Capítulo 13

Apenas cerró su puerta Sif se fue desprendiendo prenda por prenda de su uniforme varonil y manchado por un par de gotas de té, pensó la opción de mandarlo a la tintorería antes de la hora de cierre pero volver a vestirse y enfrentar otra vez las frías calles de Nueva York le quitó las ganas. Traía un curioso conjunto de ropa interior, regalo desesperado de su madre en su interminable misión de conseguirle marido. Un sujetador de encaje negro y un hilillo que consideraría su braga. Era ridículo pero se sentía extrañamente cómoda como si en el fondo de su cerebro con aquellas prendas se aferrara a su femineidad tan oculta como sus inconscientes deseos de no estar sola.

Suspiró en la oscuridad hasta dar con el interruptor de la luz al lado del sillón de tres piezas en su pequeña sala de estar. Dio un vistazo y luego otro y otro hasta convencerse de que aquello que estaba pensando no era obra de un mal juego de su cabeza cansada.

-¿Qué haces aquí?- logró decir con una voz débil y temblorosa.

El visitante sentado en el sofá más grande seguía tan o más asombrado que ella, boqueando e intentando inútilmente de no recorrerla con la mirada.

-Yo… yo… vine porque te fuiste dispuesta a cometer un homicidio, me preocupaste- Sif asintió cruzándose de brazos sin comprender la razón de que Hogun evitara mirarla por lo que decidió acercarse sólo un poco.

-¿Estás bien? ¿Te asusté? Ha sido un día de mierda y no te esperaba aquí- susurró notando la hiperventilación de su compañero.

-Bien… Bien. Sí, sí. Uhm- balbuceaba –Sif creo que es una costumbre tuya ir quitándote el uniforme camino a tu habitación pero podrías pescarte un refriado o…- la policía sintió como su sangre se drenaba y perdía el alma durante incontables minutos. Ni siquiera recordaba el haberse desvestido, simplemente era un acto reflejo. Uno vergonzoso que la mantenía tiesa boqueando y respirando agitadamente.

-¡Tú no has visto nada!- chilló corriendo hasta su habitación trastabillando contra la alfombra y muebles de camino -¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!- se le oía decir por todo el piso embutiéndose una camiseta de hombre y pantuflas oscuras. Sólo por las dudas se echó encima esa elegante bata blanca otro regalo de su madre por los mismos motivos que la tenían ahora medio en shock y muerta de vergüenza.

De regreso y cubierta hasta el cuello masculló.

-La llave que te di era solo para emergencias- su compañero, quien se había apropiado de su cocina le dedicó una larga mirada.

-¿Y ésta no lo era?- Sif quiso replicar pero dadas las circunstancias estaba más que claro quien tenía las de ganar.

La comida salteada en el sartén liberaba un potente aroma que le hacía babear sentándose inconscientemente en la barra que proveía la cocina americana. Pese a ser un departamento ridículamente pequeño Sif agradecía esos pequeños detalles que le permitían hacerla sentir más en casa.

Cuando Hogun puso frente suyo un omelet y un vaso de jugo de naranja recordó que era la primera comida sólida que tocaría ese día. Quiso preguntarle cómo fue que lo supo pero la respuesta estaba allí, frente a sus narices viéndola comer apresuradamente. Hogun era muy observador.

-Luces cansada. Ella se llevó tus ánimos- murmuró levantando los trastos sucios en pos de lavarlos mientras ella se atragantaba con comida. Sif le dio un vistazo a su torneada espalda bajo la camisa del trabajo sin permitirse mirar más allá de lo absolutamente necesario.

-Ella siempre se lleva mi humor y el de todos. Siempre fue una bruja, con Thor, los niños, nosotros. Debí ver que había algo más abajo-

-Al comienzo era dulce y muy inocente ¿lo recuerdas? Cuando Thor la presentó y azotaste la puerta de su casa- la policía esbozó una sonrisa a su vaso de cristal.

-Simplemente creía que no era la indicada para él, lamentablemente he comprobado mi teoría esta tarde- Hogun continuó con su tarea de lavar la vajilla sucia y una que otra taza de café acumulado, único alimento que parecía mantenerla estable. –Jamás la había visto así, el divorcio le ha vuelto más… humana, supongo. No lo sé, al principio todo fue muy tenso pero luego sentí que pude comprenderla y eso me frustra. No sé qué pensar ni que decir-

-Los encuentros importantes son así. Ella te ha dicho algo que no querías escuchar ¿es eso?- la pelinegra asintió.

