Jean mantuvo la distancia con Eren durante toda la guardia. Es más, se colocó en un extremo del tejado, dando la espalda a su acompañante, para evitar tener que encarar el rostro del culpable de las desdichas de su relación con Mikasa. Estaba harto de sentir que era el segundo plato de la muchacha, el premio de consolación por no poder tener el amor de Eren para ella. Todo aquello le provocaba un intenso dolor en el pecho. Sabía que Mikasa había hecho un esfuerzo por poner cierta distancia entre ella y el castaño, pero al parecer no había sido suficiente.

La otra noche él la había convencido de que solo se trataba de un sentimiento de protección, de que la reacción de ella se debía a que veía amenazada su función de cuidar de Eren. Sin embargo, eso era lo que él había querido transmitirse así mismo para evitar pensar en la otra posibilidad, en que la morena aún siquiera enamorada de aquel muchacho de ojos verdes.

Sus puños se apretaron en torno al rifle, reprimiendo el deseo de levantarse y darle una paliza a ese engreído castaño.

Eren, por su parte, no podía dejar de pensar en los labios de Levi y en todas las sensaciones que había sentido junto al otro en su habitación. Los besos que habían compartido habían sido mucho más intensos que la primera vez, además de haberse permitido recorrer con sus manos el cuerpo del otro sin que Levi se incomodara por ello. Se preguntó cómo de lejos habría podido llegar de no haber sido por la interrupción de Mikasa. Él estaba seguro de que el otro lo atraía en todos los sentidos, aunque a veces sus propios pensamientos lo aturdieran, tenía muy claro que si Levi lo hubiera deseado, él se habría entregado sin dudarlo. Su amor ya le pertenecía, por lo que no tenía ningún reparo en que su cuerpo también lo hiciera. No obstante, el cabo no parecía sentirse muy seguro con todo aquello, por lo que dudaba mucho de que el hombre albergara los mismos deseos que él, al menos por el momento.

Suspiró al sentir que estaba avanzando por un terreno tan inestable. El propio cabo le había dicho que no podía asegurarle nada con respecto a sus sentimientos. Estaba claro que algo le gustaba, si no, nada de aquello habría sucedido entre ellos. Además, en aquella ocasión, había sido Levi quien había ido a buscarlo. Pero no podía evitar sentirse agobiado ante la posibilidad de que todo eso se desvaneciera con la misma rapidez con la que había surgido. Temía que en algún momento Levi pusiera de nuevo distancia con él, como consecuencia de unos sentimientos no correspondidos o como prevención ante la distracción de una relación amorosa en esos momentos colmados de sucesos tan sorprendentes e inesperados.

No quería perder lo que había conseguido, por lo que se prometió así mismo que se esforzaría en demostrarle al cabo que era perfectamente capaz de cumplir de forma excelente con sus obligaciones y de amarlo sin que ambas acciones se estorbaran entre sí.

El resto de la guardia continuó con normalidad, con ambos jóvenes ignorándose por completo entre sí, sumidos cada uno en sus propios pensamientos y preocupaciones. El amor era un asunto demasiado complicado, más aún cuando existían tantos inconvenientes dispuestos a echar todo romance por tierra. No obstante, si algo poseían en común aquellos dos muchachos era su cabezonería.

Sorprendentemente, por una vez, no acabaron a puñetazo limpio entre ellos.

La luz del sol despuntó por el horizonte, indicando a Jean y a Eren que su silencio compartido podía ser interrumpido para que ambos se retiraran a descansar. Con una precisión pasmosa, la trampilla del tejado se abrió dando paso a Moblit.

—Muchachos, ya me encargo yo —dijo con voz espesa debido al sueño.

