CAPÍTULO XIV
Había buscado incesablemente a Kikyo por días sin ningún resultado. Necesitaba encontrar los fragmentos de vuelta, pero no había rastro ninguno de ella. No tenía modo de atravesar el pozo ni de hacer que Kagome volviese. Le había quitado los fragmentos y ahora los había perdido.
Sé que se los había arrebatado en un pobre intento de buscar que ella estuviese feliz y tranquila en su época. Pensé que podía sobrellevarlo, su ausencia. Creí que de ese modo, ella regresaría a su vida normal, y tendría la oportunidad de ser feliz junto a aquel humano. Pero algo me decía que había cometido un grave error. Yo no le había dado a escoger.
Suspiré pesadamente y me llevé las manos a la cabeza, enredando mis dedos entre elcabello platinado. Desde que había dejado a Kagome en su época había andado errante por el Sengoku. Extrañaba su compañía, sus sonrisas y su vivacidad. Sin ella, no era yo mismo. Me sentía otra vez perdido, fuera de lugar. Ni siquiera era capaz de permanecer junto a Miroku, Sango o Shippo. Había vuelto a ser un nómada. La última vez que había hablado con alguien, había sido la anciana Kaede luego de que Kikyo se marchara.
-Así que mi hermana te ha robado los fragmentos, InuYasha…
-Sí, Kaede. Debo recuperarlos, pero no sé cómo encontrarla. Es como si su esencia hubiese desaparecido por completo.
-Déjame preguntarte algo… Cuando la consigas, si es que llegas a hacerlo, ¿cómo piensas arrebatarle los fragmentos de vuelta, InuYasha?
Apreté los labios con frustración. Ya había pensado en eso previamente. No quería dañarla, pero debía recuperarlos.
-Honestamente, no lo sé Kaede. Sólo sé que debo recuperarlos… Esos fragmentos le pertenecen a Kagome.
Kaede me miró con fijeza cuando mencioné a Kagome. Desde luego, no le había comentado que yo se los había robado a ella, pero dada la situación me parecía que era bastante obvio.
-¿Qué piensas hacer con ellos si los llegases a recuperar?
Alcé la mirada del suelo y los enfoqué en la hermana menor de Kikyo, quién con sus sesenta años de vida me devolvía la mirada con infinita paciencia.
-Pienso devolvérselos Kaede.
-¿Y después…?
-Le daré la libertad de escoger. Más nunca la obligaré a permanecer lejos o cerca de mí.
-InuYasha… ¿Acaso crees que ella te perdonará con tanta facilidad? Si le das a escoger bajo estas circunstancias, lo más probable es que ella desconfíe de ti y decida permanecer en su época.
La miré angustiado sin saber que debía hacer uno para enmendar sus errores y buscar el perdón de quién se ama.
-Yo… quiero recuperarla Kaede. Pelearé por ella. Daría mi vida por hacerla feliz. – confesé con amargura.
-De eso estoy segura, muchacho. Ya he perdido la cuenta de cuántas veces te has arriesgado por protegerla…
Kaede tomó un pesado suspiro mientras sopesaba la situación.
-Será muy difícil que consigas a mi hermana, y más aún quitarle esos fragmentos. Sabes muy bien que ella sólo se deja ver cuando así lo desea. Quizás… quizás sea más fácil que busques algún otro fragmento por ahí y convenzas a Kagome de venir. Entonces ella te ayudará a encontrar a Kikyo a través de la presencia de los fragmentos.
Comprendí que su plan sonaba más sensato, pero había algo que no terminaba de convencerme.
-Kaede… ¿cómo crees que Kagome reaccione al saber que Kikyo me arrebató sus fragmentos?
-Pues me parece… que ese será un riesgo con el que tendremos que correr.
Tomé aire y supe que no me quedaba opción. Iría en búsqueda de otro fragmento y rogaría porqué Kagome aún quisiera volver después de lo que había hecho.
