Pido disculpas por tardar tanto en actualizar de un capítulo a otro, pero para compensar en este capítulo ya quedan resueltas algunas cosas y es algo más largo, así que espero que no haya quejas xD

Espero reviews para saber vuestra opinión :)


Después de un, más que increíble, fin de semana en París, ambos estaban de vuelta en Nueva York. Concretamente se encontraban sentados en un banco de uno de los principales pasillos de los juzgados, esperando fuera de la sala en la que se iba a celebrar el caso por custodia de Alexis.

Johanna y Martha se habían marchado a la máquina expendedora de café, pues todavía quedaban unos minutos para que el juicio se celebrase.

El escritor movía sus piernas con nerviosismo y tenía la mandíbula apretada. Kate le agarró la mano, entrelazándola entre la suya, tratando de tranquilizarlo. Él simplemente suspiró, como si con ese suspiro se fuesen a ir todos los nervios que lo invadían.

-Saldrá bien – le dijo ella, acariciándole con su pulgar la palma de la mano.

-No sé… Está ahora, reunida con el juez y el jurado… - volvió a suspirar y a agachar la cabeza.

Como Alexis era menor, no iba a estar presente en el juicio y por lo tanto ninguno de los abogados podría aturullarla a preguntas, sin embargo, el juez quería saber su opinión así que se había reunido a solas con ella y con el jurado, quienes valorarían y tendrían en cuenta la opinión de la menor. Eso, en opinión de Kate, era un punto a favor de Rick. Otro punto a favor era que el juez que les había tocado era el juez Markway. Tanto ella y Johanna, incluso Jim, lo conocían. Y no es que fuesen a utilizar su relación a su favor, sino que Markway era uno de esos jueces que de verdad buscan la justicia.

-Saldrás de aquí con la custodia de Alexis – le aseguró Kate – He estado repasando todo antes con mi madre, Meredith no va a conseguir nada.

-¿Crees que tardarán mucho más? – preguntó él, mirando hacia la sala. Alexis estaba allí dentro, pero ya había entrado cuando ellos llegaron, así que todavía no la había visto.

-No lo creo, el juicio empezará en unos minutos.

Rick apretó más la mano de Kate contra la suya y ésta le dio un suave beso en la comisura de los labios.

Cuando se separó de él, pudo observar cómo éste miraba con odio hacia el frente. Kate miró hacia ese mismo punto y vio a la que debía ser Meredith. Una mujer alta, delgada, y con el cabella liso y largo, pelirrojo, los miraba a ambos con una sonrisa de superioridad desde el otro extremo del pasillo. Vestía colores algo llamativos, en opinión de Kate, e iba acompañada de un hombre más bajo que ella, trajeado y con un maletín en la mano. Kate supuso que debía de ser su abogado.

Observó durante unos segundos a Meredith. Buscó en ella algún gesto que indicase nerviosismo, pero no lo encontró. Rick iba a intentar arrebatarle la custodia de su propia hija y, muy lejos de estar nerviosa, ella mostraba una gran seguridad en sí misma, además de la superioridad con la que les miraba. Kate se preguntó si de verdad tendría algún as en la manga, alguna estrategia para impedir que Rick ganase la custodia de su hija.

-¿Papá?

Una dulce y jovial voz la sacó de sus pensamientos. La puerta de aquella sala se había abierto y, tras ella había aparecido una niña pelirroja, casi una adolescente, pero todavía una niña. Kate se fijó en su tez pálida, igual que la de Meredith, sin embargo sus ojos eran azules, como los de Rick. Ahora mismo estaban brillantes, debido a las lágrimas.

El escritor soltó el agarre de la mano de Kate y se levantó. Alexis rápidamente corrió hacia él y ambos se fundieron en un abrazo.

-¿Estás bien calabaza? – le preguntó Castle tras separarse de sus brazos.

Alexis asintió, secándose la cara empapada por sus lágrimas.

-He contado la verdad – aseguró ella.

-Eso está muy bien – dijo él, ahora ayudándole a limpiarle la cara, pero sin dejar de sonreír.