Los jóvenes le entregaron las armas y se dispusieron a descender por las escaleras, pero ambos chocaron contra el otro al pretender hacerlo a la vez. Se apartaron bruscamente, como si el contacto de sus hombros los hubiera quemado. Los ojos de Jean miraron entrecerrados a los de Eren depositando en ellos una buena parte del rencor que anidaba en su corazón. El castaño le aguantó la mirada poco dispuesto a dejar que el rubio ensombreciera el buen humor que estaba sintiendo en esos momentos. Finalmente, Eren retrocedió un paso para dejar que Jean bajara por las escaleras primero.

El castaño no era idiota, era plenamente consciente de que algo pasaba entre Mikasa y Jean. Los había notado extremadamente esquivos entre ellos desde que él le confesara a ella que había besado a Levi. De no ser porque conocía la naturaleza hermética de su mejor amiga, ya habría intentado indagar acerca de lo sucedido entre la pareja.

Decidió que se lo comentaría a Armin para que él intentara hablar con ella, ya que intuía que de alguna forma él era parte del problema.

Perdió de vista a Jean en el amplio pasillo que lo conducía hacia su dormitorio, ya que el del otro muchacho se encontraba en dirección opuesta al fondo de la planta.

Eren se detuvo con la mano en torno al picaporte de la puerta de su habitación. No pudo evitar girar su mirada hacia la puerta que estaba a unos pocos metros de la suya, sabiendo que Levi dormía en su interior. Por un instante, se permitió fantasear acerca de cómo se vería el cabo en ese momento. ¿Sería capaz de relajar su rostro en sueños?. ¿O continuaría con el ceño fruncido a pesar del descanso?. El joven era consciente de que el sueño de su superior era bien escaso, porque sus marcadas ojeras siempre delataban las pocas horas que dedicaba a esa tarea. El muchacho no pudo evitar divagar con su mente, imaginándose que un día podría averiguar todos esos detalles de primera mano, estando acurrucado junto al otro.

Sin embargo, Eren sacudió su cabeza en un gesto de impotencia, reprochándose así mismo aquellas ocurrencias que lo único que le producían era un intenso anhelo y cierto dolor al sentirlas tan lejanas y prácticamente inalcanzables. Claro que, por otra parte, hasta hacía tan solo dos días también había creído que los besos que había recibido también lo eran.

Eren no quería limitarse al contacto físico con el cabo. No solo deseaba los apasionados besos, si no también las noches en vela, las pesadillas, las inquietudes, las preocupaciones de Levi…lo quería absolutamente todo, sin importar que fuera agradable o todo lo contrario. Un ejemplo de ello había sido lo sucedido con Historia el día anterior, donde Eren se había enfadado bastante con la actitud del cabo, pero después había podido comprender mejor sus intenciones. Levi no actuaba de forma cruel por placer.

En eso consistía estar enamorado, en aceptar al otro y querer compartir las buenas y las malas experiencias juntos.

El joven sacudió de nuevo su cabeza, desechando sus ensoñaciones y poniendo los pies en la realidad. Todavía dudaba mucho de que aquello pudiera cumplirse, pero al menos lo consolaba saber que había saboreado los besos y disfrutado de las caricias del otro, las cuales le sabían exclusivas, como si él hubiera sido el primero en recibirlas.

Sus hipótesis no distaban para nada de la realidad.

Un bostezo le hizo interrumpir momentáneamente el contacto visual con la puerta del dormitorio de Levi.

Ojalá no necesitara dormir tanto, pensó el muchacho. Ya que su pretensión era la de aprovechar cada minuto que pudiera con el otro antes de que tuvieran que montar el engaño con el mercader por la tarde.

De repente, sus tripas rugieron estruendosamente. Las guardias siempre le habrían el apetito, pero no le apetecía bajar hasta la cocina para ir a buscar su ración de desayuno. Los párpados le pesaban y le podía más el sueño que el hambre en aquellos momentos.

Abrió la puerta y la cerró con cuidado. Se dirigió arrastrando los pies hacia las contraventanas para atracancarlas y tapar la escasa luz anaranjada que había comenzado a colarse en su dormitorio.