Eso había ocurrido alrededor de dos días, y desde entonces me había encontrado al acecho de cualquier youkai que poseyera un fragmento. Necesitaba encontrar uno pronto para así buscar a Kagome y tratar de enmendar mi estupidez. Quería asegurarme de que ella fuese libre de escoger. Me había dejado llevar por el ímpetu y no había pensado bien las cosas. Ahora debía asumir el riesgo de que ella prefiriese al humano, y las consecuencias de mis errores.
Me dirigí hacia el lugar que me llevaría hasta ella. Aquél viejo pozo que la había traído hasta mí y que ahora no me permitía llegar hasta a ella. Me pregunté en qué momento se había cerrado de tal modo para nosotros. Recordaba con claridad cuando Kagome y yo éramos libres de viajar a través de él sin la necesidad de los fragmentos. Pero ahora nos exigía un trozo de la perla… como si ahora Kagome no fuese necesaria en el Sengoku para completarla. Bien era cierto que Kikyo estaba aquí, y ella podía hacer el trabajo. Sólo que para mí no era suficiente, yo necesitaba a Kagome.
Me aproximé con lentitud al pozo sin saber a ciencia cierta qué hacer. Había buscado hasta el cansancio algún fragmento en los alrededores, pero era imposible. Con la perla casi completa, ya no quedaban muchos fragmentos en manos de demonios débiles. Si me conseguía con uno, probablemente representaría una buena cantidad de trabajo obtenerlo. Miré dentro del pozo sin esperanzas, donde solo alcanzé a ver una infinita negrura debido a la escasa luz de la noche.
Respiré profundamente y apoyé las manos sobre el borde del pozo. ¿Qué rayos se suponía que debía hacer ahora?...Recordé la primera vez que lo había cruzado en busca de Kagome. Una youkai llamada Yura se había apoderado de un fragmento, y necesitaba a Kagome para ayudarme a distinguir los cabellos y acabar con ella… Desde eso hacía mucho, las cosas habían cambiado bastante. Ahora, sin darme cuenta, Kagome había pasado a ser parte de mí. Con su testarudez, y espíritu me había enseñado que yo podía pertenecer a mi propia manera. Qué podía cuidar de otros, y permitirme la compañía de ciertos humanos como Miroku, Sango o incluso Shippo. Gracias a ella no sólo había ganado amigos, sino también una pequeña familia… La desdicha me roía el corazón. Debía recuperarla. Debía traerla de vuelta. Esta vez no por la perla…sino porqué, maldita sea… la necesitaba a mi lado…
Entonces sentí una leve vibración entre mis manos y noté con sorpresa cómo una luz azulada se abría paso entre la negrura del pozo. El portal del tiempo se había abierto para mí, una vez más. No pude contener la dicha y me sumergí de inmediato en él. Finalmente podría verla…Kagome.
Apenas llegué a la época de Kagome, supe que algo no andaba bien. Un aroma a putrefacción rondaba el lugar, y no estaba seguro de lo que podía ser. Sentí el corazón latirme con fuerza y temí por Kagome. Me dirigí de inmediato a su casa, y vi que las luces de su habitación estaban apagadas. Ella no estaba aquí. Me tomé unos segundos para captar su esencia, y la seguí en dirección al instituto. Debía de encontrarla, y rápido.
Me sorprendí un poco al encontrarme con un festival repleto de gente en donde se suponía que estaba el instituto de Kagome. Sin embargo, me apresuré a mezclarme con la muchedumbre sin perder tiempo. En unos pocos minutos logré captar su aroma otra vez, que me llevó hacia una tienda de comida aparentemente vacía. ¿Dónde estaba ella? Miraba entre la gente y sólo encontraba rostros de personas alegres que disfrutaban del festival. Decidí que debía alejarme un poco de la ellos para poder concentrarme con mayor tranquilidad y poder conseguir su aroma nuevamente.
