Legend of Zelda no me pertenece.
Respiró hondo, sus ojos visualizaban el azul y blanco de las sábanas. Debía levantarse, se lo dijo antes de cerrar los ojos unos segundos. ¡Qué rico que se estaba ahí! Deseaba seguir durmiendo pero… ¿qué hora sería? Debía hablar con Zelda, no tenía otros planes para ese día. Se sentó en la cama, girando sus piernas hacia la orilla y bajando, muy a su pesar, del colchón. Comenzó a desvestirse hasta que le llegó un pensamiento que lo hizo detenerse cuando tenía las manos en los pantalones del pijama. ¿Dónde estaba su ropa?
Debía estar en el baño, sí, en el baño. Fue a buscarla allí y no encontró nada, ni ropa ni alforja ni espada o escudo. Nada. Salió y miró alrededor de la habitación. La espada y el escudo estaban en un rincón, la alforja en una mesita a lado. Se acercó a sus armas, brillaban revelando que habían sido limpiadas, fue entonces, mientras inspeccionaba su espada que la puerta sonó.
-Buenos días. Veo que ya estás despierto, supongo que es buen momento para tomar algo. Digo, puedo imaginar que estés ansioso por practicar pero sería malo para ti andar con el estómago vacío, niño celestial.
Rodó los ojos queriendo reírse y enfadarse por el comentario. Se giró hacia la voz de Grahim con calma, notando la bandeja de comida en su mano derecha, con pan, leche, manzana en trozos y huevos estrellados.
-Buenos días –respondió dejando su espada donde la había encontrado-. Supongo que tienes razón, pero no tienes que tratarme como un crío. Sé cómo tengo que cuidarme, además, no es como si fueras mucho mayor que yo –se cruzó de brazos, recién reparando en lo último que había dicho. ¿Qué edad tendría Grahim?
-Puedo no ser mucho mayor, pero ¿más maduro? –dio una risilla sofocada– eso seguro que sí –le dijo mientras le hacía un ademán con el brazo para indicarle que se sentara en la cama, dirigiéndose luego él mismo hacia allá se sentó frente al otro, en su propio lecho, dejando la bandeja sobre sus piernas.
Link no tardó en inclinarse hacia el albino y tomar una pedazo de pan con intención de engullirlo pero se detuvo.
-¿Qué hay de ti? ¿No vas a comer?
-Ya he desayunado, aunque gracias por la atención. Es bueno saber que tus modales no sean tan malos como creía.
Link le echó una mirada de reproche, antes de dar una mordida al pan, recordando de pronto la pregunta que se había hecho. Se tapó la boca y habló. –Oye, hace un momento, dijiste que no eras tan viejo, ¿Qué edad tienes?
El brazo de Grahim levantaba un pedazo de manzana hacia la boca del héroe, al oír la pregunta lo bajó llevando la mirada a otro lado.
-Bueno, no luzco muy viejo o ¿sí? Calculo que veinte, veintidós máximo.
Link ladeó la cabeza.
-¿Calculas?
-No sé qué edad tengo -declaró el lord volviéndose para mirarle de modo extraño, como pensativo.
-¿Cómo…? -Link entendió la cara del lord pero no sus palabras.
-Mi primer recuerdo es haber despertado en un cuarto de sacrificios en la época de la gran guerra, inmediatamente empecé a luchar a su lado hasta la derrota. Cuando supe que la diosa había abandonado su forma inmortal me sellé a mí mismo para despertar cuando su aura divina lo hiciera, lo cual fue poco antes de hacerla bajar aquí.
-Entonces no has vivido tanto como yo creía… -un pensamiento comenzó a brotar inseguro en la mente del chico.
-No.
Se miraban más allá, sin mirarse realmente, la cara de uno llenaba la visión del otro pero sus mentes estaban lejos, muy lejos de ahí.
-¿Quién eres? -era como un pensamiento en voz alta, fue algo dicho casi sin conciencia, sólo podía haber soltado una pregunta así de tal manera porque resultaba profundamente transgresora.
