#14#

Jacob se encaminó hacia el atril y tomando el micrófono, situado en el centro del mismo, dio comienzo a su discurso, que durante meses había estado ensayando. No quería dejarse llevar por las emociones, que sabía, le embargarían en ese instante…

-Buenas noches, señoras y señores. Antes de nada quería agradecerles a todos que nuevamente estén aquí una vez más en nuestra cita anual, ya que sin su apoyo desinteresado esto no hubiese sido posible. Muchas gracias.- en sus ojos se veía una sincera gratitud-. Hoy se cumplen los cincuenta años de la creación de la institución Swan. Ésta fue fundada por el abuelo Jeff Swan. Él tuvo un sueño en el cual todos aquellos niños, jóvenes y adultos sin recursos tuviesen las mismas facilidades de acceso a la atención médica…- se dibujó una sonrisa triste en sus labios por su recuerdo- Charlie Swan, siguió con su labor hasta su muerte, ayudando a todos aquellos que sufrían enfermedades raras e incurables, y no podían costearse su tratamiento…-Jacob tragó en seco sabedor de que aún quedaba la parte más dura- Y por último, pero, no por ello, menos importante…- su voz se apagaba lentamente- la señorita Swan, una mujer excepcional, que con a penas dieciocho años tomó las riendas de la fundación; haciendo de ésta una de las más famosas y reconocidas instituciones a nivel internacional, gracias a su gran empeño, su esfuerzo y tesón. Ayudó a que un gran número de jóvenes y niños pudiesen llevar una vida normal fuera del hospital…- su emoción era patente en su voz, sus ojos vidriosos e incluso en el temblor de sus manos que sujetaban las páginas que iba leyendo, ejerciendo tal fuerza, que muchas estaban prácticamente rotas-. Ella una mujer capaz de cortarte la respiración con sólo una sonrisa o, robarte el corazón con sólo su dulzura reflejada en sus profundos ojos chocolate…

En ese instante nuevos recuerdos asaltaron la mente de Edward…

Una joven vestida con un traje chaqueta en color azul oscuro, una falda de tubo en el mismo color y una camisa blanca con el cuello en forma de pico y sus zapatos negros de tacón alto se presentó ante sus ojos. Su pelo lo llevaba recogido en un sencillo al lado izquierdo y sonreía con una tímida sonrisa nerviosa en sus labios.

-Edward, estoy muerta de miedo. No quiero hacerlo. Estoy segura de que terminaré haciendo el mayor de los ridículos cayéndome por las escaleras o, aún peor, me quedaré sin voz delante de dos mil personas en el momento en el que comience con mi alocución…- le dijo intentando ocultarse en su pecho-.

-Tonta, Bella. Todo saldrá bien, ya lo verás- dijo Edward con su sonrisa tranquilizadora- No te caerás porque no lo permitiré y estoy convencido de que la disertación será memorable…- ella hizo un aspaviento con sus labios mostrando su desacuerdo ante esa afirmación-. Sólo recuerda que estaré ahí contigo y si te traicionan los nervio, sólo debes acercar tu mano por detrás y yo la estrecharé con la mía para infundirte fuerza…- Bella sonreía y Edward le devolvió su sonrisa torcida a cambio- tal y como tú has hecho conmigo en todos y cada uno de los conciertos en los que has asistido a mi lado- replicó Edward besándole en el pelo y, en consecuencia se vio invadido por su perfume a rosas y freisas característico. Sólo pudo cerrar los ojos y disfrutar del momento-.

-¡Gracias por estar esta noche a mi lado, Edward! ¡Eres el mejor hermano del mundo!- exclamó la muchacha abrazándole por su cintura fuertemente-.

«El mejor hermano del mundo». Eso dolió. Dolió mucho haciendo que una herida lacerante sangrase intensamente desde el fondo de su corazón…

Tras esa nueva visión Edward sólo cerró los ojos haciendo que un perfume a rosas, procedente del jardín, se introdujese por sus fosas nasales forjando de nuevo ese recuerdo mucho más intenso y doloroso.

Jacob continuaba con su arenga y luchando por que sus lágrimas no saltasen de sus ojos…

-Gracias, Jeff. Gracias, Charlie y gracias Bella. Allá donde estéis sabed que vuestra entrega y dedicación, vuestro cariño y vuestro recuerdo nos acompañará siempre en el corazón.- Y alzando su copa- ¡Por Isabella Swan!- exclamó Jacob destapando en ese mismo momento el cuadro de una muchacha de unos veinte años y vestida con unos vaqueros y una sencilla camiseta de color azul cielo y cubierta por una bata blanca en la que se podía leer con facilidad su placa estudiante Swan. Cedars Sinaí Hospital de Los Ángeles. -

-¡Por Isabella Swan!- todos acompañaron a Jake alzando sus copas-.

Jacob sólo tragó en seco, intentando calmar su alocado corazón y tragar el nudo que se había formado en su garganta impidiéndole hablar, finalizando su discurso con un escueto:

-¡Qué el baile de comienzo!

La muchedumbre que había permanecido atenta a la disertación se fue disipando y formando parejas para, tal y como les había dicho el señor Black, dar comienzo a la danza.

Alice y Jasper se dirigieron hacia la barra para pedir sus bebidas, intentando no chocar con la aglomeración que había en el centro del salón danzando al compás de la música.

Emmet y Rosalie se sentaron en alguna de las mesas que se podían ver al fondo en el lado derecho de la gran sala, donde se prodigaban carantoñas incesablemente.

Carlisle y Esme charlaban animadamente con el doctor Sam Uley y su mujer Emily, acompañados también por el doctor Aro Vulturi y su esposa.

Edward e Irina se dirigieron hacia el centro de la pista tras asegurarse de que Sue y Blanca se habían retirado a una de las habitaciones; y así poder estar ambas más tranquilas, pues la pequeña seguía profundamente dormida en su sillita.

Sara jugaba con sus amiguitos Jane, Alec y Leah cerca de las escaleras donde sus abuelos y padres, respectivamente, podían vigiarles fácilmente.

Todos estaban disfrutando de la velada tranquila y tanto Edward como su acompañante charlaban animadamente sobre todo lo acaecido desde que se conocieron semanas antes. Ambos reían recordando las muchas anécdotas que habían compartido juntos mientras bailaban al son de la música.

Pero de repente en uno de sus giros todo cambió.

Edward pudo ver a una muchacha que permanecía en pie en el centro de las escaleras junto al cuadro de la joven doctora.

«Pero no habían dicho sus padres que ella no había podido venir, entonces ¿qué estaba haciendo ahí?»

Hasta pronto, espero sus reviews, estaré guarecida en mi búnker