Entré al bosque que lindaba con los alrededores y caminé entre los árboles más cercanos al festival. Fue entonces cuando, sin esperármelo, la vi. Lucía increíblemente hermosa. Un kimono azulado ceñía su figura, y su cabello estaba recogido grácilmente dejando al descubierto su cuello. Comencé a caminar emocionado hacia ella. Traía en sus manos una copa de algo que olía muy dulce y jugueteaba con su contenido. No pude contener una sonrisa al pensar en lo dulce y radiante que ella misma ahora se veía. Contuve las ansías por saber cómo reaccionaría ante mí llegada, cuando de repente observé atónito cómo un humano de cabellos oscuros se aproximaba a ella y le comentaba con alegría, casi con ternura.
-Has conseguido un buen sitio –
Ese humano era el mismo que había visto el otro día. Pero no sólo eso, su figura y su rostro… Era físicamente idéntico a mí. Quizás sólo el color de cabello era lo único distinto, y aún así, ese era el mismo color de cabello que yo adoptaba en mi forma humana. ¿Sería…? ¿Acaso sería…?
-¿Te preocupa algo?- le preguntó él. Arrugué el ceño enfocándome en Kagome, estudiándola. Aunque ella se encontraba de espaldas a mí, podía ver claramente que no estaba herida ni nada por el estilo, ¿a qué se refería? Pero entonces, para mi desagradable sorpresa, él se acercó aún más a ella y la tomó con sutileza por los brazos. - Te ves pálida Kagome… ¿Te sientes bien?-
¡Maldito humano! ¡¿Quién se creía para tocarla de ese modo?
-Sí, me encuentro bien…Es sólo qué….- comenzó a explicarse ella.
-Quítale las manos de encima.- mascullé furioso entre dientes. Le rompería el cuello si seguía tocándola.
Él me observó sin inmutarse y regresó su mirada al rostro de Kagome.
-¿InuYasha…? – le preguntó.
Miré incrédulo al bastardo que se atrevía no sólo a ignorarme, sino a confirmar mi nombre con ella. Cómo si mi sola presencia ordenándole que se quitara de mi camino no le bastara.
-Sí…- farfulló ella.
-Ya entiendo por qué dices que me le parezco…-le susurró acercándose peligrosamente al rostro de ella, haciendo que la sangre de mis venas se transformara en lava hirviente. Y como si no fuese suficiente, Kagome le había hablado de mí… ¿Entendería ella el significado de nuestra extrema similitud?– Podremos ser casi iguales físicamente, pero yo nunca te haría el daño que él te ha hecho…Ten eso en mente, Kagome. –
Sentí la ira recorrer torrencialmente mi cuerpo. ¡¿Lastimarla? ¿Qué demonios le había dicho Kagome? ¿Y quién se creía el muy insolente para tratarla con semejante confianza y cercanía?
-¡Te he dicho que la sueltes! – vociferé dispuesto a destrozarle las entrañas sino lo hacía en aquél mismo instante.
Al escucharme, Kagome giró su cuerpo hacia mí y me observó casi furiosa. Parecía dispuesta a echarme un osuwari ahí mismo en frente de toda la gente. Lo cierto es que no me importó. Sentí una calma ralentizar mi corazón con tan solo poder verla ahí frente a mí, con ese habitual fogosidad que la caracterizaba. Precisamente era esa pasión de su alma la que en cierto modo me había salvado, y la que me había hecho quererla tan vehementemente.
-No, Kagome.- le dijo el humano tomándola por la cintura y ocultándola tras él. Pude haberlo matado ahí mismo si lo hubiese querido, pero no me arriesgaría ni una décima a herir a Kagome.- Yuka ya me había advertido sobre este obsesivo y violento ex novio tuyo que tienes.-
Lo observé con frialdad analizando el mejor modo de traer a Kagome a mi lado sin dañarla. ¿Cómo me había llamado? ¿Entonces creía él que ya yo no la cuidaría más y ahora él sería su protector?