-Siempre tuve dudas respecto al matrimonio de Thor y sus sentimientos por Jane. Quiero decir, eran tan jóvenes, todos lo éramos ¿cómo iba a saber si la amaba de verdad o si amaba la idea de lo que casarse con ella significaba? Me preocupé por él y siento que también Loki, cuando vi cómo se cruzó de brazos y huyó a Londres me sentí devastada porque siempre era él quien arruinaba todas las relaciones de Thor. Ambos tenían esa relación extraña… y yo que sé, algo debió salir mal. Jane me ha hecho ver algo que siempre estuvo ahí y me están matando las ganas de comprobarlo por mí misma-

-¿Quieres hablar con Thor?- inquirió Hogun abandonando los platos ahora limpios por buscar su mirada.

-Sería lo ideal. Thor no sólo es mi amigo de toda la vida, es mi hermano y lo considero parte de mi familia. Si tan sólo me confirmara lo que Jane dijo me sentiría mucho más tranquila- Hogun asintió disponiéndose en una silla a su lado.

-¿Qué pasará contigo?- murmuró deslizando un digito bajo su mentón con la intención que lo mirara.

-¿Por qué tendría que pasar algo conmigo? Sólo estoy preocupada por él, supongo que podría dormir mejor con mi conciencia- le vio negar con la cabeza.

-Los sentimientos que mantienes por él ¿qué harás cuando todo se termine?-

-¿Cuáles sentimientos?- preguntó poniendo mala cara recordando el incidente en la estación –Mierda, me había olvidado de darte las gracias por desarmarme y también quiero disculparme por herirte. Estaba un poco furiosa en aquel momento pero no es excusa-

-Sif-

-Además esos arañazos-

-¡Sif!

-¿qué?-

-Estás cambiando de tema otra vez- el ceño que llevó todo el día fruncido y que por fin parecía regresar a su lugar volvía a encogerse.

-No entiendo a lo que te refieres, hoy en la mañana sugeriste lo mismo. No, Hogun. No tengo sentimientos por Thor, no lo amo y ni siquiera sé porque estamos discutiendo esto-

El policía tardó más de lo que Sif esperaba en reaccionar, aunque la miraba fijamente podía saber que estaba analizando cada una de sus palabras buscando algún indicio del momento en que se perdió por completo. Para cuando creyó que el tiempo de miradas excedía el límite lo vio parpadear varias veces hasta regresar a su conducta normal.

-No lo amas- sentenció.

-No-

-Pero lo del otro día, lloraste mucho- las mejillas se le tornaron rojas y de sus labios se escapó un quejido lastimero. Pensaba que el tema pasado se había dado por muerto.

-Y eso de quien crees que fue la culpa- graznó alejándose hasta su sillón encendiendo la televisión en un noticiero local.

-Sif desde cuándo-

-Desde siempre y si no vamos a hablar del divorcio de Thor ni de tu necesaria ayuda te sugiero que te vayas antes de que me hagas enfurecer una tercera o cuarta vez este día- Hogun se quedó estático aun en su silla incapaz de pronunciar palabra.-Necesito tu ayuda Hogun y la de los demás. Necesito tener una charla con Thor, ir a la casa de Loki de ser necesario-

-Te acompañaré. Y luego resolveremos esto- la joven enarcó una ceja.

-Lo que tú digas- murmuró sintiendo a "esto" como un elefante enorme en su habitación.


Aquella tarde Loki se sentía especialmente feliz oyendo el eco de los ronquidos del animal salvaje dormido en su regazo mientras él seguía ocupado leyendo el último libro de un colega a la espera de su opinión. Totalmente desenfocado sentía que toda su concentración iba a parar al tacto de sus caricias sobre el cabello rubio que caía en cascadas sobre sus piernas. Thor realmente parecía estar en su zona de confort y por qué no decirlo; él también.

Su felicidad no obstante, no sólo se constituía por su diario vivir con su amante sino que aquel día se cumpliría la tercera semana desde su llegada y segunda desde el comienzo de su tórrida relación.

Todo se sentía diferente pero igual a la vez, el mismo tacto, misma rutina pero totalmente diferente al resultado inicial.

