando Kylo Ren vuelve a tomarla entre sus brazos.

Esta vez, es él quién implora por su vida. Una compartida.

—Por favor, por favor Rey...

La suplica suena a letanía y despierta algo en ella que no sabe nombrar. Sin embargo, al entrelazar su mirada con la de Ben, ve a un hombre lleno de esperanza, lleno de luz, exasperado y necesitado de una respuesta auditiva. La claridad acude sin dificultad y la hace reflexionar discursos anteriores.

Deja morir el pasado, mátalo de ser necesario.

Ben Solo la percibe en su totalidad, fascinado. Un conflicto que reluce en sus preciosos orbes de carroñera. La oscuridad diluida en pequeños fragmentos de luz que se convierten en su todo cuando ella le sonríe y, muy despacio, asiente con la cabeza para formar un pacto sagrado, casi inquebrantable. Kylo Ren se deja cegar.

La habitación del trono se convierte en varios escenarios. Principalmente dos: Un tétrico altar y un cementerio galáctico.

Estar a un paso de la autodestrucción, al mismo tiempo que estar a un paso de la redención, jamás ha sido tan tentador.