El relente de la madrugada había impregnado la madera de una ligera capa de escarcha que el joven apartó con sus manos para poder encajar bien el mecanismo. El aire exterior era tan frío que sentía como sus mejillas ardían debido a la diferencia de temperatura con el interior de la estancia.

A través de las grietas de la madera todavía entraba algo de luz, pero Eren estaba seguro de que podría dormir igualmente sin problemas.

En el momento en que giró su cuerpo para dejarse caer sobre la cama, fue consciente de algo en lo que no había reparado hasta ese momento. Había un envoltorio sobre la mesita de noche situada al lado del cabecero de su cama. El muchacho lo tomó al tiempo que se sentaba en el borde del colchón, desenvolviendo la tela para descubrir su contenido.

Entre sus manos había no una, si no dos raciones de desayuno. A las tripas del muchacho les pareció un detalle maravilloso, pues volvieron a rugir con anticipación demostrándole al joven de que el hambre estaba venciendo al sueño con ese nuevo incentivo que había entre sus manos.

Eren sonrió, aunque no estaba seguro de quién habría podido dejar aquello en su habitación. Mikasa siempre insistía con sobrealimentarlo, obligándolo a comer aún cuando el joven no tenía más espacio en su estómago. Hacía tiempo que la joven había dejado atrás aquella costumbre, de modo que Eren dudaba de que aquello procediera de su amiga. Buscó algo que le pudiera dar una pista acerca del dueño de ese detalle, pero no fue capaz de encontrar nada.

El castaño se encogió de hombros y comenzó a comer con ansiedad hasta que hubo terminado ambas raciones.

A continuación, se tumbó con la mirada fija en el techo, con una sonrisa de satisfacción en su rostro y el estómago lleno. Sus ojos se cerraron y su mente comenzó a sentirse más ligera, como si flotara a través de los límites de la consciencia para dejar paso al sueño reparador que tanto necesitaba. Fue en ese momento cuando escuchó, de forma lejana, la puerta del dormitorio de Levi y unos pasos ligeros resonar sobre la piedra por delante de su propia puerta.

El muchacho luchó con todas sus fuerzas para desperezarse, ya que quería hablar con el otro antes de dormir, pero sus músculos no respondieron a sus órdenes. Estaba demasiado agotado después de una noche entera sin dormir.

Se resignó al escuchar aquellos pasos alejarse junto con nuevos sonidos de portazos y pisadas que indicaban que el resto del refugio parecía estar empezando a cobrar vida.

En el preciso instante en que el subconsciente dominó la situación, el joven revivió la conversación que había tenido lugar con Reiner e Ymir durante los días que había permanecido secuestrado por ambos titanes.

Ni siquiera Eren es consciente de las personas que devoró en sus primeras transformaciones —había dicho el rubio.

Anduve más de sesenta años sumida en una auténtica pesadilla de la que no podía despertar. Pero la vida me dio una segunda oportunidad. Por cierto, lo siento por eso —aquellas habían sido las palabras de Ymir, que en aquel momento escondían un profundo enigma que Eren era incapaz de comprender.

Si, él era de los nuestros. Fuiste tú quien lo devoró entonces, ¿verdad? —había preguntado Reiner.

Los ojos verdes de Eren se abrieron de par en par y el muchacho se incorporó a gran velocidad, provocando que un mareo descolocara su entorno ante sus ojos. Avanzó trastabillando hacia la puerta de su habitación, pues aún tenía parte de los músculos entumecidos debido a la postura en la que se había quedado dormido. Corrió por el pasillo, a punto de resbalarse en más una ocasión, hacia el dormitorio que pertenecía a Hange para aporrear la puerta con poca delicadeza.

Al cabo de unos segundos la puerta se abrió, dando paso a una confusa castaña que miraba al recién llegado con perplejidad en su rostro.

—Hange, necesito hablar acerca de algo que he descubierto —el muchacho se auto invitó a pasar al interior de la estancia.

