Bien como todos ya sabemos los personajes de CCS no me pertenecen si no a las fabulosas CLAMP. La historia tampoco es mía, se llama "Por que eres mía" y le pertenece a Lisa Keypas, que es una increíble escritora. Hago esta adaptación sin fines de lucro y pues… "X" a leer!

Declaimer: Sakura está decidida a librarse del matrimonio que sus padres concertaron para ella, y la única manera de hacerlo es acostándose con el mejor actor de todo Londres, Shaoran Li.


Porque tú eres mía…

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En el transcurso del siguiente mes, el embarazo de Sakura se hizo más evidente, lo que la obligó a restringir sus salidas. Cuando iba de compras o a pasear, por el parque bien a pie o en coche, siempre la acompañaban al menos dos sirvientes, a quienes Shaoran había dado órdenes concretas. No estaba en condiciones de agotarse, había dicho su marido, ni de aventurarse en zonas poco seguras, y sí de comer con regularidad.

—No soporto que se me trate como a una niña —le había dicho Sakura una mañana sentada ante el tocador. No podía evitar sentirse molesta por la pérdida de libertad. Tras haber experimentado qué era eso de hacer lo que le apetecía o de ir adonde quería, ahora le resultaba difícil llevar la vida protegida que acostumbraba llevar cualquier mujer de su posición—. Haga lo que haga, siempre hay alguien que intenta ayudarme, o cuidarme... o darme de comer alguna cosa.

En lugar de burlarse o hacerla de menos, Shaoran la escuchó con aparente seriedad.

—Nadie te trata como a una niña —contestó—, sino como a alguien cuyo bienestar valoro por encima de todas las cosas.

—Me siento prisionera —dijo con resentimiento—. Quiero ir a algún sitio, hacer algo...

—¿Como qué?

Sakura suspiró y tomó un cepillo con el que peinó con energía su cabello largo y suelto.

—Desde el baile no ha venido nadie a casa, no tengo más amigos que Mei ling que, como tú, siempre está ocupada en el teatro, y aunque recibimos una docena de invitaciones cada día, jamás aceptamos ninguna.

La frente de Shaoran se arrugó al mirar la cara pequeña y tensa de su esposa. Reconoció que eso era más o menos lo que había esperado: los años de reclusión tan celosamente mantenidos tocaban a su fin. Sakura era joven, vibrante y necesitaba una vida social activa, tener amigos y disfrutar de las variadas diversiones que ofrecía Londres.

—Entiendo —dijo, quitándole el cepillo de las manos y dejándolo a un lado. Se puso en cuclillas a su lado, de manera que sus caras quedaron a la misma altura—. Cariño, no es mi intención tenerte como a un pájaro en una jaula de cristal. Veré qué puedo hacer para animar un poco tus días. —Su boca se torció en una sonrisa burlona—. Doy por sentado de que no tienes quejas de las noches.

—No —contestó Sakura sonrojándose. Recuperada la sonrisa, alzó la boca de buen grado para que Shaoran la besara.

Fiel a su palabra, Shaoran empezó a llevar a Sakura a exposiciones de arte, subastas, cenas y veladas musicales. Cuando iban al teatro a Drury Lañe o la Royal Opera House, ocupaban un elegante palco privado. Para deleite de Sakura, aceptaron invitaciones a fiestas campestres de fin de semana, en las que tuvo ocasión de conocer a otras jóvenes damas con las que tenía mucho en común. Sabía que a Shaoran no le hacían gracia tales celebraciones, como tampoco que fuera permanente objeto de atenciones, especulaciones y entusiasmo. El hecho de que estuviera dispuesto a sacrificar su preciada intimidad por ella era tan halagador como desconcertante. Sakura era consciente de las envidias que despertaba entre otras mujeres por tener a Shaoran como marido. Era encantador, inteligente, generoso y tenía una elegancia de la que otros maridos carecían. Le encantaba estar casada con él, disfrutaba de su compañía, de su sentido del humor siempre agudo y, por supuesto, de sus habilidades amatorias.

Sin embargo, con independencia de lo íntima o cómoda que pareciera su relación, Sakura sabía que distaba mucho de lo que podía ser. Shaoran ya no la miraba como antes, nunca había ardor y deseo en sus besos y mantenía una ligera y crucial distancia entre ambos. Estaba claro que no confiaba en ella, y procuraba por todos los medios evitar cualquier intimidad emocional.

Sakura, por su parte, intentaba refrenar sus sentimientos, sabedora de que, con independencia de lo mucho que Shaoran la deseara, sólo conseguiría que despreciara cualquier manifestación amorosa.

Tal y como Mei ling había pronosticado, Sakura recuperó el apetito y, con él, los kilos perdidos, amén de unos pocos más. Cualquier preocupación íntima que hubiera podido albergar sobre si Shaoran aprobaba o no su modificada figura, no tardó en ser disipada.

—Dadas las circunstancias, de ahora en adelante deberías dormir aquí —le dijo Shaoran una noche después de haberla llevado a su cama y hacer el amor. Pasó rauda una mano sobre la cadera desnuda de Sakura y añadió con brusquedad—: Es mejor que enviar a buscarte cada vez que te desee o que ir corriendo a tu cuarto cuando se te acalambren las piernas.

Sakura sonrió adormilada, removiéndose entre los brazos de Shaoran.

—No querría molestarte, sé lo mucho que te gusta dormir solo.

—No ocupas tanto —observó, y subió la mano hasta el vientre de su esposa—. Todavía.

Sakura se apoyó sobre el costado.

—No tardaré en ocupar media cama, de ancha que estaré. ¡Ay, ojalá fuera más alta! Las mujeres de mi estatura no llevamos bien los niños... Parecemos patos.

Shaoran la atrajo hacia él y recostó la espalda de Sakura contra su largo cuerpo.

—Señora—dijo con una calidez que cosquilleó el oído de Sakura—. Me paso las noches demostrándole lo deseable que es. A estas alturas no creo que tenga motivos para dudar de su atractivo.

—¿Te has aficionado a las mujeres con grandes barrigas? —preguntó escéptica, y notó su sonrisa en la nuca.

—Sólo a una en particular. —Shaoran la puso boca arriba—. Y supongo que ahora querrás que te lo demuestre.- Sakura se apartó con fingida resistencia.