-Te he echado de menos – volvió a apoyar la cabeza en el hombro de su padre, abrazándole por el cuello. Por unos momentos posó la mirada en Kate, quien le sonrió.

-Y yo a ti cielo.

-¿Alexis? – En ese momento Martha llegaba hasta allí, acompañada por Johanna.

Ésta última se retiró al lado de Kate mientras abuela y nieta se reunían de nuevo.

-Lo siento, pero la menor tiene que acompañarme – dijo uno de los oficiales que había allí – El juicio va a comenzar así que ustedes deberían ir entrando.

-Papá – dijo Alexis, algo temerosa – Luego… ¿te volveré a ver?

-Sí calabaza, pase lo que pase nos veremos luego.

Alexis se abrazó una vez más a su padre y después le dio un beso a su abuela, antes de acompañar al oficial hacia otra sala mientras se celebraba el juicio.

Rick se volvió hacia Kate, quien le sonrió. El gesto del escritor había cambiado tras reencontrarse con su hija, estaba más relajado ahora y, a pesar de la brillantez de sus ojos, se le veía feliz.

-Vamos – dijo Kate, alargándole la mano. Él la aceptó y entraron dentro.

Kate tuvo que sentarse en uno de los bancos de atrás, junto a la madre del escritor, mientras Johanna y Rick se sentaban delante. Al otro lado estaba Meredith, con su abogado.

El juicio comenzó de forma tranquila, el juez Markway explicó que ya se había tomado declaración a Alexis y se tendría en cuenta su opinión para tomar la decisión final. Markway llamó primero a Castle al estrado y tanto Johanna como el abogado de Meredith le hicieron varias preguntas. Para su sorpresa, el abogado de la pelirroja no hizo ninguna extraña pregunta ni ninguna acusación que dejase entrever que quería la custodia de Alexis.

Cuando le tocó el turno a Meredith de subir al estrado, su abogado le hizo varias preguntas sobre cómo había ido esos años con su hija en la capital británica y ella respondió a la mayoría de ellas haciendo mención a la cantidad de dinero que se había gastado en ella. Colegios privados, una educación de primera, etc…

Johanna se hizo una idea clara de por dónde iban los tiros y comenzó a hacerle preguntas sobre la relación que había tenido con su hija. Si la intuición no le fallaba, a esa mujer le importaba más bien poco si el escritor se quedaba con la custodia de Alexis, sin embargo parecía demasiado interesada en los aspectos económicos.

-¿Es cierto que su hija se ha pasado los últimos meses con la única supervisión de la asistenta, pasando la mayor parte del tiempo sola en casa?

Meredith fulminó a Johanna con la mirada. A pesar de no importarle la custodia de su hija al parecer no le gustaba nada que la acusasen de ser mala madre, pensó Johanna. La pelirroja miró a su abogado, quien se limitó a asentir, apremiándole a que respondiese.

-He estado trabajando estos últimos meses en una obra de teatro muy importante y dado que mi trabajo requiere de mucho tiempo y esfuerzo fuera de casa, Alexis tenía que quedarse con la supervisión de la asistenta o sola.

-¿Así que le parece adecuado que una niña de apenas doce años se quede sola en casa, en ocasiones durante todo un fin de semana? – continuó Johanna.

-Alexis siempre ha demostrado mucha madurez para su edad y puede valerse por sí misma – aseguró Meredith, aprovechando el instante para colocarse bien el pelo.

Johanna se quedó pensativa durante unos instantes, buscando la pregunta adecuada, hasta que la encontró.

-¿Quiere usted seguir haciéndose cargo de la custodia de su hija?

La actriz hizo como que lo pensaba durante un par de segundos, porque Kate estaba segura de que ya tenía pensado qué contestar a algo así, y después admitió, con un deje de tristeza, francamente mal interpretado:

-No hay duda de que quiero mucho a Alexis, pero dado que durante estos doce años he sido yo quien se ha encargado de ella, creo que estaría bien que a partir de ahora fuese Richard quien ejerciera, de una vez, su labor como padre.

El escritor se tensó, apretando los puños y la mandíbula. Pues después de haberle arrebatado a su hija durante un largo periodo de tiempo, ahora Meredith lo acusaba de no haber ejercido su labor como padre.