El cabello níveo de Ghirahim se balanceó un poco cuando llevó los ojos del rostro de Link a su regazo blanco, su pecho se infló y desinfló con un silencioso suspiro. Aquello sacó a Link del trance y lo hizo caer en cuenta de lo que había preguntado.
-No… quería decir… -las palabras le rehuían y las pocas que conseguía atrapar salían torpemente- uh… ¿quién eras? Antes de todo esto, antes de… antes de él - ahora fue él quien bajó la cabeza. Aquellas últimas tres palabras le costaron, no supo porqué pero fue como si le hubieran dejado un peso enorme en el pecho, por lo que su corazón latió más rápido tratando de sacudírselo. Sus oídos estaban alertas queriendo captar todo lo que pudiera decir, a la vez que, temerosos, deseaban cerrarse.
-Ya te lo dije, no lo recuerdo... No lo sé -Ghirahim parecía levemente disgustado, mas, sobre todo aturdido.
Link creyó que debía pedir perdón. Lo pensó, trató de elaborar una disculpa por haber traído el tema pero sus labios estaban sellados, no podía emitir palabra ni mover más que los puños que se apretaban a sus costados.
-Pero sí sé algo.
La voz de Grahim lo hizo levantar la vista de nuevo hacia él para contemplar cómo quitaba la bandeja de sus piernas, dejándola delicadamente a un lado sobre la cama, luego se arrodilló en el suelo, frente al rubio, mirándolo desde abajo tomó las manos de Link que besó y condujo a su pecho.
-Sé que soy Lord Grahim, señor de los demonios… que tengo un pacto contigo y que eres mi señor -la humilde forma en que pronunció aquellas palabras dejó a éste último sin aliento.
Entonces hizo algo más. Soltó las manos de Link, las reposó en los pantalones de la pijama del caballero y apoyó la frente en sus rodillas.
-Sé que soy tuyo.
Link acarició los cabellos de seda blanca hacia atrás como una invitación a que lo mirara, él otro respondió al estímulo. Entraron de nuevo en trance, uno sin tensiones. Tras un breve momento, Link abrió los brazos y se lanzó al suelo junto a Grahim para abrazarlo, a lo cual éste contestó del mismo modo. Se abrazaron con fuerza, como si fuese una necesidad física, lo era casi, una necesidad del alma llevada a un plano corpóreo. El tiempo que pasaron así fue efímero y eterno a la vez, pues no pareciera transcurrir. Nada tenía cabida en ese momento, ni siquiera una cosa tan absurda e inescapable como el tiempo.
Mientras caminaban por los pasillos a Link le parecía que aún tenía el fantasma de aquel momento, lo sentía en la piel, como si no acabara de desvanecerse. Caminaban en silencio y por el rabillo del ojo observó al más alto. Parecía tranquilo, como si nada hubiese ocurrido. ¿Lo habría soñado? "Mío", surgió la palabra en su mente mientras contemplaba aquel perfecto perfil grisáceo, acto seguido, se llevó la mano al pecho y suspiró con los ojos al frente pero mirando quién sabe a qué, tal vez a su interior en busca de la respuesta a una pregunta que se hacía en ese momento.
Ghirahim lo miró un segundo, separó los labios sin emitir sonido, decidiendo que tal vez debía dejar al rubio meditar lo que fuera que necesitaba. Como fuera, según lo que esperaba, el chico volvió a la realidad cuando la marcha se detuvo.
-Por aquí -Ghirahim abrió la puerta y Link se sumergió en todo lo que ahí había, dejando que aquellos cuadros llenaran su espíritu y lo hicieran vibrar. No podía explicar cómo pero había algo extraño y exquisito en la mirada que esas pinturas ofrecían de los paisajes que tan bien conocía, o creía conocer, pues en aquellos lienzos era como verlos por primera vez. Avanzó teniendo casi que arrancar la vista de una pintura para poder contemplar la otra, sosteniéndose el pecho que de pronto se le había vuelto tan pesado, deseando sacudir sus pulmones para que reaccionaran y le llegara de nuevo el aire, pero ni sus latidos ni su respiración se normalizaron.