Loki recordaba aquello, como cuando eran niños antes de entrar en la horrorosa pubertad que los separó y compartir escenarios parecidos. Thor buscando su compañía y Loki leyendo cualquier cosa disfrutando de su presencia. Habían sido tiempos maravillosos, Frigga horneando galletas mientras un rejuvenecido Odín con sus hipnóticos ojos azules disfrutaba de un juego de ajedrez con alguno de sus vecinos en el patio trasero. Eran tiempos pacíficos donde sólo una incertidumbre crecía en su cabeza ¿seré un intruso? ¿Es más importante la sangre a qué mis padres y Thor me quieran en su vida? ¿Pertenezco a esta familia realmente?

Aquellas preguntas jamás abandonaron su cabeza incluso ahora, mayor y alejado de todos ellos, fueron esas dudas las que lo hicieron repudiarse por guardar sentimientos mucho más que fraternales por su hermanastro y fueron aquellas quienes lo alejaron de la familia que le acogió por tantos años. No era hasta aquel momento en que se percató el profundo dolor que le causó la adopción y que aun parecía guardar junto con todo lo demás.

Como si Thor supiera de su aflicción se rodó hundiendo la nariz en su suéter y apresándole por la cadera en un abrazo de oso. Eso ya no importa ahora, estaré bien por el tiempo que te mantengas conmigo, pensó volviendo a su rutina de acariciar su cabello y leer el libro.


No supo en que momento fue pero se descubrió dormido en el sillón con el libro sobre su cara y un chirrido espantoso proviniendo de la puerta de entrada. Buscó a Thor con la mirada descubriéndolo en la misma posición que le dejó por última vez incapaz de oír el estruendo de la puerta.

-Thor, buscan- murmuró remeciéndolo sin compasión –Thor- continuó por varios segundos hasta que el aludido pareció recobrar el conocimiento.

-¿Eh…? ¿Qué tienes?- decía entre dormido agazapándose nuevamente contra su cintura.

-Buscan, desde hace un rato, creo que deberías ir- el rubio intentó enderezarse mientras él luchaba por moverse.-Mierda, se me han dormido las piernas, tu turno de abrir-

Thor se levantó, bufó, quejó y gruñó por el pasillo donde el timbre y golpes en la puerta lo lograron despabilar del todo. Cuando logro abrir parpadeó varias veces.

-¿Sif, Hogun qué hacen aquí?- la mujer se lanzó a sus brazos y minutos después le propinó un golpe por la coronilla.

-¡Tú, estúpido! ¡No abrías! Quieres matarme de un susto ¡estuve llamando, sabes!-

-Seguramente- contestó haciendo un gesto con la mano para que entraran con su compañero. Hogun le saludó con un abrazó y palmadas en el hombro hablando en murmullos y risas nasales. Loki que veía toda la escena se reacomodó el cabello lamentando no traer mejores fallas ante la brutal mirada de Sif -¿qué hay de Vosltagg y Fandral? ¿Cómo están todos?-

-Extrañándote. No es lo mismo beber sin ti. Fandral insistía en venir pero contamos con muy poco personal, Volstagg mandó a preguntar que qué tal la comida Inglesa-

-Bastante buena, deben estar muy ajetreados ¿no? Soy alguien indispensable en el equipo- mascullaba sacando el pecho con altanería.

-¿Seguro? Parecen apañárselas bien sin ti poli estrella-decía Loki desde el sillón recuperando la movilidad de sus piernas. Los recién llegados le saludaron con menos entusiasmo pero con el mismo análisis como si no se creyeran que era el Loki que conocieron tiempo atrás.

El resto de la tarde y parte de la noche se la pasaron hablando y cenando comida china ya que nuevamente su despensa resultaba estar vacía proveyéndoles únicamente con una fuente inagotable de alcohol. Para cuando Thor Y Hogun jugaban a medir su fuerza el dueño de casa sabía lo que se vendría.

-Le has cuidado bien- murmuró Sif ayudando con los vasos sucios -No lo recuerdo tan feliz desde… no lo recuerdo tan feliz nunca- admitió encogiéndose de hombros.

-Lo dices aun sabiendo que se ha divorciado hace unas semanas-

-Jane no era la indicada, incluso ella misma lo sabía- Loki dejó de limpiar digiriendo sus palabras.

-¿La has visto?-

- Eres el más listo de nosotros ¿crees que me tomaría un viaje eterno de avión en clase turista por una visita social?- Loki sonrió.

-Quien sabe, Thor lo ha hecho- ella le devolvió la sonrisa.

-Tienes razón Thor es un caso para estudio- ambos mantuvieron un silencio cómodo opacado por los quejidos desde la otra sala hasta decidirse a sacar el tema de nuevo.