La castaña asumió que se trataba de un asunto de gran importancia, debido a la fuerte ansiedad que destilaba el joven con cada una de sus palabras.

—Claro —dijo ella mientras se acomodaba sobre una mesa, observando al joven con atención—. Cuéntame qué sucede, Eren.


Dos caballos se entrecruzaron a mitad de camino entre el refugio y el distrito de Trost. Gina se extrañó al creer identificar a Hange sobre la otra montura, pero no tuvo ocasión de detenerla para cerciorarse. La muchacha se encogió de hombros y continuó su marcha en dirección al refugio, ya que había acudido durante la mañana para fijar los últimos detalles del plan con el mercader bajo las órdenes de Levi.

La mujer continuó con su avance, completamente ajena a unos pares de ojos que la observaban con inusitado interés.


—¿Dónde está? —preguntó el cabo de forma brusca, sobresaltando al hombre de confianza de Hange.

—Dijo que tenía que informar de algo importante al comandante —contestó Moblit algo apabullado.

—Tsk. Maldita cuatro ojos. Solo a ella se le ocurre desaparecer en un momento como este —Levi pateó una de las sillas que había en el dormitorio de Moblit y salió dando un portazo sin siquiera despedirse del desconcertado dibujante.

Levi avanzó a lo largo de todo el pasillo haciendo resonar en exceso sus botas. Estaba realmente molesto con la castaña por haberse ausentado sin comunicárselo personalmente. Aunque quería pensar de que el motivo era de vital importancia, viniendo de Hange, también podía tratarse de alguna trivialidad absurda acerca del olor de la flatulencia de un titán.

—Los titanes no tienen aparato digestivo, Levi —susurró entre dientes con una voz aguda, imitando el tono irritante con el que ella le había dicho una vez aquellas palabras.

Quizás son tan agresivos porque no pueden cagar, pensó el cabo.

No podía ocultar su mal humor, estaba demasiado inquieto con todo lo que tenían que hacer y su forma de desahogarse era mediante quejas, insultos o golpes.

Cuando sus pasos lo guiaron hasta la puerta del dormitorio de Eren, el cabo decidió cerrar sus ojos y respirar profundamente para evitar descargar todas sus frustraciones en la persona que menos se lo merecía en aquellos momentos. Jamás lo reconocería en voz alta, pero desde que se había despertado aquella mañana se encontraba demasiado alerta, demasiado nervioso.

Su mano golpeó la puerta con firmeza y no tardó en escuchar unos pasos apresurados en su interior.

Eren abrió la puerta y una sonrisa ancha iluminó sus facciones al descubrir a Levi con los brazos cruzados, apoyado sobre el marco de madera.

—Vengo a darte instrucciones —dijo el mayor mientras pasaba de largo hacia el interior de la habitación.

—¿Ya es la hora? —preguntó el muchacho con ansiedad, mientras intentaba colocarse torpemente el cuello de la camisa que había elegido como ropa de secuestro.

—No, faltan algunos minutos. Sé que hemos repasado el plan con Historia después de comer, pero quiero asegurarme de que todo queda claro —Levi arrugó la nariz al pasar su mano bajo la mesita de noche del joven, donde encontró restos de polvo y madera astillada—. Sigues sin valorar la limpieza.

El muchacho se mordió la lengua, porque no conocía a nadie que buscara suciedad debajo de los muebles, para él era suficiente con limpiar la superficie de los mismos, que es donde realmente se depositaba el polvo. Él no tenía la culpa de que aquel mobiliario viejo tuviera termitas.

—¿También has repasado el plan con ella? —preguntó el joven con astucia.

Cada vez le costaba menos tutearlo.

Levi se giró para encararlo y se acercó al joven con pasos calculados y una expresión autoritaria en su semblante. Cuando estuvo a pocos centímetros del castaño, el cabo alargó su mano para colocarle el cuello de la camisa y propinarle un ligero cachete en la mejilla.

