Alfred, Lincoln y sus generales planeaban el próximo ataque. Las estrategias y las victorias del menor los habían tomado por sorpresa. El estadounidense tenía sentimientos encontrados, por un lado maldecía haberle enseñado el arte de la guerra pero por el otro lado, estaba muy orgulloso.
-Escuchen, debido a la derrota del general John Pope, el ejército quedará a cargo de George McClellan-dijo Lincoln- Tú te enfrentarás a Robert Lee. Jones te acompañará…
De pronto se escucharon varios gritos y tiroteos cerca de Sharpsburg. No… era imposible que los sureños hubieran entrado al territorio norteño… simplemente era una locura.
Todos los presentes corrieron hacia donde venían los disparos junto con el ejército y si, efectivamente, ahí estaba la confederación invadiendo territorio estadounidense. Alfred estaba impresionado por el valor del ojiverde. Esto iba a terminar mal para ambos.
Era el 17 de septiembre de 1862, Maryland era testigo de una de las batallas más sangrientas en la historia de los Estados Unidos. Las balas volaban de un lado al otro. Un ejército confederado de aproximadamente 45,000 soldados tomó por sorpresa al ejército de Estados Unidos de 87,000 integrantes.
El esmeralda y el zafiro se fulminaban mutuamente. Padre e hijo luchaban sin descanso y ninguno pensaba rendirse. El orgullo nacional se interponía y esto causó que el riachuelo Antietam se llenara de sangre.
Una bala pasó rozando el brazo del ojiazul que rápidamente se agachó, cargó el rifle y disparó eliminando a un confederado y causándole una dolorosa punzada a Texas que rápidamente subió a un árbol y comenzó a disparar.
-Primero eliminamos a los eslabones fuertes y terminamos con los débiles-se dijo a si mismo mientras una de sus balas perforaba el fémur de un soldado estadounidense. Alfred se quejó del dolor en la pierna.
-Bloody kid-murmuró el mayor que en sus momentos de mayor desesperación, sacaba su lado británico. Rápidamente ordenó que se eliminaran las fuerzas enemigas, con suerte podría capturar al ojiverde y terminar con esta locura.
Varios hombres salieron de la barricada pero fueron rápidamente eliminados, cruzar el campo era muy peligroso, incluso pecho tierra.
De pronto un brillo le alertó de algo. A su lado izquierdo se encontraba un maizal. El brillo de una bayoneta lo alertó. Inteligente niño, quería rodearlos. El corazón de Alfred se detuvo al ver como varias bayonetas se levantaban
-¡AL SUELO!-gritó justo en el momento en que los confederados ocultos abrieron fuego. Rápidamente se metieron a la trinchera pero su número bajó mucho con la primera descarga- ¡Artillería, flanco izquierdo!
El fuego de artillería y de los rifles de ambos bandos actuó como una guadaña, cortando los cuerpos de los soldados como si fueran plantas. Al ver tal masacre, los sureños comenzaron a huir hacia los maizales, pero el Norte no los dejaría huir tan fácil.
Se inició una persecución de fuego cruzado por los maizales. Los hombres caían como moscas. Alfred saltaba cadáveres enemigos mientras, dolorosas punzadas en el cuerpo le indicaban cuando caía uno de los suyos.
Anthony estaba agotado, gracias a su baja estatura, todas las balas pasaban rozando su cabeza ya que los norteños solo apuntaban a la cabeza. El sudor escurría por su frente cuando de pronto, tropezó y cayó al suelo.
Rápidamente se apresuró a hacerse bolita en el suelo cubriendo su cabeza. Éste era el fin… pero los estadounidenses lo saltaban pensando que era un cadáver más. Incluso notó cuando su padre lo saltó con la bayoneta en alto. Sin embargo, la sensación de haber pasado sobre alguien como él, lo hizo detenerse.
Su mirada volvió al suelo y su corazón se detuvo al ver un bulto rubio. Creyó que le daba un paro cardiaco. La sangre huyó de su cara y su corazón latió dolorosamente mientras corría hacia el menor. Numerosas lágrimas recorrieron sus mejillas pues él había jurado que el texano se había quedado en el árbol.
-¡ANTHONY!-gritó antes de caer de rodillas a su lado. Las dos miradas se cruzaron de nuevo y Estados Unidos respiró aliviado al ver que estaba ileso- ¡Detén esto de una vez!
-No-dijo el menor sintiendo como la sangre resbalaba por su rodilla-no lo haré hasta que elimines tu ley anti esclavitud…
-¡Eres tan terco!-le espetó furioso-¡Eres caprichoso y testarudo!
-¡Pues claro, es porque soy tu hijo!-exclamó Texas fulminando con la mirada a su padre que desvió la mirada molesto.
De pronto se escucharon muchos pasos que se acercaban
-¿Qué es eso?-preguntó Estados Unidos sintiendo como la tierra retumbaba
-Son los refuerzos-dijo Anthony con una sonrisa-Saluda a la brigada Tigre…
La brigada Tigre de Luisiana conformada por 500 hombres bien preparados obligó a la Unión a retirarse hacia East Woods sufriendo una baja del 67%. La más alta hasta el momento
El ojiazul llevó su mano a su abdomen donde sintió una lluvia de punzadas sumamente dolorosas. Texas aprovechó ese momento para huir. El sur parecía tener la ventaja cuando de pronto, una batería de rifles de artillería disparó directamente contra el maizal ocasionando una matanza. La brigada Tigre perdió 323 de sus 500 hombres.
Tras dos horas y 2.500 bajas, estaban donde habían empezado. El maizal, un área de unos 225 metros de largo y unos 360 de ancho, fue la escena de una indescriptible destrucción. Se estimó que el maizal cambió de manos no menos de 15 veces en el transcurso de la mañana.
Un refuerzo estadounidense de 7,200 hombres al mando del comandante Mansfield llegó al campo de batalla. Más de la mitad de los miembros eran reclutas sin experiencia, incluso el capitán había recibido el mando hacía dos días.
Preocupado por sus hombres, mandó que estos avanzaran en una formación conocida como "columna de compañías, juntas en masa", una formación en la que un regimiento formaba en diez filas en lugar de las dos habituales. Cuando sus hombres entraron en East Woods, ofrecieron un excelente blanco para la artillería.
-Pan comido-dijo Anthony apuntando al capitán y disparó derribando a Mansfield mientras el resto de los refuerzos caían. El territorio estaba de nuevo en manos sureñas pero esto duró poco ya que otro ejército más especializado reforzó a los novatos obligando a los confederados a retroceder.
Varios generales de ambos bandos estaban muy heridos por lo que hubo cierta confusión sobre que debían hacer los soldados. Alfred rápidamente llamó al orden para lanzar un ataque contra el flanco izquierdo para aliviar un poco la tensión sobre los hombres de Mansfield.
De pronto, los ojos esmeraldas notaron el movimiento del ejército de su padre, querían rodearlos y hacerlos retroceder pero eso no pasaría porque Texas alertó a tres brigadas que los dispersaron.
La fase matutina terminó con 13.000 bajas por ambos lados, incluyendo dos jefes de Estados Unidos.
Gracias por leer y no olviden comentar