-Lo habría hecho si tú me habrías dejado – murmuró para sí mismo con rabia.

-No tengo más preguntas, señoría.

Johanna volvió a su asiento con una sonrisa, pues en lo que a la custodia de Alexis se refería, no le cabía duda que tenían el caso ganado. Kate, sin embargo, estaba a la espera de que algo pasase. Era obvio que a Meredith no le interesaba la custodia de su hija, pero estaba segura de que no había ido hasta allí para perder.

-Señoría, pido la palabra.

Cuando el abogado de Meredith habló, Kate supo que ese sería el detonante que estaba esperando.

-Adelante – dijo Markway.

-Mi cliente solicita a Richard Castle la cantidad mensual de siete mil dólares, durante cinco años, los mismos que mi cliente se ha hecho cargo de la niña, debido a todos los gastos generados durante este tiempo.

-Protesto – dijo Johanna inmediatamente. Markway le dio la palabra – Durante el tiempo que Alexis ha estado viviendo en Londres con su madre, mi cliente le ha pasado mensualmente la pensión que se le estipuló en el juicio realizado anteriormente en el cual la acusada recibió la custodia.

-Protesto – dijo ésta vez el abogado de Meredith.

-Protesta denegada – dijo Markway.

Inmediatamente después, Markway llamó a los dos abogados y al jurado a otra sala, para debatir la decisión final.

Martha apretó las manos de Kate.

-Querida…

-Lo tenemos ganado Martha, el juez no le va a dar ni por asomo la custodia a esa…

-Pésima actriz – finalizó Martha, mirando a Meredith con rabia y desprecio.

Kate le miró con una sonrisa y después se levantó y se dirigió hasta donde estaba Rick.

-¿Qué opinas? - le preguntó él, nervioso.

-Meredith no tiene nada que hacer, la custodia es tuya, en cuanto a lo del dinero…

-Eso no me importa, si le tengo que pasar una pensión mensual lo haré, lo único que me importa es Alexis.

-No puedes estar hablando en serio – dijo ella, ahora seria.

-¿Por qué? – preguntó Rick, algo confuso.

-Sé que tenemos una visión de las leyes y la justicia algo diferente, pero… pretender que esa arpía – se sorprendió a sí misma llamando a Meredith así – se salga con la suya… Rick, no me parece correcto. No sería justo para ti y además le estarías dando la razón.

-No digo que quiera pagarle nada Kate, pero mi objetivo es conseguir la custodia de Alexis.

Kate suspiró, resignada. Era cierto que lo importante era ganar la custodia de Alexis, sin embargo le era imposible comprender que Rick pensase de esa manera. ¿Cómo pretendía que no le importase que Meredith se saliese con la suya una vez más? Además, Rick ya había pagado la manutención de su hija durante todo este tiempo, no le debía nada a aquella mujer. Esa era una idea muy equivocada de la justicia.

Cuando el juez, los abogados y el jurado volvieron a la sala, ella volvió a su asiento, cruzando los dedos porque el juez Markway no hubiese perdido su visión de la justicia e hiciese una sentencia justa.

Johanna tenía el gesto sonriente y les guiñó un ojo a Kate y a Martha antes de sentarse.

-Richard Castle se encargará a partir de ahora de la custodia de Alexis Castle – declaró el juez.

-¡Bien! – Rick no pudo reprimir el grito y saltó enérgico de la silla, ganándose una mirada de desaprobación por parte del juez – Lo siento – dijo, volviendo a sentarse.

Kate no pudo evitar reírse, mientras Martha sacudía la cabeza, a su lado.

-Con respecto a la petición económica – dijo ahora Markway, dirigiéndose a Meredith – queda denegada.

Con un martillazo dio por finalizado el juicio. Meredith los miró, resignada y visiblemente enfadada. Rick abrazó a Johanna y le dio las gracias, para después saltar hasta donde estaba Kate y estrujarla entre sus brazos. Incluso la alzó del suelo y dio una vuelta con ella, quien no pudo evitar reír. Cuando la dejó en el suelo besó sus labios enérgicamente.