—Si no es un problema...

—Insisto—murmuró Shaoran, volteando a Sakura una vez más y besándola en la boca.

Era un hombre impredecible, que unas veces la mimaba y le tomaba el pelo y otras la trataba con una frialdad exasperante. La mayoría de las noches volvía a casa a toda prisa después de la representación para estar con ella, aunque cuando atravesaba la puerta a grandes zancadas no había el más mínimo atisbo de impaciencia. Era tan aficionado a ocultar los sentimientos, que Sakura se preguntaba si realmente la amaba o si, más bien, la consideraba una mascota divertida. Sin embargo, había ocasiones en que ella encontraba razones para la esperanza.

Tres tardes por semana Sakura posaba para el retrato encargado por Shaoran. El artista, el señor Orsini, era un hombre apacible y de gran talento, que en ningún caso mostraba el temperamento excéntrico que ella hubiera esperado en un artista.

—Su esposa es la mujer más hermosa que he pintado —le comunicó a Shaoran, el día que fue a presenciar una sesión.

—Señor Orsini —protestó Sakura desde donde estaba posando—, no debería avergonzarme...

—Posee una virtud inusitada —prosiguió Orsini con seriedad—, una mezcla de sensualidad y pureza. Una niña-mujer cautivadora.

Poco acostumbrada a tal cantidad de elogios, Sakura acabó por fijar la mirada en el suelo.

—Sí—oyó decir a Shaoran en voz baja—, eso es exactamente lo que veo en ella.

Cuando se encontraba bien, Sakura visitaba el Capital por las tardes, en donde asistía a los ensayos e, incluso, ayudaba en la lectura de los papeles.

A Shaoran no parecía molestarle su presencia y, de hecho, no tuvo reparos en admitir que le gustaba saber que estaba cerca de él.

—Me ahorra tener que imaginarme los problemas en los que podrías meterte en cualquier otra parte —le dijo con sequedad.

A Sakura le encantaba estar con la compañía, pues a sus componentes la visión de una mujer en estado, no les causaba ningún problema. Acostumbrados como estaban a las actrices embarazadas —que permanecían en escena hasta el sexto o séptimo mes de gestación—, los empleados del Capital la trataban con actitud distendida que la hacía sentirse cómoda y aceptada.

Lo mejor de todo eran aquellos momentos de esparcimiento que compartían algunas noches después de cenar. Pasaban horas leyendo y hablando, hasta que, finalmente, Shaoran la llevaba a la cama. Parecía que el frágil vínculo que los unía se iba fortaleciendo. Sakura empezó a pensar que, poco a poco, iba ganando la batalla y recuperando la confianza de Shaoran... Hasta el día en que sus esperanzas de felicidad parecieron hacerse añicos.

La mañana de domingo discurría con normalidad. Tras el copioso almuerzo y el café, Sakura asistió sola a los oficios religiosos y luego pasó unas horas con Shaoran en el salón familiar privado. Éste estudiaba un libreto con detenimiento, tomando notas y haciendo correcciones, mientras Sakura se calentaba junto a la estufa y bordaba.

Ante la visión de la cabeza castaña de su marido, Sakura fue incapaz de resistir el impulso de acercarse. Tiró al suelo el bordado que estaba haciendo y, situándose detrás de la silla donde estaba sentado, apoyó las manos en los anchos hombros de Shaoran.

—Odio bordar —dijo, al tiempo que se inclinaba para acariciar con la nariz el cálido espacio que se formaba detrás de la oreja del actor.

—Pues no lo hagas—contestó Shaoran, volviendo una página del libreto.

—No tengo más remedio. Toda esposa respetable ha de bordar.

—¿Quién quiere que seas respetable? —preguntó con voz ausente, intentando concentrarse en su trabajo—. No leas por encima de mi hombro, cariño, no me puedo concentrar.

Sin inmutarse, Sakura le deslizó los brazos por el pecho.

—No deberías trabajar en domingo, es pecado. —Suavemente, le besó dos o tres veces allí donde la fuerte quijada de Shaoran se unía al cuello, y sintió el latido del pulso de su marido contra los labios.

—Estoy a punto de cometer uno peor —replicó Shaoran y, dejando caer el libreto, se volvió para abrazarla.

Sakura gritó, riéndose cuando la sentó en su regazo.

—¿Qué es lo que considera una actividad adecuada para el domingo, señora...? ¿Esto...? ¿O quizá esto...?

El juego se vio interrumpido por una llamada a la puerta. Forcejeando, Sakura se levantó de su regazo, se alisó el vestido a toda prisa y volvió junto a la estufa. Entró un lacayo, que traía una nota sobre una bandeja de plata. Con una sonrisa burlona, provocada por el intento de Sakura de aparentar serenidad, Shaoran tomó la nota y despachó al criado.

—¿De quién es? —preguntó, volviendo al lado de Shaoran mientras éste rompía el lacre.

—Según parece de alguien que me presentó lord Hiraguizawa —Con el ceño fruncido, leyó en voz alta—: «... me veo en la penosa obligación de transmitirle algunas circunstancias relacionadas con nuestro amigo Lord Drake. Sabedor de la íntima amistad que le une a él, he dado por sentado que desearía ser informado de inmediato...». —La voz de Shaoran se fue debilitando y dejó resbalar la mirada por la nota con rapidez.

Sakura le observó mientras terminaba de leerla en silencio, hecho lo cual se sentó con la rigidez de una estatua.

—¿Shaoran? —le preguntó vacilante. No pareció oírla. Sakura le quitó la carta medio arrugada de la mano. Se apartó para leerla y, al terminar, no pudo reprimir un grito ahogado de pena. Según parecía, Eriol, lord Hiraguizawa, había asistido la noche anterior a una fiesta fluvial en el Támesis.

En algún momento de la juerga, lord Hiraguizawa se había caído por la borda, pero nadie había advertido nada hasta el amanecer. Aunque el barco había sido registrado minuciosamente, no se había encontrado rastro de él. Se iba a proceder a dragar el Támesis, pero era frecuente que en casos de ahogamiento el cuerpo no fuera hallado hasta el cabo de varios días.

Sakura acarició el hombro rígido de su marido.