-Sobre Jane…-Sif asintió para luego soltar un largo suspiro.

-La vi, hace unos días- el pecho del pelinegro se oprimió en un doloroso malestar y mareo costándole trabajo mantener su expresión serena –Quería saber de Thor y de ti, no te preocupes. Regresó a Canadá ayer, no puede lastimarlos estando allí-

-¿Estás segura?- y la plática se vio interrumpida por los gritos del rubio exigiendo revanchas.

A la mañana siguiente y con una creciente resaca Loki despertó en la cama vacía preguntándose si Thor habría despertado en las mismas condiciones, llevaba años sin beber de tal manera que ni su historial juvenil pudo salvarlo. Con un mareo terrible e intentando recordar si Sif durmió en la cama de invitados o lo hizo el callado amigo de ambos echó un vistazo para pillar la cama en exactas condiciones a la suya. Vacía.

Recorrió el pasillo en busca de agua avanzando por la biblioteca cuando se quedó estático en su lugar.

-¿Todo Thor? ¿Perdiste la cabeza? ¿Le has dejado todo salvo la casa? ¡Te ha dejado sin muebles, maldición!- chillaba Sif luchando por mantener su tono de voz bajo –Sin hijos, sin auto, sin muebles, sin ahorros ¿qué piensas decirle a tus padres? ¿A Loki?-

-Es lo justo, Sif. Lo sabes. La hice tan infeliz y aun así me ha dejado lo único que necesitaba-

-¿Libertad…? Thor tu trabajo está en NY y Loki aquí en Londres no funcionará ¿siquiera lo sabe?- por supuesto que no lo sabía, no sabía nada porque así las cosas eran más fáciles, porque de otra forma aquella relación era un imposible. Un anhelo. Un ideal. Pensó Loki apoyando su peso contra la pared del pasillo.

-Es más fácil así-

-No los volverás a ver a Max ni a Dante, dice Jane que es porque prefieres que olviden tu rostro, no por una decisión suya como impedirte las visitas, fue tu idea ¿y todo por qué? Porque te sientes culpable con Loki-

-Tú no sabes lo que siento por él- se oyó decir al rubio muy a la defensiva.

-Tal vez no pero sé que no es real. Pasaste mucho tiempo con ese malsano complejo de hermanos, después que se fue es normal que te deprimieras y que crecieran tus dudas respecto a tus sentimientos por él. Incluso que sufrieras esta crisis pero Thor ¿qué tal si una mañana te das cuenta que en realidad no lo quieres como pensabas y que todas tus dudas eran sentimientos de culpa? No es justo para él ni para ti. Si Loki está aquí y tú allá es por una razón-

-Él es todo lo que quiero, Sif- decía en algo parecido a un ruego.

-Él es todo en lo que has pensado durante todos estos años, una obsesión que destruyó tu sueño-

-¡Mi sueño era una ilusión!-

-¿Y qué harás ahora? ¿Vivir en ésta fantasía por siempre?-

Fue Loki quien respondió a esa interrogante.

-No, porque yo le he dado fin-

Dos semanas y una mañana fue lo que alcanzó a durar la fantasía, pensó mientras daba un portazo en su propia casa preocupándose de ponerse como corresponde la chaqueta y bufanda. El ascensor cerró sus puertas justo a tiempo para ver el rostro compungido de su hermano del otro lado del pasillo.

Bastó con ver su reflejo para comprender el dolor que intentaba reprimir. Vio como sin su voluntad gruesas lágrimas se atascaban en sus ojos dispuestos a iniciar un llanto interminable. Le tomó lo que tardó en detenerse el ascensor para tragarse la pena y salir casi trotando del edificio.

Mentiría si dijera que no esperaba sentir los brazos de Thor obligándolo a detenerse y explicar que todo lo que Sif graznó no eran más que patrañas y verdades a medias. Lo esperó pero nada de eso sucedió aparte de una llovizna que le congelaba el cuello y rostro desprotegido.

Dio largos paseos caminando sin sentido por calles sin transito ni color, sólo supo que caminó por horas bajo la llovizna que se transformó en una lluvia invernal que se colaba por debajo de la ropa. No reconoció donde se detuvo hasta que un botones del hotel le preguntó si sucedía algo malo con él.

Saliendo de su ensoñación y buscándose las palabras logró responder.

-Suite Principal, Número de habitación 457. Décimo piso. Busco a Tony Stark, dígale que ésta vez no lo he permitido. Gracias-