Ghirahim se situó al lado de su señor mientras éste contemplaba anonadado un bosque crepuscular, se dio solamente un segundo para mirar al albino con admiración y volver la vista hechizada a la pintura, imaginó que estaba ahí, encima de una rama mirando el sol que se ponía pero no acababa de ponerse, como un mundo encantado donde el crepúsculo es eterno, se imaginó los ruidos casi imperceptibles, el rumor de las hojas sacudidas apenas por un ligerísimo viento, imaginó que en ese mundo encantado, sobre esa rama, Ghirahim estaba a lado de él y ese mundo mágico se ofrecía sólo para ellos; saliendo de su estupor, apartó la mirada para contemplar al albino a su izquierda y en cierto modo sintió que era verdad.
Se movió un poco y contempló otra pintura que lo dejó sin habla. Era él. Sintió la imperiosa necesidad de tocar la pintura, pero tenía miedo de hacerlo, así que palpó su propio rostro para comprobar que de hecho era real y no sólo una magnífica visión en la mente de Ghirahim, se entretuvo un rato en ello, tocando en sí mismo los detalles sobre los que reparaba, sus ojos, ¿así era cómo se veían? ¿Podía su boca lucir así? La cota de malla parecía tan pesada y dura como se sentía en su cuerpo, su túnica y gorro tan resistentes pero en contraste más suaves al tacto, tal como eran, estiró una mano hacia el lienzo sin tocarlo, ¿qué manos eran aquellas que aparecían tallando? ¿Podía ser realmente una pintura de él?
-Estoy… -suspiró mientras buscaba la palabra sin éxito, tras su pausa sólo quedó un silencio, probablemente eso fue la mejor expresión de su estado.
Se giró para mirar a Ghirahim de frente, observando sus ojos, tratando de penetrar en ellos para encontrar el mecanismo que hacía que todas las cosas fueran tan bellas como se les veía reflejadas en las pinturas, llevó los dedos a las sienes del otro en su esfuerzo por ello. El corazón de Ghirahim pareció fallarle un segundo y le vino la idea de llevar las manos a la cintura del otro e inclinarse hacia su rostro. En tanto, Link lo pensó mejor. No se trataba sólo de su rostro, también eran aquellos dedos, deslizó sus palmas por los brazos del albino hasta que tomó sus manos entre las suyas, impidiendo sin saberlo que el otro se rindiera a sus impulsos y lo abrazase, contempló aquellos dedos como si fueran un tesoro de incalculable valor y, tal como todo lo anterior, carente de reflexión en lo que hacía, guió aquellos dedos hacia sus labios para besarlos uno a uno. Cuando se detuvo, Ghirahim recobró la movilidad propia e hizo de su mano un peine para llevar hacia atrás el flequillo dorado de su amo, haciendo que de paso levantara la vista. Sus ojos sólo coincidieron un momento antes de que la distancia entre sus cuerpos fuese deshecha por el deseo que Grahim llevaba sintiendo ya desde un rato, el caballero de verde también se hundió profundamente en el abrazo, hundiendo un poco sus dedos en la capa del otro, tratando de aspirar su aroma para llenarse de él y que nunca lo dejara, el albino respondió besándole el pelo, pegando luego la mejilla contra su sien. Sus cuerpos se comunicaban aunque los mensajes estaban tan cargados que eran confusos.
Aún para cuando el abrazo se relajó, a Link le tomó algún tiempo poder hablar, principalmente porque no quería decir eso, ni nada, por él hubiera estado mejor permanecer así todo el día.
-Tengo que irme -evitó levantar la mirada hacia el lord.
-No se ausente tanto tiempo esta vez.
Asintió y trabajosamente se separó del lord, dándole la espalda después y saliendo por la puerta en su camino hacia la salida y luego a Neburia.
(Sigue escuchando la misma canción que todo el día de ayer y deja esto porque es basura. Continua tratando de seguir el inicio del siguiente capítulo y repasando sus notas sobre la trama)