—¿Era... es... un buen nadador? Quizá consiguiera llegar a la orilla...

—No, no sabía nadar bien —le informó con la voz ronca—. Además, estaría borracho como una cuba para intentarlo siquiera.- Sakura le puso la mano en la nuca.

—Shaoran, lo lamento...

Él se apartó de un tirón, la respiración silbándole entre los dientes.

—No lo hagas. —Su espalda se vio sacudida por un evidente temblor—. Quiero estar solo.

Toda su naturaleza la impulsaba a quedarse, a consolarle, pero Shaoran no la quería allí, no la dejaba entrar en su dolor. Imposible imaginar una tortura mayor que amar a alguien que no quiere ser amado. Si le asaltaba algún impulso afectuoso por ella lo reprimía a cada momento. Sakura se quedó mirando su pelo castaño y no pudo evitar tocárselo.

—Shaoran, ¿qué puedo hacer?—susurró.

—Sólo irte.

Sakura retiró la mano y abandonó el cuarto sin mirar atrás.

...

Durante el resto de día y la mayor parte del siguiente, Shaoran se encerró en su dormitorio y se emborrachó. La única vez que se dirigió a Sakura fue para informarle de que no iría a trabajar al Capital. En la siguiente representación su puesto lo ocuparía el suplente.

—¿Cuándo volverás? —le preguntó Sakura, mirando fijamente la cara inexpresiva y la mirada vidriosa por el alcohol.

La única respuesta fue un silencio sepulcral, tras lo cual shaoran se volvió a encerrar en su cuarto. No deseaba su compañía, ni la de nadie más. A pesar de las súplicas de Sakura y de las bandejas con comida que le hacía subir, rehusó comer.

Preocupada, Sakura le preguntó a la señora Bee si Shaoran se había comportado así alguna vez antes, a lo que el ama de llaves, tras un momento de duda, contestó:

—Sólo cuando usted lo dejó, señora Li.- Sakura enrojeció de culpa y remordimientos.

—¿Y cuánto tiempo duró?

—Una semana bebiendo hasta perder el conocimiento y otra antes de que empezara a

comer con normalidad. —La señora Bee sacudió la cabeza con sincero desconcierto—. Aquello lo pude entender, porque todos sabíamos lo que sentía por usted... Pero esto... Nunca hubiera imaginado que lord Hiraguizawa le importara tanto. No me gusta hablar mal de los muertos, pero ese hombre era un tarambana. Descanse en paz.

—Será porque crecieron juntos. Por alguna razón, Shaoran se sentía responsable de él.

El ama de llaves se encogió de hombros.

—Sea cual fuere la causa, el patrón se ha tomado su fallecimiento muy a pecho. —Su comprensiva mirada reparó en la tensión del rostro de Sakura—. Al final todo se arreglará, señora Li, no se disguste. Para una mujer en su estado no es bueno preocuparse.

Eso, por supuesto, era más fácil decirlo que hacerlo. ¿Cómo no habría de preocuparse cuando su marido parecía decidido a beber hasta matarse? A última hora de la noche del segundo día, Sakura hizo acopio de valor y se encaminó hacia la puerta de Shaoran, giró el pesado picaporte y descubrió que la puerta estaba cerrada con llave.

—¿Shaoran? —preguntó, golpeando suavemente con los nudillos. Tal y como imaginara, no hubo respuesta. Llamó un poco más fuerte, y del interior le llegó el sonido de un gruñido sordo.

—Para de rascar la maldita puerta y déjame en paz. —La voz de Shaoran albergaba un trasfondo tan inquietante, que los pelos de la nuca se le pusieron de punta.

—Abre, por favor —dijo Sakura, aparentando entereza—, o iré a buscar la llave de la señora Bee.

—Si lo haces te retorceré el pescuezo como a un pavo —le espetó como si saboreara ya la circunstancia. ,

—Me voy a quedar aquí hasta que te vea; toda la noche, si es necesario. —Al no recibir respuesta, añadió en un momento de inspiración—: Y si le ocurre algo al niño, caerá sobre tu conciencia.

Al oír los pesados pasos de Shaoran, Sakura se preparó para lo que viniera. La puerta se abrió de improviso y un violento tirón la introdujo en la habitación.

—No quiero que nada caiga sobre mi conciencia —dijo, cerrando la puerta de un portazo e introduciéndola con él en el umbroso dormitorio. Se irguió sobre ella, enorme y oscuro, el pelo revuelto, el aliento apestando a alcohol. Tenía puestos unos pantalones increíblemente arrugados. Estaba descalzo, llevaba desnudos el torso y los hombros, dejando a la vista su poderosa musculatura.

Sakura no pudo evitar retroceder, alarmada por su aspecto: parecía capaz de cualquier cosa. La boca de Shaoran se torció en una mueca de desdén, los ojos, inyectados en sangre, tenían un brillo salvaje, desesperado...

—¿Quieres jugar a la esposa consciente de sus deberes —dijo con voz pastosa— y palmear mi espalda susurrándome perogrulladas al oído...? Bien, no quiero que me consueles, no lo necesito. Todo cuanto preciso es esto. —La agarró del corpiño, hurgó con los dedos en la hendidura del escote y tiró de ella hacia sí con violencia. La boca caliente de Shaoran, rodeada por la áspera barba, se restregó por la piel delicada del cuello de su esposa. Sakura se dio cuenta de que Shaoran esperaba que protestara por lo burdo de las caricias, pero deslizó los brazos alrededor de su cuello y allí los dejó, relajados. La dulce claudicación pareció ser la perdición de Shaoran.

—¡Imbécil!—gruñó—. ¿No tienes la sensatez de temerme?

—No —dijo Sakura con la cara apretada contra el pecho caliente y suave de Shaoran.

Se apartó de ella con brusquedad, respirando de manera entrecortada.

—Shaoran —dijo con suavidad—, te estás comportando como si te culparas de alguna manera de la muerte de tu amigo. No entiendo por qué.

—Ni falta que te hace.

—Claro que sí, cuando pareces inclinado a destruirte. Hay muchas personas que te necesitan, y da la casualidad de que soy una de ellas.

La furia pareció esfumarse y, de repente, Shaoran adquirió un aspecto cansado, lleno de desprecio por sí mismo.