—No te pases de listo —dijo con falsa voz amenazante.

Eren sonrió, apreciando la visita que había querido hacerle el cabo con la excusa de ultimar detalles. Realmente estaba sorprendido del comportamiento de su superior, ya que parecía dispuesto a robarle minutos a los días para poder dedicárselos a él.

Una sensación cálida se extendió por su pecho al ser consciente de los esfuerzos del otro.

Levi comenzó a repetir el plan por segunda vez aquel día. Su voz era neutra, como de costumbre, pero si el muchacho hubiera convivido más tiempo con él, habría podido apreciar ciertos gestos que delataban la preocupación que sentía el hombre en aquellos momentos. El mayor no se sentía nada cómodo con la idea de entregar a Eren, aunque sabía que el muchacho no estaría desarmado. Sentía que había algo que no cuadraba bien, una intuición que lo atenazaba desde hacía horas.

—Recuerda, te darán unas cuchillas para que las lleves escondidas y así puedas liberarte de las cuerdas —continuó recitando el cabo.

El joven asentía a todo lo que el otro le decía. No obstante, el mayor estaba repitiendo lo mismo que había dicho después de comer, cuando los había llevado a él y a Historia a una habitación apartada para explicarles como se llevaría a cabo el engaño. El muchacho se preguntó si Levi estaba tan tranquilo como aparentaba en aquellos momentos, ya que él se encontraba nervioso e impaciente por demostrar su valía. No quería decepcionar a Levi después de todo lo que estaba pasando entre ellos.

El muchacho alzó la vista cuando escuchó al otro enmudecer. Lo vio mirar hacia la puerta, como si se asegurara de que estaba bien cerrada. Entonces el cabo acortó la distancia con él para posar un corto beso sobre sus labios.

No tardó en separarse del castaño, dispuesto a continuar con sus explicaciones, pero no esperaba que Eren apresara su nuca en un arranque pasional y lo besara con intensidad, introduciendo con apremio su lengua en su boca, como si quisiera tragar esas palabras en lugar de escucharlas.

—Mmm —una reverberación grave fue todo lo que escapó de los labios del mayor, provocando un cosquilleo en los labios del muchacho, incitándolo a devorar con ansia aquella boca que tanto deseaba.

Levi le permitió que abusara de sus labios, porque ese era el término más adecuado para describir lo que el castaño estaba haciendo en aquellos momentos. No le importó ni le disgustó en absoluto sentir el cuerpo del otro arrimarse lo máximo posible al suyo. Podía notar los desbocados latidos de Eren retumbar contra su propio pecho.

El cabo era consciente de que el muchacho estaba ganando cada vez más confianza en si mismo, lo cual se veía reflejado en lo atrevido de sus acciones. Una parte de él no estaba de acuerdo en dejar que el otro llevara las riendas de todo aquello, le parecía que iba demasiado rápido. Pero por otro lado, apreciaba la diferencia en el estado anímico del joven. Eren estaba de buen humor a pesar de las circunstancias tan poco favorables en las que se encontraban y lo notaba más capaz de mantener a raya el pesimismo y la culpa que lo albergaban por dentro. Quizás por ese motivo le estaba permitiendo tomar el control, aunque también era su manera de pedirle que tuviera cuidado. Algo que sabía que no diría en voz alta.

Dudaba de que el joven leyera ese mensaje entre beso y beso.

De repente, Levi sintió como si su cuerpo se volviera más ligero, o como si su mente se nublara bajo un manto de algo que no sabía identificar. Nunca le había costado tanto concentrarse en sus pensamientos como en ese momento. Lo único que sabía era que debía separarse del joven pero, por algún motivo, sus brazos lo estaban aferrando con más fuerza que al principio.

No quiero entregarlo. Este plan es una mierda, pensó el cabo.