-¿Ex…Novio?...- bufé, acercándome más hacia él. Midiendo cuidadosamente la distancia que nos separaba, y la cercanía que guardaba Kagome con él.
-No te preocupes, Kagome. No dejaré que continúe lastimándote. – le dijo el humano. Sonreí con sarcasmo. Así que ahora se las quería dar de héroe.
-¡Já! Ya me gustaría ver como la defiendes, humano insolente. De todas formas, no he venido para lastimarla. Nunca lo he hecho, ni nunca lo haría –le informé con la poca paciencia que me quedaba. No había hecho más que cuidar de ella desde que habíamos iniciado juntos la búsqueda de los fragmentos de la perla. Así lo había hecho, y así lo continuaría haciendo. Kagome pertenecía a mi lado. - Ahora quítate, que estorbas.-
-No me refería a lastimarla físicamente… De todas formas, no dejaré que te la lleves a menos que ella así lo quiera.-
Esto era suficiente. No aguantaría más las idioteces de este imbécil que lucía como yo, y que creía tener algún derecho sobre ella.
-¡Maldita sea! ¡¿Cuántas veces te lo tengo que repetir? ¡Aléjate de ella! – le advertí tomando a colmillo de acero, a punto de agitarla y acabar con esto de una buena vez. Él también sostenía la empuñadura de su espada dispuesto a darme batalla. Bien, así sería.
-De haber sabido que eras un estudiante de esta escuela, habría solucionado esto contigo desde un principio – me dijo amenazadoramente.
Esbocé una sonrisa con suficiencia. Acabaría con su ignorancia en tan solo un segundo.
-¡Esperen! – Saltó de repente Kagome entre ambos, y retrocedí automáticamente.- Akihiko, aunque hay cosas qué no podemos contar… me gustaría mucho agradecerte el que quieras acompañarme a través de ellas. Pero lamentablemente a partir de aquí no creo que puedas hacerlo…Debo marcharme, lo siento mucho… Gracias… por todo…-
Akihiko… así que ese era su nombre. Arrugué el ceño ante la confianza que ella le tenía y el obvio cariño que le profesaba. Observé con amargura cómo ella le acariciaba fugazmente el rostro y se despedía de él. Yo no deseaba bajo ningún concepto hacerla infeliz, pero tampoco podía permitir que se quedara aquí si presentía que corría peligro.
-Aún estaré aquí, por si decides regresar… y necesitas apoyo. –le respondió Akihiko, y se marchó.
Me sentí moribundo de infelicidad, y por primera vez temí con toda mi alma que Kagome ya no quisiera permanecer a mi lado.
-Sígueme –le pedí con la voz consumida por la miseria.
Y ella se internó junto a mí entre los árboles, guardando un silencio que me congelaba el corazón.
Continuará...
Ay... ya me gustaría a mi consolarlo *suspiro* . Pues en este cap. tenemos la perspectiva de Inu del encuentro con Kagome y Akihiko. A mi me parece que el de verdad quiere estar con Kagome, y está haciendo todo lo posible para luchar por ella a pesar de su caracter orgulloso e imprudente. La verdad es que esas son algunas de las características que me encantan de él. Él siempre intentará cuidar de Kagome y hacerla feliz a pesar de sus metidas de pata... Después de todo siempre he percibido a Inu así ...algo inmaduro, pero siempre adorable. Él haría lo lo que sea por proteger a Kagome. Bueno, como siempre muchas gracias por sus comments! Cómo que la lista de chicas que consolarían a Akihiko va en aumento..hahaha. Vamos a ver que tal continúan las cosas.. Muchos cariños y espero por sus reviews! Hasta la próxima.
Eli.
P.S: sorry si a veces se me escapan algunos errores gramaticales o me como algunas palabras. Como reviso y edito constantemente, siempre se me termina por escapar algo... haha