—Eriol me necesitaba—musitó—. Y le fallé.

La mirada de Sakura encontró el devastado rostro de su esposo.

—¿Y ésa es la causa de todo?

—En parte. —Shaoran agarró una botella de brandy medio vacía y se sentó en el borde de la cama deshecha. Había manchas de bebida en las sábanas y en la alfombra Aubusson, rastros de las últimas treinta y seis horas de borrachera. Levantó la botella hasta los labios, pero antes de que pudiera beber, Sakura se acercó y se la quitó. Intentó apoderarse de la botella con un zarpazo inseguro, y tuvo que agarrarse para no perder el equilibrio.

Sakura apartó la botella y se quedó frente a él.

—Cuéntame —dijo, ansiando tocarle—. Por favor.

Con el aspecto de un niño cansado, cerró los ojos y hundió la cabeza entre los hombros. Con voz ahogada, pronunció algunos nombres... lord Hiraguizawa... El conde de Rochester Hall... La señora Lang... Y entonces, en un torrente entrecortado de palabras, tomó forma una historia increíble.

Sakura permaneció de pie, inmóvil, intentando entender lo que le estaba diciendo. Shaoran dijo que era el hijo ilegítimo de Hiraguizawa y la hija de la señora Lang, que Eriol había sido su hermanastro. Atónita, escuchaba mientras Shaoran se desahogaba con la amarga sinceridad de un hombre condenado. Era evidente que la pena y el dolor que sentía por Eriol se mezclaban con una culpa devastadora.

—¿Por qué no me lo contaste antes? —preguntó por fin Sakura cuando se calló.

—No era necesario. Estabas mejor sin saberlo. Igual que Eriol.

—Pero deseabas decírselo, ¿no? —murmuró, animándose a acercarse para acariciarle el pelo alborotado—. Te arrepientes de no haberle dicho algo cuando tuviste oportunidad de hacerlo.

Shaoran dejó caer la cabeza sobre el pecho de Sakura y apoyó la frente en la fragante suavidad de su pecho.

—No estoy seguro. Yo... ¡Dios! Ahora ya es tarde. —Con un suspiro, cubrió sus ojos con el corpiño de terciopelo—. Tendría que haber hecho más por él.

—Hiciste todo lo que pudiste. Pagaste sus deudas y jamás le diste la espalda. Incluso le perdonaste por quitarte a Kaho.

—Debería haberle dado las gracias por hacerlo —dijo con la voz ronca—. Kaho era una puta embustera.

En su fuero interno, Sakura se avergonzó al pensar que su comportamiento no había sido mucho mejor que el de Kaho.

—¿Irás a ver a Hiraguizawa?—le preguntó, y sintió cómo se ponía rígido.

—No confío en que pudiera evitar matarlo. Hiraguizawa es más responsable que nadie de la muerte de Eriol, por haber hecho de su vida un infierno tal que su única escapatoria fue darse a la botella.—De sus labios se escapó una risa salvaje—. La gente de los barrios bajos tiene una palabra para referirse a los borrachos, los llama los «inflados». Lo mismo que dicen cuando encuentran a un ahogado. Pobre Eriol, le va al pelo en cualquiera de los dos casos, ¿verdad?

Sakura continuó acariciándole sin hacer caso de la macabra observación.

—Ven a mi cama y duerme —le dijo al cabo de un instante—. Dejemos que la servidumbre limpie y ventile esta habitación.

Shaoran tardó bastante en responder. Sakura sabía que estaba considerando si volver o no a su brandy.

—No me quieres en tu cama —murmuró—. Estoy borracho, y Dios sabe que necesito un baño.

Sakura esbozó una débil sonrisa.

—Eres bienvenido en cualquier condición. —Con las yemas de los dedos le recorrió el brazo duro y desnudo hasta las manos sin fuerza—. Ven—susurró—. Por favor.

Pensó que se negaría pero, para su sorpresa, se levantó y la siguió fuera del cuarto. La pequeña victoria la tranquilizó, aunque estaba lejos de sentirse totalmente aliviada de preocupaciones. Empezaba a comprender la carga que había estado soportando Shaoran, y no era sorprendente que la muerte de lord Hiraguizawa le hiciera sufrir. Qué miserablemente traicionado debía de haberse sentido al enterarse de que el niño rico que había crecido con él era en realidad su hermano. Ninguno de los dos había tenido nunca un auténtico hogar o una familia que los quisieran. Ninguno de los dos había conocido jamás la felicidad.

Su mano resbaló hasta el vientre, como queriendo proteger la vida diminuta que llevaba dentro. Seguro que Shaoran sería capaz de querer a una criatura inocente. Ya que no aceptaba su corazón, al menos podría darle eso.

Shaoran durmió con un sueño profundo, moviéndose espasmódicamente o murmurando en sueños. Cuando empezaba a agitarse, Sakura lo calmaba hasta que volvía a dormirse, cuidándole durante toda la noche. Por la mañana, salió de puntillas de la habitación y se aseguró de que nadie interrumpiera la continuidad de su sueño. Se bañó y se puso un vestido de mañana azul marino con un ribete de encaje blanco. Después de desayunar sola, pasó una o dos horas contestando correspondencia.

—Perdone, señora Li... —La voz del mayordomo interrumpió sus pensamientos. Traía una tarjeta de visita en una bandeja de plata—. Una visita personal del conde de Rochester. Cuando le he dicho que el señor Li no estaba en casa, ha preguntado si usted le recibiría, a pesar de lo inusitado de la hora.

Consternada, se quedó mirando la tarjeta sin comprender. Sintió una mezcla de viva curiosidad y preocupación. ¿Qué podía ser lo que tenía que decirle el conde? En silencio, dio gracias a Dios de que Shaoran siguiera durmiendo profundamente, pues era impredecible su reacción si se enteraba de que el conde estaba allí.

—Ha-hablaré con él enseguida —dijo, volviendo a poner la pluma en el tintero de plata grabada con excesivo cuidado—. Iré al vestíbulo de la entrada.

—Sí, señora Li.