¿Por qué le estaba pasando aquello?. ¿Por qué sentía que sus brazos pesaban el triple al intentar moverlos de la espalda de Eren?. ¿Cómo es que le estaba costando tanto sobreponerse a esa situación?.

El cabo tuvo que hacer un esfuerzo –hecho que lo sorprendió-, para deslizar sus manos hacia el pecho del castaño y separarlo unos centímetros de su cara. Entonces comprendió lo nervioso que en realidad se sentía el muchacho al observar de cerca sus ojos verdes. Aunque allí había algo más, un profundo deseo que provocó que un escalofrío recorriera el cuerpo del mayor.

Levi todavía se sentía demasiado extraño con todo aquello, ni siquiera sabía cuales serían sus límites o si no disponía de ellos.

Si sobrevivían lo suficiente, tal vez tendría ocasión de comprobarlo.

—Ey… —su voz sonó enronquecida—. Ve…será mejor que bajes ya —aquella era la primera vez que farfullaba en su vida.

Eren parpadeó confuso, como si de repente fuera consciente de lo atrevido que había sido. Un rubor intenso tiñó sus mejillas, pero quedaron ocultas tras la sonrisa de complicidad que mostraron sus labios.

El joven asintió y salió de la habitación dejando tras de sí a un Levi bastante azorado.

Cuando estuvo a solas, el cabo tomó aire repetidas veces para calmarse. Suspiró mientras se pasaba la mano por la nuca rapada, estaba haciendo tiempo para evitar que alguien más pudiera notar la tensión en sus pantalones. Se cabreó consigo mismo por no haber sido capaz de controlar su cuerpo teniendo en cuenta lo que estaba a punto de suceder. Aquel muchacho lo estaba distrayendo demasiado. ¿Era prudente continuar con todo aquello?.

—Joder —musitó para sí mismo.

Prudente o no, tenía la sensación de haber dado vía libre a algo que no podía controlar.


Levi no tardó en reunirse con el resto en el establo, donde Jean y Armin se estaban encargando de atar y amordazar a Eren e Historia. Al hombre le dio la sensación de que Jean apretaba las cuerdas con excesiva fuerza, pero se abstuvo de hacer ningún comentario al respecto. Ya los había visto pelearse con anterioridad, no tenía tiempo para dramas adolescentes.

Eren lanzaba miradas de odio en dirección a la pareja de Mikasa cada vez que el otro ceñía un nudo.

Aprovecha ahora que estoy atado, cobarde, pensó el castaño. Prometiéndose a si mismo que aquello no quedaría así y que le daría su merecido en cuanto regresara.

Sus ojos verdes siguieron los movimientos del cabo con la intención de distraerse del dolor que sentía en sus miembros adormecidos. El muchacho se había dejado llevar en su habitación y casi había olvidado por completo la misión que tenía que llevar a cabo en ese momento. Tan solo se había concentrado en lo que le apetecía hacer, en los labios de Levi, en el calor de su cuerpo…

Tuvo que esforzarse por reprimir la excitación que amenazaba con dominarlo de nuevo. Después de todo, no quería darle a Jean una idea equivocada.

—El mercader debería haber llegado ya —escuchó decir a Levi de fondo—. Mierda, ¿dónde se ha metido?.

Nifa se encogió de hombros, sin saber como aplacar la ira del cabo.

El hombre cruzó a grandes zancadas —al menos todo lo grande que era capaz— el establo en dirección a la entrada, donde esperaba poder atisbar en la distancia un rastro de polvo que indicara que el carromato del mercader estaba próximo a su posición. A Levi le había parecido un hombre bastante competente, pues les había conseguido con rapidez a aquellos policías militares a los que habían torturado para sonsacarles la información que necesitaban sobre la realeza. Sin embargo, aquel hombre y su hijo ya deberían haber llegado para ayudarlos a preparar a Eren e Historia antes de la entrega.

Algo no va bien, se dijo el cabo convencido.