-Enhorabuena – le dijo Kate, separándose de él.

-Kate, no habría podido hacer esto sin tu ayuda.

Ella le sonrió y él volvió a besarla, más despacio esta vez.

-¡Hemos ganado! – dijo Martha cuando su hijo la abrazo.

-Sí, Alexis se viene a casa.

-¿Vamos a buscarla? – preguntó la actriz.

-Sí, vamos.

Rick entrelazó sus dedos con los de Kate y los cuatro abandonaron la sala. Cuando salieron al pasillo, la menor esperaba a su padre junto al oficial que estaba cuidando de ella.

Rick corrió feliz hacia ella, así que ni siquiera le hizo falta preguntar si habían ganado o no. Martha fue hasta ellos y los tres se fundieron en un abrazo.

-Vamos – le dijo el escritor, agarrando a su hija de la mano – Quiero que conozcas a alguien.

Se acercaron hasta donde estaban Johanna y Kate, ambas sonriendo.

-Hola – dijo ella tímidamente.

-Ella es Kate – le presentó Castle.

-Encantada de conocerte Alexis, tu padre me ha hablado mucho de ti – dijo ella, alargando una mano que la pelirroja le estrechó enseguida, con una sonrisa.

-¿Eres…? – Miró alternativamente a su padre y luego a Kate – Bueno…, quiero decir, ¿sois novios?

Castle rió mientras Kate se limitó a sonreír, nerviosa, y morderse el labio. Pues no conocía a Alexis y no sabía cómo podría reaccionar o si quizás simplemente no le gustaba o no le caía bien. Suponía que eso sería un punto importante para Rick.

-Sí – dijo él – Kate es mi novia, y la mejor abogada de Nueva York – dijo, guiñándole un ojo a Kate – Aunque Johanna ha sido quien ha llevado nuestro caso – dijo, presentándole ahora a la otra Beckett – Ella es la madre de Kate.

-Hola Alexis – dijo la abogada, estrechando la mano de la pelirroja al igual que minutos antes lo había hecho su hija.

-Hola. Gracias por ganar este caso – le dijo ella, sonriendo.

-No hay de qué, te mereces estar con tu padre.

Alexis miró a su padre, sonriente, y esté la agarró de la cintura y la estrechó contra él.

-¿Os apetece que vayamos a comer?

-Oh, te lo agradezco, pero yo tengo que marcharme a recoger a Brigitte del colegio – dijo Johanna, rechazando la oferta.

-¿Y tú? – preguntó el escritor, ahora mirando a Kate.

-Será mejor que vayáis los tres solos. Tenéis muchas cosas de las que poneros al día.

-Está bien – dijo él, sabiendo que Kate tenía razón. Tenían demasiadas cosas con las que ponerse al día y Kate podría llegar a sentarse excluida.

Cuando Johanna se marchó, dejó que Alexis y su madre caminasen por delante de ellos y aprovechó para coger de la cintura a Kate y pararse con ella.

-¿Nos veremos esta noche? – le preguntó, esperanzado.

-Rick, no sé si sería lo mejor… Ahora tú y tu hija os tenéis que poner al día, tiene que establecerse en tu casa, le tienes que explicar cómo funciona todo, cómo va a ser su rutina…

Él le miró, divertido de que ella ya hubiese pensado en todo y la calló con un beso.

-Como quieras, pero la propuesta que te hice ayer sigue en pie. Y no voy a aceptar un no por respuesta.

-¿De verdad quieres que pasemos dos días en los Hamptons?

El escritor le había propuesto pasar los días festivos en la casa que tenía en la playa. Y no solamente la había invitado a ella sino que también a sus padres y a Brigitte.

-El 4 de julio hay que celebrarlo como se merece – dijo él.

-Está bien – sonrío ella, antes de ser besada de nuevo.

-Llamaré a tu madre para asegurarme de que no te has 'olvidado' – dijo esto entre comillas – de decirle que les he invitado a ellos también.

Kate rodó los ojos y Rick se alejó de ella, marchándose junto a su madre y su hija. Kate los miró desde lejos y se preguntó si de verdad podría sentirse integrada con ellos, como si fuesen una familia.