Mientras se dirigía hacia allí, el corazón le latía con fuerza. Durante la noche no había dejado de preguntarse qué clase de hombre era Hiraguizawa para haber manipulado y mentido durante años a sus propios hijos... Para renegar de Shaoran y consentir que sufriera los abusos de un brutal aparcero. Aun sin conocerlo, lo despreciaba. Y sin embargo en alguna parte de ella había un atisbo de compasión: después de todo, Eriol había sido su hijo reconocido, y su muerte debía de haber causado al conde no poco dolor.

Redujo el paso al divisar al anciano de pelo negro que esperaba en la entrada: la alta figura empezaba a encorvarse y la cara angulosa carecía de calidez y alegría. Aunque entre él y Shaoran no había un gran parecido, a Sakura le dio la impresión de que bien podría ser su padre.

Al igual que su marido, parecía solitario, irreductible, pletórico de fuerza. Mostraba las huellas del dolor reciente: el tono grisáceo de la piel y un algo mortecino en la mirada.

—Lord Hiraguizawa —saludó Sakura, rehusando extender la mano y limitándose a mover la cabeza con prudencia.

Al conde pareció divertirle la falta de deferencia de Sakura.

—Señora Li —la voz sonaba herrumbrosa—, es muy amable por recibirme.

—Lamento su pérdida —murmuró.

El silencio que siguió lo aprovecharon para estudiarse mutuamente.

—Ha oído hablar de mí —dijo el conde—. Puedo leerlo en su cara.

Sakura asintió con la cabeza.

—Sí, él me lo ha contado.

El conde arqueó una ceja con altanería.

—Supongo que se me ha descrito como un monstruo con el corazón de piedra.

—Simplemente me ha relatado los hechos, milord.

—Tiene usted más clase de lo que habría esperado de la esposa de Li —observó Hiraguizawa—. Una joven de evidente buena cuna. ¿Qué ha podido persuadir a su familia para permitir semejante enlace?

—Se sintieron complacidos ante la perspectiva de tener un caballero tan cumplido en la familia—mintió con frialdad. Hiraguizawa descansó la filosa mirada sobre ella. Parecía haber detectado la mentira, pero sonrió con mezquina admiración.

—Mi hijo ha tenido suerte al escoger esposa.

—¿Su hijo?—repitió Sakura—. Tenía la impresión de que se había negado a reconocerlo.

—Eso es algo que pretendo hablar con él.

Antes de que Sakura pudiera hacerle más preguntas, oyeron acercarse a alguien y se volvieron al unísono. Shaoran, sin mostrar emoción alguna en el rostro, se detuvo junto a Sakura, la mirada ámbar fija en el anciano.

Parecía que las muchas horas de sueño le habían sentado bien. Con el pelo todavía húmedo por la ducha reciente y la cara brillante tras haberse afeitado, iba vestido con una camisa blanca, pantalones negros y un chaleco estampado verde y gris. A pesar del aspecto atildado, se podían apreciar unas sombras bajo los ojos y cierta palidez en su cutis moreno. Se dirigió a Hiraguizawa en un tono seco y monocorde.

—No alcanzo a imaginar qué le trae por aquí.

—Eres todo lo que me queda —se limitó a decir Hiraguizawa. La boca de Shaoran se torció con una sonrisa venenosa.

—Espero que, ni por lo más remoto, esté sugiriendo que le valgo como mediocre sucesor de Eriol.

El anciano no pudo disimular su estremecimiento.

—Cometí muchos errores con Eriol... No voy a negarlo. Quizá no fuera un padre ideal...

—¿Quizá?—repitió Shaoran con un risa salvaje.

—... pero había depositado mis esperanzas en Eriol, tenía planes para él. Yo... — Hiraguizawa tragó saliva con dificultad y logró terminar a duras penas— le quería, no importa lo que pienses.

—Podría habérselo dicho —murmuró Shaoran. Hiraguizawa sacudió la cabeza, como si la conversación se hubiera vuelto demasiado dolorosa. Con todo, se obligó a proseguir.

—Tenía grandes expectativas para él. Su madre era una mujer refinada, de naturaleza delicada y del más rancio abolengo. La escogí para asegurarme de que mi hijo tuviera un linaje impecable.

—Al contrario que el primero—dijo Shaoran.

—Sí —reconoció Hiraguizawa sin ambages—. No te ajustabas a mis planes. Me convencí de que lo mejor era dejarte de lado y empezar de nuevo. Pretendía que mi hijo, el legítimo, tuviera lo mejor de todo. Le di una fortuna, los mejores colegios, el acceso a los círculos sociales más selectos... No había motivos para que Eriol no triunfara. Pero fracasó miserablemente en todo lo que intentó. Ni disciplina, ni ambición, ni talento, ni interés por nada que no fuera beber y jugar. En tanto que tú... —Una risotada irónica restalló en su garganta—. No te di nada. Tu estirpe era la propia de un mestizo. Sin embargo te las arreglaste para amasar una fortuna y labrarte una posición social. Incluso has conseguido casarte con la clase de mujer que debiera haber tenido Eriol.

Shaoran lo miró con ironía.

—Dígame qué es lo que quiere, Hiraguizawa, y luego váyase.

—Muy bien. Quiero que acabe la guerra entre nosotros.

—No hay guerra —contestó Shaoran, rotundo—. Ahora que Eriol se ha ido, me importa un bledo lo que le pase. No tendrá nada que ver conmigo, mi esposa o mis hijos. Por lo que a mí respecta, usted no existe.

Al conde no pareció sorprenderle la frialdad de Shaoran.

—Por supuesto, ésa es tu decisión. Pero, si me lo permitieras, podría hacer mucho por tu familia. Para empezar, podría utilizar mi influencia para que te nombraran lord, en base, sobre todo, a las propiedades y tierras que has amasado. Y aunque hay algunas restricciones respecto a lo que puedo legar a la progenie ilegítima, todavía queda un patrimonio generoso que podría dejarte.

—No quiero ni un chelín de su dinero. Debería haber sido para Eriol.

—Entonces no lo aceptes para ti. No obstante, podrías considerarlo en interés de tus hijos.

Quiero nombrarlos mis herederos. ¿Les negarías sus derechos de nacimiento?

—No aceptaré... —empezó a decir Shaoran, pero el conde lo interrumpió.