Estuvo a punto de dar media vuelta para avisar a los reclutas de que debían permanecer alerta, cuando un disparo le pasó rozando su cabello, removiéndolo y haciendo blanco en la cara de Nifa, que se había acercado hasta él para comunicarle que ya habían terminado.

Levi se permitió un único segundo de observar boquiabierto el rostro mutilado de la bella muchacha, consciente de que su cuerpo se encontraba bañado de la sangre que había salpicado en su dirección. Después, rodó sobre si mismo para esquivar una serie de balas que se hundieron en la tierra donde segundos antes habían estado sus pies.

El cabo consiguió introducirse de nuevo en el establo, donde un caballo desbocado estuvo a punto de pisotearlo en pleno abdomen. Las cristaleras de la zona superior restallaron al ser atravesadas por unos individuos que portaban un equipo de maniobras tridimensionales bastante peculiar.

Levi luchó por ponerse en pie, pero apenas podía dejar de rodar al tener que esquivar constantemente nuevos disparos y coces procedentes de los animales. Un peso muerto cayó cerca suyo y pudo distinguir a la informadora de Erwin con un boquete enorme en donde antes había estado su corazón.

Distinguió unas botas desconocidas que habían hecho contacto contra el suelo a pocos centímetros de su posición. Al parecer, su dueño no se había percatado de que había aterrizado al lado de la muerte.

El hombre soltó un alarido cuando sintió que algo atravesaba la piel de sus botas y le cercenaba los tendones de aquiles, haciéndolo caer de rodillas contra el suelo.

Su grito resonó ahogado cuando se atragantó con la sangre que salía a borbotones del profundo tajo que surcaba su garganta.

Levi colocó el ensangrentado cuchillo entre sus dientes y levantó con ambas manos el cadáver del hombre al que acababa de asesinar para utilizarlo a modo de escudo contra los disparos que ahora se concentraban en su dirección. Poco a poco, trató de acercarse al lugar donde habían dejado amordazados a Eren e Historia, en un intento de cortar las sogas para que pudieran ponerse a cubierto. Aunque estaba seguro de que ninguna bala iría en dirección de aquellos dos.

El cabo dejó que lo dispararan para distinguir la dirección de donde venían las balas. Cuando creyó haber confirmado su origen, utilizó la pistola de la mano derecha de su escudo para devolver una ráfaga de balas en aquella dirección. Dos cadáveres cayeron sobre el lomo de un caballo, que coceó repetidas veces en el aire partiendo en dos el cráneo de otro de sus enemigos que pasaba desafortunadamente por detrás.

Levi giró bruscamente su cabeza al escuchar el grito de Mikasa.

—¡Jean! —el joven temblaba tratando de apuntar con su rifle a una mujer que apuntaba a su vez con su arma hacia su frente.

Mikasa trataba de acercarse hacia él, pero una serie de disparos la mantuvieron al margen de hacerlo.

—¡Dispara Jean! —le ordenó el cabo al apartar el cuchillo de sus dientes—. ¡Disp…

Un brazo se cerró en torno a su garganta, levantándolo en volandas y cortándole de súbito la respiración.

—Diría que cuánto has crecido —susurró una voz grave cerca de su oído—. Pero apenas noto la diferencia.

Levi abrió los ojos como platos al reconocer al propietario de aquella voz.


(A/N): Se acabó lo bueno xD al menos por ahora. ¡Muchas gracias por los Favs y Follows! He decidido que voy a responder las reviews por PM, creo que es más cómodo, excepto los guest que los responderé por aquí como siempre.

Guest (Tanifu): Me alegra que te gustara el capítulo, sé que la mayoría detestó la interrupción de Mikasa xD yo también. Levi no sabe como sentirse por su pasado, es demasiado pragmático y está listo para la acción, por lo que no deja que su mente (o su corazón en este caso) lo distraiga demasiado. Pero ahí esta Eren, con sus impulsos para descolocarlo xD Gracias por comentar. ¡Saludos!