—Nunca te he pedido nada hasta ahora. Todo lo que deseo es que pienses en lo que te he dicho. No tienes por qué darme una respuesta de inmediato, estos días no tengo nada que hacer salvo esperar.

—Esperará mucho tiempo —replicó Shaoran con gravedad. Hiraguizawa esbozó una amarga sonrisa de comprensión.

—Por supuesto. Sé muy bien lo obstinado que eres. –Shaoran, en silencio, la expresión dura como una roca, esperó a que Hiraguizawa se despidiera y saliera de su casa.

Por desgracia, Hiraguizawa, o alguien relacionado con él, reveló a un tercero la verdad sobre el parentesco de Shaoran, y al cabo de pocos días la noticia se había extendido por todo Londres.

Visitas y cartas inundaron la casa del actor, todos deseaban conocer la verdad, y el Capital no corrió mejor suerte.

Las actuaciones de Shaoran, siempre objeto de una gran asistencia de público, se hicieron tan populares que en el exterior del teatro se suscitaban salvajes peleas por conseguir una entrada. La gente parecía fascinada por la idea romántica del plebeyo famoso que descubría que, en realidad, era el bastardo de un rico aristócrata. La nobleza también se vio sacudida y cautivada por los detalles de la escandalosa historia.

Shaoran se convirtió en el personaje más nombrado de Londres, situación que ni deseaba ni le agradaba. El sufrimiento por la muerte de Eriol le llevaba a trabajar hasta la extenuación durante el día para, más tarde, encontrar consuelo en los brazos de Sakura por la noche. Su comportamiento sexual se hizo muy diferente al de antaño: dulce y prolongado, era como si quisiera perderse y permanecer dentro de Sakura para siempre. No quedaba satisfecho hasta que conseguía que ambos llegaran a un penetrante éxtasis que los dejaba exhaustos y saciados.

—Nunca imaginé que sentiría algo parecido —le susurró una noche Sakura—. No sabía que podía encontrarse tanto placer en el lecho conyugal.

Shaoran se rió en silencio y acarició el cuerpo de su esposa con la mano.

—Tampoco yo. Dada mi inclinación por las mujeres experimentadas, nunca sospeché que sería cautivado por una ingenua.

—No tan ingenua —dijo Sakura, a la que se le cortó la respiración cuando Shaoran se instaló entre sus muslos—. Después de todo lo que hemos hecho...

—Aún hay muchas cosas que tienes que aprender, cariño —dijo, situándose y penetrándola con suavidad.

—No puede ser—protestó, jadeando cuando él la llenó por completo.

—Entonces, pasaremos a la siguiente lección —murmuró Shaoran con una sonrisa, haciéndole el amor hasta que Sakura se vio consumida por el fuego de la pasión.…

...

Sakura llegó de visita al teatro una vez terminado el ensayo diario y encontró a Shaoran, solo, en el escenario, tomando notas mientras paseaba entre algunos entramados colocados allí con anterioridad. Al principio, demasiado absorto en lo que hacía, no advirtió la presencia de su esposa entre bastidores, aunque no tardó en volverse y verla. Una sonrisa resplandeció en sus ojos ámbar.

—Ven aquí—dijo, y Sakura obedeció de buena gana.

Shaoran dejó las notas en un decorado móvil cercano. Deslizó las manos sobre la voluminosa cintura de Sakura, mientras miraba de arriba abajo el vestido de un suave tono ambarino.

—Pareces una gota de miel —musitó, instándola a ponerse de puntillas—. Déjame probar.

Sakura se ruborizó y echó un vistazo al escenario vacío, temerosa de que el abrazo pudiera ser contemplado por algún que otro empleado despistado.

Shaoran se echó a reír.

—Nadie va a protestar —se burló, y agachó la cabeza. Su boca caliente y ansiosa le robó un beso y luego otro.

Entre sonrisas y jadeos, Sakura se apartó.

—Ya casi has terminado aquí, ¿no?

—Sí. —Volvió a atraerla hacia sí y le acarició las caderas—. Necesitaré sólo cinco minutos más. ¿Por qué no me esperas en el despacho? Mantendremos una reunión privada... a puerta cerrada.

—No tengo ganas de trabajar—dijo, provocadora, haciéndole sonreír con ganas.

—No lo harás. —Le dio un azote cariñoso y la empujó con dulzura hacia bastidores.

Cuando se fue, Shaoran tomó las notas y volvió a centrarse en los últimos detalles de la coreografía. Sonrió con tristeza, viendo que no podía recuperar el hilo de los pensamientos: sólo podía pensar en acudir al despacho lo más pronto posible y seducir a su esposa. Se obligó a concentrarse y garrapateó unas pocas frases, utilizando el decorado móvil a modo de mesa improvisada.

Mientras lo hacía, percibió el movimiento de una sombra que se acercaba poco a poco al proscenio a lo largo de las hileras de asientos laterales.

—¿Quién anda ahí? —preguntó, entrecerrando los ojos bajo las luces del escenario, incapaz de reconocer al intruso. La sospecha de que el extraño fuera un curioso que se hubiera colado en el teatro, le hizo soltar un breve suspiro—. El Capital está cerrado al público. Si no le importa volver más tarde, esta noche habrá representación.

El visitante se acercó, dudando de si salir o no de entre las sombras. Shaoran se estiró y siguió estudiando el oscuro contorno del extraño.

—¿Quién demonios es usted? —preguntó con contundencia. El hombre respondió con una familiar voz de borracho que hizo que el mundo se tambaleara bajo los pies de Shaoran.

—No me digas que ya te has olvidado de mí... hermano.

Eriol surgió de las sombras. Tenía la cara abotargada y brillante por el odio y las mejillas le ardían con un intenso enrojecimiento. Shaoran lo miró atónito. No fue consciente de haberse movido hasta que sintió el borde del decorado móvil presionándole con fuerza la columna. Se dio cuenta entonces de que había retrocedido, tambaleante, dos o tres pasos. Sus labios deletrearon el nombre de Eriol y, en un momento de obcecación, pensó que estaba ante un fantasma... hasta que vio la pistola en la mano de lord Hiraguizawa.

—Creía que estabas muerto—dijo con voz quebrada, intentando poner las ideas en orden.

—Debes de estar decepcionado —replicó el aludido—. Totalmente decidido a ocupar mi lugar, ¿verdad?

—No, yo... —Shaoran sacudió la cabeza y tomó varias bocanadas de aire para recuperarse—. Maldito seas, Eriol, ¿qué demonios ocurrió? Todos piensan que te ahogaste durante la fiesta fluvial...

—Eso es lo que quería que pensaran. Tenía que hacer algo. Los matones de un garito me seguían los pasos, decididos a acabar con mi miserable vida si no pagaba lo que les debía.

Necesitaba tiempo, tenía que engañarles hasta que pudiera conseguir algo de dinero.

—Me has hecho pasar un infierno —le espetó Shaoran, recuperando la serenidad.

—No te duró mucho, ¿verdad? —replicó Eriol con suavidad—. Te has recuperado lo suficiente como para anunciar a los cuatro vientos que eras mi hermanastro, una circunstancia que nadie se molestó en contarme.

—No lo supe hasta hace poco. —Shaoran bajó la mirada hasta la pistola, que se agitaba en la mano de Eriol—. Estás borracho, aparta ese maldito trasto y hablaremos.

—Tengo intención de utilizarla —fue su vacilante respuesta—. Sobre ti o sobre mí... Quizá sobre ambos. Mi vida no vale un chelín, y sólo pienso en cómo se beneficiaría tu carrera: te convertirías en la leyenda más grande de la historia del teatro.

Shaoran no reaccionó, pero el corazón le latía a una desagradable velocidad. Eriol siempre había sido un borracho impredecible y era capaz de cumplir su amenaza.

—Nunca he acabado con la vida de alguien antes —murmuró, y tembló como un árbol en una tormenta. Pero esa agitación no venía de fuera: era interior—. Pero te lo mereces, Xiao.

—¿Por qué?

La boca de Eriol se torció en un espasmo de amargura.

—Siempre supe lo que podía esperar de ti. Aun cuando el resto del mundo no fueran másque unos mentirosos, podía fiarme de ti. Ahora resulta que eres el peor de todos, guardándote el sucio secreto de Clow, ocupando mi sitio en cuanto creíste que había desaparecido... Bien, no puedes quedarte con lo que es mío. Antes, te mataré.

A medida que hablaba, se fue acercando, moviendo con agitación la pistola. Shaoran empezó a considerar la posibilidad de agarrar el arma y quitársela. Por el rabillo del ojo vio a Sakura detenida en el bastidor más cercano y el corazón le saltó varias veces en el pecho. «Maldición — pensó aterrorizado de repente—. Vete, Sakura. ¡Fuera de aquí!» Pero Sakura no se movió. Era incomprensible que se expusiera a semejante peligro: podía resultar alcanzada por un disparo perdido... Sin querer, podía provocar en Eriol un acceso de furia asesina. Shaoran, sin atreverse a mirarla, empezó a sudar.

—No quiero nada tuyo —aseguró, resultándole difícil hablar—. Lo único que deseo es ayudarte. —Le invadió la sensación de tener la garganta revestida de metal. Se percató de que Sakura se estaba moviendo en silencio por detrás del decorado móvil y los bastidores, sólo Dios sabía con qué intenciones. Atenazado por la desesperación, temió que tropezara y cayera sobre cualquier cosa. De un tiempo a esa parte, se había vuelto muy patosa a causa del embarazo.

—¿Ayudarme? —se burló Eriol, tambaleándose ante él—. ¡Qué hermosa demostración de interés fraternal! Casi podría creerte.

—Baja el arma y habla conmigo. —El tono de Shaoran fue cortante.

—¡Dios, cómo te desprecio! —La mano de Eriol se agitó al encañonar el estómago de Shaoran—. Jamás me había percatado de lo mucho que os parecéis mi padre y tú: unos bastardos suficientes que comparten secretos asquerosos y manipulan a cuantos los rodean...

—Jamás te he tratado así. Atormentado, Eriol sacudió la cabeza.

—Xiao lang... ¿cómo fue que no fuimos capaces de saberlo? Todos aquellos años...

—Eriol, espera —dijo Shaoran. La palidez se apoderó de su rostro cuando su hermanastro amartilló la pistola—. Eriol...

Una estruendo asombroso siguió al desplome del bastidor más cercano, las piezas se vinieron abajo de golpe, como empujadas por una mano invisible. Desprovista de anclajes, la estructura armada de madera cayó sobre Eriol antes de que tuviera tiempo de reaccionar. La pistola salió disparada con una explosión ensordecedora y, de inmediato, una bala perdida se incrustó en un lado del proscenio.

Sakura, de pie allí donde había estado el bastidor, contemplaba el resultado de sus esfuerzos. Durante unos segundos de paralización, Shaoran la miró, mientras se aseguraba de que todo estaba bien. Se inclinó para apartar el bastidor y se arrodilló para agarrar a su aturdido hermanastro por la solapa. Eriol apestaba a vino, ginebra y un sinfín de espiritosos más.

Desconcertado, abrió los ojos para mirar detenidamente el rostro de Shaoran. Tal y como éste sospechaba, el bastidor no pesaba tanto como para herirle.

—¿Qué ha ocurrido...? —empezó a decir Eriol. Shaoran le golpeó la barbilla y lo dejó sin sentido. Caído sobre el escenario, Eriol empezó a roncar.

Sakura se acercó hasta ellos a toda prisa.

—¿Se encuentra bien?

Shaoran se puso en pie con parsimonia. Recurrió a la táctica de contar hasta diez, pero nada consiguió contener el flujo de cólera y pánico. Tuvo miedo de tocar a Sakura, sintió pavor ante la idea de estrangularla.

—¿Se puede saber en qué demonios estabas pensando? —se oyó preguntarle encolerizado—. ¿Se te ocurrió pensar siquiera un poco en la seguridad de nuestro hijo?

—No, yo...—Lo miró desconcertada—. En lo único que pude pensar fue en ti.

—Puedo cuidar de mí perfectamente —rugió, sin poder evitar agarrarla por los hombros y zarandearla—. ¡Por Dios bendito, señora, vas a conseguir que me vuelva loco! Voy a revivir este último minuto cada día de lo que me queda de vida hasta que acabe como una cabra.

—No podía quedarme ahí parada, contemplando cómo te disparaba. No hay por qué enfadarse: nadie ha resultado herido y ya está todo solucionado. —Su mirada se desvió hacia el durmiente Eriol—. En su mayor parte.

—No está todo solucionado —le espetó Shaoran con ferocidad, soltándola. El corazón seguía atronándole en el pecho. Una parte de él quería seguir sacudiéndola hasta que le castañetearan los dientes, mientras que otra deseaba estrecharla entre sus brazos y besar cada centímetro de su piel con violencia. La sola idea de que podía haber sido herida, de que incluso pudiera haber resultado muerta, lo inundó de un pánico insoportable. Se esforzó por interrumpir aquella marea de emociones, rechinando los dientes y apretando los puños con fuerza.

Con evidente desconcierto, Sakura seguía mirándolo de hito en hito.

—No lo entiendo.

—Entonces, deja que te lo explique —replicó Shaoran con una horrible voz—. Lo único que me importa de ti es el hijo que llevas en tus entrañas, lo único que te pido es que cuides de él. Y eres tan condenadamente impulsiva e insensata como para, incluso, hacer esto.

Sakura palideció, el rostro totalmente blanco salvo por la expresión acongojada de sus ojos.

—Yo...—Se sintió extrañamente sofocada—. Lamento que me encuentres tan inútil.

Los interrumpió la irrupción en el escenario de los miembros de la compañía, que habían oído el disparo mientras trabajaban en otras partes del teatro.

—Señor Li...

—¿Qué ha ocurrido?

—¿Qué pasa? ¿Y por qué...?

—¡Un bastardo ha intentado matar al señor Li! Shaoran volvió a agacharse sobre Shaoran.

—Ha sido un accidente, nadie ha resultado herido. Recojan a lord Hiraguizawa y que lo lleven en el carruaje a mi casa. Tengan cuidado, está enfermo.

—Un maldito borracho apestoso, ésa es su enfermedad —murmuró alguien mientras obedecían sus órdenes. Shaoran miró a Sakura con severidad.

—Se quedará en el ala de los invitados. ¿Algo que objetar? –Sakura hizo un ligero movimiento de cabeza, al tiempo que un intenso carmesí le teñía las mejillas.

—¿Por qué te molestas en preguntarme? Has dejado muy claro que mi opinión no significa nada para ti.

A Shaoran le pareció que la voz y el semblante de Sakura eran diferentes a cualesquiera que hubiera visto con anterioridad. Sin pensar, le puso la mano en la espalda para conducirla fuera del escenario, ante lo cual ella se apartó de golpe. Era la primera vez que rehuía su contacto.

—No necesito tu ayuda —dijo fríamente—. Lo único que quiero de ti es algo que has decidido no dar jamás. —Antes de que Shaoran pudiera contestar, se marchó, erguida con una furia que lo desconcertó. ¿La había visto alguna vez tan enfadada? La maldecía por hacerle sentir que, de un modo u otro, estaba equivocado, ¡cuando había sido ella la única que se había puesto en peligro!

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Hay alguien ahí?... espero que si, porque sería un poco triste que no.

Hola chicas y chicos que posiblemente lean esto. ¿Cómo han estado? espero que muy bien, porque yo estoy terriblemente atareada con la preparatoria. éste es mi último año y por ende debo echarle muchisimas ganas.

Sé que tengo una vida de no haber publicado, y eso como autora debe suponerme una gran vergúenza. pero de ahora en adelante trataré de hacerlo todo mejor.

Lo que le diré a continuación bien podría parecerles un insulto, puesto que llevo diciéndoselos toda la vida, pero así es: El Secuestro de Sakura sigue en proceso. Hay mucho en mi mente, la cuestión es que no he podido plasmar lasideas por falta de tiempo.

Por cierto... ¿Qué les pareció el capítulo?

Shaoran esta vez se pasó, y es en serio. Ya sabrán a que me refiero con el siguiente capítulo.

Ahora a contestar sus fabulosos reviews...

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Caramelito: Lo sé!... a mí también me dieron ganas de matarla. Y todo por alimentar su estúpido ego. Pero bueno, lo bueno es que no se salió con la suya :D. Gracias por leer la historia y espero que este capítulo también te haya gustado :P

Roxelani: jajaja… lamentablemente, ya sólo faltan dos capítulos para que esto termine :( pero que se le va a hacer :/. Gracias por el tiempo que le dedicas a esta historia y espero el capítulo de hoy también te haya gustado :)

Didi87:Hola, amiga! Pues sí, pero advirtió que no iba a cambiar tan rápido de parecer :s. Imagina que Terada no le hubiera dicho nada? La que se habría armado, pero te confieso que me habría gustado que no le hubiera dicho nada, así Shaoran habría cambiado radicalmente con Sakurita.

Muchas gracias por leerme y te deseo una linda noche o día, depende de cuando leas esto :).

: Muchas gracias por tus halagos. Y si lo deseas encontrarás un Shaoran, eso te lo aseguro ;). Con respecto al Secuestro de Sakura y tu review, si me apareció :) muchas gracias por dejar tu huellita en mi página, es muy importante para mí :)

En lo tocante a la Sakurita dominante que me pediste, veré si puedo hacer algo al respecto. Si lo logro, te dedicaré la historia, porque la verdad, soy pésima en lo que a mujeres con las riendas de una relación se refiere. Pero, te prometo que lo haré. ;)

Cuando mencionaste que Eriol era un maldito friki del control me recordaste a Christian Grey :)

Muchas gracias, chicas, por su apoyo incondicional y espero sepan que lamento no haber actualizado antes. La prepa tiene toda la culpa de esto.

Próximo capítulo: 3 de marzo del 2015 :*Sepan que agradezco a todos aquellos lectores que dejan reviews y a los que no por igual. Son muy importantes para mí.

Y sólo para aclarar, la historia no es mía sino de Lisa Keypas.

Bueno chicos, me despido de ustedes.

Nos vemos...

Atte:. Dalian Monthgomery.

Canten mis ángeles, que yo procuraré que sus voces se escuchen por todo el Ólimpo, y para toda la eternidad. Para asegurar que sus plegarias serán jamás olvidadas por quiénes habitan más allá de nuestra Tierra.

Cita literaria de: Yo